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La urbanización del deseo (Capítulo 24)

Alex pensaba que su trabajo era solo profesional, hasta que Isa llenó su agenda con citas imposibles. La primera, Mónica, llega a su puerta con una excusa médica y una mirada que promete mucho más. Entre el aceite de masaje y la tensión contenida, la línea entre paciente y amante se desdibuja en la primera caricia.

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La Urbanización del deseo

Sylke & Álvaro

Capítulo 24

Continuamos en el coche de camino a casa. Mi compañera sigue leyendo los mensajes y levantando las cejas para luego mirarme y sonreír, resoplando sin creerse que tenga una agenda tan movidita.

– “Entonces... ¿Me dejas contestar a todas?” - dice mi compi con cara de pillina.

– “Ni se te ocurra... que la lías fijo” - respondo serio.

Pero antes de que me dé tiempo a decir nada, Isa ya está contestando mensajes sin parar. Sus dedos se mueven a una velocidad endiablada, parece mentira que haya estado inmovilizada.

– “Oye, no te pases ¿eh?” - le comento, temiéndome sus líos.

Sigue escribiendo y parece cachonda, como si fuera ella misma quien hablara con todas mis citas.

– “Bueno ya están contestados todos los mensajes” - añade con una enorme sonrisa.

– “Estás loca…a saber que has puesto, espera que pare el coche”

– “No pares, ahora te digo, tira para casa que tengo ganas de llegar, además tienes el tiempo justo” - me comenta.

– “El tiempo justo ¿de qué?” - pregunto sorprendido.

– “De preparar la camilla de masajes, Mónica viene a casa a recibir tu masaje en nada.

– “¿Un masaje?”

– “Claro, acabo de decirle, estoy disponible ahora mismo”

– “Serás...”

– “Ah y luego después tienes que ir a casa de Tamara que te ha invitado a comer o a comerla, eso tú decides...jjjjjj y por la tarde has quedado con Silvia para ir de compras después del café y hoy tienes cena romántica con Helena. Con Bea no he quedado porque prefiero que siga un poco más calentorra para el próximo encuentro, ji,ji,ji, de nada compi” - me suelta de carrerilla.

Me la quedo mirando fijamente cuando llegamos a un semáforo, sin poder articular palabra:

– “¿Qué?” - me pregunta mordiéndose el labio.

– “Estás como una cabra, Isa, ¿pero cómo se te ocurre concertar citas con todas ellas el mismo día?” - Digo nervioso y casi histérico.

– “No te preocupes... si estás como un toro, menudo semental tengo de compañero, jjjjjj” - responde ella a carcajada limpia.

– “Te lo pasas bien, ¿no?”

– “Mucho... pero recuerda que algún premio me tienes que dejar a mí.”

– “Tendré que convencer a Mónica, entonces...”

– “Bueno, sería un detalle, por la agenda que te he preparado”

– “Eres tremenda...” - lo digo en todo el sentido de la frase y ella se mueve de forma juguetona, sabiendo que me tiene loco también.

Llegamos a casa y al verme reflejado en el espejo de la entrada, veo que mi cara es un poema, esta vez Isa ha ido demasiado lejos.....es una locura quedar con todas ellas el mismo día, sabiendo que todas quieren lo mismo, bueno, excepto Mónica, que de momento sólo quiere un masaje. El resto son unas auténticas lobas y yo soy el corderito. Esas mujeres parecen sedientas de sexo y no estoy nada convencido de poder satisfacerlas a la vez, de hecho, Helena me dejó anoche sin pilas, así que no sé cómo responderé hoy.

Isa se gira y al verme cabizbajo me dice:

– “Ey, no te agobies ¿vale?, paso a paso, primero prepara la camilla que en veinte minutos está aquí la socorrista, no te olvides que está súper pillada. Tú cumple como profesional y ya veremos lo que te depara la mañana... eso sí, ya sabes que esperan de ti las otras citas...jjjjjjjj”

– “Y de paso tendré que convencer a Mónica, todavía no sé cómo hacerlo para dejártela en bandeja. ¿Y si te quedas al masaje? Quizás así, sea más fácil...”

– “No, de eso nada. Mónica es muy especial para ti y tú lo eres para ella. No quiero romper el encanto”

– “Pero Isa, no creo que pase nada”

– “¿Estás seguro? Yo creo que viene a algo más que a un masaje, bueno y a ti y a mí nos gustaría que fuese más de un masaje... mmmm.” - dice mordiéndose el labio.

Me quedo pensativo con esa frase y es que en el fondo es totalmente cierto. Mónica no es una tía buena más a la que deseo follarme, algo que también, jeje, sino que representa algo inalcanzable, una mujer a la que admiro en muchas más cosas, por su forma de ser, por su forma de pensar, es como si fuera un amor imposible.

– Me voy a cambiar ahora y desaparezco de casa, voy a darme una vuelta por el centro comercial, que hace mucho que no voy de tiendas y quiero buscar ropita nueva que te ponga cachondo” - añade mi compi riendo.

– “Serás cabrona...”

– “¿Sabes?, suena raro, pero me gusta que se te ponga dura por mi culpa, es todo un estímulo.”

– “Joder, Isa” - digo notando como mi polla empieza a despertar.

– “¿Ves? Eso me encanta. Bueno, guapo, ahí te quedas con tus chicas”

– “Ya te vale....me dejas con el embolao y te piras de compras”

– “Ey, no me seas llorón, menudo marrón, no te digo, ya me gustaría estar en tu puesto, con ese bomboncito en la camilla. Me lo tenías que agradecer, en vez de quejarte tanto”

– “Tienes razón, te debo una y muy gorda”

– “Eso digo yo. Si lo consigues, recuerda, puedes pedirme lo que quieras, pero lo tienes realmente difícil”

– “Serás...”

– “De momento, me lo cuentas todo, no quiero que omitas ni un detalle, avisado estás”

– “Claro, con pelos y señales, así lo haré”

Dejo que mi compañera se vaya a cambiar y mientras tanto preparo una camilla de masajes que compramos a medias Isa y yo hace tiempo. Tenemos un cuarto pequeño donde alguna vez hemos tratado a alguien y allí me dirijo a prepararlo como es debido. Preparo unas toallas limpias, las cremas y aceites, caldeo un poco la habitación para que no esté muy fría y una vez hecho todo, subo a cambiarme. Me pongo mi uniforme blanco de enfermero, pero en vez de ponerme la chaquetilla, me quedo con una camiseta corta. Justo estoy acabando cuando el timbre suena. Grito a Isa por si todavía está en casa, pero no hay respuesta, así que dando por hecho que me ha dejado completamente solo, voy a abrir la puerta y al mirar por la mirilla veo que efectivamente es Mónica. Lo que veo me deja impactado y eso que es a través del pequeño cristal, así que, con ganas de disfrutar del espectáculo abro la puerta de inmediato.

– “Hola Alex” - dice ella con una sonrisa radiante.

– “Hola Mónica, pasa” - respondo impactado.

Y es que la socorrista viene con un look “infartante”, algo que habría vuelto loca a Isa tanto como me está volviendo a mí. Mónica viste un minishort ceñido al cuerpo y un top minúsculo que deja a la vista su tripita y también sus hombros. Aunque lo mejor y más llamativo es cómo se ajusta a su pecho, es tan pegado.... que sus tetas se marcan perfectamente, tanto su contorno como su forma, por no hablar de sus pezones, los cuales parecen querer atravesar la tela y escapar de la sujeción de la prenda. Por no hablar de los mini pantalones, ver ese perfecto culo tapado por esa pequeña porción de tela que resulta súper sensual. Es una mujer muy joven, pero como si fuera poseedora de una madurez en su belleza espectacular, lo que se conoce como “mujerón”

– “Qué guapa estás” - digo impresionado cuando la veo pasar delante de mí.

– “Gracias Alex, pero no es para tanto”- contesta ella tímidamente.

– “Estás espectacular, vamos como siempre. jjjjj” - digo riendo, pero impactado.

– “Tú siempre tan amable, Alex”

Nuestras miradas se cruzan unos segundos, como queriéndolo decir todo. Sé que yo le gusto, pero su timidez parece impedirle decirlo en voz alta, pero creo que eso, más que restarle, le suma, ya que, esa inocencia resulta tan atrayente... Ella también me gusta a mí y mucho, tanto que parezco un colegial en su primera cita. Se puede decir que estoy acostumbrado a tratar con mujeres de todo tipo, incluso dejarme llevar por mis vecinas, mi compañera, la dependienta cachonda o por Bea... pero tener a Mónica al lado, realmente me hace temblar. Esa esa mujer inalcanzable que todo hombre quisiera tener.

– “Dime, ¿qué te pasa, Mónica? ¿Estás bien?” - pregunto a mi joven vecina.

– “La verdad es que no, tengo un dolor intenso en la parte baja de la espalda que me está matando, como te dije en el mensaje”

– “Ah sí” - respondo

Realmente no he tenido tiempo ni de leerlo, puesto que, fue mi compañera quien lo hizo. Mónica se queda plantada con sus manos en la espalda y moviéndose con cierto nerviosismo. Ella agarra mi mano y la posa sobre sus lumbares, haciendo que note la suavidad de su piel. Un chispazo recorre mi espalda.

– “Pues pasa a esta habitación, tengo todo preparado, ahora miramos que te pasa”. - le digo carraspeando.

– “Genial” - responde con una preciosa sonrisa.

Entramos en la habitación donde está la camilla y le pido a mi joven vecina que se descalce y se tumbe boca abajo. Ella sigue mis instrucciones y justo cuando se va a tumbar me pregunta:

– “Oye Alex, ¿no debería quitarme la ropa?”

Evidentemente ella se adelanta a mis pensamientos y es que todo me sale a pedir de boca, como suele decirse.

– “La verdad es que sí, teniendo el problema en esa zona, deberías de desnudarte y mantener tapado tu culo con esta toalla” - contesto algo ruborizado.

Ella sujeta la toalla entre sus manos y me mira con una leve sonrisa.

– “¿Qué pasa?” - pregunto.

– “¿Sabes?, creo que voy a pasar de la toalla, tenemos confianza y no creo que sea el primer culo que ves” - añade ella con seguridad y esa sonrisa que no se borra de su rostro.

Me quedo bloqueado por un instante y ella me apremia:

– “Si te parece bien, Alex...”

– “Por supuesto, como tú te sientas mejor, cuando estés preparada, te tumbas boca abajo” - añado dándole la espalda y colocando unas cremas y bálsamos para el masaje.

Se podría decir que he visto mil culos en mi trabajo, pero lo primero es que uno no se acostumbra a eso y segundo que el culo de Mónica es especial y tengo ganas de verlo en vivo. Es inevitable que yo mire por el rabillo del ojo, mientras ella se desnuda con calma, primero se quita el top, doblándolo cuidadosamente y dejándolo encima de un sillón y una vez hecho esto, se despoja del short, meneando ligeramente sus muslos para que la prenda descienda. Ya no me limito a observar de soslayo y me quedo mirando con más descaro y es que mi mirada evidentemente no puede despegarse de semejante belleza, no puedo mirar hacia otro lado, es tal la sensualidad de Mónica que despide como rayos ese cuerpo perfecto y me quedo en shock, mirándola como un bobo.

Ahora es ella la que parece observarme de reojo y me parece ver una sonrisa traviesa en su cara... sin duda sabe jugar con fuego, a pesar de su timidez.

Tras bajarse el pantalón, Mónica solamente está vestida con un mini tanga de encaje y totalmente transparente por su parte frontal, los pliegues de sus labios vaginales se ven perfectamente y yo noto como mi polla se tensa bajo mi pantalón. Los movimientos de mi vecina son lentos y cargados de sensualidad y para colmo ese cuerpo es una tentación, sus pechos son perfectos tanto en forma como en tamaño. Su redondez es exquisita y la forma y tamaño de sus pezones es más que una llamada al pecado. Cuando se agacha a recoger los shorts, esas tetas divinas quedan colgando y vuelvo a sentir tensión en mi entrepierna.

Mónica es consciente de que no le quito ojo y alarga mi tortura tumbándose lentamente en la camilla, mostrándome su cuerpo por todos los lados, con esa única y minúscula prenda no es más que una cinta de encaje entre sus cachetes, que se cuela entre ellos de manera magistral, dejando a la vista un pandero redondito que es, sin duda, de lo mejor que he visto nunca, duro, trabajado, sin una gota de grasa, en definitiva, perfecto.

Esa mujer increíble se apoya en sus codos y continúa preguntándome cosas para que no deje de mirarla.

– “Ah, Alex, también me duele esta zona, no es muy intenso, pero bueno, es como un hormigueo” - dice ella señalándose una zona justamente bajo el pecho.

– “Está bien luego lo miro” - respondo muy nervioso.

Ella se tumba y deja su cabeza de lado, desde donde debe estar viendo mi erección, a pesar de que yo haga todo lo posible por disimularlo.

Me acerco a mi paciente y comienzo a palpar en primer lugar la zona de sus lumbares, descubriendo la curva que forma su cintura hasta llegar a sus caderas y acaricio primero con mis dedos la zona haciendo que ella emita un leve suspiro. Ni que decir tiene que en cuanto he posado mis manos en su cuerpo, mi polla ha pasado de un estado latente a otro de casi total erección. Mis manos actúan con suavidad y para facilitar la maniobra me aplico un poco de aceite reparador que además de ayudar al masaje, lo hace todavía más intenso y sensual. La punta de mis dedos roza el inicio de ese trasero perfecto, dibujando la forma de las tiras de su pequeño tanga y luego subo para bajar la tensión de esos músculos siguiendo la línea de su cintura hasta la espalda.

- “Mmmm, qué bien Alex, lo noto enseguida” - dice con su cara mirando al bulto que forma mi pantalón.

Me pongo a la cabecera de la camilla y ella gira levemente la cara, teniendo su boca a pocos centímetros de ese bulto que es cada vez más notorio y por un momento cruzamos las miradas y veo en ella una mirada especial, además de una sonrisa traviesa e inocente a la vez.

Sigo, como hago siempre, manteniendo la compostura y a pesar de mi excitación, procuro mantener el tipo y ser todo lo profesional que pueda, aunque creo que Isa tenía razón y esa chica quiere algo más que un masaje convencional.

- “La otra parte es aquí” - me indica ella, volviendo a apoyar sus codos en la camilla y dejando colgantes esos pechos redondos tan bien delineados.

Con mi mano alcanzo la zona baja de su pecho e intento palpar con mis dedos impregnados en aceite, la supuesta distensión muscular, pero ella agarra mi muñeca y me sube la mano ligeramente.

- “Un poco más arriba” - apunta.

En ese momento mi mano roza la suavidad de la piel de su seno, pero ella no suelta mi muñeca lo que hace que con un leve movimiento roce también su duro pezón. El contacto de mis yemas con esa parte hace desencadenar un latigazo de placer que recorre toda mi espalda. Mónica da la impresión de controlar la situación, pero tengo la impresión de que está tan excitada como yo. Su respiración agitada así me lo confirma.

– “Quizás note aquí una ligera contractura” - digo yo disimulando al tiempo que bajo la mano abarcando la zona baja de ese pecho y palpo su peso y su increíble tersura.

– “Mmm... me duele, sí, ¿no puedes aliviarme ahí?” - añade en una especie de ronroneo.

– “Sí claro... pero creo que voy a tener que masajear un poco más a fondo esa zona, espero que no te sientas incomoda, voy a tocarte bien el pecho, por eso lo digo” - apunto.

La sonrisa de Mónica, como el resto de su cuerpo es un encanto:

– “Claro, no pasa nada Alex, eres un primor, tú siempre pensando en los demás” - me comenta sonriente y ella misma se da la vuelta para quedar boca arriba.

Siento como se erizan los pelos de mi nuca ante lo que tengo frente a mí. Cambio a un gel que estimula las zonas lesionadas, pero que además proporciona un efecto calmante y placentero. Lo he probado en distintas partes del cuerpo y creo que en el pecho debe hacer todavía más efecto.

– “Bien, Mónica, voy a aplicarte un aceite especial para masajes, al principio sentirás un poco de frío, pero es normal, luego con la fricción ya se pasará el efecto” - le aviso.

– “Vale, como tu veas, que para eso eres el profesional” - añade en una conversación que ambos mantenemos en puro teatro, pues se respira una tensión sexual increíble.

Tras coger el bote con ese gel, me aplico una pequeña cantidad en la palma de la mano y acto seguido la llevo hacia su pecho y comienzo a masajearlo con suavidad. Al contacto con mis dedos, Mónica, inevitablemente, se estremece un poco, pero lo disimula con una ligera sonrisa y al mismo tiempo se humedece los labios.

– “¿Estás bien? ¿notas el frío?” - pregunto.

– “Sí, sí, todo bien, se siente un poco de frío, pero se aguanta “- contesta ella entre cortadamente.

– “Pues entonces sigo”

Empiezo a notar como esa tersura de su piel absorbe gran parte de la hidratación y al tiempo, el frío se convierte en un intenso calor, logrando que ella respire agitadamente. La reacción posterior en mí es la esperada, tanto tocar esas maravillosas tetas, hace que mi polla crezca como nunca, tengo tal erección que me duele, por no hablar de la “tienda de campaña” que se marca en mi pantalón. Mónica gira su cabeza y lo mira entre avergonzada y orgullosa, luego sube la mirada por mi cuerpo hasta mis ojos y se muerde ligeramente el labio inferior.

Es realmente difícil concentrarse de forma profesional ante una situación como esa. Sé que esta mujer está loca por mí y lógicamente me encanta saberlo porque a mí me pasa igual, esta chica es especial y espectacular, pero es que ni me creo que esté pasando esto. Debería estar acostumbrado a tocar pechos y cuerpos femeninos, al fin y al cabo, es mi trabajo, pero ahora ya voy mucho más allá que eso, ambos lo sabemos, incluso que esto es un tren que va camino de descarrilar, al menos en mi caso.

Por un momento pienso en su tía y en todas las cosas que han pasado en estos días y todavía me resulta más extraño, haciéndome la enésima pregunta de si el destino está de mi parte o las dichosas cartas que me echó, eran algo más que lo que siempre me ha parecido una pantomima. Estoy viviendo cosas en tan poco tiempo que hasta me cuesta asimilarlas, incluido este momento con mi joven musa que tengo delante.

Ahora, tengo a esta preciosa chica, prácticamente desnuda frente a mí y para colmo estoy masajeando sus tetas con todas las ganas.... ¿se puede pedir más?

- “Sigue, Alex... me voy sintiendo mucho mejor...” - dice casi en un jadeo.

Noto que empiezo a mojar mi pantalón y es que lo mejor viene a continuación, cuando tras aplicar el aceite una vez más por esos senos perfectos, noto cómo sus pezones se ponen duros como piedras en cuanto los rozo ligeramente. Por un momento paso de un masaje a caricias directas y con las yemas de mis dedos y de una forma sutil, acaricio esas protuberancias más de lo necesario, pretendo con ello calentar un poco a mi socorrista favorita y voy notando, además de la dureza de esos botoncitos, la respiración y los jadeos continuados, algo que me envalentona y entonces pellizco ligeramente ambos pezones.

– “Uhhh” - exclama echando su cabeza hacia atrás.

– “Estás bien? Te noto un poco sofocada” - pregunto maliciosamente.

– “Ehh, ah, sí, sí estoy bien es...” - dice ella sin acabar la frase.

La inocencia de Mónica, sumada a su belleza, la hacen todavía más hermosa de lo que ya es.

– “Oye Mónica, espero que no estés incómoda, soy yo, ante todo sinceridad, ya sabes que todo queda entre nosotros, puedes confiar en mi” - digo seriamente, pero volviendo a pellizcar esos pezones.

– “Sí, Alex, está todo bien... lo que pasa que es la primera vez que me doy un masaje y bueno que una no es de piedra y que te soben así el pecho pues…eso”

– “¿Te estoy haciendo daño?” - Pregunto sabiendo que no es cierto.

– “¿Daño? No, no al contrario...ji,ji me están subiendo unos calores…jjjj”

– “Ah, bueno, será por la crema…” -añado sabiendo que el aceite no es el motivo de la subida de temperatura. “¿Quieres que pare?”.

– “No, no, uf... tú sigue”

– “Ok, a ver si te quito esta contractura”

Desde luego no hay ninguna distensión muscular y sí unos pechos preciosos, de tersura suave y firme a la vez, a los que yo aplico más que un masaje, un movimiento oscilante de manoseo esmerándome en elevar su excitación.

De vez en cuando ella cierra los ojos y suspira, lo que me indica que estoy haciendo un “buen trabajo” y de pronto ella con una intensa mirada me pregunta:

– “Oye Alex, ¿te puedo preguntar algo personal?”

– “Claro, mujer, no tienes ni que pedirme permiso, para eso somos amigos”

– “Es que me preguntaba... ¿No te excitas cuando estás dando masajes como éste?”

Por un momento detengo el masaje y mantengo mis dedos sujetando ambos pezones mientras noto sus labios temblar.

– “La verdad Mónica es que sí, como bien dices uno no es de piedra y aunque intento ser lo más profesional que puedo, el hecho de tener a una mujer tan guapa y atractiva como tú delante y más si la zona a tratar es algo íntima.... pues sí, lo cierto es que me excito. Espero que no te incomode mi sinceridad” - digo lanzado y ella vuelve a comprobar que mi bulto es el mejor indicador de que no miento.

– “¿Sabes una cosa, Alex? ¡Me encanta! - añade sonriente.

Continuará...

Sylke & Álvaro