Xtories

Nuestra historia (1)

Él siempre supo que el sexo con ella sería diferente, pero nunca imaginó hasta dónde llegaría su deseo. Entre besos robados y fantasías prohibidas, la línea entre la inocencia y la perversidad se desdibuja cada vez que se quedan solos. Ahora, el límite está a punto de cruzarse.

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Aunque soy un hombre joven (31), me considero medianamente inteligente, estoy de acuerdo en que la experiencia y los años te van sorprendiendo y enseñando prácticamente cada cosa que aprendes.. pero en este caso no hay nada que pueda hacerme cambiar esta afirmación: Nunca el sexo será mejor que el que tengo con mi chica.

Éramos dos jóvenes del mismo pueblo, compartíamos grupo de amistades (grupo muy grande y con gente de todo tipo), integrado por chicos y chicas, salíamos juntos, íbamos de fiesta toda la tropa, teníamos un local alquilado para juntarnos en épocas que el tiempo no invitaba a estar en la calle.. y justamente Carolina era una chica que siempre me pareció totalmente fuera de mi alcance.

Para empezar, ella salía durante bastante tiempo con uno del grupo, que tenía un año más pero repitió curso, así que iban a la misma clase en el instituto. La relación entre ellos siempre estuvo salpicada por contínuas discusiones, más de una delante del resto del grupo. Las que no, prácticamente nos llegaban a través de unos y otros, es lo que tiene compartir círculo de amistades con tu pareja, supongo. Los celos de él era criticados en petit comité, entre los que pensábamos, como por suerte en esos tiempos se fue convirtiendo en norma general, que nunca un hombre debería siquiera pensar en cómo debía vestir una mujer, ni meterse en su manera de relacionarse con otros hombres. Por fin, esa relación acabó cuando teníamos 17 años, a punto ya de que la ley nos considerase adultos.

Ella era una verdadera diosa, 1’67 cm de puro morbo que se reflejaba irremediablemente en la mirada de sus grandes y ligeramente achinados ojos. Podría decirse que era una versión teen de Katerine Z Jhones en cuanto a su cara y pelo respecta. Blanquita de piel, figura de deportista, buen culete respingón.. y la joya de la corona, dos pechos grandes, del tamaño exacto para encajar en mis manos (que no son pequeñas), desafiantes a la gravedad con una redondez que a mas de uno seguro le haría dudar si procedían del diseño d de algún meticuloso cirujano. Parecían luchar tratando de liberarse, intentando por cuenta propia explotar los escotazos que lucía gustosa, más aún después de liberarse de esos celos tan tóxicos que soportó durante 5 años.

Al tiempo de quedarse soltera, ella y yo fuimos estrechando la amistad entre nosotros, la conexión entre nosotros casi nos parecía predestinada. Empezamos a hacer planes a solas, íbamos a tomar algo, a la playa.. Hasta que, llegado el momento, decidí declararle mi amor (era 2010, final de una era donde te tocaba armarte de valor y hacerlo en persona) una tarde que estábamos solos. No fué a la primera cuando me dio el primer beso, me dejó unos días haciendo trapecismo sobre la frágil cuerda de la fatídica “Friendzone”. Aproximadamente dos semanas más tarde, sentados en un parque como otras tantas veces, se lanzó a comerme la boca, en un inolvidable y larguísimo beso, enrollando nuestras lenguas, sincronizadas totalmente desde el primer contacto, eléctrico, de nuestros labios. Jamás olvidaré, ese beso.. esa tarde.. y las tardes siguientes, en las que nuestras largas y animadas conversaciones fueron sustituídas por intensos y apasionados besos y arrimones entre nosotros. De repente es como si hubiésemos soltado a una fiera que llevaba mucho tiempo enjaulada.. Podría decirse casi que parecíamos animales en celo, nos metíamos mano en cada esquina, en cada portal en nuestro camino.

Ahora que había probado el tacto de esa piel, suave como ninguna más que haya tocado.. la calidez que desprendía el recorrido por las curvas de su cuerpo, más apasionante y divertido que una vuelta en Spa-Francorchamps a los mandos de un Fórmula 1.. No podía pensar en otra cosa que en, por fin, llevarla a la cama y hacerla completamente mía. A ella le encantaba que se lo dijese con esas palabras, le excitaba cuando le susurraba al oído, sentados en el suelo bajo el hueco de la escalera comunitaria de mi edificio, que cada vez faltaba menos para poseerla, y para demostrarle como iba a disfrutar con un hombre de verdad como ella merece. Mis manos, aún inexpertas en ese momento, rozaban su vulva mojada, colándose bajo sus pantalones vaqueros y las braguitas, lo que reducía de manera considerable mi margen de maniobra. Ella decia que no sabía que le pasaba, que jamás se hubiera dejado manosear de esa manera en un sitio donde perfectamente nos podían descubrir. Reconoció lo cachonda que yo la ponía, se moría de ganas también por estar desnudos en una cama.

Al lunes siguiente, por la mañana, mi casa estaba libre hasta las 15:00, circunstancia que por supuesto aprovechamos. Por fin llegó el momento.. y, aunque las expectativas que tenía eran demasiado altas.. He de decir que incluso se superaron!!

Nuestra primera vez fue mágica, yo apenas había tenido sexo antes de estar con ella (siempre fui muy tímido con las chicas, y también muy exigente, pues oportunidades nunca me faltaron). Desnudé su cuerpo en la habitación de mis padres, contemplando por primera vez en mi vida esa obra de arte que tantas veces había imaginado. Mientras mis ojos recorrían el cuerpo de Carol, expuesto ante mí, mis manos se sumaron también, ligeramente temblorosas, grabando ese tacto celestial como si de la Biblia en baile se tratase. Lancé mi boca a sus imponentes pechos, palpé la absoluta perfección de esos pezones rosados..

Fue la primera vez que hice sexo oral a una mujer, estaba riquísima.. no me hizo falta ninguna instrucción para entender su placer… El olor de su excitación me resultó embriagador, tanto así como el sabor de la húmeda rajita, que sentía palpitar en contacto con mi lengua.

No sabía muy bien cuanto tiempo debía estar ahí abajo, así que después de disminuir la intensidad de sus gemidos y sus manos empujando mi cabeza, me incorporé, regulando la impaciencia que se apoderaba de mí, y me coloqué el condón con las rodillas ya apoyadas entre sus piernas. Se la metí despacio, quería verle la carita mientras la iba penetrando. La bombeé con intensidad, apoyando los puños a ambos lados de sus hombros, erguido sobre ella. Al poco de empezar ese ritmo que fui manteniendo cual partitura de Beethoven, Carol se empezó a tocar, metiendo la mano entre nuestros vientres, y me pidió que le diera más fuerte, para empezar a gemir tan rico..

Aguanté de milagro su orgasmo (el de antes no sabría asegurar si lo fué, pero ahora no cabía duda por como gemía y arqueaba el cuerpo debajo de mí) antes de correrme yo también.Fue increíble lo que sentí, sintiendo cada vez que mi polla se hinchaba dentro de ella, para escupir las descargas de esperma que llevaba guardando como una semana… Así que podéis imaginar cómo la siguiente escena fué aún más impactante debido a la alta cantidad que venían almacenando mis testículos.. Y esto viene, porque, al sacarla de su vagina nos dimos cuenta que el condón se había roto. Fué similar al descorche de una botella de Moët, cambiando la espuma por un blanco y espeso reguero que resbaló hasta gotear en la cama, manchando al paso el ano, las nalgas y el interior de los muslos de Carol.

En ese momento nos asustamos, éramos muy jóvenes y no queríamos tener ningún susto, así que lo primero que hicimos fue ir a por la pastilla del día después. Yo de todas formas estaba algo confuso, al fin y al cabo ese fue mi primer orgasmo con una mujer, la rotura del condón me cortó un poco el rollo.. Y no entendía la sonrisa perversa de ella, que incluso se puso a jugar con los dedos removiendo el semen que manaba de su sexo. Obviamente no me atreví a comentar al respecto, y me alegro que fuese así, pues más adelante acabaría entendiendo, incluso compartiendo, esa actitud que me pareció burlona ante una situación tan peliaguda. Digo esto porque, más adelante, en confianza, me contó que, prácticamente, lo que más le pone es sentir su vagina llenándose de semen, entre otras cosas que iré contando.

El sexo entre nosotros fué inmejorable, ya veis que desde el principio, tanto en cantidad, como calidad, incluso innovación, pues en ocasiones, nos atrevimos a vivir alguna que otra experiencia en lugares públicos o morbosos.

Puedo decir a boca llena que aprendí sexualmente con la idea de que la mujer se corría varias veces en cada encuentro sexual, pues era lo que vivía con ella… Diría que más de un 80% de las veces no había penetración sin antes haberle dado un buen orgasmo con la lengua o los dedos.. o ambos a la vez. Me obsesionaba recorrer todo su cuerpo de diosa, saborear el manjar que era ese delicioso sexo.. Y por supuesto follarla, en todas las poses, siempre eso sí controlando yo el ritmo, sabiéndome dueño de sus gemidos y orgasmos.. Prácticamente hacía que se corriese cuando yo decidía, dejándome ir con ella…

Nos fuimos abriendo el uno al otro cada vez más, y tan conectados como estábamos supe interpretar qué había detrás de esa imagen de mujer pura e inocente que trataba de venderme, impuesta desde pequeña por su (aunque adorable) tradicional familia, y por un ex que me descubrió como tóxico y celoso a un nivel difícil de imaginar a la edad que teníamos.

No le gustaba que saliese con escote, que tuviera amistad con chicos, que saliese de fiesta y siempre venía a reprocharle cuando la veía con un cubata en la mano.

Aparte de lo relacionado con ese “medio hombre “, ella me contaba “repugnantes” situaciones en que, por ejemplo, el padre de alguna amiga, algo bebido, la miraba baboso y descarado hablándole de una manera que nunca antes lo habia hecho, sobándole la cintura.. y asomándose descaradamente sobre sus pechos. Mientras sus pal expresaban rechazo al contarme esto, en sus ojos veía cierto morbo.

Menos pudo disimular la excitación cuando me contó cómo el tío de su ex, en un chalet donde se habían ido de vacaciones con la familia de él, le dió un pequeño cachete en la nalga, que dejaba a la vista su cortito pijama de verano. Había bajado a por un vaso de leche antes de dormir, justo estaba el hombre solo en la cocina... Justamente resultaba ser muy atractivo él.. como un hombre así se aprovechaba de la novia del yogurín de su sobrino..??

- A ver, con esa cara de angelito y ese cuerpo de diabla que tienes, con el pijamita de verano que seguro que se te marcaban hasta los pezones y enseñando medio culo.. no me extraña que se le fuera la mano, seguro que esa noche se pajeó pensando en ti-

No hizo falta que respondiese, ni que yo añadiera nada más. Nos metimos en la cama y la masturbé en silencio, sabiendo que mientras la tocaba ella pensaba en el pureta tio de su ex.

Descubrí con el tiempo que me calentaba mucho eso, provocar en ella tanta excitación, hacerla disfrutar mostrándome la suciedad que había en su mente. No necesitaba ser yo el protagonista de su fantasía, lo que quería realmente era ser la causa de sus mayores niveles de calentura y disfrute. Poco a poco fui avanzando mis actuaciones en este terreno. Lo siguiente fué otro día, que la follé directamente fingiendo ser su profesor de plástica. Se me ocurrió después de que Carol confesara que le ponía cachonda en su día, y que, como el resto de los hombres que la rodeaban tras pasar de niña a mujer, era consciente de cómo miraba su cuerpo cuando tenía ocasión.

Otro día, fingí que era el malote de su clase, un cachas que andaba detrás de ella y con quien su ex estaba obsesionado. Le tenía unos celos enfermizos, que casi la empujaban a desearlo realmente, como confesó ella misma. Se corría como loca recreando como le ponía los cuernos al ex.. Y a mí me volvía loco ese poder, esa puerta abierta hacia el interior de sus fantasías. Me fascinaba romper tabús juntos. Tengo grabada en mi mente la imagen de sus labios abriéndose, una vez que la tenía encima de mí, moviéndose como sólo ella sabe, llena de sensualidad en cada movimiento… Apoyé mis dedos en sus labios, no se muy bien por qué, estaba seguro que en su mente se estaba comiendo otra polla mientras me follaba.. empezó a meter y sacar mis dedos de su boca succionando, con los ojos cerrados. A la primera no respondió, pero sí la segunda vez que, armado de valor, le pregunté si le gustaría comérsela a otro así, si quería dos pollas para ella solita… Aumentó el ritmo de sus movimientos después de responder un – Sí – rotundo, en tono de excitación total, y se corrió reprimiendo sus gemidos, creo que porque si se deja llevar como siempre, esta vez sus gritos hubieran llamado demasiado la atención de los vecinos.

Cuando lo comenté en frío, Carol se negaba a reconocerlo, varias veces intenté sin éxito hablar sobre este tema. Me descolocaba como podía negar que le ponía pensar en más de una polla, pero no me quedaba otra que limitarme a avanzar como mejor sabía, y en la situación que más dominaba. Compré un consolador, que introduje en nuestras relaciones por primera vez con sus ojos vendados, y que resultó todo un éxito como sospechaba.

Resulta que a la nena le calentaba imaginarse rodeada de tíos desnudos. Desnuda entre varias pollas, hinchadas, listas para soltarle la leche por todos lados.. Los amigos de su ex se acercaban a ella masturbándose, se corrían sobre su cuerpo mientras yo la follaba. La follaban después a su antojo, sin delicadeza, se corrían dentro de ella sin condón, se la chupaba, agarrándoles los testículos sabiendo el deseo que le tenían todos ellos en secreto. El musculoso malote le desvirgaba el culito, violándola, tomándola a su voluntad..

Todo eso, obviamente, se quedaba en nuestra imaginación, no contemplábamos que pudiera hacerse real. No literalmente, no con esos protagonistas.. Así que fuí planeando la manera de que, al menos, se planteara intentar compartir una experiencia real más allá del consolador. Ella se negaba en rotundo, pero cada vez disfrutaba más siendo ella la que me narraba esas guarradas pajeándome, y mirando divertida como hacía saltar mi corrida. Confesó que algo que siempre le había puesto cachonda era imaginarse con un negro..

Esto al fin y al cabo era lo más razonablemente posible de intentar, y además su confesión parecía llegar en el momento justo en que “planteábamos algo serio “. Después de muchas veces de imaginarlo, muchos orgasmos visualizando una verga negra y venosa entre sus ricos labios… decidimos que buscaríamos la manera de hacerlo real.

Colgué un “anuncio” en un chat anónimo, acompañado de dos fotos sugerentes de mi chica en bikini. Copio y pego el texto:

“Pareja joven busca chico hetero este finde en Alicante. Sólo para ella. Somos novatos en el mundo swinger y pedimos total discreción. Un chico de entre 25/30 años, educado y respetuoso. A ser posible bien dotado, y buena cantidad de corrida.Podéis priv.”

Al segundo nos bombardearon con mensajes de todo tipo, como podéis imaginar los que conocéis está clase de grupos. Os estaréis preguntando por qué en el mensaje no menciono nada de un chico de color, y es que la idea era seleccionar alguno que, habiendo leído bien el anuncio y comprendiendo lo que buscábamos, se pusiese en contacto con nosotros sin ser el típico “busco negro dotado”. Estuvimos hablando con un par de perfiles que llamaron la atención de mi chica, parecían reales, y finalmente nos decidimos por un afroamericano de 32 años, residente en España desde hacía bastante tiempo, que dominaba sin problema el idioma y ya tenía experiencia con alguna pareja. Físicamente era un toro, cabeza afeitada y no parecía desesperado por mandar la típica fotopolla, se interesaba realmente en la conversación y parecía un tío muy majo.

Mi chica estaba encantada con mi idea de convertirlo en un “juego de rol”. Le hicimos creer al tipo que éramos una pareja de Madrid, recién casados y que siempre habíamos sido fieles el uno al otro. Que yo hacía tiempo arrastraba un problema en los genitales, que no tenía erecciones como tal, y que después de mucho hablarlo había convencido a mi chica para probar al menos una vez una polla “normal”. Le metimos la idea de que iba a darle a una chica espectacularmente atractiva, de 24 añitos, y que solo conocía la defectuosa y pequeña polla de su reciente marido, la oportunidad de probar una polla de verdad y ver en directo como salía la leche.

Me encantaba calentarlo también a él con este enfoque, y a ella le ponía muchísimo sentirse una zorrita inocente..

Incluso le comenté mis dudas al respecto de si sería excesivo el tamaño de su miembro, consiguiendo así que nos mandase una foto, en la que mostraba una herramienta que a mi nena le hizo la boca agua.

Se comprometió a respetar en cada momento los deseos de mi chica, y yo dije que mi única condición era estar presente, que lo que pasase o no era cosa de ella, que tenía total libertad. Alabó incluso en exceso nuestra mentalidad y nuestra relación. Finalmente nos citamos el viernes para tomar algo y conocernos en persona antes de nada. Le pase algunos vídeos de “NemiBDesire” para darle una idea de más o menos como imaginábamos que pasase.