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Mi primera infidelidad con un hombre del chat

Llevaba años soñando con este momento en la pantalla, pero la realidad es mucho más intensa. Cuando la pantalla se apaga y el hombre maduro aparece en persona, la tímica chica que era se transforma en una mujer dispuesta a perder el control.

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Hola a tod@s, agradezco a toda la gente que me está escribiendo y animando para que siga con los relatos de mis experiencias, de verdad, muchas gracias. Últimamente por falta de tiempo, ya que he cambiado de trabajo y de casa no he podido hacerlo, pero voy sacando tiempo para ir poco a poco relatando, lo que me ha hecho también, desgraciadamente, perder alguna amistad por este cambio de vida.

Como siempre, para los que no habéis leído nada mío, me describo. Soy una chica normal, mido 1,66, tengo el pelo largo claro, al igual que mis ojos. Mi piel es bastante blanquita y mi cuerpo bastante atlético, gracias al ejercicio que últimamente también tengo algo abandonado. Tengo los pechos muy pequeños, con una forma bonita eso si. Mi trasero es lo que más llama la atención de los hombres en mi, ya que, aunque no muy grande, es bastante respingón y redondito a la vez.

En cuanto a mi personalidad, soy una persona bastante tímida, amiga de mis amigos y con digamos, una cara oculta más morbosa que pocos conocen.

Actualmente tengo 24 años, no estoy con nadie, aunque tengo un amigo que últimamente nos vemos bastante.

La historia que os voy a contar, que la podía poner en otras categorías de esta página, como sexo con maduros e incluso fetichismo, pero lo pondré en infidelidad ya que creo que es lo que más se ajusta,sucedió hace bastante, cuando tenía poco más de dieciocho años. En ese momento había empezado una relación con un hombre que vivía en Madrid y yo en otra ciudad, aún con mi madre. Nos veíamos los fines de semana y nos íbamos a hoteles rurales o sitios que conocía el. El sexo era constante, y el me enseñó varias cosas, morbos que en aquel tiempo eran casi inimaginables para mi.

Durante la semana, él no estaba, pero nos llamábamos a diario y planificábamos cómo sería el siguiente fin de semana. Yo en aquel momento no conocía mucha gente, a parte de familiares, y me conectaba a un chat donde compartía morbos con otra gente a parte de dudas que tenía por mi edad.

Solía chatear de noche con un hombre maduro, de unos 45 años, que tenía dos hijas gemelas de mi edad y vivía en una ciudad relativamente cerca de la mia. Hablamos durante mucho tiempo, noches hasta las 3 y 4 de la mañana, ya que yo había dejado de estudiar y no trabajaba. En esas conversaciones, que no sólo eran de sexo, hablábamos sobre los morbos ocultos que teníamos cada uno. Me confesó que era un obseso de la masturbación, que lo hacía a diario a pesar de estar bien con su mujer, que le gustaban las chicas de mi edad y la ropa tan provocativa que nos poníamos, incluida la de sus hijas. Yo por mi parte, también le confesaba que me atraían los hombres mayores y le preguntaba varias dudas que tenía amparándome en la privacidad del chat. Nunca tuvimos o intentamos tener sexo virtual, simplemente no hacía falta dado la profundidad de las cosas de las que hablábamos. También fantaseamos alguna vez con quedar, ya que quería conocerme en persona y yo era bastante reacia a las cams o llamadas telefónicas.

Llego la semana, en que un jueves, mi chico me llamó y me dijo que tenía un viaje de trabajo y no podía quedar conmigo. A mi de primeras me pareció algo muy extraño. Yo, no sé si fruto del enamoramiento que tenía o más bien, una mezcla entre la edad, rebeldía o incluso celos, me enfadé con él. Ahora lo veo como un capricho tonto que me entró, pero en aquel momento estaba sinceramente enfadada, hasta el punto que deje apagado el móvil que me había comprado, el único medio que teníamos para comunicarnos.

Me vestí, salí de casa y me compré unas cervezas, y me volví a encerrarme en mi habitación, y pensar en todo aquello.

Después de unas cervezas, entre en el chat y esperé a que se conectara Rafa, que así lo llamaré por privacidad. Después de unas cuantas conversaciones de chat que no me llenaban mucho, Rafa se conectó y le conté lo que me había pasado, me sentaba bien hablarlo con alguien, aunque solo buscaba egoístamente que me dieran la razón.

Esa tarde - noche hablamos durante horas en las que ya veía todo diferente. Al día siguiente lo mismo, hasta que ya entrada la noche me propuso quedar con el, con la excusa que tenía una maleta llena de ropa que sus hijas ya no usaban y por mis medidas me podrían valer. Yo me hice la dura bastante tiempo, pero entre que pensaba que mi chico estaría con otra en algún lugar, y que Rafa me caía bastante bien, accedi.

Me dijo que me pasaría a buscar y que iríamos a un hostal que conocía algo lejos, pero que en ese sitio nadie hacía preguntas y nadie nos conocía, ya que los dos teníamos pareja.

asi si vamos al hostal te puedes probar toda la ropa que te llevo tranquilamente, fueron las palabras que me escribió en el chat.

Yo no era una ingenua, sabia que quería sexo, no me planteaba que solo fuera para lo de la ropa,pero esa era la excusa que nos habíamos dado mutuamente.

Me dio su teléfono ya que yo no quería darle el mío, y me dijo que lo llamara con número oculto, me dijo cómo se hacía, y tras varios minutos de dudas y muerta de vergüenza, marqué su número:

hola, dije con voz tímida

Hola guapísima, no sabía si me ibas a llamar, tengo muchas ganas de conocerte en persona. Dijo Rafa con voz alegre

Y yo, contesté bastante seca

Ya sé que te da vergüenza, pero no te preocupes, en casa he dicho que voy de cena y copas con unos amigos, pero tengo que volver a dormir, ya sabes. Añadió en el mismo tono

Si no te preocupes, conteste sincera.

Quedamos como a las 5 de la tarde ya que me dijo que se tardaba más o menos una hora en llegar al sitio. Me fui a casa a ducharme y prepararme. Me puse un vaquero negro ajustado y una blusa roja, que disimulaba el tamaño de mis pechos, con tanga rojo por debajo a juego con el sujetador, y unos zuecos negros con poco tacón. Le puse una disculpa a mi madre con que iba a salir a cenar con unas amigas y salí de casa.

Me dirigí al punto donde habíamos quedado, cerca de un monumento que conoce mucha gente. No nos habíamos visto nunca, solo por nuestras descripciones del chat, sabía que venía en un coche rojo y tras esperar 10 minutos apareció, saludó y me hizo un gesto para que subiera.

Me temblaban las piernas mientras me dirigía a la puerta del coche, ya había quedado antes a ciegas, pero de más joven. Supongo que también había madurado y conocía los peligros que tenía lo que estaba haciendo.

Abrí la puerta y sonriendo me senté en el asiento del copiloto repasando a mi cita con la mirada.

No me lo imaginaba así. Aunque en el chat había sido sincero en cuanto a su descripción, tenía bastante menos pelo de lo que me imaginaba, con grandes entradas en la cabeza, arrugas en la frente y una cicatriz en la barbilla. No era feo, pero no era lo que me imaginaba. De cuerpo no estaba ni gordo ni delgado, vestía una camisa blanca con rayas azules claritas y un pantalón de vestir negro.

Acercó su rostro al mío y me dio dos besos:

eres bastante más guapa de lo que me había imaginado, dijo mirándome a los ojos

Gracias, conteste bajando la mirada

Tu me habías imaginado así? Preguntó agachando la cabeza buscando mis ojos.

Eh si,eh no,eh si, murmuraba dubitativa

Estaba echa un flan, roja como un tomate y no sabía bien que decir, afortunadamente Rafa lo notó rápido y llevó su mano a mi hombro:

no te preocupes, yo también estoy nervioso, es la primera vez que quedo con alguien que conozco en el chat. Pero no tienes que preocuparte por nada.

Yo le miré y sonreí. Me abroché el cinturón y emprendimos la marcha. Durante los primeros minutos no hablamos nada, todo silencio, interrumpido por la voz femenina del gps.

Cuando ya abandonamos la ciudad, comenzó a hablar del sitio a donde iríamos, de la cantidad de ropa que me había traído y de temas varios. Yo no hablaba mucho, solo respondía a sus preguntas y afirmaba con la cabeza. Estaba más tranquila, la gente que es sincera en el chat rápidamente sientes que la conoces cuando no hay pantalla de por medio.

Llegamos a lugar, con la conversación se me había hecho corto el viaje, había un edificio viejo de piedra con plantas trepadoras por la fachada y ventanas de madera, junto a una gasolinera de carretera.

Bajamos del coche y bajamos la maleta del maletero. En ese momento fue la primera vez que noté su mirada recorriendo mi cuerpo, cosa que causó en mi un pequeño escalofrío satisfactorio en mi pecho.

voy a la recepción a por la llave, espérame aquí que vuelvo enseguida, ordenó Rafa en tono amable.

Yo asentí con la cabeza y me senté en unas escaleras que daban a la puerta principal junto a la maleta mientras Rafa entró en una especie de patio contiguo.

En esos momentos me entraban algunos remordimientos de estar a punto de entrar en la habitación de un hostal con un hombre que no era el mío, pero a la vez, me sentía bien, egoístamente, de poder conocer a esa persona con las que tantas noches había chateado.

Rafa apareció doblando la esquina con una llave acompañada de un gran llavero en la mano, me sonrió, cogió la maleta y haciendo un gesto de que lo siguiera, subió las escaleras. Yo agarré mi bolso e hice lo propio, siguiéndolo hasta el interior del edificio.

Nuestra habitación estaba al final de un pasillo largo, abrimos la puerta y accedimos a la habitación, que tenía un aseo nada más entrar a la izquierda y un armario empotrado a la derecha, de frente, una sala con una cama de matrimonio con dos mesitas y sus respectivas lámparas a los lados. También una mesa de madera y un televisor, que seguramente tendría más años que yo. La habitación estaba oscura, debido a esas cortinas opacas que tienen los hoteles, pero ya con las luces encendidas, el sitio era de lo más acogedor por la mezcla de colores en sus cuadros y sus paredes.

Dejamos la maleta en la habitación y bajamos a la gasolinera, ya que en el lugar no había bar, y queríamos comprar algo de comer y beber. Compramos unas cocacolas, me hubieran gustado que fueran cervezas, pero tenía que conducir el, en el viaje de vuelta y también compramos sándwiches y chuches. No pude evitar fijarme en los preservativos que tenía a su espalda el chico que nos estaba cobrando, yo con mi chico no usabamos, pero no iba a hacerlo sin, con un hombre que no era el mío. Pensé que él los llevaría.

Volvimos a la habitación y nos sentamos en la cama, sacamos dos sándwiches y dos latas y nos pusimos a merendar mientras Rafa me contaba las disculpas que había puesto a su mujer para que no sospechara de nuestro encuentro.

La conversación siguió un buen rato, hasta el punto dé sentirme bien, había buen rollo, como para compartir yo alguna frase de más de dos palabras. Me mostró fotos de sus hijas, que las tenía un gran aprecio y se notaba que estaba orgulloso de ellas. En la foto se veían dos chicas, un poco más altas que yo, guapas, delgadas y a pesar de tener un año más que yo, con grandes pechos y ropa bastante corta y ajustada. Por un momento me entro un extraño morbo de estar en la habitación de un hotel, con un hombre que tenía dos hijas mayores que yo. Seguimos la conversación y terminamos la comida, para seguir con las chuches. Al cabo del rato acercó la maleta a la cama y me preguntó que si quería probarme algo. Yo me encogí de hombros dándole a entender con mi mirada que haríamos lo que él quisiera.

pruébate esto, a ver qué tal, dijo Rafa acercándome con la mano un conjunto.

Yo lo cogí con ambas manos y me levanté lentamente, otra vez me entraba una vergüenza extrema.

ve al baño, te cambias y sales a ver, continuó entusiasmado

Yo en ese momento respiré aliviada, no era que no supiera que me iba a ver desnuda, como dije, no era una ingenua, si no que me parecía un poco fuerte desnudarme allí delante suya directamente.

Me dirigí al baño y cerré la puerta, me desnudé, dejando mi ropa interior puesta, y me puse la ropa que me había dado. Me quedaba como un guante, aunque no era mí estilo, era unos pantalones ajustados clarito, tipo pana, con un jersey fino de rayas. Me mire al espejo, me coloque el pelo, me di la vuelta para ver qué culo me hacía y salí de nuevo a la habitación, para colocarme a dos metros de el de pie.

guauuu, te queda genial, dijo mientras me repasaba el cuerpo con su mirada

Gracias, conteste sonriendo.

A ver date la vuelta, ordenó amablemente.

Yo obedecí, mientras girando la cabeza no le perdía la mirada. Me repaso por detrás con sus ojos y me di otras prendas, y volví al aseo para seguir con mi particular pase de modelo.

Me probé varias cosas, la ropa era bastante buena, de calidad, y comprendí que era ropa de cuando sus hijas eran más adolescentes, que no les venía ya y que a mi, por mi cuerpo si. Me lo estaba pasando genial, porque la verdad es que me encanta probarme ropa.

En una de esas me dio un pantalón vaquero, sin bolsillos detrás, que solamente de probarlo por encima, sabía que me iba a quedar demasiado ajustado, y así fue, tuve que sentarme en la taza del water para poder subírmelo hasta arriba y meter tripa dando saltitos para poder abrocharlo. Arriba llevaba una camiseta de tirantes con el ombligo al aire, en el que se leían las letras SEXY en grade. Al mirarme al espejo de espaldas, y a pesar de ser un vaquero, se ceñía tanto a mi cuerpo, que dejaba poco lugar a la imaginación. Así salí de nuevo hacia mi espectador que sentando en la cama, rápidamente posó su mirada en mi entrepierna, como queriendo adivinar la tensión de aquellos botones.

acércate, dijo Rafa echando sus manos hacia adelante

Di dos pasos hacia él y colocó sus manos en mi cintura, lo que hizo estremecerme por un instante. Miró hacia arriba para mirarme a los ojos y sonreírme, pero algo había cambiado, su mirada transmitía excitación, miro para abajo lentamente para volver a mirarme a la cara y movió su mano hasta mi ombligo y la otra hacia la parte baja de mi espalda para que me diera la vuelta. Obedecí lentamente, al ritmo que me marcaban sus manos, hasta quedar su cara a escasos centímetros de mi trasero, para volver a colocar sus manos en mi cintura.

-Bufff, que bien tengo queda, dijo Rafa casi suspirando. - té está gustando lo que estamos haciendo? Preguntó seguidamente

si!, contesté rápidamente mientras miraba en dirección opuesta a él.

Se quedo un rato en esa posición, masajeando mis caderas con cada mano, yo inmóvil, esperando su siguiente movimiento, que no tardó en llegar. Su mano comenzó a acariciar mi espalda, por el borde del pantalón, varias veces hasta que paró y noté como metía un dedo por un costado y tiraba lentamente hacia afuera de la goma de mi tanga, que, aunque no fue un tirón fuerte, hizo que ese escalofrío volviera de nuevo a mi y comenzara a humedecerme entre mis piernas. Con un cachete en mi culo, me apartó y se inclinó hacia la maleta para escoger otra prenda, esta vez, un pantalón de chándal de Adidas, de los que todos hemos llevado en el instituto. Solo me dio el pantalón, así que volví al baño. Me costó bastante quitarme los vaqueros, me tuve que sentar de nuevo y al ponerme el pantalón de chándal me di cuenta que era incluso más pequeño. Me lo puse sin dificultades pero me llegaba hasta cuatro dedos por encima de los tobillos, y se pegaba a mis muslos que parecía que iba a romperse, debía de ser de una de sus hijas de hace bastante tiempo, pensé. Por detrás, parecía más bien como unos leggins, muy ajustado. Salí de nuevo y me coloqué frente a él, esta vez un poco más cerca:

té queda muy ajustadito no? Preguntó Rafa rápidamente

Si bastante, respondí colocándome el pelo hacia atrás

Anda ven, dijo de nuevo abriendo sus manos.

Me acerqué a él mientras seguía intentando domar mi pelo hacia atrás, él volvió a colocar sus manos en mi cintura y a mirarme fijamente. Sus manos sé deslizaron y acariciaron mi culo lentamente de una pasada para agarra mis piernas por detrás y tirar de ellas de tal forma que su cabeza dio contra mi ombligo besándome. Se separó y mirándome otra vez:

té está gustando esto? Preguntó de nuevo

Si mucho, conteste mientras asentía con mi cabeza.

Tiro de nuevo con sus manos y volvió a besar mi ombligo para separarse y volver a mirarme a la cara:

Me encanta tú cuerpo, me vuelve loco, dijo mas bien susurrando

Yo le sonreí, y puse una mano en su nuca, en señal de que quería más, pero me la separó rápidamente volviendo a girar mi cuerpo, me agarró la cintura por detrás y soltando una especie de gemido y hundió su cabeza en mi trasero. Podía notar su nariz queriendo abrirse paso entre mis nalgas y su respiración caliente entre mis piernas me sacó un gemido muy suave pero muy prolongado. Instintivamente me incliné ligeramente, pegándome aún más a cara, cosa que le gustó ya que su cara empezó a moverse más rápidamente y su mano bajo rodeándome hasta posarse encima de mi coño. Una pequeña contracción y un gemido fugaz mío fue suficiente para que moviera sus dedos haciendo que mi respiración se acelerara. Sin quitar su cara de mis nalgas paró su movimiento de dedos y esta vez saliendo de mi trasero me agarró fuertemente una nalga y me la besó por encima del pantalón.

me encantas, comentó mientras volvía a dar vuelta mi cuerpo hacía el.

Volvió a inclinarse a la maleta, donde ya quedaba poca ropa y saco de ella lo que quedaba, dos conjuntos de bikinis negro y otro blanco, una especie de disfraz infantil y unas braguitas amarillas con sujetador de Disney. Me miró sonriente y a la vez excitado:

elige preciosa, que te quieres probar?

Yo miré las prendas y no dudé, elegí el bikini blanco, ya que el negro no me sienta muy bien, el disfraz me haría sentirme ridícula y la ropa interior, a parte de quedarme segura pequeña, no me gustaba ponerme braguitas de otras personas. Así volví al baño, tras un último suave cachetazo en él trasero, me apoye en el lavabo mirándome al espejo, estaba bastante excitada, la situación era rara, pero no sé si por las ganas que tenía o por la intriga que le estaba dando mi acompañante. Me desnude completamente, y, pude ver como mi tanga tenía algo de humedad, me pasé la mano entre mis labios vaginales, estaba bastante caliente. Me puse él bikini, la parte de abajo me quedaba perfecta, pero la parte superior, por mucho que la ajustara, hacía que las copas se abrieran, podía verme el pezón mirando a mi pecho. Pero me da igual, coloqué la ropa en el baño y salí de nuevo.

Rafa se había quitado la ropa, solo unos bóxer blancos mantenía en su cuerpo, esta vez me miro y se dejó caer hacia atrás en la cama, yo sin pensarlo mucho, fui hacía el y me coloqué encima suyo, noté su polla dura nada más apoyarme en el, incliné mi cuerpo y lo besé a lo que él me correspondió instantáneamente.

Besaba muy bien, bastante apasionado, incluso metía su lengua en mi boca para jueguetear con la mía, quizás en exceso, sus manos enseguida se posaron en mi trasero, para que yo comenzara a rozarme fuerte contra su paquete. Abría la boca un poco, separándome de la suya, para poder gemir, parecía que eso le encantaba. Dejamos de besarnos y yo aproveché para incorporarme y colocarme donde su polla me diera más placer y seguir moviéndome sobre su ropa interior. En esa postura podía ver mis pechos enteros desde su posición, y enseguida llevo a ellos su mano que comenzó a jugar con mis pezones, con dos dedos, como queriendo girarlos, cosa que hizo que se terminaran de endurecer del todo.

Paró de jugar con mis pechos y volvió a mi culo, y agarrándolo con ambas manos acompasaba mis movimientos, yo ya estaba a mil y quería que me lo hiciera, lo necesitaba y le hice la pregunta perfecta para dárselo a saber:

tienes condones? Pregunte bajando el ritmo de mi movimiento y apoyando mis manos en su pecho.

No tengo, he visto que venden en la gasolinera, respondió pensando entre palabras.

Yo puse cara de circunstancia, como no sabiendo muy bien qué pensar en ese momento. La verdad que no quería hacerlo a pelo, pero estaba cachondisima. Rafa en cambio como si no le hubiese preguntado nada, volvió a posar sus manos en mis caderas:

ven acércate, siéntate en mi cara, quiero comerte, dijo Rafa excitado y firme.

Yo obedecí sin pensarlo, me giré en mi posición puse las manos en la cama y una rodilla a cada lado de su cuerpo y fui retrocediendo hasta llegar a su cabeza, tiré lentamente del cordón de la braguita del bikini, pero su mano fue rápidamente y se posó en la mia para evitar que lo hiciera, y volví a posar la mano en la cama mientras él se acercó intentando comer mi coño por encima de la tela.

No entendía muy bien en ese momento el porque no quería que me desnudara, supuse que sería un morbo relacionado con la ropa de sus hijas, pero en ese momento no estaba para pensar y le seguí el juego para que tuviera el mayor placer posible conmigo. Me agarró de las ingles y tiro hacia el, notaba su lengua a través de la tela intentando buscar mi entrada, me deje caer en su cuerpo y siguiendo su juego, buscaba con mi boca su bulto, que se marcaba perfectamente en sus bóxer. Él seguía a lo suyo, dándome un placer contenido y yo al no aguantar más, me ayude de una mano para bajar la goma de su ropa interior y dejar la punta de su polla al aire, ya descapullada y con bastante líquido preseminal. Eche mis rodillas un poco más atrás y con la boca abierta, y sin manos, la engullí hasta donde el calzón me dejaba. Rafa se separó de mí en ese momento soltado un gemido de placer absoluto cosa que me encantó oír e intenté sacando su polla de mi boca, desnudarlo. Me ayudo a bajar el bóxer hasta que su miembro quedó fuera ante mi, era un poco más grande que la de mi novio y con grandes huevos, también quizás por la posición en la que estábamos y con poco pelo, bien recortado. La levanté con una mano hasta ponerla recta, la miré, la deseaba, el morbo de tener una polla que no era la de mi chico en mis manos. Acerqué mi boca a ella y salivando lo más que podía comencé a mamarla motivada por los gemidos que daba Rafa.

El por su parte, después de disfrutar por unos momentos de lo que le estaba haciendo, tiró fuertemente del borde de la braguita del bikini, apartando la tela y dejando mi coño mojado al aire y con una mano sujetando la prenda, la otra fue a mi clitoris para masajearlo. Yo gimiendo sin parar, intentaba comerla entera, sacándola lentamente de mi boca apretando mis labios y volvía a repetir para sacarla por completo y lamer su tronco mientras mi mano jugaba con sus huevos. Acercó su cabeza y metió su lengua dentro de mi, sin parar el movimiento de su mano. Ahora si que estaba disfrutando del 69. Tenía que parar y sacármela de la boca para poder gemir agusto y volver a comermela. Su lengua no se cansaba de follarme una y otra vez, de una manera que nunca antes me lo habían hecho. No tarde en llegar al orgasmo, deje su polla y me apoye en su pelvis unos segundos mientras comenzaban los espasmos en mi cuerpo. Tras tres gritos secos, abrí mi boca todo lo que podía y me corrí con su lengua dentro de mi coño. Paré en modo de descanso unos segundos mientras aun tenía contracciones entre mis piernas y me dije que ahora me tocaba a mi. Llevé mi mano a su polla y comencé a pajearlo rápidamente mientras con mi lengua lamía su capullo. Su lengua seguía dentro de mi moviéndose, más despacio entre mis fluidos y después de unos instantes se separó de mi coño para avisar de su inminente orgasmo. Aceleré el ritmo de mi mano y rodeé su capullo con mi boca. No me entusiasmaba mucho que se corrieran en mi boca, pero como a mi chico le volvía loco, quería darle ese placer a él también. Rafa levantó su cadera metiendose más en mi boca y tras dos fuertes sacudidas y un gemido desgarrador noté como su leche acababa en mi boca. Tardé unos segundos con su polla dentro y sacándola lentamente, le hice un gesto y me dirigí corriendo al baño para escupir su esperma en el lavabo. Me enjuagué la boca y volví donde el, que aún con la polla dura, me abrazo y me besó.

Nos quedamos un buen rato tumbados boca arriba mientras nuestra respiración volvía a su estado normal. Rafa de vez en cuando me miraba de reojo y miraba mis pechos, casi salidos del bikini. Me encanta esa sensación de paz que deja el sexo. Al mirar hacia abajo, pude ver también que su polla había vuelto a su estado normal, el se percató y se subió graciosamente los bóxer para incorporarse y volver a besarme fugazmente. Se levantó, abrió la ventana y sacó un cigarro de su pantalón y comenzó a fumar mientras me miraba en silencio. Ya era de noche. Tras unos instantes de mirar mi cuerpo pasó su mirada a mis ojos.

te has gustado? Preguntó con voz muy tierna.

Yo afirmé con la cabeza mientras no apartaba la mirada de la suya. Él volvió otra vez a mirar mi cuerpo como buscando cada detalle de él.

Voy a ducharme, dije de repente rompiendo el silencio

Si yo también debería, añadió Rafa mientras con una mano tocaba su pecho sudoroso.

Me levanté ante su mirada y me dirigí al aseo. Me miré al espejo recogiéndome el pelo para no mojarlo y sin cerrar la puerta, me desnudé y me metí en la ducha. Mientras estaba enjabonándome el cuerpo con esos sobres de jabón que hay en los hoteles, Rafa entró al baño, se apoyó en el lavabo y me miraba a través de la mampara de cristal. Aunque ya me había regalado un buen orgasmo, era la primera vez que me veía desnuda entera.Yo lo miré y lo sonreí, aunque con un poco de vergüenza

me puedo duchar contigo? Preguntó Rafa levantando la voz para que pudiera escucharlo a través del ruido del agua

Claro, respondí amablemente mientras apartaba la alcachofa de la ducha del cristal.

Se bajo los bóxer y camino hasta la ducha para meterse conmigo. Sus manos fueron directas a mi cintura mientras yo le mojaba en modo de broma con la ducha. Se acercó a mi para besarme otra vez apasionadamente, bajo una mano a mi culo y me pegó contra el. Yo seguía aclarándonos a los dos con la ducha mientras su lengua recorría una y otra vez mi boca, hasta que pude notar como su polla se hacía otra vez grande a la altura de mi ombligo. Dejamos de besarnos y aproveché para aclararme la cara en lo que él se intentaba enjabonar con la mini dosis de jabón. Fue ahí cuando pude ver su polla entera de pie, dura y apuntándome. Le ayude a enjabonarse el pecho cariñosamente y mientras que volvió a besarme baje mi mano y la rodeé moviéndola muy lentamente. Me sonrió mientras se separaba y se aclaraba.

quieres más? Preguntó Rafa en un tono desafiante sin quitar la sonrisa de su rostro.

Yo hice un ruido afirmativo y sonriendo aumenté el ritmo de mi mano. Rafa entreabrió la boca dejando escapar unos ronquidos silenciosos para dejar caer la ducha al suelo, cerrar el agua y agarrar mis muñecas con ambas manos. Me dio la vuelta y me puso contra la pared, con las manos arriba, me soltó y sus manos bajaron a masajear mis pechos, yo instintivamente, ya excitada, eché mi culo hacía atrás, hacia el, hacía su polla dura que noté rápidamente en mis nalgas. Comenzó un juego de pequeñas embestidas sin llegar a metérmela. Su mano bajo acariciando todo mi torso para masturbarme. Sabía muy bien donde tenía que tocarme. Empecé a gemir de nuevo, lentamente, con los ojos cerrados, disfrutando. Colocó con su otra mano su polla entre mis piernas y comenzó a moverse sin penetrarme, hasta que paró por completo y se acercó a mi oreja.

quieres que baje a por condones? preguntó Rafa susurrando

Si, contesté en el mismo tono

Me besó la oreja y el cuello y rápidamente salió de la ducha y se secó con la toalla. Yo tras unos instantes hice lo mismo, me abroché con la toalla y salí a por un cepillo de pelo que siempre llevaba en el bolso. Volví al baño para desenredarme el pelo y Rafa, ya vestido, tras entrar al baño y besarme, me indicó que enseguida volvía. Terminé con mi pelo y fui a la habitación, me quité la toalla y recogí un poco las prendas que estaban por el suelo. Allí vi aquellas braguitas amarillas infantiles y decidí darle el gustazo a mi acompañante. Me las puse, no me quedaban tan apretadas como otras ropas que me había probado ese día. El sujetador no me lo puse y me tumbé en la cama pensando en el morbo que le daba, no podía evitar tocarme. Me coloqué en una posición lo más sexy posible para que cuando entrara me viera y pasados unos dos minutos, escuché la llave en la puerta de la habitación. Rafa entró y llegó hasta enfrente de la cama. Yo tumbada de lado le sonreí pícaramente. Se quedo unos segundos mirándome, haciendo gestos de sobreexcitacion en su cara y rápidamente se quitó toda su ropa tirándola al suelo, su polla estaba blanda de nuevo y en cuanto puso una rodilla en la cama fui rápidamente hacia ella, arrastrándome, metiéndola en mi boca. Tras unos pocos chupetones y unas palmadas por su parte en mi trasero, notaba como crecía en cada pasada de mi lengua, me encanta esa sensación. Con ella ya dura, tras un gesto de Rafa, me tumbé en la cama boca arriba, con las piernas abiertas, notaba el cambio de color en las braguitas de lo mojada que estaba. Rafa se colocó entre mis piernas, con su polla en la mano y comenzó con ella a dar golpes por encima de las braguitas, el pulgar de su otra mano fue a mi clitoris, donde empezó a jugar con él por encima de la ropa. Colocó su punta en mi entrada y empezó a empujar con fuerza, hasta el punto que noté que su capullo quería entrar a pesar de la resistencia de la tela. Yo necesitaba ya que estuviera dentro de mi, y hacía gestos con mis caderas. Sin mediar palabra, agarro el paquete de preservativos, lo abrió ayudándose de la boca y sacó uno, que con bastante torpeza lo desenvolvió y se lo colocó. Yo ya había aprendido la lección, y hábilmente, tiré de un lado de las braguitas sin quitármelas, dejando mi coño a su disposición. Ayudándose de su mano la colocó y la metió muy lentamente mientras daba marcha atrás para volver a meterla, hasta que tras varias veces me la clavó hasta el fondo. Lo hacía muy lentamente, yo disfrutaba de cada centímetro que sentía dentro de mi. Fue subiendo el ritmo, lanzando gemidos, yo con mis brazos abiertos agarrando la almohada, gritando de placer, movía mis caderas intentando subir más aún la velocidad. Pasado un rato salió de mi y me ordenó darme la vuelta a lo que obedecí de un salto poniéndome a cuatro patas. Me besó la parte baja de mi espalda con mucha ternura y agarrando las braguitas de cada lado, me las bajo hasta mitad de mis muslos mientras seguía besándome en mis nalgas, en mi culo y finalmente hundiendo su lengua en mi coño como ya había hecho la primera vez. Mis gemidos eran prolongados, me echaba hacia atrás restregándome incluso en su cara para aumentar mi placer, cosa que me daba la sensación de estar a punto.

Rafa se colocó rápidamente detrás mío y me agarró las caderas para ajustar la altura a la que me iba a penetrar. Ayudándose de su mano me daba golpes con su polla por todo mi culo y coño, pero en mi cabeza solo quería que me penetrara hasta el fondo, que me follara fuerte, lo deseaba. Y como si me hubiera leído la mente, en una de esas lo hizo, me penetró sin contemplación, hasta el fondo, paró unos instantes quedándose totalmente quieto y volvió a tirar para levantar mi culo. Comenzó una serie de embestidas fuertes, haciendo sonar su pelvis contra mi trasero. Era lo que deseaba, ya no controlaba el volumen de mis gritos, no iba a tardar mucho en correrme y así fue. De una embestida fuerte mis brazos me dejaron caer de boca en la cama, donde me llegó un orgasmo de los mejores que recordaba en ese tiempo, mientras Rafa bajaba su ritmo hasta salir de mi. Se quito el preservativo y se masturbó, pegadito a mi coño donde enseguida pude notar las salpicaduras de su esperma, para finalmente caer encima mío suavemente.

Aunque no muy largo, para mi había sido un polvazo, me temblaban las piernas aun cuando fui al baño a volver a ducharme, pero ya era tarde, y nos tuvimos que volver. Habría preferido que me follara durante toda aquella noche, pero recogimos las cosas, me quede con algunas prendas que me gustaban, y volvimos a nuestras respectivas casas. Por el camino insistió varias veces en volver a quedar, en que le diera mi teléfono, o que le llamara al menos al suyo, pero la verdad esque una vez que llegué a casa, hablé con mi novio, nos reconciliamos, y nunca más supe de él. Al menos nos queda el buen recuerdo mutuo, de aquel día, el que fui infiel por primera vez.

Espero que os haya gustado, un beso enorme.