Xtories

Abril Caliente

Roberto cree que van a bailar, pero Mercedes tiene otro plan. Mientras él espera inocente en el auto, ella envía una foto que lo delataría si supiera lo que lleva debajo. La noche promete ser caliente, prohibida y compartida.

casafull18K vistas8.7· 9 votos

Transcurría el mes de Agosto, la mitad del año 2015 y venia cargado de aventuras sexuales y experiencias nuevas.

Soy Mercedes y estoy casada con Roberto hace veinticuatro años, pero por aquel entonces, llevábamos casi doce años de matrimonio, casados por iglesia y por civil.Nuestro hijo ya era adolescente, por lo que nos permitía disfrutar de cada momento que teníamos a solas.

Como todo matrimonio, vivíamos una rutina normal y llena travesuras sexuales compartidas que enriquecían aún más esa unión tan bonita.

Era mutuo el placer de disfrutar de un amante ocasional, Roberto disfrutaba de su rol de Cornudo consiente, y yo de explorar sensaciones nuevas, hasta creo que fue el más consentido de esta historia.

Era el mes de la Pachamama, que significa, Madre Tierra y en Salta se acostumbra a sahumar con hierbas aromáticas, como mirra, incienso, laurel, o lo que el ritual del 1ro de Agosto, amerite para ahuyentar todo lo malo y dar espacio a lo bueno. Es una tradición.Ese día amanece la ciudad cubierta de humo simulando niebla, y con ese aroma particular que se apodera de toda la ciudad.

Los juegos previos con Alcides, mi ex compañero de oficina, habían despertado en mi mente esos espíritus libidinosos que no se iban ni por más que haya sahumado mi departamento completamente.

Era la primera vez que la calentura desbordaba en mí, como una fiera enjaulada y sinceramente se apodero por completo de mis deseos más íntimos. Una especie de droga o algo así, o debió haber sido algún espíritu libidinoso que me provocaba a romper todo código con Roberto.

Después de cenar con Roberto le propuse ir a bailar a un boliche, muy conocido de Salta en la zona sur para tomar unos tragos y pasarla bien, mientras esperaba ansiosa el mensaje de Alcides para vernos y llevar a cabo mi fantasía erótica.

Hasta ese momento, Roberto, no sabía ni sospechaba nada, además había pasado un par de meses desde la última vez en la que habíamos fantaseado con lo que yo le haría en la cama y con lo que quería probar esta vez de Alcides.

Camino al boliche, paramos en una drugstore, de esas que abren 24 hs, para comprar preservativos, cigarrillos y unos chicles. Andábamos en nuestro auto.

Le había pedido a Roberto que bajara del auto a comprar así aprovechaba el momento a solas, para calentar a Alcides con un mensaje atrevido y fotito sexy, para que vea como estaba necesitando de su verga grande y gruesa. Y creo que me excitaba más, ver a Roberto tan inocente sin imaginarse nada de lo que yo estaba planeando traviesamente para sorprenderlo.

Rápidamente coloqué la cámara del celular junto y el cuerpo de tal forma, que pude tomar una selfie, pero de mi entrepierna, mostrándole como me apretaba el pantalón corto de tela suave color negro que marcaba mi vulva hinchada de la excitación. Coloque una mano sobre ella como simulando una masturbación. Por suerte me había hecho las uñas esculpidas hacia una semana.

Se podía apreciar también en la foto, el cancán de red color negro transparentando mis lindas piernas, y las botas cortas taco aguja en color negras que daban un toque de sensualidad. Muy gata.

Mensaje de whatsapp enviado:

¡Hola bombón! Y la fotito adjunta.

En ese instante llega Roberto, todo feliz, listo para irnos a reventar la noche salteña.

Respuesta a mi celular:

-Estoy en casa, por si querés venir… Y me paso la dirección.

Ya estaba jugada, Alcides me esperaba para coger y Roberto esperaba bailar toda la noche.

La situación provoco un morbo riquísimo, casi mojando la tanguita que más tarde me sacaría frente a Alcides.

En el boliche, en medio de la música, las luces y las volteretas del cuarteto cordobés que bailábamos, le dije:

-Amor, hoy voy a tener un encuentro con mi amante, no voy a contarte de quién se trata todavía, porque creo que te sorprendería, y me gustaría que me pases luego a buscar del lugar y me lleves a un motel para contarte lo mal que me porte y lo bien que la pase – le di un beso intenso, muy cachondos los dos.

Roberto asombrado, me dijo al oído, que le encantaba la idea y se ofreció en llevarme.Acepte solo hasta unas cuadras antes de la casa de Alcides. No podía disimular más la excitación que traía.

Necesitaba tomar aire, porque ya estaba lista para el encuentro.

Mensaje de whatsapp:

llegué…- le dije

Alejando responde:

- Pasá, la puerta está abierta.

Excitada y con un solo objetivo, dejarme coger muy bien por Alcides. Me proponía ser la puta más puta que haya probado en sus 30 años recién cumplidos.

Pase la puerta de entrada, todo obscuro, Alcides cerró la puerta y nos besamos con una pasión desbordante, rebalsando de deseo. Mucha lengua, nos comíamos la boca.Habíamos entrado en trance, como embriagados de placer.

Mientras acariciaba mis pechos y pezones ricamente, no dejaba de besarme con respiración agitada y entrecortada.

Yo apretada a su cuerpo podía sentir toda su erección, él estaba de calzoncillos. Me acariciaba la cintura bajando por mis nalgas. Excitándome cada vez más.

Tomo mi mano izquierda y la bajo hasta su verga, toda hinchada y caliente. Yo me deje llevar, estaba en el mundo de mis dioses del amor, donde no hay más que placer, y más placer.

Uf!.... recordé que Alcides representaba para mí un hemoso juguete sexual.

Subimos hasta su habitación para estar más cómodos.

En la cama, me monte con ropa sobre su cuerpo desnudo, observando su pecho lleno de bellos enmarañados y su divina masculinidad entre las piernas. Comencé a masturbarme frente a èl.

Dios mío, estoy soñando, pensé.

No pare se besar esos labios que tanta curiosidad y morbo me provocaban. Lo único que me apetecía era montármelo y hacerle mucho, pero mucho sexo oral. Me pidió hacerme la cola, que tanto me gusta, pero la reservaba para que Roberto me diera duro.

Primero me quite la musculosa y rápidamente todo lo demás...ya a su izquierda, recostada, comencé a acariciar nuevamente su cuerpo desnudo, invadida de lujuria, le comí la boca y baje hacia la gloria, introduciendo su miembro dentro de mi boca.

El acariciaba mis pechos sin parar, los había extrañado también.

El movimiento descendente y ascendente lo estaba volviendo loco, me decía que quería comprobar cuanto me gustaba chupar la verga y cuan putita era... Uff!... continué haciéndolo hasta que la sentí bastante dura e hinchada, me ayudo a desvestirme y comencé a cogerlo, trepada a sus caderas, meneando rico el trasero, moviéndome a su ritmo, respiraciones agitadas musicalizaban el momento. Luego me pidió que cambiáramos de posición, ahora él estaba a mis espaldas, yo en posición de banquito, con la cola bien paradita, comenzó a embestirme.Si lo recuerdo bien, ya me estoy mojando de solo recordarlo...Estaba a punto de cogerme la cola, y con la punta de su pene adentro, le dije que no todavía, que quería seguir volando en sus caderas y atesorarlo para siempre en mis recuerdos.

Me senté frente a él,mirándolo a los ojos, nuevamente tome el miembro,con toda la palma de mi mano,sobresalían unos buenos centímetros, por lo que me ayudaba con la boca, lamia la pene de mi amante engrosado hacia el prepucio de color rojo intenso, brillaba por mi saliva y por el líquido pre seminal...

“Que rica pija tenés bombón... “- dije tomando la iniciativa y me recosté sobre la cama invitándolo a disfrutar del momento.

Alcides, perdido de la excitación del momento, me tomó con fuerzas las caderas y penetrándome salvajemente una y otra vez, comienza a embestirme en la posición de misionero, y que bien lo hacía, podía sentir ese tremendo pedazo de pija caliente, dentro mío, no parábamos de gemir, pero muy bajito, casi en silencio, disfrutando del momento que tanto deseábamos los dos y tanto tiempo lo habíamos controlado.

Llevábamos unos meses sin vernos desde que había renunciado al trabajo.

Inmediatamente después, ya saciado de mí, se recostó nuevamente y ahí, sin pensarlo, completamente invadida por Ganesha,la diosa hindú del amor, me tumbe de frente y nuevamente comencé a succionarle la verga, una y otra vez,cada vez más rápido, el me pedía que lo tocara, yo lamia ansiosamente todo su tronco y me detenía en el glande,jugando con la lengua,al punto que logre que Alcides me tomara con ambas manos,del cabello con mucha ansiedad, presionando mi cabeza hacia sus caderas,moviendo con gran desesperación y agitadamente. Yo satisfecha de tanto sexo oral y viendo como le gustaba que lo hiciera, jalé bien ese pene, succionando con ansias...una y otra vez, con movimientos ascendentes y descendentes, saboreando su glande duro, hinchado y mojado por nuestros fluidos, hasta que me dio de beber todo el semen, salpicando en mi cara y en la mano.

Nunca había tragado la leche de otro hombre. Fue exquisito.

Preocupada por Roberto y no hacerlo esperar tanto, le pedí que nos vistiéramos y que llamara un taxi.

Nos despedimos en la puerta con un beso intenso sin mediar palabra, yo aún seguía temblando y muerta de ganas por encontrarme con Roberto mí marido y contarle todo lo sucedido.

Llegue al motel transitorio en taxi. Preferí hacerlo así, para despistar a Roberto, de con quien había estado y que fuera una incógnita morbosa.

Roberto me esperaba en una suite, desnudo, con su erección a la vista y sentado sobre la cama, con dos copas en la mano.

Entre a la habitación del motel, desnudándome lentamente para él. Lo bese intensamente, con las mismas ganas de coger pero esta vez desbordada de excitación.

Después de beber la copa de champagne, y mientras le contaba cómo había sucedido todo con Alcides, comenzamos a coger, Yo arriba, montada en sus caderas, besándolo frenéticamente, contándole lo bien que me había tratado en la cama Alcides y que le había sacado toda la leche con la boquita y me la había tragado toda.

-¡Que rica putita que sos mi amor! La mejor de todas, chúpame la pija también.

Pare de moverme sobre su pene erecto, hinchado y caliente, para pasar a masturbarme con su pierna derecha, mientras devoraba su pija venosa.

Roberto me pidió cambiar de posición y ahora a mis espaldas, untó enérgicamente lubricante y penetro mi trasero con una embestida maravillosa, estábamos en otra dimensión, en el mundo de los dioses lujuriosos. Me lo estaba haciendo ricamente como me gusta, intercalando la penetración por delante y por detrás. Primero con forro por el culo, y luego quitándose el forro para meterlo hasta el fondo de mi vagina, caliente, muy mojada y rica, toda completamente depilada.

Yo tenía el ano bastante dilatado, lubricado, los labios de mi vagina estaban hinchados, calientes rebalsando de leche de Roberto y mis fluidos vaginales.

Mi marido conoce mis exigencias, y está bien entrenado, siempre tiene tres eyaculaciones sin parar, por eso seguía cogiéndome la cola, ahora acostado completamente sobre mi espalda, sujetándome el cabello...uff que bien lo hacía...

Terminó por segunda vez y dentro de mi trasero, aun coloreado de rojo por la arremetida y esas nalgadas que me propino al hacerlo. Ricas, sin dolor alguno, solo puro placer.

Mis gemidos llegaban a la habitación de las mucamas de servicio, que al parecer estaba junto a la habitación nuestra. Podíamos escucharlas.

Finalmente en la posición de misionero, me repetía que yo era una puta bien rica y que no lo podía creer, que no hacía falta que le dijera quien fue el amante que me dejo así de excitada.

Sacó su pene de mi vagina y comencé a chupar la verga que más me gusta, si, esa, la de mi marido, sacándole todo el semen con la boca, tragándomelo todo.

Me trague la leche de Alcides y la de mi marido. Aun podía oler a preservativo y mi cuerpo y rostro mostraban total relajación y cansancio.

Exhaustos, regresamos a casa.

Fue una noche inolvidable.Pero decidí cortar esa relación de amantes con Alcides para no ocasionar inconvenientes de celos o inseguridades en nuestra pareja y a decir verdad me costó mucho trabajo controlar esos impulsos de repetir.

Tiempo después, seguimos fantaseando y recordándolo en nuestra cama matrimonial, como una experiencia enriquecedora.

Finalmente esos espíritus lujuriosos desaparecieron en mí, liberándome una vez más, dejando mi ser flotando en esa nube de placer, que no se olvida.