Día REYES MAGOS, regalo muy latino
Presenciar el deseo ajeno enciende una chispa peligrosa. Cuando la vecina que parecía intocable aparece en tu puerta, la línea entre la confrontación y la lujuria se desdibuja. ¿Qué pasa cuando la prudencia se rinde ante la carne?
Se acabaron las fiestas de fin de año en Canarias y aunque fueron agridulces, me refiero al mal rollo que se cogió Vicente. El día de Reyes habíamos quedado los que no tenemos muchos compromisos en esas fechas o alguno que después de cumplir con ellos quisieron jugar un partidillo de fútbol. Vicente a pesar de que antes de fin de año aseguró que vendría no hizo acto de presencia, Santiago me confesó el motivo — Silvia le contó que os disteis un beso, que seguro que fue algo más y Vicente está que se sube por las paredes y me ha dicho que no venía por no tener un enfrentamiento público contigo — me sabía mal, ya se le pasaría. Antes de la una, no mucho antes, estábamos duchados y nos fuimos a las cervezas. Hablábamos de todo, pero siempre de cachondeo, de pronto veo una pareja conocida, el conocimiento era de vista. Rápidamente me di cuenta de quienes eran, estaba un poco empanado, me los encontraba siempre en el fútbol. Eran de origen latino, llevaban un perrito pequeño, por lo que tenían que vivir cerca. Se pidieron un café ella y él una cerveza. Él se queda de pie mientras se fuma un cigarro, ella se sienta y varios de mis acompañantes expresan lo buena que está. Antes de terminar las cervezas, a punto del pitido final, aparece Vicente, que trata de disimular, pero trae cara de pocos amigos. Se disculpa diciendo que se ha levantado con un tirón en la espalda y que por eso no ha podido venir. Ahora sí que todos decían que se tenían que marchar, que no podían faltar a sus respectivas comidas familiares. Santiago me da uno de sus abrazos diciéndome en bajo que le llamara. Vicente durante un cuarto de hora no dejo de decirme de todo, nada bueno e incluso en momentos amenazante, apenas tomaba aire. Había que cortar por lo sano, porque si no todo iría a peor, por eso en el momento que dijo:
V- Tienes algo que decir? Y- Que a los dos minutos de decirme los improperios que me estabas diciendo he desconectado, porque me suda el rabo lo que me puedas decir. Me has entendido o te aclaro algo? [se lo dije de esta forma porque sabía que lo dejaría fuera de juego] V- [descompuesto] Pelayo nunca me has contestado de esa manera. Y- Y tú a mí nunca me has hablado en ese tono, porque si hubiera sido otro quien me lo hubiese dicho no estaríamos hablando precisamente. V- Ya, pero es que lo de Canarias fue todo muy fuerte. O en mi lugar no lo verías igual? Y- Lo que pasó en Canarias se quedó en Canarias. Ya ni me acuerdo. V- No me seas infantil, que Canarias no son Las Vegas. Tú en mi lugar qué harías? [más tranquilo y menos enfadado] Y- Olvidaría todo, dejaría de hablarme con el otro, me aprovecharía y me lanzaría dejaría que se follasen a mi mujer y participaría. Como olvidarte no te vas a olvidar, que eres un tío muy simpático, pero cuando entras en bucle no olvidas, solo te queda dejar de hablarme y si esa es tu decisión final, te voy a dar la coartada con los demás. Que me pediste un favor y he pasado de hacértelo, contestándote de malas maneras. Que yo lo confirmare y si algún día se te pasa pues que hemos limado diferencias. V- Coño, pero eso creará mal ambiente, porque a la hora de quedar para jugar, crearemos un problema. Y- Ninguno, Santiago puede hacer de intermediario para que no coincidamos. V- Es que no sé qué hacer. Y- Follando uno hace mejores amigos.
Vicente se despidió, lo hizo sin decir nada más, ni un segundo tardó en darse la vuelta y marchar, le deje sin tratar de retenerle. Mientras habíamos estado hablando no le había quitado el ojo a la mujer latina. Una mesa queda libre junto a ellos, me voy hacia la mesa y me siento. No me resulta difícil conectar con él, porque pasa un conocido y me dice que esta noche vamos a palmar de nuevo, mantengo un diálogo futbolístico y se va. El latino desde la otra mesa una vez que se va me dice que vamos a ganar y es cuando nos presentamos y me dice que en el campo estamos muy cerca y hago como si en ese momento me diera cuenta. Se llama Elis y su esposa Samanta, él no llega al 1.70 y la mujer es un par de centímetros más baja. Tendrán sobre los 40, él no es gordo, pero tampoco delgado, se ve que el deporte no es lo suyo. Ella sin embargo está muy bien, manicura y maquillaje perfecto. Dentadura inmaculada y la figura espectacular, tetas y culo de 10. Morena de piel y de pelo, lleva una melena, no lleva coleta, pero si un recogido en el que no se ve nada que lo sostenga.
El tío estaba muy empollado en temas futbolísticos y no solo de España. Le muestro mi extrañeza por ser extranjero y ser socio del Valencia. Su mujer es la que me contesta que hasta ese momento había estado callada — mi esposo es ver fútbol y olvidarse hasta que yo existo, lo ve por la tv, en el campo y por donde sea — y me lo ha puesto a huevo — creo que exageras, como se va a olvidar de una mujer tan bonita — ella me da las gracias y me dice que no exagera. Luego me cuenta porque es socio del Valencia y me recalca que accionista, es porque son de otra ciudad que se llama igual y cuando dejaron su país en busca de aires mejores, eligieron España y Valencia por tener el mismo nombre de su ciudad natal, me contó también que hay ocho ciudades en el mundo que se llamaban Valencia. En poco tiempo me contaron su vida y a que se dedicaban, habían montado un negocio del cual tenía buenas referencias. Sin esperármelo y cuanto más estábamos confraternizando Samanta le dice que ya es tarde que hay que llevar a la perrita a casa y cambiarse para ir al estadio. Que les quedaba tiempo hasta las nueve que empezaba, pero el marido fue como si fuera la orden de un general y él, el soldado.
Jugábamos contra un equipo que a priori no debería ser un problema. En un principio solo iba a ir Vicente, el resto por ser el día seis estaban ocupados. Yo en particular iba porque llevaba varios partidos sin acudir al estadio y me gusta más verlo en vivo que por la TV. Vicente al final me envió un ms. de que no iría, tampoco me extraño. Cuando llegó ya estaban Samanta y Elis. El vestido como cuando lo vi y ella se había cambiado de ropa. Llevaba una camiseta del Valencia puesta, en concreto la verde del portero, debajo y unas mallas negras, en ese momento la veía de espaldas, el culo difícil de describir, pero para empalmarse solo de verlo y llevaba unas deportivas con cuña que le hacían levantarse más glorioso. Me ve Elis me saluda levantando la mano y ella se gira, sonríe levanta también su mano y al mover el brazo sus tetas bailan debajo de la camiseta, no lleva sujetador, lo que me faltaba. Al ver que estoy solo y hay espacio se vienen conmigo y decido que voy a por todas, si la flauta suena pues mejor y si no suena pues a joderse. Estaba deseando que marcáramos un gol para festejarlo, pero no hubo manera, perdimos 0-1 y poca celebración íbamos a tener.
Como no me rindo les invité a tomar algo y ella fue la que me contestó — nosotros vamos a un sitio de música latina, si te gusta bailar vente con nosotros — y acepte. Nos fuimos en el coche de ellos, que llevaban un SUV híbrido de los grandes. Fui en la parte trasera y estaba muy cómodo. Seguimos hablando de sus vidas y que les gustaba la gente de España, que llevaban varios años y que cada vez se sentían más a gusto. No sé cómo salió que me dijo que a su mujer le gustaban los hombres altos y fuertes como lo era yo. Me preguntaba qué cuántas horas dedicaba a cuidarme, etc. Él se excusaba por el horario tan complicado que tenía y su mujer se reía diciéndole que ella tenía el mismo horario y que siempre sacaba tiempo para ir al gimnasio. Luego él se defendió con unos argumentos peregrinos, desde que el hombre tiene un físico distinto, necesidades distintas a las de la mujer.
El sitio al que me llevaron estaba bien, pero tenía una gran pega, el sonido era malísimo, retumbaba de mala manera, para salir con dolor de cabeza asegurado. Exceptuando en la zona de baile que ahí no existía ese problema. Pidieron un ron que nunca había visto, pero Elis además tomaba cerveza, mezclaba las dos bebidas sin problema y el ron era de los que pegaban bien. Vamos que me tomé un ron y decidí ser precavido con la bebida el resto de la noche. Elis se quitó la camiseta y se quedó con un top naranja que marcaba mucho más sus pezones. En un principio estuvimos bailando los tres, luego ya bailábamos ella y yo solos. En ningún momento tuvimos un acercamiento físico, no porque yo no quisiera, ella sabía torearme muy bien, me daba una de cal y otra de arena. Empezaba a vislumbrar que había dado con una calienta pollas. A Elis le veía hablando con unos y con otros, no nos prestaba atención. Samanta no quería bailar más y nos fuimos a sentar. Elis se fue al aseo y nos dejó solos.
- Como Elis no se va a atrever me toca hacerlo a mí y como no me gusta estar por las nubes, me gusta y me apetece coger contigo, tú que dices? - Que me parece muy buena idea, siempre que a tu marido le parezca bien. - Amor, mi esposo es un gran cachudo. Por qué crees que habló contigo? Porque sabe que me gustan como tú, altos, fuertes y por lo que he notado tienes un güevo más que interesante, no me mires así, que tienes una buena chota.
No me dio tiempo a hablar más, me agarró de la mano, pensaba que volvíamos a bailar y me fue llevando por los laberintos de la discoteca, hasta llegar a los baños, donde sin cortarse porque había gente, nos metimos en uno de ellos. Ya estaba buscando un condón, cuando me dice que no, que solo hemos ido a una cosa, me desabrocha el pantalón y lo que me hace es como me dice ella que le apetecía “mamarme el güevo” y lo hace sin reparos, con voces y risas de fondo. Es una destrozadora de rabos, porque hay momentos en que chupa de tal manera, que es como si se lo fuera a tragar, pero el placer es inmenso. Me tenía los pantalones bajados a medias, ahora jugaba con mi culo y un dedo, sabía donde tocar. La mamada estaba siendo casi perfecta y lo fue en el momento que me corrí en su boca, eso no le bastó, porque continúo mamando hasta hacer que no se me bajara el rabo y cuando lo dejo de nuevo bien alto, se levantó y pensaba que me la iba a follar, pero me dijo vámonos.
No bebió nada ni se enjuago la boca, al salir del baño me dio un beso y me dijo — lo vamos a pasar muy bien — y nos fuimos a ver a su marido. Que al vernos llegar nos dijo que no nos había visto bailando, ella como una culebra se acercó a él y se dieron un intenso morreo. Seguimos bailando y cada vez nos entusiasmábamos más, porque no dejaba de sobarla. Nos íbamos ya, porque cerraban y en la calle se despiden de mí diciéndome que ya es muy tarde, me esperaba cualquier cosa menos eso y ellos se fueron por un lado y yo por otro. Tampoco eran horas de llamar a ninguna amiga por eso me marché para mi casa.
Fui dando un paseo para despejarme un poco porque había bebido un trago de más, se me pasó rápido porque el aire venía frío. Voy caminando por la carretera, no por la acera, pegado a los coches y veo que junto a mi portal hay un coche en doble fila y con el motor en marcha. Según me acerco veo claramente que se están dando un filetón los dos que están dentro que no se quiénes son, porque los estoy viendo por la luneta trasera. Antes de llegar a su altura se baja la mujer y ya me subo a la acera porque ya llego a mi portal. Es mi vecina que al verme se asusta, hasta que ve que soy yo y me da las buenas noches, muy suavemente y un poco cortada. Abro la puerta y le cedo el paso. Es una vecina cuarentona, que está riquísima y de buena figura. Está casada y madre de dos hijos. El trato con ella es solo saludarse, con el marido si tengo más amistad, porque es un apasionado al fútbol. En el ascensor ella lleva la cabeza agachada y tengo la sensación de que me quiere decir algo, pero al final se baja antes que yo sin decir nada, salvo la despedida con un adiós. Lo único que pienso es en el marido que no es celoso, lo siguiente y como ella se estaba morreando en la puerta de su casa. Me rompía los esquemas. Pero ella es dueña de sus decisiones.
A mitad de la mañana bajo sin muchas ganas a comprar pan y aprovecho para comprar alguna cosa más. Me encuentro al marido cuando salgo de comprar el pan, que hay cola para entrar, me dice que espere que nos tomemos una cerveza, está con la mujer y los dos niños. Nos vamos a un bar que tiene terraza y que está pegada a unos juegos infantiles. Los niños se ponen a jugar y nosotros tres nos sentamos en una mesa. Él siempre me ha dicho de bajar a su casa a ver los partidos que no jugamos como locales o de subirse él, siempre le respondo lo mismo, que cuando quiera, pero nunca lo hacemos. La mujer está callada y cuando la pregunta que quiere tomar, ella dice que solo agua con gas. A lo que él riéndose nos dice — eso le pasa por trasnochar e irse con las amigas, que luego vienen que no pueden aguantarse ellas mismas, jajajajajaja — no hago ningún comentario a lo que ha dicho. Lo único que pienso es que no me había fijado si quien iba con ella en el coche era hombre o mujer. Se va un momento al aseo y es ella quien me dice — gracias por no comentar nada de anoche, que no es lo que parece — y le respondí que a mí no me tenía que dar ninguna explicación, que en todo caso sería a su marido. Ella nerviosa — es que no entendería que me hubiese acompañado un amigo, que me lo encontré por casualidad — me jode cuando me tratan por tonto por eso quise dejarlo claro — te repito que a mí no me tienes que decir nada, pero tampoco me trates como tonto, lo que no entendería tu marido o lo mismo si, que te pegaras el filetón en la puerta de tu casa con otro tío, llámame tonto —
Empezaba a decirme algo del alcohol cuando la avise de que se acercaba su marido, se levantó y fue adonde sus hijos porque el pequeño se había caído. Se agacho a socorrerlo y menudo culo que tenía, estaba super buena. Me gustaba, siempre tan silenciosa, tan modesta, tan perfecta, tan correcta y al final era tan de carne y hueso como los demás. El regreso a nuestras casas fue especial, ella caminaba delante con los niños y me gustaba el contoneo de su culo. El marido dice que baja al garaje a coger una cosa del coche y ella más nerviosa me dice que tiene que hablar conmigo, que quiere dejar algunas cosas claras y le digo que no es necesario, pero que si quiere tomamos un café donde ella diga, pero le vuelvo a recalcar que no es necesario. Me miró con cierta rabia, pero no habló más.
Cómo tranquilamente en mi casa y después me pongo a jugar con la Xbox, estoy de lo más entretenido cuando llaman a la puerta de casa. Es Carmina la vecina, ahora si la describo, de unos 44 años, 1.72 pelo muy corto, ojos grandes, tetas y culos grandes, hermosos. Nada de grasa y de cara bien, pero una nariz un poco torcida, que rompe una cara perfecta, pero esta de muerte, para comérsela. Venía como un flan, nerviosa a más no poder y se había puesto la ropa de pasear o correr, que sería la excusa que le pondría a su marido Luis Miguel. Cuando abrí la puerta no esperó a que la invitara a pasar, lo hizo a toda velocidad cerrando la puerta ella misma. Atropelladamente se puso a hablar en la misma entrada de la casa y tuve que pararla haciéndola pasar al salón. Saqué una copa más y como estaba tomando un café de licor totalmente casero, le serví a ella otra copa, la hice sentar y después hablamos.
- Ahora con más tranquilidad y sin atropellarte, empieza a decirme lo que me decías, que no me he enterado de nada. - Que, aunque no lo creas jamás le he sido infiel a Luis Miguel y eso que llevamos desde los 16 años juntos, es que tampoco he tenido la necesidad, que con lo que tengo en casa me basta y me sobra. - VALE, acepto pulpo como animal de compañía. Y ahora qué quieres que diga? - No lo parecías, pero eres un cretino. - Puede que sí lo sea, pero no soy una hipócrita ni mentirosa. - Quién lo es? - Tu. - SÍ? POR QUÉ?EN QUÉ TE BASAS? - Tranquila que te lo explico. No sé si has sido infiel, eso es tu problema y de tu marido. Pero pegarte un morreo con alguien que no es tu marido, no sé cómo lo definirías tú, porque además buenos movimientos de brazos se veían. Y la... iba a decir traca, pero es más apropiado la mascletá, que en 25 o 30 años que por lo que me has dicho llevareis de relación, que nunca has tenido necesidad de “otras cosas” y que tienes lo suficiente, JA y JA, engáñate tu sola. - No me lo dirás por tu experiencia, que no debes de llegar ni a los 30. - Las mujeres llegado los treinta y... son lo mejor, porque se vuelven más liberadas sexualmente y sin son casadas o tienen pareja, son lo más, sobre todo cuánto más tiempo lleven de pareja. Por eso me gusta follar tanto con mujeres maduras y si están casadas mejor. Son más divertidas. - Tu eres un cochino. Ahora me dirás o intentarás que hagamos algo. Pues has dado con hueso. - Te equivocas, no voy a intentar hacer nada contigo, tampoco te lo diré. Tal como se han puesto ahora las cosas, serás tú la que tengas que empezar o la que lo pidas. A continuación, te follare de todas las maneras posibles o las que se puedan en el tiempo que tengamos y te demostrare lo que tienes dentro. - Tu eres un psicópata de manual.
Ella esperaba una contestación a eso último y la sorprendí al no decirle nada, a quedarme callado. Lo que hizo que ella se quedase muda también. Entonces si dije algo — solo te quedan dos opciones, o empezamos a lo que has venido y no perdemos más tiempo, que no tendrás mucho o te marchas a hacer tus otros ejercicios, que yo creo que perderías más calorías aquí que por la calle — notaba sus dudas, su sonrisa contenida cuando dije esto último y que quería decir algo. Hasta que al final lo dijo — es que no se dé dónde te has sacado que he venido a otra cosa que no sea hablar y en el hipotético caso, que no lo es, de que quisiera algo, seguro que pensarías que soy una puta y no lo soy — mi respuesta la dejó K.O. porque no se la esperaba — pues si no eres puta, entonces no tenemos nada que hacer, porque a mí me gustan no putas, MUY PUTAS, monjas no quiero — se puso más nerviosa y levantaba su labio superior con la lengua por dentro. Lo siguiente que le dije que ya las opciones se habían reducido, era irse o empezar a desnudarse.
Se puso de pie con energía, pensaba que se marcharía, pero lo que hizo fue quitarse las bambas que llevaba puestas, luego se fue quitando la ropa, hasta quedar con un topo deportivo que apretaban duramente sus tetas y un tanga de lo más escueto y que se le notaba una mancha de humedad. Me mira y me dice — Y tú qué?Te vas a quedar así? — me desnude en nada, mi rabo ya estaba presentado armas. Lo miró con sorpresa y deseo. Se terminó de desnudar y las tetas estaban un poco caídas, normal por su tamaño y la ley de la gravedad, pero también por los dos niños que tenía, se veían preciosas. Ahora me creía que era verdad que no había sido infiel o por lo menos que no había estado con un hombre en esta situación. Estaba muy mojada, lo que era bueno, porque la iba a poner mucho más. Después de besarnos varias veces, que fueron con cierta torpeza, en el momento que noté que ya besaba como tenía que besar, quise hacerla sentirse mejor. Para eso no hay nada como comerle el coño y fue lo que hice.
Nos fuimos a mi cama, le comí el coño, en su primera corrida se contuvo bastante, no me quede conforme y seguí comiéndole el coño, hasta que le vino una segunda corrida y ya no fue tan correcta, se corrió con ganas y aunque me decía que parase, continue comiéndoselo hasta que se corrió por tercera vez, que fue cuando casi me arranca la cabeza, tirando de ella para que subiera y nos morreáramos. No besábamos con fiereza y Carmina levantaba su pelvis para que mi rabo se rozara con su coño, hasta que me lo agarro y lo colocó en la entrada del coño, intentaba meterlo y al decirle que primero me tenía que poner un condón, me decía que solo un momento, que quería notarlo libre, pero que no se me ocurriera correrme dentro de ella. Le di el capricho y estaba tan mojada que entraba mi rabo muy bien, me engancho con sus piernas por mi cintura y no me soltaba, ella gemía y yo rugía, le avisaba de que en cualquier momento no me iba a poder contener y ella solo me decía que un poquito más, recobro el sentido y me soltó de golpe. Resoplando me decía — aunque no estoy en mis días es muy peligroso, pero si no te importa podemos hacerlo por detrás y así acabamos los dos bien —
Me estaba invitando a que la diera por culo y casi disculpándose, cuando me oyó decirle que estaba encantadísimo de hacerlo, se dio la vuelta y se colocó la almohada doblada sobre su tripa, quedando el culo bien levantado. — Espera que vaya por un lubricante y... — no me dejo terminar — no te preocupes, hazlo tal cual, que, aunque la de Luis Miguel no es tan grande ni de coña, estoy más que acostumbrada — fui follando su culo con tranquilidad y no se quejaba, hasta que ella misma después de decirme que parara y me pare, pego una culada y se clavó mi rabo hasta el fondo. Me eche sobre ella, le mordía el cuello y le decía — me gusta que seas tan puta, tú que parecías una mujer tan formal, tan buena esposa — mientras la empotraba una y otra vez, me pedía que siguiera diciéndole cosas — la mujer prudente, responsable y PUTA como ella sola, poniéndole los cuernos al cornudo de su marido en un coche con otro tío y cuantos te habrán follado este culo — entre cachonda y “cabreada” me decía que nunca había estado con otro hombre, como seguía diciéndole cosas del otro tío del coche me dice — COÑO que no era un tío, que era mi amiga Sabrina —
Eso me dio mucho juego para seguir diciéndole cosas y me confesaba con gemidos profundos, que tampoco lo había hecho con una mujer, que la sorprendió su amiga de toda la vida y reconoció que la gusto el morreo, que la puso muy cachonda y que se había hecho una paja pensando en ello. En el momento que le dije que se imaginara que su amiga Sabrina estaba ahora debajo de ella comiéndole el coño mientras mi rabo follaba su culo, es como si se abriera la espita, tuvo una corrida tremenda y luego me corrí dentro de su culo. Inmóviles nos quedamos y luego decía, que esperaba que a su marido no le diera esa noche por querer hacer nada. Nos tumbamos el uno al lado del otro y trataba de justificar lo de su amiga — fue algo inesperado, pero reconozco que después de la primera impresión me deje, participe y me gusto, por que ha pasado? Por lo que decías, llega un momento en la relación que se necesita algo más — le pregunté si nunca lo había tratado con su marido, diciéndome que no sabría ni cómo hacerlo y me preguntó que cómo se podía enfocar esa conversación, me limité a darle alguna pista. Me trato de convencer de que cuando subió no tenía intención de hacer nada de lo que había pasado y le fui sincero diciendo que no me lo creía.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Mi vecina... ¿prostituta de lujo?
El ascensor se detiene y el calor aprieta. Lo que empieza como un accidente vergonzoso se convierte en una obsesión cuando el exmarido de la vecina…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio fffCuckold
- Hetero: Infidelidad
La dependienta de la tienda de hípica 3
La tienda está cerrada, pero la puerta no está bien cerrada. Nuria sabe que su novio podría llamar en cualquier momento, y aún así, decide que el…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio fffCuckold
- Hetero: Infidelidad
Luna de miel
La luna de miel de mi primo y yo no fue lo que esperaba. Mientras él luchaba contra su propia insuficiencia, su esposa, Keyrah, descubrió que yo…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldTrio fff
- Hetero: Infidelidad
Infiel con consentimiento
Él le pidió que cumpliera su fantasía más oscura: ser infiel. Ella aceptó, pensando que era solo por él.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldTrio fff
- Hetero: Infidelidad
Tuve sexo con el burro
La fiesta era para ella, pero el regalo sorpresa no era lo que esperaba. Entre el whisky y la soledad de la casa, el hombre que llamaban 'burro' por…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio fffDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Sorpresa en la fiesta de la oficina
La fiesta bulle, el alcohol corre y la mirada de Giovana no lo suelta ni un segundo. Cuando el alcohol lo lleva al baño, ella lo sigue, cierra la…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio fffDeseo reprimido