Xtories

Embarazados 4

No es solo un hijo lo que buscan; es el secreto que los une más allá de la cama conyugal. Cuando la esposa de otro se convierte en la amante de tu padre, los límites del deseo se desdibujan y la vergüenza se transforma en un placer prohibido.

Paco18K vistas9.1· 26 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Llegué a la oficina y repartí los partes de trabajo, no pude hacer nada más, mis pensamientos estaban en otro sitio, tenía ganas de recluirme en la oficina, alejado del mundanal ruido.

Mis pensamientos eran bombardeados por aquellas condiciones que mi padre me había dado, mis sentimientos se encontraban, sentía rabia, desazón, me sentía un inútil por no poder dejar embarazada a mi mujer, sentía celos solo de pensar que otro hombre iba a disfrutar de ella, que otro se correría dentro de su coñito dejándole todo el semen dentro, solo tenía el consuelo que el encuentro lo llevarían a cabo las dos personas más importante de mi vida.

Me puse a trasladar a plano, un borrador de unos armarios cuyo presupuesto había sido aceptado por los clientes, para que nuestros carpinteros tuvieran el diseño y las medidas, pero en mi cabeza seguía rondando lo mismo.

Llegó la hora en la que mi mujer terminaba sus faenas y empezaba la hora de la fecundación, mi corazón palpitaba a mil por hora, recordaba las palabras de mi mujer cuando me contó lo de la vecina “tu padre detrás dándole muy duro mientras tiraba de la cola que tenía en su pelo, con unos movimiento de caderas muy exagerados” se me hacía un nudo en la garganta pensando que mi mujer estaría en la misma situación pidiéndole polla a mi padre, no sé porque esa situación de imaginarla así, me estaba provocando una terrible erección, saqué mi dura polla del pantalón, puse en la pantalla del pc fotos de mi mujer que tengo subida en una conocida nube, donde posa en lencería y desnuda, mientras me masturbaba lentamente, disfrutando cada imagen, imaginando cada embestida que estaría recibiendo de mi padre, imaginando como ella gemiría y se correría. No sé qué impulso me llevó a llamarla “puta, zorra, golfa” Me corrí abundantemente como un adolescente, me sentí avergonzado y sucio por lo que acababa de ocurrir, ella no se merecía esas palabras despectivas.

Necesitaba salir del taller, distraerme así que decidí salir del trabajo para pasear por el centro hasta llegar al Alcázar de Sevilla, mi lugar favorito, paseé por sus preciosos jardines, sentándome en un intento de respirar la paz y el sosiego que siento cuando visito tan grandioso lugar, pero era imposible.

Sólo sentí tranquilidad cuando recibí la llamada de mi amada, eran la 1 de la tarde, una hora después de su hora de salida.

-Hola cariño, acabo de salir de casa de tu padre.-

Su voz me transmitió la tranquilidad y la paz que baldíamente intenté buscar en el Alcázar.

-Hola preciosa, que tal te ha ido ¿Todo bien?-

-Síiii todo bien Tony, ha sido una muy buena experiencia, que no me importaría repetir hasta que tengamos el bebé, hemos estado cómodo los dos y hemos disfrutado.-

-Me tranquiliza saberlo, estaba intranquilo sin saber si estaríais bien los dos.-

-¡Oye! estoy por el centro ¿te apetece almorzar por aquí conmigo?-

-Vale, a las 14:00 nos vemos en el Duque.-

Allí estaba a la hora acordada, ella llegó en su Kawasaki z 300, la descabalgó como una amazona que baja de su majestuoso caballo, algunos vendedores ambulantes Africanos, que normalmente se colocan en la plaza se voltearon para mirarla, un par de chicos que pasaban por allí se pararon junto a mí, “joder tío mira que mujerón, una hembra como esa se come entera no tiene desperdicio” ella se quitó el casco y agitó su cabeza para liberar su pelo rubio, me sonrió y vi que venía radiante, el sol de Sevilla solo podía ser su sombra, cuando llegó a mi altura me dio un morreo de adolescente en medio de la plaza, por un momento sentí que éramos las únicas personas que la ocupaba, pero no era así, como todos los días decenas de personas pasaban por nuestro lado, cada una en su mundo y nosotros en el nuestro.

-Hola amor mío que ganas tenía de verte- volví a arrimar mis labios a los suyo esta vez para darle un pico -quiero decirte que pase lo que pase, quiero que sepas que te amo.-

-Hola amor mío que ganas tenía de verte, quiero decirte que pase lo que pase, quiero que sepas que te amo.-

Su ocurrencia de repetir lo mismo que le acababa de decir, provocó que los dos empezáramos a reírnos, nuestras risas provocaba una sonrisa a las personas que transitaban junto a nosotros.

-¿Dónde quieres comer cariño-

-Podemos ir aquí cerquita en la Calle San Eloy, pero antes vamos a entrar en estos grandes almacenes, porque necesito comprarme una braguita y unos salva slips.-

Creía que la compra era para cambiarse allí mismo, en los servicios del establecimiento pero cogimos rumbo al bar. Nos sentamos para tomarnos unas cañitas con algunas tapas, muy buenas como solo allí saben hacerlas, de sevillanas maneras. Al terminar me dijo mi mujer que iba al servicio, pagué la cuenta mientras esperaba a que saliera.

-Vaya, ya te estabas meando, habrá sido un tsunami lo que has meado por el tiempo que te has tardado, guapa.-

-Jajaja no tontito mío, he aguantado todo lo que he podido el semen dentro de mí, pero me resbalaba por las piernas, he ido a cambiarme ahora para que te lo lleves lo más fresco posible- me acercó la bolsita donde llevaba el tanga que compró -toma cariño cuando llegues al taller saca las braguitas, te harás una idea de la tremenda follada que me ha dado tu padre.-

Ante esas palabras tan contundente, como un resorte, como si tuviera vida propia, mi polla se puso como una piedra, marcando un bulto en el pantalón que al verlo mi mujer lo acarició.

-Ay ay ayyyy, alguien se ha puesto muy cachondo, anda vámonos.-

Tomé la bolsita y abandonamos el lugar, nos despedimos en el mismo lugar que nos encontramos, con la promesa de que ella me contaría lo sucedido cuando estuviéramos en casita tranquilos.

Ella sabe que me gusta oler sus bragas usada, más de una vez se las he pedido cuando hacíamos el amor para jugar con ellas. Al llegar a la oficina, recibí la llamada de mi padre.

-Hola niño, ¿cómo estás?-

-Bien papá estaba preocupado pero he almorzado con Carmen y me he tranquilizado cuando me ha dicho que todo ha ido bien.-

-Estupendo hijo, para eso te llamaba.-

-Bueno y como lo habéis pasado ¿Se ha portado bien mi mujer?-

-Síiii, como una campeona hijo, es una delicia de mujer, hasta le di las gracias por elegirme a mí, no me arrepiento de la decisión que tomé de ayudaros.

-Me alegro padre, no sabía si sería buena idea pero ya he comprobado que los dos estáis satisfechos y contentos.-

-No sabes cómo, bueno hijo te dejo que tengo faena, ah se me olvidaba revisa tu whatsapp.-

Así lo hice nada más colgar, tenía un mensaje de el con el emoticono de una foto, lo abrí para descargar la foto, pude ver a Carmen de cuerpo entero tumbada en la cama, tenía una sonrisa de oreja a oreja, desnuda con sus pechos empitonados apuntando al techo de la vivienda, las rodillas flexionadas, sus piernas separadas con una almohada bajo su culo, la imagen era de muy buena calidad lo que me permitió ampliarla, pude observar su coño rojo de la follada “que según ella le había dado mi padre”, con una gran apertura en la entrada de su vagina, por donde salía parte del líquido seminal que mi padre dejó en su interior. Después un mensaje que decía, “Me pidió tu mujer que te mandara esta foto sobre las 4 de la tarde, te quiero hijo”.

No pude evitar la erección, saqué las brasileñas, no podía creer lo que veía estaban manchadas en una línea ancha de aproximadamente 3 centímetros de semen, desde su culo hasta su coño, con una alta concentración de fluidos justo donde se sitúa la entrada de su vagina, aunque muchas veces había visto en sus bragas mi semen mezclado con sus fluidos, nunca las había visto así de manchadas, ella lo sabía por eso me las dejó, empecé a masturbarme viendo la foto, oliendo sus bragas. Conocía el olor a hembra de mi mujer, sabía diferenciar el olor a semen en las bragas, era una mezcla explosiva, nunca de las veces que he olido las bragas de mi mujer, pude oler el embriagador olor de una hembra en celo follada por un macho, sus olores eran puro sexo, me masturbaba cuando, noté que a mi lengua llegaba el sabor del coño de mi mujer, un sabor intenso, pensé “qué asco ¿habré lamido el semen de mi padre sin darme cuenta?” De la excitación había sacado la lengua a pasear sin darme cuenta, seguí oliendo esas maravillosas bragas mientras mi instinto me decía “saca la lengua, saborea bien el coño de tu mujer corrido” en mi vida pensé que lo haría, saqué la lengua recorriendo las bragas de arriba abajo, saboree cada milímetro, tenía un sabor a sexo que era embriagador, notando claramente los fluidos de mi mujer y los de mi padre. Ni que decir tiene que me corrí de nuevo como un niñato pajillero.

Llegué a casa un poco más tarde de lo habitual ya que tuve una reunión con el jefe de taller con el fin de reestructurar las faenas para aligerar los plazos de entrega de los pedidos. Mi mujer estaba en la cocina preparando la cena, situándome detrás de ella la agarré por la cintura pegando mi paquete a su culito, ella echó el cuello a un lado para que pudiera besarla mordiéndolo como hago habitualmente.

-Ya estás aquí cariño, vaya día que llevamos los dos.-

-Ufff ni que lo digas.-

Saqué de mi bolsillo las braguitas brasileñas llevándola a su nariz y ella la aspiró profundamente.

-Diooooos, huele a sexo que marea.-

-¿Alguien se ha portado muy mal hoy?-

-Jáejeje ¿alguien se ha masturbado como un mono hoy?-

Me conocía perfectamente, ella sabía que no dejaría pasar la oportunidad de oler sus braguitas y masturbarme.

-Bueno tendrás algunas cosillas que contarme no.-

-Algunas hay guapo, te importaría si lo hablamos mañana hoy estoy molida.-

-Vale mañana me cuenta con pelos y señales.

Mi día había sido muy movido, después de dos pajas prefería al día siguiente más descansado, nos acostamos sobre las 12 de la noche con la sensación de haber vivido un día de sentimientos encontrados.

Los rayos de sol que entraban por las rendijas de la persiana me despertaron, me vestí para salir a la calle a comprar calentitos (churros), preparé el café llevándolo a la cama para despertarla, me quedé unos segundos mirándola allí tirada en la cama, tenía una sonrisa hipnótica, no sé qué estaría soñando pero estaba preciosa, corté una pieza del calentito para arrimarlo a su nariz, su respiración se hacía cada vez más larga y profunda, aún con los ojos pegados había reconocido el olor de los calentitos de una famosa calentería de Triana, abrió su boquita y le introduje el pedazo, el cual mordió con ganas.

-¡Pero que bueno está! así da gusto despertarse.-

-Buenos días reina de mi corazón, ¿has descansado bien?-

-Buenos días mi amor, caí en la cama y hasta ahora no he abierto los ojos.-

Desayunamos en la cama tras lo cual retiré la bandeja con los restos a la cocina, me volví a meter en la cama junto a mi mujer poniéndome boca arriba con los brazos extendidos, ella se volteó colocando su cabeza en mi hombro, me soltó un:

-Te amo más que a nada en este mundo.-

-Lo sé, sabes que yo a ti también.-

Ella empezó a acariciar mi cuerpo, relatándome lo vivido en el día anterior.

-Cuando llegué a casa de tu padre estaba esperándome, preparaba el desayuno en la cocina, normalmente soy yo la que lo prepara, lo besé como hago habitualmente, estaba solo en calzoncillos.

– Buenos días Carmen ¿qué tal?-

-Buenos días suegro- le dije para recordarle quien era -bien y tú ¿qué tal estas?-

-Bien niña, estoy bien, un poco preocupado por ti-

-No te preocupes, sabes que soy una mujer fuerte, decidida y que hay pocas cosas en este mundo que me asusten.-

-Entonces bien, toma esto- me dijo mientras alargaba la mano para darme una cajita pequeña muy bonita, al abrirla pude ver un delantal transparente de seda -cámbiate mientras termino de preparar el desayuno.-

Fui al baño, para desnudarme y colocar mi ropa en los colgadores situados detrás de la puerta. Me puse el delantal, era precioso aunque cubría mi delantera dejaba poco espacio a la imaginación por su transparencia, pasé la cinta a mi espalda, la anudé mirándome al espejo, joder todo mi culo estaba expuesto, mirándome bien en el espejo me dije: “Pero que buena estoy, mi suegro lo va a flipar”.

(Ella bajó la mano comenzando a acariciar mis huevos, mi polla empezaba a despertarse de su letargo, Carmen prosiguió con su relato)

Sentí algo de pudor, pero pensé en la cantidad de veces que tu padre me había visto en topless en la playa solo con las braguitas, me armé de valor dispuesta a pasarlo bien, tomé aire y salí del baño dirigiéndome a la cocina, allí estaba el desayuno encima de la mesa, café y pan tostado, al verme tu padre exclamó,

-¡guauuuu, estas espectacular date la vuelta Carmen!-, hice como haría una modelo, avancé hacia él y me giré cambiando el sentido de la marcha, antes de salir de la cocina me volví a voltear.

La cara de tu padre era un poema, resoplaba y se mordía los labios, pude observar cómo se movía su morcillona polla debajo de los calzoncillos en un intento de escaparse, estimé que su tamaño era similar al tuyo lo que me llevó a pensar que no lo iba a pasar tan mal.

-Pero que buena estas niña, siéntate y desayuna, guapa.-

Desayunando me explicó que haría las faenas como lo hacía normalmente, pero con ese uniforme y que después de desayunar él se quitaría los calzoncillos para andar en bolas por su casa igual que hace cuando no hay nadie, asentí dándole mi aprobación.

Se quitó los calzoncillos dejando sus atributos al aire, me sorprendí del tamaño de su miembro viril, ya que me pareció mayor que el tuyo y sus huevos si era evidente que superaban a los tuyos en tamaño.

-Vaya suegro, que buena herramienta tienes, tengo una curiosidad, ¿cuánto mide ese monstruo?-

-Vaya Carmen te ha gustado lo que has visto, para tu información mide 24 cm. Que serán tuyos en un rato-

Uffff no me lo podía creer, no sabría si tanta polla entraría en mi coñito, acostumbrado a los 19 centímetros tuyos.

Me dispuse para hacer las faenas habituales de la casa, con toda la naturalidad del mundo, en algunos momentos me olvidaba de mi vestimenta, me agachaba, subía al taburete para limpiar el polvo, tu padre supo romper muy bien el hielo para hacerme sentir cómoda con la situación, de vez en cuando miraba de reojo y lo veía observándome, soltándole una pícara sonrisa.

“Menudo espectáculo tengo que estar dando con esta indumentaria” me dije. Estaba excitada con la idea de que lo estaba poniendo cardiaco, lo veía acariciar su polla, yo pensaba lo que sería meterme esa barra de carne en mi coñito, si me sentía llena con tu polla, ¿qué es lo que podía sentir con 5 centímetros más? Mi imaginación viajaba, en poco estaría comprobándolo, estaba cardiaca, mis pensamientos provocaban que se llenaran mis labios de flujos, seguro tu padre vería brillar la humedad de mi coñito cada vez que me agachaba, un par de veces fui al baño a limpiarme para que no resbalase por mi entrepierna, cuando terminé de fregar el suelo me dispuse a llevar el cubo y la fregona al lavadero, él me indicó que lo llevara a su dormitorio, no entendía el porqué, pero allí lo puse, planché, puse la lavadora y adecenté su casa.

Llegó la hora y reclamó mi presencia en la cocina donde me esperaba con un vaso de zumo de naranjas recién exprimido, que agradecí ya que tenía ganas de refrescar la garganta, llegados a ese punto, como todo había transcurrido con normalidad pensé que debido a su experiencia, con más de un centenar de amantes a sus espalda, lo mejor sería dejarme llevar, él propuso darnos un baño juntos cosa que vi bien pues me había movido mucho haciendo la faena y quería estar limpia, a parte si tenía que comerme esa barra mejor limpita.

(Mi polla empezó a tener vida propia lo que aprovechó mi mujer para masturbarme lentamente)

Nos metimos en la bañera, con nuestras manos sin manoplas ni esponjas nos untábamos el gel, acariciando nuestros cuerpos limpiándonos mutuamente, lavé sus testículos con lo cual pude corroborar que efectivamente eran mucho más gordos que los tuyos cariño, pasé a lavar la polla que en breve me iba a follar, empezó a crecer en mi mano, de manera casi insultante rompió todas las leyes de la gravedad, pasó de estar flácida a una dureza que me dejó sorprendida, pensé que me haría daño tanta polla, tan gorda como la tuya, pero 5 cm más larga y muy venosa, coronada por un glande hermoso, más gordo que el tuyo rojo como un tomate maduro, solté un suspiro a lo que tu padre contestó.

-Sabía que te gustaría-

Él por su parte lavaba y sobaba todo mi cuerpo, me sobaba el culo intentando meter un dedo, di un respingo

–¿Que pasa nena mi hijo no te hace el culito?-

-Ufff no, es que no me lo esperaba, es una zona que me ha dado más dolor que placer con lo que nunca me ha podido penetrar con su polla, sí hemos usados dildos y plug anales.-

-Vale dejaremos esa zona, de momento.-

Esas palabras me dejaron preocupada, ¿de momento? Me preguntaba en mis adentro, joder ¿no pensará mi suegro meterme la barra esa por el culo? Abandoné la idea, si los 19 tuyos me duelen, no imagino lo que puede ser 24, sería para ingresarme en traumatología.

(Siempre había pensado que, aparte del físico,mi polla también guardaría parecido en tamaño con la de mi padre, pues si no llego a conocer a Carmen, tendría a muchas mujeres esperando para meterse en mi cama, como dije antes tuve relaciones hasta con mujeres casadas las cuales suspiraban por mi polla, alagando su hermosura, en esos momentos pensé que mi mujer me estaba vacilando con el tamaño, para darle a la historia más morbo, ella continuaba contándome. Ella había abandonado la paja y se había situado sobre mí, restregando su coñito en mi polla.)

Salimos del baño y tras secarnos se situó detrás de mí. Sentía como su polla dura rozaba los cachetes de mi culo, sus manos acariciaban mis pechos, su lengua jugaba con mi cuello sus labios lo besaba, mordiéndolo suavemente. Mi coñito empezó a lubricar, el desplazó una de sus manos hacia mi zona genital.

-Ummm niña como lubricas, tienes el coñito encharcado, ¿está deseando sentir mi polla dentro verdad?-

Giré mi cabeza echándola para atrás para alcanzar sus labios, agarré su polla para masturbarlo, el dejó mi coño llevando sus dedos encharcados a mi boca.

-¡Chúpalo mira como está tu coñito!-

Abrí mi boca lamiendo cada centímetro de sus dedos, me volteé para besarlo, nuestras lenguas se unieron en un beso prolongado, bajó de nuevo su mano para continuar con su trabajo en mi coñito mientras me besaba, bajaba a mis pechos empitonados succionándolos, lamiéndolos en círculos. Su otra mano apretaba mis nalgas comprobando su firmeza.

-¡Qué rica estas tesoro!-

Sus dedos entraban y salían de mi vagina, mientras su dedo gordo masajeaba mi clítoris, estaba en la gloria me estaba masturbando como nadie lo había hecho, ni tan siquiera tú, cariño. No sé qué me pasó, de pronto me vi con ganas de hacer pis pero con muchísimo placer, metía y sacaba los dedos cada vez más rápidos, el coño se me mojaba con un sonido de chapoteo, intenté retirarme para no mearme encima, tu padre que está curtido en estas batallas me dijo.

-Tranquila nena déjate llevar no pasa nada, metió su lengua en mi boca.

-¡Paco me meo! ¡me corro! me meoooooo ahhhhhhh.-

-¡Mea preciosa, mea para mí.-

Acto seguido sentí varias descargas muy placentera de líquidos de mi coño, dejándome con las piernas temblando de placer, me estaba meando en el suelo, fue flipante, nunca había experimentado nada igual, había un charco grande en el suelo que tuve que sortear con cuidado para no resbalar, ahora entendí el porqué de la fregona en su dormitorio, me tumbé en la cama mientras tu padre recogía los fluidos vaginales, tras lo cual vino hacía mí, bajando a mí entrepierna, limpiando los restos de líquidos que habían quedado, me chupaba el coño desde el clítoris hasta la entrada vaginal, metiendo su lengua lo más dentro que podía, la sacaba volviendo al mismo sitio como si fuera un ritual, paraba en el clítoris lo rodeaba un par de veces volviendo a bajar, de nuevo empecé a lubricar, mientras me comía el coñito sus manos se alargaban para acariciar mis senos pellizcando mis pezones.

Estaba a mil, entregada al placer, me tenía en su poder, le pedí que me follara, necesitaba esos 24 cm dentro de mí, hasta el fondo de mi coño, donde tú nunca me habías llegado, necesitaba que ese glande esplendoroso me abriera las paredes vaginales, era una perra en celos cariño.

(La historia me estaba gustando demasiado, máxime cuando tenía mi miembro lleno de flujos vaginales de mi mujer, con un movimiento de cadera introdujo mi glande en su vagina y empezó a follarme con movimientos circulares lento, muy lento, estaba claro que quería disfrutar de mi polla, prosiguió con la historia mientras se la introducía lentamente, empezando un vaivén lento sobre mi).

Continúa en