Antonio el Camionero y su Suegra, en Ruta. 6
La lluvia golpeaba el camión, pero el calor dentro del bar era otra cosa. Carmen no era solo su suegra, era su amante, y esa noche Ingrid se uniría a ellas. Tres cuerpos, una mesa y ninguna vergüenza.
En el capítulo anterior:
"- Nunca le habían comido el culo y el chaval ha flipado, y con mis pechos, no ha parado de chupármelos y acariciarse con ellos la polla, dos pajas le he hecho con ellos.
- ¡Joder! Vaya
- Si, pero también me ha follado, ha sido ¡Tan dulce! Y no anda mal de rabo el muchacho ¡Ojalá todos los clientes así!
- Encima le ha cobrado de más
- Mira, veo que es el precio que hay que pedir por aquí, así ganamos más los dos, que de eso se trata.
- Bien hecho suegra, es usted la caña, ja, ja, ja…"
Antonio el camionero y su suegra, en ruta 6
Estuve conduciendo casi tres horas hasta Miribel. Ya de noche y con el fresco que en esta zona de los Alpes hace, paré en un área de la autopista en la que habitualmente paro cuando subo por aquí “Le Village”. Como yo muchos camioneros usamos esta área, es de las más completas que hay en el trayecto, como un mini pueblo con todo tipo de tiendas y servicios.
Carmen tenía los pezones como dos pitones, por el fresco, le aconseje que se abrigara, no fuera a resfriarse. Pero Carmen no llevaba ropa de abrigo y enseguida buscó una tienda para comprarse uno. Entramos en una tienda que ya cerraban, la dependienta de origen español, era extremeña, nos pidió celeridad en la compra. Era una joven morena, era guapetona, joven, de mi edad más o menos y enseguida confraternizó con mi suegra.
Carmen eligió probarse uno que le aconsejó Engracia, que así se llamaba la muchacha, aunque nos reconoció que su nombre no le gustaba y que le llamáramos Ingrid. Cosas de mujeres, como si Engracia no fuera más bonito que Ingrid, pero así quería ella que le llamáramos.
Carmen se compró una chaqueta. Las puertas de la tienda ya estaban cerradas, la muchacha las cerró para que no le entrara ya nadie más, era el final de su jornada laboral. Se reían mucho con mi suegra de banalidades y a mí me dedicaba sonrisitas y miradas al bulto. La verdad que con el frio se me había empalmado el pito y tal como lo tenía puesto me marcaba paquete. Carmen me hizo pagar la chaqueta, doscientos euros, y le dije a Ingrid que si quería la invitábamos a una cerveza en el bar de al lado. Ella nos aconsejó otro bar cerca de ahí, que la esperáramos en ese otro bar que ella hacia caja, cerraba, y no tardaría en venir.
- ¡Ay Antonio! Que te veo cómo te cae la baba con la moza, ja, ja, ja…
- Para que engañarla Carmen, la muchacha no está nada mal.
- Tranquilo, que no le he dicho que eras mi novio, le he dicho que eras mi hijo, además la he halagado diciéndole que una nuera como ella, es lo que te hace falta en la casa, ja, ja, ja…
- ¡Qué cabrona está hecha Carmen! Ja, ja, ja…
- Además le he dicho que estás soltero, ja, ja, ja…
- Vaya, mi suegra ayudándome a ligar.
- Tú liga lo que quieras, pero esta noche no te escapas de mí, que tengo unas ganas de pillarte, que verás.
- ¡Joder suegra! Me dice esto y ya se me pone la polla tiesa
- Hace rato ya que la tienes tiesa, ja, ja, ja…
Entramos en aquel bar y mi suegra se pidió un café con leche, yo me pedí una cerveza. Como nos quedábamos a cenar y dormir allí, podía tomarme una cerveza normal, que con las sin alcohol no termino de acostumbrarme. La camarera, estaba muy simpática, al ver que éramos españoles se alegró, ella también lo era y enseguida confraternizó con mi suegra. Nos dijo que era extremeña, le comenté como Ingrid, ella se sorprendió que la conociéramos.
- Pues, sí Ingrid nos ha mandado venir a este bar. Hemos comprado esta chaqueta en la tienda donde trabaja.
- ¡Ah, Ingrid! es mi hermana, ja, ja, ja…
- La verdad es que no os parecéis en nada
- Porque lo único que tenemos en común es nuestra madre, ella es de otro padre y tiene tres años más que yo.
- Y ¿Cómo te llamas?
- Dominique, aún que la verdad me llamo Dominga, pero no me gusta.
- ¡Joder! Tus padres se lucieron con vuestros nombres, a ninguna de las dos os gusta el nombre que os pusieron.
- Ja, ja, ja… es así.
Llegó Ingrid al bar.
- Buenas noches, vaya, habéis conocido a mi hermana, ja, ja, ja…
- Así es, muy mona también.
- Gracias Carmen, tú también eres muy mona. Te queda estupenda la chaqueta, eres una mujer muy guapa y ¡Que tipo tienes!
- ¿Sí? gracias, tú también eres muy linda. Es que aunque estemos en verano aquí hace fresco.
- Eso es lo que tiene vivir al pie de los Alpes.
- ¿Te gusta vivir aquí?
- No, ja, ja, ja… Aquí todo es carísimo, aunque se gana bien, una apenas tiene vida, enseguida es de noche y fíjate, ya casi no hay nadie, aunque aquí siempre hay ambiente por la circulación de camiones y coches.
- ¿Quieres cenar con nosotros? Te invito yo
- Gracias Carmen, con un sándwich cenaré estupendamente, y si es contigo de compañía, más.
- ¡Que linda eres!
Mientras ellas hablaban de cosas de mujeres en el bar yo fui al camión a echar un vistazo al frigo y mirar que todo estuviera correctamente. Hay mucho chorizo de mercancías en esta zona, hay que estar siempre al loro. Cuando regresé al bar, no vi ni a Carmen ni a Ingrid. Le pregunté a su hermana Dominique donde estaban, y si lo sabía, no me lo quiso decir, me dijo que no lo sabía. Me senté y esperé.
Ya habían pasado diez minutos y no aparecían, me empecé a mosquear. Me fui al servicio para ver si oía o las veía por ahí, entré en el de mujeres y no había nadie, en el cuarto de cambiar pañales tampoco. Le dije a Dominique que me iba a dar una vuelta por “Le Village” que si venían que les dijera que me esperaran y que no se movieran de ahí.
Vi a dos señoras, “madames” que les llaman aquí a las putas, pululando alrededor del parquin de camiones, seguramente buscando algún cliente. Eran muy mayores, más que mi suegra, y ni la mitad de buenas que ella, además se veían un poco demacradas seguramente por los excesos del alcohol, Llenas de pintura en la cara y en los morros.
- Garçon, Garçon…
- Buenas noches madames
- ¡Ah! Vous êtes espagnol
- Sí, madame, del sur.
- Je vais te sucer la bite pour vingt euros
- Mire madame, no te comprendo pas
- Tu ne me comprends pas?
- No, ge no te comprendo pas, solo un petite peu
Se acercó otra puta, vejestorio esperpéntico igual, que entendía español.
- Buenas noches. A ver ¿Qué pasa aquí?
- ¿Qué va a pasar? Que no nos entendemos
- Te dicen que si quieres, por veinte euros te la chupan.
- Diles que ni gratis, que yo además cobro, y en casa ya tengo dos mujeres trabajando de puta, que no necesito más.
La mujer se lo dijo y las tres se fueron a buscar mejor suerte. Empezó a llover, de golpe y no eran gotas, era un señor chubasco, me eché a correr hacia el bar, pasé por delante de la tienda donde compramos la chaqueta y vi un poco de luz en el interior. ¡Joder! Mi suegra y Ingrid estaban en el interior, se les veía poco, me pegué al cristal y puse las manos en mi cara de pantalla para evitar sombras, así pude observar mejor el interior.
¡La madre que las parió! Se estaban dando un morreo. Por lo que vi ya se estaban vistiendo, debían de haber hecho un bollo, es que mi suegra es una caña, ya lo digo yo, luego me viene a mí con que soy maricón, vaya con Carmen. Me fui rápido al bar para que no me vieran.
Dominique me dijo que si queríamos comer debíamos pedir ya que pronto cerraban cocina. Yo le dije que me hiciera una cazuela de pato, que lo como poco, y aquí en esta zona lo hacen muy bueno, te lo sirven en una cazuela, le llaman “cassoulete” o algo así. Que a Carmen le hiciera otra, que seguro se la zampa, y para Ingrid, le dije que ella dijo que con un sándwich cenaba, pero que si sabía algo que le gustaba mucho se lo hiciera. Ella me dijo que le haría una “croque madame”, una vez comí eso es como un sándwich, pero con un huevo frito encima.
Aparecieron las dos sonrientes y con bolsas. Al verme ahí sentado Carmen me preguntó si en el camión todo estaba correcto y cerrado. Le dije que sí. Le pegunté donde habían ido. Me contestó que a ver ropa y que había encontrado alguna prenda que me gustaría mucho, que se estuvo probando varias cosas que le enseñó Ingrid. Le dije lo que había pedido para comer, le pareció perfecto, a Ingrid también.
Mientras cenábamos y ya nos habíamos zampado entre los tres una botella de vino, empezamos reír de anécdotas que habían transcurrido en la vida de uno y de la otra.
- Antonio hoy dormirás en el camión conmigo y con Ingrid.
- ¿Cómo?
- Como te lo digo, que hoy dormirás conmigo y con Ingrid, con las dos o ¿Te damos miedo?
- ¿Miedo? ¿De qué os he de temer?
- Ya lo verás, tu prepárate que te vamos a poner bien
- ¿Me vais a follar las dos?
- Así es
- ¡Joder! Ya me habéis puesto el pito tieso ¡vaya morbo!
- Ingrid hace tiempo que no moja y a mí ya me tienes enganchada a tu polla.
- Vaya, me hacéis sentir el rey del mambo
- ¡Ah! Le he dicho la verdad y ya sabe que somos novios, que no eres mi hijo.
- Vaya, de lo que se entera uno de sí mismo.
- Ja, ja, ja, que bruto eres, pero me gusta.
- ¿Y a ti Ingrid te gusta mi novia?
- Mucho, de hecho es el tipo de mujer con la que mi parte lesbiana siempre ha soñado. Guapa, tipazo, madurita… ¡uf!
- ¿Tienes una parte lesbiana?
- Sí, porqué también me gustan las pollas, y Carmen me ha dicho que la tienes muy hermosa y la sabes hacer funcionar.
- Tendrás que probarla y comprobarlo por tu misma, a mí con esta tontería ya me tenéis que me va a reventar los pantalones.
- Ves Ingrid, lo que te he dicho, es un bruto, pero caliente y cariñoso en la cama, también.
- Vaya, que bien te deja tu novia, habrá que probarlo.
- Oye Ingrid, una cosa ¿No vais a invitar a tu hermana?
- ¿Podrías con las tres?
- Eso ya te digo yo que sí Ingrid, este puede con nosotras tres
- ¿Se lo pregunto? Si dice que sí, podríamos ir a su apartamento que está aquí mismo, hay más espacio y cama que en el camión. Voy a preguntárselo.
La muchacha fue a preguntarle a su hermana si quería follar con los tres, alucinante. La verdad que este viaje era surrealista, ni que fuera una película de ese italiano el Pasolini. Yo ya flipaba con mi suegra, cada día la tía me sorprendía más, hasta me daba no sé qué, que parecía que tenía más mundo recorrido que yo, y la puta, por así bien decirlo, sabia moverse, era lista. Mi padre siempre me dijo que fuera con cuidado con las mujeres que fueran más listas que uno.
Vino Dominique con Ingrid a la mesa.
- Mi hermana me ha hecho una proposición “deshonesta” ja, ja, ja, la verdad es que me gustaría, pero hoy no puedo, viene mi novio a buscarme para ir con unos amigos. En otra ocasión, espero, ja, ja, ja…
- Tranquila, que la próxima vez que pasemos por aquí con el camión, yo hago parar a Antonio seguro, ja, ja, ja…
Nos terminamos los postres deliciosos, una copa de cointreau, que es lo que se bebe aquí, y repetimos copa de cointreau. Parece que esto de ponerme pedo cada día, desde que estoy con mi suegra, se convierte demasiado en un hábito. Mi padre siempre me decía, que era bueno tener siempre hábitos buenos, no sé, pero lo que sí sabía es que empezaba a llevar ya un pedo de maría santísima.
No quedaba nadie ya en el bar, solo nosotros, Dominique recogía, cerraba algunas luces, y el personal se despedía. Esa intimidad propició seguramente que Carmen me metiera mano a la polla y me la sacara. Ingrid y Carmen se reían de mi polla y jugaban ambas con ella, me la estrujaban, estiraban, le ponían un poco de cointreau y lo saboreaban en el capullo ¡Joder como pica el cointreau en el pito”, pero esto le enciende a uno más.
Dominique se acercó y al ver el espectáculo que le brindaban su hermana y mi suegra a mi polla, se añadió a la fiesta tragándose con la boca casi toda mi polla de golpe. Yo ya me empezaba a poner muy burro y salió de mí el animal que llevo dentro.
- Como Dominique no va a venir al camión, si quieres nos hacemos un rapidito.
Terminé de decir etas palabras que ya la tuve sentada encima y sus tetas en mi boca. La tía empezó a botar sobre mi polla y no paraba de decir la buena polla que tenía. Miré a Carmen y ya se encontraba ella estirada sobre la mesa y Ingrid comiéndole el coño. Esto más caliente me puso aún. Tuve que levantarme con Dominique ensartada a mi polla y ahí de pie empecé a meterle un mete saca como dios manda. Al chocar mis huevos en su ojete se podían escuchar el chapoteo que causaban mis huevos empapados ya de flujos de la hispano francesa.
La recosté de espaldas sobre la mesa donde Carmen era comida por Ingrid y continué follándomela. Ellas al ver sus rostros cerca, buscaron sus bocas para morrearse. ¡Joder que morbo! Empecé a castigar aquel coño y me fije como su hermana mientras, se comía el de Carmen, no dejaba de mirarme.
Dominique se corrió chillando. Fue tal el chillido que me asustó hasta a mí. Creía que le había agujereado la matriz. Vino rápido Ingrid a sacarme la polla del coño de su hermana para comérmela. Llena de los flujos de la corrida de ella, me la devoraba con pasión. Carmen se arrodilló encima de la cara de Dominique y le dio coño a comer. Le soltó en la boca un orgasmo. Agarré por el pelo a Ingrid, la puse en cuatro sobre la mesa y le endiñé de una estocada la polla hasta el fondo de su útero.
A la vez que le infringía un mete saca frenético empecé a nalguearla. Mis cachetes eran secos y fuertes sobre sus posaderas. Ella gritaba de dolor y placer. No sé porque, pero empecé a llamarle, puta y zorra mientras se la endiñaba, a la vez que las ostias que le metía cada vez eran más seguidas e intensas.
- ¡Siiiiii, si, follame, asi, dame, ahhhhh!
- Toma polla zorra, eres más puta que Carmen, te voy a llenar el coño de lefa, plas, plas, plas…
- ¡Oh! ¡Ahhhhhh! Si soy una puta
- Dime que eres la más zorra de todas las zorras habidas y por haber, plas, plas, plas…
- Soy la más zorra de todas las zorras, Siiiiiiiiiiiii, ahhhh, ohhhhh
- ¿Quieres leche de postre? ¿Te quieres comer mi leche?
- Si, dame tu leche, dámela
- Toma, putilla, cometela toda… ahhhhhh
Me corrí dentro de la boca de Ingrid y automáticamente las otras dos buscaron con sus lenguas pillar algo de la corrida y se fundieron en un morreo a tres.
En la postura en cuatro que estaba Dominique le vi un ojete en forma de “O” al que no pude resistir verterle un chorrillo de cointreau y saborearlo en el. Eso hizo que se abriera más las cachas, Carmen debía percibir mis intenciones de encularla porque con las manos le abrió los glúteos y me expuso abierta la entrada. Ya le metía toda la lengua dentro y la nariz también. Dejé de comerle el culo y le apunté la polla a la entrada. Con dos estocadas fuertes y cuatro ostias bien dadas al culo, empecé a sodomizarla fuerte. Ella gritaba, aquellos glúteos, de las ostias anteriores y las que le estaba dando, estaban rojos a parir.
Ya nadie se acordaba de que Dominique había dicho que su novio pasaría a buscarla, cuando lo vimos aparecer en el bar, yo tenía agarrada a su novia con una mano por el pelo, con la otra la nalgueaba y le estaba metiendo fuerte el rabo por el culo.
- Qu’est-ce qui se passe? – Dijo el novio
- Bébé, je suis désolée, c’est la faute de ma sœur, je ne peux pas m’arrêter de baiser cet homme – Dijo Dominique.
- Tu es une pute infidèle qui me trompe avec une baise.
Carmen, que es lista y zorra, además de estar más buena que la “cassoulete” se fue hacia el muchacho, que atónito se encontró abrazado y con las tetas de mi suegra a su alcance. Claro, aunque en principio se le vio cabreado por ver a su novia follando, cuando Carmen le sacó la polla y empezó a comérsela, su imagen ya cambió y era de medio satisfacción.
Mientras continuaba enculando a Dominique, Ingrid empezó a comerme el ojete ¡Que gozada! Su lengua parecía una aguja cosiendo a máquina en mi recto. Oí una especie de aullido agudo, vi que provenía de su novio que se estaba corriendo en la boca de mi suegra. Mis huevos chapoteaban y cuando estaba pronto a correrme, me paré de golpe y se la saqué.
- Plus, plus, donne-moi plus, je veux plus
- ¿Qué dices Dominique?
- Perdona ya se me lían los idiomas ¡Oh que rabo tienes Antonio! ¡Como follas, dios!
El novio no tenía casi rabo ni nada, era como un pellejo arrugado, cuando lo miré se puso hasta colorado. El me miraba, demasiado, empecé a controlar sus pasos, no fuera ser que terminara enculado otra vez. Si se atreve, le doy de ostias de aquí hasta los Alpes, debía verme la intención, porqué se limitó a subirse el pantalón y tapar esa vergüenza de rabo que tenía, no es que fuera un micro pene, pero seguro no le llegaba a los quince centímetros. Yo veía como miraba mi polla mientras me lo comía su novia y su cuñada. Casi me corro es sus bocas si no hubiera intervenido Carmen.
- Bueno, tenemos a toda la familia reunida ¿Continuamos aquí, o buscamos un sitio mejor?
- Yo y mi novio nos tenemos que ir ya, hemos quedado con unos amigos y nos estarán esperando.
- Yo me vengo al camión con Antonio y contigo.
- Bien, pues podemos empezar a desfilar. – Dije yo.
Nos despedimos de Dominique y de su novio. Al darle la mano a él me miró con cara de pocos amigos. Lo que hacen los putos celos. Este picha corta seguro era buen rollo de tío, pero se le notaba cabreado. Ella me estampó un morreo de despedida que sabía a coño, a polla y a culo. Le compré una botella a Dominique de cointreau, que al final nos regaló. Dominique nos dio también una bolsa con comida, por si nos encontrábamos a las “madames” que se la diéramos para que comieran. Resulta que ella le guardaba la comida y les preparaba algo para que comieran, porque dijo que no se comían un rosco, que ya nadie les pagaba para follar y eran indigentes. Nos fuimos hacia el camión.
En el camino ya venían las “madames” a nuestro encuentro, Ingrid les dio la bolsa, ellas se pusieron contentas y se fueron a comer seguramente lo que les preparó Dominique. Nos contó que a ella le dijeron que antiguamente eran putas famosas en “Le Village”, que no había camionero putero que no se parara aquí para follar con ellas, pero que ya después de los años, y la alcoholemia, se habían denigrado mucho y ya no recaudaban ni un euro.
Subimos al camión, hice el movimiento de asientos y camas para acomodar un gran espacio dentro y poder follar los tres con comodidad. Había truenos y relámpagos y empezó a llover con un par de cojones. Un rayo debió caer cerca porque el estruendo del trueno que vino detrás hizo hasta mover el camión. La verdad que un poco de acojone entró, ellas se abrazaron y cuando pasó el susto, desnudas, ya empezaron a besarse. Me pusieron el pito como una tranca, cerré las cortinas de los cristales.
Me acomodé frente a ellas después de haberme desnudado y empecé meneármela mirándolas. Ellas también me miraban, a mi suegra le caía la baba observando mi polla. Ingrid pasó a atacarle primero los pechos y después el coño. Se tumbó en el lecho para comérselo mejor. La boca de Carmen vino al encuentro de mi cipote y mis huevos, ya que fueron estos los primeros en acudir al interior de su boca.
Le pegué un lingotazo al cointreu y me dio no sé qué para agarrar a Carmen de los pelos y darle cuatro ostias con mi polla en todo el careto. Con la cara que me miró con una expresión de vicio oculto, me dio alas para meterle, de una estocada, la polla en la garganta hasta casi ahogarla. Cuando se la saqué, le di dos bofetadas, no sé porque, ni porque le gustaron. Ingrid continuaba comiéndole el coño. Me puse de rodillas detrás de ella y se la endiñé hasta el fondo de su coño. La boca de Ingrid pasó a ocuparse de mis huevos. Me la follé bien a mi suegra, y duro, la iba nalgueando y le pegaba tirones de pelo como si se trataran de unas riendas equinas. Carmen gozaba, y de lo lindo, de todas las veces que he follado con ella, creo que es la vez que la he notado tan desatada. Creo que las bofetadas ayudaron. Le debe gustar que le den caña, por eso se excitó el día que me las tuve con Pepita, que también fue el primer día que follé con ella.
De golpe empecé a oír golpes a la puerta del camión y gritos fuera. ¡Macagüem en dios! Que golpeen mi camión ya me jode. Tuve que, muy a pesar mío, sacarle la polla de dentro del coño a Carmen, y los huevos de la boca a Ingrid ¡Que comida de huevos me estaba haciendo la jodida! Bajé la ventanilla y casi me da un infarto. Una de las “madames” con los pelos en punta a pesar del diluvio que caía, digna de una actriz de una película de zombis, allí gritando horrorizada. Ingrid se apresuró a la ventanilla.
- Dice que sus amigas están muertas, que un rayo les ha caído encima y que ella está mal, que llamemos al hospital.
- ¡Mecagëm la puta! hay que ayudar a estas mujeres, dile que me pongo unos zapatos y voy enseguida.
- Yo llamaré a emergencias.
Me vestí lo más rápido que pude y fui hacia el lugar donde me indicaba la “madame” A unos cien metros había un cobertizo de chapas, allí debían estar cenando lo que Dominique les había preparado, vi enseguida una mesa y dos putas carbonizadas. Les había caído el rayo encima, debía ser el que hasta movió el camión. Las pobres me dieron pena ¡Puto mundo de miseria! Intente consolar a la que sobrevivió, la dirigí hacia el camión para que esperara la llegada de las emergencias. Carmen la desnudó y la abrigó con una manta seca.
Le di doscientos euros a Ingrid para que se ocupara de hacerle llegar algo de ropa cuando se recuperara, ya que la que llevaba olía a muertos, la metí en una bolsa para el contenedor de la basura. Carmen le dio cien más. Nos dijo que no nos preocupáramos que además ella también se ocuparía, para que la acogieran en algún centro social.
La “madame” tenía la pura expresión que muestra la decadencia de la sociedad, la abracé y me sonrió, la balanceé con su cabeza recostada sobre mi pecho, como si de un bebe se tratara. Este sentimiento maternal, la conmovió y lloró, abrazándome agradecida de tener una muestra de cariño, y seguramente de respeto, que no debía la pobre ir sobrada. Me hizo entender que se llamaba Cloren y cosa rara, pero cierta, que aquella “madame” pasó a ser persona con nombre, Cloren.
Empezaron a llegar al lugar, policías, ambulancias, bomberos y mirones. Vino una policía para atender a la pobre chamuscada Cloren, y la acompañó hasta la ambulancia. Antes nos despedimos con una mirada y una sonrisa cómplice que llevaba un mensaje de esperanza. Me dio pena y se me saltó una lágrima, a Carmen también. Entre un rollo y otro pasaron las horas. Cuando ya todos se fueron nos quedamos los tres sentados dentro del camión si decir nada.
Empecé yo a desnudarme de nuevo y quitarme la ropa empapada, no paraba de llover y cada vez lo hacía con más ganas. Ingrid me imitó y Carmen también. Le eché mano a otro lingotazo de cointreau, me hizo entrar en calor, pero lo que en realidad me subió la temperatura corporal, fue ver a Carmen e Ingrid abrazadas y besándose. Sus besos y caricias eran tan suaves que se quedaron dormidas. Yo aunque con la polla tiesa, no me atreví a despertarlas, demasiadas emociones vividas, quizás era mejor dormirse, me tumbé a su lado y los tres nos quedamos acurrucados y dormidos.
Me despertaron los bocinazos de otros camiones maniobrando, unos saliendo y los otros entrando en “Le Village” al verlas ahí las dos abrazadas y dormidas, esa imagen tierna después de lo vivido ayer, me enterneció, menos a mi polla, que esta se encabritó. No pude resistirme a la belleza desnuda de mi suegra y empecé a magrearla. Fue despertándose y abriendo los ojos, me miró, pero pronto su mirada se fue a Ingrid a la que recostó más a su pecho y volvió a dormirse. Al ver el éxito fracasado, me vestí y salí del camión, me iría a tomar un café. Lo que tenía que ser una gran noche con orgia sexual incluida, resultó ser una noche de lluvia, tormenta y tristeza.
No paraba de llover y no era poca el agua que caía. En la cafetería principal de “Le Village” había muchos camioneros, entré para ver que se comentaba de la ruta. Encontré a varios camioneros españoles, me informaron que se acercaba fuerte la tormenta y que duraría, por la radio decían que se empezaba a preparar un estado de emergencia en la zona a causa del temporal. Había un poco de alarmismo, estas gotas frías son capaces de crear inundaciones y es un mal rollo conducir con este tiempo. Les pedí dos “Café au lait” para llevar.
Regresé al camión con dos cafés con leche, y me encuentro a las dos abrazadas y dándose un morreo en toda regla. Cuando me vieron me sonrieron y me invitaron a unirme al beso. Este beso se convirtió en una comida de coño como buen desayuno. Los tenía a ambos frente a mis morros, y los comparé. El coño de mi suegra estaba casi depilado por completo, solo una línea de pelo como una pequeña cresta en su monte de venus. El chuminito, porque era así el coño de Ingrid, absolutamente depilado y con unos labios sonrosados que prestaban a la delicadeza con la lengua. Observé que su ojete era como el de su hermana una “O” perfecta.
Después de lubricar con mis babas ambos ojetes, el de Carmen y el de Ingrid, empecé apuntando el capullo al de la jovencita dependienta que le vendió una chaqueta a mi suegra, y ahora le comía la boca con pasión. Fui introduciendo suavemente la polla dentro de aquel culo, ella empezó a gemir intercambiando esos gemidos en las salivas con Carmen. Cuando tuve todo el rabo dentro, dejé la delicadeza a un lado y empecé a abofetearles las cachas a ambas. A la vez fui con el dedo, lleno de flujos de ambos coños lubricando el ojete de mi suegra. Le metía y sacaba de su ano tres dedos y hasta cuatro. Fui alternando culos. Les metía siete u ocho mete sacas rápidos a cada recto, al tiempo ahora los dedos se los movía dentro del coño. Ambas estaban chorreando, las dos, y no cesaban entre ellas en su morreo y magreo.
Antes de correrme despertó en mí interior un animal sexual aún más primitivo y salvaje, las agarré por el pelo a las dos y me puse ahora a follarles la boca violentamente, y cuando me corrí, las solté del pelo y les di lechazos y cachetes en el careto. Les puse los mofletes colorados. Ellas se morrearon frenéticas intercambiando mi leche en sus bocas. ¡La madre que las parió que burro me pusieron! Al verlas en aquella actitud desenfrenada de sexo lésbico, mi polla más dura se puso. Arranqué de los brazos de mi suegra a Ingrid y a la vez que la senté sobre mis rodillas, le fui introduciendo todo el rabo hasta el fondo. Empecé a hacerla saltar. ¡Vaya si saltó! La condenada bailaba moderno sobre mi polla, aquel movimiento de culo lo acompañó con gritos, aullidos de auténtico placer, cuando se corrió, le di dos bofetadas y cuatro nalgadas y se puso a llorar. Me abrazó, me besó.
- ¡Dios mío Antonio! Jamás me habían follado así ¡Oh dios mío que polla! ¡Que placer, diossss…!
- Es así como hay que follarse a un cacho tía buena y zorra como tú. Aún no me he corrido y te voy a llenar las entrañas de leche.
- Sí ¡Por dios, si…! Fóllame, fóllame, soy tu puta, fóllame… ah, ah, ah…
- Te voy a meter hasta los huevos ¡Que buena estas jodida! Toma, toma, toma…plas, plas
Yo tenía la polla hinchada como jamás la he tenido. Logré meterle un huevo en el culo. Yo creo que ella perdió la razón y la conciencia, lloraba y jadeaba, a la vez que reía y decía frases inteligibles. Me corrí en la profundidad de su vagina. Mi leche ardía, le pegue un bocado al cuello, que hizo que se le erizaran los pezones de una manera, que parecían balas para ser disparadas. Carmen se aprovechó de la hermosura de esos pitones y se lanzó con sus labios a saborearlos.
Le pegué un morreo a Ingrid que le sirvió para terminar de desfallecerse cuando fui sacando la polla de su coño, despacio, el jodido de mi cipote se resistía a perder volumen y al salir arrastró una cascada de flujos y leche que manchó el colchón de la cama del camión ¡Mecagüem en dios! De la mala leche que pillé por la mancha al colchón, le di dos bofetadas, que al menos sirvieron para que la muchacha volviera a la realidad y yo desahogarme.
- Oh mon Dieu, c’est sublime, je n’ai jamais été fait pour m’amuser autant.
- No sé qué coño dices, pero hemos manchado el colchón ¡Mecagüem en dios! Y encima continúo con la polla tiesa.
Mi suegra apartó a Ingrid de mis rodillas y ocupó ella su lugar. Mi suegra es una caña, he de reconocerlo ¡Como sabe follar la hija de la gran puta! Su coño parecía que dibujaba caracolas a mi rabo, y empezó suave, haciendo sus succiones vaginales, a la vez que subía y bajaba de mi polla. Me besaba apasionadamente y con amor. Me susurró al oído que ella me haría vaciar la polla de una puñetera vez y saciaría mi calentura. Me decía también al oído y en un tono de voz de vicio total.- Folla a tu puta novia; folla a tu puta suegra. Estas palabras ya fueron el colmo de mi libido hacia ella, y empecé a hacerla saltar y saltar sobre mi polla. La hija de la gran puta, continuaba succionando mi rabo con su vagina. Cuando me corrí instintivamente le di dos bofetadas a su jeta y a sus pechos. Me abrazó corriéndose y ¡Mecagüem en dios! Otra mancha en el colchón, en el mismo sitio. Ahora la puta mancha era más grande. Ahora me fue mi suegra la que me dio dos bofetadas, una en cada mejilla, nos miramos, nos sonreímos y nos dimos un beso.
- ¡Qué bien me caéis los dos! Me gustáis, os quiero, me habéis hecho gozar como nunca lo he hecho en mi vida y se os ve ¡tan felices!
- Me alegro de que te haya gustado Ingrid, tú a mí también me has gustado mucho, y a Carmen, creo que también, ja, ja, ja…
- Oye por cierto, es otro asunto ¿Qué es eso de que le llamabas suegra? ¿Es tu suegra o tu novia?
- Ambas cosas, mira te contaré la verdad; Antonio era mi yerno, mi hija, su mujer, lo dejó. Él me llevaba con el camión a verla en La Junquera, pero por el camino nos hemos hecho novios y ahora ¡soy tan feliz! ¡nos queremos tanto!
- Dígale también Carmen, que mi ex, su hija, me dejó para ir a trabajar de puta en un puticlub.
- Bueno, eso da igual, el caso es que ahora es mi novio y nos encanta follar. Yo aprovecho el viaje para putear y así me gano un dinero, y total para abrirse de piernas un rato, y no he tenido mala suerte con los clientes.
- ¡Joder! Qué vida tan guay que lleváis ¡Como me gustaría a mí vivir así! Viajando y follando… viajando y follando ¡Guau!
CONTINUARÁ.
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