La isla 16/24
Fabiola sabía que no debía mirar, pero la brisa del acantilado levantaba su vestido justo cuando José la miraba. Y él, con la mirada fija en sus senos, no podía imaginar que esa simple indiscreción abriría la puerta a una tarde donde la decencia se dejaría atrás.
Al despertar, José vio que Viviana seguía durmiendo desnuda a su lado, la tentación era irresistible así que salió de la cabaña todo lo rápido que pudo para encontrarse con que Fabiola ya se había levantado y estaba terminando de preparar el desayuno. Se había puesto un vestido blanco que le quedaba espectacular sobre el tono canela que había adquirido su piel durante esas vacaciones. Casi era peor que haberse quedado dentro de la cabaña, le dieron unas ganas tremendas de saltar sobre ella.
JOSÉ- Joe, si que te has despertado pronto hoy, considerando que somos ocho te ha tenido que llevar un buen rato prepararlo todo.
FABIOLA- ¡Hombre! Hola, si te esperas un momentito puedes desayunar a mesa puesta.
JOSÉ- Pues voy al baño en un segundo y vengo enseguida a ayudarte.
Fabiola se quedó pensando que no tendría que ser muy fácil mear con un empalme como ese y José aprovechó su excursión al baño para dar tiempo a que se le bajase la erección mañanera antes de volver.
Cuando llegó, estaba Fabiola colocando las últimas cosas en la mesa, así que José prácticamente pudo ponerse a desayunar sin esperar ni un segundo. Enseguida estaban charlando animadamente, pero bajito, para no despertar a las demás. José pensó que el paraíso debía ser muy parecido a eso, hacia un día maravilloso, no había ni rastro de la tormenta de la noche anterior, aunque ya estaba muy acostumbrado, el paisaje le seguía pareciendo espectacular, pero aún así que no le llegaba ni a la suela de los zapatos a la increíble mujer que tenía delante, cuanto más hablaba con ella más extraordinaria le resultaba. Fabiola se estaba preguntando si se habría fijado en José si lo hubiera conocido en otras circunstancias, físicamente no era gran cosa aunque no estaba mal y hasta que no le ibas conociendo no destacaba mucho por su personalidad, pero en esos momentos le parecía el mejor hombre de la tierra, no obstante tenía en cuenta que igual le estaba influyendo que llevaba ya un tiempo sin ver a ningún otro.
JOSÉ- Oye, cuando terminemos de desayunar podríamos ir a pescar, con un poco de suerte volveremos antes de que las demás se pongan con sus labores y así las podemos ayudar, me dan un poco de miedo las ideas locas que se les pueden ocurrir a las primas en la construcción.
FABIOLA- Con el trote que llevas no puedes estar todo el día trabajando, cada día te veo más delgado, ya se te marcan todos los huesos de la cara.
JOSÉ- Con el desayuno que me has puesto creo que puedo correr dos maratones y aún así engordar, jajaja. De todas formas no te preocupes por mí, es cierto que me noto un poco cansado, además os veo que ya sabéis hacer de todo, así que prometo tomármelo con calma.
FABIOLA- Creo que tú concepto de calma y el mío son diferentes pero bueno, tú verás lo que haces que ya eres mayorcito.
Cuando terminaron de desayunar todavía no se había levantado nadie, así que dejaron la mesa puesta y se fueron al acantilado. A Fabiola le daba un poco de apuro volver a ir con José a pescar, le hacía recordar lo bien que estaba entre sus brazos, pero no tenía ninguna buena excusa para evitarlo. No le quedó otra opción que confiar en que sus habilidades como pescadora hubieran mejorado lo suficiente como para no necesitar la ayuda de José, seguía pensando que lo mejor para ella era mantener una distancia prudencial, solo con lo a gusto que estaba en su compañía ya sentía el deseo de ir más lejos con él.
Lo primero que hicieron es sacar las nasas del agua para recoger un par de langostas y dos cangrejos que rivalizaban en tamaño con cualquier centollo. Luego se pusieron a pescar pero José no podía apartar la vista de Fabiola, estaba impresionante con su vestidito blanco y su pose de pescadora experimentada sobre aquel fondo idílico que les proporcionaba el acantilado sobre el mar. Fabiola, fiel a su costumbre, pronto notó que su caña se tensaba y enseguida supo que había picado algo grande, así que trató de sacarlo del mar ella sola mientras José admiraba como luchaba contra aquel animal.
FABIOLA- No puedo, es más fuerte que yo.
JOSÉ- Debe ser un magnífico ejemplar entonces.
FABIOLA- No te quedes ahí parado y ayúdame.
Ella sintió los brazos de José rodearla y como pegaba el cuerpo al suyo, en unos instantes los dos estaban unidos en una lucha titánica contra aquel pez que se negaba a abandonar su medio. Tardaron un buen rato en sacarlo del agua, para cuando lo consiguieron los dos se sentían pletóricos, era lo más grande que le habían arrebatado al océano jamás. Según lo metieron en la cesta se quedaron mirándose el uno al otro eufóricos por el logro conseguido, a José le parecía que estaba ante la mujer más maravillosa del mundo y Fabiola sentía un impulso irresistible de besarlo. No pudieron evitar abrazarse mientras daban pequeños saltos en medio de la alegría que les embargaba, por un instante separaron un poco sus cuerpos y volvieron a mirarse a los ojos, José la vio mirarlo con esos ojos cargados con una mezcla de felicidad y admiración y no pudo contenerse, acercó lentamente la boca a la de Fabiola y ella instintivamente le respondió acercando la suya, era algo superior a sus fuerzas, necesitaba fundirse con ese hombre. Sus labios se juntaron en un apasionado y eterno beso que les lleno de mariposas el estómago.
Si aquel enorme pez hubiera podido pensar en algo que no fuese la forma de volver al mar, hubiera creído que sus captores eran unos sádicos depravados que se excitaban torturando hasta la muerte a inocentes criaturas porque José y Fabiola fueron poco a poco subiendo la intensidad de sus magreos mientras el pobre animal luchaba desesperadamente por conseguir algo de oxígeno al tiempo que se movía con todas sus fuerzas tratando de salir de la cesta que le mantenía atrapado.
José tenía agarrada a Fabiola por el trasero disfrutando de su agradable tacto, mientras tanto, ella iba notando como algo duro se iba encajando entre sus muslos hasta rozarse contra su sexo. El beso fue eterno, ambos dejaron que sus lenguas expresaran lo que empezaban a sentir por el otro mientras sus cuerpos se iban encendiendo. Fabiola iba notando como aumentaba la presión que ejercía el miembro de José contra ella y cada vez necesitaba sentirlo más, agarró a José por sus nalgas y le apretó contra ella al tiempo que empezaba a mover las caderas. Según iba aumentando la intensidad de sus frotamientos, ambos iban deseando más. Fabiola separó los labios de los de José, le miró a los ojos, despegaron sus cuerpos y ella se sentó en el suelo. José persiguió la boca de Fabiola con la suya hasta que acabó tumbado sobre ella mientras sus sexos volvían a entrar en contacto.
Fabiola aceptó que no había vuelta atrás posible, se dejaría fluir y ya gestionaría como pudiese las consecuencias de aquello. Sintió que una mano de José se deslizaba por su costado desde la rodilla hasta llegar a apoderarse de uno de sus senos mientras sus lenguas continuaban con su eterna persecución mutua. Ella abrió más las piernas y empujó el culo de José, su sexo deseaba sentir esa cosa dura frotarse contra él todo lo posible. Con la otra mano se fue subiendo la falda del vestido para reducir la cantidad de ropa que se interponía entre ellos, José no pudo resistir la tentación de admirar su entrepierna enfundada en su lencería y se separó de ella para contemplarla.
José se quedó un momento observando su ropa interior, era verde claro, semitransparente y con bordados. Llevó una mano hasta su sexo y se lo empezó a acariciar mientras seguía amasando sus pechos. Fabiola sintió un latigazo de placer en cuanto notó como esa mano presionaba su entrepierna y se ponía a restregarse contra ella, miró hacia la erección de José, le bajó tanto pantalones como calzoncillos, le agarró el miembro y se puso a pajearle al mismo compás que José frotaba su sexo. Él se inclinó para volver a besarla y de nuevo se fundieron en un largo beso mientras se masturbaban mutuamente.
La necesidad de sentir esa polla abriendo su vagina se iba haciendo más imperiosa por momentos, así que Fabiola trató de restregar el miembro de José contra su sexo mientras le pajeaba, pero él mantenía la mano masturbándola por encima de su ropa interior creando un obstáculo insalvable para sus fines hasta que comprendió las intenciones de ella. Apartó la mano para acariciarle la cabellera mientras seguía besándola con pasión, ella se restregó la polla de José por todo su sexo a través de la tela mientras balanceaba su pubis. Anhelaba ser penetrada, así que apartó sus bragas a un lado y siguió restregándole el miembro tanto por sus labios como por su clítoris con la esperanza de que en un golpe de cadera entrase finalmente en su interior.
José sentía que por fin iba a poder fundirse con Fabiola, mientras la besaba, le amasaba un pecho y le acariciaba el cabello, balanceó su pubis para introducirle ligeramente el glande, ella sintió como se le abría la vagina para recibirle y emitió un gemido que fue apagado por la boca de José. A él le encendió sentirlo y comenzó a bombear suavemente, todo fue muy tranquilo, él seguía besándola y notando como se escapaban pequeños gemidos de su garganta mientras poco a poco se iba haciendo un hueco dentro de Fabiola. Ella se sentía flotar, cada cosa que José le hacía le gustaba tanto que siempre quería más. Se lo tomaron con calma, José mantuvo un ritmo lento incluso cuando notó que había conseguido introducirse completamente en su interior, ella tuvo que dejar de besarle para poder coger suficiente aire mientras gemía y alcanzaba un maravilloso orgasmo. A José le encantó ver sus gestos mientras el clímax la inundaba y él seguía penetrándola suavemente.
Cuando Fabiola terminó de correrse, él se quedó quieto con el miembro totalmente metido dentro de ella mientras la miraba con ternura. Ella dejó la vista fija en sus ojos, comprendió que ya había traspasado todas las barreras, se sentía completamente llena y no era solo por la tremenda polla que tenía alojada en la vagina, se estaba enamorado como una adolescente, le volvió a besar y él la correspondió iniciando de nuevo el suave movimiento de su cadera.
Fabiola disfrutó de varios orgasmos mientras José la penetraba con suavidad hasta que notó que él se empezaba a acelerar. Le sacó de su interior, se quitó completamente las bragas y le miró.
FABIOLA- Fóllame, fóllame fuerte, quiero que te corras conmigo.
José la miró extasiado, se introdujo de nuevo en su interior y se quedó quieto sintiendo como esa vagina abrazaba su polla, le bajó los tirantes del vestido hasta descubrir sus senos, los contempló con calma, era la primera vez que los veía y le parecieron preciosos, tenían el tamaño justo, la curva perfecta, las marcas del bronceado muy destacadas y unos maravillosos pezones en punta coronándolos, luego se inclinó sobre ellos para degustarlos con calma. Ella no paraba de notar como el miembro de José daba pequeños brincos dentro de ella, le pareció maravilloso sentir cuanto la deseaba a través de sus sexos. Mientras la boca de José seguía disfrutando de sus senos con suavidad, él comenzó a penetrarla cada vez con mayor velocidad al tiempo que iba aumentando la intensidad de las caricias que su lengua le procuraba a los pechos de Fabiola hasta llegar a succionarle los pezones.
Ella sentía como cada estocada se clavaba hasta lo más profundo de su ser y cada vez entraba con más fuerza, no podía creerse la cantidad de placer que aquello le estaba provocando, sus entrañas se abrían hasta limites inimaginables y el roce de esa polla contra sus paredes vaginales era extraordinariamente intenso, no tardó en empezar a encadenar orgasmos mientras José no paraba de penetrarla con energía pero a un ritmo lento, le estaba poniendo cardíaco verla y oírla correrse una y otra vez. José no aguantó demasiado y tras unos cuantos orgasmos de Fabiola tuvo que salirse apresuradamente de su interior para comenzar a eyacular, ella rápidamente le agarró la polla para comenzar a pajearle frenéticamente mientras le miraba a la cara y contemplaba como se le descomponía el gesto reflejando sin ninguna duda el placer que estaba sintiendo mientras ella notaba los chorros de semen caer sobre su cuerpo.
Cuando Fabiola le hubo extraído hasta la última gota de su semilla, José se dejó caer sobre ella y se volvieron a fundir en un tierno abrazo mientras se besaban. Luego ambos se quedaron tumbados y abrazados disfrutando de la relajación de sus cuerpos. José tenía ganas de comérsela a besos pero tenía muy claro que no podía dejarse llevar por sus emociones si no quería llevarse una decepción más pronto que tarde, asumía que para ella aquello no era más que una forma de desfogarse. Fabiola ya se estaba empezando a maldecir por ser tan débil, tenía ganas de quedarse allí abrazada a José el resto de su vida, pero sabía que no podía aspirar a más que ser otra de las que él se follaba. Después de un rato de permanecer tiernamente abrazados, Fabiola pensó que tenía que cortar aquello en algún momento y explotar la burbuja de felicidad en la que se encontraba.
FABIOLA- Venga José, vámonos, seguro que las demás ya han terminado de desayunar.
José la miró sabiendo que después de eso ya nada iba a ser igual para él y con todo el dolor de su corazón se separó de ella para levantarse y vestirse. A Fabiola esa mirada se le clavó hasta el alma, era una mezcla de pena y ternura infinitas que no podía entender, pero la impulsaban a aferrarse al cuerpo de José y quedarse sintiéndolo eternamente.
JOSÉ- Vale, con el tremendo pez que has pescado tenemos más que de sobra para comer todos hoy, incluso para mañana y aún así nos va a sobrar.
FABIOLA- Nunca lo habría podido hacer sin ti.
Se volvieron a mirar mientras se colocaban las ropas y con el alma llena de nostalgia por lo que acababan de vivir, cogieron la cesta cada uno por un asa y volvieron al campamento.
Según se iban acercando empezaron a oír gritos, cuando estuvieron un poco más cerca pudieron distinguir las voces de Viviana y Elena. Fabiola no se lo podía creer, no podía despistarse ni un momento, en cuanto las dejaba solas empezaban las discusiones. El cuerpo se le había quedado completamente relajado y su mente seguía flotando, no le apetecía nada tener que ponerse a mediar entre sus amigas, pero sabía que tenía que hacerlo antes de que todo se desmadrase.
FABIOLA- A ver, calmaos un poco ¿No sabéis hablar las cosas como personas normales?
VIVIANA- Es que Elena me ha puesto de puta para arriba. Parece ser que a la señorita no le gusta que haga ruido por las noches y opina que tenemos que hacer lo que a ella le salga del coño.
ELENA- Es imposible dormir escuchando como se corre como una burra. Si quiere ser la putita de José allá ella, pero las demás no tenemos que enterarnos de cada vez que se la clava. Vamos que se podría cortar un poquito.
VIVIANA- Lo que pasa es que te mueres de envidia, pero como eres una frígida reprimida no lo quieres admitir y encima pretendes amargarnos a todas las demás.
ELENA- ¿Qué yo soy una frígida reprimida? Pues tú eres una guarra salida que solo piensa en meterse pollas por todos sus agujeros.
FABIOLA- Un poquito de calma, por lo que veo el problema es que Elena piensa que Viviana gime muy alto ¿No?
VIVIANA- Me gustaría mucho ver como gemiría ella con esa polla clavada, y lo digo en serio, seguro que en tres pollazos José le sacaba toda la bilis revenida que tiene acumulada.
ELENA- Yo no soy tan zorra como vosotras y no babeo en cuanto se le pone dura al salido este, esa polla no va a probar mi coño en la vida, así que puedes dejar de fantasear con ello.
BERTA- Cuidadito con a quien llamas zorra que igual acabas durmiendo otra vez en la playa.
FABIOLA- Y me parece a mí que a José le deberías estar más agradecida, no sé si te das cuenta de todo lo que ha hecho por ti como para que le insultes con esa ligereza.
ELENA- ¿Qué pasa? ¿A ti también te ha comido la cabeza? No te das cuenta de que solo os quiere para meteros la polla.
A José esa frase le dolió especialmente, justo en ese momento que luchaba por contener lo que estaba sintiendo por Fabiola, que le dijese que solo la quería para follársela le hacía hervir la sangre.
JOSÉ- ¿Pero tú que cojones sabes sobre lo que yo siento? No me conoces de nada y solo te he oído insultarme. Si no te gusta lo que oyes pues te haces unos tapones, pero no vengas aquí a jodernos a todos, hasta que tú llegaste teníamos un buen rollo increíble.
ELENA- Claro, como te follabas a la que te daba la gana todo iba fenomenal.
FABIOLA- Joder Elena, mira que intento ser compresiva contigo pero esto es intolerable, que nos faltes al respeto a nosotras que te conocemos de toda la vida y ya sabemos el genio que tienes, puede que lo deje pasar, pero que te metas con José después de que se haya dejado la piel para que estemos bien... Eso sí que no me lo trago.
ELENA- ¿Tú también te vas a poner de su lado? A lo mejor lo que pasa es que lo que te quieres tragar es otra cosa. No os reconozco, estáis todas fatal, seguro que se te mojan las bragas solo con que te mire las tetas con esa cara de vicioso que pone.
Isabel estaba tremendamente incómoda en mitad de aquella bronca, así que decidió poner tierra de por medio para no tener que presenciarla.
ISABEL- Bueno, yo me voy a ir a cortar unas cañas para ir avanzando algo, que veo que esto va para largo.
JOSÉ- Te acompaño que me estoy cabreando mucho y no me gusta nada ponerme así.
ELENA- Ya sabemos todas como te gusta a ti ponerte.
José la miró y decidió ignorarla, esa mujer era la cosa más irritante que había visto nunca en la vida.
FABIOLA- Yo creo que lo mejor es pasar de ella, igual si ignoramos sus gilipolleces conseguimos estar tranquilos. Pero una cosa quiero que te quede clara Elena, aquí no mandas tú y vamos a seguir con nuestras vidas tal y como estaban antes de que llegases, estábamos todas muy contentas sin ti.
ELENA- Lo que estáis es salidas perdidas, solo pensáis en que os meta la polla.
BERTA- Venga vamos a hacer los equipos, unos al bosque y otros a cortar cañas para empezar a hacer nuestros chalets individuales.
JOSÉ- Yo hoy prefiero ser del equipo de construcción.
ISABEL- Yo también, de momento no creo poder aportar mucho en el bosque.
FABIOLA- Yo creo que con tres que vayan al bosque es suficiente. Si no os importa, yo también prefiero ser del equipo de construcción, estoy un poco cansada para darme el paseo por la isla.
VIVIANA- Yo también quiero ser constructora hoy, llevo un montón de tiempo yendo todos los días al bosque.
BERTA- Venga, valeee, acepto irme al monte, yo creo que ya podemos hacerlo perfectamente sin Viviana ¿Lore, Cris os venís, no?
LORENA- Sin problema, una buena caminata va a ser lo mejor para bajar el desayuno pantagruélico que me he metido.
CRISTINA- Vale, un buen paseíto no me viene mal.
ELENA- ¿Y yo qué?
FABIOLA- Lo mejor va a ser que te quedes en el campamento recogiendo el desayuno, no tardaremos mucho en volver, a ver si así nos calmamos todas un poco.
Los dos equipos se prepararon para hacer su tarea y se fueron, Elena se quedó sola y decidió tomárselo con calma. Primero comprobó que su colchón ya estaba prácticamente seco y lo sacó a que le diera un poco el sol para que terminase de perder la humedad. Luego fue a ver como estaba la ropa que había dejado tendida, no le sorprendió que estuviese completamente empapada por la lluvia de esa noche así que no podría usarla por lo menos hasta la tarde, y finalmente recogió el desayuno con parsimonia. Tuvo tiempo de meditar al respecto de lo que le pasaba, tenía claro que las cosquillas que sentía en su vientre, casi de forma constante, eran la causa de todos sus problemas, le fastidiaba infinito sentir esa atracción por el sexo masculino y el hecho de tratar de reprimirse es lo que le estaba agriando el carácter, pero tampoco se iba a dejar arrastrar al libertinaje que tenían en ese campamento. Decidió intentar ser más comprensiva con sus amigas aunque trataría de reducir al máximo sus encuentros con José, le alteraba demasiado la forma que tenía de mirarle los pechos y además, se iba a tener que pasar el día entero sin sujetador porque seguían todos mojados.
Mientras tanto, Cristina y las primas estaban recogiendo lo que la vegetación de la isla les ofrecía, como era habitual no paraban de hablar entre ellas y al final acabaron comentando el roce con Elena.
LORENA- Yo creo que le pasa algo raro, nunca la había visto así de amargada.
BERTA- A mí me sigue pareciendo que lo que necesita es un buen pollazo que le quite la tontería, lo de llevar tantos años sin follar no puede ser bueno.
LORENA- Pues como se lo de José, a lo mejor, además de la tontería, le quita también el sentido, jajaja.
CRISTINA- Vamos a intentar no hablar de esas cosas que me hago imágenes mentales y me pongo tonta, así es difícil ser fiel.
BERTA- Lo que eres es un poquito imbécil ¿Todavía no te has convencido de mandar a la mierda a tu marido?
CRISTINA- Es una decisión muy importante y no la quiero tomar a la ligera, ya os he dicho que cuando vuelva y hable con él, decidiré.
LORENA- No entiendo qué es lo que tienes que hablar, si piensas en qué te aporta y qué es lo que te pierdes, vas a decidirte rápido.
CRISTINA- No es tan fácil, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.
BERTA- Por lo que nos has contado de bueno solo tiene un pollón, en lo demás es un asco de tío.
LORENA- Yo también lo veo así, vamos que podrías mandarle a la mierda y quedarte con el pollón de José, está claro que a él le pones mogollón ¿Tú no lo prefieres?
CRISTINA- A ver, preferirlo, lo prefiero, pero yo creo que cuando regresemos no le vamos a volver a ver, además no es solo el pollón que tiene mi marido, es la forma que tiene de poseerme.
BERTA- Pero si nos has contado mil veces que no te hace ni medio mimo, te la mete sin avisar y te usa hasta que se corre.
CRISTINA- A lo mejor es que a mí me gusta eso.
LORENA- Joder, pues dile a José que haga lo mismo, más fácil que eso imposible.
CRISTINA- ¿Cómo voy a decirle eso a José?
BERTA- No te preocupes que se lo decimos nosotras, en cuanto le vea mirándote con esa cara que pone, le digo que te la meta como si fueras una muñeca hinchable.
CRISTINA- Bufff, no le digas eso por favor, no quiero serle infiel a mi marido, y como haga eso no voy a poder resistirme.
LORENA- No seas imbécil, te lo vas a pasar genial, con lo bruto que se pone mirándote seguro que todos los días te da una buena ración de polla.
BERTA- Oye, una cosa ¿Vosotras creéis que el equipo de construcción va a hacer algo en su excursión a por las cañas?
LORENA- Con Fabiola ahí lo dudo.
CRISTINA- También está Isabel, vamos que Viviana lo va a tener muy complicado.
BERTA- Me parece que no os fijáis en los detalles, Isabel está deseando probar esa polla, no sé porque no lo ha hecho todavía y Fabiola está igual, si no se lo tira es solo porque tiene miedo a quedarse pillada por José, vamos que como empiece la fiesta se suma seguro.
LORENA- A nosotras nos vendría fenomenal que Viviana se lo tirase, así podríamos conseguir dormir esta noche con él, pero como se anime también Fabiola me parece a mí que nos quedamos todas a dos velas ¿Habéis visto como se miraban cuando han venido de pescar?
CRISTINA- Yo sí me he fijado, yo creo que José se está enamorando, a ninguna nos mira de esa manera.
BERTA- Yo también lo creo, además son la pareja perfecta, pero a ver si aguantan sin darse cuenta por lo menos hasta que nos rescaten. Como se líen antes va a ser muy difícil aguantarse sin intentar algo con José y no podría perdonarme hacerle daño a Fabiola.
LORENA- No sé hasta que punto Fabiola podría entendernos, ella también tiene que estar notando lo que pasa en esta isla, tendrá que comprender que no puede acaparar al único hombre que hay.
CRISTINA- Fabiola podrá comprender muchas cosas, pero si te follas a su novio le va a doler seguro.
Cuando los demás llegaron hasta su objetivo se afanaron cortando cañas a pesar de que cada vez hacía más calor en aquella isla. José seguía prendado con Fabiola y su maravilloso vestido blanco, pero no podía evitar mirar cada dos por tres a Isabel. El vestido que se había puesto se abotonaba por delante de arriba a abajo y se le habían soltado un buen puñado de botones tanto del escote como de la falda, estaba seguro de que en cualquier momento podría verle un pezón o quizá las bragas, aún así había decidido tratar de contenerse, pensaba que si Fabiola veía que dejaba de babear con todas sus amigas tendría alguna posibilidad de llegar a algo más con ella. Viviana se daba cuenta de que la vista de José iba de una de sus amigas a la otra sin pasar por ella y sentía herido su amor propio, era consciente de que no tenía las curvas de Isabel ni esa complicidad tan especial que había entre José y Fabiola, pero sabía que le atraía y le fastidiaba bastante haberse vuelto invisible para él.
Isabel también se había dado cuenta de que José la miraba, incluso se había percatado de que se le habían soltado más botones del vestido de los que la decencia aconsejaba llevar desabrochados, pero le gustaba que la mirase así, hacía que el cosquilleo de su estómago se intensificase e incluso se planteaba la posibilidad de jugar un poco con él, quizá esa noche cuando escuchase gemir como una loca a alguna de sus amigas podría imaginar que José estaba pensando en ella.
Fabiola vio que José miraba a Isabel y también vio que ella se daba cuenta y aún así no se abotonaba correctamente el vestido. Pensó que a su amiga le vendría fenomenal echar una cana al aire después del divorcio, estaba segura de que le sentaría estupendamente probar a José y así poder cerrar definitivamente el capítulo de su fracasado matrimonio. Además sería determinante para evitar que Elena la pudiese arrastrar a su bando para enfrentarla con José. Se sorprendió a sí misma deseando que su amiga tuviera algo con el hombre con el que a ella le gustaría empezar una relación, eso le dio mucho que pensar, le pareció que si era capaz de presenciar como se liaban sin que se le removieran las tripas, podría dejarse fluir libremente y podría parar de comerse la cabeza.
Cuando tuvieron un montón de cañas cortadas lo suficientemente grande como para dudar que pudiesen transportarlo entero entre los cuatro, decidieron que era el momento de parar y volver al campamento.
VIVIANA- ¿Os importa si descansamos un poco antes de cargarnos como mulas y volver?
FABIOLA- Para nada, yo iba a proponer lo mismo.
ISABEL- Bufff, si por favor, por lo menos hasta que deje de sudar un poco.
Mientras lo decía agarró los laterales de la falda de su vestido y los movió intentando que el aire corriese por su sudado cuerpo. José se quedó absorto viendo como con cada movimiento de sus manos hacía aparecer una pequeña parte de sus bragas durante un instante, para colmo la cosa se complicó aún más cuando otro botón se desabrochó, a partir de ahí pudo observar casi toda su zona púbica con cada movimiento. A Viviana no le pasó desapercibido el interés de José por su amiga y decidió contratacar, se sentó en una piedra con las piernas bastante abiertas e imitó el gesto de Isabel haciendo que sus pequeñas bragas fueran fácilmente visibles.
José sintió como empezaba a endurecérsele en cuanto descubrió que una pequeña mata de pelo asomaba por encima de la parte superior de la lencería de Viviana. Isabel también se sentó y dejó de mover la falda para comenzar a abanicarse con la parte del escote de su vestido, en ese momento José podía verle un buen trozo del canalillo que formaban sus generosos senos, decidió sentarse él también pero apoyó directamente el culo en el suelo, así podría tener una perspectiva extraordinaria de las bragas que llevaban sus amigas ya que se habían sentado muy descuidadamente.
Fabiola se dio cuenta de que Isabel miraba atentamente como la polla de José iba creciendo debajo de su pantalón mientras a él le faltaban ojos para mirar todo lo que se le mostraba. Pensó que era una ocasión inmejorable para forzar un poco la situación, no le parecía fácil llegar a conseguir que pasase nada entre Isabel y José pero por lo menos creía ser capaz de conseguir que se calentase más el ambiente, probablemente no sería un paso definitivo pero si lograba que los dos se fueran encendiendo, estaría yendo en la dirección correcta para sus fines.
FABIOLA- Bufff, estoy sudando por todos los poros de mi piel, no os importa si me bajo el vestido ¿No?
Isabel no se lo podía creer, parecía que en esa isla a ninguna de sus amigas le importaba lo más mínimo enseñar las tetas. A Viviana también le sorprendió muchísimo el desparpajo de Fabiola, vio como se retiraba los tirantes y dejaba caer su vestido hasta mostrar ambos pechos sin el menor atisbo de vergüenza. A continuación miro hacia el bulto de José y observó que estaba creciendo a pasos agigantados mientras él devoraba las tetas de su amiga con la mirada. Le dio una envidia tremenda ver como Fabiola estaba haciéndosela crecer y un escalofrío le recorrió el cuerpo pensando en que podrían ser sus pechos los que fuesen observados de esa manera.
VIVIANA- Puff, yo también quiero sentir la brisa en mi cuerpo.
Viviana también dejó caer los tirantes de su vestido para mostrar sus senos despreocupadamente. Fabiola levantó los brazos para que el aire acariciase toda su piel secándola. José estaba desbordado, las tetas de Viviana eran un auténtico imán para sus ojos, pero ver como se habían erguido los pechos de Fabiola a causa del movimiento de sus brazos era un espectáculo que no se podía perder.
FABIOLA- Ufff que gusto, es maravilloso sentir la brisa enfriando el sudor.
VIVIANA- Ni que lo digas, teníamos que haberlo hecho antes.
Isabel no podía apartar la mirada del tremendo bulto que se había formado en la entrepierna de José y pensó que allí debían haberse acostumbrado a enseñarle las tetas a José aunque a él se le pusiera como una estaca cuando se las veía. Le dio un poco de vergüenza pero decidió imitar a sus amigas, serían solo unos momentos de pasar cierto apuro y a cambio podría normalizar mostrar los pechos delante de José, estaba un poco hasta las narices de que sus amigas se comportasen con total naturalidad mientras ella incluso se había tenido que meter vestida en el mar, además le daba cierto morbo ver su reacción cuando las viera. Como si fuese lo más normal del mundo ella también se bajó el vestido para dejar todo su torso desnudo, inmediatamente José clavó la mirada en sus senos y ella vio como debajo del pantalón su miembro se ponía a latir sin parar.
FABIOLA- Si que estás sensible hoy, mira como se te ha puesto solo por ver unas simples tetas.
JOSÉ- Me parece a mí que llevo así de sensible desde la adolescencia.
Viviana no podía dejar de mirar como la polla de José parecía estar esforzándose con todas sus fuerzas por escapar de su prisión y se le hacía la boca agua, bueno, y más cosas también.
VIVIANA- Me parece que no deberíamos dejarle así al pobre, debe estar doliéndole.
FABIOLA- Tienes razón, tanta presión no puede ser buena. Yo creo que Isa podría echarnos una mano.
José la miró sin entender nada, él estaba tratando de evitar mirar a sus amigas lascivamente y ella incitaba a Isabel para que le pajease, le pareció un prueba inequívoca de que para ella solo era una polla con la que satisfacer las necesidades del grupo de mujeres, en ese momento las pocas esperanzas que pudiera tener de llegar a algo más con ella se desvanecieron.
A Isabel no había nada en el mundo que le apeteciese más que agarrar esa polla y hacer de todo con ella, pero no podía permitir que se le notase, así que se quedó mirándola sin saber que hacer.
Fabiola vio la indecisión de su amiga y pensó que necesitaba un estímulo un poco más fuerte para romper el hielo definitivamente. Se levantó dejando que su vestido cayese al suelo, se acercó a José, se colocó de rodillas entre sus piernas y, mientras le miraba, le bajó los pantalones hasta descubrir completamente su miembro. A él el cuerpo de esa mujer le turbaba enormemente, solo con verla dar los pocos pasos que les separaban, vestida únicamente con esas bragas impregnadas con su semen, ya deseó pasar el resto de su vida con ella.
FABIOLA- Por lo menos hay que quitarle presión que sino le va a dar algo. Venga Isa ¿De verdad no vas a ayudarnos?
Viviana comprendió perfectamente lo que estaba intentando Fabiola, ella también estaba convencida de que si lograban que Isabel probase esa polla iba a ser imposible que Elena la consiguiese arrastrar de nuevo hacia su bando. Isabel se lo pensó dos veces pero se sentía atraída sin remedio por esa tremenda polla que se alzaba orgullosa delante de ella, pensó que no iba a tener una oportunidad mejor que esa, si en algún momento quería parar, siempre le podía pasar el testigo a Viviana, así que apretó el vestido contra su cuerpo para que no se cayese definitivamente hasta el suelo y se acercó a José para ponerse de rodillas a su lado, en cuanto él vio sus pechos tan cerca y las bragas asomando entre los abiertos botones de su vestido, le volvió a palpitar la polla. Ese fue el aliciente que Isabel necesitaba para atreverse definitivamente a alargar la mano y rodear la polla de José con sus dedos mientras le miraba a la cara con cierto apuro por lo que estaba haciendo. Le impresionó mucho notar lo dura que se le había puesto y le dieron ganas de comenzar a pajearle pero no se acababa de lanzar.
VIVIANA- Venga, mueve un poco la mano que así no vamos a ningún lado.
Isabel comenzó a pajearle tímidamente y poco a poco se fue animando, mientras tanto, José no podía despegar la mirada del movimiento de sus senos, ella se dio cuenta y estiró el torso para mostrárselos orgullosa. Al ver ese gesto, él entendió que se los estaba ofreciendo, la miró a la cara y alargó despacio la mano hasta llegar a tocar ligeramente uno de sus pechos, viendo que ella no protestaba y que incluso aumentaba la velocidad de la paja, se decidió a apretarlo con ganas, su mano apenas era capaz de abarcarlo entero, era una maravilla poder gozar con su suave tacto. Isabel sintió como el miembro de José se ponía a palpitar dentro de su puño y vio como el glande se hinchaba al tiempo que cambiaba de color hasta que hacerla pensar que iba a comenzar a eyacular en cualquier momento. Se quedó con la mirada clavada en ella mientras trataba de reprimir su impulso de meterse semejante maravilla de la naturaleza en la boca. Viviana comprendió lo que estaba pasándole a su amiga por la cabeza en cuanto vio la forma en que tenía fijada la vista en el miembro de José, dejó pasar unos momentos para que la tentación fuese creciendo y después actuó.
VIVIANA- Yo creo que una polla tan agradecida se merece por lo menos una chupadita.
Sin dar tiempo a que Fabiola reaccionase, Viviana se levantó dejando caer su vestido al suelo sin darle ninguna importancia, anduvo el par de pasos que la separaban de José, se arrodilló pegada a él, al lado contrario de dónde se encontraba Isabel, y se inclinó hasta meterse la polla en la boca mientras su amiga seguía pajeándole.
José seguía un poco decepcionado con que Fabiola no tuviese ningún problema en entregarle de esa forma para que sus amigas hiciesen lo que se les antojase con él, pero por otra parte le estaba resultando increíblemente excitante poder tocar los pechos de Isabel mientras ella seguía pajeándole y Viviana le comía la polla. Para terminar de mejorar la situación, José alargó su otra mano y comenzó a sobarle también las tetas a Viviana, era una maravilla poder sentir las diferencias de tacto entre los pechos de las dos mujeres al mismo tiempo.
Isabel era consciente de cuánto estaba disfrutando José porque sentía como le palpitaba su polla en la mano mientras Viviana se la comía, además notaba la pasión que ponía en apretarle las tetas. Lo malo fue que tuvo que retirar la mano porque Viviana estaba consiguiendo metérsela lo suficiente en la boca como para que sus labios estuvieran empezando a impactar contra sus dedos. Se quedó mirando con cierta envidia como su amiga devoraba esa polla. Fabiola tenía cada vez más claro que Isabel iba a necesitar muy poco más para caer del todo en la tentación, así que después de dejar que estuviera un rato admirando como Viviana conseguía introducirse cada vez más esa polla en la boca, decidió incitarla para ver si conseguía que se desmadrase definitivamente.
FABIOLA- Bufff, Vivi, me estás dejando muy impresionada ¿No quieres enseñarme como lo haces tú, Isa?
Viviana se dio cuenta de que había perdido la consciencia de donde se encontraba y se había dejado llevar por lo mucho que le gustaba comerse esa polla, se la sacó de la boca un poco avergonzada y miró a Isabel ofreciéndosela, ella la miró y no encontró ningún motivo para contener las ganas que sentía de estrellarla contra su paladar. Se inclinó sobre ella y comenzó a metérsela en la boca despacio mientras su amiga todavía la sostenía con su mano, en cuanto Viviana notó que se iba animando la soltó y dejó que Isabel disfrutase con esa polla para ella sola. Fabiola se estaba sorprendiendo a ella misma, lejos de incomodarse viendo como sus amigas se turnaban para comérsela a José, se estaba excitando cada vez más, el hormigueo de su vientre no hacía más que aumentar mientras observaba el placer que denotaban los gestos de José y como les agarraba con desesperación las tetas, además, estar viendo en primer plano como primero Viviana y luego Isabel se esforzaban por clavarse esa tremenda polla hasta el esófago, le estaba provocando unas ganas irresistibles de probarla ella también, era una de esas cosas que se había dejado en el tintero en sus dos encuentros anteriores.
José vio como le colgaban los pechos a Isabel y luego se fijó en su tremendo culo, dibujaba una silueta de lo más atractiva, quitó la mano de sus pechos para llevarla hasta sus muslos y comenzar a subirla por debajo del vestido hasta alcanzar sus nalgas y apretarlas con fuerza. La mano que tenía ocupada masajeando las tetas de Viviana la llevó hasta los colgantes pechos de Isabel, se los volvió a agarrar mientras se dejaba caer hasta apoyar la espalda en el suelo y quedarse completamente tumbado. Poco a poco José fue acercando sus dedos a la zona de la vagina de Isabel mientras le amasaba las nalgas hasta comenzar a rozar sus labios sobre la tela de las bragas. Rápidamente se dio cuenta de la increíble cantidad de flujo que las empapaba, y como además ella no protestó lo más mínimo, sino que se aplicó todavía con más intensidad en la mamada, decidió ir siendo más atrevido. Primero le acarició el clítoris sobre la tela y luego le apartó ligeramente las bragas para poder tocarlo directamente.
A Isabel le estaban sabiendo a gloria las suaves caricias de José sobre su sexo, estaba deseando que se atreviese a meterle los dedos y poder disfrutar de una buena masturbación mientras gozaba comiéndose esa polla. Pero, de repente, la voz de Fabiola la sacó del estado en que se encontraba.
FABIOLA- Ummm ¿Me dejas probar un poco a mí?
Isabel retiró su cabeza, por mucho que desease comerse ese pedazo de miembro hasta sentir como eyaculaba en su garganta, no podía permitir que se notase lo ansiosa que estaba. Tratando de disimular cuanto le fastidiaba que la hubiese interrumpido, le ofreció la polla de José a su amiga.
La boca de Fabiola ocupó el lugar de la de Isabel, pero José no apartó su mano del sexo de esta última y continuó masturbándola cada vez más intensamente. Lo que sí tuvo que hacer es retirar la mano de los pechos de Isabel cuando ella se incorporó, pero rápidamente encontró algo productivo que hacer con ella. La estiró en la otra dirección hasta alcanzar las bragas de Viviana y la metió directamente dentro de ellas para comenzar a frotar sus labios y su clítoris. De nuevo José se encontraba en una situación que superaba sus mejores fantasías, tumbado boca arriba, con Fabiola metida entre sus piernas comiéndole la polla mientras Viviana e Isabel le flanqueaban sentadas de rodillas al tiempo que él tenia sendas manos en sus sexos, dejando que las masturbase a ambas al mismo tiempo. A Fabiola, lejos de molestarle que José estuviera tocando a sus amigas mientras ella se encargaba de chuparle la polla, la excitó sobre manera oírlas jadear. No tardó mucho en descubrir que cuanto más ahínco ponía ella en la mamada, más fuertes se hacían los ruidos que emitían sus amigas, estaba claro que José las masturbaba con más o menos intensidad dependiendo de la cantidad de placer que él recibía.
Mientras el grupo se entretenía después de haber estado cortando cañas, Elena empezó a aburrirse en el campamento. Después de que se le hubiese pasado la mala leche con la que se había despertado y el cabreo que le había producido la discusión con Viviana, había estado meditando y había comprendido que tenía la oportunidad de disfrutar de un montón de comodidades sin haber movido un dedo para conseguirlas, pensó que lo mejor sería ir a ayudar a sus compañeros con las cañas para poder aportar algo al grupo. Subió río arriba todo lo rápido que pudo hasta encontrarse en la cara una escena que la dejó petrificada, José estaba tirado en el suelo mientras Fabiola ponía todas sus energías en comerse la increíble polla que portaba. Incluso antes de darse cuenta de que tanto Viviana como Isabel estaban jadeando, sus bragas se empaparon completamente, pensó que jamás había visto una polla como esa a pesar de que la boca de Fabiola le impedía verla entera.
Unos instantes después de haberse quedado paralizada contemplando la escena se percató de que Viviana estaba moviendo mucho las caderas y comprendió que las manos de José, que veía perderse entre las piernas de sus amigas, no estaban ociosas.
VIVIANA- Ummm, José, sí, sigue, vas a hacer que me corra.
José se esforzó todo lo que pudo en darle placer a las dos mujeres con sus manos hasta hacer que el orgasmo de Viviana estallase. Le puso tanto ahínco que hizo que Isabel perdiese el equilibrio, ella tuvo que apoyar las manos en el suelo haciendo que sus pechos colgasen muy cerca de la boca de José. Él, al ver acercarse de esa forma las maravillosas tetas de Isabel, no se contuvo y lanzó sus labios para que se apoderasen del pezón que tenía más cerca.
Elena al ver como su mejor amiga se entregaba de esa manera a la lujuria se llevó una impresión tan grande que se echó un paso para atrás chocándose contra la maleza y provocando el ruido suficiente como para llamar la atención de sus compañeros, hasta Viviana, que estaba terminando su orgasmo, giró la cabeza para ver de dónde provenía ese sonido. Al ver que todas las miradas convergían en ella solo se le ocurrió lanzarse al ataque para que no pensasen que les estaba espiando.
ELENA- ¿Pero qué estáis haciendo? ¿Habéis perdido la poca decencia que os quedaba? ¡Que espectáculo tan lamentable!
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