Xtories

Marta. Mi compañera de trabajo. (Parte 3)

Despertar con la lengua de tu compañera de trabajo entre las piernas es un comienzo turbulento, pero la verdadera travesura comienza cuando ella atiende la llamada de su novio mientras te usa. ¿Podrán esconderse detrás de la fachada laboral o el deseo los delatará?

Ronald Amundsen6.7K vistas9.5· 13 votos

El sol de la mañana comenzaba a colarse por entre las lamas de la persiana mal bajada. Mis ojos se fueron, aún cerrados, fueron abriéndose lentamente acompañado de un largo bostezo. No solo el sol que rozaba mi cara había hecho que me despertara. Por debajo del nórdico, una cosquilleo agradable se colaba en mi cuerpo haciendo que se tensionara. Lo levanté mirando por debajo de él y allí vi la nuca de Marta. - Buenos días, dormilón- me comentó mientras seguía con su faena.

I - MUY buenos días,- respondí alegremente- ¿Despertarse así es lo normal o me ha tocado algún premio?

M - El premio me lo voy a llevar yo.

I - Jajajajaja. Pensaba que estabas harta de biberones.

M - ¿De dónde has deducido eso? Me encantan. - añadió mientras continuaba succionando. - Además, ya sabes que el desayuno es la comida más importante del día. Y a mí no hay quien me quite mi leche con cereales.- Me reí pensando en...

I - Pues nada, tú sigue. Es toda tuya. Gánate el desayuno.

M - Eso voy a hacer.

Marta continuó con su tarea de ganarse el desayuno de las campeonas lamiendo y succionando cada milímetro de piel de mi erecto miembro. Había que reconocer que tenía un talento natural para los placeres orales. Fui desperezándome mientras disfrutaba de aquel placentero despertar. Junté mis manos debajo de la cabeza y dejé que hiciera lo que quisiera. En ocasiones, levantaba el nórdico para verla. El cabeceo de Marta era lento, casi cariñoso, pero constante, saboreando cada centímetro de carne con devoción. Lo mismo chupaba y tragaba sin manos, dejando que mi polla jugara libremente en su boca que la agarra con firmeza acompañando su movimiento con la mano. Mano que, en ocasiones, bajaba hasta mi perineo rozándolo con las yemas de los dedos, llegando incluso a mi ano que, delicadamente, era repasado por los mismos, sintiendo además allí el roce de sus largas uñas lo que me producía una mezcla de placer, deseo y cosquillas que hacían que mi verga se estirase, más aún y con mayor dureza, firmemente clavándose en la boca de Marta, quien aprovechaba ese momento para intentar tragar todo lo posible, sacando a la vez la lengua al llegar al fondo para relamer mis agotadas bolas y dejando a su paso durante el retroceso un enorme rastro de saliva.

Marta seguía disfrutando del alocado chapoteo de mi verga en su boca cuando comenzó a sonar su teléfono. ¿Quién sería a estas horas? pensé mientras miraba el móvil. Joder, eran las doce menos cuarto. Sí que habíamos dormido.

- Es Paco- dije mientras le pasaba el aparato.

M - A saber que querrá éste ahora... ¡Buenos días, cari! ¿Qué pasa? - escuchaba de fondo la voz del novio de mi amante sin entender nada. - Espera, que no me entero porque estoy en la cocina. Voy a poner el manos libres. - Marta pulsó el botón a la vez que, apretando con rudeza mi erecto cimbrel, me guiñaba el ojo y me sacaba la lengua en un cómico gesto. Dejó el móvil en la cama, chuponeo la cabeza de mi verga y volvió a acomodarse tal y como lo había estado antes.

M - Ahora sí, dime.

P - Nada. Que a ver que pasa. Que anoche ni me escribiste al llegar y no sabía si estabas bien.

M - ¡Ay, Paco! Qué cabreos más tontos te pillas. Sí, llegué bien. Me trajo Izan, mi compi y se espero a que que me asomara por la ventana de casa para asegurarse de que estaba bien.

P - Puto Izan. Seguro que te intentó meter mano.

M - Pues claro que metió mano. Y es normal. Le gusto y ayer iba cañón. ¿O no viste las fotos?

P - Sí, claro que las vi... ¿Cómo que te metió mano?

M - ¡Ay! Que lo intentó. Ya me entiendes. El se rozaba y yo me retiraba. A veces me tiraba un beso y yo - aprovecho para tragarse mi polla hasta el fondo y succionármela entera- perdona, que casi me atraganto bebiendo café, y yo pues le dejaba con las ganas.- en este punto, en el que Marta chupaba mi larga estaca cada vez que tenía oportunidad, tuve que coger un cojín y morderlo para no hacer ruido. Entre lo morboso de la situación y que yo estaba ya a tope, no sé si iba a aguantar mucho sin que mis gemidos retumbaran por toda la habitación y, consecuentemente, los escuchara Paquito. Que a ver, a mi Paco me la sudaba tres veces, eso era una situación que tenía que arreglar Marta, pero no debía ser así, de esa manera.

P - Seguro que zorreaste con él.

M - Ya sabes que soy muy coqueta.

P - No es la respuesta que esperaba...

M - Mira cari, estoy harta de tus celos. Si esto contigo es porque te quiero ¿no? Si quisiera follarme a otro ni te enterarías. Es más, podría estar comiéndola la polla ahora mismo a Izan y tu no te darías ni cuenta - dijo mientras repasaba con su lengua mi polla desde la base hasta el glande para terminar jugueteaando con la punta de la misma en mi orificio.

P - Marta, no me toques los huevos. ¿Hay alguien contigo?

M - ¿En serio?- soltó mi verga y se puso de pie haciéndose la ofendida. La verdad es que estaba preciosa con las braguitas blancas y el babydoll a juego que se había puesto para dormir. - ¿De verdad voy a tener que enseñártelo? Pues espera, voy a mostrártelo - y, accionando el botón de la cámara comenzó a dar vueltas por la casa. Para evitar que me viese yo me coloqué justo delante de ella, moviéndome a la par. Ésta tía estaba loca perdida, desde luego.

Después de pasearnos por todo el piso, Marta volvió al dormitorio colocando el móvil en una mesa y alejándose un poco. Qué lista era la jodida. Mientras le echaba la bronca por su celosa actitud, se pavoneaba delante de él con su lencería, en una actitud absolutamente coqueta. Y claro, Paco, como buen hombre, se olvidó de todo y ha solo tenía ojos para aquel deseable cuerpo.

P - Joder, nena. ¿Y esa ropa?

M - Me la había puesto para ti. Quería invitarte a comer y darte una sorpresita, pero mira yo creo que ya mejor lo dejamos para mañana. Hoy no tengo ganas de verte. Me lo quitaré, lo guardaré y ya veré qué hago con todo esto.

P - Jeje... podías quitártelo ahora para mí.

M - Sí, claro. Encima... mira, ya hablamos luego. Chao. - Y, sin dejarle contestar, colgó la llamada.

Durante este tiempo yo me había quedado en la cocina. Marta llegó hasta mí y me dijo - ¿Por dónde íbamos? - Le señalé un cuenco con cereales que había en la mesa y le retiré la silla para que se sentara. Yo estaba también comiéndome uno que deje en la encimera.

I - Íbamos por el desayuno, que es la comida más importante del día.

M - Joder, ¿no tienen ni leche ni nada? Así a palo seco no entran. - me dijo protestando mientras hacía el amago de levantarse. Se lo impedí apoyándome en el hombro y volviendo a hacer que se sentara. Me miró extrañada. Creo que ni siquiera era consciente de mi absoluta desnudez. Le agarré del pelo con firmeza con mi mano izquierda girándola en la dirección adecuada. En ese momento si fijó por primera vez que tenía mi verga sujeta con mi mano derecha a un palmo de si cara. - Pero...- comenzó a decir.

- Pero nada. - Y emboque mi falo entre aquellos voluptuosos labios, introduciéndosela apenas unos centímetros y siendo acogida por la calidez de su boca. Sin soltarle el pelo y manteniendo su cabeza firme, comencé a bombear levemente su garganta, disfrutando del roce de mi glande, mi prepucio y todo el resto de mi estirado miembro con su cavidad, su lengua, su dulce y húmedo paladar... No aguanté. Apenas un minuto después y tras varios golpes duros de cadera, separé mi miembro de la boca de Marta y, cogiendo su bol de cereales, dirigí mi descapullado rabo hasta él, explotando en multitud de chorros que impregnaron de leche el desayuno. Marta me miraba entre desconcertada y excitada y, lanzándose a por esta a la relamió con dedicación hasta dejarla limpia y brillante.

Cuando terminó, se acercó el bol, cogió su cuchara y comenzó a comer con avidez, relamiéndose con cada cucharada que se lleva a la boca.

P - Deberías hablar con Paco, - dije estando aún de pie junto a ella- no creo que se merezca ésto. No está bien.

M - No esta bien, dijo el tipo que me acaba de follar la boca y que me está dando de desayunar cereales con lefa. - contestó mientras se llevaba otra cucharada de cereales mezclados fon mi leche a la boca. No pude evitarlo y, agachándome, cogí de la barbilla a Marta levantando su cata levemente y la besé profundamente. Ella sonrió. Simplemente sonrió y siguió comiendo mientras yo cogía mi desayuno para terminarlo mientras me apoyaba en la encimera.

Terminamos de desayunar en un silencio solamente roto por el crujir de los cereales. De vez en cuando, nos mirábamos y sonreíamos con complicidad. No sabíamos a dónde nos llevaría esto, pero era el inicio de algo.

Dado que Marta había decidido pasar ese día de su novio me preguntó si me apetecía hacer algo con ella.

I - ¿Me estás pidiendo una cita?

M - ¿Qué fue lo de anoche?

I - Una cena de empresa.

M - Una cena de empresa y sexo.

I - Entonces estamos de acuerdo. No fue una cita.

M - ¿Entonces, para ti, ir a casa de una chica, clavársela sin piedad en el culo y correrte en su cara no es una cita?

I - No. En absoluto. - respondí fríamente.

M - ¿...?

Me acerqué sonriendo y, susurrándole al oído mientras pasaba mi mano por su cintura le dije - Solo es una cita si por la mañana le preparo el desayuno.

M - JAJAJAJAJA qué idiota eres- increpó mientras se reía a carcajada limpia intentando zafarse de mí aunque al tenerla firmemente sujeta por la cintura, fue inútil su, por otra parte, poco convincente intento. La acerqué más aún a mí y volví a besarla. Me estaba convirtiendo en un adicto a sus besos. - ¿Y si te dijera que sí, que es una cita?.

- Pues primero tendría que llevarte a algún lugar romántico. Luego podría llevarte a un restaurante en el que pudiéramos comer bien pero que fuera discreto para estar tranquilos. Y por la tarde recorreríamos la costa tranquilamente en el descapotable hasta el atardecer, en el que te invitaría a que nos sentáramos en la playa mientras se hace de noche. Luego, cansados pero sonrientes, te volvería a traer a tu casa en dónde, por supuesto, esperaría a que me invitaras a subir para poder tumbarte en la cama y poder hacerte el amor delicadamente.

M -... JAJAJAJAJAJAJAJAJA ¿HACER EL AMOR? JAJAJAJAJAAJ ¿TÚ? ¿EL AMOR? ¿DELICADAMENTE? JAJAJAJAJAJAJAJAJA

I - Pues claro- añadí intentando poner un poco convincente tono de seriedad.

M - Mira, y una mierda. - espetó abrazándome fuertemente por el cuello y enfrentando su cara a la mía - A mí, si quieres, me puedes llevar... bueno, a mí no me lleva nadie. Podemos hacer juntos todos esos planes absurdos y ñoños que se te acaban de ocurrir, pero cuando te saques ese pedazo de carne para utilizarlo, a mí me follas como a una perra en celo. Como si fuese tu puta particular. Me follas usándome como te parezca. Pero el amor se lo haces a otra, campeón. - Me lancé hacia ella con fiereza comiéndola entera con ansiedad separándonos segundos después para tomar aire.

I - Bueno, ya en serio. Si vamos a pasar el día yo necesito tres cosas.

M - Dime - contestó sin soltarse.

I - La primera descansar. Que me duele todo de la paliza que me has metido.

M - Más me duele a mí el culo de que me clavaras esta estaca sin piedad y no me he quejado, guapo.

I - Vale, pues prometo dejar descasar tu culo si tu dejas descansar a esta.

M - Trato hecho. - respondió gracílmente alargando la mano como si cerrásemos un negocio en la empresa - ¿Segundo?

I - Lo segundo es que necesitaría ir a mi casa. Para ducharme y arreglarme y ponerme otra ropa.

M - Sí, que hueles zorruno.

I - De zorras vas a venirme a hablar tú...

M - Jajajaja ¿Y tercero?

I - Y tercero... - dije acercándome a ella y colando mi mano por debajo del babydoll hasta agarrar fuertemente su culo- que guardes esta ropita para esta noche, que nos lo vamos a pasar bien- y repasé con mi mano izquierda todo su cuerpo por encima de aquella erótica prenda desde los senos hasta la cintura.

Marta, sonriendo pícaramente, se separó de mí y acercándose al armario dijo que le parecía un buen plan. Convinimos que yo me marchara a casa y que, cuando ella terminase, me recogería en la mía para así ganar tiempo. Me despedí con un dulce beso en los labios y salí de su piso, no sin antes decirle que me llevaba el mando del garaje para poder sacar el coche.

Llegué a casa y me dispuse a preparar el día. Antes de nada, llamé a un amigo, propietario de un conocido restaurante con una estrella Michelin que estaba a un centenar de kilómetros con unas vistas increíbles a una paradisíaca playa. Solucionada la comida pensé en lo que le había dicho de ver el atardecer. Llamé a mi amigo Tony. Tony trabajaba de camarero desde hacía años en una especie de chiringuito-discoteca de ambiente cubano en una playa de Rota. Lo mejor que tenía eran unos reservados qie normalmente solían ocupar gente del famoseo de la zona, pero siempre que podía me hacía un hueco. - No hay problema, ven a la hora que quieras. - Sabía que me iba a costar una buena propina y, seguramente, me pediría que le presentase a algunas compañeras del trabajo. Cero problemas. Finiquitado esto me metí en la ducha y me pasé un buen rato enjabonándome y disfrutando de sentir el agua resbalar por mi piel.

Justo cuando salía sonó el portero electrónico. Era Marta. Le dije que subiera que me quedaba un rato y le dejé la puerta abierta mientras me vestía. Entró y me vio como estaba...

M - ¿Todavía estás así? Eres peor que una mujer. - La miré y venía guapísima, con unos ajustadísimos vaqueros, una camiseta roja por dentro de los mismos y unas botas con tacón no excesivamente alto.

I - He tenido que arreglar unas cosas primero.

M - ¿Qué cosas?

I - Cosas.

M - ¿Cosas más importantes que yo?- la miré inquisitivamente y, sin contestarle, me puse la camisa que había escogido y empecé a abotonarla.- Esa camisa no. - dijo altivamente y, metiéndose en el vestidor, sacó una camisa azul con lunaritos blancos que hacía tiempo que no usaba y una chaqueta gris. - Ésto.

Y, obedeciendo fielmente a mi acompañante me puse lo que había seleccionado para mí.

I- Estoy guapo. - dije mirándome al espejo mientras me perfumaba.

M - Pues claro que estás guapo. Anda que no he babeado yo pocas veces cuando te veía así, pero como eres idiota dejaste de ponerte esta ropa para ir con camisetas. Que sigues siendo tú pero no es igual.

I - ¿Te ponías guarra conmigo? jajajaja

M - No, te rozaba el culo por aburrimiento, no te jode.

I - JAJAJAJAJAJA

M - Anda, que eres tonto, ¿estás listo?

I - Listo.

M - Pues vámonos. ¡La aventura nos espera!

I - Jajajajajaj

Salimos de casa y al llegar al garaje Marta hizo el ademán de montarse en mi coche. En mi coche habitual. Pasé de largo por delante de ella y me monté en el que estaba aparcado al lado.

M - ¿Y ésto?

I - Mi coche de los findes.

M - Te ha llegado la crisis de los cuarenta diez años antes.

Nos montamos, quité la capota y salimos en dirección a la carretera de la costa circulando lentamente para disfrutar del paisaje y, a ratos, acelerando fuerte para sentir el aire golpeándonos en el rostro. Estábamos disfruta y las risas, las miradas cómplices y las caricias eran continuas. En uno de los tramos que íbamos más despacio me soltó sin remilgos - No te vistas así para ir al trabajo.- La miré con cara interrogante y añadió- No quiero que ninguna de las zorras de la empresa te folle.

- Marta, no somos pareja.

- Ni quiero. Pero en la empresa tu polla es mía. Si después quieres irte por ahí y zumbarte a todas las golfas que te encuentres por mí genial. Pero en la empresa, ésta es mía.

No pude más que reírme sonoramente. Cogí la siguiente salida y tomamos una carretera que ascendía rápidamente por el monte hasta llegar a una curva con un amplio espacio para aparcar, y que tenía unas increíbles vistas al acantilado y a la mar. Era un lugar tranquilo al que solía ir cuando necesitaba pensar. Aparqué de frente al mar y nos quedamos un rato disfrutando de las vistas y del silencio, apenas roto de vez en cuando al pasar algún coche.

M - ¿Conocías el sitio?

I - Sí. Suelo venir a menudo.

M - Es tranquilo.

I - Por la carretera ya no pasa casi nadie. La mayoría va por la autovía o la carretera de la costa, con lo que ésta solo la usan los vecinos de los dos pueblos que une para ir de uno a otro.

Marta tomó aire varias veces, exhalando pausadamente. Tenía la mirada perdida en el horizonte. Me miró y, agarrándome de las mejilla, volvió mi cara hacia ella para besarme dulce, pero apasionadamente. Era una realidad que cada vez que nos tocábamos saltaban chispas y, al volver a cruzarse nuestros labios en el camino, sucedió esto mismo. Mi brazo pasó por detrás de su cuello mientras mi otra mano se deslizaba por su cintura y la atraía levemente hacia mí. Marta pasó su brazo por mi cuello e, irguiéndose, colocó su rodilla en mi asiento pasando hábilmente por encima de la palanca del cambio para acabar sentada a horcajadas encima de mí continuando besándome como si le fuera la vida en ello. Mis manos se dirigieron a aquel magnífico culito que rellenaba admirablemente los vaqueros push-up que llevaba. Los movimientos de Marta sobre mí hicieron efecto de inmediato y una erección más que considerable luchaba por encontrar algún espacio por el que expandirse. - Estás desatada como una veinteañera ¿eh? No sabía que te gustaban tanto los coches, jejeje-

M - Por tu culpa. Llevas tantos años poniéndome tan cachonda que ya me da igual todo. Y, además, ¿qué pasa? ¿Es que no puede gustarle a una hacer cosas en un coche?

I - Sí, por supuesto. Pero suele ser más habitual que lo haga uno cuando no tiene donde follar.

M - Pues yo estoy deseando follar en este coche. - me susurró mientras me relamía la oreja- Y en tu otro coche. Y en mi coche. Y en la oficina. Y en los servicios de la oficina. En tu despacho. En el mío. En la sala de Juntas. Y en todos los lugares en los que te apetezca darme fuerte con este pedazo de rabo que va a romperte los pantalones... - e introdujo su mano groseramente dentro mis pantalones alcanzando a tocar mínimamente mi dilatado capullo.

I - Es hora de comer.

M - ¿Quieres otra mamada? ¿En serio? - dijo apartándose de mí mientras se llevaba un dedo a la boca y lo mordía lascivamente.

I - Por partes. Me refiero a que es hora de almorzar, que tenemos reserva para las dos. Y segundo, yo siempre tengo ganas de una buena mamada.

Marta rió abruptamente mientras me descabalgaba y se sentaba en su asiento. - ¡Vamos!¡ Dale caña a este trasto! ¡YUHU!

Salí de allí derrapando y bajamos conduciendo casi peligrosamente, algo que parecía estaba poniendo más a tono aún a Marta que cuando me montaba. Circulamos hasta el restaurante donde había hecho la reserva. El sitio era increíble. Un local totalmente nuevo y moderno con sus paredes acristaladas y unas impresionantes vistas al océano. Marta flipó no solo con el lugar, sino también con la comida. Todos los platos que probamos eran una delicatessen y el vino acompañaba perfectamente. La cuenta me iba a salir por un ojo de la cara, pero merecía la pena. Y creo que, aunque no era el objetivo en realidad, Marta me lo iba a compensar con creces.

Después de tomar una copa tras el almuerzo le dije que nos estaban esperando en otro lugar. Me miró extrañada y, sin darle más información, le cogí de la mano y la acompañé hasta el coche abriéndole la puerta para que se subiera. - Anda, ¿a ésto es a lo que se refieren con lo de señorita en la calle y puta en la cama? jajajaja-

I - En la cama. En el coche. En la oficina. En mi despacho... - ¡PLAF! Marta me dio un tortazo en el hombro riéndose.

M - ¡Qué tonto eres!

I - ¡EH! Que la propuesta era tuya.

M - Anda, tira. A ver que me has preparado.

De nuevo nos pusimos en la carretera de camino al local de mi amigo. Al llegar me acerqué a la barra y pregunté por mi amigo que salió a saludarme. Nos llevo hasta una de las zonas reservadas de la playa, orientada hacia poniente. La puesta de sol estaba cerca. Nos trajeron un par de copas con unos cócteles especiales de los que hacían y nos sentamos en unos cómodos sillones fabricados con palets. El atardecer era espectacular y tuvimos suerte de que, a pesar de ser invierno, la temperatura era más que agradable. Nos manteníamos abrazados viendo anochecer, besándonos y perdiéndonos en eternas miradas.

M - ¿Y aquí no entra nadie para ver si queremos algo?

I - No. Por eso hemos venido. Solo cuando pulsas ese botón.

M - ¿En serio?

I - Sí. Y más estando Tony. No nos molestarán. ¿Por qué?

M - Porque entonces estamos perdiendo el tiempo. Y yo no aguanto más.

Marta se abalanzó sobre mí empujándome sobre el respaldo del sillón y volviendo a sentarse encima de mí. Sin muchos preámbulos sus manos se dirigieron a mis pantalones desenfundando mi prominente verga. - Joder, qué ganas tenía. Llevas todo el día poniéndome cachonda perdida-.

I - Cualquiera diría que no te has quedado satisfecha entre anoche y esta mañana.

M - Es que yo soy una mujer muy difícil de satisfacer ¿sabes?- Y, dándome la espalda, se desabrochó los pantalones bajándoselos hasta los tobillos mientras me deleitaba con la perfecta visión de sus glúteos enmarcados en un pequeñísimo tanga rojo. Se agachó en esa misma postura, se retiró el tanga y, agarrando firmemente mi falo, se lo clavó suavemente. Aún lubricada, al tener las piernas tan cerradas, costó que entrara hasta el fondo varias sentadas. Allí, ensartada como una brocheta, se queda sentada encima mía viendo como definitivamente se terminaba de poner el sol. La oscuridad había tomado definitivamente la playa y unas pequeñas lámparas se encendieron automáticamente proporcionando una tenue y calidad iluminación a nuestra estancia. Fue entonces cuando Marta comenzó a cabalgarme, primero lentamente, y más tarde con mucho más brío. Su mano se apoyaba en mi muslo para coger impulso y que las penetraciones fueran largas, mientras que la otra la había llevado a su boca intentando ahogar sus gemidos. Yo, por mi parte, estaba asido de sus caderas y, al estar reclinado hacia atrás, veía la secuencia de imágenes que se sucedían delante de mí. Los gestos de Marta. Sus movimiento verticales y circulares. Su vano intento por ahogar sus guturales sonidos. Y su culo. Su portentoso culo adornado por aquel gracioso tatuaje que atrapaba mi polla en medio. Pero Marta quería más. Necesitaba explotar. Y así llevando sus manos a mis rodillas, se inclinó hacia delante provocando unas más profundas y sugerentes penetraciones, amén de que elevo el ritmo bastante. Sus jadeos, constantes y airosos, no podían estar pasando desapercibidos. Ni los míos. No íbamos aguantar mucho más, era imposible y, pocos segundos después comencé a expulsar lo poco que ya podría tener dentro de mí llenando parcialmente el paradisíaco edén que cobijaba mi enarbolado falo. Marta se vino en mí de igual manera, como si el oleaje de la mar hubiese tomado posesión de su cuerpo y las olas, ahora dentro de ella, rompieran en una interminable cascada contra mi viril miembro.

Nos quedamos así unos minutos, disfrutando del placer mutuo del contacto de nuestros compartidos órganos sexuales e intentando recuperar la respiración. Cuando pudo recuperar el control de su cuerpo se volteó sin separarse de mí y, acariciándome la cara con su ensortijada mano, me beso profundamente buscando rozar todo mi paladar, mi lengua, mis dientes y, me atrevería a decir, todo mi ser. Tras esto se separó de mi sin dejar de mirarme. No hubo palabras. No hacían falta. Me levanté, la abracé y la besé tímidamente como cuando besas por primera vez a un amor de juventud. Y fue recíproco.

Le agarré de la mano y salimos del privado. Le pagué a Tony, quién me guiñó un ojo al cobrarme, y salimos del local abrazados como dos enamorados.

Llegamos a su casa casi una hora después.

M - Te marchas a casa ¿no?

I - Necesitaría descansar- dije sonriendo y con cara de agotado.

M - Y yo. Y mañana también. Y tendría que hablar con Paco.

I - Estaría bien.

M - ¿Nos vemos el lunes en el trabajo entonces?

I - Nos vemos el lunes.

Y, juntando nuestras cabezas, volvimos a besarnos tiernamente. Salió del coche.

Yo me quedé allí esperando a que entrase en su portal, degustando visualmente el vaivén de sus caderas en el lento caminar hacia el mismo. La visión era absolutamente sugerente. Llegó a la puerta, entró y, sin llegar a cerrarse, giró sobre sí misma y se despidió de mí lanzándome un beso con la mano. Seguí esperando hasta que, un par de minutos después, recibí un mensaje.

"No hacía falta que lo hicieras, pero gracias por esperar a que llegase a casa. El lunes nos vemos. Muac."

Me quedé mirando el mensaje un buen rato sonriendo. Llevaba años soñando con Marta y me había dado uno de los mejores días de mi vida. El lunes la volvería a ver. Pero sería diferente. Muy diferente.