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Años 70: Estudiando en la Universidad 2

Para Miren, el sexo es una herramienta de estudio, no un romance. Pero cuando el hermano de su 'compañero de estudios' aparece en la ecuación, la eficiencia se rompe y el deseo toma el control. ¿Podrán los tres mantener el equilibrio sin que la pasión destruya el acuerdo?

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Miren, Mirentcho o Miren Necane, como la llamaban en casa, seguía mirando por la ventana recordando ese primer rollo en Peñalara, y como descubrió que una relación con Carlos podría ser beneficiosa para ambos.

Recordó que después del manoseo con corrida mutua en Peñalara, ella estuvo pensando durante la semana, y captó claramente que una relación con Carlos podía ser beneficiosa para los dos. Ambos tenían que estudiar mucho y no podían perder mucho tiempo saliendo a ligar o asistiendo a guateques. Por otro lado, si ella se echara un novio, o él una novia, que dispusieran de mucho tiempo libre, terminarían saliendo más de lo debido en detrimento de sus resultados escolares. Como tampoco era urgente ni importante encontrar el amor de su vida, un compañero de estudios con derechos especiales era la mejor solución. Carlos estaba bien físicamente, no estaba quedado con él, pero su cuerpo era atractivo.

Recordaba que empezaron esa relación a mediados del último curso de sexto de bachillerato, y enrollándose y estudiando juntos consiguieron sacar muy buenas notas en la reválida de sexto. Luego siguieron durante todo el preuniversitario, porque era importante aprobarlo con buena nota y luego también sacaron el examen de estado para acceder a Caminos. Llevaban casi dos años acostándose juntos, que ellos llamaban echar un kiki y estudiando a la vez. Formaban un buen equipo, aunque ella seguía sin estar quedada con él.

Miren seguía mirando por la ventana recordando esos dos años de relación, cuando Carlos la interrumpió, porque había acabado su primera lámina.

- Ya la he acabado. No ha quedado tan bien como la tuya. No termino de dominar los tiralíneas y me cuesta que las líneas salgan todas igual de anchas. Unas veces salen gordas y otras delgadas. He tenido que raspar dos líneas enteras, pero luego ya no salen igual, porque el papel ya no está tan liso. Bueno, servirá. ¿Vamos a por la segunda lámina?

- No, Carlos, yo quiero ir a por otra cosa. – le dijo, mientras le pasaba la mano por el pantalón.

- Vamos, ¿veo que quieres un kiki? Sin problema, aunque hoy no tocaba. Esta semana serán cuatro – utilizando el término que ellos utilizaban

- Si, vamos.

Al ser una relación muy dirigida a la consecución del máximo placer con el máximo ahorro de tiempo, era importante la productividad de los procesos, y con la deformación de ser futuros ingenieros, la relación entre ambos estaba muy bien definida. Se habían dicho el uno a otro qué cosas les agradaban más, dónde tocar más y dónde tocar menos, qué posturas eran las más placenteras y el ritmo y duración más eficaces.

Así, el proceso de un kiki entre ellos estaba muy estructurado: un calentamiento mutuo con besos con lengua y tocándose los puntos clave, tetas, pezones, jugar con el culito, meterle algún dedo en él, sobarle los labios vaginales y meterla otro dedo dentro de la vagina y jugar dentro, etc., hasta que Miren estaba muy mojada y empezaba a gemir, luego ella se subía sobre él y se movía al ritmo que ella quisiese, ordeñando con sus músculos vaginales la polla de Carlos. Mientras, Carlos le tocaba el clítoris con una mano y le sobaba el pecho con la otra, tirándole y pellizcándole los pezones, con leves incursiones en el culo y aguantando siempre hasta que Miren se empezara a correr, para que, cuando esta estuviera acabando, Carlos se corriera, le llenara de esperma y ella notase como le entraba la leche hasta el fondo y prolongase su orgasmo. Miren seguía luego dándole un poco más para satisfacción de Carlos y luego se relajaban. Y punto. Relajados sexualmente. Como una masturbación, pero a dos y mucho más placentera. Luego, a estudiar de nuevo.

Un kiki solía durar unos veinte minutos. Ella había empezado a tomar anticonceptivos para no tener otras preocupaciones y poder realizar el proceso en cualquier momento. Follaban unas tres veces a la semana, lo que suponía una pérdida de una hora a la semana, mucho menos de lo que utilizaban sus amigos solo en el trayecto en ir desde su casa a la calle Serrano a ligar. Además, los kikis eran muy agradables, con unas corridas realmente placenteras, a veces hasta espectaculares, por lo afinados que tenían los procesos. Habían probado otras alternativas, como, por ejemplo, intentar dos orgasmos de ella o de él, pero el tiempo medio entre corridas de ella era superior al placer conseguido, al igual que el tiempo de recuperación de él. Era más practico tener más kikis, que kikis más largos.

Luego existía la versión B del kiki, que era un 69. Conocían perfectamente el cuerpo del otro, y lo hacían muy bien, llegando a correrse a la vez, tragándose Miren todo el semen y Carlos lo que ella echara. El 69 lo hacían tres o cuatro veces al mes. Duraban menos y les gustaba menos que el kiki, pero también era muy agradable.

Cuando Miren hablaba con sus amigas, y estas le contaban las historias de lo tíos que se ligaban y los polvos que echaban, unos buenos y otros malos, ella simplemente les decía que no tenía tiempo para esas chorradas y que ella solo había estado con un tío, pero que tenía seguras tres corridas de puta madre a la semana, pudiendo aumentar o disminuir su número como quisiese. Por el otro lado, cuando Carlos contaba a sus amigos que él follaba tres veces a la semana, como mínimo, los amigos se quedaban con la boca abierta.

El kiki de hoy estaba resultando exactamente igual que lo anteriores, pero en un momento dado, moviéndose Miren, comprimiendo los músculos vaginales al sacarla para arrastrar los labios a lo largo del pene y luego relajar los músculos para dejarse caer y que le entrara de golpe hasta el fondo, un pensamiento nuevo se cruzó por su mente. Se imaginó estar cabalgando sobre la polla de Fernando, el hermano de Carlos, al que acababa de pillar masturbandose, y no sobre la de Carlos. Eso la desconcentró un segundo, para luego excitarla más y adelantar e incrementar el orgasmo. Llegó más fuerte y con más gemidos.

- ¿Qué te pasa hoy?, Miren, has estado más activa y te has corrido más. ¿Venias más salida? ¿Quieres cuatro a la semana? Por mí, encantado.

- No Carlos, es otra cosa. No le des importancia.

Terminaron la segunda lámina, repasaron los apuntes de Cálculo y se fue a casa.

Esa noche, después de muchos meses, se masturbó otra vez, pensando en la polla de Fernando.

Al día siguiente volvió a clase. Cuando entro en el aula, volvía a estar abarrotada. Carlos, desde la segunda fila, le hizo señas. Miren se adelantó y se sentó junto a él.

- ¿A qué hora has venido?

- A las siete y cuarto

- ¿Y estamos en la segunda fila?

- Si. Le he preguntado a ese chico de la primera fila y me ha dicho que él llega a las 7, y como tiene coche, luego se sube a Moncloa a desayunar y vuelve.

- Que fuerte

- Bueno, pero como me trae el chofer que llega a casa a las siete no hay problema. Si no, tiene que estar abajo en el coche esperando. ¿Por qué no te paso a buscar por tu casa por la mañana? Nos pilla de paso.

- Puede ser. Ya veremos.

- Te veo ojeras. ¿has dormido mal? No te quedaste bien – le preguntó Carlos.

- Si. El ése, estuvo bien – dijo Miren, sin decir la palabra clave, porque había gente delante – No he dormido bien.

- Definitivamente, algo te pasa. Ayer fuiste otra. – comentó Carlos

Llegó el profesor de Química y estuvieron viendo enlaces. Luego Dibujo, donde entregaron las láminas y les encargaron otras y para terminar Algebra, con los putos grupos y subgrupos abelianos. Al terminar se fueron de nuevo al bar, repitiéndose el proceso del día anterior.

- Dos cañas y dos pinchos de tortilla, por favor

- Marchando. ¿Con mayonesa? - preguntó el camarero

- No, solos.

- Seis pesetas - dijo el camarero.

Un compañero le preguntó a Carlos si esa era su novia. Él dijo que no, y el chico le dijo que entonces trataría de ligársela. El chico se acercó a Miren y se presentó. Mientras esperaba en la barra que le dieran los pinchos de tortilla, vio a Miren riéndose con el chico, y aunque follaban tres o cuatro veces a la semana, Carlos no dejó de sentirse un poco celoso.

Al llegar a la mesa se lo presentó.

- Carlos, este es Rafa. Está en segundo. Me estaba contando lo que nos espera, en especial con el de Resistencia de Materiales, un tal Fulgencio que les trae de cabeza.

- Encantado Rafa – dijo Carlos

- ¿Y cómo te dio por estudiar Caminos? – le preguntó Rafa a Miren

- No sé, siempre me ha llamado la atención el tema de las conducciones de agua y la construcción de puentes. La gente piensa que sólo hacen carreteras y están equivocados.

- Pero es raro. ¿Tienes novio? – preguntó Rafa

- Si, contestó Miren – sin especificar nada. Carlos la miró extrañado.

- Pues que suerte tiene, una chica tan guapa y de Caminos – dijo Rafa.

Rafa se fue algo contrariado. Carlos le preguntó.

- Miren, ¿cómo qué tienes novio?

- Tonto, es para quitármelo de encima. No tengo novio ni falta que me hace, teniéndote a ti para todo. Servicio completo.

Miren se puso a comer el pincho de tortilla y por su mente volvió a pasar la imagen del pene de Fernando. Esto ya pasaba de castaño oscuro. Tenía que analizar que le estaba pasando. Sexualmente estaba satisfecha. No tenía sentido que le atrajera otra cosa y menos que tuviese importancia el tamaño, porque la de Carlos era ligeramente más pequeña y perfectamente funcional.

Por la tarde estuvo haciendo las nuevas laminas, estudiando el examen de errores de Física y aprendiéndose un par de columnas de la tabla periódica y sus valencias. Luego se tumbó en la cama mirando el techo y se puso a hablar consigo misma:

- A ver Miren, no puede ser que estes salida. Segundo, el pene de Fernando es grande, vale, pero no es especial, por lo que tampoco puede ser. ¿Qué me pasa?…. Espero que no sea que mi cuerpo me pide nuevas emociones. La verdad es que todo está tan mecanizado, que lo mismo que meo, follo, no tengo ni que pensar, me bajo las bragas y zas. Pero claro, no hay emoción, solo placer. ¿Necesitaré un revolcón, aunque sea un mal polvo y sentir que otras manos me sobetean? Ya pasó con Rodolfo y no funcionó. De momento, me apetece hacerme un dedo. Esto empieza a ser preocupante.

Mientras se tocaba metiendo la mano por dentro de la braga, su mente voló al primer polvo con Carlos.

A la semana de volver de Peñalara quedaron para estudiar en casa de Carlos. Al acabar, Miren le habló.

- Carlos, lo del otro día ha estado bien, y me ha abierto los ojos sobre una solución bastante práctica a un posible problema que vamos a tener. A ti te gustan las tías, y vas a pasar un montón de tiempo intentando ligar con niñas, y, siento decirlo, con lo pardillo que pareces, te va a costar tiempo y esfuerzo. A mí, por otro lado, me encantan los tíos y me gusta el sexo, pero no estoy por la labor de esperar a que me entren tíos e ir seleccionando a base de prueba y error. Tenemos que estudiar un montón y en eso gastaríamos tiempo, esfuerzos y recursos en detrimento de nuestros resultados académicos. Si nos enrollamos entre nosotros, podemos ahorrar esos recursos.

- Miren, ¿estás ensayando una tesis? Porque si pretendes que con este discurso me empalme y echemos un polvo, no lo veo claro.

- Perdona Carlos, he querido quitar la parte erótica y creo que me he pasado. Vamos, que quiero que nos enrollemos y nos lo pasemos de puta madre, echemos unos polvos gloriosos y nos quedemos relajaditos para poder estudiar bien.

- Bueno, así ya se me ha puesto algo dura, aunque no suficiente. – dijo Carlos, sonriendo

- Pues veamos así. – dijo Miren, sacándose la camiseta y desabrochándose y quitándose el sujetador, Luego se desabrochó la falda, dejándola caer. Al final, se bajó la braga, y poniéndose de espaldas se agachó y le enseño todo el coño. – Mejor así.

- Me dejas de piedra

- Eso espero, sobre todo si es una parte especial de ti. Por cierto, aun no tomo nada, o sea que no te corras dentro. Te hare una mamada que vas a flipar. – dijo Miren, y ella misma se sorprendió al oírse.

Carlos se quitó la ropa y en efecto ya la tenía como si fuese de piedra. Miren se acercó la rodeó con sus dedos y se la movió un poco. Luego se agachó y se la metió en la boca. Ella notaba que se había mojado mucho, su cuerpo le pedía algo más.

- Carlos, soy virgen, como tú, aunque no creo que sea necesario terminar una ingeniería para hacerlo. Podemos ir probando, pero necesitamos ser sinceros y perder la vergüenza. Si algo te gusta, me lo dices. Si es al revés, también. Yo te lo diré también. Lo que tú tienes aquí se ve fácilmente, la polla y la punta.

- ¿Le puedes quitar un poco de dureza a la forma de hablar? – le dijo Carlos.

- Vale. Pero estoy convencida de que a ti nadie te ha explicado cómo es un coño, ven, mira – dijo y se tumbó en la cama, levantó las piernas y las abrió, y tal como le había explicado un año antes su prima Chus, ella le explicó a Carlos todo su sexo – bueno, ahora me vas a chupar esta parte, el clítoris, y luego juegas con estos labios y me metes la lengua dentro de la vagina y juegas con la lengua dentro de ella. Luego me tienes que meter dos dedos dentro, con la mano hacia arriba, tocándome la parte de arriba de la vagina y con la otra mano, juegas con mi culito, tocándome todo alrededor y, de vez en cuando, me metes un poco la puntita del dedo. Si todo va bien, no te asustes, porque cuando me corra, te voy a poner perdido de babas.

Carlos siguió las instrucciones y le encantó el sabor y olor del sexo de Miren, empalmándose aún más. Estuvo jugando bastante con los labios vaginales y ella estuvo respirando fuerte, pasando luego a gemir. Luego, cuando empezó a meterle los dedos, acompaso los gemidos con el movimiento de sus dedos, dándole instrucciones de más deprisa, más despacio, a la derecha, más dentro, aprieta hacia arriba, saca el dedo del culo y mójalo en la vagina, sigue, dale, etc. Al cabo de un rato ella notó que pasaba por su punto G y así se lo indicó

- Ahí Carlos, acuérdate donde estas y tócame mucho ahí, no te vayas a otro sitio, sigue dándome ahí.

Menos de un minuto después, Miren se corría como loca, sintiendo de nuevo esa sensación de hacer pis que, esta vez, no reprimió y se corrió soltando mucho flujo, y un par de chorros de líquido por la uretra que le cayeron a Carlos en la cara, con grandes gemidos, temblores y sintiendo un inmenso placer.

- Carlos, con uno de estos de vez en cuando, me quedo en la gloria. Chico, límpiate y cierra la boca que te has quedado pasmado.

- Es que ha sido muy fuerte. Nunca imaginé que llegarais así

- Y no llegamos, pero con unas instrucciones, me has tocado casi como lo hubiese hecho yo, si me pudiese hacer lo que tú me has hecho, pero no me llego con la lengua. Lo de los dedos ya me lo había hecho yo sola, pero que te lo hagan bien es la leche.

- Me alegro

- Venga ahora tú, túmbate que te la chupo. Empiezo a hacer cosas y tú me dices que te gusta más.

Miren tomo el pene en su mano, y le empezó a pasar la lengua por el glande, luego a pasarle la lengua arrastrando por el cuerpo, juguetear con la lengua por la parte del frenillo, chupar el glande con los labios, metérsela y rozar con los labios por todo el cuerpo y la punta, morderla, chuparle los huevos y metérselos en la boca, masajearle los huevos, masajearle el culo con un dedo, meterle un dedo en el culo, y así algunas cosas más. Al final, diciendo esto si y esto menos, Carlos logro pegarse una corrida de campeonato, llenándole a Miran la boca de esperma, que ella se tragó.

- Miren, que buena mamada. ¿Las has hecho mucho? Perdona, no quiero insinuar…

- No, Carlos, es la segunda en mi vida. Bien, pues hasta que tome pastillas, sólo podemos hacer esto, que no está mal. ¿Una vez a la semana?

- Joder tía, una vez a la semana sería la hostia.

- Bueno, pues perfecto. Bueno, ahora te diré que me ha encantado, Carlitos – y se acercó a gatas hasta ponerse encima de él y darle un morreo de campeonato.

Hasta dos meses después no quisieron arriesgarse a una penetración, Carlos consiguió, a través de un tío suyo ginecólogo, tres cajas de pastillas anticonceptivas de muestra. Cuando llevaba ya 15 días tomándolas decidieron que era el momento. Empezaron como siempre, habiendo establecido ya que era más rápido un 69, aunque se perdieran ciertos matices. A la mitad, estando ella encima y cuando empezó a sentir cerca que llegaba, paró, y se dio la vuelta y se quedó mirando a Carlos a la cara.

- Atento Carlos, que ambos lo vamos a hacer por primera vez. Espero que no te corras en 10 segundos.

- Espero.

Entonces ella tomó el pene con sus dedos y lo acercó a su vagina. Carlos acercó también la mano y empezó a moverla, acariciando con la punta del pene los labios vaginales de ella, tal como venía haciendo con la lengua los últimos dos meses. Luego la puso en la posición entre los dos labios, enfrentada a la entrada de la vagina. Ella lo sintió y empezó a bajar, introduciendo ese pene dentro de su cueva. Ella sintió como un objeto muy caliente se abría paso por su interior y el sintió como unas paredes húmedas y cálidas rodeaban y acariciaban su pene. Así bajó hasta que se introdujo totalmente, sacándosela para para volver a sentir esa misma sensación y retenerla en sus recuerdos. Luego empezó a moverse de diferentes maneras encontrando aquellas más placenteras para ella. Él le empezó a tocar el clítoris. Un rato después avisó a Carlos de que llegaba y Carlos intentó hacerlo a la vez, pero al relajarse, sitió el roce más que antes y ya no pudo parar, empezó a correrse con muchos chorros que se metieron hasta lo más profundo de Miren. Esta se sorprendió y se empezó a correr también, con un buen orgasmo. Luego ella se dejó caer sobre el pecho de Carlos.

- Esto me ha gustado, pero tenemos que mejorar. Estoy segura de que podemos disfrutar más.

- A mí me ha parecido cojonudo. Nunca pensé hacerlo contigo.

A partir de ese día fueron mejorando la técnica y follando cada vez más y mejor. Así estuvieron seis meses, enrollándose en casa de Carlos, muchas tardes a la semana, cerrando con pestillo solo una media hora y dejando la puerta abierta el resto. Nadie sospechaba en su casa las actividades extraescolares de la pareja.

Miren seguía tumbada en la cama, haciéndose lentamente un dedo, y recordó la relación con Rodolfo, el único hombre, además de Carlos, con el que se había acostado y que había sido su único novio hasta la fecha. Fue durante el Preu. Había dejado el Jesús Maria y estudiaba en el María Inmaculada, también de monjas. Su mundo había cambiado, y, aunque no necesitaba ligar, porque llevaba ya un año acostándose con Carlos, surgió esa relacion y no la rechazó.

Recordó que conoció a Roberto en una boda de una prima suya. Ella iba muy arreglada, maquillada, con un vestido ceñido; en definitiva, preciosa. Estuvieron charlando mucho rato. Él estudiaba Derecho y terminaba ese año. Pensaba ponerse a trabajar con su padre en la Notaria y hacer una oposición a notario, como su padre o a registrador. Al acabar el festín un grupo de gente joven de la boda decidió seguir la fiesta en una discoteca de los bajos de Azca. Allí fueron todos y con la bebida de la boda y los cubatas de la disco, estaba un poquito alegre y más desinhibida. Roberto se tiró a por ella y ella no se opuso, al fin y al cabo, no tenía novio ni compromiso alguno.

Se calentaron bastante y él se la llevó a su casa e hicieron el amor. Era el segundo pene que la perforaba. La relación no fue buena, por las copas y porque él tomo la iniciativa e hizo lo que a él le parecía mejor, no lo que ella necesitaba, y al ser la primera vez, no quiso indicarle nada, porque sería sinónimo de ser algo puta, según los estándares de la época.

Empezó a llamarla y quedaron un par de veces más. Al cabo de un mes empezaron oficialmente a salir. No se veían mucho, porque ella se pasaba el día estudiando en su casa y en casa de Carlos. Después de tres meses saliendo, llegó un momento en que él le propuso presentársela a sus padres y ella se planteó la situación. Tenía un novio con el que salía al cine, a pasear, a cenar algunos días, con el que mantenía algunas relaciones sexuales y un amigo con el que estudiaba y follaba dos o tres veces a la semana. Algo no estaba bien. No podía presentarse en casa de los padres de Rodolfo con el esperma de Carlos aún dentro, por decirlo a lo bruto.

Cortar con Carlos era, en ese momento impensable, porque sería definitivo, y más si le decía que era por tener novio. No podría volver con él. Aunque fuese por orgullo. Cortar con Rodolfo tampoco le apetecía, pero tenía que reconocer que no era el amor de su vida, sólo le gustaba, aunque mucho. La única solución era seguir como ahora, aunque si se llegase a saber, seria tildada de una buena zorra, con razón. Al final fue presentada a los padres de Rodolfo, que vivían en un bonito chalet en Mirasierra. Su padre era Notario en un pueblo dormitorio cercano a Madrid.

Llegó el verano y aprobaron todo, incluso el acceso a Caminos. Rodolfo acabó derecho y sacó el título. Rodolfo se iba con su familia de vacaciones a Santander. Le propuso pasar una semana con él allí. Lo propuso en casa y, después de un cierto rechazo, su padre hablo con el padre de Rodolfo y concretaron las condiciones, que principalmente iban encaminadas a mantener la virtud de la niña y que no se diesen situaciones difícilmente explicables. Poco podían imaginar ambos padres que la niña se había acostado con dos tíos, su novio y Carlos, y con este último de forma periódica.

Llegaron a un chalet en la playa de Laredo, cerca de Santander. Pasearon, cenaron sardinas asadas, se bañaron, tomaron el sol, jugaron al balón y las demás cosas del verano. Terminando la semana, fueron a cenar a Santander, y, en un restaurante espléndido, cerca del mar, Rodolfo le pidió matrimonio. Se quedó de piedra. Se lo agradeció un montón, pero le dijo que no podía. Él se extrañó y le preguntó si era por la edad, la carrera u otro motivo, que casados podía seguir estudiando y que ya era mayor de 18 años. En aquella época la gente se casaba joven, aunque quizás no tanto, pero vivir aventuras antes de casarse no estaba bien visto. Ella dijo que no podía.

- Vamos a ver si lo entiendo, Miren, ¿no quieres o no puedes?

- Ambas

- ¿Por qué? Nos queremos y llevamos seis meses saliendo e incluso, acostándonos.

- Por eso.

- No entiendo Miren, ¿Porque llevamos poco o porque nos acostamos?

- Por ambas. Lo siento Rodolfo, no puedo, no insistas

- ¿Qué no insista? Miren te estoy diciendo que nos casemos y me dices que no puedes, como si ya estuvieras casada.

- Mira Rodolfo, llevamos poco y, aunque nos acostemos, no tenemos la relación que me permita dar ese paso, o más bien, no puedo casarme contigo en las actuales circunstancias.

- ¿Qué circunstancias? – preguntó Rodolfo y Miren se dio cuenta de que no estaba enamorada de Rodolfo, solo era un rollo más, y éste había malinterpretado todas las señales. Seguir con él también era absurdo. Decidió que lo mejor era romper y abrirle la puerta totalmente.

- Hay otro.

- ¡¿Otro?!

- Si

- ¿Quién?

- Carlos.

- ¿Carlos? ¿ese Carlos? ¿Con el que te pasas las tardes estudiando?

- Si

- ¿Y has tenido una relación conmigo y con él todos estos meses?

- Si

- Tu eres una golfa, por ser suave

- Si, bastante.

- Menos mal que mañana te vas. No pienso volver a verte.

- Lo entiendo. Lo siento. No te explico más porque sé que no lo entenderías. Las cosas son así.

Así acabaron seis meses de noviazgo con el segundo hombre con el que se había acostado en su vida.

Miren retornó de sus pensamientos. Recordaba a Rodolfo con cariño. Hacia solo tres meses que habían roto. Sentía haberle hecho daño. Ahora, pasado el primer momento, sabía que había hecho bien. Con el nunca habría tenido una relación sexual tan satisfactoria, abierta y clara como con Carlos. Hubiese terminado frustrándose en la cama y distanciando las relaciones, como muchos matrimonios. No había pasión o química suficiente. Le habría terminado poniendo los cuernos. Mejor dejarlo. Tampoco estaba tan enamorada como para compensarlo.

Realmente no sabía por qué no había cortado antes. Rodolfo pertenecía a un tipo de hombre, típicamente español, algo machista. Él tenía que dirigir las relaciones sexuales, estando mayoritariamente encima de ella, cuando a ella lo que le gustaba era estar encima, moverse con libertad, ordeñarle el pene y satisfacerse mutuamente al máximo. Para el ese comportamiento rozaba la indecencia. Tampoco le satisfacían las relaciones orales, por motivos semejantes. Finalmente aguantaba poco. Según estaba enumerando ahora sus defectos, se dio cuenta que había estado haciendo el canelo saliendo con él. ¿Por qué, entonces, había estado tanto tiempo? No lo sabía. Lo que le sorprendía es cómo él podía haberse lanzado a una proposición de matrimonio tan suicida.

Descubrió, una vez acabada la relación con Rodolfo y retomada con Carlos a la vuelta de Santander, que esta relación le satisfacía plenamente desde el punto de vista sexual. Pero se preguntaba por qué no estaba colada por Carlos, lo que hubiera simplificado mucho más su vida. Por eso su corazón reclamaba periódicamente atención a la búsqueda de un amor y de ahí venía la relación con Rodolfo y ahora el toque de atención con Fernando.

Pero, por otro lado, también reconocía que le iba a ser muy difícil tener una relación sexual tan placentera con otro que no fuera Carlos, porque este sabía qué tenía que hacer en cada momento. Explicárselo a un novio podría ser difícil, porque posiblemente la tildaría de zorrón, porque no estaba bien visto que a mujer disfrutara en la relación sexual y correrse muy fuerte era de guarras. Cosas de la religión y del papel que el Régimen le tenía reservado a la mujer, educándolas desde pequeñitas a ser solo un objeto que diera placer al marido y tuviera hijos. Y a los hombres les contaban lo mismo, por lo que le sería difícil decirle a su futuro marido qué le gustaba más.

Las clases siguieron durante todo el trimestre. El examen de errores de la asignatura de Física lo suspendió el 98% de la clase, incluidos ellos, y sobre 10, ella sacó un 0,3 y él un 0,25. Un toque de atención. Luego supieron que todos los años pasaba lo mismo y era como una novata de los profesores, que los repetidores no desvelaban, para ver la cara de estupefacción y acojone de todos los recién llegados.

En navidades estuvo con toda la familia y en año viejo Carlos le dijo que Fernando había organizado un guateque en su casa. Empezaba a la 1 de la mañana. Miren estuvo cenando con sus padres en un cotillón en el Hotel Intercontinental. Luego tomaron las uvas juntos y ellos se quedaron al baile con los amigos y ella tomó un taxi y se fue hasta la plaza de Rubén Darío, que, aunque estaba cerca, no era plan ir andando con tacones y vestido largo. Llegó antes que el resto de los invitados y subió al piso superior. Al verla, Carlos dio un silbido, al verla con el pelo en un moño, un escote palabra de honor, un top con lentejuelas y una falda larga ajustada, y subida sobre unos tacones de aguja. Estaba preciosa. Fernando se volvió al oír el silbido y se quedó mirándola. Nunca se había fijado en la amiga de su hermano, pero tenía que reconocer que estaba espectacular.

Después fueron llegando otros invitados. La música estaba a cargo de Fernando, que ya había hecho una selección y la había grabado en varios carretes de cinta magnética grande, de unos 25 cm de diámetro, que se reproducía en una grabadora SABA, con una duración de dos horas cada una, unida a un equipo de música Braun con dos altavoces enormes de la misma marca. Empezaron con música disco de muchos cantantes de finales de los 60 y principios de los 70. Luego empezó la música lenta, sobre las tres de la mañana. Carlos sacó a bailar a Miren.

- Miren, hoy estas guapisima, me he quedado impactado

- Gracias Carlos

- Luego, cuando esto acabe,… ¿lo hacemos? - dijo Carlos.

- ¿Luego quieres un kiki? – preguntó Miren

- Bueno… no…bueno… sí. En realidad, me gustaría enrollarme contigo y hacer el amor, no echar un kiki.

- No veo la diferencia.

- La diferencia es que quiero improvisar, no hacer lo de siempre, aunque el resultado no sea tan satisfactorio. Quiero comerte entera y follarte sin método ni normas.

- Carlos, no sé. Tú y yo no salimos, no hacemos eso. Pero bueno, podemos probar. Venga, vamos a echar un polvo.

Cuando acabó la fiesta se fueron al cuarto de Carlos, cerraron la puerta y se empezaron a enrollar. Cuando Carlos, después de calentarla bien, la puso en posición de perrito y se la empezó a meter, ella empezó a tener sensaciones diferentes a las habituales. Estuvo bombeándola un rato, sobándole las tetas y tocándola el clítoris. Cuando ella estaba a punto de correrse, se abrió la puerta y entró Fernando.

- Vaya con mi hermanito, aquí cepillándose a la compañera. A saber, cuanto tiempo lleváis a sí. – dijo, y se empezó a desnudar.

Luego le acercó su pene a Miren y ésta, como hipnotizada, y se la empezó a chupar con la maestría que había desarrollado dándole placer a Carlos en los 69 que habitualmente hacían. Carlos, por el nerviosismo y la excitación del momento se corrió dentro de Miren. Fernando, al verlo, se puso detrás de ella y se la metió a Miren, dándole una follada inmensa, dándole caña, bombeando con fuerza y metiéndosela hasta el fondo, golpeando contra su culo, oyéndose el sonido de la polla al entrar en un sitio lleno de flujo y esperma, sobándole las tetas y diciéndole cómo le ponía poder follarse a una tía tan guarra y zorra como ella. Miren se corrió al rato de una forma inmensa, soltando mucho flujo, teniendo temblores y con muchos gemidos, pero sintiendo algo totalmente diferente que otras veces; pero Fernando no se paró, y siguió dándole caña, aún más fuerte que antes, mientras Miren seguía con la respiración entrecortada y gimiendo en cada embestida que Fernando le metía. Al cabo de un rato volvió a correrse con igual intensidad, y Fernando entonces descargó dentro de ella, llenándole, de nuevo, el coño de esperma. Y siguió dándole, intentado que el roce permitiera mantener la erección y al poco ella notó que volvía a estar medianamente dura. Un rato después de seguir dándole, él se salió, se tumbó, y la puso encima de él y, colocándola, se la metió lentamente, y luego la dejó que ella se moviese a su gusto, consiguiendo Miren un tercer orgasmo, ya más parecido a los que tenía con Carlos. Quedó rendida y se dejó caer sobre el pecho de Fernando. Luego vio a Carlos mirándola sentado en un sillón, mirándolos.

- Carlos, chico, lo siento – dijo Fernando – no se si es tu novia, pero venía tan caliente que no me he parado a preguntar.

- No es mi novia – dijo Carlos con un hilo de voz.

- Pues menuda guarra tenemos aquí y cómo ha disfrutado. – dijo Fernando

- Oye, a mí no me llamas guarra, porque no te lo permito – dijo Miren – Primero, nadie te ha dado permiso para metérmela, hasta podría decir que me has violado, y segundo, yo me follo al que me da la gana. Y si eso es ser guarra para ti, es porque eres un reprimido y me parece que estas muy equivocado. Soy una mujer que sabe lo que quiere y hace lo que le sale del coño. ¿vale?

- Bueno Miren, perdona. – dijo Fernando - Me ha salido así.

- Vale, Fernando, acepto tus disculpas. Al margen de eso, reconozco que me has echado un buen polvo, pero si vas a ponerte gallito, te mando a la mierda y no te vuelvo a hablar.

- Joder con la niña, qué carácter. Lo siento, Miren.

- Vale, Fernando.

- Y, entonces, ¿no estáis saliendo?

- No – dijo Miren – solo follamos para poder estudiar mejor. Es solo sexo. Así no perdemos el tiempo y estamos más relajados.

- ¿Y cuánto tiempo lleváis así?

- Dos años a tres a la semana - dijo Carlos, queriendo fardar.

- A ver, ¿me queréis decir que os habéis echado, déjame calcular… más de trescientos polvos?

- Si, o alguno más – dijo Miren

- Pues me apunto a esas tardes de estudio – dijo Fernando.

- Vale – se oyó decir Miren a sí misma, sin saber por qué lo decía.

A partir de ese día, las tardes de estudio se complicaron. Al margen de la pérdida de tiempo adicional que suponían dos polvos, uno con Carlos y otro con Fernando, se sumaba el cansancio que tres orgasmos le producían, porque Fernando siempre le sacaba dos y muy seguidos, haciéndole siempre cosas diferentes y disfrutando ella mucho.

Algunas tardes, además, Fernando la invitaba a salir con él, y se iban al cine o de paseo. Charlaban y se entendían bien, sobre todo porque no existía presión alguna a la hora de relacionarse ni necesitaban ligar, solo era importante pasarlo bien, porque sabían que iban a follar esa semana varias veces.

Luego llegaron los exámenes de febrero y los resultados fueron buenos, aunque no tanto como esperaban. Así pasó el segundo trimestre y la Semana Santa.

A partir de mayo, y poco a poco, Miren empezó a descubrir que Fernando le gustaba y que ella también le gustaba a él. Un día Fernando, al salir del cine, tomando una cerveza, se sinceró

- Miren, no sé cómo ha pasado, pero me gustas.

- Tu a mí también.

- El problema es que me cuesta salir con una chica a la que se folla mi hermano tres veces en semana.

- ¿Por qué? ¿es porque piensas que soy una golfa?

- No, porque sé que le voy a hacer daño a mi hermano, que está quedado contigo desde hace años.

- Fernando, lo entiendo, y algún día se tenía que acabar porque yo a él no le quiero. Yo no puedo seguir haciéndolo con tu hermano si salgo contigo. Es una cuestión de principios. Ya cometí una vez el error de combinar y sé que no se puede.

- ¿Y cómo se lo decimos?

- Déjamelo a mí, es mi amigo.

Un par de tardes después, cuando terminaron de estudiar, Fernando se empezó a preparar para el kiki.

- Carlos, espera. No vamos a hacerlo hoy. Lo siento. En realidad, tenemos que dejar de hacerlo. Lo hemos pasado bien, pero algún día se tenía que acabar, y ese día es hoy.

- ¿Por qué?

- Porque voy a salir con tu hermano.

- ¿Con Fernando?

- ¿Tienes otro?

- No, entonces, ¿vas a salir con él?

- Si.

- Pues no. – dijo Carlos

- ¿Cómo qué no?

- Que no. No voy a estar aquí viendo cómo follas con mi hermano y conmigo no. O con los dos o con ninguno.

Miren llamó a Fernando y éste vino.

- A ver, Carlos – dijo Miren – repite eso.

- Que no voy a estar aquí viendo cómo folláis vosotros y conmigo no. O con los dos o con ninguno.

- ¿Y qué vas a hacer? – Preguntó Fernando

- Sencillo – dijo Carlos – si me dejáis fuera, tiraré de la manta, y mis padres y los de Miren y nuestros amigos sabrán que tu nueva novia lleva trescientas corridas mías dentro de su coño.

Fernando se tiró al cuello de su hermano y Miren los tuvo que separar, aunque un puñetazo impactó en la cara de Carlos.

- A ver chicos, dejad de pelear, así no se soluciona nada. Primero, Carlos, olvídate de volver a verme. Segundo, Fernando, en esta situación, no puedo seguir contigo. Y tercero, Carlos, como digas algo te corto los huevos y no es una metáfora.

- Perdona Miren – dijo Carlos – lo siento. Ha sido un ataque de cuernos. No pienso nada de lo que he dicho. Perdonadme los dos.

- Vale. No me quedo conforme – dijo Miren – pero acepto tus disculpas. ¿Entonces qué hacemos?

- Compartirte – dijo Fernando y los dos se le quedaron mirando.

- ¿Cómo? – dijo Miren

- Mira, Miren. Entiendo a mi hermano y no quiero hacerle daño, él está enamorado de ti y yo lo sé. Por otro lado, no quiero perderte y quiero salir contigo. Mientras Carlos no entre en razón, tú y yo seremos pareja y saldremos, pero follaremos los dos contigo, tú y yo con cariño y el solo por sexo, como hasta ahora.

- No lo termino de ver – dijo Miren

- Es sencillo, es como cuando salías con el tío ese que me contaste. Solo que sabiéndolo yo. Si me preguntas si me jode, pues debería, pero la verdad es que el morbo vence al otro sentimiento. Vamos, que lo acepto. Pero Carlos reaccionará un día y lo dejará o se echará una novia. Y al fin y al cabo, ya lleváis mucho haciéndolo.

- No sé- dijo Miren- tengo que pensarlo, pero, no haríamos nada que no llevemos ya haciendo esos últimos tres meses los tres juntos, pero, en caso de hacerlo, yo pondría dos nuevas condiciones: primera, cada vez que me enrolle con Carlos y echemos un kiki, quiero tener a Fernando a mi lado; y segundo, solo habrá kiki una vez a la semana, como máximo.

- De acuerdo – dijeron ambos.

- Bueno, y tercero – añadió Miren – yo me acuesto cuando me sale del coño, cuando quiero y con quien quiero, lo que quiere decir que me enrollaré con Fernando cuando me dé la gana, sin rendir cuentas a nadie y sin tener a Carlos delante. ¿Vale?

- De acuerdo – dijeron ambos.

- Bueno, pues hoy no hay kiki, Carlos, lo siento. Fernando, vamos a tu cuarto que quiero que me eches el primer polvo de nuestra nueva relación y espero que sea el mejor.

Se fueron al cuarto de Fernando y éste le empezó a sobar y a calentar, metiéndole la mano por debajo de la falda y tocándole por dentro de la braga, acariciándole el culo y estimulando todas las terminaciones nerviosas del ano, pasándole la lengua por el cuello y sobándole el pecho por encima de la camiseta. Luego empezó a desnudarla lentamente, quitándole la camiseta y el sujetador, y chupándole los pechos, mordiéndole los pezones, tirándole de ellos con los dientes y sobándola todo lo que encontraba a su paso. Luego le quitó la falda y la braga y se tiró a comerle el culo, bajando hacia su vagina, metiéndole la lengua y jugando con ella, mientras le sobaba el pecho y seguía estimulando su culo. Después de calentarla de mil maneras y cuando ya estaba encharcada, él le comió el coño con frenesí, metiéndole dos dedos y follándosela con ellos, chupándola entera, sobándola el pecho y tirando de los pezones hasta que ella se corrió, como nunca lo había hecho, con grandes jadeos, temblores y mucho flujo y echando líquido por la uretra, como cuatro o cinco chorros y luego le empezó a bombear desde atrás, dándola azotes en el culo y manoseándole las tetas, y metiéndole algún dedo en el culo, y sobándole el clítoris, y así, al cabo de un rato ella se corrió de nuevo, con casi idéntico resultado, pero ya sin squirt.

- O sea, que esto es follar de verdad, con alguien a quien deseas y sin saber qué va a hacerte – dijo para sí misma Miren, para añadir – me gusta y creo que me va a gustar aún más.

El primer kiki después de la decisión tomada, fue a finales de esa semana, en concreto, se estableció hacerlo el viernes. Terminaron de estudiar y llamó a Fernando que viniera desde su cuarto. Cuando llegó, ya se habían desnudado y habían empezado el proceso habitual. Fernando se desnudó también, y en cuanto ella se subió encima de Carlos, metiéndose el pene de éste en la vagina, Fernando le metió su pene en la boca y empezó a acariciarla. Miren no se terminaba de concentrar como antes, por lo que no conseguía llegar. Estaba más pendiente de Fernando, de besarle y de sus caricias.

- Venga Carlos, llega tú, que a mí me está costando. – le dijo Miren a Carlos, y éste se corrió dentro de ella pocos segundos después.

Entonces ella se levantó y se puso de culo y le dijo a Fernando.

- Venga, échame un buen polvo que me corra como es debido.

Fernando estuvo follándosela de todas las maneras que se le ocurrió, chapoteando dentro del coño lleno de flujo y esperma de su hermano y le secó un par de orgasmos.

- Esto no es justo – dijo Carlos – yo tengo que hacerlo según los estándares del kiki y en cambio Fernando te puede hacer lo que quiera. Teóricamente el kiki estaba así estandarizado para que gozases en el menor tiempo posible, pero si ya no te da placer, rompo el sistema, te haré lo que me salga del pito.

- Eso no, - dijo Fernando – si haces lo que te dé la gana, ya no es lo de siempre, y, por tanto, simplemente te estarás follando a mi novia delante de mí.

- Y lo otro no es follar, ¿no? – pregunto Carlos

- Bueno también, pero no sé por qué yo no lo veo igual.

- Chicos, dejad de discutir – dijo Miren – En primer lugar, me parece absurdo tener que hacerlo con Carlos primero, quedarme a medias y luego querer hacerlo con Fernando que me aporta otras cosas. Creo que la única solución, al menos de momento, es que hagamos un trio.

- ¿Trio? – preguntaron ambos chicos

- Si, nos enrollamos los tres juntos, y os corréis primero Carlos y luego Fernando, o al revés. Pero desde el principio, con libertad. Carlos sabe mucho más de mi cuerpo que Fernando. Y Fernando sabe follar mejor, o, al menos, eso me parece, porque a lo mejor descubrimos que Carlos me hace maravillas, aunque no creo. Vamos a ver si así dejamos de hacer el tonto.

- Tú lo que quieres es que te follemos los dos – dijo Carlos

- A ver si te doy una hostia – dijo Fernando – que estás hablando de mi novia.

- Venga chicos – dijo Miren – hoy ha salido así, pero la próxima semana haremos así.

- ¿Y si hacemos un ensayo hoy? – preguntó Carlos.

- Ya os habéis corrido hoy

- Ya, pero con la conversación se nos ha empalmado de nuevo – dijo Carlos, señalando el pene de ambos, totalmente erectos.

- Bueno, vale – dijo Miren

Entonces Fernando le empezó a tocar el pecho, acariciándole las tetas, pellizcándole los pezones y Miran acercó su boca y le empezó a chupar el pene. Mientras Carlos le empezó a toquetear el coño y el culo, sobándole bien todo el ano y acariciando todo el redondel alrededor del agujero, metiéndole un dedo de vez en cuando. Con la otra mano le empezó a meter dos dedos en la vagina, sacándolos de vez en cuando para pasarlos sobre si clítoris. Al poco, Miren empezó a gemir con cada metida de dedos y al cabo de un rato, Carlos le puso el pene en la entrada de su vagina y empezó a restregársela por todos los labios vaginales y por el clítoris, provocándole una oleada de placer que se incrementó cuando el se la metió hasta el fondo, sobándole groseramente el pubis y el clítoris con la mano, y usándola para atraerla hacia él y metérsela más profunda. Miren seguía recibiendo buenos masajes en el pecho por parte de Fernando, a la vez que le seguía haciendo una buena mamada, ya sea metiéndosela hasta la garganta, chupándole con los labios el glande, jugando con su lengua por el frenillo o sacándosela de la boca y arrastrándole la lengua por todo el glande, desde los huevos hasta la punta.

Al poco rato tuvo su primer orgasmo, bastante fuerte, y cuando estaba terminándolo, Carlos se corrió dentro de ella y prolongó el orgasmo mientras sentía ese esperma chocar contra su pared vaginal, cerca del cuello de útero. Una vez que se corrió, intercambiaron las posiciones los dos hermanos, repitiendo un proceso parecido, que culminó en otro orgasmo semejante y en la corrida de Fernando en el coño de Miren.

Ella se quedó muy satisfecha y los chicos también.

- Bueno chicos, os habéis portado. Esta es la solución. Un trio. Unas veces uno primero y otras será el otro. ¿Algún problema?

- No – dijeron ambos, algo confusos por la determinación de Miren.

- Pues cerrado el tema. Esta semana follamos Fernando y yo cuando nos apetezca y el próximo viernes, como hoy, un bonito trio.

- Me parece que estas zorreando – dijo Carlos.

- Esta vez si te doy la hostia – dijo Fernando – sigues hablando de mi novia.

- Vale, Vale, lo retiro – dijo Carlos – venga Miren, sigamos con los problemas de Química.

Carlos y Miren se vistieron, y siguieron estudiando juntos. Fernando tomó su ropa y se fue a vestir a su cuarto, algo mosqueado, pues la solución no le terminaba de cuadrar, pero, por otro lado, le gustaba mucho esa sensación de morbo que sentía al ver a otra persona follarse a su novia delante de él y ver cómo le sacaban unos cuantos orgasmos y le llenaban el coño de leche ajena.

Ya verian cómo se lo pasaban al siguiente viernes, ya establecida esa relación formando un trio...

(Continuará)

Continúa en