Años 70: Estudiando en la Universidad 1
En la Politécnica de Madrid, donde casi no hay mujeres, Miren destaca por su belleza y su mente. Pero mientras los profesores hablan de cálculo, su mente viaja a lagunas heladas y cuartos de hermanos, donde el deseo prohibido ya ha floreado.
NOTA: Repito este relato, por error en el titulo, que antes se llamaba: Años 70: Primer año de Universidad 1, y que borrare proximamente.
Mirenchu, que era como la llamaban en casa, aunque su nombre en el DNI era Maria Dolores, había aprobado en junio de 1971 el Preuniversitario y el examen de entrada en Caminos, en la Politécnica de Madrid. Su padre era de Bilbao, y en casa la llamaban Miren Nekane, su equivalente en Euskera; era un único pequeño guiño, permitido por el régimen, que no veía con buenos ojos el uso de esa lengua. Su padre era Procurador en Cortes.
Hoy empezaba el primer curso en esa Escuela Técnica. Salió de su casa en la calle Covarrubias y tomó el metro en la estación de Bilbao, porque le habían cerrado la estación de Chamberí dos años antes, que le quedaba casi enfrente de casa, lo cual le seguía cabreando. Fue en metro hasta Moncloa, y allí, frente al Ministerio de Aire, se tomaban los autobuses que iban desde Moncloa hasta el Paraninfo, dejando estudiantes en las diferentes facultades. A ella le tocaba bajarse de los últimos, después de la parada de Derecho y Filosofía y Letras, donde prácticamente se bajaban todas las niñas del autobús, por eso se le quedaron mirando los chicos que quedaban en el autobús, hasta llegar a la siguiente parada; a Caminos solo iban tíos.
Bajó andando la Calle profesor Aranguren y miro el adusto edificio de cemento que era la Escuela de Caminos. Se acercó a la entrada, pero siendo el primer día, había un control especial policial. Los grises, es decir la Policía Nacional al servicio de estado franquista, estaban en la puerta, habiendo salido de su despacho junto a secretaría a comprobar que no hubiese movidas estudiantiles, ni pancartas contra el Régimen, ni reparto de panfletos del partido comunista. Al verla despistada y cerca de una Escuela donde casi no había mujeres, un guardia se acercó solicitando que se identificase, teniendo que enseñar el DNI y el carnet de estudiante. Esa situación, con los grises dentro de las facultades creaba un ambiente algo opresivo.
En la entrada se encontró con su amigo y compañero Carlos. Sus padres eran amigos y, por eso, Miren y Carlos habían estudiado muchas veces juntos en casa de uno o de la otra, para prepararse para poder hacer esa carrera tan técnica. Provenían de colegios muy diferentes. Carlos había estudiado en el instituto Ramiro de Maeztu, en la calle Serrano, lo que le había permitido hacer la Revalida de Cuarto y la de Sexto en casa, es decir, en el propio instituto. Ella estudió en el Colegio Jesús María, en la calle Juan Bravo, y tuvo que hacer las revalidas en el Beatriz Galindo, en la calle Goya. En aquella época no era habitual que las chicas estudiaran Caminos, como tampoco que hicieran deporte, pero si le habían introducido a fondo en el mundo de la cocina, la costura y el bordado, que ella odiaba. Carlos jugaba al baloncesto, deporte del Ramiro, porque de allí era el Estudiantes. El único deporte que practicaban juntos era el montañismo, saliendo a andar muchos domingos por la sierra de Guadarrama o por la Pedriza. Estaban en forma y ambos estaban delgados, ella con un buen cuerpo y Carlos con bastante músculo. Miren era alta, casi 1,70, delgada, medio rubia, bueno, color ceniza, ojos azules, pecho mediano y, para ella, demasiada cadera. Según le había dicho Carlos un día que estaba borrachín, ella era “una tía que estaba de puta madre” según el baremo masculino.
Entraron en el aula y se encontraron con otros 200 estudiantes ya situados, por lo que se quedaron bastante atrás. Definitivamente habría que llegar antes para encontrar sitio en las primeras filas. Junto a ellos se sentó un chico algo más mayor, Jose Luis, repetidor por segundo año consecutivo, al que aún le quedaba el Cálculo y la Física de primero, no pudiendo pasar de curso porque el primer año era selectivo, solo se pasaba a segundo si tenías todas las asignaturas aprobadas. Entró el profesor, soltó su discurso sobre Cálculo, sobre los intervalos abiertos y cerrados y las cortaduras de Dedekin y se fue. Ellos no habían podido tomar apuntes en condiciones. Jose Luis les dijo que, si lo necesitaban, él les dejaba copiar sus apuntes de academia, porque era la forma más sencilla de aprobar, aunque, visto el resultado en Jose Luis, ambos lo dudaron. Después tuvieron clase de Física, donde trataron sobre errores de medida, tema arduo, aburrido y complicado. Al terminar, el profesor anunció un pequeño examen dentro de una semana sobre cálculo de errores. Finalmente tuvieron clase de Dibujo Tecnico. Les encargaron un par de láminas para el día siguiente con vistas laterales de un par de piezas. Al terminar la clase y según salía la gente, Miren contó solo dos chicas entre esos 200 alumnos.
Una vez que acabaron la clase, se fueron al bar a tomar una caña y un pincho de tortilla. Al llegar el bar estaba abarrotado, con unos 80 estudiantes entre la barra y las mesas, pero en ese momento, 80 pares de ojos se posaron en Miren, como si fuese un extraño espécimen de extraterrestre de tia rubia, guapa y estudiante de Caminos. Miren se sintió, por un lado, molesta por ser casi desnudada por la mirada de muchos de ellos, pero, por otro lado, orgullosa de generar ese efecto de atracción.
Se sentaron en la única mesa vacía y Carlos pidió en la barra.
- Dos cañas y dos pinchos de tortilla, por favor
- Marchando. ¿Con mayonesa? - preguntó el camarero
- No, solos.
- Seis pesetas - dijo el camarero.
Carlos pagó y se fue a la mesa. Mientras se lo comían, charlaron sobre su experiencia de primer día.
- Carlos, esto no va a ser fácil. Primero, hay que venir antes, para estar en la primera o segunda fila.
- Yo puedo venir antes y reservar sitio para los dos. Le voy a decir a mi padre a ver si me puede traer su chofer en el coche oficial, antes de llevar a mi padre al Ministerio.
- Tu que puedes. Pero es una solución. La segunda cosa es que va a haber que estudiar un huevo, bueno, en mi caso un ovario. No creo que haya que ir a academia. Además, tendríamos las tardes ocupadas también.
- Yo tampoco lo creo - confirmó Carlos.
- Bueno, pues tenemos que hacer las láminas de dibujo técnico
- ¿Esta tarde en mi casa? - pregunto Carlos
- Vale. Me acerco a las cinco
- Hecho
Salieron, Caminaron hasta el Paraninfo y se subieron al autobús hasta Moncloa. Luego cada uno fue a su casa. Miran llegó a su casa, comió con sus padres y estuvo un rato viendo el telediario en la 1. Franco acababa de inaugurar otro pantano, Carrero Blanco había visitado la Seat en Barcelona, y el Secretario General del Movimiento, Torcuato Fernández-Miranda había hecho unas declaraciones sobre la Falange. Menudo coñazo, pensó.
A las cinco tocaba el timbre en casa de su amigo Carlos, en el ático del numero 2 de la Plaza de Ruben Darío. Le abrió la doncella, una chica de Segovia, con su uniforme negro, delantal blanco y cofia.
- Buenas tardes, señorita Miren
- Hola Josefa
- El señorito Carlos esta en el piso de arriba, en su cuarto. ¿Quiere que le llame?
- No déjalo, ya subo yo.
El piso era un dúplex y en la parte de arriba tenían Carlos y su hermano Fernando los dormitorios, y un salón donde, de pequeños jugaban, y ahora estudiaban y hacían algunos guateques. Tenían una terraza fantástica a la Plaza de Rubén Darío, con vistas a la Castellana y hasta la calle Serrano.
Carlos estaba en su cuarto, pero al pasar por la puerta del de Fernando, que estaba abierta solo un centímetro, observó que Fernando estaba tumbado en la cama, con una revista en la mano y con su pene en la otra. Quiso seguir hasta la de Carlos, pero unos clavos imaginarios en sus pies le impedían avanzar. El problema no era solo la guarrada, era el tamaño. Ella era hija única, no tenía un hermano al que poderle preguntar, y sus experiencias sexuales se limitaban a unas relaciones sexuales con pocos chicos, habiéndose acostado solo con dos, aunque muchas veces. Tenía que reconocer que iba un poco atrasada respecto de sus amigas. Estas le habían contado las relaciones con sus novios o ligues, incluso una llevaba ya tres años acostándose con muchos chicos diferentes, pero las historias que contaban no servían como experiencia. Nunca había visto a un chico con una cosa así de grande.
Por lo tanto, la vista de ese chico pajeándose ese monstruo la dejó bloqueada. Además, para colmo, empezó a gemir, y a echar chorros de líquido blanco por la punta, mientras que cerraba los ojos y ponía cara de gilipollas. Notaba mucha humedad en sus bragas. En ese momento oyó a Carlos levantarse de su silla y ella continuó andando hasta la puerta del cuarto de Carlos.
Entraron, puso sus cosas en la mesa y se sentó, notando que esa humedad era más de lo que suponía. Habría que solucionarlo luego. Abrió la carpeta con los papeles guarro para dibujar, la escuadra y el cartabón, y colocó los lápices HB, el sacapuntas y la caja Kern con los compases y los tiralíneas. Finalmente sacó la cuchilla para raspar errores y el tubo de tinta china. A continuación, abrió el libro para ver la figura de la que había que hacer las vistas, pero no la conseguía ver bien, porque su mente volvía a la polla del hermano mayor de su amigo y los chorros que salían.
Empezó a dibujar y al poco su mente la fue trasportando a otro sitio, recordando sus inicios en temas sexuales, dejando de dibujar y mirando por la ventana, y la llevó a tres años atrás, bañándose en el rio Tormes, en la playita de Barco de Ávila, en verano, claro, porque el agua estaba fría, bañándose con su primo segundo. Recordó que fue el primer pene que chupó, aunque antes ya se lo había tocado. Estaba de vacaciones en Piedrahita, en casa de su tía abuela, un caserón con un patio enorme, donde crecía un magnolio enorme y multitud de flores, especialmente grandes macizos de hortensias blancas. Sus padres le habían mandado allí a pasar unos días con sus tías y con sus primas, para que conociese algo que fuese más rural que el barrio de Chamberí y dejase de ser cursi, y viese de cerca alguna vaca y oliese a boñiga. Sus primas, Vega, que era de su edad, y Chus, tres años mayor, la miraron como un bicho raro, por lo poco desenvuelta que resultaba, pero al poco ya empezaron a llevarse bien y contarse cosas.
Fueron paseando las tres hasta la plaza del pueblo, y allí se tomaron en un bar, que hacía esquina en la parte opuesta a la iglesia, un par de vasos de mosto y una ración de patatas revolconas y unos huevos envueltos en bechamel y fritos como una croqueta. Estaba todo muy rico. Al poco aparecieron unos chicos, Nacho y Javier. A Nacho se lo presentaron como su primo, bueno, primo segundo o tercero. Javier traía un radiocassette y se subieron todos a los jardines del palacio de los Alba a sentarse en un banco, oír música y charlar. De camino compraron unas botellas de Mirinda, de naranja y de limón. Cuando se sentaron pusieron la de Anduriña y todos la tararearon. Los chicos la preguntabas de todo, que qué estudiaba, donde vivía, que deporte hacía y qué pensaba estudiar de mayor y se sorprendieron cuando dijo que montañismo e Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. No era normal aquella chica. Al son de “al pórtico de la iglesia de San Juan…”, también de Juan y Junior, Nacho se sentó junto a ella, muy pegado a ella, y le dijo que era muy guapa. Ella nunca había estado tan pegada a un chico y menos a uno que le gustase tener cerca, porque tenia que reconocer que Nacho, primo segundo o tercero, que mas daba, le transmitía una sensación extraña en el estómago, como un hormigueo.
Siguieron hablando un rato, escuchando canciones de Adamo, Los Brincos, el Dúo Dinámico y los Bravos y ya se metió el sol y empezó a oscurecer. Vega dijo que se tenían que ir a casa a ayudar a su madre con la cena, pero Chus le dijo que fuera ella por delante, que ella y Mirenchu irían en un cuarto de hora. Así se quedaron los cuatro y, al quedarse sola Chus, empezó a besarse en la boca con Javier. Nacho le puso un brazo por el hombro a Miren y le dio un beso en el cuello y esta se puso muy nerviosa, nunca la había tocado un chico y notó un calor intenso en las mejillas que le había subido desde no sé dónde, atravesando todo el cuerpo y dejando una sensación de humedad entre las piernas. Se quedó petrificada, deseaba levantarse, pero algo se lo impedía. Nacho siguió su acercamiento y le dio un leve beso en los labios, y luego otro ya más intenso y ella quiso echar a correr, pero cuerpo se negaba, y emitía un olor especial, entre sudor y algo más, que hasta años mas tarde no supo que eran feromonas, y la humedad ahí abajo se intensificó.
La cinta del Cassette tocaba la de mis manos en tu cintura y Nacho le rozó levemente el pecho con su mano y notó unas cosquillas especiales, y un leve placer, con la consecuencia de dejar las bragas empapadas. No hubo tiempo para más, se tenían que ir a casa y quedaron para el siguiente día, para pasar la tarde juntos.
De camino a casa Chus le dijo:
- Veo que Nacho te gusta
- Es mi primo
- Primo lejano, pero ya he visto lo cercano que se ha puesto de ti.
- Me ha puesto muy nerviosa
- Lo que te ha puesto es muy cachonda - la acaró Chus
- ¿Cachonda?
- Venga Mirenchu, que pareces boba, que has mojado la braga, seguro.
- ¿Y tú como sabes eso?
- Porque las tías, cuando un tío nos toca y nos gusta, mojamos abajo. ¿Es que no te han enseñado nada?
- Es la primera vez que siento esto. Nadie me ha explicado nada.
- Luego en casa, después de cenar, te vienes a mi cuarto y te lo explico.
Cenaron junto con su tía, su tío que tenía un taller de coches, sus primas y la fía abuela, la madre de su tía. Una sopa de pollo y una trucha.
Luego Chus tomó a Mirenchu de la mano y se la llevó a su cuarto.
- A ver, ¿a ti que te han contado sobre el sexo?
- ¿Sexo?... ¿Contar?... ¿Qué hay que contar?
- Que pava estás, nena. A ver, ¿a ti no te han contado cómo se hacen los niños?
- No
- ¿Y no te han explicado la diferencia entre un chico y una chica?
- No
- ¿Y qué te enseñan en el cole?
- Religión, lengua, gramática, aritmética,…
- ¿Y de lo que tienes entre las piernas?
- ¿Qué tengo?
- ¿Tu madre no te ha explicado? ¿Y habrás tenido la regla?
- No me ha explicado y si, me he puesto mala, y me pongo compresa, pero mi madre me ha dicho que eso les pasa a las mujeres, que es normal, que me lave bien y que ya me explicará cuando sea mayor.
- Pues estamos bien, y te suelta así aquí con lo peligrosos que son los chavales de este pueblo. Vamos a ver si te pongo un poco en el tema. Los chicos tienen un trozo de carne entre sus piernas que se pone duro, que llamamos polla, y tú tienes un agujero entre las piernas, que llamamos coño, que se moja, como te ha pasado esta tarde, para que el chico te pueda meter la polla dentro del coño y a los dos os de un placer de la leche.
- ¿Meter? ¿Dentro de mí? ¿Tú lo has hecho?
- Mas tonta y no sabrías ni andar. Y si, lo he hecho con uno. No con Javier, aún, con otro. En las fiestas del pueblo el año pasado. Y estuvimos varias noches haciéndolo y es de puta madre.
Durante la siguiente media hora, Chus le estuvo explicando una noción básica de educación sexual. Al final le dijo.
- Mira, recuéstate y súbete la falda que te explico. - Miren se la subió y se tumbó. - Te voy a tocar ahí. Separa para las piernas. Bien, así.
Chus le metió la mano por dentro de la braga, y la pasó entre sus pelos y llegó a la zona entre las piernas.
- Mira, esto es el coño. Tienes arriba un botón del placer - le dijo, tocándole el clítoris y sintiendo ella un cosquilleo especial ahí, con bastante placer - si te toco ahí, como estoy haciendo, te mojas mas abajo, ¿lo ves? - y siguió bajando los dos dedos y se los metió entre los labios vaginales - entre estos labios, que, por cierto, tienes empapados, esta el agujero por donde haces pis y también ese agujero por donde el chico te mete esa cosa, bueno, vamos a dejarnos de chorradas, te mete la polla, punto.
- Ya veo, bueno, siento…..
- Pues eso. ¿Tú nunca te has tocado?
- No. Es pecado. Nos lo dicen las monjas del cole.
- Definitivamente eres tonta, pero tonta de verdad. Mira, te vas a hacer un dedo conmigo delante.
- ¿Un dedo?
- A ver, mete tu mano y empieza a tocarte…déjame que te pongo yo tu mano en el sitio. Aquí. Empieza a mover el dedo. Mira, así como yo te lo hago…. Y luego, de vez en cuando, bajas dos dedos y le los metes entre los labios estos, mira así,…, y luego vuelves a empezar.
Miren empezó a tocarse y le daba mucho gusto, aunque una vergüenza enorme. Cada vez le gustaba más y se encontraba más a gusto y más avergonzada. Siguió y al mirar a su prima vio que ella estaba haciendo lo mismo. Eso la tranquilizó. Empezó a concentrarse más y notaba que tenía esa parte encharcada y poco después empezó a sentir un calor especial, un incremento gradual de sensaciones, que le hacía gemir, un algo que le salía de dentro hacia afuera, con leves contracciones de todas sus partes interiores, con un incremento enorme de placer, y empezó a sentir temblores, contracciones y una sensación aguda de placer que se mantenía, y tenía que gemir fuerte y casi gritar, y se mantenía mientras se tocaba, y no desaparecía y le estaba encantando y se estaba empapando al mano y luego poco a poco fue bajando, aunque permanecía esa sensación de placer.
- Chica, menuda corrida te has pegado - le dijo Chus.
- ¿Qué me ha pasado? Me ha encantado.
- Eso se llama correrse, tener un orgasmo, y como te dije es la leche y cuando el chico te la mete, te pasa eso y mucho más.
- Me da mucha vergüenza. – dijo Miren
- Pues no tiene por qué. Espera que llegue yo también – dijo Chus, corriéndose ella también, mientras Miren la miraba sorprendida.
Luego ella se fue al cuarto de Vega a dormir, ya que dormía en el cuarto de su prima. Metida en la cama, mirando las estrellas a través de la ventana volvió a tocarse y ya con la tranquilidad de saber que iba a ocurrir, volvió a correrse disfrutando de ese nuevo placer.
Al día siguiente, después de desayunar un colacao con pan migado, estuvieron ayudando a su madre a trasplantar unos tiestos de flores. Después de la comida y una breve siesta, salieron a media tarde de nuevo de paseo a la plaza del pueblo. Allí, frente a la Iglesia y el Ayuntamiento, estuvieron sentadas en un banco charlando. Sobre las siete aparecieron los chicos. Traían a un tercero, Manolo.
Volvieron a subirse al Palacio y volvieron a improvisar un guateque al aire libre. Volvieron a sonar las canciones de los 60 y principios de los 70, principalmente de grupos españoles, aunque también alguna extranjera, como el gato azul de Roberto Carlos, algo de Nicola di Bari y los Beatles y de Simon & Garfunkel. Lugo su primo Nacho le propuso dar un paseo y ella accedió. Se alejaron y dieron la vuelta por detrás de la valla de piedra que rodeaba el palacio.
Nacho la arrinconó contra un árbol y se acercó a darle un beso. Ella se dejó, aunque con miedo. Luego él acercó sus labios a su cuello y le empezó a acariciar el cuello por todo el. Ella sentía cosquillas, pero también placer. Mientras, le acariciaba el pecho muy suavemente. Un ratito después empezó a besarla y el introdujo su lengua en la boca de ella. Se sorprendió, pero le dejó hacer y el recorrió sus dientes y jugaron con las lenguas. Luego el empezó a apretarle los pechos con la mano y ella ya empezó a respirar fuerte y a mojar sus bragas totalmente. Así estuvieron un rato. Luego Nacho le metió la mano por debajo de la falda ella quiso negarse, pero no le salían las palabras. Nacho le paso la mano por la braga y luego debajo de esta por la parte de arriba. Miran ya sabía lo que podría sentir, pero deseaba saber que se sentía si otra persona te lo hacía. El le rozaba con su dedo entre los labios vaginales y le masajeaba el clítoris, sin dejar de tocarle el pecho, por encima de la camisa y de darle algún que otro beso con lengua. A cabo de poco tiempo ella se corría fuertemente, aunque no tanto como cuando se lo hacía ella, porque ella se tocaba sabiendo lo que quería sentir y él, en cambio, a veces dejaba una zona cuando ella hubiese seguido.
Luego el se desabrochó el pantalón y se bajó el calzoncillo, sacándose el pene. Miren lo miraba sorprendida. El tomo su mano y la puso sobre el pene. Miren se sorprendió de lo caliente y dura que estaba. El la dirigió, le colocó los dedos alrededor del pene, y luego puso su mano sobre la de ella y empezó a moverla, deslizando sobre el cuerpo de pene. Al cabo de un rato el retiró su mano, dejándole a ella el gobierno del movimiento. El empezó a respirar fuerte y en un momento dado, el empezó a tensarse y segundos después empezó a descargar chorros de esperma. Ella, asustada, retiró la mano y el se agarro el pene con una mano y finalizó la tarea inacabada, mientras que con la otra tomaba la mano de Miren y la volvió a acercar a su pene, mojándola con el esperma al colocarla de nuevo sobre su pene.
Así se quedaron un rato, mientras se recuperaba él. Luego volvió a besarla, el se la guardó en su pantalón y se recompusieron la ropa. Volvieron con los demás y las chicas se fueron hacia casa.
- ¿Te has dado el lote con Nacho? – preguntó Cris
- ¿Lote? ¿Qué lote?
- ¿En Madrid os hacen así de tontos adrede? ¿Qué si te has besado con Nacho?
- Si – contesto ruborizándose
- ¿Y te ha metido mano?
- ¿Dónde?
- En la oreja, no te jode, ¿Qué si te ha metido mano debajo de la braga?
- Si… bueno… algo. – dijo poniéndose roja
- Bienvenida al club. ¿Le has hecho una paja? Deja, que por la cara que pones no sabes qué te pregunto. ¿Qué si le has tocado el pene y se ha corrido contigo?
- Si. – dijo, mas roja que un tomate.
- Bueno, pues esta noche sesión especial, porque como no te aleccione, mañana te la mete hasta por la oreja.
- ¿Por la oreja?
- Lo dicho, hay ovejas aquí que parecen más listas que tú. – dijo Chus
- Yo me apunto – añadió Vega
Llegaron a casa, cenaron y se fueron las tres al cuarto de Chus. Chus se desnudó al llegar, quedándose solo con las braguitas.
- Lo primero, para relajarnos nos vamos a hacer un dedo las tres, pero una a la otra. Venga Miren, te estrenas tu haciéndomelo a mí.
Chus se tumbó y se sacó las braguitas por las piernas, quedándose desnuda. Era la primera vez que Miren veía un órgano sexual femenino, que dirían en su colegio, o un coño, que diría su prima, tan de cerca y en directo, porque a ella, claro, no se le había ocurrido aún ponerse un espejo para verse el suyo, porque estaba feo. Chus abrió las piernas, les dijo que se colocaran delante y fue toqueteándose y explicándoles a las dos, cada parte de su sexo.
- Mirad, pubis y labios de fuera, donde hay todo pelo. Dentro no crece. Los labios de dentro, que a algunas les crecen mucho y a otras no. Abajo, la entrada de la vagina, en medio por aquí, aunque casi no se ve, por donde hacemos pis. Y aquí arriba, escondido, el clítoris, que es el botón del placer. Ahora Miren, tócame bien por todo esto y haz que me corra. Puedes meterme uno o dos dedos en la vagina, y dedicate a meterlos y sacarlos, que ya no soy virgen y me entran bien y me gusta un montón. Piensa qué te gusta hacer y házmelo a mí.
Miren se afanó en la tarea con los dedos, tocando con una mano el clítoris y metiéndole dos dedos con la otra. Al poco Chus empezó a respirar fuerte, luego a gemir y por último se corrió, con grandes gemidos y mojándole la mano cuyos dedos estaban dentro.
Luego le tocó a Miren. Se desnudó muriéndose de vergüenza. Se tumbó y se lo hizo Chus, sin meterle los dedos y también se corrió. Luego la toco a Vega y se lo hizo Miren.
- Una vez relajadas vamos a hablar de pollas, porque si lo hacemos antes nos ponemos demasiado cachondas, yo al menos. A ver, pava, mira – dijo y se volvió a tumbar enseñándoles todo el sexo – por ese agujero entra el pene del tío. Este agujero se puede dilatar y hacerse muy grande, tanto como para que pueda salir un niño al parir, imagínate.
- ¿Los niños nacen por ahí? – preguntó Miren
- No, los encargamos a París y los trae la cigüeña colgando de su pico en un pañuelo. Y si se pone enferma, los mandan en un paquete por Correos.
- ¿Si?
- Lo dicho Miren, estás más verde que una lechuga. ¿A ti no te han contado esto tu madre o tus profesoras?
- No, dicen que eso lo cuentan las madres el día antes de tu boda y que antes no es importante porque no vas a hacer uso de ello, porque al matrimonio se llega sin haber tocado varón.
- Lo dicho, no se cómo no desaparecen los madrileños por bobalicones.
- A mi no me han dicho nada. Chus, cuéntamelo tú.
- Mira Miren, de forma rápida: cuando los chicos te la meten y te sueltan dentro ese líquido blanco que viste ayer, se junta con otra célula tuya y de ahí crece el niño. Por lo tanto, no puedes dejar que te la metan sin más, porque te puedes quedar preñada. Solo lo puedes hacer durante 4 o 5 días después de haber terminado con la regla, si no la tienes muy larga, qué sabes bien cuando ha sido, u 8 días antes de la próxima, pero que no sabes cuando será, por lo que el peligro es grande.
- Ya.
- También la puede sacar el chico antes de soltar la leche, pero no es seguro y a veces también sueltan algo sin haber llegado a correrse.
- Ya, y mientras el me la mete, ¿yo que hago?
- Desde disfrutar mucho, si el tío lo hace bien, hasta incluso aburrirte si lo hace muy mal. Pero tu tienes que participar, tocarle, moverte, etc. Ya lo iremos viendo.
- Entiendo. ¿Y si no la mete, se hace con la mano?
- O con la boca. El te puede comer todo el conejo y tu le..
- ¿Conejo?
- Al coño se le llama conejo, por lo peludito y suavecito. Lo dicho, él te lo come a ti y tu se la chupas a él y luego, te tragas la leche.
- Que asco. – dijeron Vega y Miren.
- No te creas. Yo te recomendaría eso, que te lo coma y se la comes tu. Mas cosas, con lo pava que eres, no te lo recomiendo aún.
Los siguientes días fueron una repetición: jardín, comida, siesta, guateque, sobeteo con corrida ella y paja con corrida él.
A los pocos días, ultimo para Miren, se decidió hacer todos una excursión a Barco de Ávila, a pocos kilómetros, a bañarse en el rio Tormes. Los llevó su tío en una furgoneta VW antigua, donde cabían 8 personas. Los dejó allí, junto al Tormes, y se fue a por unas piezas a un desguace. Allí había una playa de arena de rio y por el rio bajaba un caudal bastante grande, llegando a cubrir. El agua estaba muy verde, por las algas, y muy fría porque bajaba del deshielo de Gredos. Les costó meterse por lo fría que estaba, pero luego se acostumbraron y estuvieron jugando con una pelota y tomando el sol. Luego Miren se bañó con Manuel y se dejaron llevar por las aguas cauce abajo hasta detrás de un recodo y unos árboles.
Allí, en un lecho de piedras rodadas pequeñas, escondidos de los demás, se volvieron a tocar. Manuel le bajó el pecho del bañador azul marino de una pieza que llevaba y le chupó y le mordió los pezones, sintiendo ella un gran placer, luego él bajó un poco más el bañador dejando espacio entre las piernas e introdujo su mano por la parte de abajó y le tocó el sexo con la mano, y le acarició el clítoris y le metió los dedos en la vagina y notó un dolor, ligero, con un poco de escozor y moviendo una mano sobre el clítoris y los dedos dentro de su vagina, le hizo llegar con un primer orgasmo. Sacó los dedos ligeramente ensangrentados, y ella pensó que le habría arañado con alguna uña. Luego él le ladeó el traje de baño y le estuvo pasando la lengua por el clítoris, sus labios vaginales, metiéndola le lengua en su vagina y moviéndola dentro de ella y sintió una oleada de placer que nunca había sentido, y poco a poco fue llegando un orgasmo más fuerte que otras veces. El volvió a meterle los dedos y a moverlos dentro de su vagina y entonces le subió un orgasmo bestial y se corrió como nunca lo había hecho, incluso con ganar de hacer pis, que retuvo a duras penas.
Él se bajó el pantalón, y se tumbó entre los árboles y ella empezó a movérsela con la mano, y luego, empezó a ver que le salía un líquido transparente y viscoso, que ayudaba al roce de la mano y al movimiento. Luego, recordando lo que le había contado Chus, acercó la lengua a la parte de arriba y lamió ese liquido transparente que salía y era una mezcla entre dulce y salado, que le gustaba. Se decidió y se la metió en la boca y empezó a mover la lengua por toda ella y le rozaba la punta con los labios y se la metía todo lo que podía y el, al ratito, empezó a descargar un esperma denso dentro de su boca y ella aguantó y se tragó todo. Tenía un olor fuerte y un sabor entre amargo y otra cosa que no supo definir.
Luego volvieron donde los otros, se dieron otro baño, se secaron y pasó el padre a recogerlos, y se fueron de vuelta a Piedrahita. Se despidieron y se fueron a casa a lavarse y quitarse el olor a agua de rio.
Después de cenar hubo de nuevo cónclave en la habitación de Chus.
- ¿Qué tal con Manuel, os habéis escapado y escondido?
- Bien
- ¿Te ha hecho algo?
- Bueno, lo mismo que siempre, pero lo hemos hecho con la boca. El me ha comido ahí y se lo he hecho con la boca y me ha gustado.
- Felicidades prima, te has estrenado.
- Pero tengo una ligera molestia porque me ha metido dos dedos y me ha debido arañar con la uña, porque me escuece un poquito dentro y el ha sacado el dedo con algo de sangre.
- Prima, te han roto el himen. No me imaginé que fueras tan deprisa, lo siento. Bueno, en cualquier caso, no es grave. Nosotras tenemos unos tejidos finos que van de un lado al otro de la vagina y al entrar el pene del hombre se rompe y se dice que se ha perdido la virginidad. El himen es eso. A ti te lo han roto con los dedos.
- ¿Entonces ya no soy virgen?
- Eres virgen porque no te han follado, te han roto el himen. Ventaja, te puedes poner un tampón sin peligro, desventaja, no te van a querer los gitanos ni los moros.
- Vale. No se. Pero me lo he pasado muy bien. Mañana vienen mis padres a recogerme y espero que mi madre no lo note.
- Mira nena, eso no se nota.
Al día siguiente llegaron sus padres a invitaron a sus tíos a comer al restaurante Chivis, para agradecerles que la hubiesen tenido allí. Comieron un gran Cochinillo. Después volvieron a Madrid.
Miren siguió mirando por la ventana. No había vuelto a ver a Manuel. No sabía que había sido de él. Lo recordaba con cariño. La visión del pene de Fernando y su corrida le había traído esos recuerdos de su primera vez.
- Miren, estás en babia. Tenemos que hacer la puta lámina y veo que has dibujado solo los ejes. A este paso no terminas – le dijo Carlos.
- Tienes razón y se puso a dibujar.
Estuvo un rato dibujando a lápiz. Luego, cuando quedó conforme, sacó los tiralíneas, tomó el más fino, echó un poco de tinta china entre las dos láminas y ajustó el grosor con la ruedecita. Luego hizo una prueba del grosor de la línea en un trozo de papel. Una vez ajustado, tomó la escuadra y el cartabón y colocándolos por el lado donde había un reborde para que la tinta no se deslizase por debajo, pintó la primera línea. Luego siguieron otras, esperando a que se secasen las anteriores, recargando cada poco el tiralíneas. Al final quedó bastante bien, aunque con un par de errores pequeños, que solucionó arañando y eliminando la tinta con la cuchilla de afeitar. Faltaban solo un par de círculos, y para eso cambió uno de los finales del compás, poniendo el terminal de tiralíneas, repitiendo la carga y el ajuste para hacer las líneas iguales a las anteriores. El arco más pequeño lo pintó, con el mismo proceso, con la bigotera. Había quedado bien. Limpió los tiralíneas con agua, seco las piezas y las volvió a guardar en su estuche metálico Kern.
La otra la haría en casa. Al rato entró Fernando a pedirle a su hermano el tintero para recargar la pluma estilográfica. Al acercarse e inclinarse sobre la mesa junto a Miren, ésta percibió o imaginó percibir ese olor característico del esperma. Este no se había lavado las manos o ella estaba muy salida, una de dos. Meditó unos segundos y descubrió que debían ser ambas cosas. Un polvete rápido con Carlos, solucionaría las cosas, pero él aún estaba terminando su primera lámina. Mientras él acababa, volvió a mirar por la ventana y recordó la primera vez que se enrolló con Carlos.
Habían pasado dos años. Iban de montañismo. Quedaron Carlos y ella a las 6 de la mañana en la estación para tomar el tren a la sierra. Luego transbordo y tren a Cercedilla. Allí un taxi que les dejó en el puerto de Cotos a las 10 de la mañana, con el compromiso de ir a recogerles 10 horas después. Irían andando unos 10 kilómetros, sin grandes cuestas, hasta la laguna grande de Peñalara y de ahí volver por la laguna pequeña, con un descanso y un bañito en cada laguna. Se sentaron en una piedra, se pusieron las Chirucas, metieron los zapatos en la mochila y echaron a andar. Ambos iban con pantalón corto, medias de media caña, y una camiseta fina, y, en el caso de Miren, el biquini debajo y Carlos un bañador elástico ajustado
Fueron directamente a la laguna grande por el Arroyo del Toril. Subieron la cuesta de la hoya de la Laguna y tres horas después de haber salido llegaron a la laguna grande. Hacía más calor del pensado y llegaron sudando. Decidieron darse un baño. Miren se quitó la ropa y se quedó con el bikini. El también llevaba un bañador ajustado debajo. Estuvieron mojándose y salpicándose, porque el agua estaba helada como para meterse. Luego se secaron al sol, se pusieron la ropa encima y volvieron por la otra ruta, la que pasaba por la laguna chica.
Bajaron a la laguna chica y llegaron una hora después. Se refrescaron de nuevo.
- Carlos, el puto bikini me ha irritado todo. Es el problema del bañador, no se puede andar si no es con ropa adecuada de algodón. Me voy a cambiar y ponerme una braga. No sé cómo hacerlo, porque no hay una caseta.
- Yo te tapo, pero es que no hay arboles aquí. Nos vamos a esas jaras y te tapo con esta mierda de toalla que hemos traído.
- Qué remedio.
Allí fueron hasta las jaras y Carlos se puso de espaldas con la toalla en el culo.
- Carlos, así parece que el que se está tapando eres tú. La toalla es pequeña. Date la vuelta y la pegas lo máximo a mi culo.
El se puso mirándola a ella y acercó la toalla a su cintura, desviando luego la mirada al cielo para que ella no se sintiese observada. Ella se quitó la braguita del bikini y se observó la ingle, la tenía toda roja.
- Carlos, mira cómo lo tengo, no puedo ponerme nada así, lo tengo irritado de narices. – dijo ella instintivamente, sin darse cuenta de que se lo decía a su amigo Carlos.
Carlos miró y vio el sexo de Miren, con su pelo medio rubio ensortijado, que ella echaba a un lado para verse la ingle. Carlos miró y se empezó a empalmar al momento, pero como llevaba un traje de baño elástico ajustado, se le empezaba a notar.
- Carlos, déjame la toalla y en la mochila llevo algo de crema contra las rozaduras, tráemela. Tráeme también el pantalón, que me vuelvo sin nada debajo.
Carlos fue a donde habían dejado las mochilas y la ropa y su mente solo veía a Miren andando sin ropa interior. Tomó lo que le pedía y volvió y se la dio, tomando el de nuevo la labor de taparla con la toalla. Ella empezó a darse la crema, pero Carlos, por mucho que intentase mirar a otro lado, notaba por el rabillo del ojo como Miren, que para él estaba como un queso de buena, se daba crema alrededor del chocho, dejando poco a la imaginación, por lo que marcó un paquete completo, casi saliéndose la polla por el elástico superior del bañador.
- Bueno, voy a dejar que se chupe y luego me visto. - siguió diciendo – mientras….
Miren no acabó la frase. Se quedó mirando el paquete que marcaba Carlos, y se puso toda colorada. En pelotas de cintura para abajo, enseñándole el coño a un tío con la polla totalmente empalmada, por muy amigo que fuera.
- Miren, lo siento.
- Carlos, la que lo siente soy yo. No sabía que te podía hacer ese efecto.
- Miren, con lo requetebuena que estás y si te toqueteas delante de mi y me enseñas el conejo, poco grande la tengo. – dijo Carlos
Ella empezó a notar que se empezaba a mojar, sin nada que lo tapase, notando el fresquillo del viento al evaporar su humedad. Carlos cada vez más empalmado, ya salía la punta por el bañador. Aquel pene la atraía como la luz a una polilla.
- ¿Tanto te gusto que te estas poniendo así de bruto?
- Miren, siempre he estado quedado contigo. Y con lo buena que estas…
Miren entonces alargó la mano y la introdujo dentro del bañador de Carlos y se la agarró con los dedos. Carlos cerro los ojos. Miren agarró con fuerza la polla de Carlos y tiró de ella, acercando a Carlos a su lado. Se acercó a la cara de Carlos y le dio un beso en la boca y empezaron a morrearse.
- Carlos, suelta ya la puta toalla. ¿Es que no me vas a tocar?
Carlos soltó la toalla y le empezó a tocar el coño, notando su humedad. Le empezó a hacer un dedo y ella a pajearle a pesar de la resistencia del bañador. Al cabo de un rato pegados uno contra el otro, morreando y jugando con sus lenguas, tocándose mutuamente, ambos se corrieron los dos. Miren soltó algo de flujo que empapó la mano de Carlos, pero éste empezó a soltar chorros de esperma. El primero le dio a ella en la cara, el segundo le cayó a el sobre la camiseta, el tercero quedó sobre la mano de Miren, así como los tres siguientes, ya casi sin fuerza. Se quedaron parados. Miren dejó el pene de Carlos y se llevó la mano a la boca, chupando todo el semen con la lengua. Luego recogió con un dedo lo que le había caído en la cara y se lo llevó a la boca chupándose el dedo. Luego se agachó, tomó la toalla y limpió la camiseta de Carlos. Éste seguía a esas alturas todavía tocándole el coño a ella. Ella le cogió la mano, la separó de su sexo, la subió a su boca, le dio un beso en la mano y se agacho a ponerse el pantalón, sin ropa interior.
Luego bajaron hasta donde estaban las mochilas y ella se lavó las manos en la laguna. Cuando se dio la vuelta se dio cuenta que Carlos tenia la mano cerca de su nariz, tratando de aspirar el olor dejado en ella por su sexo. Carlos se puso colorado.
- Puedes lavarte Carlos, que debe oler mas a crema que a otra cosa. Otro día te dejo tocarme sin crema.
Empezaron a andar, subiendo hasta la Puerta de Madera y luego fueron bajando hasta donde debía de esperarles el taxi. Miren iba delante y notaba la mirada de Carlos fija en su entrepierna. Definitivamente este chico estaba un poco verde, bueno como ella, pensó Miren. Cuando llegaron el taxi no estaba. Se acercaron a la caseta que había allí y se quedaron apoyados contra ella.
- Miren, lo que ha pasado,…, me ha gustado un montón, pero no quiero que rompa nuestra amistad.
- Carlos, eres mi amigo, y eso no va a cambiar. Yo no estoy quedada contigo, lo siento. Pero me gustaría seguir enrollándome contigo. Si eso te supone una situación conflictiva, me lo dices. Como digo, soy tu amiga y no quiero hacerte daño. No somos novios, no somos pareja, solo amigos que se enrollan. Eso nos va a permitir ahorrar mucho tiempo, que podemos dedicar a estudiar y poder llegar a Caminos y luego podemos seguir haciéndolo durante la carrera. Pero repito, si algo te incomoda, me lo dices. ¿vale?
- Claro, pero… te tengo que decir…. es que… yo no…
- Yo tampoco Carlos, nunca me he acostado con un tío. Vamos a estrenarnos juntos.
Llegó el taxi y les bajó a Cercedilla. Luego en tren a Madrid, y el metro a casa. Llegó molida. Se dio una ducha y se empezó a dar crema, pero no pudo evitar recordar y hacerse un dedo magnifico pensando en la situación en la laguna pequeña de Peñalara.
Relatos similares
- Hetero: General
¿Cómo me convertí en una p*ta? Pt 2
A sus 18 años, nunca había pasado de besos nerviosos. Pero esa noche, en la casa de Roberto, la barrera de la inocencia se rompe.
Comparte:Primera vezDescubrimiento orientacionMadurez vs juventud
- Hetero: General
Soy Ninfómana?? (1)
Verónica siempre supo que su cuerpo guardaba secretos que la sociedad no quería escuchar. Ahora, en los baños vacíos del colegio, Wiliam es la llave…
Comparte:Primera vezDescubrimiento orientacionTransgresion moral
- Hetero: General
Entre Mis Dedos (Mis Inicios Pt. II)
Llevaban tres meses de novios y solo se habían besado tímido. Pero esa tarde, mientras la película sonaba de fondo, ella decidió que la curiosidad…
Comparte:Primera vezDescubrimiento orientacionRelacion jefe subordinada
- Hetero: General
Descubrimiento tardio
Llevaba veinte años sin sentir nada. Hasta que la ventana de al lado se abrió de par en par y Clara vio lo que le había negado toda una vida.
Comparte:Descubrimiento orientacionRelacion jefe subordinadaPrimera vez
- Hetero: Infidelidad
Pase de ser esposa aburrida a una amante golosa 5
La rutina la tenía asfixiada, pero la soledad de la casa vacía encendió una chispa peligrosa.
Comparte:Descubrimiento orientacionRelacion jefe subordinadaPrimera vez
- Hetero: Infidelidad
Vivo de las mujeres decentes (Capítulo 10)
Rigo creía que solo buscaba diversión, pero Pilar lo atrapó con su sonrisa y su seguridad. Ahora, entre la presión de las familias y los ojos de sus…
Comparte:Descubrimiento orientacionMadurez vs juventudTransgresion moral