Pase de ser esposa aburrida a una amante golosa 5
La rutina la tenía asfixiada, pero la soledad de la casa vacía encendió una chispa peligrosa. Entre fantasías prohibidas y la puerta abierta a un desconocido, Verónica descubrió que su cuerpo tenía hambre de cosas que nunca se atrevió a pedir.
Llegué a casa relativamente rápido, eso es lo bueno de viajar en auto en vez de hacerlo en bus, me desnudé y estuve caminando por la casa totalmente desnuda, sin preocuparme por absolutamente nada, ya que estaba sola en casa, y eso no iba a cambiar por al menos unos días, así que seguí disfrutando del placer de estar desnuda.
Me senté a ver la tele, pero con el vibrador encendido, seguía en potencia mínima, pero con eso le bastaba para tenerme muy excitada. No lograba concentrarme en nada de lo que había en la tv, por mi mente pasaban varias imágenes y diálogos, el de la limpieza, el otro día en el centro comercial, el poli de mi trabajo…
Era evidente que ahí afuera había un mundo totalmente distinto al que yo conocía, al que yo estaba acostumbrada a vivir, al que mi esposo me confinó a vivir estando casada con él… pero después de todo él no tenía toda la culpa, ya que yo tampoco hice nada para salirme de la rutina aburrida e insípida en la que estaba inmersa desde hacían varios años ya.
Mi mano izquierda estaba jugando con mi pezón derecho, pasaba un dedo alrededor, haciendo círculos sin tocarlo, de golpe se detenía y lo apretaba, tal y como me lo hacía Héctor, eso era realmente muy excitante para mi… ya que lo recordaba y mi cuerpo se estremecía.
Mi otra mano estaba hurgando en mi vagina, presionando hacia adentro lo más posible el pene de plástico, para meterlo bien al fondo y de paso, sentir como la otra parte generaba un roce con mi clítoris, eso me estaba empezando a gustar mucho.
Me imaginaba la verga de Héctor entrando en mí, despacio, con algo de dolor e incomodidad, pero definitivamente llenándome toda por dentro… y eso me hizo pensar… ¿cómo la tendrá el poli de mi trabajo?
¿Será como la de Héctor? Aunque en realidad tenía cara de tenerla más larga, igual de gorda pero algo más larga… que placer sería entregarme al poli, me lo estaba comenzando a imaginar, y no podía dejar de tocarme.
Estaba tan caliente imaginándomelo, que me saque el aparato que me había dado Héctor y lo deje sobre la mesa. Volví a meter mi mano en la humedad de mi vagina, que para ese momento ya estaba chorreando mis flujos y mojando toda la silla.
Imaginaba al poli sentado en mi auto, yo sentada al lado de él, bajando de a poco para chupársela… la saco del pantalón y Wow… la tiene incluso más grande de lo que me imaginaba. Me agacho y comienzo a besarle el glande, trato de meterlo en mi boca pero no es fácil, la tiene grande y muy ancha, incluso más que la de Héctor.
Finalmente logro meter apenas un poquito en mi boca, subo y bajo mi cabeza, tratando de que se excite con la mamada que le estoy dando. Él me agarra de la nuca y comienza a cogerme la boca a toda velocidad durante unos segundos.
Después me monto sobre su enorme verga y me dejo caer suavemente sobre él. Al principio siento dolor y algo de ardor también, pero sigo adelante, y sigo devorándome esa enorme verga con mi vagina golosa, hasta llegar a sentarme sobre él y sentir que me penetró hasta el fondo.
Comienzo a besarlo apasionadamente, mis labios y los suyos chocan con furia, su lengua se abre paso entre mis labios hasta encontrar a mi lengua, que lo recibe con la furia y la calentura del momento.
Sin dejar de besarnos ni de jugar con nuestras lenguas, yo comienzo a subir y bajar sobre ese enorme trozo de carne. Con cada descenso mío, sentía como me llenaba por dentro, mucho más que Héctor, y eso no era decir poco.
Sentía que su glande rozaba mi ombligo por dentro, me sentía en las nubes con cada penetración suya. Sus manos jugaban con mis nalgas y uno de sus dedos buscaba la entrada de mi ano, que por supuesto ya estaba dilatado de tanto subir y bajar comiéndome esa enorme verga hasta el fondo.
De repente sacó su dedo de mi culo y me agarró de la camisa, y la abrió de golpe, haciendo que algunos botones salgan volando violentamente. Y comenzó a chuparme las tetas, tal cual lo hacía Héctor, me las mamaba todas, recorría con su lengua toda la expansión de mis enormes tetas, hasta detenerse en mis pezones, que al parecer le gustaban mucho, porque no podía dejar de lamérmelos.
Era sinceramente increíble lo que sentía, su lengua en mis pezones, uno de sus dedos que había vuelto a meterse en mi culo, y su verga enterrada bien profundamente en mi vagina. Era un verdadero pulpo este poli, nunca creí que fuera tan bueno para el sexo, ni que me hiciera gozar tanto, estaba muy pero muy caliente…
Estaba tan caliente que no pude aguantar más y llegué al orgasmo mientras mis dedos seguían jugando con mi clítoris. Mi otra mano jugaba con mis pezones que estaban duros como roca. Mi respiración estaba agitada, mientras comenzaba a abrir mis ojos nuevamente para descubrir no solo que había sido toda una fantasía, sino para quedarme pensando si coger con el poli realmente podría ser así…
Ya un poco más calmada, con la respiración más normal, me fui directo al baño, necesitaba un buen baño de inmersión, con sales aromáticas y algún aceite esencial quizás, después de todo yo me merecía eso.
Después del reparador baño que había tomado recién, decidí que no prepararía absolutamente nada de comer, no tenía ni un poquito de ganas de cocinar, así que me decidí a ver que cosas había para pedir, después de todo, tenía que disfrutar esos días solita en casa.
Esa noche estaba antojada de algo distinto, aún no sabía bien que sería, pero sabía que no quería caer en lo habitual, ni pizza ni hamburguesas, esta noche era especial, y voy a pedir algo acorde… algo especial…
Entré a distintas páginas de restaurantes de la zona, había árabes, chinos, peruanos, tailandeses, pero ninguno llegaba realmente a ganarse mi pedido por el momento. Hasta que recordé una vez, hace mucho, que había pedido comida japonesa, más precisamente sushi, pero lo que recordé realmente fue el repartidor que me lo había traído a casa.
Recuerdo que esa noche habíamos pedido sushi para todos en la cena, y el pedido lo había traído un hombre de tez morena, alto y muy musculoso, parecía un basquetbolista de esos que aparecen en la tele. Al momento de recordarlo, sentí una descarga eléctrica recorrer toda mi espalda, ya que recordé inmediatamente la forma en que me miraba, sus ojos parecían desnudarme, su sonrisa y su voz eran especiales también. Recuerdo que me había dicho algo así como: Estas muy linda, o que rica estas… no recuerdo bien sus palabras, lo que sí recuerdo es que me puse muy colorada en ese momento y lo despedí lo más rápido que pude en ese momento, por temor a que mi esposo descubra algo de eso.
Y pensar que hice que se vaya rápido por temor a lo que podría pensar mi marido, que tonta que fui. Pero hoy es otro día, y me puedo reivindicar pidiendo en el mismo lugar, y con algo de suerte, todavía tienen el mismo personal de repartos, ya lo veremos.
Hice el pedido en el mismo lugar donde compramos sushi la última vez, y mientras esperaba al repartidor, deseaba que fuera el mismo de la última vez, pero necesitaba recibirlo de alguna manera especial, algo que haga que se fije en mí. Pero no sabía que me podría poner.
Pasaban los minutos y yo seguía desnuda, pensando y probándome distintas cosas, pero ninguna me terminaba de parecer lo suficientemente informal y sexy a la vez, o al menos nada que pudiera estar usando de entrecasa esa noche.
De pronto sonó el timbre, seguramente era el repartidor de sushi, y yo seguía sin encontrar que ponerme, Así que respiré hondo, me serené unos segundos, y decidí colocarme nuevamente el toallón envuelto en el cuerpo, como si estuviera recién bañada. Recuerdo haber pensado: Si se tiene que dar, se va a dar…
Abrí la puerta con toda mi intención de parecer sexy, aunque algo despreocupada, a la vez deseando que sea él quien traiga mi pedido…
Y para mi alegría si… era él… solo que era un poco más bajo de lo que lo recordaba, pero esa sonrisa al verme me recordó que seguramente yo le seguía gustando como la última vez.
Repartidor: Hola… pedido para Verónica, ¿es usted?
Yo: Soy yo, pasa por favor que enseguida te traigo el pago.
Me di media vuelta y comencé a caminar hacia la sala, dejando detrás de mí la puerta abierta, y esperando que el repartidor entre, tal cual se lo había pedido. Trataba de caminar sexy delante de él, moviendo mi culo, pero definitivamente la toalla no me dejaba hacer lo que tenía en mente.
Fui hasta mi cartera, saqué algo de plata, y volví hasta donde estaba él parado con el pedido aún en sus manos. Volví a tratar de caminar sexy, pero nuevamente la toalla me lo impedía, así que quise caminar cruzando una pierna por delante de la otra, pero aún más exageradamente que antes, lo que finalmente hizo que la toalla se desprendiera y caiga al piso.
No era lo que yo esperaba en ese momento, si bien quería parecerle sexy al repartidor, no quería mostrarme totalmente desnuda delante de él. Como pude me tapé los senos con una mano y con la otra mi vagina, mi movimiento fue instintivo, así como el color en mis mejillas, debido a mi vergüenza.
El repartidor se acercó inmediatamente y recogió la toalla del piso, tenía cara de asombro y una sonrisa pícara, y me la ofreció para que me la vuelva a colocar. Con la mano que me estaba tapando las tetas, decidí agarrar la toalla, pero al momento de agarrarla, cambié de rumbo y decidí tomar la caja con el pedido, para sacársela de las manos y apoyarla en la mesa que estaba junto a nosotros.
La sonrisa en su cara se hizo mucho más grande, podía verle en sus ojos un brillo especial, como el de alguien que consigue finalmente algo que toda su vida quiso.
Yo: ¿Te molesta si me quedo así? Me siento más libre…
Repartidor: Se ve muy hermosa así desnuda señora, realmente muy hermosa, pero su marido… ¿no se va a enojar si la ve así delante de mí?
Yo: Mi marido salió de viaje y no volverá hasta dentro de unos días, no te preocupes por él…
Repartidor: En ese caso, le puedo decir que está tan hermosa así, totalmente desnuda, que es lo más lindo que mis ojos vieron en muchos años.
Yo: No te creo, seguro le decís lo mismo a todas…
Repartidor: No se crea, lo justo es justo, y usted es realmente muy bella señora, tiene unas curvas hermosas, realmente es un sueño hecho realidad.
Yo: Pero me gustaría que me tutees… si no te molesta tratarme de vos, claro… ¿podrás? Así no me siento una señora al lado tuyo…
Repartidor: Claro que sí, usted es una hermosa dama… perdón, vos sos una hermosa mujer. Y la verdad es que me gustas mucho.
Yo: Creo que ya me había dado cuenta de que te gusto, por el bulto en tu pantalón, es lindo ver que te excito.
Y diciendo esto, me arrodille delante de él y le desabroche el pantalón, se lo baje hasta las rodillas, y ahí pude ver su verga totalmente erecta, la tome entre mis manos y la sentí dura como una piedra. Aunque la verdad que esperaba que sea más grande, era de tamaño normal, pero bien gorda, bastante más que la de Héctor.
Me la llevé a la boca y comencé a pasarle la lengua alrededor de su glande, pasaba mi lengua de un lado a otro, para finalmente metérmela adentro de la boca. Me costó un poco por lo gorda que era, pero terminó entrando bien. Lo bueno es que no era tan larga, así que no me molestaba adentro de la boca.
Estuve dándole sexo oral apenas unos segundos, cuando sentí sus manos tomándome de la cabeza y jalándome hacia atrás, para que deje de chupársela.
Repartidor: Si no te aparto, me venía en tu boca.
Yo: ¿Ya? ¿De verdad?
Repartidor: Si, ya, no soy de aguantar, o mejor dicho, soy de los que aguantan poco. Al menos el primero… en el segundo ya aguanto un poco más.
Yo: No se diga más…
Y volví a meterme su pene en mi boca y volví a mamársela por un ratito más, hasta que no pudo más.
Repartidor: No aguanto más, me vengo… me vengoooo
Yo: acabame entre las tetas por favor, ¡llénamelas de leche!
Repartidor: Siiii, Ahhh, Siiiii.
Yo pensaba para adentro mío, no parece tener ninguna enfermedad, parece sano, y tiene anillo de casado, seguramente esté bien sanito, pero no voy a arriesgarme, así que mejor lo hago que me acabe en las tetas, así no hay riesgo de nada.
Y pensando en esto mismo, y poniendo mi mejor cara de puta, recibí toda su leche entre mis pechos, cosa que me parecía raro, ya que nunca hice algo así en toda mi vida, pero los últimos días habían sido una verdadera locura.
Realmente me sorprendió la cantidad de leche que largó sobre mis tetas, parecía demasiada para una sola persona, así que junto con el dato de que acababa rápido, pensé que haría mucho rato que llevaba sin coger.
Yo: mmm cuanta leche… ¿hace mucho que no descargabas?
Repartidor: Ayer… cogimos con mi esposa a la noche, ¿por qué?
Yo: Porque me pareció muy abundante tu acabada.
Repartidor: Ah ok, pero siempre acabo así, siempre fui muy lechero. Pero ahora te toca a vos disfrutar…
Y diciendo esto, me llevó hasta el sillón, me sentó ahí con las piernas separadas, y se colocó en medio. Con mucha delicadeza comenzó a pasar su lengua por mis labios vaginales, después por todos lados, hasta detenerse a jugar con mi clítoris… era puro placer, las cosas que hacía con la lengua era realmente un experto, me cogía con la lengua, me succionaba el clítoris, me hacía de todo…
Y en muy poco tiempo me hizo acabar, a pesar de que yo había acabado no hacía mucho rato, pero así y todo él tenía una maestría con esa lengua que me hacía ver las estrellas.
Yo: Realmente sos bueno con la lengua, debo admitirlo… ¡muy bueno!
Repartidor: Muchas gracias… mi esposa me dice lo mismo.
Y mientras me decía estas palabras, se incorporó y pude ver que llevaba nuevamente su verga parada, la tenía a tope, apuntándome como un arma cargada, a punto de ser usada en mi contra.
Me tomó entre sus fuertes brazos y me levantó con una facilidad tremenda, yo me quedé paralizada con sus movimientos, nunca pensé que un hombre me podría cargar así de fácil, debo admitir que se sentía muy rico que me mueva a su antojo.
Hizo un par de pasas y me apoyo sobre la mesa, mi culo sintió el frío de la madera, y me seguía teniendo con las piernas bien abiertas. Se acercó a mí y puso su pene regordete en la entrada de mi vagina… yo estaba exhausta ya, pero no me podía negar a esto – pensé – así que abrí un poco más las piernas y lo tomé de la cintura, atrayéndolo más hacia mí, logrando que me entierre su verga gorda y dura de una sola estocada.
Me dolía y me ardía la vagina, pero ya me estaba acostumbrando a este tipo de dolores. Él comenzó a moverse adentro mío, debo admitir que era un movimiento rico, sus estocadas eran cortitas y profundas, era distinto, pero muy lindo.
Comenzó a mamarme las tetas, pasaba su lengua por mis pezones y las apretaba con las manos, sin soltarlas ni un minuto, estaba realmente pegado a mis tetas.
Yo: ¿Te gustan mis tetas?
Repartidor: Siiiii, me encantan, ¡realmente son hermosas!!!! Siempre quise estar con una mujer de tetas grandes y nunca tuve la posibilidad, pero usted… perdón, vos tenes unas tetas que son más que grandes, son enormes, ¡me encantan! Siiiiiiiiii…
Y diciéndome esto último sentí como me llenó de leche por dentro. Me ganó de mano, ya que le iba a decir que me vuelva a acabar en las tetas, por las dudas, por si tenía alguna enfermedad, y para volver a ver esa cantidad inusual de leche, pero acabó demasiado rápido y no llegué a decirle nada.
Repartidor: Otra vez me fui muy rápido, espero que no te moleste.
Yo: No pasa nada, tranquilo…
Repartidor: ¡Es que sos una mujer terrible, sos muy hermosa, y esas tetas son la gloria!!!!
Yo: Gracias.
Y pensé durante un instante en jugarle una broma, diciéndole que yo no me cuidaba, pero finalmente decidí no decirle nada de eso.
Nos quedamos así un instante más, hasta que su pene comenzó a achicarse adentro mío, y se salió de golpe, dándole paso a que salga también toda una gran cantidad de leche.
Entonces me pidió permiso para pasar al baño, se limpió y con la excusa de tener que seguir con los repartos se fue, sin más. Yo me quedé sola una vez más. Me fui al baño a limpiarme también, y mientras lo hacía me sorprendí a mí misma pensando en que no tenía la verga del tamaño que yo me imaginaba, y me reprendí a mí misma, diciéndome que era una golosa, y que no siempre se puede coger con un hombre que la tenga grande y gorda, como en mis fantasías jajaja.
Al otro día me levanté y luego de desayunar, me vestí tal cual me lo había pedido Héctor, con la ropa que él quería abajo, y arriba el traje que su esposa me había dado.
Quedamos con Héctor y me pasó a buscar en un punto intermedio que ya habíamos arreglado con anterioridad. Me subí y me dijo que estaba hermosa, que ya quería que sea la tarde para que nos vayamos al hotel. Mientras tanto me levantaba la falda negra y aprovechaba para tocar mi vagina por sobre mi ropa interior de encaje.
Héctor: ¿Y dónde está el juguete que te regalé? No lo traes puesto.
Yo: Pensé que hoy no lo debía traer puesto.
Héctor: Hoy me hubiera gustado que lo traigas puesto, pero no te hagas problema, ya habrá tiempo para que lo uses durante la semana.
Yo: Pero… ¿y tu esposa? Yo pensé en ella, por eso no lo traje.
Héctor: No te preocupes, como te dije antes, ya habrá tiempo más adelante para usarlo todos los días.
Hicimos un trayecto relativamente corto y llegamos a su casa, que estaba más cerca de lo que yo pensaba. Nos bajamos y nos fue a recibir su esposa, al verla solo pude pensar: Pobre cornuda.
Me la presentó y estuvimos hablando un ratito hasta que sirvió la comida, su famoso guiso, el cual debo admitir que estaba increíble. Recuerdo que ella me dijo que la receta era un secreto, que llevaba generaciones en su familia, y le dije que lo cuide bien al secreto, porque realmente era muy rico!!!!
Terminamos de almorzar y con la excusa de que la fiesta ya estaba por comenzar, nos volvimos a subir a su auto y nos marchamos de ahí, no sin antes despedirme de su esposa y agradecerle por su atención, por su comida y por dejarme coger con su esposa – esto último lo pensé y casi se lo digo, casi se me escapa, pero por suerte no salió de mi boca.
Durante el viaje, mientras hablábamos, Héctor no dejo de tocarme las tetas y mi vagina, estaba hecho un pulpo, parecía que tenía 8 brazos, no se quedaba quieto, pero realmente me gustaba que intentara tocarme por todas partes.
Finalmente llegamos al hotel, era un lugar bien bonito, reservado, y un tanto formal. Me daba mucha confianza estar ahí.
Entramos y enseguida comenzamos a besarnos como desesperados, era realmente mucha la tensión sexual que veníamos acumulando.
Sentía su lengua hacerse camino a través de mis labios, para finalmente unirse a la mía, y así comenzar la danza de las lenguas ardientes, como me solía gustar llamarla, al menos en mis pensamientos.
Héctor me sacó de inmediato toda la ropa, menos el bra y el cachetero. Me miró de arriba abajo, me hizo dar una vueltita y me volvió a mirar de arriba abajo.
Héctor: Estás realmente hermosa, muy… pero muy hermosa.
Yo: Gracias.
Héctor: Menos mal que no fuimos a la fiesta, porque seguramente iban a ser varios los que te querrían coger hoy.
Yo: No te creas, ni tanto…
Héctor: Sos hermosa, y lo más lindo es que solo yo te voy a coger hoy.
Y comenzó a besarme nuevamente, mientras con una mano me acariciaba los pezones y con otra me apretaba las nalgas.
Comenzó a bajar de mis labios hasta mi cuello, mientras me seguía besando el cuello, me seguía amasando las nalgas. Su lengua siguió bajando hasta llegar a mis pezones, que a esa altura ya estaban duros como piedra.
Entonces decidí separarme de él, lo miré a los ojos y pude notar su cara de asombro. Me puse de rodillas y comencé a bajar su ropa, y le agarré su verga entre mis manos y comencé a besarla. Mientras él se terminaba de desvestir, yo comencé a mamársela con un muy buen ritmo.
Héctor: Eso es, sos mi putita, ya vas aprendiendo lo que me gusta.
Y mientras él me decía eso, yo lo miraba a los ojos, pero sin dejar de chupársela, sabía que eso le encantaba.
Inmediatamente me agarró de un brazo y me levantó, me llevó hasta una ventana que estaba cerrada, y me hizo bajar apenas un poquito, no llegaba a estar en 4, y me agarró desde atrás y comenzó a metérmela despacio, me agarraba de la cintura y me iba penetrando despacio, hasta que se dio cuenta de que ya me tenía totalmente clavada hasta el fondo.
Héctor: Hoy ya se nota que te entra más fácil, me encanta, debe ser el juguetito que te regalé.
Yo: Seguramente…
Mientras pensaba en las cosas que había hecho últimamente, y que mi vagina estaría dilatada gracias a todas las cosas que hice, además de usar su juguetito.
Posiblemente el hecho de que me entre más fácil que la última vez, lo haya hecho que se caliente más, y por eso comenzó a bombearme más duro, como nunca lo había hecho. Y era algo que me estaba empezando a gustar mucho a mi…
Yo gemía y jadeaba sin parar, al ritmo de la super cogida que Héctor me estaba dando en ese momento. No me daba respiro, sus embestidas eran largas y profundas, me la sacaba casi toda y me la volvía a clavar hasta el fondo, así una y otra vez, hasta que se detuvo un instante, y pude sentir que comenzaba nuevamente a meterme un dedo en mi culo, y ahí retomo esa cogida frenética que me estaba dando, pero con un dedo adentro de mi culo.
Cambiamos de posición y él se acostó en la cama con su verga apuntando hacia el techo, yo me monté sobre su exquisito mástil de carne y me lo comencé a clavar una y otra vez, mientras él volvía a meterme un dedo adentro de mi culo.
Héctor: Me encanta que saques esa puta que tenés adentro, y que te muevas y disfrutes así.
Más me hablaba, y yo más me movía… hasta que explotó dentro mío un tremendo orgasmo. Caí rendida unos segundos en su pecho, pero él no dejo de cogerme, ya que comenzó a mover su cadera, diciéndome que estaba por acabar él, así que retomé el movimiento hasta sentirlo llegar adentro mío, era una sensación única sentir como su verga latía adentro mío, mientras me iba descargando toda su leche.
Nos quedamos así apenas unos minutos, hasta que noté que ya estaba su verga dura nuevamente.
Yo: ¿Otra vez tomaste la famosa pastillita azul?
Héctor: Puede ser…
Entonces me di vuelta en la cama, poniéndome en la posición del 69, apoyando mi vagina sobre su cara, pero tomando su verga dura entre mis manos, y comencé a mamársela nuevamente, hasta dejársela bien ensalivada nuevamente, momento que aproveché para girarme nuevamente y volverme a sentar sobre su mástil.
Nuevamente entró hasta el fondo, y comencé a moverme de atrás hacia adelante al principio, y a cabalgarlo después de arriba abajo. Héctor seguía agarrando mis tetas, y yo le saqué una mano de una de mis tetas, y la llevé hacia mi boca. Me metí su dedo índice en la boca y se lo chupé unos segundos. Después volví a tomar su mano y esta vez la guie hacia mi parte de atrás. Más precisamente hasta mi culo. No dudó ni un segundo y me volvió a meter su dedo adentro de mi ano.
Héctor: Me encanta lo putita que sos, aprendes rápido vos, me encanta.
Yo: ¿Te gusta que sea tu putita?
Héctor: Sos increíble Vero, ¡sos única!!!!
Y diciéndome esto, se salió de golpe de abajo mío y me tomo de la cintura y me colocó en 4 patas, para luego meter su cabeza entre mis piernas y comenzar a lamer mi ano. Debo admitir que al principio me pareció algo raro, casi asqueroso, pero luego de un tiempo le comencé a encontrar lo lindo, y comencé a gozar de sus lamidas.
Junto con sus lametones, iba alternando un dedo primero, y dos dedos después adentro de mi culito. Yo ya me sentía preparada, pero no terminaba de juntar las fuerzas suficientes para decírselo, o sea, tenía miedo todavía.
De repente se detuvo, se acomodó parado adelante mío y me puso su verga a escasos centímetros de mi boca, no me lo tuvo que pedir, automáticamente abrí mi boca, para alojar su mástil de carne adentro. Me dijo que se la chupe, pero que se la deje bien llena de saliva, cosa que hice a la perfección.
Volvió a colocarse atrás mío y apoyo el glande en la entrada de mi culito, y comenzó a empujar muy despacio. Yo le decía que me duele, pero él me dijo que es normal, que aguante, que después se vendría lo bueno.
Así estuvimos como media hora, tratando que me penetre, pero por más que yo trataba de relajarme no había caso. Hasta que finalmente mi esfínter cedió y su glande se alojó apenas en la entrada de mi culo, que acababa de perder su virginidad.
El dolor que sentía al principio era más intenso de lo que sentí cuando me cogió la primera vez por mi vagina, pero Héctor me consolaba diciéndome que lo aguanté, que ya se iba a pasar, y se quedaba quieto mientras tanto, besándome el cuello y agarrando mis tetas y amasándolas a su antojo.
Después de unos minutos, comenzó a moverse lentamente adentro mío, yo sentía como se iba abriendo camino a través de mi culo y era algo nuevo, y muy excitante.
Pronto el dolor le comenzó a dar paso al placer, y Héctor se movía libremente adentro mío, la metía y la sacaba con un ritmo verdaderamente increíble. De a ratos soltaba una de mis tetas y buscaba y acariciaba mi clítoris, cosa que se sentía muy rica.
Llegó un momento en el que comenzó a cogerme muy salvajemente, su pelvis chocaba una y otra vez contra mis nalgas, sus movimientos se aceleraban más y más, hasta que comencé a sentir que estaba llegando a un orgasmo muy, pero muy fuerte yo.
Yo: Siii, por Dios no pares, me estoy por venir, no pares… ¡no pares!!!!!
Héctor: Tenes un culo hermoso, muy apretadito, y ahora es mío…
Yo: Siiii, soy tu putita… seguí así…. Asiiiiiiiii… Ahhhhhh… Ahhhhhh
Y finalmente llegué a tener un orgasmo tan grande, que sentía que me temblaban las piernas de lo fuerte que fue, nunca me había pasado algo así, jamás.
Héctor seguía enculándome duro, era evidente que él también se estaba por venir, su respiración estaba muy agitada y no dejaba de repetirme que mi culo finalmente era suyo, y que me lo iba a llenar de leche.
Y así fue, comenzó a llenarlo de leche calentita, yo sentía su verga latir adentro de mi dolorido culo, mientras él vaciaba sus huevos adentro mío, mi culo finalmente era suyo, él me lo desvirgó y me hizo sentir un placer único y nuevo: Nuevo placer desbloqueado!!!
Esa tarde lo hicimos tres veces más, dos fueron por mi vagina y una por mi culo, hubo mucho cambio de posiciones, y recuerdo haber acabado muchas veces, pero muchas… de verdad.
A partir de ese momento, yo comencé a vivir una nueva etapa de mi vida. Con Héctor fuimos amantes durante varios meses, aunque no nos veíamos tan seguido, cada vez que podíamos nos encontrábamos en un hotel para sacarnos las ganas ambos.
De mi marido me terminé separando, como era obvio que iba a pasar, con el tiempo me terminó confesando que tuvo una amante durante años, por eso nunca cogía conmigo, y cuando le conté las cosas que aprendí en la cama y lo puta que era, quiso probarlo él mismo, pero ya era tarde, de esta agua no haz de beber le dije…
Tuve varias parejas después de eso, y finalmente terminé encontrando al hombre de mi vida, con el que vivo actualmente. Tenemos un muy buen sexo, y lo mejor de todo es que él es de mente abierta, por lo que yo puedo coger con quien yo quiera, cuando yo quiera, él también por supuesto, y nos llevamos super bien así, tenemos lo que se llama: una pareja abierta, y nos funciona a la perfección.
A Héctor cada tanto lo veo, mucho menos que antes, y muy pocas veces terminamos en la cama, ya que las veces que lo hacemos es solo por los viejos tiempos.
A él le debo mi libertad sexual y el comienzo de mi nueva vida, gracias a él yo aprendí a entenderme mejor, y a saber qué es lo que quiero y que es lo que no quiero en este vida.
Eso sí, nunca me olvido que él fue quien me estrenó el culo, él tampoco se olvida, incluso siempre me lo recuerda, ya que cada vez que nos vemos, las pocas veces que cogemos, solo lo hacemos por mi culo, como un homenaje a lo que paso años atrás.
FIN
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