El nuevo maestro del pueblo (15)
El nuevo maestro del pueblo creía que su llegada sería discreta, pero pronto descubre que la vida rural esconde secretos mucho más salvajes. Entre confesiones en la sacristía y propuestas indecentes en la casa de la condesa, su moral se desmorona ante la lujuria desenfrenada de las mujeres del lugar.
Morbo y depravación
Mi mente estaba en pleno estado de perversión visualizando esa escena de masturbación al burro, e imaginando las caras de esos diputados, ministros, incluso de algún representante del clero con sus caras de salidos contemplando esa escena.
- Que gente?
- Pues la que va a esas fiestas?
- Cree que eso les gustará?
- Te aseguro que les encantará, y te convertirás en la reina de la fiesta.
- A mi no me importa, pero esas cosas se le dan mejor a mi madre.
- Es que tu madre también le ha hecho pajas al burro? – volví a alucinar perdiendo la cuenta de las veces que ya lo había hecho.
- Claro, por eso me dijo Ramiro el viudo que lo hiciese, porque ya la había visto a ella hacerlo.
Mi perversión no tenía límites. Comencé a imaginar a las dos interactuando con el animal y noté como la polla quería enderezarse de nuevo.
- Crees que tu madre querrá hacerlo con gente delante? – la pregunté sin pensarlo dos veces.
- Eso lo tiene que hablar con ella, pero con las ganas que tiene de ir a una de esas fiestas le diría que aceptara encantada.
Con la mente inmersa en un fuego de lujuria y depravación, me vestí pensando en que si eso salía adelante la condesa me recompensaría de una forma especial.
- Te aseguro que iras a esas fiestas, pero ahora tengo que hablar con tu madre para ver que opina.
Bajé por las escaleras y vi a Carmen sentada viendo la tele. Giró la cabeza al oir mis pasos y me sonrió casi de forma lasciva.
- Que, aprende la niña? – preguntó a la vez que se levantaba.
Su vestido viejo y escuro no tenía nada de erótico, pero sabía que el cuerpo que tapaba ganaría mucho con algo más adecuado. Iba a proponerle que me invitase a café o algo para poder exponerle el tema, pero fue ella la que se adelantó.
- Quiere una copita antes de irse?
- Claro Josefa, estaré encantado.
Sacó la botella y dos vasos pequeños y los puso sobre la mesa baja que había frente al sofá.
- Siéntese, que saco unas pastas para acompañar.
Me senté y al momento apareció con las pastas y se sentó a mi lado subiéndose el vestido descaradamente para mostrarme los muslos.
- Ya veo que a la niña le gusta to lo que la enseña. – me dijo con descaro.
- Es lista, y aprende rápido.
- Debe ser buen maestro, porque la he oído gritar como pocas veces, jajaja. – comentó a la vez que ponía su mano en mi pierna muy cerca del bulto que se formaba en la bragueta.
- La verdad es que lo hemos pasado bien los dos. – ya contesté sin cortarme, pero ella se cortó menos.
- Me he puesto bien calentita escuchado, jajaja. – replicó a mi respuesta llevando la mano hasta el bulto de mi pantalón para presionarlo con suavidad.
- Pues ella me ha contado algunas cosas de ti que me han gustado.
- Ah, sí? Cuales?
- Pues que le hacéis pajas al burro de Ramiro. – la solté de una vez.
- Jajaja, eso fue por una apuesta que le hice al ramiro un dia que andábamos los dos borrachos.
- Y cuál fue la apuesta?
- Que le haría correrse al burro en menos de un minuto.
- Y la ganaste?
- Pos claro, jajaja. Me tuvo que dar dos botellas de orujo del que fabrica, que es el mejor del pueblo.
- Pero lo has hecho más veces?
- Si, pero ya sin apuestas. A mí me gustó tocar ese pedazo de rabo, y a él también le gustaba verlo, así que de vez en cuando nos divertimos con eso antes de follar.
No la dije nada, pero me había abierto la cremallera y había metido la mano sin preguntar. Entre ese sobo, y lo del burro, se me había puesto la polla de nuevo como el martillo de un herrero, pero mi mente calenturienta pedía saber más detalles.
- Pero que le haces al burro, solo pajearle?
- La primera vez fue solo eso, pero las siguientes lo que hacía era lavarle bien la verga antes de empezar. Después me desnudaba y cuando se la ponía dura, me la restregaba bien por las tetas y el culo, y no vea cómo se ponía el bicho, Ramiro tenía que sujetarlo para que no me montase, jajaja.
“Joder, eso tengo que verlo como sea!” exclamé con la vente en pleno estado de salidismo y depravación.
- Te gustaría que la condesa te invitase a alguna de sus fiestas?
- Pos claro, pero nunca se ha fijado en mí. Prefiere a otras putitas del pueblo que van de decentes.
Joder con Josefa, parecía estar enterada de lo que pasaba a pesar de salir poco de casa.
- Creo que si estas dispuesta a hacer en su casa lo que me has contado, la condesa estaría encantada de invitarte.
- En su casa? – preguntó algo desconcertada – No creo que el Ramiro esté dispuesto a dejar su burro a cualquiera.
- Eso lo podríamos arreglar. Seguro que la condesa tiene caballos y burros en su cuadra. No sería necesario pedírselo a Ramiro, ni tampoco de que se enterase.
- Pero sin conocer al bicho no me atrevo. Lo mismo se desboca y me patea.
- Bueno. Tendré que hablarlo con ella para ver que animales tiene, y si quiere aceptar la oferta tendría que dejar que fueses a verlos antes.
- Pero iría solo pa eso?
- No, eso sería solo una parte. Después habría comida, bebida, baile y folleteo con los tíos que fueran a verlo. Que te parece, quieres que se lo pregunte?
- Si es así, claro, jajaja. Ya estoy harta de follar con los mismos.
Mientras hablábamos, ya me había sacado la polla y masajeaba el endurecido troco. Lancé mis manos contra sus tetas y se las sobé con deseo por encima del vestido, un deseo que mi propia mente calenturienta y perversa me había creado. Desabroché dos botones y metí una mano para sobar la carne bajo el sujetador en un acto impulsivo que no podía controlar.
- Parece que todavía tié ganas, ehh! – dijo al verme tan desaforado.
Ella continuó desabrochando botones hasta dejar que las dos hermosas tetas salieran fuera del vestido. Tiré del sujetador y los pezones saltaron fuera de la tela. Estaba duros y erectos, diría que apetitosos. Comencé a chuparlos con unas ganas tremendas, y sus gemidos, mas fuertes que los de Carmen, se hicieron patentes al momento.
- Ahhg… me gusta que me los coman con fiereza! – exclamó echándose hacia delante para ponerme las tetas sobre la cara.
Se los chupé y se los comí con la fiereza que me pedía, arrancando gemidos más potentes de su boca. Bajé una mano hasta sus muslos y la introduje entre ellos buscando su coño. Me topé con las bragas cuando abrió las piernas. Con desenfreno, metí los dedos entre ellas y me encontré con la maraña de pelo. Si Carmen tenía un bosque entre las piernas, lo de su madre era una puta selva. Encontré la raja entre el mullido vello e introduje dos dedos.
- Ay dios! Que gorrinaza me ha puesto! – prácticamente gritó apretándome la cabeza con fuerza contra sus tetas.
Después de pajearla hasta sentir como se humedecía su ardiente coño, pude quitar la boca de sus tetas para coger aire.
- Me encanta lo puta que eres Josefa! – volví a exclamar desquiciado con los dedos metidos en su coño mirando a la vez que miraba sus ojos abiertos de los que manaba un deseo desaforado.
- Hay mucha puta en este pueblo, pero yo soy la mejor de toas. – contestó con cierto orgullo.
Tiré de su vestido hasta la cintura, y ella ayudó hasta que salió por los pies. Era la primera vez que la veía semidesnuda y me di cuenta de que tenía un buen cuerpo. Grandes tetas, estrecha cintura, y un culito muy bien contorneado. La ropa interior era poco sexy, y prácticamente se la arranqué del cuerpo dejándola totalmente desnuda. Se tumbó en el sofá abierta de piernas esperando que me tumbase sobre ella. Volví a mirar la selva que envolvía su coño, y mientras me quitaba los pantalones y calzoncillos la pregunté.
- No has pensado nunca en depilarte?
- Pa qué? A los del pueblo les gusta así.
- Pero a los de la ciudad les gustará más verte sin pelo. Quizás a alguno quiera hasta chupártelo si ven solo la carne. Te lo han chupado alguna vez?
- Pues la verdad es que no.
Me tumbé sobre ella, y agarrándome la polla la introduje entre la maraña de pelo buscando la raja. Nada más sentir como se introducía el capullo me agarró del culo y tiró de él para que se metiese toda la polla dentro.
- Ay diosss! Que ganas tenia de sentir una buena polla!! – gritó sin cortarse.
La saqué y la volví a meter de otro empujón arrancándola otro grito.
- Ahhhhggg! Quieo que me folle bien follá, como a la niña. – gritó intentando mover sus caderas.
En ese momento estaba más salido que el rabo de una sartén, pero quería disfrutar de la euforia que manaba esa mujer por follar.
- Me ha dicho Carmen que te gustan las pollas grandes y gordas. – susurré contra sus labios jadeantes mientras bombeaba su coño con lentitud.
- Ahhhhg… siiii… cuanto más grandes mejor…ahhhg…
- Como la del burro? – insinué a ver que decía.
- Ahhhg… esa no me cabe, pero me la restregó bien contra el chocho… ahhhg…
En ese momento sentí una tercera mano en mi cuerpo y me sobresalté. Giré la cabeza y vi a Carmen acariciando mi culo según lo movía. Antes de que pudiese decir nada me dijo.
- Me gusta ver cómo te follas a la gorrina de mi madre. – susurró con una voz lasciva y penetrante.
No sé cómo, pero se acopló de rodillas sobre nosotros y metió la mano bajo mis huevos para sobarlos mientras no paraba de bombear el coño de Josefa. La sensación fue deliciosa, excitante, casi suprema. Comencé a envestir con más fuerza con la mente ardiendo. Josefa empezó a gritar más y al momento sentí como se corría.
- AHHHGGG… AHHHGGG… SIII… lléname el chocho de leche caliente… AHHHGGG…
Carmen comenzó a moverme los huevos haciendo que la polla entrara y saliera del coño de Josefa a gran velocidad, y al instante el que gritaba era yo sintiendo como mi verga soltaba borbotones de leche hirviendo.
Los tres quedamos postrados y jadeantes formando una pequeña montaña de cuerpos sudorosos. El olor era fuerte, una mezcla de sudor y sexo. Cuando nos separamos, Carmen se fue y Josefa y yo nos quedamos sentados todavía desnudos. La lujuria y la lascivia recorrían su cara como serpientes culebreando por sus mejillas. Se inclinó y empezó a chuparme la polla como si quisiese ponérmela dura de nuevo. Estaba empapada y morcillona, pero cuando dejó de chupar apareció seca y algo enderezada.
- Ummm… me gusta mucho este sabor. – dijo con naturalidad a la vez que se limpiaba los labios con el dorso de la mano.
No supe que decir hasta que pasaros unos largos segundos en los que volvió a mi cabeza la imagen del burro.
- Bueno, hablaré con la condesa y ya os digo algo. – dije finalmente mientras me vestía.
Me largué de la casa por la puerta principal, ya que era la única casa en la que lo podía hacer. Ya estaba anocheciendo y andaba por la calle sin saber dónde iba, tan solo pensaba como exponérselo a la condesa. Cuando me di cuenta, estaba en la plaza. Vi a algunos hombres que llegaban al bar y me mantuve alejado para que no me viesen. La puerta de la iglesia estaba abierta, pero ese día parecía no haber misa. Decidí entrar para hablar con Ramon, pensaba sonsacarle a ver que sabia sobre el tema de Josefa, Carmen y el burro, y quizás alguna cosa más.
Entre y no vi a nadie. Procuré andar con cuidado para que mis pasos no resonaran. Subí los tres escalones hasta el altar y lo atravesé hasta llegar a la sacristía, donde en uno de los lados estaba la oficina de Ramón. La puerta estaba abierta y al acercarme vi que estaba solo sentado tras el escritorio.
- Hombre Roberto. Que haces por aquí? – me dijo nada más verme.
- Acabo de salir de casa de Carmen, y no sabía que hacer hasta la hora de cenar.
- Pasa, pasa. Nos tomaremos un vinito hasta que llegue Angelita.
- Quien es Angelita?
- Una señora de sesenta y ocho años que se quedó viuda hace tres.
- Y a qué viene?
- Pues a lo que muchas, a que la consuele.
- No me jodas que también te la follas! – exclamé relativamente escandalizado.
- Algunas veces, pero la mayoría solo quiere chupármela mientras la pajeo hasta que se corre.
- Joder tío, es que hay alguna a la que no te folles? – le pregunté sonriendo.
- Algunas hay que parece que se resisten, jajaja.
Los dos nos reímos mientras servía los vinos y nos sentamos a charlar.
- Que tal con Carmen, prospera en el lenguaje y las formas? – me preguntó.
- Mas rápido de lo que pensaba.
- En lo de follar no te pregunto, seguro que te lo has pasado en grande. Carmen es una potra salvaje, jajaja.
- Pues la madre lo es aún más.
- Ya te la has follado también?
- Bueno, es que no me ha dejado opciones.
- Ya te dije que también querría cacho, jajaja. – los dos reímos de nuevo.
- Te las has follado a las dos a la vez en alguna ocasión? – le pregunté a ver que decía.
- Una vez, pero fue demasiado para mí, jajaja. – le acompañé de nuevo en la risa.
No sabía cómo enfocar la pregunta del burro, y tire por la calle del medio.
- Y lo del burro… te han contado algo?
- Es que te lo han contado a ti? – su pregunta ya declamaba que lo sabía.
- Hoy me lo ha contado Carmen, y después me lo ha confirmado Josefa.
- Joder, yo no lo he podido ver, pero no me lo perdería por nada del mundo.
- Y por qué no lo has podido ver, no te han dejado ellas?
- No, es que siendo el cura, no me puedo presentar en casa de Ramiro para ver la escena.
- Yo he pensado en otra cosa.
- En qué?
- En que lo hagan en casa de la condesa. – le solté de sopetón.
- No jodas. Se lo vas a decir a la condesa?
- Supongo que será un buen atractivo para sus amigos salidos.
- Leche, no había pensado en eso, pero puede ser una buena idea.
- Sabes que animales posee en sus cuadras.
- Se que tiene caballos, pero no sé si tiene burros. Nunca he estado en las cuadras.
En ese momento llamaron a la puerta. Ramón se levantó y abrió a la tal Angelita que esperaba sonriente.
- Espera un momento Angelita, que ahora te atiendo.
Volvió a cerrar la puerta y se acercó a mi oído.
- No te apetece que te la chupe?
- No jodas. Tiene sesenta y ocho años, y hoy ya he follado bastante.
- Te aseguro que hace unas mamadas espectaculares, y sin dientes.
- Cómo que sin dientes?
- Lleva dentadura postiza, y se la quita para chuparla.
Los dos nos tuvimos que tapar la boca para que no se nos oyera reir.
- Bueno, yo te la presento y tú decides.
- Pero no la conozco de nada. Como coños nos vamos a poner en un momento a funcionar?
- Me comentó hace un par de días que sabía que había llegado un nuevo maestro, y que la apetecía conocerte.
- Pero una cosa es conocerme, y otra que se ponga a chupármela.
- Ya te he dicho que todas me confiesan sus inquietudes. Estuvimos hablando de ti, y la acabé preguntando que si quería entrar en confesión contigo como lo hacía conmigo.
- En confesión? – pregunte con las cejas en lo más alto de mi frente.
- Fue una forma sutil de preguntarle si te la quería chupar, a lo que respondió que le gustaría no mucho, sino muchísimo, jajaja. Pero depende de ti. No quiero que hagas cosas que no te apetezcan.
El morbo comenzó a correr de nuevo por las venas a gran velocidad y no quise perder esa oportunidad tan insólita.
- Vale, vale. Pero cómo va esto. Va a entrar y se va a poner a chupar directamente?
- Jajaja, en mi caso es así, en el tuyo tendrás que enrollarte un poco más. Dile que es muy guapa y que está muy bien para la edad que tiene. Ella también te alagara y después te tocas la polla por encima del pantalón y le preguntas que si quiere confesarse.
- Pero cómo la voy a preguntar eso si yo no soy cura.
- Es una frase clave para saber si está dispuesta a chupártela. Seguro que te dirá que sí, y si lo hace, pues te desabrochas el pantalón y ya está.
- Joder, lo pones como si fuera preguntar que si quiere café.
- Tu hazme caso. Ella se inclinará a tu lado para dejarte el culo a mano. Cuando empiece a chupártela, se lo sobas bien y después le metes los dedos y la pajeas. Le temblaran bastante las piernas cuando se lo hagas, pero no te preocupes, le pasa siempre. Y si te corres, que espero que lo hagas, tan solo dile, “me está llegando el don divino”, es otra frase clave para que sepa que te vas a correr. Se lo tragará todo, y creo que es lo que más le gusta.
Estaba alucinando de nuevo, aquello me sonaba a una película de los Hermanos Marx, pero dado el morbo que tenía acabé aceptando. Ramón volvió a abrir la puerta he hizo pasar a Angelita. Era una mujer más bien bajita, delgada, y con las tetas y el culo caídos, algo normal dado su edad. Iba algo maquillada, y destacaban sus gruesos labios pintados de un rojo fuerte y una amplia boca que parecía llegar de oreja a oreja en su estrecha cara. No pude evitar mirar a su boca pensando en cómo estaría sin los dientes que mostraba su dentadura postiza. Llevaba el pelo recogido en un moño que emergía sobre su cabeza como una pequeña montaña, quizás para parecer más alta.
El cura nos presentó y volvió a servir unos vinos poniéndole un vaso a ella. Después de una corta charla, Ramón se levantó y sin cortarse nos dijo que nos dejaba solos para que nos conociésemos mejor.
Una vez solos, comenzaron los nervios por parte de ambos. Empecé a decirla lo que me había aconsejado, que era guapa, que estaba muy bien para su edad, y esas cosas. Ella me correspondió con halagos parecidos y llegó el momento de la verdad, la pregunta clave.
- No sé si quizás la apetezca… confesarse? – dije con poca convicción, pero su reacción fue inmediata.
- Uy, si que me apetece! – exclamo removiendo nerviosamente su culo sobre la silla.
Me quedé un poco pillado, pues ahora me tenía que desabrochar el pantalón, y me pareció algo fuerte ante esa aparente comedida señora que había sido hasta ahora. Al cabo de unos segundos de mirarnos en silencio pude ver como sus ojos se movían desde mi cara a mi bragueta en intervalos rápidos. Finalmente me toqué el bulto por encima del pantalón y sus ojos se quedaron fijos en mis partes bajas.
Sin más preámbulos me desabroché el pantalón, bajé la cremallera, y me saqué la polla en estado morcillón. De inmediato, se levantó de la silla y sin perder de vista el miembro, y sin apenas parpadear se colocó a mi lado derecho. Alargó una mano y abrazó la carne todavía blanda y pude ver el brillo de la lujuria en sus pequeños ojos. Nunca me había encontrado en una situación tan rara con una señora que podía ser mi abuela. Viendo que no hacía nada mas que sobarme la polla, supongo que para que se endureciese, alargue mi mano y la metí bajo el vestido para palpar los delgados muslos de piel arrugada y poco tersa.
No dijo nada, ni siquiera un gesto raro, tan solo inclinó su corto cuerpo y dio una lamida al capullo, como si quisiera comprobar el sabor. Mi polla reaccionó al instante cogiendo algo mas de consistencia. La siguiente lamida me sorprendió al ver como rodeaba toda la base del glande con una lengua más larga y carnosa de lo que esperaba. Subí la mano por el interior de sus muslos hasta tocar las bragas, y un ligero temblor sacudió su cuerpo.
En ese momento, sin incorporarse, se sacó la dentadura y la dejó sobre la mesa. No pude ver su boca, pero sentí una sensación especial cuando engulló el capullo ya sin dientes. Mi polla cogió la consistencia que le faltaba para ponerse totalmente erecta, y comenzó a chupar sin parar de dar lengüetazos dentro de su boca. Metí los dedos entre las bragas y sentí un suave y escaso vello púbico alrededor de la vulva arrugada.
Ella chupaba despacio, como si no tuviese ninguna prisa, pero su forma de hacerlo era magistral. Poco a poco si iba introduciendo más carne dentro de la boca, aunque supuse que no podría con toda la polla. Introduje un dedo entre su vulva y accedí a la vagina. Los temblores de su pequeño cuerpo aumentaron y comenzaron a ser constantes, como me había advertido Ramón. La pajee con suavidad, sintiendo como ese viejo coño se abría a la vez que se humedecía.
El morbo crecía en mi mente por momentos, y le levanté lentamente el vestido para ver su culito caído. Miré como se descolgaban los dos glúteos sujetos por unas bragas blancas poco eróticas. Se las baje para ver esa carne blanca que apenas había visto el sol en tantos años, mientras ella seguía chupando y avanzando con lentitud con sus labios por el tronco de mi polla. Toqué sus pequeñas nalgas caídas elevándolas con la mano para ver como ese culito se ponía mas redondo y terso. De joven debía de haber tenido una bonita figura, algo que todavía se podía ver a su edad.
Después de palparle ambos glúteos desnudos, volví a meterle los dedos entre la raja. Esta vez fueron dos, pues quería sentir como se abría. A la vez, rozaba el cerrado agujero del culo con el pulgar, y los temblores se hicieron mas intensos. Sus chupadas se hicieron también más intensas, e increíblemente sentí como se tragaba casi toda la polla. Mi capullo atravesó su garganta y sentí un intenso placer al notar como bombeaba su estrecha garganta sin que le diese ninguna arcada, estaba clara su experiencia en chupar pollas durante años.
Pensé si solo se la habría chupado a su marido y al cura, o quizás habría probado alguna más. La lujuria y el morbo cada vez eran mayores en mi mente, y comencé a mover los dedos mas deprisa dentro de su coño.
- Me encantan tus confesiones Angelita! – exclame sintiendo como mi corrida se aproximaba.
Como si ella lo supiese, avanzó mas con los labios hasta tragarse la polla entera provocando que mi culo se levantase casi de la silla. Sin control, la agarré del alto moño, y comencé a mover su cabeza hasta que el semen salió disparado dentro de su boca. Un chorretón tras otro la fueron llenando mientras ella intentaba tragar todo lo que salía. No pudo con tanto líquido, y acabó desbordándose entre sus labios.
Cuando paré, se la sacó con rapidez para tomar aire. Jadeaba como si hubiese corrido una maratón, y me miró con los ojos destellantes y los labios blanquecinos por el semen.
- Ufff, si que sueltas leche! – me sorprendió con su voz aguda y algo estridente.
- Te ha gustado? – fue lo único que se me ocurrió.
- Me ha encantado. Nunca había chupado una polla tan grande y hermosa!
Su modosidad se había ido al traste, y ahora hablaba como una putilla más. Se puso con rapidez la dentadura después de limpiarse el semen que corría por sus labios, y ya me sonrió con ella puesta a la vez que se recolocaba el vestido.
- Has chupado muchas? – me atreví a preguntarle.
- De joven se la chupé a unos cuantos hasta que me casé. Luego ya solo se la chupaba a mi marido, aunque me hubiese gustado seguir haciéndolo con más hombres. – contestó sin cortarse lo más mínimo – Y desde que falleció, solo se lo hago a don Ramón y a don Pedro, aunque alguna vez viene algún otro hombre, cuando discuten con su mujer, y quieren algo de consuelo.
- Pero solo haces eso... chuparla? No follas con nadie?
- A veces don Ramón me da un buen apretón, pero lo que más les gusta es que se la chupe porque me quito la dentadura y eso les encanta pues no sienten ningún roce con los dientes, jijiji. – soltó una estridente risita al final de la frase.
En un momento dado pensé que si me la follaba la podría partir por la mitad, pero tan solo era mi mente calenturienta y depravada. En el fondo estaba seguro de que se lo pasaría en grande si en algún momento la daba un buen apretón.
Continúa en
- Relato #213761— title-regex: contiguous parts (14 -> 15)
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