El nuevo maestro del pueblo (14)
Bajo la cama, en la oscuridad, el maestro observa cómo su amante es poseída por su propio marido. Pero esa noche no termina ahí; al día siguiente, el aula se convierte en un laboratorio de placer donde la disciplina escolar deja paso a la instrucción carnal más directa.
Una clase fuera del colegio
- Pero no has dicho que dormía como un tronco?
- Bueno… a veces se despierta, pero no pasa nada.
- Cómo que no pasa nada?
- Coge tu ropa y metete debajo de la cama.
- CANDELAAA! – volvió a gritar
En un estado de nervios total y con el corazón saliéndose de la caja torácica, agarré la ropa y me deslicé bajo la cama. Candela se echó la sábana por encima y en ese momento Sebas abrió la puerta de la habitación, en calzoncillos y sin camisa.
- Joder, por qué cojones te quedas aquí?
- Porque roncas como un becerro y no puedo dormir.
- Pues ya estoy despierto. Venga, hazme hueco que me apetece follar.
- Llegas borracho y cuando se te pasa quieres follar? Eres un egoísta. – protestó Candela
- Soy tu marido, joder. – reclamó tirando de la sabana. – Pero si estás denuda! – pareció sorprendido.
- Tenia calor, y sin pijama se está muy bien.
- Mejor, así no tendrás que quitártelo, jajaja. Ábrete de piernas, que voy.
Tumbado en el suelo bajo la cama, sentí como se hundía el somier hasta casi aplastarme la cara. Habían dejado de hablar, y los movimientos empezaron con potencia. El somier, algo antiguo y oxidado, subía y bajaba a cada empujón que la daba. El chirriar de los muelles se me metía en los oídos como un rugido castigador. No podía creerme lo que me estaba pasando, tumbado bajo una cama mientras a la mujer que me acababa de follar se la follaba su marido.
No tardó mucho, en un par de minutos el rudo hombretón se había corrido. Esperé paciente, pero nervioso, hasta que oí a Sebas roncar. “No me jodas que se ha quedado dormido!”, exclame dentro de mi cabeza. Al momento veía la cara de Candela asomarse bajo la cama. Me hizo una seña con la mano para que saliese a la vez que con otro gesto me pedía silencio. Me deslicé hasta salir con el mayor sigilo que pude, y de puntillas salimos los dos de la habitación.
- Joder, vaya marrón! – exclamé en voz baja.
- No pasa nada. Ya está roncando de nuevo.
- Pues vaya susto que me ha pegado! Esto no me lo habías advertido.
- No suele pasar, rara vez se despierta para follar como ha hecho ahora. Normalmente le gusta de madrugada, cuando se levanta para ir a trabajar.
Nos despedimos después de vestirme y me marche por la puerta trasera, como había entrado. Cuando llegué a casa, Adel no había echado la llave y entré sin hacer ruido hasta mi habitación. Ya tumbado en la cama pensé en lo que había sucedido y sonreí divertido, al final no había pasado nada. Me acababa de follar a una mujer preciosa, posiblemente la más guapa del pueblo, mientras su marido dormía. Sonreí de nuevo y me quedé dormido al instante.
A la mañana siguiente me desperté pensando en que era mi primer día de trabajo, como maestro, jejeje. Desayuné bien y me fui hasta el colegio antes de la hora de entrada. Al poco de abrir la puerta y entrar hasta la clase aparecieron Rosa, Eva y Candela con sus respectivos hijos. Las tres me saludaron efusivamente y noté a Candela más desinhibida. Las despaché rápido aludiendo a que tenía que comenzar las clases, y se marcharon no sin antes pedirme que fuese a merendar otro día a sus respectivas casas. Los chavales eran majos y el primer día de clase fue bien. Cuando regresaron las madres a recoger a los niños era la una del mediodía. Volvieron a insistir en lo de merendar y prometí hacerlo, pero tenía que planificarme ante tanta mujer ardiente. Pensé que lo primero era el trabajo más inmediato, y eso eran Carmen, Virtu y Candela. Esa tarde la reservaría para Carmen, sabía que en esa casa no me llevaría sustos.
Mi fui a comer a casa de mi patrona pensando en todo lo que tenía por delante. Adel, como siempre, me recibió con una sonrisa encantadora.
- Que tal el primer día de clase?
- Muy bien, la verdad es que los chiquillos son encantadores.
- Y las madres más, verdad, jajaja.
- Como eres Adel. – contesté dándola un cariñoso cachete en el culo.
- Seguro que se han puesto contentas cuando hayan visto el rabo que tienes, jajaja.
Adel pecaba de bruta, natural y sincera, pero las tres cosas la hacían encantadora. Ya que ella se metía conmigo, decidí meterme con ella.
- Tu también te pusiste contenta la otra noche con el rabo de Luisón eh!
- Jajaja, sí que me dio bien. Va aprendiendo, pero todavía le queda.
- Ya vi que aguantó más, y seguro que si le hubieses dejado te habría echado otro.
- Jajaja, eso sí, tiene leche para varios apretones!
Los dos nos reímos a carcajadas y a mi mente retorcida se le ocurrió algo.
- Que te parecería si me lo llevase a casa de la condesa?
Me miró extrañada.
- A casa de la condesa… para qué?
- Creo que podría desfogarse en alguna de sus fiestas.
- Por lo que he oído, no suele invitar a los hombres del pueblo.
- Me ha invitado a mí.
- Pero tú no eres del pueblo.
- Bueno, tu déjame que ya veré como lo hago, pero tengo que pedirte algo.
- El qué?
- Primero, que no hables con nadie de esto, y segundo, y tan solo si quieres y te apetece, que practiques con Luisón para que aguate más. Y también me gustaría saber cuantos polvos seguidos es capaz de echar.
- Jajaja, que bandido que eres, pero no hace falta que me lo pidas.
- Por qué?
- La verdad es que el ultimo polvo que me echó lo disfruté mucho y el también, y hemos decidido que se venga a dormir durante la semana, jajaja.
- Eso significa que follareis todas las noches?
- Con lo calentita que estoy últimamente, seguro que sí, jajaja.
Tuvimos que dejar la conversación por que llegó Sancho. Comimos y al poco de acabar se fue de nuevo a trabajar. Adel sirvió unos cafés y un par de copas de orujo y nos sentamos en el sofá a tomarlo.
- Y esta tarde, que piensas hacer? – me preguntó.
- Tengo que ir a casa de Carmen a darle clases.
- Jajajaja!
- Por qué te ríes?
- Porque según son esas dos, seguro que no sales vivo!
- te refieres al sexo?
- Pues claro. Hay muchos rumores de todos los tíos que se pasan por esa casa.
- Pero como siempre… rumores. – puntualicé
- Son rumores, pero en este caso más reales. No es normal que vaya el cura, el alcalde y algunos más tan a menudo, jajaja.
- Bueno, en mi caso don Ramón me ha pedido que le de clases, y eso haré. – intenté disimular.
- La muchacha estuvo tonteando con Luisón, pero como es más bruto que ella le acabó dejando.
- Quizás haya que educar a los dos! – volvimos a reír a carcajadas.
A las cuatro de la tarde me fui a casa de Carmen con el portátil bajo el brazo. Quería ensañarla a andar seductoramente, y también a mostrarle algunos videos porno.
- He venido a continuar con las clases de Carmen. – le dije a Josefa al abrirme la puerta.
- Pase, pase. No sabíamos si iba a venir y se acaba de subir corriendo a su habitación. – contesto con una apabullante sonrisa.
- Quizás tendría que haberlas avisado.
- No, no, si la muchacha se apañará en un momento.
No quise seguir la conversación pues ya me di cuenta por donde iba. Me tomé un café con ella mientras esperaba a que Carmen estuviese dispuesta, y su madre no paro de sobarme el brazo y la entrepierna a la vez que me mostraba sus muslos levantándose descaradamente el vestido. Por fin oímos la voz de Carmen.
- Ya pude subir! – gritó desde el piso de arriba.
Me levanté y subí las escaleras. Anduve por el pasillo vacío hasta llegar a la puerta de su habitación. Abrí los ojos totalmente sorprendido al verla embutida en un vestido de tirantes rojo, y subida en unos zapatos de tacón a juego. Se había peinado mucho mejor, e incluso se había perfilado los labios con un carmín rojo intenso. Estaba espectacular.
- Que guapa estas, Carmen! – exclamé sintiendo lo que decía.
- Gracias señor maestro. Quería agradarle en el segundo día de clase.
- Y además, has dicho todas las palabras con una corrección absoluta. Eso también me agrada.
El vestido se ajustaba a su cuerpo como si fuese parte de la piel, marcándole todas las sensuales curvas. El escote dejaba ver una gran porción de sus estupendas tetas, y la corta tela tapaba algo más de su hermoso culo dejando ver la mayoría de sus contorneadas piernas. También sonrió exageradamente, para mostrar sus dientes, haciéndome ver que ya no estaban tan amarillentos. Parecía que se había tomado muy en serio todos mis consejos.
Me contuve como pude para intentar darle la clase, por lo menos inicialmente.
- Hoy quiero que leas en alto para escucharte. Aunque has mejorado en el lenguaje hay que practicar más.
Enfurruñó ligeramente su cara, pero se sentó y cogió uno de los libros que había sobre la mesa. Comenzó a leer y me puse tras ella sin poder evitar mirar por encima de su escote. Cuando pasó la primera página, posé las manos sobre sus hombros desnudos y empecé a masajearlos, era un caramelo demasiado dulce para tan solo mirarlo. Poco a poco fui bajando las manos hasta pasar los dedos por la parte de su pecho denudo. La piel tersa, y la dura carne de sus tetas hicieron que mi polla cogiese consistencia con rapidez.
Nada más pasar los dedos sobre los pezones, que crecían bajo la tela, dejó de leer para suspirar profundamente.
- Ummmm… Eso me gusta más que leer, señor maestro.
Metí las manos bajo la tela y palpé el pequeño sujetador. La fina tela se estiraba intentando recoger sus hermosas tetas y los duros y erectos pezones querían romperla. Introduje los dedos y rocé las abultadas cerezas.
- Ufff… como me está poniendo… - continuó suspirando a la vez que alagaba mis caricias.
- Te gusta que te toque?
- Me encanta cómo lo hace, aunque me gustaría más… que me los chupase. – me dijo sin cortarse con una sonrisa lasciva.
- Primero quiero que veas como andan las modelos de pasarela. – comenté a la vez que abría el portátil y lo ponía frente a ella.
Pasé varios videos observando como los miraba con extrañeza.
- Quiere que ande así de raro?
- Es la mejor forma de mostrar tu estupendo cuerpo. A los hombres les encantará verte andar.
Se levantó y practicó por la habitación mientras la corregía algunos movimientos para que fuesen más sensuales. A los pocos minutos ya lo hacía bastante bien, pero viendo que se estaba hartando cambié de tema.
- Siéntate. Te mostraré otras cosas que seguro que te gustan más.
Abrí uno video porno y se quedó mirando con la boca abierta, estaba claro que no se esperaba algo así. En el primero salía una tía comiéndole la polla y el culo a un tío. En el siguiente un negro musculoso, con un rabo enorme, se calzaba a una rubia que abultaba la mitad que él. Primero se la follaba por el coño sujetándola en el aire, y después le reventaba el culo postrada contra el respaldo de un sofá. En un tercero pudo ver como dos tíos se follaban a la vez a una sola tía. No dijo nada durante las visualizaciones, tan solo su boca semiabierta y sus ojos apenas parpadeantes fueron los signos destacables de su cuerpo.
- Que te ha parecido? – le pregunté cuando acabó el ultimo.
- Pero eso… es de verdad?
- Claro, ya lo has visto.
- Pues menudos rabos tienen, son mas grandes que el suyo.
- Son actores, y te diría que es el único requisito que les piden para trabajar en esto, tener una buena polla.
- Que te folle ese negrazo debe ser la leche, jajaja. Los de la fiesta, ni estaban tan fuertes ni tenían esos rabos, jajaja. – rio de nuevo.
- Te gustaría follar con un negrazo como ese?
- Con ese cuerpo y ese rabo… pues claro!
En ese momento me sentí como las sobras que quedan de un suculento plato. Por supuesto, ni mi musculatura, ni mi altura, ni mi polla eran como las del negro del video. Después de unos segundos de pesadumbre, cambié el tema.
- Y que te follen dos a la vez como hacían en el vídeo, que te parece?
Esbozó una sonrisa de niña traviesa y tardó unos segundos en contestar.
- Ufff, eso es genial.
- Es que ya lo has hecho?
- No con dos hombres, pero si con dos rabos, jajaja.
- Con dos rabos…? Explícame eso.
- Pues con el rabo de don Ramón en el culo y el rabo de goma en el chocho.
Joder con el puto Ramón, cuantas cosas habría probado con aquellas mujeres? Mis pensamientos iban y venían, y me acordé de lo que me había contado Virtu, aquella sala de armas donde la habían atado y se la habían follado varios.
- En la fiesta de la condesa… no te llevaron a un sitio donde había armas antiguas?
- No, estuvimos en un salón grande comiendo, bebiendo y riéndonos. Despues bailamos, pero eso duró poco pues no se me da bien, y me pasaron a otra habitación donde había una cama grande y allí estuvimos follando como conejos, jajaja.
- Pero… cuantos tíos eran?
- Tres, pero uno era mas soso y no quiso follar.
- Y los otros dos… no te follaron a la vez?
- Primero me follaba uno mientras el otro miraba, y después se cambiaban. Tan solo una vez estuve chupándosela a uno mientras el otro me follaba.
Supuse que el que no se la folló era quizás por su forma de ser, o su lenguaje. De ahí el que la condesa quería que la educase.
- Bueno, pues te enseñaré a bailar para que la próxima vez les guste cómo lo haces.
Puse un video en el ordenador y se puso a bailar imitando los movimientos de la mujer que salía en la pantalla. Le expliqué que si era capaz de bailar así, pondría cachondo a un tío con tan solo mirarla. Movimientos suaves de cadera pasándose las manos por los muslos y las tetas. Después los movimientos de su culo resaltándolo, a la vez que emitía movimientos pélvicos con una mano sobre su coño y la otra en el culo. Lo pilló rápido, y a los pocos minutos de movía de una forma magistral, de hecho, me puso super cachondo observarla. Realmente Carmen era un pibón, y moviéndose así te ponía cardiaco.
Aprendió en un momento a destacar las curvas de su cuerpo, sus exuberantes tetas apretadas bajo el fino vestido rojo, y su precioso culazo haciendo que se marcase portentosamente bajo la corta tela. Después puse música para bailar agarrados, y le expliqué cómo meter su pierna entre las mías para que se me pusiese la polla como una piedra mientras nos movíamos con lentitud.
Finalmente me decidí a besarla. Abrió sus carnosos labios y degusté su boca. No sabia besar muy bien, mas bien lo hacía fatal, pero como en el resto de cosas, aprendió rápido. Noté que fue algo que descubrió como una parte mas del sexo que no conocía, o no apreciaba, pero que según fue cogiéndole el gustillo disfrutaba mas de cada beso. Primero la devoré yo la boca mientras la sobaba el culo de forma obsesa. Esa dureza, esa amplitud, y esa enorme raja me ponían como un puto cerdo.
Como he dicho, no tardó en aprender, y al momento era ella la que me comía la boca como una fiera hambrienta. Bajé los tirantes del vestido y descubrí sus hermosas tetas tapadas con el pequeño sujetador rojo. Los gruesos pezones destacaban bajo la tela apuntando a mi pecho, y pasé los dedos por ellos para sentir su turgencia. Noté la excitación que le produjo ese roce, y tiré de la tela para descubrir la dura y tersa carne. Acerqué la boca hasta uno de ellos y le di una lenta lamida. Después pasé al otro, y repetí la maniobra.
Su cuerpo se calentaba por momentos, y el mío comenzaba a arder de deseo. Unas chupadas, unas succiones, y toda su carne se estremeció como un flan en un plato inestable. Su pierna se introdujo más entre las mías apretando mi endurecido miembro, y metiendo las manos bajo su vestido le abrí la raja del culo tirando de los glúteos como si los fuese a desgajar. Una de sus manos apretó mi cabeza para hacer que mi boca se aplastara contra su pecho. Mientras, bajó la otra y la introdujo entre nuestros cuerpos buscando la bragueta de mi pantalón. Bajó la cremallera y metió la mano. Agarró el endurecido tronco y tiró de el para sacarlo fuera. Mi polla estaba repleta de sangre que la endurecía hasta casi hacerla reventar. La restregó contra sus pequeñas bragas varias veces antes de meterla entre ellas. Noté con la sensibilidad de la piel tersa de mi capullo toda esa maraña de pelo que cubría su coño antes de penetrar entre la raja. Como si fuese una boca más, su vulva engulló la mitad de la polla como un animal hambriento. Noté como disfrutó de ese momento jadeando sobre mi cabeza, que cada vez me la apretaba mas contra sus hermosas tetas.
Los movimientos de su pelvis provocaron varias penetraciones, pero, aunque las ganas la desbordaban, la incomodidad de estar vestidos se hizo patente. Bajó la otra mano y desabrochó el pantalón. Tiro de él, y cayó por mis piernas junto a los calzoncillos hasta quedarse en los tobillos. Mi polla quedó completamente al aire con el capullo, hinchado y brillante, desprendido de la piel. La volvió a admirar, pues eso es lo que declamaban sus ojos. La tocó y la sobó, subiendo y bajando la piel tersa que apenas podía contener las venas que la surcaban.
Con su mano, volvió a llevarla a la vulva y la introdujo de nuevo entre su raja. Esta vez, mi polla penetró más, y un largo suspiro emergió de su boca a la vez que cerraba los ojos disfrutando de esa penetración. Teníamos las caras frente a frente, y su aliento retozaba sobre mi boca. Comencé a mover las caderas y mi polla empezó a entrar y salir de su ardiente coño. Ella, a su vez, movió las suyas abriendo los muslos lo que podía y el ritmo se aceleró.
Tuve que pararla pensando en su aprendizaje.
- Despacio Carmen, o harás que me corra.
- Es que no quiere correrse?
- Claro que quiero, pero si quieres disfrutar mas tienes que dejar que el hombre tome la iniciativa.
Con los ojos abiertos desprendiendo deseo, me miró con intensidad sin decir nada. Acerqué mi boca hasta la suya y la besé de nuevo mientras mantenía la polla dentro de su ardiente coño. Varias penetraciones mientras la besaba provocaron su exaltación.
- Diosss, que gorrina me pone! – exclamó con los labios temblorosos.
- No uses esa palabra, no suena bien.
- Y que palabra quiere que use?
- Puedes decir, que cerda me pones, o que puta, o que zorra. Son palabras que les gustará mas a los hombres.
Continué bombeando agarrado a sus nalgas y ella se abrazó a mi cuello poniendo su mejilla pegada a la mía a la vez que aplastaba las hermosas tetas contra mi pecho.
- Que puta me pone! – exclamó al cabo de unos segundos de la lenta penetración.
Parecía que quería mostrarme su rápido aprendizaje, porque continuó ampliando su vocabulario.
- Ahhh, me gusta cómo me mete el rabo señor maestro… ahhh…
Abrí mas sus tremendas nalgas pensando en ese amarronado agujero que escondía la raja. Mi mente, cada vez mas enloquecida, pensaba en follarse ese hermoso culo hasta reventarlo, y aumenté el ritmo. Sus jadeos aumentaron sobre mi oreja y su cuerpo tembló.
- Ahhh… siga… ahhh… que me corro… ahhh…
Sentí como mi polla se mojaba entre las palpitaciones de su vagina y el chapoteo dentro de su coño se hizo patente. Los movimientos de su pelvis se hicieron más espasmódicos y en vez de parar, apreté con mas ganas. Me había dicho que le gustaba correrse mas de una vez, y que no necesitaba parar, y lo quise comprobar.
- Te gusta zorra? – le pregunté tan solo para oír su voz.
- Ahhhg… siiii… estoy muy… puta!
- Quieres que siga? – pregunté tontamente, pues no pensaba parar.
- Siiii… sáquela por las tripas… ahhhg…
La embestía con potencia, como un animal desquiciado, y no tardó en volver a correrse.
- Ahhh… diosss… otra… vez… ahhhg… - jadeo con entusiasmo al sentir cómo se mojaba de nuevo.
La polla ya chapoteaba dentro del mojado coño de una forma brutal, y decidí cambiar de agujero.
- Ahora te voy a follar el culo! – exclame con la mente enloquecida.
Despegó la mejilla de la mía, y me miro con la boca abierta y jadeante.
- Quiere calentármelo primero? – me dejo algo traspuesto con esa pregunta.
- Quieres unos azotes? – pregunté sin saber realmente lo que quería.
- Prefiero con la zapatilla.
Arqueé las cejas con cierto asombro y al ver mi expresión me lo explicó dejándome alucinado de nuevo.
- Es lo que hacemos mi madre y yo antes de meternos el rabo de goma.
- Es que lo hacéis juntas?
- Lo pasamos mejor si nos lo hacemos la una a la otra. Primero nos damos unos buenos zapatillazos en el culo hasta que nos pica bien, y después sabe mejor el rabo de goma, jajaja.
Sin pensárselo dos veces, se agachó y sacó las zapatillas que tenia bajo la cama. Eran viejas, con la suela de goma amarillenta y desgastada. Me puso una en la mano y tiro del vestido hacia abajo para sacárselo por los pies. Su exuberante cuerpo quedo desnudo, tan solo tapado por el tanga rojo y el pequeño sujetador a medio bajar. Se lo quitó también, y cuando iba a hacer los mismo con el tanga paré sus manos.
- Este déjatelo puesto. Te hace el culo más atractivo.
Se giró hacia la cómoda y se inclinó apoyándose sobre ella. Su culo, adornado con la fina tira del tanga hundida entre la raja me pareció maravilloso en ese momento. Nos miramos a través del espejo de la cómoda, y su sonrisa era pícara. Se paso la lengua relamiéndose los labios y abrió un cajón de la cómoda. Abrí mas los ojos al ver que sacaba una enorme polla de silicona. La agarró por el tronco, que simulaba las venas de forma muy realista, y le dio una par de lamidas a la punta con forma de capullo avellanado.
- Esa si que es grande. – le dije con un salidismo incontenido.
- Jajaja, como le gustan a mi madre.
Me quité los zapatos y los pantalones con la ayuda de mis pies con la mente ardiendo. La depravación se acumulaba en mi mente viendo esa enorme verga entre sus manos a la vez que me imaginaba a la madre metiéndosela.
- Y se la mete… entera?
- Enterita, mientras la caliento el culo con la zapatilla, jajaja.
- Y tu vas a hacer lo mismo? – la pregunte imaginando la imagen.
- Cuando me la meta en el culo, yo me la meteré en el chocho, así me imagino que me follan dos a la vez.
La bajó hasta sus muslos abiertos, y retirando la escasa tela del tanga comenzó a pasar el enorme capullo por la vulva. Ya no pude mas y levantando la mano con la zapatilla bien agarrada la solté un zapatillazo sobre una de sus nalgas. La carne vibró a la vez que esbozaba un suave gemido – Ahg!
- Te he dado demasiado fuerte?
- No, que va. Mi madre me da mas fuerte cuando se enfurece.
Miré bajo sus piernas y vi como hacia que la verga penetrase en su coño. Le di otro zapatillazo – Zasss – y otro leve gemido partió de su boca. Varios zapatillazos mas, y su culo enrojeció como una rosa. La bajé un poco el tanga para liberar el agujero y llevé mi polla hasta el. Presioné con suavidad y para mi sorpresa, se abrió con una facilidad asombrosa. Mi polla penetro en su recto, y agarrándome a sus caderas comencé a bombear.
Podía sentir el roce de la verga de silicona con mi polla a través de la fina piel que las separaba. Tenía un culo hermoso, y disfruté con la vista viendo como mi polla lo atravesaba. Aumentó el rimo de las penetraciones que se provocaba con la verga de silicona, y yo también lo hice dándole unos tremendos pollazos contra el culo. Sus gemidos se convirtieron en gritos de placer, unos gritos que no contenía, y que me alarmaron pensando en que su madre los estaría escuchando.
- Ahhh…diosss…cómo me gusta! Ahhh… ahora si que estoy putaaaa! – gritaba como una loca desquiciada.
Después de unos pollazos bestiales, sentí como el semen atravesaba mi polla. Yo también grité sin control, y la leche comenzó a salir a salpicones llenando su recto. Cuando paré exhausto, mi polla salió de su culo chorreando semen. Ella también había parado de incrustarse la verga después de haber tenido otra corrida tremenda. Todo su cuerpo temblaba como un flan, y su respiración eran bufidos sonoros.
- Joder señor maestro, usted si que me ha follado bien! - exclamó a través del espejo con la cara repleta de satisfacción.
Nos tumbamos en la cama para recuperar el aliento y comencé a imaginar un montón de perversiones.
- Entonces… te gustaría que te volviese a invitar la condesa a sus fiestas? – la pregunté de nuevo para ver hasta dónde estaba dispuesta a llegar.
- Ya le he dicho que sí. Me gusta pasármelo bien y follar, y también me gustaría ir a alguno de esos viajes que monta la condesa.
- Y estarías dispuesta a hacer cualquier cosa?
- Que tipo de cosas?
- Cosas como las que me has contado que haces con burro, pero con gente viéndolo.
Continúa en
- Relato #213683— title-regex: contiguous parts (13 -> 14)
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