Xtories

El nuevo maestro del pueblo (13)

Roberto llega al pueblo con la mente en otra parte, pero la tentación de la joven Candela, atrapada en un matrimonio frío, es irresistible. Con el marido durmiendo al otro lado de la pared, la prohibición se convierte en el mejor afrodisíaco. ¿Cuánto tiempo podrá mantener el secreto antes de que el pueblo entero lo sepa?

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Despertando a Candela

Me vestí, y después de un ardiente beso donde pude sentir el deseo que manaba de su mente, me fui a casa de mi patrona a dormir. Necesitaba dormir y descansar, tanto el cuerpo como la mente.

Al día siguiente, domingo, no tenía nada previsto, y me levanté tarde. Desayuné en compañía de Adel, que volvió a hacerme reír de nuevo con sus frases y chascarrillos. Ese día andaban Sancho y Luisón por el huerto y no hicimos nada, tan solo charlar. Decidí irme al pueblo cercano a comprar algo de ropa y de paso conocerlo. Me quedé a comer para no hacerlo en casa de Adel con toda la familia presente, y regresé tarde.

Ya había anochecido y Luisón se había marchado pues al día siguiente tenia que trabajar. Pensé que yo también tendría que hacerlo, con tanto folleteo casi se me olvida que comenzaban las clases. No obstante, Sancho al verme llegar me invitó a que fuese a toar unas cervezas al bar. No quise ser descortés y accedí. Cuando llegamos el establecimiento estaba a tope, debían estar todos los tíos del pueblo. Fue el momento de las presentaciones, y por primera vez conocí a los maridos de las tres madres de mis alumnos.

Eran tíos amables, campechanos y algo bebidos en ese momento. Por supuesto me invitaron, pero a la tercera me negué, no quería acabar con un buen pedo. Como puede, me escabullí y salí del bar, y me encontré con todas las señoras que salían en ese momento de la misa. Eran las ocho de la tarde y decidí hacer una visita al cura, seguro que tendría cosas que contarme.

Saludé cortésmente a las señoras según me cruzaba con ellas. Tan solo reconocí a Laura, la mujer del panadero, y a Demetria, la mujer del alcalde que iban juntas, y las dos me saludaron con amplias sonrisas. Tuve mis dudas si Laura le habría contado algo a Demetria, aunque esperaba que no.

Cuando entré en la iglesia me encontré con Elena, que era la última que salía.

- Hola Elena. – saludé sin reparos.

- Hola don Roberto. – contestó sumisa con la cabeza algo baja.

- Has venido tu sola a misa?

- Con quien quiere que venga? – preguntó con extrañeza.

- Pensaba que vendrías con la condesa.

- Ella solo viene a la de los sábados.

- Supongo que para que la vean.

- Bueno… supongo que sí.

- Y ahora dónde vas?

- A casa de la condesa.

- Quería hablar contigo. Que te parece si te acompaño?

- Como quiera don Roberto.

Nos pusimos a andar y salimos del pueblo por el camino que conducía a la casa de la condesa.

- Ya me has contado algunas cosas – comencé – y como has visto no se lo he dicho a nadie, y menos a la condesa. Pero me gustaría saber más.

- Y que quiere saber?

- Supongo que la condesa graba todas esas cosas que se hacen en su casa.

Agachó la cabeza y no parecía querer contestar.

- Venga, dímelo.

- No debería estar hablando con usted.

- Te prometo que la condesa nunca sabrá que has hablado conmigo. Solo quiero saber si lo graba todo.

- Se que graba cosas, – por fin contestó – pero no se si todo.

- Y sabes donde guarda las grabaciones?

- No quiero meterme en un lio. Si se entera la condesa de que le he dicho algo será muy cruel conmigo y también con mi marido.

- Te aseguro que no se enterará, pero necesito saberlo. Quizás te puedas beneficiar de ello.

- Cómo?

- Pues a lo mejor consigo de que solo hagas lo que te guste, y no todo lo que te ordene. Supongo que hay cosas que haces que no te gustan.

- Si… algunas.

- Pues si me das esa información podre hacer que la condesa no te mande esas cosas.

- Vale… confiaré en usted, pero espero que no me meta en un lio.

- Tranquila, no lo haré.

- Hay una especie de armario pequeño entre los libros de la sala pequeña. Lo tiene cerrado con llave y solo la he visto abrirlo una vez delante de mi. Creo que allí es donde guarda esos secretos.

- Gracias Elena. Te prometo que no sabrá que me has dicho nada, y ya veras como las cosas… mejoran.

Me despedí de Elena a medio camino del palacete y volví a la iglesia. Entré y llegué hasta la puerta de la oficina del cura. Antes de llamar escuché para saber si estaba solo, y como me temía, no lo estaba. Se oían gemidos y susurros, y me asomé por la cerradura. Había una señora vestida de oscuro postrada sobre la mesa con la falda levantada y el culo en pompa. Pude ver como las bragas colgaban a mitad de sus muslos y a Ramón con la bragueta abierta dándole matarile. No podía verla lacara, pues la tenia hundida entre sus brazos sobre la mesa, pero podía oír sus gemidos de placer. Las piernas delgadas parecían temblar, y su estrecho culo se abría a cada empujón. No había conversación, tan solo el sonido de sus jadeos y chof-chof de los huevos de Ramón al chocar contra las nalgas. El cura aumentó el ritmo y pude notar en su cara que se estaba corriendo. Me retiré de la puerta, y me escondí tras una de las gruesas columnas.

Al momento la mujer salió sonriente. Debía de tener algo mas de cincuenta años, y ahora totalmente vestida no pude apreciar su cuerpo. Tan solo su cara, una cara alargada de piel blanca, con ojos grandes y nariz pequeña, y nada de maquillaje aparente. Cuando salió por la puerta de la iglesia llamé al despacho.

- Quien es?

- Soy Roberto.

- Joder Roberto, vaya susto que me has dado. Entra, entra.

- Y por qué te asustas? – pregunté riéndome.

- Porque no esperaba a nadie a estas horas.

- Por eso te estabas follando a la que ha salido?

- Hay que tener a las feligresas contentas. – sonrió – Y tú que quieres a estas horas?

- Charlar un rato.

- Iba a ir a la taberna a tomarme un vino, pero ya que has venido nos lo tomaremos aquí.

Sacó la botella y dos vasos y después de servir el vino dimos sendos tragos.

- Quería preguntarte por el lio que tiene montado la condesa.

- Ya te he contado todo lo que sé.

- Todo no. Todavía no se que saca ella con todo esto. Si complace a gente de alto nivel será porque le darán algo a cambio.

- No lo sé seguro, pero creo que está comprando terrenos por los pueblos cercanos. Supongo que algo hará esa gente para que se los vendan a ella y no a otros, y supongo que a un buen precio.

- Interesante…

- Y de que te sirve eso?

- No sé, ya veré si me sirve para algo.

- No me jodas, a ver si la lías y se nos jode el negocio. Yo ahora estoy bien, y no quiero perder este chollo.

- Pero me dijiste que era un agujero sin salida. Incluso me aconsejaste que me lo pensara.

- Bueno, tu eres más joven y quizás no quieres quedarte aquí mucho, pero yo no tengo donde ir.

- Tranquilo, no te joderé el chollo. Ya veo que follas a todas horas, jajaja.

- No siempre con las que me gustan, – sonrió de nuevo - pero casi todas tienen un buen polvo.

- Quien era la que ha salido?

- Ana. Se quedó viuda hace tres años, y como la mayoría no había tenido una vida sexual… completa.

- Y tu… se la has completado, supongo.

- Bueno, es un toma y daca. Le enseño cosas que no conocían y ellas lo agradecen encantadas. Si estás interesado te la puedo presentar.

- No, no, solo era curiosidad.

- Pues quizás te gustaría. Siempre digo que hasta que no entras en lo mas profundo del cerebro de una mujer no puedes saber lo fiera que es, jajaja.

- Es que esta es una fiera?

- No te diré mas. Si quieres saberlo tendrás que probar.

- Pues de momento no, estoy bastante ocupado sexualmente.

- Como llevas los encargos de la condesa?

- Estoy en ello.

- Es bastante inquisidora. Te presionará al máximo.

- Yo también jugaré a eso.

Me bebí el vino y me fui a casa de mi patrona. Cuando llegué ya eran las nueve y habían cenado, pero la encantadora Adel me había dejado un plato de comida por si volvía. Me lo tomé en la cocina mientras ella y su marido veían la tele en el salón. Antes de que terminase me llegó un mensaje al móvil. Era de Candela.

+ Mi marido ha llegado borracho y ya está roncando en la cama. Seria un buen momento para que me hicieses una visita.

Estuve pensando la respuesta. Para mi era pronto, y ese día no había echado ningún polvo, aunque no sabía si con Candela lo acabaría echando dada su forma de ser, no sabía si en el último momento se echaría atrás. Tampoco perdía nada, y era un objetivo pendiente. Finalmente accedí y me recordó que fuese por la puerta trasera.

Mentí a Adela diciéndole que iba donde la condesa, no quería implicar a la tímida muchacha en posibles cotilleos. Anduve por las calles apenas iluminadas sin encontrarme a nadie. Puertas y ventanas cerradas a cal y canto era la imagen constante. Me pareció algo lúgubre hasta llegar a la puerta trasera de la casa de Candela. Me había advertido que me dejaría la cerradura de la puerta del huerto abierta, y que cuando llegase a la puerta de la casa diese con los nudillos.

Nada mas dar unos suaves toques me abrió. Estaba nerviosa, pero radiante. Sus ojos acaramelados emitían un fuego intenso, y los bucles de su pelo rojizo parecían llamas tintineantes a la luz de las amarillentas bombillas. Una camiseta blanca se ajustaba sobre su pecho marcándosele los pezones ostentosamente. Como siempre que la había visto, llevaba mallas, pero esta vez noté que se le marcaban más los labios vaginales.

Me hizo pasar cerrando la puerta con rapidez.

- Supongo que has mirado que no te viese nadie. – me dijo nerviosa.

- Tranquila, están todas las casas cerradas como si no viviese nadie en ellas.

- Por las noches refresca, y por eso todos las cerramos bien.

- Estás segura que no hay problemas con tu marido ni con el niño?

- Si, los dos duermen como becerros. He preparado unos chupitos de ron, no se tú, pero yo necesito un par de ellos para quitarme los nervios.

- Me parece bien, te acompañaré encantado.

Prácticamente nos metimos los dos chupitos seguidos y pasamos a la habitación que había en la parte baja de la casa. La luz era escasa y amarillenta, pero suficiente para vernos. Cerró la puerta y mientras seguíamos de pies me miro a los ojos.

- Uf, no sabes lo que me ha costado llegar hasta aquí.

- Todavía estás a tiempo de echarte para atrás.

Candela seguía nerviosa, moviéndose de forma inquieta por la habitación. Con las mallas y la camiseta iba totalmente tapada, pero se marcaba su estupenda figura, una figura que comenzaba a desear. Los pezones se le marcaban en la fina camiseta como si quisieran rasgarla y las mallas se metían levemente entre la raja de su culo.

- No, quiero seguir adelante. No pienso seguir siendo la más pardilla del pueblo.

Con lentitud, y suma delicadeza, me acerqué hasta ella y acaricié su mejilla a la vez que la retiraba el pelo. Acerqué mi boca hasta la suya y la besé con suavidad, un beso tierno, suave y cálido. Sus temblorosos labios se abrieron y dejaron que mi lengua penetrase. Pasé una mano tras su cintura y la atraje hacia mi mientras lamía el interior de su jugosa boca. Tímidamente, rodeo mi cuello con sus brazos y nuestros cuerpos se pegaron. Su corazón palpitaba con fuerza, y podía sentir como su pecho subía y bajaba. Noté como mi polla aumentaba de volumen y me restregué contra su pelvis para que la sintiese. Era tan solo una prueba para ver cómo reaccionaba, y su reacción fue inmediata. Se abrazó a mi cuello con mas fuerza y sentí cómo a su vez ella también se restregaba. Su lengua buscó la mía y se enzarzaron en la boca en un baile húmedo y caliente.

Bajé las manos por su cintura hasta llegar al culo, y clavé los diez dedos sobre la exquisita carne. Lo sobé con deseo sobre la fina tela, y no encontré ninguna rugosidad que indicara que llevase bragas. Su cuerpo tembló más cuando le abrí los hermosos glúteos, y dejó de besarme para jadear contra mi boca. Me quedé mirando de forma interrogante sus ojos chispeantes y llenos de vida.

- Es que… me he mojado. – susurró contra mis labios con cierto temor.

“Joder, ya se ha corrido!” – exclamé en mi cabeza.

Como si adivinase mis pensamientos se excusó con palabras inquietas.

- Es que es la primera vez que estoy con otro hombre, y… ha sido algo muy fuerte para mí.

- No te preocupes, lo entiendo. Si quieres paramos. – contesté algo confundido.

- No, no. Si tengo más ganas que antes.

Fue ella la que se enroscó de nuevo a mi cuello y me besó con un deseo salvaje. Subí ligeramente los dedos hasta el borde de las mallas y tiré de ellas con suavidad hasta descubrir la carne de su hermoso culo. Ahora ya tocaba la carne, esa deliciosa tersa piel que envolvía sus bonitos glúteos. Lo sobé con las ganas que me imprimían sus besos, hasta que pasé una mano por delante y toqué el centro de sus muslos. Un ligero temblor de su cuerpo me hizo saber lo sensible que era al tacto, y con delicadeza pasé los dedos sobre los depilados labios vaginales, algo que me sorprendió, pue siendo su marido tan tradicional no entendía como se había atrevido a depilarse.

Metí un dedo entre la raja y su boca devoró mis labios con una ansiedad tremenda. Movió la pelvis al sentir mi dedo, y la penetración se hizo mas profunda. Dejó de besarme de nuevo para jadear. Comencé a masturbarla con el dedo a la vez que buscaba el clítoris con el pulgar. Varios roces en el inflamado garbancito, a la vez que le metía el índice profundamente, provocaron que se corriera de nuevo, bueno, por primera vez, la anterior tan solo se había mojado.

- Ahhhg… Ahhhg… Dios mío… que… placer… - se le trababan las palabras entre los jadeos.

Paré para que se recuperase, pero no parecía necesitarlo. Bajó sus manos hasta la bragueta de mi pantalón y lo desabrochó nerviosa e impaciente. Cuando metió la mano para sacar el ya endurecido miembro pude ver en sus ojos la sorpresa. No dijo nada, tan solo miró hacia abajo para cerciorarse de lo que estaba tocando como si no se lo pudiera creer. Volvió a levantar los ojos para mirarme de nuevo.

- Es… muy grande. – comentó entrecortada manteniendo la cara de asombro.

- La de tu marido es mas pequeña? – pregunté por decir algo.

- Mucho más. Es que esta se parece… a las que he visto en los videos.

- Es algo mas pequeña. – repliqué con falsa modestia.

Tiró de los pantalones y calzoncillos hacia abajo hasta hacer que cayesen hasta los tobillos. Se separó un poco y volvió a mirar el miembro que se erguía majestuoso como un robusto abeto. Lo manoseó nerviosa sintiendo los surcos que formaban las hinchadas venas en el tronco. Toqueteó los huevos, agarrándolos con suavidad como si sopesara el tamaño. La dejé tocar y jugar observando su cara de niña asombrada ante un nuevo juguete.

- Te gusta? – pregunté finalmente viendo que no acababa el manoseo.

- Si, sí. Mucho! – exclamó con cierta exaltación.

Agarré su camiseta por los bordes de abajo y tiré suavemente hacia arriba. No se opuso, tan solo levantó los brazos y me dejo que se la sacara. No llevaba sujetador, y pude ver sus bonitas tetas desnudas. Redonditas, erguidas, y con dos pequeñas aureolas mas oscuras que su carne que adornaban la robustez de unos tiesos pezones. Los admiré a la vez que los rozaba con los dedos sintiendo una dureza extrema. Con ambas manos, abracé las tetas por debajo y acerqué la boca para besar y chupar los endurecidos pezones.

- Ahhh… ahhh… - varios gemidos ahogados rompieron el silencio de su boca.

Note que tenía una gran sensibilidad, y eso me gustaba. Probé a mordisquearlos y sus gemidos se hicieron más largos y profundos, seguidos de unos ligeros temblores.

- Ahhhhh… dios mío… Ahhhhh!

- Te gusta? – pregunté tan solo para sentir su voz cálida llena de deseo.

- Ufff, MUCHOOOO! – exclamó levantando la voz.

- Esto no te lo hace tu marido?

- Que va. El tan solo se pone encima y me folla hasta que se corre.

- Y tu… no te corres?

- Algunas veces. Otras tengo que acabar con los dedos.

Cada vez que la miraba a su resplandeciente cara me parecía mas guapa, mas atractiva, incluso mas adorable con esa expresión de niña curiosa, pero a la vez temerosa. La volví a besar con ternura, pero a la vez con un deseo que no paraba de crecer. Entre besos y caricias nos desnudamos por completo dejando mo ropa sobre la silla que había. Su cuerpo totalmente desnudo me pareció precioso. Unas curvas perfectas lo adornaban al completo. Sus deliciosas tetas redondas, de duras y empinadas, con los pezones apuntándome con una erección que parecían querer desprenderse de la carne. Un culito redondo, de carne dura y piel tersa, con una preciosa raja adornando su centro. Piernas esbeltas, con muslos contorneados hasta la preciosa raja que formaban sus labios vaginales.

- Eres preciosa! – exclamé sin poder contener el deseo de mi mente.

- Gracias. – respondió tímidamente a la vez que se ruborizaba.

Abrió la cama y se tumbó sobre ella esperando que yo tomase la iniciativa. Me recosté a su lado y comencé a acariciar toda su espléndida carne. Su cuerpo temblaba levemente a cada roce, a cada beso de mis labios por diferentes partes, a cada lamida de mi lengua por zonas donde nunca la habían besado. Me tumbé sobre ella y agarrándome la polla la oriente entre la húmeda raja. Era la postura en que habitualmente se la follaba su marido, y quise comenzar de la misma forma. Mi hinchado y endurecido capullo abrió la vulva y comenzó a penetrar lentamente. Sus dedos se clavaron en mi espalda como garfios, y su boca se iba abriendo a cada centímetro que entraba. Quería que esa primera vez fuera algo tierno y suave, y que disfrutara de cada segundo de nuestro encuentro. Metí la polla hasta la mitad, y sentí como la carne de su vagina la aprisionaba. Bombeé con suavidad mirando la expresión de su preciosa cara. Varias penetraciones suaves, sin meter la polla al completo, provocaron que su cuerpo temblase, y mi polla recibió una inmensa corrida de fluido caliente.

- Ahhhhh… Ahhhhh… - intentó ahogar sus gemidos de placer clavándome las uñas en la espalda.

Dejé unos segundos de bombear para que disfrutase de ese placer que había sentido. Besé sus cálidos labios y empujé con la pelvis algo más. Poco a poco, mi polla se fue introduciendo en su mojada vagina hasta que mis huevos chocaron contra su raja. Noté todo su cuerpo totalmente tenso, nunca había sentido en su coño una polla como la mía, y quería que se acostumbrase entes de follármela con la perversión que me pedía la mente. El morbo me pedía oir su voz.

- Te gusta?

- Ahhh…muchooo…

- Así? – susurré contra sus abiertos labios bombeando con toda la polla algo más deprisa.

- Siiii…

Como me imaginaba no tardó en volver a correrse. Sus gemidos se hicieron mas largos y sonoros, y en ese momento me acorde de que no estábamos solos. Su marido dormía a pocos metros en la parte superior, y temí que la pudiese oír, aunque el morbo de esa situación me excitaba.

- Calla, o te oirá tu marido. – susurré contra sus labios jadeantes, aunque lo hice mas por morbo que por temeridad.

- Ahhh… que se joda ese cabron que nunca me ha follado bien! – exclamó que el deseo animal que había despertado en su mente.

Sonreí ante su respuesta, y ella me devolvió la sonrisa.

- Probaremos otras cosas a ver si te gustan. – volví a susurrar contra sus labios.

- Si, si! Quiero probarlo todo.

Me retiré de encima para ayudarla a que se girase hasta ponerse de rodillas sobre la cama. Admiré de nuevo su culo a la vez que lo acariciaba con un deseo animal que intentaba controlar. Con su culito elevado en esa posición que me excitaba sobremanera, metí la mano entre la bonita raja que separaba sus nalgas, y rocé el sonrosado agujero con el pulgar a la vez que llegaba con dos dedos hasta su coño. Sabía que su culito era virgen, y desvirgarlo iba a ser una prueba difícil. Pasé los dedos de abajo a arriba hasta mojar el ojete con su propio flujo. Noté como el estrellado agujero palpitaba al introducir levemente la punta del dedo pulgar. Su cuerpo se encomió a la vez que se tensaba, pero no dijo nada.

- Alguna vez te han tocado aquí?

- No, ya te he dicho que mi marido es muy tradicional, y eso nunca se le ha ocurrido.

- Y te gusta lo que te lo toque?

- Es una sensación rara, pero placentera.

No insistí más. Me agarré la polla y la posicioné entre la preciosa raja de su coño que asomaba exultante bajo las nalgas. Apreté con suavidad, y esta vez mi polla penetró por completo mientras escuchaba su agitada respiración. La dejé entera dentro de su apretada vagina mientras me deleitaba acariciando su redondo y terso culo. Comencé a bombear y sus manos se crisparon retorciendo las sábanas con fuerza. Continué con ese suave ritmo hasta que sentí como temblaba de nuevo y se volvía a correr.

- Ahhhg… Ahhhg… Ahhhg…

Ahogó sus fuertes gemidos poniendo la cara contra la almohada, pero esta vez no paré. Continué bombeando, penetrándola cada vez con mas fuerza. Intentaba retener mis impulsos animales, pero cada vez era mas difícil. Agarrado a su delicioso culo estuve embistiendo durante dos largos minutos, hasta provocar que se corriese de nuevo. Yo quería seguir, darle pollazos hasta reventarla, pero tampoco quería que la primera vez me recordara de esa forma.

Por otra parte, quería que sintiese mas cosas, y una de ellas era que sintiese mi polla en su boca. Dejé que se recuperase y me tumbé boca arriba sobre la cama. Ella se giró recostándose a mi lado con el entusiasmo y el placer rebosando por su bonita cara.

- No quieres seguir? – me preguntó al notar que no me había corrido.

- Claro que quiero, pero también quiero que pruebes otras cosas.

Su mano ya me había agarrado el tronco venoso y jugaba subiendo y bajando la piel. Como si adivinase mis pensamientos me preguntó.

- Quieres que te la chupe?

- Si te apetece… me encantará.

- Claro que me apetece. Estoy deseando probarla, nunca me he comido una polla, jijiji.

Sin decir más, inclinó su cabeza y comenzó a besar y lamer el hinchado capullo. Se notaba su falta de experiencia, y la dejé que fuse probando. Poco a poco fue abriendo la boca hasta introducirse el capullo. No me pareció que le fuese difícil, aunque su forma de chuparlo dejaba mucho que desear. Finalmente decidí darla las instrucciones precisas intentando que no se ofendiese, y no lo hizo, por el contrario, agradeció mis indicaciones demostrando a los pocos minutos ser una alumna muy capaz.

Después de cinco minutos de indicaciones y pruebas, la chupaba maravillosamente, y no solo eso, si no que parecía gustarle. Ya se tragaba media polla de forma solvente y jugaba con la lengua en el interior de una forma magistral.

- Dios Candela, ufff… lo haces de maravilla y vas a lograr que me corra. – comenté para avisar de lo que llegaba.

- Cuando me corra tienes que seguir hasta que salga la ultima gota. Si no quieres, no te lo tragues, déjalo escapar entre tus labios, pero no pares… por favor. – le pedí sintiendo como la corrida ya era inminente.

Mis palabras parecieron animarla y sus chupadas se hicieron más potentes y sonoras. Mis jadeos también aumentaron mirando como sus labios subían y bajaban pegados al tronco venoso de mi polla, a la vez que había alargado las manos y sobaba sus bonitas y desnudas tetas. Al momento, el capullo comenzó a soltar dardos de semen. Un leve gesto, quizás de susto, pude notar cuando sintió ese primer chorretón dentro de su boca, pero continuó chupando como la había dicho. La descarga fue brutal, y la leche comenzó a rebosar entre sus labios tornándolos blancos. La sujeté la cabeza para que fuese bajando el ritmo, era la primera vez y había que indicarla cada paso. Con mis manos llevé los movimientos de su cabeza hasta que la hice parar del todo.

Jadee profundamente sintiendo una gran satisfacción, aquella deliciosa mujer había realizado su primera mamada, y no lo había hecho nada mal.

- Ufff… Candela… ha sido estupendo!

- Te ha gustado? – preguntó con entusiasmo mientras se limpiaba los labios blanquecinos y el chorretón que caía por su barbilla.

- Me ha encantado. Para ser tu primera vez lo has hecho genial. Pero dime, te ha gustado a ti?

Sonrió con timidez medio escondiendo su preciosa cara.

- Pensaba que iba a ser más difícil después de lo que había visto en los videos, pero me ha resultado fácil, con tus indicaciones, claro, jijiji.

- Lo has hecho muy bien para ser la primera vez, pero tienes que aprender mas cosas.

- Como qué?

- A introducirte toda la polla, y a tragarte el semen. Por cierto, que me dices del sabor?

- Sabe raro, pero no está mal, jijiji. La próxima vez me lo tragaré, pero lo de meterme toda la polla… no se si podré. Es muy grande.

- Todo lleva su tiempo, pero con voluntad y tesón seguro que lo consigues. – la animé.

- También me ha gustado que me follases a cuatro patas. – me dijo de improviso – Y que me metieses la punta del dedo en el culito me ha dado gustirrinin, jijiji.

Parecía que la gustaba todo, y que estaba dispuesta a todo, y eso hizo sonreír a la parte de mi mente perversa y algo depravada.

- La próxima vez te traes algún lubricante, como vaselina o algo parecido, y podremos probar si te gusta que te la meta en el culito.

- CANDELAAA! – oímos gritar a Sebas

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