El nuevo maestro del pueblo (12)
Virtu no solo quiere sexo, quiere perder el control. Con los ojos vendados y las manos atadas, me pide que la trate como a una desconocida, desatando en ella una lujuria que lleva años reprimiendo.
Primer objetivo cumplido
Me despedí prometiendo que volvería al día siguiente y me moví entre las sombras sigilosamente hasta llegar a la parte trasera de la casa de Virtu. Había recibido varios mensajes de ella diciendo que la apetecía verme y la conteste estando en casa de Carmen que cenaría con ella.
Nada más acercarme a la puerta trasera salió a abrirme y me hizo pasar con rapidez. Iba con un vestido oscuro y austero, como la primera vez que la vi.
- He preparado algo de picoteo, jamón, queso, chorizo... Espero que te guste.
- Estupendo para acompañar al vino.
Después de cerrar la puerta con una gruesa cerradura me miró con ojos chispeantes. Se acercó hasta mí y me rodeó el cuello lentamente con los brazos. Posó sus labios contra los míos y sentí como su lengua recorría mi boca. Fue un beso largo, lascivo, impregnado de deseo y lujuria. Casi pude oler ese deseo que rebosaba por todos los poros de su piel.
- Voy a cambiarme. Ves tomándote un vino.
Me senté y me serví vino a la vez que probaba el jamón y el queso que había dejado en una bandeja sobre la mesa baja. Mis pensamientos volvieron al lío que retozaba en mi cabeza. Tenía que convencer a Virtu para que volviese a esas fiestas depravadas, educar las aptitudes de Carmen, y arrastrar a Candela a ese sexo que descocía para que asistiese a las citadas fiestas de Genoveva.
Tenía algún mensaje de Candela y abrí el móvil para leerlo.
+ Espero con impaciencia tu visita una noche de estas. No tardes.
No me sentía bien ante esas propuestas de engaño, pero me jugaba mucho dinero. Estaba dispuesto a hacer lo que Genoveva me había pedido, pero necesitaba estar convencido de que esas mujeres lo desearan de verdad sin arrepentirse después.
Oí los tacones cuando bajaba las escaleras y giré la cabeza. Mi polla dio un meneo bajo el pantalón al verla con la ropa que se había puesto. Una minifalda de cuadros rojos y azules tableada que tapaba lo justo para que no se le viesen las bragas, y una camisa blanca tan solo anudada a su cintura dejando un excitante escote y el vientre al aire. Se acercó hasta mí contoneándose con un movimiento de caderas ligeramente exagerado. Esbozó una ligera risa, supongo que fue al ver la cara de capullo babeante que se me había puesto.
- Te gusta?
- Estás… preciosa! – exclamé sin llegar a cerrar la boca.
Se sirvió vino y se sentó a mi lado dando un trago. Después de dejar la copa sobre la mesa me miró con intensidad. En ese momento vi cómo se le marcaban los pezones bajo la camisa de forma ostentosa y casi alargo la mano para tocarlos. Esa mujer me excitaba sobremanera.
Ya había experimentado sus rarezas la vez anterior y no quería provocar situaciones parecidas. Acerqué lentamente mis labios a los suyos y nos fundimos en un largo y jugoso beso. Lo aceptó de buen grado y se abrazó de nuevo a mi cuello. Con cautela, subí una mano metiéndola entre nuestros cuerpos para acariciar su vientre desnudo. Su cuerpo se retorció y el beso se hizo más intenso. Subí la mano más y abracé una de sus bonitas tetas a través de la camisa. El roce hizo que el pezón que tocaba a través de la fina tela se endureciese más. Metí los dedos entre el amplio escote y rocé la carne dura y turgente del delicioso pezón. Se estremeció levemente y sentí una lujuria tremenda en su boca devorándome los labios y la lengua.
Estaba temeroso de sus reacciones y quise aclararlo.
- No quiero que pase lo que la otra vez y te sientas mal.
- No me pasará. De hecho, hoy… quiero perder el control.
- Estás segura?
- Desde que ocurrió aquello me he pasado cada día reprimiendo mis sentidos. Cada vez que pensaba en ello, sufría intentándolo borrar de mi cabeza, pero no podía borrarlo porque de lo más profundo de mi mente manaba un deseo desaforado que me pedía revivirlo.
- Entonces… quieres volver a esas fiestas? – pregunté con asombre a la vez que me frotaba las manos mentalmente, pues aquello parecía mas sencillo de lo que esperaba.
- Si, pero cuando esté preparada.
- Y cómo piensas hacerlo?
- Pues contigo… si tú quieres.
- Claro que quiero, pero… cómo?
- Quiero que me hagas revivir todo lo que me pasó haciéndome lo mismo que me hicieron ellos.
- Pero me dijiste que fueron varios hombres y yo estoy solo.
- Da igual, lo que quiero es que me ates, me tapes los ojos, me sobes y me folles como si no te conociese diciéndome todas las barbaridades que se te ocurran. Para sentir como si me follasen dos hombres a la vez he traído esto. – me dijo señalando una caja que había sobre la mesa.
Era una caja negra de unos treinta centímetros de largo por doce de ancho, sin dibujos ni fotos. La abrió y vi una verga de silicona muy realista de un tamaño bastante grande. Podría medir veinticinco centímetros de larga por cuatro de ancha. Desde luego la mía era grande, pero no tanto.
- Quieres que te meta… eso? – pregunté algo alucinado.
- Si, pero cuando esté muy caliente.
- Pero… es muy grande, no?
- Antes tenía otra más pequeña, pero sentía que necesitaba más y adquirí esta.
- Supongo que ya la has probado.
- Si, por delante y por detrás. – esa respuesta me dejó traspuesto.
Si se había metido esa verga por el culo tenía que tener el ojete como un bebedero de patos.
- Y no te haces daño?
- Me aplico un gel, pero ahora te tengo a ti, y tu polla ma abrirá bien los dos caminos antes de meterme a Juanito, así es como la llamo, jijiji.
Dio un trago a su copa de vino y me invitó a que comiese y bebiese.
- Quiero que estes fuerte antes de empezar. Espero correrme muchas veces esta noche, y que me llenes de leche todas las cavidades de mi cuerpo, jijiji. – se rió pícaramente al acabar la frase.
Comimos y bebimos hasta acabar con todo lo que había en la bandeja, a la vez que nos besábamos y nos metíamos mano por todo el cuerpo. Su camisa acabó abierta del sobo que la di en las tetas fuera y las chupadas a los erectos pezones. La corta falda, que apenas tapaba el centro de sus muslos, acabó arrugada en su cintura, y las pequeñas bragas bastante mojadas. Mi polla también estuvo fuera del pantalón casi todo el tiempo, pues su mano no paraba de sobármela y de vez en cuando agachaba la cabeza para dar alguna chupada.
Cuando acabamos, estábamos los dos más calientes que una estufa. Se levantó y sacó del cajón de un mueble un pañuelo y una cuerda.
- Toma, pásala por esa viga. – me dijo señalando a una viga de madera que cruzaba por todo el techo del salón.
La pasé dejando las dos puntas colgando y me dijo que la tapara los ojos con el pañuelo.
- Ahora desnúdame – me pidió con los ojos ya tapados – y átame las muñecas con la cuerda.
Hice lo que me mandó y observé su cuerpo totalmente desnudo con los brazos estirados sujetos con la cuerda. Ya no dijo más, tan solo esperaba a que yo hiciese todo, sobarla, lamerla y follarla hasta que se quedase sin aliento. Esos fueron sus deseos.
Me desnudé por completo y me puse delante de ella para besarla. Lamí su boca y su cara impregnándola de saliva, mientas la sobaba el culo y restregaba mi polla contra su coño. Me pajee contra la vulva hasta sentir como se humedecía. Metí dos dedos y la masturbé con ganas hasta que se corrió por primera vez. Jadeaba y gemía con desesperación pidiendo más. Me agarré la polla y la metí un poco entre la raja. Comencé a bombear con suavidad hasta sentir como se hundía en lo más profundo de su vagina.
- Te gusta? – susurré contra sus labios jadeantes.
- Siiii… muchooo…
Era el momento de comenzar con las barbaridades que me había sugerido que la dijera. Sin dejar de bombear empecé a hablar contra su boca interrumpiendo su aliento.
- Te gusta puta?
- Siiii… sigue!
- Eres la mas puta del pueblo, y te voy a meter la polla hasta reventarte. – susurré contra sus jadeantes labios mientras embestía con más fuerza.
Los jadeos aumentaron cuando me agarré a su culo y penetré profundamente.
- Ahhh… diosss… - gimió corriéndose de nuevo.
Saqué la polla empapada y metí los dedos en su vagina para embadurnarlos con su propio flujo.
- Chupa zorra, prueba el sabor de tu coño. – susurré a la vez que le metía los dedos en la boca.
Comenzó a chuparlos con desasosiego. Su cuerpo temblaba entero sin papar de chupar, y empecé a comerle las tetas. Las chupaba a la vez que las aplastaba con la otra mano y lamia y mordisqueaba los erectos pezones. Había entrado en un estado de excitación continua, y aproveche para coger la enorme verga de silicona. La acerqué hasta la raja y presioné con suavidad. Su coño se abrió como una fruta madura y el grueso armatoste comenzó a entrar. Sus gemidos se hicieron mas sonoros y guturales, y los temblores se convirtieron en espasmos.
- Ahhnng! Ahhnng!
- Te hago daño? – pregunté algo asustado por esos sonidos que desprendía su boca.
- Diosss…nooo… sigue!
Llevaba casi quince centímetros introducidos y presioné despacio. Veinte centímetros y paré. Me puse tras ella y acerqué mi polla empapada contra su culo. El agujero estaba cerrado pero palpitante. Nada mas sentir la presión de mi capullo se abrió como una flor en primavera. Apenas un pequeño empujón y se tragó la mitad de mi polla. Sentía la presión de su recto, pero engulló la dura carne como una boca hambrienta.
Comencé a bombear lentamente, pero casi gritó entre gemidos.
- Ahhhhg… Dale al botón!
Alargué la mano hasta alcanzar la verga que colgaba de su coño y presioné el botón que había al final donde la forma cambiaba para simular dos redondos huevos. Un leve ruido comenzó a sonar y pude sentir la suave vibración. Su cuerpo tembló aún más, y continué bombeando su culo a la vez que metía y sacaba la mitad de la gran verga de su coño.
Sus gemidos se convirtieron en gritos ahogados y se volvió a correr de nuevo. Su culo se había abierto más de lo que esperaba, y mi polla entraba y salía con facilidad. Me quedó claro que lo que me había contado era verdad, debía haber utilizado la verga de silicona unas cuantas veces tanto en su coño como en su culo.
Continué bombeando su culo lentamente metiéndole toda la polla dentro. Los huevos ya sonaban a cada empujón, pero su respiración se fue serenando. Con una mano sujetaba la verga de silicona y con la otra amasaba sus tetas, me pareció una escena insólita. Cuando se serenó, volvió a pedirme más.
- Dime lo puta que soy!
- Eres la mas puta de todas! – exclamé con desenfreno.
- Si le vuelves a dar al botón aumentará la vibración. Quiero sentir más, y sobre todo que me llenes el culo de leche.
Hice lo que me pedía y la vibración subió de nivel. Agarré la verga de silicona con las dos manos y comencé a bombearla el coño y el culo a la vez. Sus gritos se hicieron mas espeluznantes y no pude aguantar más soltándole una buena corrida en el recto mientras la decía todas las barbaridades que se me ocurrían.
- Te voy a reventar so zorra! Te voy a llenar el culo de leche y después te restregaré la polla por todo el cuerpo.
Aunque me había corrido, no tardé en recuperarme, aquella hembra me ponía cardiaco, como un puto perro salido. La desaté y me la follé varias veces, contra la mesa, a cuatro patas, en el suelo sobre la alfombra, incluso le follé la boca cuando me la estaba chupando y acabé soltándole una buena corrida por la cara y las tetas.
Cuando ya no pude más, me tumbé en el sofá totalmente derrotado, era como si hubiese corrido una maratón. Ella se había quedado tendida en el suelo llena de semen y el silencio nos envolvió. Tan solo las respiraciones agitadas eran el único sonido que llenaba el salón. Al cabo de un par de minutos su voz, relativamente ronca, irrumpió en el silencio.
- Uf, ha sido genial!
- Realmente te ha gustado? – pregunté sin dar crédito a sus palabras.
- Ha sido la prueba de fuego, y la he pasado. No tenia claro si podría revivir algo así, pero lo he hecho y me he quedado muy satisfecha.
La pregunta era clave para saber si había conseguido el objetivo.
- Entonces crees que estas preparada para volver a esas fiestas?
- Si, ahora lo sé, y estoy segura que disfrutaré de ellas.
Continúa en
- Relato #213497— title-regex: contiguous parts (11 -> 12)
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