Xtories

July y yo 19

Las obras avanzan rápido, pero la tensión sexual en el sótano es insoportable. Cuando Paula se quita la ropa para medir la cabina, el límite entre lo profesional y lo carnal se desvanece. Y cuando llega Angela, hija de Violeta, la curiosidad de la joven promete complicaciones inconfesables.

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CAPITULO XX

PREPARANDO LA INAUGURACION – VIOLETA ME PRESENTA A SU HIJA ANGELA

No obstante, me acerqué a una chatarrería que había de camino al local y compré unas cuantas cadenas gordas y oxidadas que encontré por allí. También unos candados roñosos, pero con llave que aún funcionaba. Unos platillos igualmente oxidados y rajados.

También busque por Internet apliques en forma de porta antorchas. Encontré unos que podían llevar luz imitando fuego, o fuego real, poniéndoles unas cazoletas especiales. Pedí 10 para iluminar la mazmorra.

Llamé a Ramírez y le pregunté si ellos tenían experiencia en hacer esqueletos. Se sorprendió con la pregunta y le explique que era para decorar la mazmorra. Me dijo que no habían hecho ninguno, pero que suponía que con una impresora 3 D, no sería complicado. Le dije que me lo mirará, que tenían que ser esqueletos de mujer, y que querría un par de ellos, y que si en vez de blancos, eran amarillentos, imitando el paso del tiempo, mejor que mejor, y también sangre, como la vez de los negros, pero algo más densa y oscura por el paso del tiempo.

Me dijo que iba a asustar a quien entrará, y le dije que esa era la idea.

Quedó en decirme algo, y de paso me preguntó por el estado de las obras. Le puse al tanto, y celebró que fueran tan rápido. Yo le pregunté por la muñeca preñada que aún no habíamos visto y me dijo que esa sería la estrella para la inauguración de la tienda.

Me llamó Paula, la informática, que a ver cuándo podíamos vernos y hablar de su aportación a la causa.

He quedado para comer con ella en un rato, en el mismo restaurante que estuve con Raquel y July.

Nos dimos dos besos al vernos,

“Que tal?”, le pregunté.

“Bien, por Raquel sé que tú también”, me dijo ella con cierto retintín.

“Si, jaja no puedo quejarme”. ¿Que quieres comer? “, le pregunté.

“Algo ligero hay que cuidar el tipo “, me dijo.

“Que te parece una ensalada y un pescado?, le dije.

“Por mí, perfecto”, dijo ella.

Se lo pedí al camarero.

Mientras Paula me dijo,

“Bueno, que el otro día no me enteré muy bien. ¿Que es exactamente lo que necesitas?”, preguntó.

“El local donde estuvisteis, va a pasar a la historia. He comprado con unos cuantos socios todo el edificio, y ahora tendré más actividades que antes. Ambos ambientes tienen su clientela, pero parece que ahora quien no tiene un web no es nadie, y de eso se trata de hacer una web anunciando los servicios que se dan en el FANTASY PLACE”, eso sería el fin último. El cómo, te lo dejo a ti “, le dije.

“¿Redes sociales también? “, preguntó Paula.

“Realmente yo estoy un poco alejado de esos mundos. Supongo que por la tendencia tú sabrás mejor lo que se lleva ahora”, le dije.

“Sí, la página web con una información veraz, actualizada y con un punto de encuentro para los clientes que puedan manifestar sus opiniones, es imprescindible. Las redes sociales son más en plan testimonial, yo las utilizaría muy ambiguamente para reseñas. Luego te censuran hasta el respirar. Yo me centraría en una web potente y muy viva, y por supuesto nada vulgar. Pero, sobre todo, ya te digo, muy viva “, me dijo.

“Vale, me parece bien. De todas formas, July, mi mujer, se encargará de esto, pero es bueno saber tus ideas”, le dije.

“En principio, tendremos el club swinger, el fuck hole, la mazmorra, el laboratorio, la sala de los deseos. Para no dar explicaciones que pueden resultar soeces hay que tocar cada tema muy por encima y luego dar un número de teléfono de contacto”, añadí.

“Bueno es una buena información para empezar. Una página web de esta dimensión, con cinco apartados, dinámica, estará en torno a los cinco mil euros, más los gastos de alojamiento y mantenimiento que pueden ser unos 300 euros al año.

“Joder, es un pastón”, me salió del alma.

“Bueno ya sé que has llegado a acuerdos de trueques con Raquel. Podemos hacer lo mismo”, me dijo Paula.

“Genial, pues así lo hacemos”, le dije.

“Bien pues lo primero que hay que hacer es pedir un dominio. He estado mirando www.fantasyplace.es, y está libre, o sea que si te parece pido ese”, me dijo.

“Adelante con él”, le dije.

“Bueno pues hasta que no tengamos fotos del sitio nuevo, pondremos en la web próxima inauguración, y los temas que va a tratar”, me dijo.

“Me parece bien, le diré a July que vaya desarrollando un poco los temas. Bueno lo haremos juntos porque ella de algunos no sabes más que mis intenciones. ¿Por ejemplo, para la sala de los deseos,” Tienes fantasías inconfesables?, Te gustaría hacerlas realidad?, Si es así, llámanos, y si está en nuestras manos, la realizarás. Solo mayores 18 años. ¿Que te parece?”, le pregunté.

“Que no está nada mal. Repítelo que lo grabó, y lo pongo tal cual”, me dijo.

Se lo repetí y lo grabó con el móvil.

Ya habíamos terminado de comer.

“Quieres ver cómo van las obras? ¿O quieres ya el primer pago?, o ambas cosas?”, le pregunté.

“Pues si vamos bien de tiempo, las dos”, me contestó.

“Si, vamos sobrados. Vamos si quieres y empezamos por las obras”, la dije.

Y así hicimos.

Cuando llegamos al sótano, Diego estaba con su equipo a pleno rendimiento. La fui enseñando el nuevo fuckhole, los aseos, en fin, todo lo que ya estaba hecho.

Diego vino a verme y saludarme,

“Hola Rafa y compañía. Oye te he cogido una camilla para dar a estas cabinas bien la medida. En cuanto llegue alguna de las compañeras, me la mandas para cogerle la medida con ella encima”.

“Vale”, le dije.

“¿No valgo yo?”, preguntó Paula.

“Claro, pero tienes que hacerlo sin ropa”, le dije.

Ante nuestros ojos sorprendidos y más aún el de los operarios, se quitó toda la ropa y nos dijo,

“¿Dónde me pongo?”.

Diego le dijo dónde estaba la camilla, que la había puesto en el puesto VIP.

Paula se subió y se tumbó. Los operarios se fueron acercando como moscas a un dulce.

Diego se acercó a ella y me hizo una señal algo así como que, si podía, y le dije que si, claro.

Se sacó la polla y le dijo,

“No hay mejor forma de probar que teniendo una situación real”. Como era muy previsor, había cogido condones de la máquina por si al ir la chica, se probaba algo más que la posición, como era el caso.

“Si, la postura, la altura y la situación es idónea”, dijo Diego ya con la polla dentro de Paula.

Los operarios, esperaban con la herramienta en la mano su turno. Aunque eso sí, impacientes.

En cuanto Diego se corrió y les dio luz verde, la sacaron de la camilla la llevaron a una zona del sótano donde tenían tierra para hacer cemento, y la tumbaron sobre ella. Allí de tres en tres la fueron follando pasando por todos sus agujeros.

La pegaron una buena follada.

Luego tuvieron que devolver la camilla al fuckhole, y no se les ocurrió mejor idea que llevar a paula en la camilla. Pero totalmente en pelotas. Si se cruzaban con alguien, decían, “traslado de urgencia”, y hacían el ruido de una sirena con la boca.

Así llegamos al local y la dejaron ya instalada.

“No te quejarás, empiezas la jornada ya con diez pollas. No está mal”, le dije.

“Si está mal. Tengo tierra hasta en EL DNI”, me dijo.

Pero cumplió la jornada sin problemas. La conté a fondo lo que había hablado con Raquel del puesto VIP. Me dijo que les había hablado Raquel de ello, y que a todas si no se las podía reconocer les pareció una idea morbosa. Aproveché ya para hacerla algunas fotos para el certificado, avisándole de que no haría nada sin su consentimiento por escrito. Yo ya había elaborado un borrador en el que la mujer renunciaba a cualquier reclamación, sobre el uso de su imagen y datos personales siempre que procediéramos a eliminar de los datos o la imagen, todo lo que la interesada nos dijera, aunque se lo diría al gestor para que lo redactará él.

Se fue tan contenta con su primer cobro.

También vino Ramírez que me trajo los esqueletos y la sangre. La verdad es que estaban muy conseguidos, y los dejé en la mazmorra, ya con su cadena al cuello tirados como hiciera quedado alguien que hubiera muerto allí. Unos pegotes de sangre negra y seca al lado, le daba aún un aspecto más tétrico.

Justo a las tres semanas de empezar, Diego me dijo que a falta de lo que hubiera que hacer en la mazmorra, la obra de abajo estaba terminada, y aprovechó para presentarme un invento que se le había ocurrido y había elaborado. Lo llamaba Fuck-box. Había hecho dos.

Básicamente, era una caja de madera recubierta de cuero PU para absorber humedades, sudor y otros líquidos. La chica se metía, se tumbaba boca arriba, y echaba las piernas hacia atrás cerrando la caja a continuación. Aunque resultaba un poco claustrofóbica, porque la chica iba encerrada dentro, tenía la ventaja de que no se las podía reconocer. Tenía un orificio a la altura de la cara por donde el cliente podía meter la polla para recibir una buena mamada. Su culo y coño quedaban totalmente al aire y, además, y esto era un aspecto novedoso, tenía unos agujeros a la altura de las tetas de la chica por los que los clientes podían meter la mano y sobarla las tetas. Además, tenía ruedas bloqueables, con lo que podían moverse fácilmente de sitio, incluso con la chica dentro.

Hablando con July me dijo que era mejor esperar unos días, hasta que la obra se secara, que si no siempre desprende algo de humedad. Así lo hicimos.

También hablamos del tema del personal. Decidimos habilitar de momento seis cabinas que con las fuck box y los tres puestos de calentamiento, hacían once chicas en total.

Ni de coña teníamos once chicas fijas. Contando con las que fuera la VIP, eran siete. Faltaban cuatro, o habilitar menos puestos. Decidimos dar un toque a Isabel, Rocío, Maca, Irene, Violeta, que son las que habían pasado por allí, por si a alguna les interesaba algo fijo.

Adaptaríamos los puestos a las chicas que hubiera en cada momento.

También empecé a buscar cosas para el laboratorio.

Quería que, en esa sala, tanto hombres como mujeres, pudieran experimentar con su cuerpo

Le encargué a Ernesto una máquina de sexo que había visto en Internet. La vendían como la más completa. Tenía dos brazos para acoplar consoladores, vagina y ano, y un brazo extensible y regulable, para un tercer consolador donde se quisiera, boca, coño o culo.

Luego, tenía un sin fin de detalles. En una consola, se podía programar desde el lubricado cada x segundos, a el grosor que adoptaba el consolador que en ese momento tenía, pudiendo hacer que el incremento fuera progresivo. Además, disponía de una Hitachi magic band, para estimular el clítoris, electrodos para poder aplicar descargas eléctricas. También le pedí una máquina que vi en Internet. Era como la espada de una motosierra, pero con lenguas en vez de dientes de corte. Las lenguas se movían incidiendo directamente en el coño de la que la tenía puesta.

Ernesto me dijo que no lo había visto nunca en ningún catálogo, que lo mismo era algún invento que no se había comercializado. También le pregunté por algún Dom que me aconsejara en la mazmorra, y me dijo que aún no había ido ninguno por la tienda.

Antes las dudas, decidí llamar a Ramírez, así le preguntaba por los esqueletos y de paso le decía lo de la máquina de las lenguas.

Me comentó que ya los tenía listos. Que esta tarde me los llevaba, que habían unido los huesos con tiras de látex haciendo de tendones y que habían quedado bastante bien. Le comenté lo de la máquina de lenguas y me dijo que está tarde lo veíamos.

Me llamó Violeta.

“Hola Rafa, perdona que no te contestara antes tu llamada, pero he estado algo liada”, me dijo.

“No te preocupes. Era para decirte que la parte de abajo del local está acabada la obra, y que allí va el nuevo fuckhole por si te interesara tener una participación en el mismo”, le dije.

“La verdad es que si, quizás no pueda ir todos los días, pero la mayoría. Estos días que no he ido, lo he echado muchísimo de menos. Ando muy salida”, me dijo.

“Oye también estate al loro por si sabes de alguna amiga o conocida que la haga falta currar. Me va a hacer falta camareras para las barras”, le dije.

“Vale. Me encantaría decírselo a Angela, mi hija, pero no sé cómo llevaría el verme a mi allí”, me dijo.

“Bueno, la puedo poner en la Barra del club, así no tendría porqué enterarse que tú estás allí”, le dije.

“Sí, es una posibilidad. No quiere estudiar, pues al menos que trabaje. Le diré que al ser los compradores del local me has dicho si conocía a alguien, y por eso he pensado en ella”, me dijo.

“Vale, pues avísame un día y la veo en el club, no en el fuckhole, que no se nos asuste”, le dije.

“Me parece bien. A ver si podemos ir esta tarde”, me dijo.

“Muy bien, así conozco a la dueña del tanga, jajajaja”, le dije recordando mi visita a su casa.

“Guarrooooo”, me dijo Violeta.

Efectivamente, esa misma tarde, a eso de las seis me llamó que sí podían ir. Le dije que si y que fueran al club y me avisarán cuando llegaran.

Así lo hicieron. Las saludé a las dos, me presentó a Angela y le pregunté a Violeta si quería ver las obras del sótano. Me dijo que sí y bajamos.

Les enseñé el nuevo fuckhole.

Angela se quedó impresionada cuando le explicamos lo que se hacía en él.

“Guau, mola. Esto es para follar a saco. ¿Tú conoces el otro?, le preguntó a la madre.

“Sí, me lo enseño Rafa antes incluso de la venta”, contestó Violeta intentando aparentar naturalidad.

“Pero has estado follando?”, le preguntó directamente.

“Angela, no. ¿Por quién me tomas?”, le dijo.

“Ja, te has puesto súper colorada. Si no has estado te has muerto de ganas”, le dijo riéndose.

“Bueno, si os parece seguimos. Les enseñé los vestuarios los lavabos, la sala de los deseos, el laboratorio y la mazmorra. En cada sitio les daba una explicación de lo que estaba pensado para cada sitio. Angela abría los ojos como platos a cada explicación. Venía con un jersey beige y vaqueros. El jersey le quedaba muy ajustado lo que marcaba sus tetas, de generoso tamaño, y se empezaban a marcar los pezones, fruto sin duda de la excitación que todo aquello la estaba ocasionando.

Angela preguntó si podía usar el lavabo. Le dije que si claro, y me quedé con Violeta.

“Está ha ido a escurrirse el tanga”, le dije.

“No seas guarro. Habrá ido a hacer pis”, me contestó.

“Si quieres le pregunto cuando terminemos la charla si quiere probar una cabina”, le dije.

CONTINUARA

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