Xtories

Don Pablo 4

Pablo llega a la puerta de Cristina con una bolsa misteriosa y una propuesta que desafía la discreción del barrio. Ella acepta el juego, pero no sabe que su cuerpo es solo una pieza más en el tablero de un hombre que no renuncia a nada.

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118€ subió todo.

Y la dependienta, muy atenta siempre, le regaló el slip, a cambio de que él le dejara sus bóxer como prenda.

-Vaya vaya, la muchacha nos salió fetichista.

-¿Te puedo dar una tarjeta con mi móvil?

-Mi mujer me revisa los bolsillos.

-Haría mejor revisándote esa pedazo de polla.

-También lo hace, no te creas.

-Si estuvieras conmigo, no tendrías que follar fuera de casa.

-Mis hijos son mayores que tú, olvídalo.

-Entonces, hasta la próxima.

-Adiós, preciosa. Recordaré ese probador toda mi vida.

Y salió de la tienda con las dos bolsas.

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-Buenos días…lube para anal, por favor.

El sexshop del barrio era de lo mejorcito.

-Enseguida, caballero.

Y aparecieron sobre el mostrador, 4 tubos de diferente marca.

-Todos son con base de agua, pero si me permite, le recomiendo este. Es el más caro, pero es buenísimo.

-Sí, lo conozco. Y se lo afirmo. Es de calidad superior…Estooooo…¿y algún reconstituyente? Uno ya va teniendo una edad… y claro…

-Uuuuyyy, no se lo crea todo…chicos bastante más jovencitos que Ud. se pasan por aquí también preguntando. Este de aquí es muy bueno. Se recomienda cada día mañana y noche. Pero con que se tome una por la mañana y otra por la tarde, tendrá una noche de grandes éxitos.

-Pues perfecto, ya voy tomándome una.

-Ahhhh, sábado sabadete.

-Yo no lo hubiera explicado mejor, señorita.

Y salió del sexshop con el tubo de lubricante y un frasco de pastillas, dentro de una discreta bolsa blanca, con un logo de 70% reciclada, que no se transparentaba nada por fuera.

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La siguiente parada era el bar.

Un bocata de serrano, un zumo y un café. Se estaba metiendo en un lío y era imprescindible rendir como un cosaco por la tarde-noche, que es cuando llega Inés de sus caminatas.

Y es que tenía tarea por delante.

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Cristina estaba terminando las tareas del hogar. Eran las 11 de un sábado gris y tristón y solo le preocupaba que no entrara nadie con el calzado mojado…que acababa de fregar.

Pablo llegó a casa, descargó la bolsa con el tanga para Inés y la bolsa azul, con el lube y el reconstituyente. Se sentó en el bidé, se lavó bien, se puso el tanga nuevo y se tomó un colacao calentito. Estaba listo para salir a visitar a su vecina.

Cristina estaba terminando la limpieza, cuando alguien tocó en la puerta.

La mirilla le mostró a su vecino Pablo, con una bolsa.

-¿Vienes de la calle?

-Esto…buenos días. No, vengo de casa.

-Es que acabo de fregar el piso entero.

-Tranquila, voy impoluto, como siempre…Toma, para ti.

Entró, cerrando la puerta con cuidado no les viera nadie.

Ya dentro de casa, le dio una bolsa con diferentes cajitas.

-Uy…¿Un regalito?

-Varios…regalitos. Para la mujer con el culo más delicioso de la ciudad.

-Ay, que me suben los colores…¿Qué es?

-¿La bolsa no te dice nada?

-Ah claro, la bolsa, ¡qué tonta soy! ¡Guau…lencería! A ver, a ver…

Y abrió la primera caja…con 4 braguitas de corte normal.

-Ay que boniiiiiitas…gracias.

Y mientras las revisaba, le daba un pico a Pablo.

Metía de nuevo la mano en la bolsa y sacó una caja pequeña, que contenía una tanga brasileña.

-Halaaaaaa, qué chuuuuuuuulas, por favoooooooor.

Y los ojos le brillaban. Ciertamente era una prenda muy sexy y muy bonita. Siguió y cogió la caja más grande…

Un conjunto blanco de tanga y sujetador, que quitaba el hipo. Con puntillas y transparencias.

-Gracias, gracias y gracias. ¿Cómo averiguaste mi talla de tetas?

-Pues no sé, llámalo intuición masculina…

Ya solo quedaba la última caja, con el tanga. El hilo que pasaba por el culo, constaba de varias perlas pequeñas. Por la parte delantera había una abertura descarada, con puntillitas rojas a ambos lados y terminaba con una transparencia hasta la cintura, que exigía un chichi completamente depilado.

-¿Y estoooo?

-Cuando la dependienta me dijo que podrías practicar el sexo sin sacártelo, no me lo pensé dos veces. Eso sí, no sé lo cómodo que pueda llegar a ser.

-Eres un depravado…¿Lo sabes?

-Sí, por eso sigo aquí, esperando a que te lo pruebes.

-Ay, es que, de tanto fregoteo, estoy sudada…necesito una ducha.

-Tranquila, te espero. Y si quieres, te paso la toalla y te ayudo a secarte.

-Lo dicho…un puto depravado.

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Salió limpita de la ducha, extendió la mano hacia donde deja siempre la toalla y se encontró el brazo de Pablo.

-Déjame secar, al menos…y dame mis gafas, que no veo un carajo.

Cris se dejó envolver por la toalla…Pablo la fue secando deliciosamente. Cuando llegó al chichi, se agachó y se dispuso a secarlo…

-¿Y estos pelos?

-Ay, que no tuve tiempo de ir a depilarme.

-Espera aquí…ni te muevas…dame 20 segundos.

Y Pablo salió pitando para su casa…en 22 segundos estaba allí de nuevo.

-¿Qué pasa Pablo?

-Pasa que voy a depilarte. Voy a afeitarte el chichi.

Pablo cogió la pastilla de jabón de manos y la pasó por todo el coñito de la joven. Empezó a pasarle la cuchilla de 5 hojas, el suave vello pelirrojo empezó a desaparecer, pasada tras pasada. Le dejó el coñito sin un pelo…prestó atención a la zona entre los labios menores y mayores, dejándolo todo brillante. Luego le dio la vuelta, la hizo agachar y le afeitó el culito. Luego la hizo pasar a la ducha y cuando salió, le pasó suavemente la toalla.

-Alguna cremita tendrás…¿no?

Y le alcanzó el tarro azul de nivea, que le pasó suavemente por todo el coño y el culo.

-¡Perfecto!

Entonces se levantó del suelo, con los pantalones mojados y la camisa toda salpicada de agua…

Pablo se quitó la camisa, dejando a la chiquilla embelesada con su torso definido y depilado de ayer.

-¿Te lo vas a probar, o no?

-Ay sisi, es que cuando te veo esos abdominales me pones muy burra…te follaría aquí mismo.

Se puso el tanga y le quedó perfectamente ajustado. Se dio la vuelta y Pablo pudo ver como la cadenita de perlas le pasaba por toda la raja del culo.

-Ahora lo más importante. Túmbate en la cama y abre las piernas.

Así lo hizo Cris…la magia del tanga actuó y se fue parte del tanga a un lado, parte al otro, quedando todo su coñito al descubierto.

-Por dios, que maravilla…no puedes perderte esto. Déjame tu móvil, que te hago una foto.

Cris le dio el móvil desbloqueado para que Pablo le hiciera la foto…La imagen que vio en pantalla parecía salida de la mejor peli porno del mundo. Le encantó su chocho, afeitadito hasta el mínimo detalle y cómo le quedaba el tanga.

Mientras se deleitaba con la foto de su propio coño, notó como la lengua de Pablo iba desde su culito al clítoris. Y tirando el móvil sobre la cama, agarró la cabeza de Pablo y soltó un gemido.

Notaba las perlas frías, en contacto con el ojete…y ese hombre, que no paraba de lamer. No la dejó hasta hacerla correr, dejándola en el centro de la cama, deshecha de placer.

-¿A qué esperas? Reviéntame.

-Espero a que me termines de desnudar…estoy vago.

Se incorporó, se sentó en la cama y le desabrochó el cinturón, le soltó el botón, le bajó la cremallera y el pantalón cayó por sí solo, dejando a la vista un tanga de cuero negro que parecía que iba a explotar.

-Hijodeputa, qué sexy estás.

Le pasó las manos por la cintura y le fue bajando los hilos del tanga por el culo. Sobando el duro culo de Pablo, al que dio la vuelta y empezó a besar sus nalgas, para terminar bajando el tanga hasta el suelo y pasar la lengua por el ojete de aquel hombre, mientras por delante, le masajeaba el rabo, duro como una piedra.

Para hacerlo mejor, se tumbó sobre la cama. Le dedicó una comida de culo y de huevos, que jamás le había hecho a nadie. El hecho oír a Pablo como gemía, ya la hacía sentir poderosa.

-Vas a conseguir que me corra, putita mía.

Y se sentó sobre su cara…

-Para para paraaaaaa…

Levantándose todo asustado…

-¡Que me rompes las gafas!

Rompiendo los dos a reír…Cris se tumbó en el centro de la cama, abierta de brazos y piernas.

-Soy tuya.

Y Pablo se le puso encima, clavándola sin piedad y empezando a bombear como una máquina. Cris lo abrazó con las piernas y con sus brazos.

-Asiiiiiiii, no te separes de miiiiiiiii.

Aquel hombre la estaba desmontando a pollazos y no paró hasta que se corrieron a la vez, gritando ambos de placer.

-¡Joder que polvo!

Pablo acabó tumbado boca arriba, cogiendo resuello.

-¿Cómo? ¿Acabo de dejar exhausto a mi vecino buenorro?

Pues parece que sí.

-¡Yes!

Dando un brinco de victoria sobre la cama.

-A ver, que con la tontería se nos hizo la hora de comer. Y uno no está para esfuerzos.

-Claro, claro…yo también me comería una vaca ahora.

-Entonces…¿comemos juntos?

-Pues no va a poder ser. Mi mujer puede llegar en cualquier momento.

-Vaya, lo siento.

-No lo sientas tanto…ayer echamos dos polvos bestias. Está bajo tratamiento por su líbido y de momento le va de puta madre.

-¿Y si viene ahora y te pide guerra?

-Lo primero, voy a comerme los macarrones que me mediopreparé esta mañana, luego le comeré el coño como un san bernardo bebe agua y luego, si no hay más remedio, tiraré de pastilla mágica.

-Venga, ¿duchita juntos?

Y se ducharon, quedando relajados.

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Dando vueltas a su ensalada de quinoa, Cristina acababa de darse cuenta de que no era más que el segundo plato de ese hombre.

¿Que follaba como los putos dioses? Sí, pero era el dios de otra.

Y ahí estaba ella, en pijama, con una capa de crema de manos en su coño, viendo un episodio de Los Simpson en la tele.

Así que, si estaba tan buenorra…¿por qué no ligaba nunca? El coño que vio hace un rato en la pantalla de su móvil, se merecía un puto cuadro. Cogió el móvil y pidió hora para la peluquería…le dieron para el martes. Luego miró una óptica cercana…en el barrio había una y los sábados cerraban a las 18:00

Iba a tirar a la basura esas putas gafas de cegata.

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Pinchando las últimas alcaparras que quedaban en la fuente de macarrones, estaba Pablo pensativo.

Y es que, como Inés se curara de su apatía sexual, su vida iba a cambiar radicalmente. Hoy mismo se le pusieron dos yogurines a tiro y ahora estaba nervioso por si Inés llegaba antes de hora. Necesitaba descansar. Bueno…necesitaba un whisky y una siesta. Se puso su pijama de Hugo Boss y se tomó otra pastillita.

Quería ver en su mujer el mismo brillo que en los ojos de Cristina. Ambas no podían compararse, pero su mujer también estaba muy buena. Al fin y al cabo, él era un puto privilegiado. Jamás tuvo que besar a una fea, jamás vio un chochito sin arreglar, ni un culo sucio, ni un sobaco apestoso. Todo era perfecto en su vida sexual. Y ahora además, tenía que complacer a su mujer. Se sentía obligado a ello. Y ¿por qué? Porque quería estrenarle el culo. Estaba poniendo a su mujer, al mismo nivel que sus ligues. ¿La amaba? Él creía que sí. Pero ahora la liga estaba cambiando y tocaba jugar muchos partidos en casa.

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