Xtories

Don Pablo 3

Inés creía que su vida íntima había llegado a su fin, pero un simple suplemento vitamínico reaviva un fuego dormido. Sin embargo, mientras ella redescubre a su marido, él no espera en casa: busca nuevas formas de satisfacer su propia voracidad, lejos de los ojos de su esposa.

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La despertó el tirurí que hace la lavadora cuando termina.

-¿Y cuando puse yo la lavadora? ¡Ay diosssss que pringue!

Cristina se despertó en la cama, pringada de semen por todas partes. Se intentó levantar y le fallaban las piernas. Estaba agotada. Ese puto salvaje la dejó para el arrastre.

Sus gafas volvían a estar sobre la mesilla, perfectamente colocadas y con los cristales impolutos. El reloj digital marcaba las 12:22 esos pedazo de números eran visibles hasta para una cegata como ella.

Consiguió ponerse en pie. Salió y fue a la cocina. La encontró impecable. Todo ordenado y limpio. ¿El baño? Limpio. El salón…impecable. La Romba estaba a su rollo, paseándose entre el salón y el cuarto de invitados. En la terraza, la lavadora recién terminada y una nota…

*Hola princesa. Me permití poner la lavadora. La mancha de chocolate de la blusa rosa, creo que conseguí sacarla. Otro día salgo y te compro bragas bonitas. Si te duele el culito, usa aloe vera, mano de santo.

Te preparé un bocata de jamón.

Firmado: P

-¿Es, o no es un amor?

Devoró el bocata de jamón, puso sábanas limpias y se metió en la ducha. La primera agua que tocó en su culo, le provocó escozor. Pasó los dedos, le dolía. Rebuscó y no encontró aloe. Se puso nivea y se terminó de duchar.

Salió nueva, radiante. Se montó en el bus y fue a visitar a sus padres. Hoy mamá hacía carrilleras.

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Inés, por su parte, se había ido de caminata con sus amigas de senderismo. Allí solía relacionarse con todo tipo de gente. Hoy coincidió que caminó casi todo el recorrido con Esther, que era ginecóloga.

-Pues aquí me ves, dándolo todo a mis 47 añazos.

-Me alegro mucho Inés, estás en plena forma.

-Bueno…eso se lo preguntas a mi Pablo y te dice que estoy vieja y oxidada. Pero claro, nunca he sido yo muy activa…y últimamente, no sé qué me pasa, que no tengo ninguna gana.

-Explícate con lo de ‘ninguna’

-Pues hace 15 días que no…

-¿Y no tienes ganas?

-Pues no. El pobre, o se mata a pajas, o llevo unos cuernos de película.

-A ver, poca broma. Yo estoy 15 días sin tocar al mío y no sé lo que pasaría.

-Pues yo, cuando era joven, con uno a la semana, ya iba de maravilla. Y eso que mi Pablo es mucho Pablo.

-Me parece muy poco…¿nunca te hiciste análisis? Igual tienes alguna carencia fácil de corregir.

-¿Y a mi edad volverme una vieja verde? No te creo.

-Mira, ven a verme, sin compromiso y con un pinchacito vemos si todo está ok.

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El miércoles, ya estaban los resultados.

-Tienes una carencia importante de vitamina B

-¡Vaya! Y…¿es grave?

-Para nada. Un suplemento de vitaminas específico y verás qué cambio.

-Jajaja, no te creo.

Inés empezó el tratamiento el mismo miércoles, incrédula total.

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El viernes por la noche se vio en la ducha, dándole una mamada a su marido, que no se creía lo que estaba pasando.

-¿Estás bien, Inés? Si no paras, te daré las natillas que acabo de tomar de postre. Teoría de los vasos comunicantes, ya sabes.

-Ya estás tardando.

Y se corrió con rabia en la boca de su mujer, que lo tragó todo sin rechistar.

-¡Joooooder Inés! Jamás te habías tragado mi leche.

Cuando ésta se levantó y le enseñó la boca limpia, seguía sin dar crédito a lo que acababa de pasar.

-Y ahora, las natillas que te quedan, me las metes en el coño.

-Joooder cariño, estás desconocida.

-Resulta que tengo diagnosticada una grave carencia de vitamina B, B6, B12…y resulta que la líbido se alimenta de la vitamina B que nunca he tenido. Llevo 3 días en tratamiento.

-A ver si ahora me vas a secar.

-Si te seco, siempre puedes comerme el coño.

-Inés…¿tú te oyes?

-Pues me sale del alma.

Salieron de la ducha, se secaron y justo cuando Inés se daba el último enjuague tras lavarse los dientes, la cogió en brazos, la cargó al hombro y la tendió sobre la cama.

Le soltó dos nalgadas, se puso sobre ella con la polla, dura como una piedra, rozándole el clítoris.

-¿Cuánto llevamos casados?

-28 años. Dos hijos.

-Y en esos 28 años…¿habremos follado?

-Muy pocas veces, cariño, soy consciente. Pero parece que la cosa se está solucionando.

-Ni que lo jures…¿Sabes lo que toca ahora?

-Mmmmmmm…¿me la meterás hasta los huevos y me llenarás de leche?

-De natillas…pero antes me como tu coño.

-No que…las cosquillas…siempre me haces cosquillas.

Y el primer lametón, del culo al clítoris, la hizo respirar a fondo. A pesar de secarse bien, volvía a estar mojada. La lengua de Pablo la volvía loca, se corrió en su boca. Sin cosquillas.

Cogiendo aire como estaba, Pablo le levantó las piernas, las puso en los hombros y se la mandó hasta el fondo.

Ambos estaban en la gloria. Nunca nunca, se habían corrido 2 veces la misma noche y esta vez tenía pinta de que, al menos ella, lo haría varias veces más.

Pablo llevaba años soñando esto. Soñando que su mujer le pedía repetir. Y se puso manos a la obra. Empezó a percutirla sin piedad. Se la sacaba toda, se la paseaba por el clítoris y se la volvía a clavar hasta la empuñadura.

Estuvieron follando más de media hora. Él encima, ella encima, de cucharita. Al final la puso de perrito, la agarró bien y se dispuso a vaciarse dentro de su esposa, como no había hecho nunca en su vida. Mientras aceleraba para terminar, le escupió en el ojete, se lo acarició. Y cuando consiguió que se corrieran los dos a la vez, le metió el pulgar hasta el fondo.

-Ahhh dios ¿qué me haces?

-Follarte por delante y por detrás, a la vez.

-Siiiiiii, me encantaaaaaa.

Y se corrieron los dos a la vez.

Pablo quedó agotado sobre la cama, con la polla reposando en su ingle izquierda.

Ella tiró al bidé, a limpiarse.

Durmieron felizmente hasta la mañana.

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El sábado amaneció nublado.

-¡Qué bien, está lloviendo! Y en la tele dijeron que tendremos un finde bajo la lluvia.

-A mí, lo único que me interesa es si te queda vitamina para pasar el finde.

-Mira guapo, el frasco es de 100 pastillas y ahora mismo voy a tomarme la cuarta.

-Me dejarás ir a hacer pis, al menos.

-Tranquilo, que no soy ninguna Mata Hari.

-Pues ayer lo parecías.

-Y tú parecías un salido…¿Qué es eso de meterme un dedo en el culo?

-Lo hago para que te acostumbres al tamaño de la polla que pretendo meterte.

-Ni hablar, señor. Eso es muy grande…¿Desayunamos? Hoy tengo caminata.

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Desnudos como estaban, se pusieron el albornoz y fueron a la cocina.

La pequeña tv hablaba del tráfico, de la previsión de lluvias.

-¿En serio vas a salir a caminar con este tiempo?

-Claro…aparte de las vitaminas, he de mantenerme en forma. Mira, igual tienes suerte y cuando llegue, vuelvo a abusar de ti.

-Cómo…¿dos días seguidos?

-¿Por qué no?

Sonó el móvil de Inés. Que en destino no llovía.

Y con sus botas de montaña, los palos de caminar, un chubasquero, dos bocatas y dos botellas de agua, Inés se montaba en el Abarth y desaparecía, camino a la asociación de senderistas.

Pablo terminó de ordenar la casa. Cambió sábanas, toallas y pijamas. Pasó la aspiradora y salió, a por unos recados.

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-¿Y de qué talla quiere la ropa interior?

-Ay, no sé.

Y Pablo se acercó a un maniquí, lo cogió por las caderas.

-¿Estas son de talla?

-S, caballero, son la talla S.

-Pues entonces lo que yo necesito es talla M.

Y la dependienta de la tienda de lencería, empezó a sacar bragas, tangas, brasileñas, conjuntos. Si podía, a este hombre le iba a sacar la sangre.

Pablo se juntó con 4 bragas normales, dos brasileñas, un tanga con pedrería y un conjunto blanco que quitaba el hipo. Faltaba saber la talla de la parte de arriba del conjunto.

-Pues no sé, señorita…

Y Pablo puso las manos en forma de querer tocar tetas. Se dirigió al mismo maniquí…y le sobó las tetas…

-Uy, bastante más grandes que esto.

-Buenas tetas, buen culo, el caballero es afortunado en amores.

-Ella también es muy afortunada, no vaya Ud. a creerse.

Y le guiñó el ojo a la dependienta. Que se quedó intrigada.

-Y las mías, ¿qué le parecen?

-Pues no sé, señorita, así de vista.

Entonces salió a la puerta y colgó un cartelito de ‘Ahora vuelvo’

Luego se fueron al probador. Un probador grande y cómodo.

-Puede comprobar.

-¿En serio señorita? No quisiera yo…

-Esté Ud. tranquilo.

Y Pablo empezó a sobarla por encima de la ropa…

-Es que, con ropa.

Aquella muchacha estaba maravillada por la desfachatez de aquel maduro, que acababa de pedirle veladamente, que le quería tocar las tetas…Aún así, se sacó la blusa y el sujetador.

Pablo la tocó con destreza. Le estaba metiendo mano descaradamente. Y a la dependienta se le escapó un gemido.

-Señorita, es Ud. poseedora de la talla de mi pareja. Por lo tanto, tiene Ud. unas buenas tetas…como me dijo antes.

-Gracias, Ud. también es muy atractivo. Y un poco caradura.

Entonces, acercándose más a la dependienta, respirándole en la boca.

-Y eso…¿es bueno, o malo?

-Un hombre dispuesto a gastarse este dinero para contentar a su pareja, no puede tener nada malo.

Y Pablo volvió a tocarle las tetas, apretando más.

-No se crea señorita, tengo algo malísimo. Los calzoncillos que me compra mi mujer son cómodos, pero muy básicos y de colores feos.

-En esta tienda tenemos la mejor ropa interior de caballero. La más formal, la más divertida y la más sexy…¿Qué talla usa?

-Ay, no sé…

-Si me permite, lo podemos averiguar en un instante.

-Soy todo suyo.

Y la chica le bajó los pantalones, dejando a la vista unos boxer ajustados, marcando toda la polla, que se le salía por la parte de abajo, dejando el glande completamente a la vista.

-¡Aylaputamadrequeteparió!

-¿Como dices chiquilla?

-Que esto es una maravilla.

-Pero si son blancos, ¿cómo puede decir eso?

-Espere aquí…

Y en medio segundo, le traía un slip, un bóxer y un tanga.

-Lo mejor es que se los pruebe.

Las cartas ya estaban sobre la mesa. Mientras Pablo se deshacía de sus bóxer blancos, la dependienta aprovechó que llevaba minifalda, se quitaba el tanga y se empezó a masturbar, metiéndose dos dedos bien adentro.

Pablo cogió el slip y empezó a subirlo. Le quedaba por fuera, toda la polla erecta.

-Creo que esto es pequeño.

-Permítame que discrepe. Es su talla, pero para probarlo bien, necesitamos rebajar esta excitación que ambos llevamos.

-¿Entonces?

-Quítese el slip, póngase esto y déjeme a mí…

Y le dio un preservativo…Pablo se lo desenrolló sobre la polla. Le quedaban unos centímetros para cubrirlo todo.

-Virgensanta, que le queda pequeño el condón. ¿A Ud. le importa?

Y mientras Pablo decía que no, aquella chiquilla de no más de 20 años, lo tumbaba en el diván y sin quitarse la minifalda, se clavaba la polla hasta el estómago. Empezó a saltar de alegría sobre ese tremendo ariete. Se corrió dos veces, tapándose la boca para no montar escándalo. Luego Pablo la puso de perrito y se la mandó hasta las pelotas. Esa niña era fuego.

-Mira princesa, no me gusta correrme en los preservativos…¿dónde te la echo?

-En la cara, hijodeputa, en la cara.

Después de conseguir que se corriera dos veces más, le dio la vuelta, se sacó el condón y empezó a pajearse para pintarle la cara.

Pero ella no se dejó y empezó a mamársela haciéndole una garganta profunda que jamás nadie le había hecho.

Tocándole la cabecita, le avisó. Abrió la boca, se separó y empezó a pajear esa magnífica polla.

Terminó con toda la cara y los ojos, cubiertos de semen.

Ella cogió su móvil y se hizo un selfie, toda llena de lefa. Luego le cogió la polla a Pablo y se la dejó reluciente.

Mientras ella terminaba de comerse todo el semen que tenía por la cara, él se probó el slip y, en efecto, le quedaba bien. Luego el bóxer, lo mismo y al final, el tanga, que era muy sexy.

-Señorita, me va a poner Ud. otro tanga brasileño de estos, en una bolsa aparte, para mi esposa.

-Será un placer servir a mi mejor cliente.

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