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Capítulo 2 - Historia de un periodista frustrado

El ascensor se detiene y el ruido de los pasos se acerca. Él sabe que tiene segundos para actuar antes de ser descubierto por el vecino de enfrente. La repartidora no espera órdenes; se vuelve y ofrece su cuerpo al riesgo de ser vista.

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Al día siguiente me levanté realmente cansado, no pude dormir. Me pasé toda la noche dando vueltas en la cama pensando en lo que había sucedido con Cristina.

Durante el desayuno Patricia me preguntó si me encontraba bien, le respondí que sí pero no me creyó.

-Cariño, si no ves seguro lo del trabajo no lo cojas, seguro que dentro de poco te sale algo mejor.

Me había dicho tantas veces aquella frase que había perdido incluso el sentido. Patricia terminó sus tostadas, dejó el plato en el fregadero y tras darme un beso en la boca se marchó. Debería de haberse lavado los dientes, pero a Patricia y a mí nos encantaba el sexo sucio.

Nos ponía muy cachondo no lavarnos los dientes una vez por semana, pasar el día entero fuera de casa y por la noche sin habernos duchado y estando sudados, hacer sexo oral para después comernos la boca y saborearlo lo más intensamente posible.

Cuando me quedé solo en casa pensé en hacerme otra paja pensando en Cristina, pero no sabía lo que iba a suceder esta tarde después de la entrevista y quería reservar mis fuerzas.

- ¿Iba a serle infiel a Patricia acostándome con Cristina? Me pregunté a mí mismo – No debo, respondí, pero eso no significaba que no pudiese hacerlo – A lo mejor se está follando a su jefe o a algún compañero del trabajo, por eso cada vez me la chupa mejor, está practicando.

Me puse a hacer labores de casa para mantener la cabeza ocupada y no caer en la tentación de la masturbación.

Estaba limpiando el baño cuando recibí un mensaje de Cristina

-¿Estás listo para esta tarde? Porque yo sí, seguido del mensaje había una imagen de esas que solo puedes ver una vez e inmediatamente la borras. Aquello me puso muy cachondo, nadie manda fotos de ese estilo si no son para poner cachondo al personal.

Por un momento pensé en hacer una captura de pantalla o incluso grabar la pantalla, pero sabía que si lo hacía no iba a excitarme tanto. Era más morboso ver la imagen y saber que luego tendría que recrearla en mi mente. Después de unos segundos me decidí a abrir la imagen y no era otra cosa que la fachada del negocio, la muy cabrona estaba jugando conmigo y lo peor de todo es que me iba ganando.

Dejé el teléfono en el comedor y seguí limpiando el baño, no quería distraerme. A la 13:30 hice la comida y a las 14:00 estaba comiendo mientras veía la ruleta de la suerte. A los pocos minutos de haber empezado sonó el timbre.

-¿Sí? Pregunté alzando la voz

-Soy la cartera respondieron al otro lado de la puerta.

-Buenos días, un paquete para el señor Carlos Sánchez

-Sí, soy yo

-Firme aquí por favor.

Por un momento me quedé embobado en la belleza de aquella chica. Debía ser latina, sus ojos alargados como los de un gato, labios carnosos y un pelo negro largo pero bien cuidado. Sus caderas eran voluminosas al igual que su pecho. Hubo un momento en el que se agachó dentro del carro para coger mi paquete y no pude hacer otra cosa que deleitarme por como se le marcaba el tanga.

La repartidora se dio cuenta de que estaba mirándola y pareció avergonzarse un poco -Firme aquí por favor, insistió de nuevo acompañado de una sonrisa cargada de picardía.

Agarré el papel y firmé el documento.

-¿Está muy cachondo? Me preguntó sin yo esperarlo

-¿Cómo dices? Respondí con un tono entre sorprendido y enfadado intentado disimular.

-Lo digo porque le he pillado mirándome el culo.

-No sé de qué me estás hablando.

-Su entrepierna no dice lo mismo. Pero bueno, es una pena, me hubiese encantado que me la metiera. Tengo ahora cinco minutos de descanso para comer y se me ha olvidado la comida...

Sin yo decirle una sola palabra, la mujer se acercó hasta mí, se dio la vuelta quedando de espaldas y bajó ligeramente sus pantalones. Miré hacia abajo en ese momento y contemple la majestuosidad de dos labios vaginales grandes, carnosos y sobretodo húmedos.

Miré hacia ambos lados de la escalera del edificio y no parecía haber nadie. Lo único que me preocupaba era la vecina de enfrente, podría estar viéndonos ahora mismo por la mirilla, pero era imposible. Se trataba de Agustina, una mujer de 80 años, sorda y que no sale de casa porque andar la deja agotada.

Volví a mirar hacia ambos lados del rellano y al no ver a nadie, me bajé los pantalones y coloqué mi polla sobre los labios de aquella cartera. Quise preguntarle el nombre varias veces, pero preferí no hacerlo, me daba más morbo que solo ella supiera quién soy.

Me empecé a retorcer del placer conforme mi polla entraba por su coño, que placer follarme a una desconocida sin condón.

-Ummmm que rico papi, decía ella conforme iba notando mi polla cada vez más dentro -Deme más fuerte papi, hágamelo bien rico añadió.

Mis movimientos era lentos al principio pera aquellas palabras activaron algo en mí que no hicieron otra cosa que empezar a embestirla con fuertes movimientos de cadera.

-Así, no pare por favor repetía una y otra vez.

Me ponía muy cachondo el roce de su piel y ropa con la mía. Pasé mis manos hasta agarras sus pechos para que nuestros cuerpos estuvieran más unidos todavía.

-Córrase dentro papi, lo necesito.

-Está tan loca como cachonda, pero qué iba a hacer yo. Ella me había traído un paquete y yo quería agradecérselo, pero seguía siendo una locura, no iba a correrme dentro

En aquel momento sonó el timbre del ascensor, alguien se acercaba.

Agarré a la repartidora por el cuello con una mano y con la otra tapé su cara.

-SHHHH nos van a pillar le susurré. Acto seguido ella fue la que movió sus caderas y clavó su culo sobre mi polla e hizo que ambos nos corriéramos -Joder, pensé mientras me corría dentro de ella, pero al mismo tiempo pensaba “qué puta maravilla”.

Rápidamente nos separamos. Ella se subió sus pantalones y yo el mío.

-buenos días, dijo el vecino que acababa de salir del ascensor.

-Igualmente respondimos la repartidora y yo.

Continuará…

Tienes disponible la primera parte de esta serie de relatos: Capítulo 1 - Historia de un periodista frustrado