De adolescencia, amor y sexo.(2ª parte)
Nunca imaginó que el calor de sus manos bajo la falda desencadenaría un torbellino de sensaciones. Entre besos robados y miradas cómplices, la barrera de la inocencia se rompe en un prado bajo las estrellas. ¿Qué pasarán cuando el deseo los supere y la vergüenza dé paso al placer?
A aquella primera cita le sucedieron muchas otras. Alberto se convirtió en algo asi como una obsesión. Si, era, fue, mi primer amor. Ese que te llena de mariposas la barriga y te hace fantasear cada noche. El que te hace leer poemas o escribirlos. Alberto se hizo de pronto tan necesario como respirar, como agua.
Aún hoy, después de tantos años que aquello pasó, siento cierta añoranza y nostalgia de su presencia. Ese primer amor, que nunca se olvida, sigue vivo de alguna manera en mis sueños.
Cada viernes seguimos coincidiendo en el autobús de vuelta a casa, las eternas protestas de sus amigos al fondo del autobús, las miradas envidiosas de mis amigas, la constante con la que lidiar. Esos rumores que confirmaban lo nuestro. Incluso en mi pueblito se dejaba oír el run run de nuestra relación.
Como principiantes en el amor, tratábamos de mantenerlo casi en secreto, aunque casi no nos importaba el que se supiese. Vivíamos en nuestro pequeño mundo cada vez que podíamos estar solos. Besándonos cada vez que había oportunidad. Apretando nuestros cuerpos por el placer de sentir el calor del otro. Estábamos enamorados y nos dejábamos llevar por aquello que sentíamos.
Cada domingo, sin falta, se escuchaba la ruidosa moto de Alberto en mi calle. Cada domingo me subía en ella, apretándome a su espalda para alejarnos de todo y poder amarnos a escondidas de miradas indiscretas.
Poco a poco fuimos aprendiendo a amar. Llegó un momento que nuestros cuerpos pedían más, mucho más.
Nuestro claro en el bosque se convirtió en el motel bajo las estrellas que escondía nuestros encuentros.
Ya habían pasado varias semanas desde aquella primera vez. Un par de encuentros en el autobús y un par mas sobre aquella hierva. La primavera avanzaba, el calor apretaba un poco mas cada día esperando el verano.
El viento en mi cara alejaba de mi mente las incertidumbres que sentía para cuando llegase ese verano de vacaciones. No sabía qué pasaría cuando estas llegaran. Me apreté a él mientras el ruido infernal de su moto nos conducía a nuestro pequeño prado. Tenia ganas de llegar alli.
Salté de la moto en cuanto pude. Ya sabía dónde estaba la pequeña manta y la saque mientras él se quitaba el casco y lo colgaba del espejo retrovisor. Su sonrisa me alegraba la tarde, el alma.
Entre ambos la estiramos sobre el prado y nos dejamos caer en ella mientras nos besábamos. Sentíamos lo que solo un cuerpo adolescente puede sentir en su primer amor. Hablamos de varias cosas sin soltar nuestras manos. Las vacaciones entraban en la conversación. ¿Cómo lo haríamos? ¿qué pasaría? Alejó mis temores prometiendo venir a verme cada día que pudiese. Nada podría impedir aquella relación. Esta vez fui yo quien lo besé con pasión. Mi corazón saltaba acelerado en mi pecho con aquella promesa.
Ahora sí, respiraba tranquila mientras me perdía en su mirada. Creo que mis ojos reflejaban lo que sentía. Él tomaba mis manos, se sentía tan caliente aquel contacto. No voy a negar que estaba excitada. De mi mente no se borró aquella primera vez que me acaricio como se acaricia a una mujer. Las sábanas de mi cama fueron testigo de aquel recuerdo en las semanas pasadas.
Me dejé caer de espaldas y lo arrastré conmigo. Su boca se apoderó de mis labios y mi pecho pujo contra el suyo. Su saliva se coló en mi boca acompañada de una lengua juguetona que agitaba mi respirar y le daba alas a mis manos que lo recorrían.
No tardé en sentir de nuevo aquella dureza contra mi muslo. Mi entrepierna también clamaba allá abajo. Solo dejábamos de besarnos para tomar aire, apenas un instante, antes de volver a devorar nuestras bocas y apretar nuestros cuerpos adolescentes. Los dos respirábamos alterados.
Rodamos sobre la manta hasta que quede encima de él. Contra mi pubis pude sentir aquel miembro suyo apretado dentro del pantalón. Lo besé con deseo mientras sus manos paseaban por mi espalda hasta llegar a mi culo. Lo apretó contra él. Ahora si sentí más aún aquel calor contra mis ingles. Roté mis caderas para sentirlo mejor. De mis labios se escapó un gemido. Se sentía tan bien aquel contacto.
Pese a todo, yo nunca había visto un pene en erección. Ni erecto ni flojo, nunca lo había visto, pero se me antojaba algo que quería ver, tocar, sentir. Mis amigas me contaron cosas sobre esto, incluso maneras de acariciarlo, para mi todo era aún misterioso y deseado. Mis piernas se abrieron rodeando su cadera, mi vagina quedó abierta a aquel roce que me hacía suspirar y temblar.
Permanecimos asi un buen rato. Nuestras bocas pegadas a fuego. Sus manos apretando mis nalgas, subiendo un tanto mi falda hasta poder apretarlas libres de tela. El calor de sus manos en mi culo era algo superior a lo que me había imaginado.
Cansados de aquella postura me deje caer hacia un lado sin dejar de besarlo. Mis manos ahora estaban libres de acariciar aquel cuerpo que me llamaba. La suya se aproximo hasta mi pecho, que las recibió con alegría, necesitaba que apretara mis pechos, que me hiciera estremecer de arriba abajo. La blusa no fue un obstáculo para ello, tampoco mi sujetador. Ambos quedaron fuera de juego para liberar mis pechos que ya lo apuntaban directamente.
Su boca bajó hasta mi cuello y mi mano acaricio su pelo dejándome amar. Se deslizó hasta llegar a mi pezón más cercano, lo tomó entre sus labios y en mi mente estallaban artificios de colores. Su lengua lo acarició hasta estremecerme en gemidos. El calor de su boca me hacia perder la cabeza.
Lo dejé hacer por un rato, lo dejé llegar con su mano a mi entrepierna, apartar la falda antes de sentir mi humedad, que ya lo esperaba ansiosa. Abrí un poco mis piernas dándole paso a lo prohibido. Su avance entre mis muslos se me hizo eterno. Necesitaba sentirlo ya, ahora, justo ahí.
Cuando rozó mi pubis mi respiración se alteró aún más. Mi clítoris saltó a su contacto, duro y expectante. Gemía aceleradamente a su contacto. No necesité mucho para tener un pequeño orgasmo. Mi excitación era mucha, demasiados dias contenida y me corrí apenas me tocó.
Volvió a besarme delicadamente, quizás sorprendido por lo que acababa de pasar, pero comprensivo. No tardé en recuperarme de aquel pequeño sunami que me había recorrido y, en mi mente, me dije que ahora me tocaba a mí.
Me coloqué medio incorporada a su lado, dejando mis pechos muy cerca de su cara, asegurándome de tener mi mano libre. Abrí su camisa hasta dejar descubierto aquel pecho joven, pase mis manos por él, reconozco que me temblaban, nunca antes había sentido una piel ajena a la mía. Contra mi muslo la pujanza de su miembro. Bajé la cabeza hasta depositar un beso en su pezón, creo que él se estremeció entero. Mi lengua entró en juego y la saque para juguetear con aquel pezón pequeño, pero ya duro. Lo lamí y succioné hasta arrancarle gemidos. Permanecí un poco alli antes de incorporarme lo justo como para dejar mi pecho al alcance de su boca. No tardó en tomarlo entre sus labios. Mientras, mi mano había comenzado a deslizarse por el tobogán de su pecho, a su vientre, buscando más abajo.
El corazón me dio un vuelco cuando sentí su dureza contra mi palma. La apreté despacio mientras él se dejaba hacer sin dejar de lamer mis pechos. Lo sobé de arriba abajo, hasta llegar a sus testículos. Allí apretados con el vaquero.
Desabroché el botón, baje la cremallera, temblando, debo de decir. Por primera vez en mi vida iba a sentir aquella cosa y me sentía nerviosa, ansiosa de hacerlo, pero nerviosa. Mi mano se coló entre el pantalón y el bóxer, ahora el calor se sentía mayor aun, su dureza también. Hundí la mano hasta poder acariciarla entera, en mi útero sentí una contracción. Estaba dura, parecía como llena, pero a la vez blandita. La sensación al tacto era extraña.
Seguí avanzando en mi ataque, ahora sí, quería sentirla directamente en mi mano. Bajé el bóxer hasta que aquello saltó desde dentro. Deje de besarlo para bajar mi mirada hacia alli. Desde la altura podía verla perfectamente. Grande, enérgica, dura, con aquella cabeza rojiza. El sentirla en mi mano provocó que apretara mis muslos para sentir esa pulsación en mi vagina.
No sabia como acariciar aquello, solo la apretaba para sentirla. Quería darle placer, pero no sabía hacerlo. Alberto pareció darse cuenta de mi inexperiencia, bajo su mano hasta tomar la mía. La apretó contra su miembro y me enseño como hacerlo. Despacio, mi mano comenzó a subir y bajar aquella piel tersa, haciendo que el glande desapareciera y apareciera una y otra vez. Cuando cogí el ritmo me dejó a mi sola para él volver a hacerse dueño y señor de mis pechos.
Yo la miraba entre mis dedos, estaba caliente. Era extraño el tacto, casi irreal. Fueron tantas veces las que imaginé cómo sería aquello. Por primera vez en mi vida estaba masturbando a un hombre. De aquel ojo rasgado de su glande salió un liquido transparente, imagine que seria algo asi como el mío cuando me excito. Lo sentí correr por mis dedos. Seguí subiendo y bajando aquella piel.
Sus caderas comenzaron a perder el control con mis caricias, su boca apretó un pezón mas de la cuenta arrancándome un quejido de dolor, me pidió perdón y siguió lamiéndolo para calmarlo mientras gemía cada vez mas continuo. Libere sus testículos hasta hacerlos rodar entre mis dedos. Parecían llenos como de algo, parecían flotar alli dentro de la piel que los rodeaba. Volví a asir su mástil y aumenté el ritmo de la paja.
Para entonces su cabeza se había posado sobre la manta, sus manos se aferraban a mi costado y su respiración se hizo aun mas profunda. Sentí una contracción en su pene. Sabia que estaba a punto de llegar. Lo agite con mas premura. Justo hasta ver una catarata de semen blanco salir disparado de ella. Gruesos goterones que salpicaron su pantalón, mi camisa, mis manos. Seguí agitándolo, aunque más despacio mientras sus gemidos brotaban de su garganta y sus caderas temblaban. ¿Asi que aquello era el semen? Era pegajoso, como con grumos que resbalaban dejando un rastro tras ellos. Un olor como salado me llego desde alli abajo. Era fuerte, no sabría describirlo.
Cuando por fin se aflojó un tanto su pene, lo deje tranquilo. Miré su cara y sus ojos estaban cerrados. En mis dedos aun chorreaba aquel espeso líquido. Con curiosidad lleve un dedo a mi boca para probar su sabor. No me gustó, la verdad, era salado, como amargo. Aunque no me desagradó del todo. Se sentía raro, solo eso.
Me dirigí a su cara y lo besé largamente. Él, abrió sus ojos con un agradecimiento en ellos. Le sonreí agradecida a mi vez por la experiencia. Me beso casi con rabia mientras me apretaba contra sí.
De nuevo la tarde caía a nuestro alrededor. El tiempo volaba siendo felices. Las ropas volvieron a su sitio, ambos tumbados uno al lado del otro. Los ojos en las estrellas, nuestra mano apretando la del otro. Creo que a ambos nos daba cierta vergüenza lo que acababa de pasar.
Fue él quien rompió el hielo y comenzó a hablar de ello. Me confesó que era la primera vez que alguien lo acariciaba. Que se había sentido muy bien. Yo casi me moría de vergüenza, menos mal que la oscuridad tapaba mi sonrojo. Entre casi balbuceos confesé que para mí también fue la primera vez. Como había sido la primera vez unos, dias antes, que alguien me acariciara a mí.
El sexo se abría ante nosotros, ambos inexpertos, pero ansiosos por aprender. Ambos nerviosos por ello, pero preparados para el siguiente paso. No sé cómo, me quité aquella vergüenza y comencé a hablar con él sobre ello. Si, yo también tenia mil preguntas, mil inquietudes sobre el sexo. También sentía esa necesidad de conocerlo. Hablamos largo y tendido sobre todo esto. Parecía que el amor lo podía todo, incluso romper ese tabú del sexo y sus placeres.
Hablamos de masturbación, de como nos gustaba hacerlo con nosotros mismos, de cómo se sentía. De lo distinto es que te lo hagan a hacértelo tu. En fin, que estábamos rompiendo barreras entre ambos, quizás abriendo puertas al futuro, quizás expresando deseos de querer aun más de aquello.
Y de nuevo nos volvimos a besar, con más pasión si cabe. Ahora sabiéndonos libres de acariciar al otro. Nerviosos aun, pero liberados de aquel pudor. Sabiendo lo que hacíamos, lo que desaseábamos, lo que buscábamos.
Nuestras respiraciones volvieron a agitarse. Nuestras manos acariciaban con ansias. De nuevo esa humedad entre las piernas, esa dureza contra mi muslo. De nuevo ese ardor recorriéndonos enteros.
Volvió a abrirse mi blusa, volvió aquella lengua a arrancarme suspiros. La sentí bajar por mi vientre, hacer a un lado mi falda, su aliento chocar contra mi pubis. Una mano que apartaba la tela de la braguita al lado y…me sentí morir cuando noté su boca sobre mi vagina. Algo torpe pero acariciante. Mis muslos se separaron casi solos. Su lengua hurgó entre los pliegues de mi vagina hasta llegar a mi clítoris. Me sentía flotar. Era tan distinto a lo sentido hasta ahora. Me faltaba aire en los pulmones a cada pasada suya. Sus dedos jugueteaban en mi entrada sin llegar a entrar. Mis caderas comenzaron a moverse por si solas.
Pero yo también quería, no podía dejarme hacer sin más. Giré sobre mí misma hasta dejar mi cara frente a su pantalón. Alargué la mano y toqué de nuevo aquella dureza bajo la tela. Casi con premura volví a abrir la cremallera y casi arranqué el botón de sus pantalones. Hice hacia abajo el bóxer, hasta que su miembro salto frente a mí. Se veía increíblemente grueso, casi amenazante. Lo tomé con mi mano para acariciarlo como me había enseñado. Me fascinaba verlo desparecer entre mis dedos para volver a aparecer.
Mientras, Alberto, volvía a hacerse dueño de mi piel allá abajo. Su lengua volvía a rebuscar mis puntos sensibles, mis muslos, completamente abiertos, rodeaban su cabeza, mi culo bajaba y subía a cada pasada de su lengua.
Abrí mi boca para aproximar aquella cosa a ella, mi lengua salió a recibirla. Por primera vez en mi vida tenía un miembro así. Su sabor me inundo cuando lo introduje un poco en mi boca. Era un extraño sabor. Cerré los labios y lo aprete. Creo que sentí cierta repulsa al principio, pero pronto la olvidé. Se sentía rico aquel calor en la boca, el contacto de su glande contra mi lengua o paladar era como un excitante añadido a lo que sentía entre mis piernas. Lo lamí y chupé sin experiencia, no sabiendo bien cómo hacerlo, pero creo que a él no le importaba mucho, seguía perdido entre mis muslos, apretando mis glúteos con sus manos, lamiendo sin reparo.
Sentí una arcada cuando lo empujé más adentro, su glande rozó mi campanilla provocandome una arcada, y esto, me hizo sacarlo con premura, una lagrima se escapó de mi ojo, pero seguí lamiendo. Un sabor salado me llegó, supongo que el preseminal hacia su aparición en escena. Lo saboree extrañada por su sabor, pero no pare.
Para entonces mis piernas apretaban mas aun su cabeza. Sentía en mi vientre un torbellino que acababa en la punta de su lengua. Mis caderas se agitaban sin freno. Notaba que en breve me correría como nunca antes. Él se dio cuenta y aumentó el ritmo. Yo quería acabar, pero también que él sintiera placer. Tome su polla con mi mano y la agite dentro de mi boca, me gustaba aquello.
Llegó el momento de no retorno, ya nada podía parar aquel orgasmo que comenzaba a fraguarse en mi nuca. Comencé a convulsionar y a perder el control de mi cuerpo, sus manos, apretando mis glúteos, me afianzaban a su lengua. Me atraganté de polla tanto como pude, la necesitaba sentir contra mi paladar. Sentí como él también comenzaba a galopar mientras se hundía en mi boca.
El destello del orgasmo me sobrevino arrasador, entre gemidos callados por su miembro, convulsiones descontroladas y apretándolo entre mis muslos. Al mismo tiempo sentí en mi boca una contracción, dos y…la ola de semen que me hizo toser. Amargo y salado, pero no del todo desagradable. Tragué como pude, llevándolo hasta lo mas profundo que podía. Lamiendo aquella cabeza roja, dejando que algo de su semen blanco y pegajoso resbalara de mis labios mientras seguía sintiendo en mi útero las contracciones del orgasmo.
De nuevo ese dejarse caer hundidos por el placer, temblorosos, ahítos de sentir. Fatigados pero risueños. Nuestra primera vez en esto de nuevo culminada, de nuevo una nueva experiencia, de nuevo el placer en nuestra relación. ¿Quién puede olvidar algo asi?
Una vez calmados, los besos volvieron, y ese apretarse para buscar el contacto del otro. De nuevo ese amarse adolescente. De nuevo esa cierta vergüenza que poco a poco íbamos superando. La vida se abría ante nosotros, llena de promesas de futuro, llena de placeres por venir, llena de esperanzas y miedos. Pero vivida como solo se vive en la adolescencia, alocada y llena de preguntas, hormonas revueltas e inquietudes.
Si, decidimos vivirla a tope entre ambos. Fuese como fuese y a pesar de lo que fuese. Sin una meta aún cierta, sin nada en las manos más que nuestro amor, pero con la esperanza de tenerlo.
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