El nuevo maestro del pueblo (7)
La condesa no solo le paga por enseñar, sino por someterse. En la casa de campo, la diputada espera no solo su cuerpo, sino su obediencia absoluta. Lo que empieza como un trámite laboral se convierte en una prueba de resistencia donde el deseo de poder choca con la realidad carnal.
Una invitada de la condesa
Ya eran las ocho y cuarto y decidí ir a casa de Adel para darme una ducha, no quería llegar oliendo a sudor y sexo. Por supuesto mi patrona intentó comenzar con el interrogatorio nada más llegar, pero me subí a duchar sin darle demasiadas explicaciones. Me puse ropa limpia y salí casi disparado para evitar las preguntas de Adel.
Como la noche anterior, la puerta se abrió automáticamente nada más llegar con el coche frente a ella, y casi antes de llamar al timbre ya me estaba abriendo Elena la puerta de la casa. Llevaba el mismo vestido que la noche anterior, y eso me agradó pues era un buen estímulo para la vista.
Después de saludarme educada y sumisamente, me llevó a otro habitáculo de la casa que no conocía. No me ofreció nada de beber diciéndome que la condesa llegaría en breve. Cuando apareció Genoveva me saludó con frialdad, me dio la impresión de que no le había gustado que intentara escabullirme de la cena. Abrió un armario de los varios que había en esa habitación y sacó un traje gris claro. Joder con la puta condesa, me había comprado un Armani!
- Es de tu talla, pero pruébatelo antes de salir. A la persona que he invitado a cenar hoy le gusta estar con gente que viste bien.
Salió de la habitación y mi quite mi cutre ropa para ponerme ese pedazo de traje con rapidez. Me sentaba como un guante, y me sentí alguien importante al mirar mi reflejo en el espejo. Al momento entró Genoveva de nuevo. Sonrió satisfecha al verme con el traje y se sentó en una silla mirándome mientras yo me giraba para mostrarle todos los ángulos.
- Tienes buena percha, creo que a Patricia le gustará.
- Quien es Patricia?
- Es una diputada del congreso con bastante poder, y me gusta tenerla contenta para cuando le pido algún favor.
- Y que pinto yo con alguien tan distinguido?
- Le gustan los chicos jóvenes y apuestos, y con ese traje eres una opción perfecta.
- Es que pretende que me la folle?
- Solo si ella quiere, y espero que quiera por tu futuro en este pueblo.
- Eso también me lo dijo con Virtudes. Cuantas pruebas más tendré que pasar para poder estar tranquilo?
Sonrió de una forma maléfica mientras su silencio se me hacía eterno. Iba vestida con un traje discreto pero elegante, de los que admiras su cuerpo sin llegar a la provocación. Estaba claro que no quería ser la reina de la fiesta esa noche.
- Algunas más. Ten en cuenta que lo que puedes ganar en un año si lo haces bien, claramente no lo ganarías como maestro ni en cinco años, y eso conlleva otras aptitudes.
Agaché la cabeza como un puto lacayo después de esa patada en los huevos que me acababa de dar, y cambié de tema para saber a lo que me enfrentaba.
- De acuerdo. Y como quiere que me comporte con esa señora?
- Se tú mismo, simpático, pero sin llegar a ser borde. Solo habla cuando te pregunte ella o yo. Mantén esa sonrisa tan atractiva que tienes, pero no te rías a carcajadas, eso es de mal gusto.
- A propósito, que edad tiene? – me acordé en ese momento de que no me pagarían por follarme a una tía joven y buenorra.
- Sesenta y cuatro, pero se conserva bien.
Joder, ya me había follado a una abuela de esa edad, pero tampoco era algo para repetir. Y lo de conservarse bien, tendría que verlo. Seguro que era un puto cayo.
- Si le gustan jóvenes, seguro que tiene más opciones en la capital. – estaba algo ofuscado y contesté en plan borde.
- No quiere gigolos, ni tampoco que la vean en la ciudad con chicos jóvenes. Tan solo quiere pasar un buen rato con un chico normal, y ahí entras tu. Le he comentado que eras el nuevo maestro del pueblo, y que además te iban las tías de cierta edad.
- Que me haya tirado a alguna mayorcita no significa que me gusten mayores.
- Por eso te pago un buen extra, para que te gusten. Se acabó la discusión. Ponte esa ropa interior que también te he comprado.
- Pero esto… es un tanga! – exclamé indignado.
- En caso de que te tengas que quitar la ropa le gustara ver como lo rellenas. Ahora vendrá Elena para acompañarte al salón donde vamos a cenar. Date prisa.
Se volvió a marchar mientras me quedé resoplando como un toro enfurecido. Ya no era solo acostarme con quien ella me dijera, también tenía que vestir como a ella se le antojase. Volví a pensar en la pasta que me iba a llevar y me serené. Me calcé el puto tanga, que además era de leopardo, y me puse los pantalones de nuevo. Al momento apareció Elena.
- Si el señor está le acompañare al salón.
Esa muchacha sí que no perdía la serenidad. Su comportamiento era intachable. La seguí por el amplio pasillo y entramos al salón donde ya estaban los condes y la citada Patricia. Genoveva hizo las presentaciones y pude sentir la mirada penetrante de Patricia escrutando todo mi cuerpo cuando nos dimos la mano.
Iba con un traje discreto que no llamaba demasiado la atención. Era relativamente alta y esbelta, y las tetas se le marcaban elevadas, seguramente por el tipo de sujetador. Poco culo, o por lo menos eso me pareció con ese vestido. Tampoco era guapa de cara, vamos, del montón, con una nariz bastante pronunciada por encima de una boca extensa que parecía llegarle de oreja a oreja. Los labios demasiados gruesos para esa cara alargada, llegué a pensar si se los habría operado.
Casi no habíamos acabado los saludos cuando el conde refunfuñó exigiendo la cena. Nos sentamos con rapidez y Elena la sirvió. La mayoría de la conversación fue entre ellas, hasta que Patricia comenzó a preguntarme por mi nuevo trabajo. Su voz era suave, pero autoritaria. La verborrea de ser política se le notaba por su desparpajo. Sabia ser seria a la vez que simpática, y llegó a hacer un par de chistes, la verdad es que me cayó bien en ese primer momento. No se cortó al preguntarme por mi vida personal a la vez que contaba parte de la suya, vamos lo que quería contar. Me acabó sacando con su lenguaje agradable y distendido que había estado con unas cuantas tías, y sin saber cómo, llegue a contarle que la novia que tenía me había dejado por mis deslices. La conversación se fue intimando y Genoveva decidió llevar a su anciano marido a la cama. En ese espacio en el que nos quedamos solos, Patricia me preguntó.
- Te apetece quedarte a tomar una copita conmigo?
- Claro, será un placer. – contesté algo aliviado sabiendo que necesitaba esa pregunta para ganarme el sueldo.
El problema sería cuando nos quedáramos solos, a ver que cojones le gustaba a la señora. Temía que me pidiera que la comiese el coño presuponiendo lo arrugado que lo tendría. Ese sería un reto difícil de superar. Volvió Genoveva y nos invitó a que la siguiésemos a otra sala para la sobremesa. De nuevo me encontré en otro pequeño salón que no conocía. “Cuantas habitaciones tendrá este puto palacio?, me pregunte nada más entrar.
Nos sentamos en sillones individuales alrededor de una mesa baja junto a una chimenea donde revoloteaban las llamas de un intenso fuego. Como en la pequeña sala-biblioteca, aquí también había una mullida alfombra que separaba la mesa de la chimenea. Elena nos sirvió un whisky añejo que estaba cojonudo y se marchó. Ahora tenia a Patricia casi de frente y me di cuenta de la gran raja de su vestido cuando cruzó las piernas. Eran una piernas delgadas y mas bien poco seductoras, pero a través de la raja eran más vistosas. La conversación entre los tres duró poco, pues al momento Genoveva se disculpó diciendo que estaba cansada, pero que nosotros siguiéramos hasta que nos apeteciera.
- Estas guapísimo con ese traje, pero no hace demasiado calor aquí para que sigas con el puesto?
La pregunta fue directa, y no había necesidad de respuesta. Sonreí, me levanté y me quité la chaqueta dejando al descubierto la camisa de seda, color crema, que me había comprado la condesa. Era algo ajustada y se marcaban los pectorales.
- Veo que te cuidas. Parece que tienes un cuerpo atlético. – comentó clavándome sus ojos rasgados.
Tenía un pelo cobrizo lleno de bucles que tapaba parte de su cara para caer sobre los hombros. No sabía si era suyo o peluca, y sonreí pensando en que podría estar calva.
- Me conoces? – me sorprendió con la pregunta.
- La verdad es que no. Por qué lo dice? – intenté no ser borde como me había aconsejado la condesa.
- Lo digo porque soy un personaje público y a veces salgo por televisión.
- Es que apenas veo la tele.
- Me ha dicho Genoveva que eres un chico muy discreto. – otra afirmación inquisitoria.
- De lo más discreto señora.
- Ahora estamos solos, puedes guardar las formalidades.
- De acuerdo Patricia.
- Me fio mucho de Genoveva, pero me gustaría oír de tu boca que la discreción será absoluta.
- Puedes estar tranquila Patricia, cuando salga de aquí se me habrá olvidado hasta su nombre.
- Jajaja, me gusta como eres. Y ahora dime, que te parezco como mujer? Me ves muy mayor?
- Creo que estas estupenda. – no quise añadir “para la edad que tienes, abuela”, pero sonreí por dentro pensándolo.
- Gracias! Y el vestido que llevo, crees que es demasiado austero?
- Te queda muy bien, es muy elegante.
- Pero poco sexy, verdad?
- Bueno, es difícil encontrar algo elegante a la vez que sexy.
- Jajaja, veo que eres listo y que tienes respuestas agradables para todo. La ropa interior es mas sexy que el vestido, te apetece verla?
Tragué saliva pues aunque sabía que ese momento tenía que llegar me pilló de improviso.
- Si es tan sexy como dices… estaría bien verla.
Se levantó del sillón y se giró para darme la espalda.
- Me ayudas con la cremallera?
Me levanté y tras situarme detrás de ella tiré suavemente de la cremallera hasta su cintura donde acababa. Su espalda quedó al aire y pude ver su piel blanca, demasiado blanca para mi gusto. Encogió los hombros esperando a que tirase de las hombreras y eso hice. Se sacó la parte de las mangas y dejó que el vestido escurriera lentamente por el cuerpo hasta caer al suelo. La ropa interior era negra, unas braguitas pequeñas con encajes y un sujetador a juego. Al quedarse semidesnuda su delgadez se hizo patente, y la piel denotaba la edad. Un culo pequeño, algo amelonado y ligeramente caído, y el sujetador intentaba sujetar su pecho también algo caído, aunque con unas dimensiones mayores de lo que había supuesto.
Me retiré para dejarla espacio y se giró sobre su propio cuerpo.
- Que te parece?
- Desde luego es mas sexy que el vestido. – se me ocurrió una respuesta en la que no incluía la palabra “cuerpo”, porque su cuerpo era menos sexy que la ropa.
No obstante, mis ojos se dirigieron a sus tetas que era lo que mejor tenía, algo caídas, pero de un tamaño razonable. Debía de saberlo, pues ella misma se las cogió por debajo y las elevó para hacerlas más atractivas.
- No voy a negar que hubo una época en las que las tenía así, pero todo se pasa. – comentó agachando la cabeza mirándolas para después mirarme tan solo levantando la vista.
- No las tienes mal, diría que todavía son atractivas.
Se acercó hasta mí y paso una mano por mi pecho en forma de caricia.
- Eres muy amable, aunque sé que Genoveva te habrá aleccionado.
Comenzó a desabrocharme la camisa.
- Seguro que estás pensando que hace una persona de mi nivel en un pueblucho como este pudiendo estar en la gran ciudad donde hay de todo.
- No me hago esas preguntas. También tú puedes pensar que hago yo en este pueblucho.
Me desabrochó totalmente la camisa y comenzó a acariciar la carne de mi pecho.
- Una mujer de mi posición y de mi edad no se puede permitir el más mínimo escándalo, sería el final de mi carrera y también un buen marrón para mí partido. La ciudad está llena de gente y nunca puedes saber si hay alguien observándote, sin embargo, aquí no hay nadie y puedo ser yo misma olvidándome de mi posición.
- Tiene que ser difícil vivir así, siendo alguien que no eres.
- Lo es, por eso estos momentos son esenciales para seguir viviendo con el espíritu reforzado.
Busqué con rapidez una respuesta adecuada.
- Será un placer para mí compartir contigo esos momentos.
Me desabrochó el cinturón y después el botón del pantalón. Bajo la cremallera y metió la mano accediendo al bulto, todavía morcilloso, que intentaba recoger la tela del ridículo tanga de leopardo.
- Me llamó esta mañana Genoveva para decirme que había contratado un nuevo maestro, joven y apuesto, y que le gustaban las mujeres sin importarle la edad. – hizo un corto silencio mientras me manoseaba la polla que comenzaba a coger consistencia – Y que además tenía… un buen rabo. – añadió.
Ante esa descripción tan larga y contundente no se me ocurrió nada, aunque algo tenía que decir.
- Quizás hablaba de mí.
- Jajaja, eres muy gracioso. Hasta ahora la descripción que me había dado Genoveva es correcta, tan solo me faltaba comprobar una cosa, y lo acabo de hacer, aunque parece que necesitas más estímulos que mi cuerpo tan solo cubierto con la ropa interior.
Sin dejar de manosearme la polla comenzó a besarme con sus gruesos labios por el cuello y el pecho a la vez que me restregaba las tetas. Aunque era mayor, y no muy sexy, no dejaba de ser una mujer, y con ese sobo mi polla acabó cogiendo consistencia.
El pantalón, ya totalmente desabrochado, comenzó a resbalar hasta caer al suelo. Al ver el tanga de leopardo totalmente abultado sonrió.
- Esto ha sido idea de Genoveva! – exclamé de inmediato intentando justificar esa prenda que me daba tanta vergüenza.
- Sabe las cosas que me gustan. Anda, quítate toda la ropa menos eso, quiero admirar tu cuerpo.
Se separó un par de metros y dejó que me quitara la ropa. Al quedarme totalmente desnudo, tan solo con el tanga, mi vergüenza aumentó, pero Patricia me pidió que me diese una vuelta para verme por todos lados.
Me dijo la impresión que se relamió los labios mirándome, aunque no lo puedo asegurar. Se acercó de nuevo a mi para acariciarme, besarme y restregarse como una perra en celo. Con los tacones era casi de mi altura, y con sus labios muy cerca de los míos me susurró.
- Vamos a dejarnos de tonterías. He hecho un montón de kilómetros para disfrutar de unos buenos polvos y de un buen rabo. Espero que des la talla y me salga el semen hasta por las orejas.
Su voz desprendía un deseo desaforado, pero a la vez el tono era autoritario. Me había dejado sin palabras, con la boca abierta y cara de pasmado. Apenas me dio tiempo a reaccionar pues se sentó en el sillón tirando de mi cuerpo y comenzó a manosearme la polla y los huevos a través de la fina tela que recogía el enorme bulto que se había formado bajo el tanga, era como si disfrutara de esa imagen antes de sacar la polla. Finalmente la sacó y sus ojos se abrieron como platos. Un brillo chispeante se desprendía de sus pupilas mirando la masa de carne dura que se erguía como si se quisiera desprender de mi regazo.
Sacó la lengua y lamio todo el capullo llenándolo de cálida saliva. Abrió su amplia boca de gruesos labios y lo engulló como si fuese un suculento helado. Sentí sus labios avanzar con rapidez por el tronco venoso a la vez que no dejaba de mover su carnosa lengua lamiendo toda la carne que encontraba. Estaba claro que se había comido unas cuantas pollas, y el tamaño no parecía importarle. Me pareció increíble con la facilidad que se la tragó entera, con unas succiones espectaculares. Logró que todo mi cuerpo se tensara cuando con toda la polla dentro de su garganta me apretó los huevos con suavidad.
Dejó de chupar al notar que mi culo se despegaba del asiento y mirando hacia arriba me dijo.
- Espero que no te corras a la primera chupada. Quiero un buen rato esta polla horadando mi cuerpo.
Se levanto del sillón y nos fuimos hasta la mullida alfombra. Se deshizo de la ropa interior quedándose completamente desnuda y yo me quité el ridículo tanga. En ese momento vi su coño depilado de finos labios y vulva rugosa. Cuando se tumbó boca arriba y se le abrió de piernas contemple ese cuerpo de delgados muslos y tetas esparramadas. No era una visión excitante y me tumbé sobre ella con rapidez. Tenía que follármela sin pensar demasiado. Oriente la polla entre la arrugada vulva y sentí como si me la succionara. Del primer envite se insertó hasta la mitad.
- Ahhh, dios, que gustazo! – Exclamo aferrando sus manos a mi espalda.
Noté su aliento excitado sobre mi mejilla, y como movía la pelvis con un ansia desbordada. Noté que no quería besos, tan solo follar, y eso hice. Comencé a moverme despacio pensando que la podría hacer daño, pero al tercer movimiento de pelvis mi polla entró hasta el fondo.
- Ahhhh! – Un largo suspiro lleno mi oreja con su aliento húmedo.
Noté como clavaba las uñas en mi espalda y comencé a bombear. Un gemido tras otro surgía de su boca a cada empujón que le daba. Era lo único que rompía el sonido de la madera crujiendo al quemarse. Pasaron dos largos minutos de suaves embestidas hasta que su cuerpo tembló y me clavó las uñas con más fuerza. Supuse que se estaba corriendo, aunque no noté más fluido dentro de su vagina. Fui a parar, pero me exigió que siguiese.
- No pares, sigue, sigue!
- No te has corrido?
- Si, pero quiero más!
Volví a bombear, pero ahora sin contemplaciones. Mis embestidas se hicieron más potentes y sus gemidos más sonoros. Le metía la polla con fuerza, con ganas de reventar esa vagina vieja y holgada, pero la muy zorra aguantaba sin ninguna queja, incluso podía sentir que esa potencia la excitaba más.
Me olvidé de quien era y de lo que me jugaba con el placer de esa mujer, y comencé a embestir con brutalidad pensando en follármela por el culo cuando se corriese de nuevo dado la poca seducción que me producía su coño. Otro par de minutos más de embestidas brutales hicieron que se corriese por segunda vez con fuertes espasmos y contracciones de su cuerpo. Con una sonrisa escondida la susurré en la oreja.
- Quieres más?
- Ahhhg, sí, pero espera que me recupere.
- Nada de eso. Me has dicho que habías venido a follar y no pararemos hasta que te quedes sin aliento.
Le di la vuelta a su cuerpo desmadejado y la coloqué de rodillas sobre la alfombra. Mire su culo amelonado y algo caído y fue algo que tampoco me sedujo, pero pensaba follármelo si, o sí. Sus palabras y sus gemidos me seducían más que su propio cuerpo. Todavía tenía clavada esa frase de que quería que me la follara hasta que le saliera el semen por las orejas.
Le volví a introducir la polla en el coño, que ya si chorreaba, y volví a embestir con ganas. Sus delgadas piernas ya no paraban de temblar, y sus gemidos eran constantes. Con la cara pegada contra la alfombra y el culo bien levantado, estuve follándomela largos minutos hasta que se volvió a correr. Podía ver como se aferraba con los dedos engarfiados a la alfombra mientras todo su cuerpo se balanceaba a cada embestida, y eso me desquició más. Mi cabeza ya no regia, tan solo pensaba en reventarla a pollazos.
Saqué la polla de su empapado coño y abriéndola las nalgas busqué el amarronado agujero. Posé el hinchado capullo sobre él y comencé a presionar. Un gemido potente y desgarrador salió de su boca al sentir como mi capullo abría su esfínter, pero no me pidió que parase. Ya no pensaba en quien era, ni en las palabras de Genoveva diciéndome lo que me jugaba. El follarme a esa vieja viciosa había despertado al animal que llevaba dentro.
Aprete con ganas durante varios empujones hasta que su estrecho culo se tragó toda la polla. Las rodillas ya no la sujetaban y tuve que hacerlo yo agarrado fuertemente a sus caderas. Seguí dándole tremendos pollazos contra ese culo blando y caído pensando que la iba a reventar, pero aguanto como una puta a la que se la follan a diario. Con el cuerpo sudoroso y la boca jadeante, le solté una inmensa corrida en el recto. Varias embestidas más hasta que mi polla dejo de manar y acabé cayendo a su lado casi exhausto.
Fuero dos largos minutos de respiraciones agitadas, yo boca arriba y ella boca abajo con su cuerpo esparramado sobre la alfombra. Fue el tiempo suficiente para pensar en lo que había hecho, seguro que la había cagado y al día siguiente me tendría que marchar de ese puto pueblo.
Finalmente se giró hasta tumbarse de costado mirándome con la cara todavía desencajada.
- Joder, no me esperaba esto. Ha sido brutal!
Volví a pensar en que aquello no tenía marcha atrás, la había cagado por completo, pero su siguiente frase me sorprendió.
- Nunca me habían follado con esas ganas chaval. Ha sido genial! Pensaba follar toda la noche, pero me has dejado completamente satisfecha. Me voy a ir a la cama soñando con este pedazo de polla con la que me has reventado.
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- Relato #213045— title-regex: contiguous parts (6 -> 7)
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