El nuevo maestro del pueblo (6)
La merienda se transforma en una carrera contrarreloj en la cocina, con el marido ebrio durmiendo a metros de distancia. Ella exige su polla sin demora, sabiendo que el riesgo es parte del placer, mientras él lucha entre el deseo y el pánico de ser descubierto.
La merienda con Rosa
Me vestí y nos pasamos los números. Después llamé a la condesa y a los pocos minutos llegó Joaquín con el mercedes a la parte trasera. Me llevó hasta el palacio y quise coger mi coche sin entrar, pero Elena salió a llamarme.
- Señor, la condesa quiere verle.
Resoplé y entré de mala gana. Elena me llevó hasta la sala donde debían esperar todos los que iban a verla. A los pocos minutos apareció.
- Que tal te ha ido?
- Bien.
- Solo bien?
- Por qué lo dice?
- Conozco a Virtu, y si te has acostado con ella, que seguro que lo has hecho… la respuesta no puede ser tan solo “bien”.
Estaba claro que Genoveva conocía cómo era Virtu sexualmente y quería que yo me explayara con detalles.
- La verdad es que es una tía fantástica follando. No lo hemos pasado de maravilla.
- Eso es otra cosa. Supongo que se ha quedado contenta.
- Bastante.
- Y querrá repetir.
Joder, me quería sacar todo la muy zorra.
- Pues si. Supongo que quedaremos otro día.
- Eso me gusta. Esa chica ya necesitaba a alguien como tú. Supongo que me habréis dejado a parte para vuestra próxima cita. Eso no me importa, pero cuando se produzca quiero que vengas a informarme en persona. Lo has entendido?
Su seriedad era absoluta, y su forma autoritaria a veces daba miedo. No me atreví a vacilarla, y accedí de forma sumisa a su petición.
- No se preocupe condesa, la informare de inmediato cuando ocurra.
Dio media vuelta totalmente erguida y se perdió por la puerta por la que había aparecido. Salí de la casa, me monte en el coche y me marché. Antes de llegar al pueblo paré para reflexionar. Lo primero que pensé es que esa zorra me dominaba con su dinero, había sido tanto el que me había ofrecido que la dejaba que me gobernase como a uno de sus sirvientes. Tenia que conocer a más gente del pueblo para poderme enterar de más cosas de ella, aunque era muy astuta y no parecía dejar nada al azar.
Recordé que había quedado con Rosa para merendar y resoplé de nuevo. Acababa de echar un polvo bestial, bastante difícil de superar, y menos ese mismo día. Solo esperaba que Rosa no fuese como Eva, y que la merienda fuera tranquila.
Decidí aparcar el coche donde me hospedaba y llamar a Rosa antes de ir. Ya eran las siete de la tarde y esperaba que ya no fuese una hora adecuada para la merienda y anulará la visita.
- Hola Rosa. Te llamaba porque se me ha hecho tarde.
- No importa. Es buena hora.
- Pero el sol está a punto de ponerse y a lo mejor no le parece bien a tu marido, o a los niños.
- No te preocupes por eso. David no llegará hasta casi las diez, y los niños ya han merendado y se irán a sus habitaciones a jugar.
No me pude negar y me dirigí andando hacia su casa. Vivía en la misma calle que mi patrona y tardé poco en llegar. A esa hora ya había caído el sol tras las montañas y la luz comenzaba a escasear. También la temperatura bajaba bastante y los pocos habitantes, la mayoría de edad avanzada, se habían refugiado en sus casas al amparo de un buen fuego.
Me alegré de no encontrarme con nadie cuando llegué a su puerta. Tras un ligero toque al timbre me abrió de inmediato. Llevaba una bata guateada hasta las rodillas poco sexy, cosa que me alegro, pues no me apetecía mucha marcha. Su pelo lacio caía sobre sus hombros perfilando su cara de piel sonrosada. Sus labios finos dibujaron una sonrisa marcando su pequeña boca.
- Pensaba que ya no querías venir.
- Por supuesto que deseaba venir, pero pensé que ya seria tarde.
- Cualquier hora es buena para una visita, como comprenderás en esta mierda de pueblo no tenemos muchas. Pasa, los niños ya se han subido a sus habitaciones.
Entramos al salón y agradecí el calor que proporcionaba un gran fuego que había encendido.
- Que te apetece, café, cerveza, whisky, orujo…
- Una cerveza estaría bien.
Se fue a la cocina y regresó con una cerveza, la botella de orujo y un vasito pequeño donde se iba a servir el orujo. Lo llenó y se lo tragó de un lingotazo. Me acordé de Adel, y pensé si bebería igual que ella.
- Ya me has dicho que tu marido no regresaría hasta las diez, pero si regresa antes espero que no se ofenda por mi presencia.
- Jajaja, David es un tío muy simple y jamás pensaría que le pongo los cuernos.
Solo había hablado de estar presente, pero ella había incluido algo más, el sexo.
- Tampoco quería decir eso, pero ya que has nombrado la palabra… alguna vez se los has puesto?
- Alguna que otra, jajaja. – contestó sin cortarse.
- Pero aquí… en un sitio tan pequeño debe de haber pocas opciones.
- Siempre las hay si estas dispuesta, jajaja.
Los dos nos reímos y nos quedamos mirándonos. Ella se había sentado en un sillón individual y yo en otro. Su cruce de piernas había dejado visible una gran parte de los muslos. No eran unos muslos excitantes dada su delgadez, pero estaban muy bien conformados. Con mi vista desviada hacia ellos la pregunté.
- Quizás yo sea… una de esas opciones?
- Si lo has sido para Eva, por qué no para mí?
Creo que me puse colorado, pues noté un calor intenso en las mejillas. Cambió el cruce de piernas lentamente dejando que le viese las bragas, y después desabrochó un botón de su fea bata para dejar al descubierto parte de su hermoso pecho.
- Parece que os lo contáis todo.
- No todo, pero si muchas cosas, jajaja.
- Y que te ha contado de mí?
- Que eres majo y simpático, y que… te lo montas muy bien, jajaja.
Cuando acabó la frase se desabrochó otro botón. La mitad de sus grandes tetas (lo único grande que tenía), quedaron al descubierto. La bata tenia cinco botones y ya pensaba en cuando de desabrocharía los otros tres. Había ido con intención de tomar una cerveza y poco más, pero la parte salida de mi mente no me permitía sosiego.
- Tampoco se lo monta mal ella, aunque no se si os contáis esos detalles.
Se levantó del sillón y tras servirse otro chupito de orujo se lo metió para el cuerpo de un solo trago. Se acercó hasta mí y se inclinó dejándome ver casi e la totalidad de sus tetas. Apenas dejo sus labios a unos centímetros de los míos para susurrarme.
- Nos contamos los detalles importantes, como que besas muy bien y que tienes un buen pepino.
No me dio tiempo a responder. Pegó sus labios a los míos y sentí como penetraba con su lengua en mi boca. Fue un beso lascivo en el que sentí sus finos labios abrazar los míos y su larga lengua recorrer cada rincón de mi boca. No había dulzura ni ternura, tan solo pura lujuria y un arrollador deseo. Metí la mano bajo su bata y le agarré uno de sus muslos. No eran gruesos, pero la carne era dura y la piel tersa. El desenfreno aumentó, y sentí como me devoraba la boca como una leona a su presa.
En ese momento oímos la puerta. Con rapidez se apartó de mi y se abrochó los dos botones.
- Ya… estoy… en casa! – oímos la voz de David.
- Hola cariño! Que pronto hoy.
- Es que… se me ha… dado bien. – se notaba en su voz que venía algo ebrio.
- Ya veo que se te ha dado bien, sobre todo en el bar. – le recriminó Rosa.
- Je…je…je, sí que han… caído algunas… copas.
- Pues tenemos visita, y no creo que estas sean las mejores formas de recibirla.
Quien ha… venido?
-El maestro.
- Vaya… si que… me habían… dicho que… teníamos maestro… nuevo, jajaja.
Yo estaba nervioso. Aunque parecía no haber notado nada no dejaba de ser una situación incómoda. Me levante para saludarle y noté su inestabilidad, estaba claro que había bebido de cojones.
- Encantado… señor maestro. – me dijo echándome la mano.
Seguidamente se fue hasta el sofá y se derrumbó sobre él. Los ojos se le cerraron y al instante parecía estar dormido.
- Creo que me debería de ir.
- No no! Este ahora dormirá la mona y será como si no estuviese. – replicó como si no la importase que la oyera. – Ven, vamos a tomar esto en la cocina.
Cogí la cerveza y ella el orujo, y nos fuimos hasta la amplia cocina. La encimera alargada iba de parte a parte, y una mesa cuadrada con cuatro sillas a su alrededor llenaban el centro. Dejó la botella sobre la encimera, no sin antes trincarse otro chupito, y sin mediar palabra se agarró a mi cuello para devorarme de nuevo la boca.
Yo estaba alterado, me parecía insólito hacer algo en la cocina estando su marido en el salón, pero a ella no parecía importarle. Como si fuese una carrera contrarreloj, se desabrochó los botones y abrió la bata mostrándome su cuerpo semidesnudo. Un bonito conjunto azul celeste adornaba sus grandes tetas, y unas pequeñas braguitas a juego, sin llegar a ser tanga, tapaban el centro de sus muslos.
- Te gusta? Lo compré hace unos días y lo he estrenado para ti.
- Te queda muy bien. – contesté por decir algo, pues la boca se me había secado y apenas me salían las palabras.
Se abrazó de nuevo a mi cuello y me beso con el mismo ímpetu que lo había hecho antes. Instintivamente metí las manos entre la bata abierta y las llevé hasta su culito respingón para cogerlo con ganas. Lo apreté, los sobé, y se lo abrí como si intentara separar dos meloncitos pegados. La forma como me devoraba la boca me había desquiciado, y ahora solo podía pensar en follármela, pero disfrutando de ese culito redondo y respingón.
Cuando dejó de besarme para coger aire, aproveché para lanzarme sobre sus tetas. Lamí la tersa piel de su cuello sintiendo su tremenda excitación y bajé hasta las tetas para comerle los pezones que se marcaban por encima de la tela.
- Ahhh, cómo deseaba este momento. Llevaba todo el día pensando en él. – jadeó apretándome la cabeza contra sus tetas.
Subí una mano para bajar la tela, pero la ansiedad que la embargaba me lo impidió.
- Hoy no tenemos tiempo para florituras. Quiero tu polla dentro ya. – exigió sin darme opciones.
Sus nerviosas manos desabrocharon mi pantalón y metiendo una de ellas sacó la polla en plena erección.
- Joder, pues si que es grande! Pensé que Eva exageraba. – exclamó al mirarla.
Se agachó y se quedó mirando la robustez del tronco, y cómo las venas repletas de sangre lo surcaban. Ni yo mismo me creía que pudiera tener una erección así después del día que llevaba.
Abrió su pequeña boca de finos labios y engulló el hinchado capullo. Me dio la sensación de estar follando un estrecho coño cuando comenzó a succionar. Sus chupadas eran igual de impetuosas y lascivas que sus besos, y noté como todo mi cuerpo se tensaba como las cuerdas de un piano.
- Rosaaaa! – oímos la voz de David, y casi me da un infarto.
- Queeee? – contesto dejando de chupar, pero sin soltar la polla.
- Tráeme un vino… joder!
- Es que no llevas bastante?
Aquello cada vez era más insólito, los dos gritándose y Rosa agachada sin soltarme la polla.
- Me entra… uno más… hasta que traigas… la cena!
- Joder con este puto borracho! – exclamó en voz baja algo indignada – No te muevas que vuelvo de inmediato.
Ya había alucinado varias veces desde que llegué al pueblo, pero esto superaba todo lo anterior. Se abrochó cuatro botones, llenó un vaso de vino y salió de la cocina. Al momento regresó desabrochándoselos de nuevo. Se agachó y volvió a introducirse al capullo dándole una buena succión. Otro espasmo que provocó en mi cuerpo.
- Ya no está dormido. – susurré como advirtiéndola del peligro.
- Pero no se puede ni mover, jajaja. – rió en voz baja.
Después de unas buenas chupadas que me pusieron como un gallo peleón, se elevó y se dio la vuelta colocándose con las manos sobre la encimera.
- Vamos, que estoy ardiendo! – casi me exigió que me la follara por detrás.
Le levanté la bata mirando de reojo a la puerta de la cocina y regresé con la vista para mirar ese pequeño y bonito culo. Me pareció precioso adornado con las braguitas azul celeste, pero fue aún más atractivo al bajárselas y ver toda su carne dura y prieta. Los pequeños labios vaginales asomaban bajo las nalgas, y me recordaron a su pequeña boca. Me había dicho que alguna vez le había puesto los cuernos a su marido, y pensé cuantas pollas abrían abierto esa angosta cueva. Me agarré la polla para orientarla cuando un ruido me alarmó, era la televisión que acababa de encender David. Estuve a punto de abandonar y decirle que lo dejáramos para otro día, pero viendo su estado de excitación no me atreví.
Apunté el capullo contra los labios y presioné con suavidad temiendo hacerla daño, pero la pequeña cueva caliente se abrió como una fruta madura. Tan solo un ligero gemido salió de su boca acompañado de una nueva petición.
- Agg… si, siiii… hasta el fondo, diosss!
Apreté con suavidad con el morbo sacudiendo mi cabeza, y la endurecida carne fue abriendo el estrecho conducto. Podía sentir cómo las paredes de su vagina se abrazaban a la carne de mi miembro, y esa sensación fue maravillosa. Un gemido contenido arrojó su boca mientras se aferraba con fuerza a la encimera.
- Ahhhhg…
Mirando su delicioso culito con las manos posadas sobre él, realicé unos suaves movimientos y mi polla acabó en lo más profundo de su estrecha vagina. En ese momento me apeteció reventarla a pollazos, pero no quería darle con fuerza por evitar que gimiera en voz alta. Era una forma extraña de follar estando su marido a pocos metros, pero la lujuria y el morbo aumentaban por momentos. Comencé a bombear con más ganas, y el estrecho coño se abrió como una flor en primavera. Al minuto mi polla entraba y salía con facilidad, y aumente el ritmo agarrando con fuerza su pequeño culo.
- Te gusta? – me atreví a preguntar con un susurro.
- Ahhh, joder que si me gusta, más que a un tonto una tiza! - Casi me reí en alto al oír esa expresión.
Embestí con mas ganas a la vez que le abría las redondas nalgas para divisar el oscuro agujero. Mi mente calenturienta y salida comenzó a pensar si se lo abrían abierto alguna vez.
- Ahg, tienes un culo precioso! – Exclamé mirando el amarronado y cerrado agujero.
- Te gusta?
- Me gustaría reventártelo! – exclamé en voz baja sin poder contener mis pensamientos rebosantes de lujuria.
- Ahhhg… otro día… ahhhg….
Sus jadeos aumentaron y se hicieron más sonoros apagados por el ruido de la televisión. Noté como temblaba y al momento mi polla se rebozó en el fluido caliente de su corrida.
- Ahhh… siiii… Ahhh….
Unos pollazos más y paré al sentir como temblaba.
- Ahhh… joder… que polvazo, diosss! – exclamo al sentir mi parada – Tu no te has corrido?
- No, pero no pasa nada. – conteste pensando en irme.
Después de los polvos que había echado ese día no sabía cuánto aguantaría sin correrme, y estando el marido por allí me pareció peligroso aumentar el tiempo.
- No, no, ni lo sueñes. Tú no te marchas sin haber soltado una buena corrida. – contestó casi con enfado.
- No te voy a engañar. Hoy ya he estado follando y ahora no sé cuánto duraré hasta que me corra, y estando tu marido ahí… joder…
- Ni hablar. Voy a llevarle la cena y ahora vuelvo.
- Pero… y si le da por venir a la cocina? No sé si ya pensará que ya me he ido.
- Con lo que ha bebido tiene la mente nublada, no se enteraría ni aunque follásemos delante de él, y si se entera seguro que mañana ni se acuerda, jajaja.
El único que estaba agobiado era yo, a ella no le preocupaba en lo más mínimo. Se abrochó un par de botones de la bata y se marchó con un plato de embutidos.
- Ya era… hora de que… trajeras la cena. – oí decir a David
- Espero que no la vomites. – respondió ella con mala ostia.
Al momento volvió a la cocina.
- Joder Rosa, esto se nos está escapando de las manos. – susurré para intentar irme.
- Ya te he dicho que no te tienes que preocupar por él.
- Cómo quieres que no lo haga, si está… cenando ahí al lado.
- Joder, tenía que ser hoy el puto día que llegara pronto. Pero dime, con quién has estado follando?
Su cambio de tema me dejó descolocado. Me callé unos segundos pensando la respuesta y fue ella la que habló.
- No me jodas que has estado otra vez con Eva?
- No, no ha sido con Eva, pero no te puedo decir con quién.
- Me extraña que haya sido con Candela, esa es una estrecha, pero en este pueblo hay unas cuantas zorras más.
- No podríamos hablar de esto en otro momento?
- Rosaaaa! – gritó David
- Que cojones quieres?
- Un poco… de vino. Te has llevado… la botella.
Rosa me miró nerviosa, se estaba complicando la situación y no sabía qué hacer.
- Vale márchate, pero si me prometes que te veré mañana.
- Prometido! – contesté guardándome la polla y abrochándome el pantalón.
Había prometido algo que no sabía si iba a cumplir, pero mi mayor deseo en ese momento era largarme de allí. Salí a hurtadillas por la puerta y casi corrí hacia mi nueva residencia. Aquello había sido muy fuerte.
Antes de llegar a casa de Adel me sonó el móvil. Era la condesa.
- Hola doña Genoveva. – saludé cortésmente.
- Te llamaba para invitarte a cenar.
- Otra vez? – se me escapó.
- No te gusta que te invite? Sabes que la comida y la bebida son de primera calidad.
- Si, lo sé, pero había pensado cenar con mi patrona e irme pronto a la cama.
Se produjo un silencio hasta que contestó.
- Pensé que estabas interesado en ganarte el variable.
- Es que rechazar una invitación a cenar sería causa suficiente para perder el variable?
- No es solo una cena. Si te invito a cenar es por algún motivo, y ese motivo sí que puede ser causa de ganar o perder tu variable.
Pensé que le apetecía follar pero que no me lo quería decir. Me había gustado la condesa, pero no me acababa de convencer su forma de follar. Finalmente pensé que no podía perder esa cantidad de dinero que suponía el variable y no insistí más.
- De acuerdo. A que hora voy?
- A las nueve.
- Quiere que vaya elegante?
- Lo que tú llamas elegante es una broma, ven como quieras. Me acaban de traer ropa realmente elegante para que te vistas en condiciones. Ya te la pondrás cuando llegues.
Eso no me lo esperaba, resulta que también se iba a encargar de mi vestuario.
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- Relato #212972— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
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