Fidel y sus maduritas 2
La excusa era el trabajo, pero la verdad era la piel. Cada vez que Fidel entraba a su casa, la distancia profesional se derrumbaba bajo el peso de las miradas y los fluidos olvidados en el cesto de ropa. Esta vez, la enfermera no sería él, sino el deseo.
Fidel y sus maduritas 2
-Buenos días Alba, otra vez de vuelta al trabajo eh.
-Hola Fidel, que remedio, si queremos cobrar hay que trabajar.
- ¿Y qué tal los días de vacaciones?, ¿el sol parece que se te pego un poquito?
-Pues sí, es lo único que se me pego este verano…
¡Alarma!, lo único que se le pego… el marido tiene que estar amamonado o tener otra por que dejar a esta mujer sin sus raciones de sexo, es de idiota cum laude. No parecía venir muy alegre no.
-Vaya, y eso, mucho calor para abrazar al marido por las noches ¿verdad? –Lance una pregunta un poco picarona al aire-.
-¿Marido? Estuve sola en vacaciones, un fin de semana vino a verme, le encanta su trabajo y este año no nos coincidieron los turnos, que le vamos a hacer.
-Buenoooo, ¿pero ahora coincidiréis no?
-Pues no, ahora es él, el que se va, como tenemos casa en la costa pues se quiere desestresar y coger color para el invierno.
-Vaya por dios, pues los fines de semana.
-Tampoco va a ser, yo no sé conducir y la casita está a 5 horas de autobús, y diez horas de viaje para día y medio al final como que no, me quedo sola en casa con mi aire acondicionado, fresquita y me apaño sola.
-Pues sí que no se te pega nada no, una pena una mujer joven y en plenas facultades tan sola.
-Psss, no te equivoques chavalín, que yo solita me valgo y me sobro, salvo el conducir, porque es que no me gusta nada, para lo demás no me hace falta ningún hombre, 43 años llevo en este mundo y salvo a mi padre no le tengo que dar las gracias a ningún otro varón.
Vaya, parecía que aparte de decirme claramente que ella se bastaba solita para todo, no tenía “el chichi pa farolillos”, así que decidí una estrategia de halagos sutiles.
-No lo dude ni por un momento, siempre te vi resolver los problemas sin que se te moviera un pelo ni pedir ayuda salvo la imprescindible. Eso dice mucho de la persona. Apuesto que eso lo sabe hasta tu marido y por eso no le da miedo dejar a una mujer como tu sola en la playa.
-¿Cómo yo?, ¿cómo que cómo yo?, dijo de una forma más curiosa que enojada.
-Veras Alba… no se puede negar que eres una mujer llamativa y en la playa tienes que llamar la atención ¿no? – tire la caña y a esperar si picaba la dorada.
-Así que llamativa y llamo la atención ¿no?, chavalín, que zalamero eres –dijo con un poco de retintín-, por eso está Loli tan contenta contigo.
-Gracias, es bueno oír eso viniendo de ti, pero la verdad es la verdad.
-Anda “verdades”, siéntate en recepción que hay que trabajar.
Primer acercamiento y no parece que fuera mal, igual me empieza a ver como algo más que un “chavalín”.
Los días fueron pasando y a la vuelta del puente de agosto -para los lectores de fuera de España, se celebra una festividad el 15 de agosto y si cae bien, por ejemplo cae en martes como fue este caso se hace puente el lunes y desde el viernes son cuatro días de fiesta- Alba regreso de mal humor, no dio ni los buenos días y se puso a trabajar como un demonio, la deje durante un buen rato hasta la hora de desayunar en la que se levantó arrastrando la silla cogiendo el bolso y saliendo disparada me dijo.
-Me voy a desayunar, si preguntan por mí que no estoy, ¿estamos?
-Vale, vale, ¿te encuentras bien?
-Mis cosas.
Y diciendo esto se fue. La vi tan ofuscada que me levante y se lo comenté a Lucia, esta me dijo que fuera al bar a desayunar con ella, que ya había salido y se quedaría en la recepción.
En ese momento no pensé en ella como la hembra que me traía loco y si en la compañera que parecía necesitar ayuda, me dirigí al bar, pero al mirar dentro no la vi, oteé el horizonte a ver si la veía y la distinguí a lo lejos andando con una energía que no vaticinaba nada bueno. La alcance.
-Alba, de verdad, ¿estás bien? Me tienes preocupado, no es normal en ti como te portas.
- ¿Y cómo me porto?, ¿tan mala soy?, ¿aquí también soy yo la mala?
Aquí trague saliva por que la cosa parecía estar más jodida de lo que creía.
-Claro que no, sabes de sobra que en la oficina nadie te ve así, me preocupas, habla conmigo.
- ¿Y qué vas a solucionar tú?, un niñato al que apenas conozco, de los problemas de mi vida.
Eso fue un golpe bajo, pero lo encajé lo mejor que pude dadas las circunstancias.
-Sé que me ves cómo eso, pero si ahora mismo cierras los ojos y descargas tu enojo sobre mí, o buscas un hombro en el que llorar, aquí me tienes. Para eso te puede valer este “chavalín”, me gusta más cuando me dices eso.
Ese comentario pareció hacerla recapacitar un poco y cambio la furia inicial por un leve temblor en los labios la relajación de sus hombros y una inundación en sus ojos que acabo en llanto, unas lágrimas que rebosaban de sus preciosos ojos negros y corrían por sus mejillas hasta caer al suelo. La deje unos segundos y poco a poco me acerqué a ella y la fui rodeando con un brazo primero y al no reaccionar, con un abrazo completo que acepto metiendo su cara en mi cuello, llenándome de lágrimas de un enorme dolor. La tuve así al menos dos o tres minutos en los que mientras se iba calmando murmuraba:
-No lo quería creer, no lo quería creer, pero sí, sí que era verdad. -Todo entre sollozos y mascullado bajito-
- ¿El que no querías creer?, ¿de qué estás hablando?
-Él, hablo de él, de mi marido, no le importo, ya estorbo o adorno, no lo sé.
-Vamos, ¿Cómo va a ser posible eso?, quien no te va a querer a ti mujer.
-Pues el, o eso o quiere más a su trabajo y yo no estoy para segundo plato de nadie.
-Eso lo puedo certificar, eres de plato único, del que se pide repetir más de una vez.
Se separó un poco y con una media sonrisa me dijo:
-Ya está aquí otra vez el zalamero.
-Bueno, eso está mejor. – y le di un beso en la mejilla, casto, no era el momento de intentar aprovecharme de una mujer con la guardia baja, eso es de patanes-, anda abrázame otra vez y respira hondo, deja descansar tu cuerpo y respira.
Me hizo caso y note como se relajaba un poco y me abrazaba por la cintura esta vez, tras un minuto se separó de mí y mirándome a la cara me dio las gracias, aunque no lo creáis en estos abrazos no me empalme en ningún momento, cosa rara en mi pero así fue.
- ¿Quieres volver a la oficina o prefieres seguir por aquí un poco más?
-Creo que ya me calmé, era todo lo que llevo acumulado desde el sábado.
-Si quieres cuéntamelo o habla con alguien de confianza, un poco de desahogo es lo mejor que creo te pueda venir en estos momentos.
-Gracias chavalín, pero no creo que sepas entender mi situación, aun eres muy joven.
-Te comprendo, pero a veces los chavalines dan otra perspectiva a la que no estas acostumbrada y te puede servir otro punto de vista y de apoyo.
-Vale, vale, te lo compro, pero hablare con un circulo más allegado y si no me ayuda tu estarás allí ¿verdad?
-Seré tu puerto en la tempestad, tu refugio en la tormenta, el ancla que pare tu deriva… -todo esto imitando a un actor declamando-
-Muy bien poeta –dijo con una medio sonrisa- anda y vamos a la oficina que la media hora se acaba y hay que trabajar.
La cogí de la barbilla y miré como se reía, eso estaba mejor, joder cada vez me gustaba más la madurita. Le di un abrazo frotándole la espalda y un beso en la mejilla y la agarre del brazo camino de la oficina, mientras le hacía bromas para que se riera. Los siguientes días transcurrieron con buen ambiente, estaba seria pero hablaba con todos y admitía las bromas que le hacía, hasta que el lunes de la última semana no la vi a primera hora con lo puntual que era y más la semana de cierre mensual, a doña Lourdes y Lucia también les pareció muy extraño. Todo se aclaró cuando Lucia recibió una llamada de ella, se había caído al bajar del autobús y se había lastimado el tobillo, estaba llamando desde el hospital. Tras pasarle el teléfono a doña Lourdes y hablar un rato con ella está nos reunió a Lucia y a mí:
-Vamos a ver, Alba puede que tenga algo roto o un esguince grave, dice que tiene la pierna inflamada hasta la rodilla y se le está amoratando bastante, pero como es una enferma del trabajo ya me ha dado instrucciones para el cierre mensual. Lucia tú te vas a encargar de abrir su ordenador y mirar en la carpeta de cierres que tiene, dice que allí está todo lo que hay pendiente, que se lo apuntes por si fuera necesario tener que apuntalar algo, que una vez tenga el diagnostico, si la dejan en reposo, tú Fidel te encargaras de llevarle a casa todo lo necesario para trabajar desde allí y así no tener que llamar a don Adolfo en sus vacaciones.
Desde luego hay que confirmar lo que decía, se las apañaba ella sola. Y como me ponía eso, una mujer resuelta y que sabe lo que quiere te da más que una sin sangre. A las dos horas volvió a llamar y doña Lourdes transmitió el nuevo procedimiento.
-Hable con Alba de nuevo y aunque no tiene rotura el esguince es grave además de un derrame importante por el porrazo, le han impuesto reposo con el miembro elevado durante una semana, por lo que no podrá venir a la oficina, pero es insistente en continuar con el trabajo desde casa, dice que su mente no está nublada y que se coordinara telefónicamente con Lucia, Fidel, aprovechando el scooter, tendrá relación directa llevándole los expedientes por cerrar y el resto de documentación a revisar para el cierre mensual. Ella llegara a su casa sobre el mediodía, pregunta si podrías llevarle una primera remesa esta tarde.
- Claro, sin problemas la dejare descansar y a las cinco y media pasare con lo que me den.
Vería a mi madurita herida e indefensa esta tarde, bueno indefensa es un decir, je, je. A las cinco y media estaba en la puerta de su casa, una adosada a las afueras de la ciudad. Toque al portero electrónico y me contesto Alba.
-Fidel, da la vuelta por detrás tengo abierto.
Por detrás, mmm, tranquilo muñeco, no te emociones, primero el trabajo después las pajas. Pasé junto a una pequeña piscina con una pérgola que daba una sombra espectacular, sobre todo a esa hora, abrí la puerta de la cocina y la llame en alto, ¡Alba! ¿Por dónde voy?
-Entra por la puerta que da al salón, la de color madera.
Allí estaba, tumbada en un sofá con la pierna vendada y en alto, con un vestido blanco de lino de tirantas que le cubría un poco más de la rodilla, y el pelo recogido en una trenza por el lado de la cabeza, el salón estaba fresco y ella preciosa en el conjunto.
- ¿Qué te parezco? estoy hecha una porquería, fue lo más tonto del mundo, al bajar del autobús pisé mal sobre un bordillo alto y mira que desastre, además del porrazo que me di, tengo de rodilla para abajo un moratón enorme. Ahora una semana al menos con la pierna en alto y pinchándome heparina por el derrame, con el repelús que me dan las agujas.
- Bueno, lo importante es que te repongas bien, eres dura, otros en tu caso ni querrían saber nada del trabajo y estarían en su derecho.
-Ya, pero para una mujer todo es distinto, mismos derechos, mayores exigencias y ya te dije que a mí no me hace falta nadie.
-Buenoooo, ahora te hago falta yo ¿no? -solté pícaramente-
-Para lo necesario, chavalín. -dijo sonriendo-
-Y para tus cosas tienes quien te ayude supongo.
-Sí, tengo una chica que viene a trabajar de lunes a viernes.
-Y tu marido vendrá para acompañarte. -afirme, preguntando al mismo tiempo-
-No hijo, no. Está en Marsella muy ocupado al parecer.
-Lo siento, -eso era verdad, no me parecía bien que en su estado el marido que además sabría cuidarla no estuviera con ella- tendrás que hacer un esfuerzo para pincharte la heparina o que lo haga la chica.
-Eso sí que es un grave problema, si a mí me dan cosa las agujas, con ella no cuento, es peor que yo, ja, ja, ja, precisamente nos conocimos hace años en el médico, nos estaban sacando sangre y a mí me entraron mareos y sudores, pero ella se desmayó, ja, ja, ja. Luego de estar un rato en sendas camillas fuimos a desayunar, hablamos, le ofrecí trabajo y desde entonces, no hemos mejorado ninguna de las dos.
Aquí me tire a la piscina sin saber nadar a ver si no cubría.
-Pues si quieres yo te la puedo inyectar, le pincho la insulina a mi abuela y ni pestañeo.
- ¿Harías eso por mi Fidel?, no sabes lo que te lo agradecería. Era mi mayor preocupación, veras como tomo “la pastilla” el riesgo de trombosis es mayor y con el derrame que tengo, la verdad no sabía a quién recurrir.
-Pues no se hable más, como tendré que venir todos los días será cosa hecha, además, así creo que podre quedarme la moto el fin de semana sin problemas y aprovechare para dar algún paseo.
-Por eso no te preocupes que hablo con doña Lourdes y está hecho. Por qué salga el trabajo adelante aceptaran. Por cierto, ¿me podrías poner la primera dosis? Es que yo no podía enfrentarme a la jeringuilla y aún no lo hice.
-Claro que sí, -mi mente acelero y metí la cuña a ver si colaba- ¿en qué nalga prefiere la señora?
-Es en la barriga chavalín, el primer día y ya quieres verme el culo. -me pilló-
-No lo sabía, creía que era como las inyecciones normales. -mentira cochina, pero si colaba…-
-Anda pásame esa colcha que me tengo que subir el vestido. -esto prometía y mi amigo lo sabía, se estaba estirando y se me iba a notar- la caja está en la mesita, al lado.
Se tapó hasta la cintura y se tumbó en el sofá, lo que provoco que el pecho se le subiera y quedara como dos montañas, se subió el vestido hasta encima del ombligo y se bajó la colcha hasta el borde de la braguita dejando un abdomen dorado con un vello rubio que descendía del ombligo hasta la gruta del tesoro, señor, estaba empalmadísimo, tuve que volverme para colocarlo disimuladamente, pero las bermudas que llevaba no dejaban lugar para el disimulo así que me agache a su lado para esconderlo. Craso error amigo, ahora notaba un olor desde sus genitales que me hizo babear arriba y abajo. Un aroma embriagador, no muy intenso, pero por la cercanía no cabía duda, olía a coño, un poco sudado supongo desde la última ducha, los restos de orina, los jugos, uffff, baje la mano para colocar de nuevo ya por molestia. El pensamiento me llevo de nuevo a soñar despierto, me veía desde atrás con la cabeza enterrada entre esos muslos, con las orejas aprisionadas y las manos sobando desde rodillas a nalgas y por detrás mío unos pechos subiendo y bajando al compás de su respiración agitada, tocándoselos ella misma con las dos manos y...
- ¡Fidel!, espabila te quedaste hay embobado, ¿qué pasa es la primera barriga que ves?
-Claro que no, - salí al paso- pero pensaba si no habría que desinfectar antes con alcohol la zona ¿no?
- Supongo que sí, anda ve al baño, y en el mueble tras la puerta hay un bote de alcohol y algodón. Esta por esa puerta al final del pasillo.
El baño, podría husmear un poquito en sus cosas, a lo mejor me llevaba alguna sorpresa. Cogí el bote y el paquete eche un vistazo rápido y vi un cesto de ropa sucia, podría haber ropa interior de ella, oootro empujón del de abajo, como diciendo, “deja que me asome, que lo huelo desde aquí”, abrí la tapa y di un vistazo rápido, mierda mucho volumen, pero solo se veía lo que sería su ropa del día pues había una blusa blanca manchada y una falda también. Volví para no levantar la liebre, pero no caí en lo otro, que también estaba levantado y aparecí en el salón con las manos ocupadas y un mostrador abajo. Obviamente al llegar vio el tenderete, pero solo la vi sonreír un poco y mirar para el respaldo del sofá.
-Bueno, vamos allá - tome algodón, lo empape con alcohol y frote delicadamente la zona derecha del ombligo, pero me pase de líquido y le corrió una gota hacia el costado y otra hacia el interior del ombligo-, vaya me pase.
-Ya te digo, me siento inundada. – la comparación me dejo helado, inundados tenía yo los calzones, tanto liquido pre seminal me tenía húmeda la zona de los bajos, si lo hizo intencionadamente o no, no lo sé pero que hizo efecto en mi polla, eso seguro que sí, la notaba palpitar, babear como perro olfateando su presa y por el festín que promete-.
-Preparo la jeringuilla, supongo que prefieres no mirar. -me levante a coger la caja a la mesilla y aquello era un festival, tenía un cerco en la punta del nabo de todo el líquido que destilaba, ¿cómo disimulo esto?, mientras cogía la caja me las ingenie y me eche un chorro de alcohol en la zona. – Vaya por dios tanto alcohol puse que me chorreo. -si colaba, colaba, miro un momento y rio-.
-Sí que te pasaste si, anda pincha ya.
-Listo. Ahora te dejo esto recogido y los documentos, ¿dónde los quieres?
-Llévalos al despacho, al salir la primera puerta que te encuentres, más tarde les echare el primer vistazo, pero hasta mañana no los tocare, los analgésicos no me tienen espabilada.
-Estupendo, si no te importa antes de irme voy a ir al servicio.
-Todo suyo enfermero.
Nada más entrar abrí de nuevo el cesto y rebusqué alguna prenda íntima, blusa, falda, unos pantalones, calcetines… ¡un sujetador!, vamos bien, más prendas y ¡TACHAN, UNAS BRAGAS BLANCAS DE ALGODÓN! Las cogí como en una pelea del montón de rebajas y me las llevé a la nariz…
Mmm, que aroma, a mujer, a flujo, orín, sudor, las separe y mire la zona de contacto con sus genitales, tenía manchas y como moco seco, ¡sus fluidos estaban allí!, no lo pude remediar y volví a hundir mi rostro sobre aquella prenda, me baje las bermudas y me saque al campeón, tome la prenda por la zona manchada y la lamí, como el que re chupetea los restos de un postre, mientras tanto me la meneaba como si no hubiera un mañana, vi un bote de hidratante corporal y me serví un buen chorro para que se pareciera más a un coño por lo resbaloso y apunte al lavabo con las bragas en mi rostro aspirando como si me faltara el aire y con su sabor en mi boca, joder que pajote me estaba haciendo, solté leche para rellenar un pavo.
Estaba jadeando y sudando, así que me lave la cara y las manos y me moje el pelo, lave el rio de semen del lavabo y recogí las prendas de nuevo en el cubo, un vistazo… todo correcto.
-Pues ya me voy, hasta mañana Alba, -le dije mientras me acercaba de frente a ella- ¿a qué hora quieres que venga? ¿A la misma?
-Sí, esta hora está bien, así puedes descansar algo. Vaya ya veo que eres torpón, te manchaste antes y ahora otra vez en el mismo sitio. -Tierra trágame se notaba una mancha más clara en el exterior y otra más oscura en el centro, la del precum, no se le escapaba una no. - Ten cuidado anda y hasta mañana. -Y en un gesto inesperado me tendió los brazos, me acerque un poco titubeante y me planto un beso cerca de los labios, más cerca hubiera querido yo. – Esto por lo bien que te portaste el otro día. Anda para casa y hasta mañana.
Mañana, con todo un día para volver a tener ese aroma otra vez, todo un día para ver esa piel y ese ombligo perfectamente redondito donde podría echar unos buenos chorros de leche, ese vello que señala el camino de la perdición en forma de coño sublime. Todas estas ensoñaciones me dieron para otra paja antes de dormir ya que con el empalme no podía darme la vuelta en la cama sin el riesgo de quedarme clavado en el colchón. Pero la noche paso, y la mañana y a medida que se aproximaba la hora el amigo se ponía otra vez curioso y palpitaba oliendo el aire, como perro tras hembra en celo. Plantado en la puerta estaba nervioso como chiquillo a la puerta de la tienda de helados, sin saber cual me comería primero, si el de boca de fresa, el “big senos”, o el “especial” de sabor a higo.
Hola otra vez queridos lectores y lectoras, os pido un poco más de paciencia, en el próximo relato Fidel tendrá más mimbres para seducir a la madurita o puede que sea esta la que tenga la mano de cartas ganadora, no dejéis de leerme y espero que al menos no os éste resultando aburrido este largo preámbulo.
Felices… tocamientos.
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