Fidel y sus maduritas 1
Fidel sabe que el matrimonio de Alba se está desmoronando y que ella está sola. Cuando ella entra en el baño de la oficina, él no puede resistirse a cruzar la línea entre la fantasía y la realidad, usando su presencia para alimentar sus propios placeres más oscuros.
Fidel y sus maduritas 1
Me llamo Fidel y os contare como, con una madurita compañera del trabajo, disfrute unos excitantes, magníficos e increíbles días de sexo.
Yo tenía 19 años, ni muy musculoso ni fofo, fibroso, ni guapo ni feo, pero aún hoy día con una simpatía desbordante, cierto don de gentes y un no sé qué con las mujeres mayores que hacía que tuviera una buena relación con ellas. En el plano sexual como era de esperar en un jovencito de mi edad, como decía mi padre “meando partía las tejas”. Si por ir empalmado se sufrieran desmayos, me hubiera pasado la juventud en el suelo con las piernas para arriba. Y es que todo era ver una persona del sexo femenino que tuviera un rostro bonito y un cuerpo que no fuera deforme y ya empezaba a trempar. Pero sobre todo las mujeres ya vividas, de más de 35 y si encima estaban curvilíneas, incluso un poquito pasadas de kilos, buff… Se colocaba en posición de firmes y hasta que no me echaba un cinco contra uno aquello era un mástil de bandera. Aclaro que mi pene es del estándar europeo, 14 cm de un grueso normal y descapotable, lo cual, al estar acostumbrado al roce me daba un poco más de resistencia a la hora de entrar en faena. Pero en lo que si me hecho flores es que tengo una imaginación desbordante a la hora del sexo y los limites los marcan ellas, yo estoy abierto a todo y cuando digo a todo, es a todo: posiciones, lenguaje fuerte, anales, lluvia dorada, un poco de sado -pero hasta hoy suave-, el escato, lo hice una vez y en el contexto adecuado con la pareja debida funciona pero debe estar muy consensuado a mi entender. Y otras cosas para no extenderme más salvo en lo que más me gusta en el sexo, posiblemente más que follar...
EL SEXO ORAL… y es que esa delicia de enfrentarte a un coño, de frente, boca abajo o de lado es algo que me vuelve loco. Esos aromas, desde el acre al casi floral, a orín reciente, a sudor de una jornada y a los más sutiles jabones recién lavaditos, es un subidón que ni las drogas de diseño. Y esas gamas de colores, rosados, tostados, carmesíes, morenos de verano en la playa sin protección, con sus labios externos que te abrazan por su amplitud o tan superficiales que no sabes si es que te tienen miedo y se retraen o son tantas las ganas de que te los comas que te abren el paso franco hasta el interior, no he tenido el placer de libar de uno de una chica de color pero por la pornografía sé que ese contraste de colores externo e interno me pondría como un bonobo. Y los jugos, ¡ay! Los jugos, esos elixires que te bañan desde la nariz a la barbilla en agradecimiento a las ganas que le hechas al comerte la fruta de la pasión, esas fuentes de placer supremo que te da un coño satisfecho. Estoy contándolo y empalmándome solo de pensarlo. Pues ese posiblemente sea mi don en el sexo, que solo paro de comer y deleitarme cuando me lo piden o casi imploran, porque hay si pierdo el norte, son mi perdición, y según las reacciones obtenidas no debe dárseme muy mal cuando me alaban mis actuaciones en todos los casos.
Y es el de Alba, la madurita de la que os voy a hablar ahora, el motivo por el que durante un corto espacio de tiempo me tuvo a su disposición en cuanto probo mis ganas de comer coños como dice Henar Álvarez, ¡¡¡CON HAMBRE, HAY QUE COMERSE LOS COÑOS CON HAMBRE!!!
Empezare por contar que para ganarme un dinerito tras las clases me coloque en una oficina de seguros y contabilidad, por aquellos años el correo electrónico aún no estaba muy implantado y los mensajeros estaban a la orden del día y en esta empresa ponían la motocicleta, un scooter que me permitía desplazarme por la ciudad sin muchos problemas. En plantilla éramos siete, don Adolfo, el jefe de contabilidad, con Alba mi madurita adorada y Sara la otra administrativa. Doña Lourdes, jefa de seguros con Lucia y Manoli. Y Loli en la recepción más el mensajero, yo claro. No es que me diera para mucho lo que sacaba, pero como estudiaba administrativo supuse que algo aprendería o podría suplir en verano las vacaciones y ganar experiencia. Los primeros meses todo era muy respetuoso, cada uno en su lugar los jefes, las administrativas, la recepcionista y el chaval, todo jerarquizado, con los jefes el trato era poco casual y algo distante, con Loli era el más directo y frecuente, las cuatro de las oficinas solo interactuaban directamente cuando algo era urgente y no querían mediación. Con Alba hasta las tres semanas ni cambie palabra, era una máquina, llegaba a las nueve, se sentaba y no se movía de la oficina salvo para el servicio, desayunar y archivar documentación, a las dos de la tarde se marchaba a casa y a las cinco otra vez hasta las ocho, casi un robot. No fue hasta un día que me la encontré en el bar donde tomaba un café por la tarde que no me fije bien en ella, apareció poco después de llegar yo de una entrega y como era lunes después de un domingo movido, instituto y después a trabajar estaba que me caía de sueño, pues ese día le hice el primer reconocimiento completo.
Medirá un metro sesenta y cinco más o menos, castaña, con un moño bajo que por su volumen diría que era de una abundante melena, un rostro bonito donde destacaban unos ojos negros y almendrados y una bonita boca y nariz, no era espectacular, pero era de esos rostros que al mirarlos con atención te cautivan poco a poco. Su cuerpo a sus cuarenta y pocos años, era un recinto de curvas, ya que estaba como a mí me gustan las mujeres, con abundancia, pero sin exagerar, unas piernas sobre unos tacones de salón negros, que se adivinaban torneadas bajo una falda justo por encima de la rodilla pero que se ceñía a sus contornos dejando adivinar un culo de generosas proporciones, pero por lo apretado de la prenda no podría decir si firme o blandito, con unas buenas caderas y apenas barriguita. El pecho se presumía generoso bajo la blusa y la chaqueta tipo blazer que solía llevar al trabajo, era como su uniforme, casi siempre las mismas prendas con ligeras variaciones, creo que lo utilizaba como una forma de diferenciar el trabajo del resto de su vida.
Pues como digo, entró en el bar y pidió un café solo con hielo, aunque estaba a escasos dos metros de mí, o no me vio o se hizo la despistada lo cual me vino bien para la inspección que le hice, estaba entre la puerta y yo, la veía con el sol detrás y la iluminaba con un halo que resaltaba su figura, además de estar apoyada con el pecho sobre la barra y la pierna sobre el escaloncito de la misma resaltando su trasero, un aroma impregno el aire en su presencia y despertó al amigo del sur a pesar del sueño que tenía, tras un par de minutos me hice el encontradizo y la saludé.
-Buenas tardes, Alba, ¿hace calor hoy verdad?
- Ah hola, Fidel no te había visto. Sí, sí que está apretando hoy.
-Y con la chaqueta puesta te vas a asar mujer, por mucho hielo que le pongas al café, ja, ja, ja.
-Es la costumbre, trabajo-chaqueta, son cosas que se activan y cuesta darse cuenta, pero la verdad es que sí que me la voy a quitar porque empezare a transpirar y no es cuestión de llegar así con don Adolfo, como a este hombre no le gustan los perfumes no me pongo nada y no es cuestión de oler para trabajar con él.
Así que el olor que impregnaba el aire era ella, era una de esas personas que dejan una estela tras de sí que embriaga al personal y te obliga a buscar la fuente de la alarma que ha despertado tus sentidos.
-Pues cuidado que hoy viene fuerte, llegue a la oficina y ya tenía tres viajes para esta tarde que me dejo Loli en el mostrador.
-Uf, es final de mes y la cosa se pone dura con los cierres de contabilidad.
Dijo mientras se quitaba la chaqueta y la colocaba en el taburete, dejando ver una blusa color crema de generosas solapas y con los botones abrochados hasta arriba, con el sol en su costado dejaba a la imaginación un buen par de senos embutidos en un sujetador juraría que de color visón, se colocó bien la prenda y la sacudió para ventilarse, pero al parecer no era bastante y se desabrocho los dos primeros botones dejando libre una perfecta línea sobre la que se precipitaba un colgante enmarcado por sus abundantes pechos, cosa que a mi amigo sureño alegro aún más, obligándome a llevar la mano hacia él y colocarlo más disimuladamente. Creí que este gesto fue sutil, pero la observé como me miraba con el reojo aunque no me dijo nada.
-Es serio, pero no se le ve malo al jefe ¿no?
-No, no lo es, pero ya comprobaras que, para él, el trabajo es lo primero. Mientras todo salga adelante, aunque cueste o haya tropiezos es moderadamente razonable.
Y tras acabar la frase se retoco el moño, coloco la blusa y abrocho los botones para a continuación con un sutil movimiento volverse a colocar la chaqueta, pagar y despedirse dejándome allí con el muñeco pidiendo auxilio, que se ahogaba. Pague rápidamente y la seguí hasta las oficinas viendo como caminaba con un contoneo sutil pero que decía “aquí está una mujer que sabe lo que quiere” y yo pensaba en lo que quería yo en ese momento, que no era otra cosa que abrazar esas curvas y comprobar de donde emanaban esos aromas llevando mi nariz por todos los rincones de su anatomía.
Llegue tras ella a la oficina y ya estaba sentada tras la pantalla del ordenador y con documentos sobre la mesa, empecé a hablar con Loli de las dos entregas que me quedaban, de si debía esperar respuesta o recoger algo de vuelta y en esas la miraba disimuladamente ya que el calentón aún estaba presente y no se me quitaba de la cabeza ese aroma y esas curvas al trasluz. En esas me di cuenta que me miro un par de veces pero parecía hacerlo al tendido, como si pensara, o era mi propia calentura la que me hacía creer que se dirigían a mi esas miradas. Tuve que volver a colocarme al amigo y ya notaba cierta humedad en la punta por el cacao mental que llevaba, tanto que decidí ir al servicio a bajar el pistón y desaguar la carga porque me iba a doler tanto empalme mantenido.
-Loli voy al aseo antes de salir, pregunta si hay algo más para llevarme y así evito tener que volver a salir, gracias.
-Vale, ahora pregunto a las compañeras.
Abrí el baño, que era para todos y me encerré en el primer inodoro para comenzar a divagar en Alba sus aromas y sus curvas mientras comenzaba un sobeo de mi pene que me descargara tanta tensión. Pensaba en como tenía que olerle el coño, como me gustaría bajarme a ese pilón y deleitarme con lo que saliera de esos agujeros, una fantasía para mi boca y nariz, lamer ese culo metiendo mi cara entre tan generosos glúteos y pasear mi lengua por todas esas cavidades saboreando y notando todas sus texturas, la rugosidad del ano, la aspereza de los pelos alrededor de la vagina, la suavidad de los pliegues de la vulva y la resistencia del clítoris a los lengüetazos… Tanto pensamiento concentrado y meneo al muñeco me nublaron los sentidos y comencé a bufar al notar la incipiente corrida que me venía ya, apunte la polla hacia el interior del inodoro resoplando y pensando en Alba sin darme cuenta que alguien había entrado y se estaba lavando las manos. Cuando acabe y me percate del hecho, quien fuera ya estaba saliendo sin decir ni pio. Me compuse rápidamente, salí del aseo y fui a recoger las entregas. Al llegar al mostrador y coger la mochila vi como Alba volvía a mirar disimuladamente y eso me hizo pensar si no sería ella la que entro mientras precisamente le rendía homenaje con el de abajo. Esa idea me hizo sonreír mientras la miraba y creo que también se percató de este hecho pero igual que antes, como si no fuera con ella. ¿A ver si la madurita va a tener curiosidad por los jovencitos pensé? no estaría nada mal no…
En el mes y medio siguiente intente sacarle un poco de información a Loli, le preguntaba por todas en general para no levantar la liebre, ella estaba casada y con un niño, Sara igual pero con una niña, Lucia no tenía hijos y no se sabía si tenía marido, no llevaba mucho allí y también era reservada, Manoli era separada con un niño y una niña y Alba estaba casada pero parece que no iba bien la cosa con el marido. No volví a cruzármela en la cafetería ningún día más y las miradas no volvieron a aparecer por lo que se me fue un poco de la cabeza ya que no la veía salvo sentada tras su pantalla y papeles.
Pero todo cambio cuando llegaron las vacaciones del instituto y don Adolfo me ofreció echar las mañanas también en la oficina para suplir durante las vacaciones a Loli y según se viera la cosa aprender un poco más de contabilidad ayudando a Alba y a Sara. A parte de subir lo que cobraría y coger experiencia me iba a permitir conocer un poco más a mi querida madurita, que tal y como me lo propusieron se vino a mi mente y a otra zona en particular.
Loli tomaba las vacaciones en agosto junto con Sara, Manoli, y don Adolfo por lo que estaríamos en la oficina Lucia, doña Lourdes, Alba y yo. Verano no iba a tener salvo los fines de semana, pero como tampoco tenía pareja y las amistades casi todas se iban de veraneo no me importo, e incluso con la promesa futura de compartir trabajo con Alba todo se haría más llevadero.
Para prepararme un poco en los quehaceres de la recepción cuando no estaba con los encargos me sentaba con Loli en la recepción y veía como trabajaba y atendía a los clientes tanto de la contabilidad como de los seguros, el teléfono, correo y archivo de documentación. En una semana ya tenía los conceptos básicos y Loli me permitía hacer lo más sencillo, en verano todo se ralentiza y podía fijarme en los detalles, Loli no estaba mal, era muy abierta y poco a poco fuimos manteniendo conversaciones sobre nuestras vidas, su hijo, marido y cosas triviales de la vida en pareja. Ella preguntaba por mis estudios, si tenía alguna pareja y me daba consejos muy de madre, a lo que -con mi guasa característica una vez trabo confianza con la gente-, empecé a decirle “si oma” a cada consejo maternal o cuando hacía algo incorrecto y ella me corregía. Esto le hizo gracia y de vez en cuando se le escapaban sonoras carcajadas que con el tiempo vi que llamaban la atención de Alba, reafirmó esta creencia el día que Loli casi se cae del asiento por una de mis ocurrencias y al acudir en su ayuda al grito de “oma tenga cuidado que está ya mayor y se me va a romper” ella soltó una risa ahogada con sus manos mientras miraba como la ayudaba. Al día siguiente Loli me lo corroboro contándome que Alba le pregunto por mí en el trabajo y si creía que podría sustituirla el verano, si me veía capacitado, ella le contesto que sí, que era espabilado y además tenía buen carácter para confraternizar con la clientela, a lo que ella le respondió con un “ya, ya, os escucho desde dentro lo bien que lo pasáis”. Mmm, mi querida madurita sabía que existía.
Julio llego y Alba desapareció durante un mes en el que confraternice aún más con Loli y un poco con don Adolfo, Sara y Manoli. Me entere un día por casualidad, en una conversación de Sara por teléfono, que Alba estaba sola en las vacaciones y el marido al parecer las cogería en agosto lo que no parecía muy normal en un matrimonio. Otro día fue a Manoli a la que escuche con Sara hablar sobre ella y comentar las dos que no tenía muy buena pinta la relación del matrimonio, remarcando la divorciada que ella prefería estar sola con los dos niños que aguantar esa situación y ya que no tenían hijos lo mejor era tomar aire rápido y cambiar de vida, a lo mejor con más estrecheces pero sin amarguras. Mi Alba parecía estar mal, cuando volviera habría que ser cariñoso con ella, no me gusta que la gente este triste pero ella menos pues estaba presente en mis manipulaciones y eso no se podía consentir.
Sorpresivamente la última semana de julio, Alba apareció por la oficina para ponerse al día del trabajo, cosa que sorprendió también a Loli y Sara, a ellas por lo inesperado a mí por cómo apareció, buff… un escándalo. Lo primero el pelo, lo llevaba suelto en una melena ondulada pero echado a un lado, como apartándoselo del rostro, después llevaba una camisa blanca corta que por el volumen del pecho a veces dejaba ver la piel de la cintura, unos vaqueros pirata azules le marcaban su glorioso culo y unas piernas de infarto, como dicen por ahí “jamonas”, y todo ello adornado con unas cuñas de esparto que le remarcaban más el trasero. Para colmo había cogido un poco de color esas semanas y presentaba un dorado en la piel que contrastaba con la camisa blanca haciendo que mi amigo sureño se despertara de la impresión, comprensible ya que la Alba de fuera del trabajo, distaba mucho de la trabajadora, al menos en cuanto a vestimenta y apariencia, una era casi una profesora de colegio de monjas y la otra una mujer espectacular. Pues ella paso al interior a hablar con Sara dándonos la espalda lo cual me dejaba su trasero a plena vista enardeciendo aún más mis bajos instintos, teniendo que maniobrar los bajos para que no molestasen, veíamos la cara de Sara, que paso de la sorpresa primera a la atención después y a cierta cara de resignación por ultimo. Loli me dejo solo y se acercó a ellas repitiéndose prácticamente los mismos gestos, pero como apareció don Adolfo se volvió a recepción y simulo que me enseñaba cosas en el ordenador. Con disimulo le pregunte a Loli ¿qué hacia allí una semana antes de volver al trabajo? Me conto que en ella era habitual hacerlo el día antes de la incorporación pero que como se aburría sola en la playa decidió volver antes, para estar con su marido unos días, pero que este estaba muy ocupado con su trabajo y al final solo se verían para cenar y dormir, por lo visto el marido era anestesista por un hospital privado y a más intervenciones más se embolsaba y por lo ocupado parecía gustarle mucho el dinero. Eso explicaba las vacaciones en diferentes fechas ya que la mayoría de cirujanos con los que trabajaba veraneaban en agosto y creo que aquí en la empresa rotaban todos los años, por lo que este no coincidiría. Pero qué ocurriría en agosto, ¿se iría el a la costa o se quedaría con su mujer? yo no tendría dudas y no despegaría las manos de ese cuerpo en los treinta días. Al cabo de un rato y viendo como seguía hablando con don Adolfo de espaldas descansando los pies alternativamente cimbreando esas nalgas no tuve más remedio que ir al baño a remediar el babeo de mi amigo que si seguía así me iba a dejar un cerco en lo pantalones. De nuevo con las manos en la masa y volviendo a suspirar por su culo pegado a mi cara, escuche nuevamente la puerta del aseo, me calle esta vez y subí mis piernas sobre el inodoro para que nadie supiera que estaba allí, la puerta de al lado se cerró y oí un suspiro, manipulación de ropa y al momento el sonido de un chorro de pis, me fije en el suelo y vi las cuñas de Alba con los pantalones en los tobillos y una braga blanca descansando sobre ellos, era ella meando al lado, eso me encendió más aun y en silencio volví a machacármela, al salir ella con el calentón me metí en su lugar y mire la papelera, era el único papel que había por lo que su pis y posibles resto de flujo estaban en él, lo cogí y me lo lleve a la nariz mientras me la acababa de sacudir y olía con ansia los restos de esa mujer, me corrí como un animal en celo y puse la pared y la puerta bonitas de lefa, joder esa hembra me ponía cardiaco.
Llego el primer día de agosto y a mí me iba a dar algo esperando verla otra vez. ¿Cómo vendría con el calor, que talante traería?, todo eran motivos para estar nervioso y empalmado, tenía la polla desde la mañana que parecía querer asomarse a verla, y llego, vaya si llego, con sus zapatos de salón, su falda ajustada hasta la rodilla pero con una raja en un lateral que dejaba adivinar hasta casi medio muslo y una blusa blanca de manga corta blanca con un escote nada despreciable más un sujetador negro que se transparentaba levemente con tirantas de encaje y juraría que el pecho también, el pelo recogido en una cola alta pero al igual que siempre no parecía llevar ningún aroma a perfume porque solo notaba su esencia habitual y que me hizo recordar el episodio del aseo y el papel con sus efluvios y los míos acabando en las paredes.
Queridos lectores y lectoras, sé, que salvo los tocamientos y ensoñaciones no habéis tenido nada más, sexualmente fuerte, para satisfacer vuestra mente y cuerpo, os pido disculpas pero es que, lo que en principio esperaba ser un relato de unos quince minutos, se ha convertido en una serie de diecinueve episodios. Es la primera vez que escribo y espero que me sigáis para saber más cosas de nuestro joven Fidel. Prometo que en los siguientes descubriréis mucha más diversión.
Gracias por leerme y felices… tocamientos.
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