La sevillana
Ella está a 800 kilómetros, pero su voz recorre cada centímetro de su cuerpo. Entre mensajes y audios, descubren que el deseo no necesita proximidad para ser devastador. Esta noche, la pantalla se apaga y solo quedan sus gemidos.
-Hola, enano.
-Hola, preciosa. ¿Cómo estás?
-Estaba recogiendo las cosas de la cena y charlando con mi hermana…
-Vale, pero ¿cómo estás? ¿Fue un buen día?
-Estaba pensando en ti.
-¡Qué casualidad! Yo estaba haciendo alguna… foto.
-Jajaja, no me digas eso, que empiezo a imaginarte.
-Justamente, me gustaría saber qué imaginas. Es muy difícil saber qué espera una mujer heterosexual. Me cuesta imaginarme atractivo.
-Yo ya te veo muy atractivo, cariño.
Esta sevillana me volvía loco. La había conocido en una aplicación para escribir cartas. Después de un mes carteándonos empezó a decir que se le hacía largo esperar a la siguiente carta, que pensaba mucho en mí… Y empezamos a hablar por Telegram. Pasamos de las cartas extensas a estar todo el día con mensajitos. Yo estaba en las nubes, me encantaba charlar con ella; al principio tuve cierto miedo, porque no quería que esa relación se perdiese y conocernos más podía suponer que perdiese el interés por ella. Concretamente, tenía miedo de que fuese fea y me decepcionase. Aun así tenía muchas ganas de verla, así que un viernes decidí abrir la veda de las fotos con una foto del amanecer, mientras iba al trabajo. Ese mismo fin de semana me respondió con unas fotos mientras iba de ruta. Se la veía de lejos en unos paisajes preciosos, pero yo solo ampliaba las fotos para verla a ella. Recuerdo que le respondí:
-Vaya preciosidad.
-¿Te gusta el paisaje de las minas?
-Espera, que no lo vi. Te estaba mirando a ti.
Con los meses fuimos pasando también por los mensajes de voz, fotos de fiesta, fotos por la mañana, antes de ir al trabajo… Pero le estaba preguntando qué se imaginaba. Cuando me dijo que me veía muy atractivo me vine arriba.
-¿Es una forma de no decirme qué te imaginas?
-Lo que estaba pensando, por ejemplo ahora, es que siento curiosidad por saber cuál es tu forma de masturbarte. Si te gusta hacerlo fuerte… o despacio. Si disfrutas acariciando tus testículos o si prefieres centrarte en tu pene.
-¿Prefieres el misterio o las respuestas?
-Quiero que me digas lo que a ti te apetezca.
-A mí lo que me apetece es jugar contigo. Es saber que estás excitada conmigo. Me gusta acariciarme, despacio. Si la excitación no falta, cuanto más lento mejor.
-¿También te gusta el sexo así?
-Me gusta abrir un poco la mano y subir al glande, volver a bajar y seguir hacia los testículos y el perineo. Me gusta que la piel se vuelva loca de excitación. Me encantaría ser tocado así.
-Tendrás que guiarme al principio.
-Pero también me gusta la penetración fuerte y rápida, sobre todo, profunda. Ir variando los ritmos. Que haya cierta… “competencia” por conseguir los gemidos del otro.
-Eso suena muy muy bien.
-Sentir que pierdes el control, que te entregas. Tardar demasiado en penetrarte hasta el fondo…
-A mí el sexo me gusta fuerte, muy animal, que me sujeten y me dominen.
-Dejar una parte de “reserva”. Y que cuando no puedas más, cuando lo estés reclamando, entre del todo. Que te sorprenda. Que te sobrepase. Y entonces seguir con penetración profunda y lenta, casi sin sacarla.
-Mmm quiero eso.
-Y a medida que te haces a ella, ir acelerando. Agarrarte de la melena, morderte el cuello.
-Ufff, cariño… Te deseo entre mis piernas… Ahora…
-Me encantaría dejarte jodida, a medio orgasmo, para comerte. Empezar a acariciarte el culo, acariciar tu esfínter, apretar, volver a penetrarte de golpe, apretar aún más tu esfínter con mis dedos, levantarte como a una muñeca, ponerte contra la pared, darte la vuelta.
-Más…
-Volver a penetrarte, follarte buscando tu orgasmo, con una mano acariciándote el coño y la otra empezando a penetrarte por el culo. Después, agarrarte del cuello, sentir entre mis dedos tus gemidos.
-Eso es lo que quiero, mi vida, que me folles tan fuerte que me hagas gritar. Que no pueda parar de pedirte más. Que no quiera que saques tu polla de mí nunca.
-Gritar vas a gritar, en cuanto te acerques al orgasmo te quiero marcar mi mano en tus nalgas. Y mientras te deshaces meterte enteros dos dedos por detrás. Para que sepas que no se acaba.
-Mmmnnn, me encantas, joder.
-Ahora no consigo acariciarme despacio.
-Mejor, porque yo lo hago rápido…
-Cuéntame, hazme creer que estoy ahí, entre tus piernas. No podré aguantar tanto, porque eres una belleza. Así que te cogeré de la boca, con un dedo, como si te acabara de pescar, y te llevaré a mi polla. Mientras voy entrando más y más por detrás. Lubricando y masajeando. Y, antes de penetrarte por el culo, prepararé todos tus juguetes. Y como ya tendré para un rato te iré probando. Te penetraré lento pero hasta el fondo, sin dar marcha atrás.
-Mmm, lo que de verdad me apetecería ahora es estar entre tus piernas, con tu polla dentro de mi boca, mientras masajeo tus huevos y te miro viéndote gemir…
-Te haré sentarte sobre mí, dándome la espalda, y empezaré a probar cada uno de tus juguetes en tu coño.
-Me muero de ganas de lamer todo tu preseminal, y sentir su sabor en mi boca, succionando tu capullo.
-Puede ser demasiado fuerte, pero me da igual, quiero empezar por meterte el consolador grande. Apretarlo en tus labios y tu clítoris. Mientras lo acompaso a los movimientos de mi polla en tu culo. Ya habrá tiempo para el satisfyer. Me encantaría que en este momento sonase el teléfono y descolgar. Hacerte hablar con una polla en el culo y un consolador en el coño. ¿Quieres ver alguna foto?
-Solo si tú quieres. MMMmmm, qué ganas de tenerte así en mi cama, amor.
-Después de follar un par de veces, me encantaría atarte y masturbarte lentamente, intentar volverte loca.
-¿Más?
-Para volver a follarte con las mismas ganas que la primera vez. Y besarte y morderte los labios y la lengua.
Aquí tuve el inmenso placer de empezar a recibir audios, porque estaba demasiado ocupada para escribir. La verdad que a mí me costaba horrores seguir escribiendo, pero todo lo que quería en ese momento era calentarla, prepararla para cuando nos viéramos en persona.
-Dios, cariño, creo que vas a matarme de excitación.
-Qué voz, ¿qué estás haciendo?
-Masturbarme el clítoris.
-¿No has sacado ningún juguete todavía?
-No me apetece… Ya me pones mucho tú.
-Por como te oigo… te pondría una mariposa en el clítoris, te dejaría atada y te iría besando despacio todo el cuerpo. Te vendaría los ojos, me movería a tu alrededor, para que no sepas por dónde te voy a tocar. Aparecería un dedo un segundo y volvería a desaparecer. Y, después de un minuto, llegaría la cera caliente de una vela, sobre el hueso de tu cadera, lentamente, acercándose… y pararía. Y aparecería un hielo cabrón en tus costillas, que iría suavemente a por tus pezones, y mientras te centras en el hielo y en la cera…
-Dios, cariño… Estoy a mil… Y te necesito a ti
-Me iría acercando, sin que lo notes, te la pondría en la entrada del coño, sin saber yo mismo si entrar de un golpe o hacerlo durar. Echándolo a suerte en tus pezones. Y, puede que, si te estás portando bien, te desate en ese momento.
-Dios, mi amor… no puedo más… mmm… necesito sentirte dentro, sentir tu polla llenándome toda… ahhh… entrando una y otra vez hasta el fondo.
Su voz era una maravilla, sus palabras me calentaban, pero más me ponían sus gemidos y el sonido de sus dedos entre sus labios encharcados.
-Pues, como te portas bien… entraré de una vez, ni rápido ni lento, y me quedaré al fondo. Apretando. Y, desde ahí, empujando con mi cadera, acelerando poco a poco, te levantaré las piernas sobre mis hombros.
-Joder, sí, cariño, fóllame así.
-Ya no podrás contener ningún grito. Eso es lo que me encanta. Tus gemidos me envuelven. Tu cuerpo me succiona. Tus pezones arden porque no paro de retorcerlos. Y cuando te siento llegar yo tampoco lo aguanto más.
-Con mis piernas sobre tus hombros, follándome, quiero que aproveches y en una embestida metas tu polla en mi culito apretado, de un solo golpe, haciéndome gritar.
-Tu culo me aprieta tanto que casi no puedo vaciarme, sale mi semen entre tus contracciones.
-Y que poco a poco vayas acelerando el ritmo, hasta acabar follándomelo bien profundo.
-Nunca me he corrido en una boca. Y creo que me quiero desquitar.
-Quiero sentir tu polla palpitar mientras te corres en mí.
-Cuando termine de correrme en tu precioso culo quiero volver a acariciarte, rozarte apenas. Para que la piel se erice. No te la sacaré.
-Dios, amor… ahhh… estoy súper cachonda, voy a correrme… ahhh… quiero que te corras conmigo.
-Seguiré acariciándote y haciéndote hablar hasta que sientas que se vuelve a endurecer dentro de ti. Me encantaría verte y escucharte ahora. Ponerte la mano en el cuello, apretando. Tu voz es…
-¿Has terminado?
-Sí, oyéndote. ¿Y tú?
-Sí.
-Me encantaría que te corrieras sobre mí. Yo sacrifiqué una toalla, quería seguir tumado, oyéndote.
-La próxima vez, avísame cuando vayas a terminar, porfa.
-Claro, ¿te apetece saberlo? ¿O quieres hacer algo en particular?
-Me gustaría terminar a la vez.
Después de un calentón como este, solo me quedaba poner remedio a los 800 kilómetros que me separaban de la sevillana, desde Asturias, así que busqué una casa rural, pero eso es otra historia.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
El abismo entre nosotros - CAP 1
Jack nunca imaginó que volvería a ver a Kennen, mucho menos a la mujer que ahora lo habitaba todo.
Comparte:Voyeurismo consentidoDominacion femeninaBdsm suave
- Hetero: General
Familia VillaDuero. Marta, mi potrilla
La cuadra huele a cuero y a deseo contenido. Marta no solo domina a su caballo, sino que tiene planes mucho más oscuros para el amigo de su hermano.
Comparte:Bdsm suaveVoyeurismo consentidoDominacion femenina
- Hetero: Infidelidad
Pedro y Ana
Diego nunca imaginó que un baile de bachata terminaría con una mujer a sus pies y su pareja mirando desde la sombra.
Comparte:Voyeurismo consentidoDominacion femeninaBdsm suave
- Hetero: General
A medio camino
La cena se está enfriando, pero en esta habitación de hotel nadie tiene ganas de vestirse. Entre sábanas blancas y la oscuridad del monte, dos…
Comparte:Voyeurismo consentidoBdsm suaveDominacion femenina
- Hetero: General
Voyeurismo en la Oficina: Lo Que Pasó Después
La lluvia atrapa a Daniela en la oficina, pero no es el clima lo que la mantiene allí. Al descubrir a Alejandro en su momento más íntimo, el miedo se…
Comparte:Voyeurismo consentidoBdsm suaveDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
La Historia de Amaia: La mañana siguiente
Amaia nunca imaginó que despertar en los brazos de un hombre casado y mayor que su padre la llevaría a tal extremo.
Comparte:Relacion medico pacienteDominacion femeninaBdsm suave