Xtories

Familia VillaDuero. Marta, mi potrilla

La cuadra huele a cuero y a deseo contenido. Marta no solo domina a su caballo, sino que tiene planes mucho más oscuros para el amigo de su hermano. Y él, sin saberlo, acaba de convertirse en la pieza clave de su juego.

Deverano200311K vistas9.2· 18 votos

Episodio 17

En curso iba avanzando, tanto Carlos como yo durante la semana nos concentrábamos en los estudios sin apenas dar cabida a la diversión, era mucho lo que nos juagamos, yo estudiaba becado y Carlos tenía que demostrarse a él mismo y a su familia después que tenía capacidades suficientes.

El fin de semana era completamente diferente, Carlos se solía ir al pueblo a pasarlo con sus padres y yo tenía la suerte de recibir la visita de su hermana que estaba interna en una residencia de estudiantes para señoritas, de la cual se escapaba con cualquier excusa para venir a mi casa. Qué buenos aquellos fines de semana que pasábamos retozando largas horas sobre la cama o sobre cualquier sitio donde pudiéramos follar como conejos. Una época muy feliz…

Carlos a menudo me proponía que le acompañase para pasar el fin d semana en su casa de pueblo. Me tentaba diciéndome las muchas cosas que podríamos hacer, escalada, bici turismo, montar a caballo… Tanto insistió que cedi y quedamos en que aquel fin de semana de finales de febrero le acompañaría. Llame por teléfono a Marta, y como no la encontré deje el recado en recepción: “Este fin de semana me voy con Carlos al pueblo. Un abrazo, tu amigo Quique”.

Ya es sábado por la mañana, llegamos ayer por la noche, me alojaron en una habitación para mí solo. Tras la cena enseguida nos fuimos todos a dormir temprano. Me he levantado relativamente tarde, al bajar al comedor el servicio me indica donde debo ir a desayunar y me informan que todos han salido, cada cual en una dirección distinta, por lo que puedo salir a curiosear por mi cuenta alrededor de la casa.

A un costado hay una prolongación de la casa con un portón grande por donde sale el relincho de un caballo, me acerco a curiosear… montar a caballo es algo que me atrae pues no he hecho nunca. Delante de mi aparece una cuadra grande con espacio para cuatro caballos.

Dentro debe haber un caballo que está muy nervioso, relincha bien fuerte y seguido…seguro que le pasa algo pasa y voy a ver. Me encuentro delante de un caballo ligero de mucha alzada y color canela. Parece nervioso, da vueltas por su cubículo resoplando y moviendo la cabeza arriba y debajo de forma convulsiva. Es un excelente ejemplar, con una planta soberbia que transmite su fuerza y su fogosidad.

Al acercarme un poco más veo que el pobre tiene la verga enorme, fuera de su cubierta, pendulando dolorosamente… ¡pobre animal! ¡Qué ganas de coger una yegua debe tener!

­­―¿te gusta mi caballo?― es Marta la que pregunta. Ha salido de una zona obscura que hay justo enfrente del cubículo donde se agita el hermoso caballo.

―Es realmente esplendido…y tú ¿qué haces aquí?... no esperaba encontrarte…tu hermano no me lo había dicho.

―Cuando me dijo que por fin ibas a venir a nuestra casa pensé que sería interesante acompañarte mientras conoces al resto de la familia y nuestra casa del pueblo. Lo pasamos muy bien juntos… ¿verdad? Y me imaginaba tenerte cerca en la intimidad de mis dominios… ¿no te parece?

A continuación, se coge de mi brazo y me acompaña hasta acercarme hasta la puerta del cubículo donde está su caballo. Una vez allí, Marta me muestra la fusta de cuero que tiene en una mano para luego dirigirla hacia su caballo…la pone debajo de la panza…la desplaza hacia las patas traseras rozando sobre su piel.

El animal se detiene delante de nosotros como si estuviera hipnotizado, agita la cabeza y suelta un relincho. Con la pata delantera golpea una y otra vez contra el suelo como si quisiera marcar el ritmo. Marta sonríe haciendo que su boca se deforme hacia un lado. Con la fusta recorre la enorme verga del animal desde la panza hasta la punta y luego a la inversa. El caballo resopla, patalea y se mueve inquieto. Marta aprovecha para darle unos golpes en los huevos al mismo tiempo que le habla y le llama por su nombre: “Sultan”.

El animal reconoce su voz, quizás también reconoce su nombre y sobre todo reconoce lo que la fusta hace sobre su verga y sus huevos. Veo a Marta muy contenta por la sumisión del corcel y también muy estimulada al ver esa enorme verga fuera de su prepucio creciendo y creciendo.

―¿has visto como se pone?... me encanta que venga hasta mi para que juegue con mi fusta entre sus piernas.

Me separo un poco para poder ver mejor la escena, el caballo es un magnifico ejemplar totalmente dominado por su dueña y ella está estupenda con su atuendo de amazona que tan bien le sienta. Lleva unas botas altas hasta la rodilla, un pantalón ajustado a sus piernas y su culo como una segunda piel, una chaquetilla torera y el pelo recogido en una cola detrás de la cabeza.

Esta tan tremenda como su caballo y posiblemente tan excitada con aquel. Me pongo detrás de ella, la tomo por la cadera y le aplasto mi polla entre sus nalgas.

―Viendo como juegas con el animal se me ha puesto súper dura― le digo mientras le doy varios empujones para que note que tengo la polla bien dura.

—¿has visto que animal tan hermoso? ― me pregunta sin dejar de pasar la fusta por la verga.

—Cuando mis padres nos regalaron los caballos nos dejaron elegir cual quería cada uno. A Carlos le gustaba más la yegua, yo enseguida me enamoré de “Sultán” mi precioso corcel

—¿has visto? — con la fusta le da unos golpecitos en la pata trasera para que se mueva un poco y así poder contemplar una enorme verga.

—Se pone así al ir mi voz y sentir la fusta rozando su verga o dándole golpecitos sobre sus huevos de semental…mira…mira…si le hago esto…— le pasa la punta de la fusta a lo largo del miembro y este se endereza de forma instantánea.

—y si le doy golpecitos en los huevos… relincha y se pone nervioso— efectivamente el caballo responde al estimulo, se mueve agitado en su corral, enseña los dientes y relincha para mostrar su agrado.

—¿Quieres salir a dar un paseo conmigo? Puedes coger la yegua de mi hermano, “Pintada”, es muy mansa y dócil…te ayudo a ponerle los aparejos… ¿vale?

—Yo no he montado nunca…me da un poco de miedo— le confieso haciéndole ver que me siento muy inseguro ante tal experiencia.

—Tu haz todo lo que yo te diga y todo irá bien…déjate llevar… a partir de hoy te va a encantar montar a caballo… te lo digo yo.

Me gusta mucho la idea de salir pasear a caballo, pero lo que más me apetece es follarmela aquí mismo, me he puesto muy verraco, y creo que a Marta también le apetece que le dé bien duro. A trompicones le bajo el ajustado pantalón hasta dejarlo justo por encima de las botas, le empujo sobre la espalda para que se incline hacia delante apoyando sus manos sobre la viga de madera. Lleva una braguita tipo tanga que deja sus cachetes al aire, y su coño con fácil acceso, me deshago de mi pantalón y le coloco mi polla entre las piernas.

―Jejeje… mira que si viene alguien y nos pilla aquí follando… en la cuadra…el modosito amigo de mi hermano y la hija de los dueños… jejeje….vaya papelón― dice Marta culeando para ponérmelo un poco difícil.

―Tú lo has querido… sabes que me caliento fácil y lo darle toques al caballo lo has hecho a propósito― le digo al tiempo que le doy varios azotes en la nalga como si fuera mi propia yegua con intención de avisarle que la voy a tomar bien duro… como merece esta ocasión.

Coloco mi polla entre las piernas, con los dedos echo la braga a un lado, me balanceo para rozar con mi capullo sobre los labios, con una mano la sujeto por la cadera y con la otra le vuelvo a azotar la nalga.

—¿qué vas a hacer? —me pregunta un tanto asustada por la brusquedad de los azotes.

—me has calentado lo suficiente como para que te quiera follar aquí mismo mientras contemplas tu querido caballo.

—Aquí alguien nos puede ver, para... para…que me da mucho apuro... ¿y si nos pillan?— dice ella asustada por esta ocurrencia mía.

No le hago ni puto caso, ya estoy embravecido y no es momento de ser cauteloso. Las nalgas de Marta están bien paradas ahí delante, estoy ansioso por frotar mi polla entre sus piernas, por encima de su rajita y darle golpes en los cachetes. Ese placer ya no me lo puede quitar nadie, no por mucho que se queje…. ahora está a mi disposición. Es el momento de mi dulce venganza por lo que me hace padecer.

—Quédate quieta… tu vigila la entrada, si viene alguien me avisas… nos dará tiempo para escondernos—

Me mojo la mano en saliva y se la paso por la raja apretando suavemente. El dedo medio se hunde levemente y alcanza sus labios menores que ya tienen un tacto aterciopelado. Marta sabiendo lo que se avecina, separa los pies lo máximo posible que le permite la elasticidad del pantalón. Me vuelvo a untar la mano de saliva, y esta vez sirve para mojarme bien el capullo.

Acto seguido me pongo justo detrás, doblo un poco las rodillas para encontrar el ángulo adecuado para que mi polla pueda encontrar la entrada de su coño. Aprieto, empujo y le meto toda la cabezota de mi polla entre sus carnes. Marta suspira, culea y espera que su cuerpo se adapte al pedazo de carne que le estoy metiendo. Esta postura mantiene sus carnes apretadas y el contacto es muy intenso. Hay que tomar el tiempo necesario...aunque yo hoy estoy tan excitado que me adelanto sin esperar me indique que ya está lista para recibir el resto.

Voy empujando, se la voy metiendo más y más hasta que mis bolas golpean contra sus nalgas. Es el momento de practicar un mete y saca intenso, vigoroso, sin pausa, ni descanso.

—Me estás dando muy duro... ¿qué tienes?, ¿qué sucede? Ay, ay...me duele— me dice alargando la mano hacia atrás como queriendo detener mi cabalgada contra sus nalgas.

—¿Qué creías... que ibas a ser tu la dueña?... mira... mira... ¿sientes como entra hasta el fondo?... esto te pasa por provocarme de la manera que lo haces...

Al oír sus quejas el caballo relincha, da varias patadas contra el suelo, sube y baja la cabeza con la boca enseñando los dientes, parece que sonríe. Cualquiera diría que el caballo se siente representado en mí y disfruta de los empujones que le vengo dando como si fuera el mismo quien lo hace.

Hacía mucho tiempo que yo no sentía este instinto tan intenso como ahora. Me dejo llevar como un animal en celo. Estoy empujando con unas ganas y una fuerza con las que apenas me reconozco.

Le doy tan duro que le arranco un gemido con cada empujón. Para ejercer un control total he juntado sus muñecas a la espalda y las he sujetado con fuerza, con la otra mano le agarro del pelo. Me sorprendo a mí mismo al mostrar esta faceta tan dominante, pero la calentura puede mucho más que mi cortesía.

Ella gime contestando a cada empujón, si en algún momento me detengo para tomar aire, ella culea moviendo las caderas en círculo como haciéndome ver, que a pesar de lo duro de mi cogida lo está disfrutando a tope.

—Si dame fuerte...así... aunque me duela... me gusta... me gusta sentirme tuya... dame todo lo fuerte que quieras, soy tuya y me haces sentir muy rico... sí… así... dame fuerte.

Desde un rincón oscuro que hay a nuestra espalda viene un ruido sospechoso… parece que hay alguien observándonos…hay otra entrada al establo por el otro costado. No me atrevo a interrumpir los continuos empujones y el mete y saca de mi polla en su coño que ahora está perfectamente lubrificado.

—No te muevas... deja que me corra... ya estoy a punto.... aghhhh... qué bueno...ya me viene— le digo mientras le doy los últimos empujones antes de correrme.

Si hay alguien mirando está claro que no se atreve a dar la cara y que posiblemente habrá disfrutado tanto como Marta y como yo. Hasta el caballo parece que ha saciado sus ganas de follar a su dueña, ahora se muestra mucho más sosegado.

De vuelta a la casa, mi amigo Carlos me pregunta por su hermana Marta, hace bastante rato que ha llegado su “novio”, este ha salido a buscarla, y ha regresado a la casa sin encontrarla. También D. José, el padre de Marta me pregunta por ella, quiere preguntarle algo sobre un viaje o algo así. Ufff, muchas personas pendientes de mi amiga, y quizás alguno de ellos ha presenciado la escena…aunque nadie revela sus cartas.

Deverano.

Para los lectores que siguen esta serie os diré que la escribo en tiempo presente para no utilizar tiempos pasados que son menos amigables al escribir, aunque las historias sucedieron hace ya varios años. Por eso yo ya sé lo que pasara en mi futuro.

Conocí a Luís Javier ese día y el que más adelante se convertiría en el novio primero y esposo después de Marta. Esas circunstancias me proporcionaron la mejor excusa posible para crear un triángulo amoroso muy especial, al principio a sus espaldas…luego con su pleno consentimiento… disfrutando plenamente de su condición de voyeur y de cornudo consentido.