Fantasía de una mujer casada... hecha realidad
Ella siempre soñó con ser tratada como un objeto de placer ajeno, pero nunca imaginó que su propio marido sería el primero en exigirle ese papel. Cuando Hernán cruza la puerta, la dinámica de su matrimonio se quiebra y se reconstruye bajo reglas nuevas, crudas y prohibidas.
Soy casada, tengo 37 años y hace menos de 6 meses que le comenté a mi marido una fantasía que tenía muy oculta. se trata de hacer el amor con otro hombre, pero con una cuota de humillación, o por decirlo claramente, hacer el amor como una puta barata, con todas las desviaciones que ese hombre quisiera.
Contrariamente a lo esperado, mi marido no se asustó, sino que por el contrario me alentó a que mi fantasía se convirtiera en realidad, lo que yo ni soñaba.
Lo primero que hicimos fue leer todas las publicaciones. luego hicimos contacto con dos hombres que elegimos, pero ellos no supieron entender mis deseos, o no supimos explicarlos. Eso me trajo mucha desilusión y casi dejó todas las esperanzas en el camino. Matías me alentó a intentarlo por última vez y allí se inició uno de los motivos de esta carta. antes de continuar el relato, quiero contar el cambio que sufrió mi marido con los primeros hombres que nos visitaron.
En esas oportunidades Matías se limitó a mirar, y apenas se marcharon se tiró sobre mí, como un lobo, y me chupó la concha sin dejarme lavar antes. como si esto fuera poco, mientras lo hacía me acosó a preguntas de esta naturaleza: Te gustó, ¿verdad? ¿lo sentiste acabar? mi amor, te llenaron la concha de leche, papito te la va a limpiar.
siempre fue muy bueno con la lengua, pero en esas ocasiones, no solo me hizo acabar con la chupada, sino que me dio un placer muy especial escucharlo, para ambos era una novedad lo que habíamos hecho, y por lo tanto pensé que su forma de comportarse era a causa de lo visto.
El día que llegó el tercer hombre a nuestra casa, llegó también la culminación de mis fantasías. Hernán tiene nuestra misma edad, y mientras está fuera de la cama es muy amable, pero ya entre las sábanas se convierte en una máquina de orgías, caprichos, e ideas pornográficas. desde la primera vez, Matías se encargó de hablar con los hombres y explicarles mis deseos. los dejé solos y me fui al dormitorio. al poco tiempo entraron ellos y me encontraron con el camisón que me ponía para esas fiestas. no tapa casi nada y es muy cortito.
No soy una super mujer, pero tengo lo mío. Las tetas son algo chicas, pero tienen la ventaja de tener unos pezones bastante largos y gruesos. Cuando me éxito se me ponen como piedra, y eso le gusta a los hombres.
Lo mejor está en mi trasero: lo tengo abundante y duro, la concha, antes de estas fiestas la tenía sin depilar, pero entre el gusto de Matías en la chupada, y la estética que quería mostrar, me hizo depilar.
De esta forma quedó solo con una pequeña tirita de pelos.
Matías ya se había quitado la ropa y solo tenía el slip. Hernán, contrariamente a todos los demás, no se había quitado la ropa y se acercó para abrazarme y besarme mientras me acariciaba todo el cuerpo, parecía un pulpo.
Tanto me metió mano en las tetas como en el culo, y también en la concha, me hizo quitar el camisón y dar la famosa vueltita de la tv, luego me dijo que lo desnudara.
Cuando le saqué el slip no digo que me asusté, pero me sorprendí. Tenía una pija no muy común. Matías es bastante bien armado, pero este hombre lo tira lejos.
Estaba agachada sobre él y me tomó del cabello y, sin violencia, pero con mucha firmeza, me dijo que se la chupara. Creo saber hacerlo y además me gusta, si a eso le sumamos que estaba caliente y que era una hermosa pija, tenemos como resultado que no tenía que pedirlo dos veces.
Estaba en lo mejor de la chupada cuando la empujó con fuerza y me hizo ahogar, intenté una protesta y eso bastó para que volviera a tomar mis cabellos y sujetara mi cabeza al mismo tiempo que empujaba.
Atorada por el tamaño le escuché decir:
- No te resistas, putita, chupala bien. tenes que tragártela toda.
Si no hubiera aflojado la presión, me ahogaba, apenas pude respirar cuando me la metió otra vez hasta la garganta, hice una arcada y me soltó. Tiró mi cabeza hacia atrás y sacudió su cabeza como si fuera un reproche.
- Te falta mucho para saber chupar una pija, vamos a ver si sabés chupar el culo.
Dicho esto me puso el culo frente a la cara, y mirando sobre su hombro me empujó la cabeza para que se lo chupara, esa era una de las cosas que no había podido hacer, pero no me dio tiempo a nada y me metió el culo contra la boca.
- Chupá, putita – decía – chupámelo bien que me encanta.
No sé cómo explicarlo, pero me sentí dominada, y a pesar de mi forma de pensar, casi tímidamente, le pasé la lengua por el culo.
Fue como si le hubiera dado un golpe de corriente, se sacudió y gimió, mientras se apretaba más contra mi cara.
Su placer, o excitación, se me transmitió, y me dediqué por entero a chuparlo, pues yo también había superado mi rechazo y empecé a tomarle gusto a la suavidad de ese agujerito que mi lengua horadaba. Se movió y gimió un poco más, y cuando más entusiasmada estaba, se separó y me levantó para llevarme a la cama. Me separó las piernas y las puso sobre sus hombros, luego metió su cabeza entre mis piernas y empezó a chuparme la concha, lo hizo de tal forma que me puso loca y muy pronto me hizo acabar.
Me dejó gozar de ese orgasmo, para luego subir sobre mí y llevar mis piernas hasta casi juntar mis pies con la cabeza. Sentí la pija en la concha y empujó, fue como si me metieran un caño, no me podía mover, y me quejé porque me dolía. Me cerró la boca con la suya y siguió empujando, no sé como se las arregló, pero sus manos se prendieron de mis tetas y las apretaron muy fuerte, el dolor aumentó y me quejé más fuerte, aunque tenía la boca tapada por la suya. Se separó un poco y comenzó a hablar.
- ¿Vos querías ser putita? entonces aguantá, las putas tienen que atender a sus clientes. ¿te duele? gritá, si te duele, pero tenés que comértela toda. Te voy a romper la concha, gozá guacha, gozá que te voy a acabar.
Las últimas palabras las acompañó con un empujón que me sepultó hasta los pelos la pija. No quiero mostrarme como una virgen, pero ya dije que Matías tiene un buen pedazo, y juro que esa pija me hizo gemir, la sentí tan adentro que parecía que me movía los intestinos. Pero los más desconocido e inexplicable para mí fue que a pesar del dolor que sentí, no solo logré acabar, sino que gocé de una forma muy diferente a lo que siempre gozaba.
Cuando nos acomodamos me dolía todo, las piernas parecían dormidas, las tetas me dolían
¡Y que les puedo decir de la concha! pero a pesar de todo eso me sentía muy especial.
El espectáculo había sido demasiado para mi marido, y por primera vez desde que nos visitaron hombres lo vi con la pija afuera y bien parada. Se me acercó y me dio un beso, mientras me preguntó si lo había pasado bien, le dije que si y siguió con los besos y me chupó las tetas. Casi entre dientes, me hizo la misma pregunta de siempre:
- ¿lo sentiste acabar? ¿te tiró mucha leche?
creo que Hernán lo escuchó, porque le dijo:
- ¿por qué no le chupás la concha? la tiene llena de leche.
Matías lo miró y con una sonrisa bajó y se metió entre mis piernas. Hernán me acarició las tetas y poniendo su pija muy cerca de Matías le dijo:
- chupámela un poco, la tengo llena de leche de tu mujer.
Me quise morir al escuchar esa propuesta. Pensé que Matías se ofendería y todo se terminaría allí. Pero cuando vi a mi marido meterse la pija de Hernán en la boca, ya no entendí más nada.
La chupó un buen rato, y ese gesto de Matías comenzó a calentar mi sangre. Hernán lo apartó y le dijo que me la chupara a mi, pero cuando Matías se metió entre mis piernas, Hernán le dijo que se pusiera en 69.
Matías parecía un chico obediente. sin replicar hizo lo que le decía y me puso la pija frente a la boca. sin que nadie me lo ordenara empecé a chupársela y Matías me correspondió haciéndolo en mi concha.
No recuerdo si fue poco o mucho el tiempo que estuvimos chupándonos con mi marido, pero Hernán hizo algo que me causó tal sorpresa que logró que mi marido casi me ahogara con la descarga de su leche. Hernán se puso detrás de mi y vi como su pija frotaba el culo de mi marido y lo presionaba para metérsela. Contra todo lo esperado, Matías gimió, y dando muestras de que le gustaba movió el culo ante esa pija. Creo que Hernán no la pudo meter porque Matías acabó antes, llenándome la boca de leche, sino, se la hubiera enterrado.
Que yo fuera puta o quisiera tener una encamada con un hombre, se podía entender. pero que mi marido fuera puto era algo que no comprendía. En los 16 años de casados nunca había demostrado cosa parecida.
Me tragué la leche que tenía en la boca, y por primera vez no gocé con ello, mi desconcierto era evidente, por lo menos para Hernán, porque dijo, muy cerca de mi oído:
- No te asombres, hay muchos hombres a los que les gusta eso. Dejalo gozar tranquilo.
No quería arruinarme la noche y no dije nada, pero pensé en hablar con Matías.
Nos tomamos un descanso que sirvió para calmarnos un poco. Hernán retomó las riendas y como si fuera el dueño de casa me dijo que le preparara café, me quise poner el camisón, pero con una sonrisa que no ocultaba la firmeza de sus palabras, dijo:
- No, nena, andá en bolas, queremos ver cómo te movés.
Se quedaron ellos en la cama, y a mi regreso recibí la sorpresa número un millón, había tardado en lavarme y preparar el café no más de 15 minutos, pero ese tiempo bastó para que Matías fuera subyugado por Hernán, me lo encontré chupándole la pija con las mismas ganas que si fuera mi concha, casi se me cae la bandeja con las tazas, y me quedé dura mirándolos. Hernán me vio y me llamó.
- Vení, mi amor, ayudalo a tu marido.
Matías solo giró la cabeza sin soltar la pija, y asintió con un gesto. No puedo explicarme bien, pero poco a poco sentí que me excitaba, dejé la bandeja y me acerqué, me incliné junto a Matías y entonces él soltó la pija y me besó en la boca mientras me pasó el brazo sobre los hombros. La pija de Hernán estaba parada y brillante por la saliva, la mano de mi marido se metió entre mis nalgas y jugó en mi culo, luego siguió el camino hacia mi concha. Allí, lo que había sido una incipiente calentura se transformó en un volcán.
No encontré mejor forma de calmarme que chupar esa pija que tenía delante. Matías buscó poder intervenir y lamió las pelotas de Hernán, y también el tronco que yo no podía abarcar. Hernán nos acarició la cabeza y con unos profundos gemidos dijo:
- Así, mis putitas, chúpenme bien, háganme acabar.
Todos estábamos envueltos en esa orgía divina, y muy en especial mi marido y yo. Ambos nos disputábamos o nos turnábamos en chupar esa pija. Cuando acabó, Matías era quién la tenía en la boca.
No sé si fue Hernán quién se retiró un poco o si fue Matías quién lo hizo, pero lo cierto fue que unos chorros de leche le pegaron en la cara. Como si estuviéramos de acuerdo, ambos nos inclinamos y limpiamos las gotas que caían, luego mi marido me agarró y me besó con tanta fuerza y amor, que me parecía estar en los años de novios.
No quedó ni rastro de la leche que ambos teníamos en el rostro, y muy contentos quedamos abrazados a los pies del hombre causante de nuestro despegue sexual.
Mi orgullo de mujer no se resintió al ver, o saber, que mi marido era o puto, o bisexual. El placer o goce que habíamos disfrutado era demasiado grande para pensar en pequeñeces.
El muchacho estaba cansado, pero por su causa nosotros estábamos muy calientes, entonces me pusieron entre ellos y empezaron a chuparme las tetas, ya no podía más de la calentura cuando Hernán le dijo a Matías que me cogiera.
Mi marido me metió la pija y entré a gozar como loca. Hernán me decía al oído que era una putita divina y que me iban a coger hasta dejarme muerta y todo eso me ponía más y más caliente.
En cierto momento se puso a caballo sobre mi cara, de frente a Matías. Su culo quedó frente a mi boca, y esta vez no tuvo que pedir que se lo chupara, lo hice sola, sentí como metía su pija caída entre mis tetas, y todo fue un delirio.
Mi lengua trabajó a destajo, y él movía el culo enloquecido.
Sentí lo que supuse era la lengua de Matías entre mis tetas, y supongo que también chupó la pija de Hernán.
Acabamos a los gritos en un polvo terrorífico, quedamos jadeando, pero increíblemente felices.
Hernán era el único que no había acabado. giró su cuerpo, y esta vez me puso la pija en la boca, me tomó la cabeza y comenzó a decir:
- ¡Chupala, putita, chupala que quiero acabarte en la boca!
Aunque lo supe después, Matías no se quedó quieto, su lengua entró a trabajar en el culo de Hernán, y ante ese influjo y mi mamada, logramos que descargara la poquita leche que le quedaba.
Luego, sin fuerzas para nada más, nos dormimos casi diez horas de corrido.
En los cuatro sábados siguientes nos visitó y puso al descubierto unas inclinaciones que ni mi marido ni yo nos atrevíamos a practicar, o reconocer que nos gustaban. Sin ser abusivo, se hizo dueño de la situación y nos mostró las muchas formas que hay para dar y recibir placer. Se convirtió en nuestro guía sexual. Aprendí así a tragar la pija forzando mi garganta y la tráquea.
Me hizo ponerme sobre él y ensartarme sola, regulando la penetración. Me acabó entre las tetas y en la cara, e hizo que Matías, mientras me cogía, chupara toda su leche. Me pone en cuatro patas y mientras hacemos un 69 con Matías, tanto me la mete en la concha como en el culo. El día que me hizo el culo me hizo ver las estrellas, pero también deliré de placer.
Entre los dos me chupan el culo y la concha al mismo tiempo, dejándome loca. Nosotros también lo chupamos los dos a la vez.
El día que me la pusieron los dos al mismo tiempo, casi me matan, pero acabé como nunca. Y esto no es todo.
Un sábado, Matías estaba muy caliente porque un rato antes Hernán había inventado, o practicado una nueva pose, me habían puesto boca arriba, y él se puso en un 69. Hernán me tenía las piernas muy levantadas y me la metía por la concha y por el culo. No había dudas que de esta forma, cuando me la metía por el culo, me hacía gemir, porque entraba más que cuando estaba en cuatro patas. De pronto mi marido dijo que sería divino tener esa pija en el culo. Sus palabras picaron a Hernán y se esmeró en hacerme acabar, pero él no lo hizo, lo sé porque ya conocía sus gestos y gritos cuando lo hacía.
Con su pija endurecida me puso a un costado y lo invitó a Matías a probarla. Sin muchas dudas le dijo que sí, pero le pidió que fuera suave. No quise averiguarlo, pero ahora tengo las dudas, si Matías no lo había hecho antes. Esto lo digo porque si bien se quejó, no lo hizo en el tono que era de esperar con una pija como esa, pero continuando con ese momento, Hernán nos hizo poner en un 69, con Matías sobre mí. luego él se inclinó y le chupó el culo a Matías, y después le afirmó la pija y empezó a metérsela.
Mi marido gimió, pero a medida que le entraba, se sacudía y se lo sentía gozar, llegó un momento en que se olvidó de chuparme la concha, y solo se dedicó a gozar con ganas.
Verlo tan entregado y gozando tanto, me produjo un raro placer. Tenía su pija en mi boca y veía en primera fila como le entraba y salía la pija de Hernán. Cuando llegó la culminación, Hernán se la metió hasta el fondo y él gimió más fuerte, pero casi enseguida me descargó una cantidad increíble de leche.
Los dos quedaron con la respiración agitada por un rato, la más desamparada era yo, que sentía arder mi concha de la calentura, como ninguno de ellos se preocupó por mí, me subí sobre la cara de Hernán y le puse la concha en la boca.
En el tiempo en que llevamos juntos con Hernán, Matías en la semana me coge con muchas más ganas que antes. El aliciente es pensar en lo que hicimos el sábado anterior, y ambos nos calentamos al máximo.
Pero si yo estoy super contenta, mi marido no se queda atrás, en la última visita de Hernán nos tiró una idea, o por decirlo de otra forma, le tiró la idea a Matías, y ahora mi marido está fantaseando con ella. Creo que en cualquier momento le dice que lo hará. Se trata de traer a otro muchacho, y entre ambos darle a mi marido, mientras uno lo coge, el otro se haría chupar la pija. Para hacer completa la fiesta Hernán dijo que, si yo quería, podrían darme uno por delante, otro por atrás y el tercero por la boca. No quiero dar el primer paso, paro si Matías acepta, yo no diré que no.
FIN
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