Nadia, la sucesora de Dana
Nadia sabía que Dana lo había tenido, pero no esperaba que el hombre estuviera parado frente a su escritorio. Con la oficina vacía y las cortinas cerradas, la joven asistente decide que la teoría práctica es mejor que la observación.
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero el relato de hoy (muy fresquito) tiene a una jovencita por protagonista.
Este relato bien podría encuadrarse en cualquiera de dos categorías: Sexo con maduros (por la edad mía) o bien Hetero general (por razones obvias).
Como les comenté en mis últimos relatos Dana era mi asesora legal, pero tras separarse de Quique (su pareja) pensaba radicarse en Salta, dejando a Nadia (su ayudante) a cargo del estudio durante el tiempo que demorase en completar su radicación. Seguiría a cargo del estudio supervisando la labor de Nadia a distancia, al menos por un año más.
Habían pasado apenas diez días de la partida de Dana, cuando recibí una llamada del estudio citándome a completar la documentación que habíamos iniciado. La citación era para las 16 horas, por demás extraño para ser en el mes de Diciembre, ya que a esa hora el calor era sencillamente insoportable, típico del verano de esta zona del país.
Las calles apenas si tenían movimiento y mucho menos aquel edificio céntrico, llegué en el horario acordado. Toqué el portero para anunciarme y se activó la apertura de la puerta de acceso.
Subí al ascensor que me transportó hasta el 6to piso, dejándome a las puertas de las oficinas. En cuanto salí de él, se abrió la puerta del despacho donde me esperaba Nadia. Ahí estaba ella, junto a la puerta, con una camisa clara (con dos botones abiertos en la parte superior) que transparentaba un corpiño de color blanco y una pollera bastante corta de color negra un tanto ajustada.
Perdón pero omití un detalle, describir a Nadia. Tendría unos 26 años, cabello corto castaño hasta los hombros, estatura mediana (quizá 1,68), ojos claros y un físico proporcionado, tal vez se podría decir que rellenita sin ser gorda: un buen par de pechos, cintura anchita y una cola de buenas medidas, llamativa pero no en exceso.
Nadia: buenas tardes Alejo, disculpá el horario pero en 5 días los tribunales entran en receso y tengo que presentar tu documentación antes que eso suceda. Pasá, ponete cómodo.
Alejo: gracias, no es el mejor horario pero hay que aceptar lo que toca.
En la oficina, el aire acondicionado refrescaba el ambiente que estaba casi en penumbras, ya que el sol castigaba a pleno los ventanales y por ello las cortinas estaba casi cerradas. Cerró la puerta con llave y sentándose frente a mí y desplegó documentación que extrajo de una carpeta.
Nadia: podés leer cada una de las hojas para corroborar los datos y necesito que firmes al pie de las últimas de cada legajo.
Así lo hice, demorando quizá unos 20 minutos. Revisó que lo hubiese hecho correctamente y volvió a guardar todo.
Nadia: tengo que agradecerte lo que hiciste por Dana, estaba muy molesta por lo sucedido y entiendo que tu apoyo y conocimientos laborales la ayudaron a salir de un momento complicado.
Alejo: lo laboral seguirá estando a tu disposición, si es que lo necesitas. En cuanto a lo personal, habiendo una relación de tantos años, creo que es lo que correspondía.
Nadia: seguramente que sí, ojalá podamos llegar a tener una relación similar ya que ella se fue hablando muy bien de vos, se la notaba… como decir… satisfecha y feliz
Debo reconocer que quedé algo sorprendido por las expresiones de Nadia. ¿Le habría comentado algo Dana de lo que pasó entre viernes y sábado antes de su partida? La miré tratando de descubrir en sus ojos si había algún destello que la pusiese en evidencia. Como toda abogada sabía manejar muy bien sus expresiones pero su rostro sonriente al hablar demostraba que algún comentario hubo entre ambas.
Nadia: yo no suelo llevar trabajo de la oficina a casa, quizá por ello paso más tiempo aquí que allá. Mi departamento es mi refugio y cable a tierra, donde me libero de tensiones y obviamente no utilizo estos trajes de oficina. En eso nos diferenciamos con Dana, pero ella me ha dado libertades para manejarme aquí y dar citas hasta horarios en los que ella jamás estaría.
Alejo: me parece correcto, el trabajo inicia y termina en la oficina.
Nadia: atiendo al público hasta las 14, luego me quedo a resolver temas para el día siguiente, despojada de la formalidad.
Alejo: entonces estoy ocupando un horario que no corresponde a tu función.
Nadia: para nada, sabía que nuestra charla pasaría de lo profesional a informal y por eso te cité a esta hora. Necesito que hablemos sobre Dana y su problema. ¿Te puedo ofrecer un café?
Alejo: te agradezco pero no, el calor es demasiado. Te escucho: ¿qué querés saber?
Nadia: la razón de la separación es clara, una infidelidad evidente de parte de su pareja que además lo confesó. Por eso la resolución tan rápida de la ruptura
Alejo: entiendo que sí
Nadia: pero también sé que ella tuvo sus “cosas” – dijo separándose del escritorio y cruzando sus piernas. – No me lo dijo abiertamente, pero lo intuyo por las llamadas que recibía y el tono de las mismas.
Definitivamente Nadia estaba buscando información sobre su jefa, más de la vida privada que de la laboral, esto empezaba a parecerse a un programa de chismerío barato de la televisión.
Alejo: hablar de esos temas sería traicionar su confianza, prefiero no tocar esos puntos.
Nadia: vamos Alejo, yo no voy a decirle nada, solo quiero saber un poco más.
Alejo: estás tratando de obtener datos de la persona equivocada.
Nadia: ¿estás seguro? Podría asegurar que vos sos una de sus “cosas”. El domingo que ella viajó a Salta, estuve en su casa, me llamó el sábado a las 23 horas. Dijo que habías estado el sábado ahí y cuando fui a ayudarla a sacar las valijas del placard de su pieza, la cama estaba deshecha y tenía rastros en las sábanas… Es un tanto descuidada en los detalles, fui yo quien las quitó y puse en el lavarropas. Había manchas amarillas y el olor era inconfundible, no soy ingenua.
Definitivamente Nadia era demasiado perceptiva y Dana descuidada, habíamos quedado expuestos a los ojos de ella. Se aproximó al escritorio, se acodó al mismo y su camisa dejó ver el canalillo entre sus pechos que tenían pequeñas gotitas de sudor.
Nadia: si estuviste todo el día allí, cosa que ella me confirmó, ya que me llamó sobre las 23, obviamente trabajaste en las máquinas y en algo más.
Alejo: está bien, tenés razón, estuve allí, en ambos lugares: estudio y habitación.
Nadia: lo sabía… era evidente que había tenido acción en la cama. Además se la notaba radiante, como hacía tiempo no la veía. Debés haber cumplido con sus expectativas, es una mujer atractiva y te diría que hasta muy fogosa, a juzgar por el desorden de la cama.
Alejo: no pienso decirte más, ya sabés lo que querías, espero sepas guardar silencio.
Corrió la silla y empezó a rodear el escritorio con lo que supuse que nuestra charla había terminado, me puse de pie y me aproximé para saludarla y retirarme.
Nadia: ¿estás apurado? Pretendo tomar una muestra de lo que deleitó a mi jefa.
Alejo: estás yendo muy lejos Nadia, apenas te conozco
Se plantó a escasos 30 centímetros de mí y lentamente comenzó a desprender su camisa, dejando su corpiño al aire, llevó sus manos a su espalda y noté como bajaba el cierre de la pollera que lentamente comenzó a caer hasta dejarla en bragas, blancas, pequeñas con un triángulo al frente que se ensombrecía por su vello púbico. Dio un paso más y se liberó totalmente de la pollera que quedó en el suelo junto a sus sandalias,
Nadia: no tengo las tetas operadas de ella, las mías son más chicas pero naturales. Mi culo es más redondo y chico, y mi conchita mojada tiene tanta hambre como la de Dana. Mostrame que tanto puede hacer un hombre con experiencia como vos, a tu edad sabrás mucho más que los pendejos de mi edad.
Tenía razón, las tetas eran más pequeñas, pero detrás de ese corpiño parecían estallar, la cola era mucho más firme y el aroma que desprendía su piel era suave y dulce. Puse una mano en su pecho y busqué sus labios. Estaba jugado, quien sabe que haría esa minita si no hacía algo para calmarla. Abrió la boca y me dejo hacer, un beso profundo mientras una de mis manos jugaba con su teta y la otra apretaba ese culo ofrecido tan fácilmente. Me rodeo el cuello con sus brazos y se abandonó a lo que yo pudiese hacer con su cuerpo. Retiró sus labios y me ofreció su cuello, mi mano dejó su teta para ir a su espalda y desprender el corpiño, mientras seguía recorriendo de manera descendente su cuerpo, quité el corpiño y pude dedicarme a chupar esas tetas duras que se coronaban don pezones gruesos y una aureola marrón de gran tamaño.
Nadia: si papi, chupamelas, apretame el culito y llévame al sillón que quiero estar cómoda.
La levanté en el aire, calzando sus piernas alrededor de mi cintura y caminando la llevé al sillón, la dejé allí y ella se dedicó a desprender mi pantalón, bajarlo y liberar mi verga que comenzaba a despertarse.
Nadia: no es lo que esperaba, pero supongo que sabrá hacer bien su trabajo esa herramienta. A ver si la llevamos más arriba – dijo antes de comenzar a chuparla.
Evidentemente no era tal hábil como Dana, pero se esforzaba en buscar que lograse el mayor tamaño. Levantó su mirada y comenzó a mover su boca más rápidamente, con torpeza, casi mordiéndome cada vez que llegaba a lo más profundo.
Alejo: Nadia, tenés que aprender un poco más, no hay que morder, sólo chupar con más fuerza
Nadia: así me gusta hacerlo – dijo retirándola por completo - ¿ellá chupa mejor?
Alejo: tiene más experiencia
Nadia: ¿a ver? Mostrame como se chupa, enseñame con mi concha
Le quité la braga, coloqué una de sus piernas en el respaldo y dejé la otra pierna apoyada en la alfombra, bien abierta, podía ver como brillaba la entrepierna y sus vellos prolijamente recortados, sin duda estaba muy caliente y necesitada. Me ubique frente a ella y llevé la punta de la lengua a la apertura de sus labios, recorriéndolos hacia arriba fui abriéndolos hasta llegar a su clítoris que sobresalía producto de la excitación. Bastaron 5 o 6 recorridos de abajo hacia arriba para que se aferrara firmemente al sillón y tensara su cuerpo al máximo, tal era su calentura que llegó al orgasmo casi de inmediato.
Alejo: estoy en presencia de la pistolera más rápida de la ciudad – dije riéndome de lo pronto que llegó al orgasmo
Nadia: no te equivoques, tengo varias balas en la recámara, el primer disparo solo es para asegurar a la presa
Giró su cuerpo sobre el sillón, acomodándose en posición perrito, dejando bien abiertas las piernas, ofreciendo sus labios vaginales perlados por sus flujos y el agujero de su culito en primer plano. Se lo veía prieto y por extraño que parezca muy limpio para esa hora del día.
Nadia: vamos, vení por la segunda bala, quiero saber si esa lengua tiene aguante, porque esta conchita sigue hambrienta, y ni te cuento mi culito
Me aproximé desde atrás y volví a recorrer sus labios tanto como la posición me lo permitía, costaba llegar al clítoris pero dejaba servido es culito estrecho. Me detuve cerca de él, pudiendo sentir el aroma a jabón, evidentemente tenía todo planeado, se había higienizado antes de que llegase para tentarme. Ahora el recorrido iniciaba en sus labios y se prolongaba hasta intentar hundirse en ese pequeño orificio, cada lengüetazo culminaba llenando de saliva ese culito e intentaba iniciar un ingreso a él.
Nadia: así papi, así me gusta, chúpame la concha y el culito – gemía mientras con una de sus manos acariciaba el clítoris y se perdía dentro de su concha jugosa. Mordía el apoyabrazos del sillón cuando su cuerpo comenzaba a tensarse y retiraba levemente su cuerpo para prolongar el segundo asalto. Habiendo llenado de saliva su agujero deslicé un dedo en su interior, despacio, hasta que casi mi mano hizo tope con sus cachetes. Gimió profundamente y me retuvo dentro de él. Supe que era el momento, y sin mediar palabra reemplacé mi lengua por la verga, tan profundo como pude. Sentí como las paredes de su vagina me oprimían, reteniéndome dentro.
Nadia: qué lindo sentirte adentro, bombea, dame varga, pero no se te ocurra acabar adentro
Alejo: ¿por qué no? ¿no es lo que querías?
Nadia: quiero que me garches, pero la leche la quiero en el culo.
Habremos estado así casi 15 minutos, bombazos en la concha y dedo enterrado en el culo, hasta que estuve a punto de estallar, se la saqué rápidamente y exploté llenando su cola de leche. Con el dedo la empuje dentro de ella, tanto como pude.
Nadia: uff, que buen polvo… hacés caso y sabés como lograr que llegue al orgasmo, fueron tres acabadas geniales. No me quiero imaginar lo que harías una noche completa en una cama, serías capaz de satisfacerme en cada uno de mis deseos.
Alejo: Si sabés disfrutar con tiempo y tranquilidad, podrías gastar varios de los cartuchos que tenés en tu arma.
Nadia: soy muy ardiente, te diría que bastante putita si me saben complacer. Está en vos saber seguir el ritmo o manejarlo.
Alejo: creo que vamos a tener que encontrarnos varias veces para que logremos esa mecánica.
Nadia: soy capaz de llevarme trabajo a casa, pero sólo por una única vez, me gustan los pendejos que garchan todo un día sin descansos extensos, pero podría hacer una excepción si un madurito me da clases para saber cómo exprimir a los pendejos.
Empezando a vestirme nuevamente, la miré allí, desnuda, cubierta de leche y tentándome a darle una buena dosis de experiencia, la doblaba en edad, pero era una tentación demasiado grande.
Alejo: lleguemos a un acuerdo, año nuevo, polvo nuevo. En tus vacaciones laborales de enero, coordinamos y me invitas a conocer tu departamento. Eso sí, a cambio de las clases me entregas ese culito apretado.
Nadia: era algo que pretendía de tu parte. Sé que Dana te lo entregó, y si ella estuvo de acuerdo, será porque sabés como hacerlo. Es un trato.
Se levantó del sillón, se aproximó y sellamos nuestro trato con un beso húmedo y profundo. Dejé que una de mis manos se perdiera en su conchita y dos de mis dedos se enterraran en ella. Dio un pequeño respingo, y supo que habría mucha más acción, pero esa será otra entrega de esta historia.
Espero les haya agradado y espero sus comentarios.
Saludos.
Alejo Sallago – [email protected]
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