Xtories

Vendí mi cuerpo para pagar mi título universitario

Con el título universitario en la mira y el dinero escaso, la necesidad la empuja a cruzar un límite que nunca imaginó. Lo que empieza como un acuerdo económico se transforma en una noche de motel donde su novio tradicional queda atrás y su sumisión despierta.

MissBetty33K vistas9.6· 22 votos

Saludos, amigos y amigas lectores de esta bella página. Después de leer tantos relatos me he animado a contarles una parte de mi vida, que por el título y descripción supongo ya se imaginarán de qué se trata. Para cuestiones de esta historia usaré el nombre de Betty, pero les cuento que tengo 33 años, soy maestra de primaria en algún lugar de México. Mido 1.57 y peso al rededor de 50 kg. Cuido mucho lo que como porque puedo subir de peso con cierta facilidad, y la economía no está para comprar ropa a cada rato ¿verdad? jeje. Me gusta mucho ir al gym y a la zumba, voy siempre que puedo, sobre todo para mantener mi energía y salud. Soy de piel clara, sin llegar a ser realmente blanca, y muchos hombres me dicen que soy muy linda, y yo siento que lo soy también. Mi historia empieza por allá del 2015, cuando estaba cerca de salir de la universidad, y tenía que pagar mi título, pero no tenía cómo hacerlo. Siempre quise ser maestra, y eventualmente lo logré, pero sabía que sin título jamás lo lograría. Verán, mis padres están separados desde que mi hermano mayor y yo somos pequeños, y mi mamá siempre nos llevó a los dos a ser independientes económicamente, o sea, no nos daba dinero. Apenas y nos daba de comer. Mi hermano se fue de la casa poco antes de que yo entrara a la universidad, y yo misma me fui de la casa a rentar un cuartito cuando mi mamá empezó de novia con un señor y casi me corrió de la casa, porque no le gustaba tenerme ahí cerca de ellos, cuando yo apenas tenía 18 años.

En fin, tuve que trabajar de muchas formas para mantenerme, y mi papá me apoyaba más o menos pero pues él tiene otra familia, y tampoco podía darme tanto. Mi hermano apenas y podía mantenerse solo, hasta la fecha, pero yo salía adelante día a día. Fui edecán, y no me da pena decirlo, también trabajé en negocios pequeños, y hasta le daba clases de inglés y otras materias a vecinos e hijos y conocidos de parientes. De boca en boca me fueron conociendo personas hasta que tuve varios niños a los que ayudaba, en sus materias, y así me ganaba un dinero y de paso practicaba mis habilidades para la docencia a la que aspiraba. Los fines de semana era cuando más trabajaba, que era cuando tenía más tiempo libre. En aquel entonces mi novio, que tuve desde los 16 hasta los 25, me apoyaba también en lo que podía. Cuando pudimos nos fuimos a rentar juntos, pero esa es otra historia. Con tanto trabajo y escuela llegó el tiempo de graduarme, y no podía creer lo lejos que llegué, sufriendo tanto, pero cuando me enteré de cuánto costaba el título y la cédula profesional pegué el grito en el cielo, porque eran, entre las dos cosas, unos 13 o 14 mil pesos mexicanos, hace 8 o 9 años. Yo vivía casi al día, tenía ahorrados quizás 5 mil pesos, y no sabía qué iba a hacer, aparte de la graduación en sí, la cena, que me iban a pagar entre mi papá y mi novio, pero no todo, que eran comos 10 mil pesos, empecé a sentir que el mundo se me cerraba.

En aquél entonces yo ya recibía algunas ofertas de hombres, que me parecían desagradables, pero la necesidad me empezó a llevar a considerarlas. Hombres me escribían por redes para invitarme a salir, y cosas así, pero yo estaba tan estresada que los ignoraba completamente, pero un día por aburrimiento empecé a responderles a algunos, haciéndome la ofendida, a sus propuestas, más que nada para ver su reacción, pero sobre todo para observar si alguno no era un conocido de mi novio que estuviera poniéndome a prueba para acusarme. La culpa me llevó a bloquearlos a todos, pues la idea de serle infiel a mi novio me causaba un sentimiento con el que no podía lidiar, no podía ni concebirlo, hasta que llegó don Javier. Javier era un señor que me llevaba a su hija menor a clases particulares de inglés, y era un señor, la verdad no tan guapo, pero tenía cierto aire de autoridad que hasta intimidaba un poco, más a alguien como yo, que soy muy sumisa a veces. Javier en aquél entonces tenía como 45 años quizás, mientras yo rondaba los 21, casi 22. Él siempre, siempre me chuleaba, tanto que a veces su hija le decía que lo iba a acusar con su mamá jaja. Yo no le daba importancia. Estaba acostumbrada al acoso de los hombres, en la calle, el camión, etc. Pero una vez, quizás viéndome estresada o preocupada, Javier me preguntó que si me pasaba algo, y se me salió comentarle mi situación. Él sólo dijo "Ay Betty, una chica tan guapa como tú, con el cuerpo que tienes, de lo último que debería preocuparse es del dinero, debe haber cientos de hombres dispuestos a darte todo, o a poco tu novio no te ayuda?".

Le dije que mi novio era jefe de meseros en una cafetería, que ganaba bien pero pues tampoco eran millones. Javier subió a su hija a su camioneta, una Ford muy bonita, roja, le prendió el clima a la niña y la dejó ahí para hablar un poco conmigo. Me dijo que mi novio era un pobre diablo, y que debía buscarme un proveedor de verdad, que si él no fuera casado él me daba todo, título, me compraba la plaza, me ponía un buen departamento, o lo que yo quisiera. Le dije que los hombres así no sobran en el mundo. Quizás me estaba endulzando el oído, y sé que hice mal, sé que es culpa mía haberle dado entrada, pero mi desesperación era tan grande, que los años con mi novio dejaron de pesar tanto, pero yo sabía bien hacia dónde estaba queriendo llevar la conversación y le seguí el juego, aunque debí mandarlo a volar, debí ponerle un alto, pero no lo hice. Me dijo que él, aún siendo casado, podía ayudarme, si tan sólo yo "cooperaba" también. Le dije "pero tengo novio", y él respondió, "y yo esposa, nadie tiene que enterarse, o sí?". "Lo voy a pensar", le dije. Él me dijo que estaba bien. Me abrazó, me dio un beso en la mejilla demasiado cerca de la boca, y me dijo "Ah, no te hemos pagado esta semana verdad?" y sacó su cartera cargada de billetes, más dinero del que yo había visto en mi vida, y me dio mil pesos, cuando me daban 300 a la semana. Le dije que era más, pero me dijo que así lo dejara, que era para que pensara bien las cosas. Me guiñó el ojo y se fue.

La cabeza me daba mil vueltas. Mi novio quería verme pero le di muchos pretextos para no verlo, me sentía demasiado culpable. Pero a los dos días Javier me empezó a preguntar por Whatsapp que qué había pensado, y al principio traté de ignorarlo, pero no tardé en preguntarle detalles sobre su oferta. Me dijo que para empezar podía mandarle fotos provocativas mías, a cambio de más dinero. Pensé que quizás solamente con las fotos sería suficiente, que quizás no tendría que llegar más lejos, y con lo que le sacara sería suficiente para apoyarme y solvetar los gastos que venían. Pero sólo me engañé a mí misma. Empecé a mandarle fotos explícitas, en ropa interior al principio, y él me depositaba, $500, o algo así, pero me prometía más dinero si enseñaba más. Al poco tiempo empecé a mandarle fotos desnuda, y videos. Los depósitos aumentaron, hasta $1000. Sin darme cuenta, me estaba gustando, hasta compré ropa sexy con ese mismo dinero para seguirle enviando más fotos. Pero eso sólo me hizo empezar a descontrolarme, con ese poco dinero extra quise empezar a darme gustos que llevaba toda mi vida esperando, cosas tan simples como comprar zapatos por gusto y no por necesidad. Así seguí, hasta que vi que me faltaban 5 mil pesos, y se lo comenté a Javier, él me dijo que podía dármelo todo, pero tendría que darle por lo menos dos noches de sexo, que las fotos y videos ya no eran suficientes. Sentía que el corazón se me salía del pecho, pero estaba a punto de lograr mi objetivo, era demasiado tarde para darme por vencida, así que acepté, pues pensé que sería rápido y simple, y que lo olvidaría pronto, pero no tenía idea de lo que me estaba metiendo, estaban a punto de enseñarme lo que era tratarme como a una puta, y el vicio en el que se convertiría para mí.

Un día casi a media noche Javier pasó por mí, y me llevó a un motel a las afueras de la ciudad. A pesar de que mi novio y yo ya llevábamos como 4 o 5 años para ese entonces, el sexo era completamente tradicional, nada del otro mundo. Yo misma veía al sexo simplemente como una transacción, es decir, algo que se cumple, un trámite. Sí, me gustaba la intimidad que eso llevaba, pero era más una cuestión romántica que algo carnal. Pero en ese momento no íbamos a realizar un acto romántico, el hombre que me estaba llevando al motel me veía como un objeto sexual, no como alguien a quien ama. En el transcurso del carro yo iba en silencio, sentía que el corazón me estallaba, y estuve a punto de echarme para atrás, pero era demasiado tarde. Apenas podía aguantarme las ganas de llorar, por la culpa de la traición hacia mi novio, pero al final de cuentas mi ambición era más grande, y mi meta desde niña estaba en juego, por mi propia cuenta me tomaría años pagar ese título, y si quería progresar necesitaba obtenerlo para poder acercarme a mi sueño que era tener mi plaza de maestra. Me aguanté lo más que pude, y cuando me di cuenta ya estábamos en el cuarto del motel. Apenas y recordaba los casi 40 minutos que recorrimos, pero sí recordaba que Javier me acariciaba las piernas, y me decía lo rico que olía, y lo guapa que me veía.

Al llegar me pidió que me desnudara, lo cual hice con mucha pena. Él se desnudó también. En ese entonces él medía como 1.74, y pesaba unos 72 kg, yo le calculo. Era de piel más o menos oscura, de barba, cabello corto, y como les dije, no tan guapo, pero con cierta aura, presencia, que impactaba. Ahí fue cuando noté que su miembro era un poco más grande de lo que yo anticipaba. Durante los días antes me consolaba a mí misma pensando que, quizás era un "pito chico", que no duraba nada en la cama, y que las dos noches que le prometí durarían poco. Incluso pensé que, podía coger con él solo una noche, aceptarle la mitad del pago, y ya el resto conseguirlo de otra forma, pero mis planes quedaron por el suelo después de esa primera noche. Me pidió que me acostara, y lo obedecí. Se arrodilló a la orilla de la cama, y empezó a darme sexo oral, en mi recién depilada vagina. No podía creer el placer que me estaba causando. La cabeza me daba vueltas, para empezar por la carga emocional que ya traía, pero mis preocupaciones empezaron a ser convertidas en placer, y en pensamientos lujuriosos, al compás de su lengua y labios jugando con mi sexo. El cuarto que pidió Javier tenía espejo en el techo, y yo sólo observaba a ese hombre ajeno, mamando mi apretado sexo, que poco a poco empezaba a manar sus jugos, traicionando lo que dictaba mi corazón. Poco a poco mis deseos me irían convirtiendo en algo que yo jamás creí tener dentro de mí.

En mi casa me educaron de otra manera, cómo era posible que pudiera estar yo disfrutando tanto del sexo oral que ese hombre, casado, 20 y tantos años mayor que yo, me estaba haciendo? Primero cerré fuerte los ojos, y me mordí los labios. Tapé mi boca, para ahogar los gemidos de placer que naturalmente querían salir de mi interior. Creo que mis gemidos ahogados comenzaron a excitarlo, porque subió poco a poco la intensidad de sus lamidas. Él gemía un poco, y hacía sonidos que francamente nunca había escuchado, ni con mi novio, ni con el primer novio que tuve, con el que perdí la virginidad, o bueno, el segundo novio que tuve, el primero fue en la secundaria, pero nunca tuve sexo con él. Poco a poco abrí los ojos, y mi boca, y dejé que mis gemidos se escucharan. Él me felicitó, diciéndome que me dejara llevar. Poco a poco me relajé. Me vi a mí misma en el espejo, y sin darme cuenta empecé a jugar con mis pechos, que son un poco grandes, copa D. La excitación se apoderaba de mí, y a los pocos segundos un placer inmenso me inundó, y empecé a sentir un orgasmo como pocos había tenido. Gemí y gemí, todo mi cuerpo se estremecía, mientras Javier seguía mamando mi hoyito. Yo aprisioné su cabeza con mis piernas, pero él no se detenía, yo gritaba, y él seguía. Poco a poco me calmé, él acariciaba mis piernas con sus manos mientras yo jadeaba en la cama. Cuando vio que me calmé un poco me dijo que qué me había parecido. Con el aliento cortado le dije que había sido nuevo para mí, que no sabía que podían darme esa clase de placer. Él me dijo que apenas estábamos calentando motores.

Sin darme tanto tiempo para recuperarme, volvió a meter su cara en medio de mis piernas, pero esta vez empezó a usar muchos sus dedos, para penetrar mi vagina que ya estaba chorreando de mojada. Pegué un grito, y él simplemente empezó a mamarme de forma más agresiva, yo no sabía qué hacer, me estaba volviendo loca, sobre todo por sus dedos. Al rato me vine de nuevo, entre gemidos y gritos. Me quedé jadeando muy fuerte, sentía que se me iba el aire, y apenas estábamos empezando. Javier solo se reía, se burlaba de mi inexperiencia, y yo sentía que todo daba vueltas. Cuando recuperé el aliento, me dijo que era mi turno. Mi turno? Me levantó de la cama, él se sentó en la orilla, y me puso de rodillas frente a él. Su pene duro quedaba justo a la altura de mi cara, y yo con timidez empecé a chuparlo. Chupar pene es algo que siempre supe que era mi "obligación" hacer. Así como el sexo, que hasta antes de esa noche, para mí era más una cuestión casi casi de algo que era una responsabilidad como mujer, dárselo a tu novio como "recompensa" o algo así, el chupar pene siempre fue como que algo normal, algo que le das a tu chico cuando hace algo lindo no? Así que pensé que sabría hacerlo muy bien, pero estaba equivocada.

Al poco rato de estarlo mamando, él empezó a restregar su miembro por mi rostro, diciéndome vulgaridades que ningún hombre me había dicho antes. "Te gusta mi verga verdad? Yo sabía que esta carita escondía una puta, una putita adicta a la verga. Chúpamela, enséñame lo mucho que te gusta mamar". Sus palabras me excitaban tanto como lo que me desconcertaban. Me hizo sacar la lengua y él daba azotes con su miembro en ella. Me decía "Mírame a los ojos puta, mírame mientras me la chupas". Yo lo miraba a los ojos, pero mi técnica no era la mejor. Al rato me hizo poner las manos en la espalda, mientras él me cogía por la boca. Estuve a punto de vomitar, jamás me habían metido el pene tan profundo en la garganta, intenté pedirle que fuera más despacio pero parecía no importarle, al contrario, le causaba gracia hacerme atragantar con su pene. Lo metía tan profundo como podía pero no me cabía todo. Mis ojitos se llenaban de lágrimas por tantas arcadas. Me hizo levantarme y acostarme en la cama, se puso un condón y se subió para cogerme de misionero. Empezó suave pero poco a poco subió el ritmo, haciéndome gemir muy fuerte, al oído me decía que le encantaba tenerme así, que todos me ven a mí como una santa, como una niña buena, pero que en el fondo soy una vil puta, que no puede evitar gemir como loca cuando un macho de verdad me coge duro. En un momento me dijo "pídeme más, pídeme que te coja duro, yo sé que es lo que quieres puta".

Como una especie de reflejo, lo puta dentro de mí empezó a brotar, y lo obedecí, le pedía a gritos que me diera más duro, que por favor no parara hasta hacerme venir a chorros, que su verga me estaba volviendo loca. "Ah sí, te gusta, lo sabía, sabía que eras una vil puta, pues te daré lo que quieres". Se levantó y con mucha fuerza me acomodó en cuatro patitas, y sin perder un segundo me volvió a penetrar, haciéndome gritar mucho. "Ándale perra, rebota tus nalgas que yo sé que te gusta". Empecé a mover mis caderas, mientras el cuarto hacía eco del sonido de mis nalgas chocando contra su pelvis. Al rato él empezó a darme fuerte, haciéndome venir, y al poco rato me advirtió que él se iba a venir, que mi premio por ser una buena puta iba a ser tomarme la lechita. Él se puso de pie en la cama, se quitó el condón, y conmigo de rodillas, chupando su miembro, y él empezó a jadear, hasta que puso una de sus manos en mi frente, y me ordenó abrir bien la boca, lo cuál obedecí, mientras él se masturbaba como loco, y al poco tiempo empezó a vertir su semen en mi boca, que por inexperiencia no pude capturarlo todo. Ya había tenido semen en la boca antes, claro, pero siempre lo escupía, pero su orden fue que me lo tragara, y así lo hice. Casi me vomité, pero no fue tan desagradable. Me ordenó limpiarle la verga, y lo obedecí.

Nos vestimos y me fue a dejar a mi casa, la "noche" había terminado. Me dijo que la siguiente vez sería aún mejor. Me dio un beso de pico en la boca, y se fue, eran como las 3 de la mañana cuando llegué a casa. No dormí esa noche y la siguiente a causa de todas las emociones, pero tenía ya la mitad de los 5 mil pesos que me faltaban en mi poder, solo me faltaba "sacrificarme" una vez más. Lo peor es que en parte no podía dormir por la expectativa, pues realmente tenía ganas de repetirlo. Maldita sea, me gustó, me gustó ser su juguete, y quería repetirlo, con o sin dinero de por medio. Finalmente llegó el día esperado, habían pasado dos semanas, y por fin tuvimos tiempo de vernos clandestinamente. Fuimos al mismo lugar, pero esta vez él me acostó en la cama, mientras se colocó encima de mí besándome. Yo estaba más relajada que la primera vez, así que disfruté de sus besos, y le respondía. Me quitó la blusa y el bra, y empezó a jugar con mis pechos, chupándolos, lamiéndolos, pellizcando mis pezones, a veces lastimándome. Yo acariciaba su cabello, mientras él se deleitaba con mis tetas. Al rato bajó y empezó a quitarme el resto de la ropa, y no tardó en empezar a darme sexo oral.

Otra vez me hizo delirar, pero esta ocasión hizo algo que casi me hizo dar un brinco, y es que empezó a hurgar con uno de sus dedos en mi ano, lo cuál me asustó un poco la verdad. Al poco rato me empezó a gustar lo que hacía, y me hizo ponerme de perrito en la orilla de la cama, pensé que me la iba a meter ya, pero cuál fue mi sopresa cuando empezo a chuparme el culo! Dios mío, jamás me lo habían hecho, y no puedo creer lo rico que sentí. Al principio la verdad me hacía casi cosquillas jaja, pero al rato me tenía gimiendo, mientras lamía mi ano al tiempo que metía dos dedos en mi vagina. Después de un rato empezó a cogerme, así de perrito él parado y yo de rodillas en la orilla de la cama. Empezós suave pero no tardó en empezar a darme muy duro, haciéndome gritar. Esta vez empezó a darme nalgadas, y gritarme perra y puta mientras lo hacía, yo gritaba como loca. Después de un par de minutos me lo sacó, se quitó en condón y se vino en mis nalgas. Me dijo que quería tomarme un par de fotos con su semen sobre mi culo, y le dije que estaba bien, pero que no mostraría la cara, y él aceptó. Lo hizo y luego me mandó a limpiarme al baño. Cuando volví ya tenía otra vez la verga dura, y se estaba poniendo otro condón. Ahora me dijo que quería que lo montara, lo cuál acepté.

Empecé a montar su verga y me estaba gustando mucho. Él jugaba con mis tetas, mientras yo lo montaba. Me ordenó darme la vuelta, dándole la espalda, pero que me inclinara, de modo que él pudiera visualizar todo mi culo rebotando sobre su verga, y obedecí. Sin advertirme nada metió un dedo en mi culo, sacándome un grito de sorpresa y placer. Monté y reboté mis nalgas hasta cansarme, mientras él no paraba de jugar con mi culito. Al rato se colocó sobre mí, de misionero, y después de un momento puso mis piernas en sus hombros, dándome muy rico un buen rato, hasta que se vino dentro de mí, dentro del condón. Se lo quitó, cuidadosamente, para no derramar el contenido, y lo vació en mi boca, me ordenó tragarlo, y así lo hice. Se acostó en la cama y me ordenó chupársela, y así lo hice, un buen rato, como 10 minutos, hasta que su pene se puso duro completamente de nuevo. Me puso de espaldas en la cama pero con las piernas fuera de ella, él de pie fuera de la cama, y así me cogió un buen rato, hasta que se quitó el condón y se vino sobre mi estómago. Con sus dedos fue llevando su esperma hasta mi boca, haciéndome comerlo, lo cuál hice. Me mandó vestirme y nos fuimos, me dejó en mi casa nuevamente, esta vez eran como las 5 de la mañana. Me dio lo que faltaba del dinero y me dijo que cuando necesitara más ya sabía qué hacer, que sólo lo contactara.

A partir de ese día Javier y yo tuvimos sexo varias veces. Le inventé muchas mentiras a mi novio para justificar el dinero. Le decía que eran becas, que mi papá pudo mandarme más dinero, que mi hermano me lo daba, etc. Finalmente tanta desconfianza socavó la relación y terminamos, pero él nunca supo mi segunda vida. Javier no fue mi único "cliente", pero sí fue el primero, y lo recuerdo con bastante cariño. Él me enseñó a ser una puta de verdad, y lo que aprendí con él me sirvió muchísimo. A estas alturas he seguido con esta práctica, pero de forma más discreta, porque al final de cuentas se trata más que anda de dinero, aunque me gusta, pero mi trabajo de maestra es mi vida, y lo que siempre soñé hacer. Cuando he tenido que recurrir a vender mi cuerpo lo he hecho, siendo selectiva, claro, pero me ha servido de mucho, y si lo desean las contaré mis otras anécdotas. Espero que mi relato les haya agradado. Nos leeremos más adelante.