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El profe y la diosa

Ariel siempre tuvo a las mujeres como un obstáculo para su carrera, hasta que Gina entró en su aula. Con solo mirarla, el docente sintió cómo sus años de disciplina se desmoronaban. Ahora, la frontera entre el deber y el deseo se ha borrado, y la joven estudiante no solo quiere aprender de él, sino poseerlo.

El Negro14K vistas8.8· 5 votos

Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero el relato de hoy es algo propuesto por una lectora que se contactó conmigo vía mail. Decidí aceptar el desafío y aquí va lo que imaginé.

Para ello, he tomado algunas experiencia de vida y le sumé las sugerencia que ella hizo, espero sea del agrado de todos y si no es así, me lo hagan saber a y través de sus comentarios o correos electrónicos.

Este relato bien podría encuadrarse en cualquiera de dos categorías: Sexo con maduros (por la edad mía) o bien Hetero general (por razones obvias).

Ariel supo a los 15 años que su vocación era la docencia y a ello se dedicó por completo, hizo un secundario casi perfecto (obviamente le costaban las asignaturas que contenían matemáticas o ciencias exactas en general), ya siendo estudiante del bachillerato había experimentado supliendo a una profesora del instituto de inglés al que concurría tres veces a la semana.

Su objetivo era ser docente, sin importar lo que debiera resignar, y por tal razón era observado como un “bicho raro”: casi no tenía salidas de parranda, no se le conocía pareja alguna, su obsesión eran los estudios. No sorprendió que a los 23 años ya estuviese recibido y con muy buenas calificaciones. A los 25 años se lo reconocía como uno de los mejores en su asignatura dentro del grupo de profesores del bachillerato, pero ambicionaba ser profesor de una de las universidades más prestigiosa de la ciudad.

Preparó varias veces la oposición, ya que como nobel en la materia, resultó rechazado producto de su falta de experiencia. Tozudo, siguió insistiendo, primero logrando una pasantía como asistente de cátedra y con el paso de los años, pudo acceder a su primera cátedra como docente oficial de la universidad en la materia Arte y diseño.

Pasó casi todo un mes preparando lo que serían sus primeras clases, pensando en un grupo de alumnos interesados en la asignatura, ávidos de conocimientos., 30 mentes dedicadas a full a su asignatura pero recibió un golpe duro. Su materia era uno de los “filtros” de la carrera, no eran 30 sino casi 100 alumnos apilados en un aula para 60, donde los que ocupaban las primeras 4 filas prestaban atención y el resto solo ocupaba espacios sin más interés que aprobar y seguir en carrera. Su desazón era difícil de explicar, a sus 35 años se sentía utilizado por el sistema. Necesitaba una razón para no dejar aquello que tanto le había costado conseguir, y con el transcurso de los días lo encontró. Sentada casi siempre en primera fila estaba ella ¿cuántos años tendría? 20, 22 quizá, devoraba sus clases con avidez, se interiorizaba sobre las temáticas, hacía consultas continuamente, cuestionaba sus dichos y exigía nuevos conceptos.

El frío del invierno no dejaba ver su físico, pero su rostro aniñado lo atraía, sus consultas lo atrapaban, su mirada penetrante lo intimidaba, pero sin dudas era una de las únicas que mostraba interés en su trabajo.

Para Ariel, llegar al aula suponía un desafío y saber que ella estaría allí lo impulsaba a seguir adelante, preocuparse por sus clases y agregar contenidos que a los demás poco le importaban. Tras el primer examen, el sistema de filtro dio sus frutos, de aquellos casi 100 que llenaban el aula solo quedaron 50, y ella seguía firme allí. Tan impersonales eran sus clases que no sabía siquiera su nombre, pero la tenía identificada como la inquieta de la primera fila. Necesitaba saber más de ella, de algún modo debía tener algún contacto, y el segundo examen le abrió esa puerta. Sin presupuesto para ayudantes de cátedra, podría elegir entre aquellos que tuviesen las mejores calificaciones y él no dudó en que ella estaría entre los aspirantes.

Ariel: Las personas que nombre a continuación, deberán presentarse en la oficina 105 mañana a partir de las 15 horas. Habrá una selección de 3 alumnos para que oficien de ayudantes de cátedra en función del mérito demostrado en los dos primeros exámenes.

El anuncio pasó desapercibido para muchos, pero no así para los eternos integrantes de las dos primeras filas de alumnos. Así las cosas, se inició el proceso de selección. Ella no apareció entre los primeros 10, tampoco entre la segunda tanda de otros 10. Pero fue la número 25 de la lista.

Ariel tenía una lista de prioridades y requisitos típicos de la universidad, por lo que de las primeras dos tandas solo un joven calificaba para ser ayudante. En el último grupo de 10 la competencia se hizo más reñida, él quería que ella quedase entre los 3 seleccionados, pero había que encontrar la forma de lograrlo, por lo que recurrió al artilugio más antiguo de la historia: pese a la capacidad de algunos hombres, necesitaba mujeres, más teniendo en cuenta la superpoblación de varones con los que contaba en el aula.

He aquí algo que uno de mis docentes me ha explicado a lo largo de mi carrera: la inteligencia atrae, pero más lo logra una mujer inteligente (sobre todo si es bella), pensó Ariel y fue ese el criterio que utilizó para decantar a sus tres ayudantes.

Julián era un tipo muy capaz e inteligente, pero además daba el biotipo de un Adonis, cosa que para la materia Arte era primordial. Luisana era algo menos expresiva, pero tenía una figura exuberante digna de cualquier modelaje para un tallado o bien un grabado en pintura. Por último estaba Gina, su favorita: pelirroja teñida de 1,58 medidas 89-63-94 de carácter un poco rebelde, ojos cafés con rasgos asiáticos y europeos, según lo que podía observar.

Tras comunicar a la clase los resultados, llegó la primera reunión grupal para diseñar estrategias de trabajo: definitivamente Julián era el típico modelo, sabía de sus atributos y soñaba con plasmarlos en su carrera pero no fuera a ser que le exigieran sacrificios (no estaba dispuesto a hacerlos). Luisana era modelo hecha y derecha, poco que expresar, sabía que su carrera se basaba en su figura y aprovechaba su capacidad de estudio, pero no derrochaba simpatía solo ambición de progreso. Finalmente Gina, artista, bohemia, a quien poco le importaba el qué dirán, vivía su vida sin importarle nada excepto triunfar como artista plástica.

Tras la reunión preliminar, los fue citando de manera individual, asignándole a cada uno una función. Se detuvo en Gina, su desparpajo le atraía más que el resto y eso la hacía muy interesante.

Ariel: dime Gina, ¿qué esperas de esta carrera?

Gina: el título, sé que deberé hacerme de un nombre con mi trabajo. Modelar, es para cualquier cuerpo tallado. Expresarlo en un trabajo no es para cualquiera.

Ariel: ¿serías capaz de modelar? No sé… ¿quizá un desnudo?

Gina: nacimos desnudos, ¿por qué debería molestarme? Aunque preferiría ser yo quien lo retratase

Ariel: ¿y si tuvieses que retratar un desnudo masculino? ¿Lo harías?

Gina: ¿por qué no? No sería algo que no haya visto en mi vida

Indudablemente Gina era un alma rebelde, algo que cautivaba a Ariel y en base a sus respuestas arriesgó una jugada más.

Ariel: si no tienes compromisos, te invito el viernes a una exposición vanguardista, que incluye cena al finalizar. ¿Te parece?

Gina: ¿por qué no? Solo espero que no haya que vestirse formal, no es mi estilo.

Ariel miró por primera vez a su alumna como mujer, no ya como discípula. Fijaron horario de encuentro para el viernes y volvieron a sus rutinas. La cabeza de nuestro docente volaba imaginando a la chica con ropas típicas de su informalidad, vestidos amplios, casi trasparentes y debajo de ellos ropa interior sugestiva. Ella tomada de su brazo, recorriendo la exposición y haciendo comentarios sobre modelos e imágenes retratadas.

Él sabía de qué trataba la exposición, lo que jamás imaginó es que ella también lo sabría y fue preparada para una clase magistral. Entendía que ese era el primer paso a su crecer como artista, y no podía desaprovechar la oportunidad.

Llegó el viernes y mientras Ariel la esperaba a las puertas del salón de exposiciones, Gina se hacía rogar. Llegó unos 15 minutos más tarde de lo convenido, cuando Ariel ya pensaba que no vendría. La imagen de la alumna lo dejó perplejo: una pollera corta blanca, una camisa haciendo juego anudada a su cintura, con dos botones desprendidos en la parte superior que abría paso a un par de pechos no demasiado grandes pero de buen tamaño, aprisionados por un brassier color piel, su cabello castaño recogido y escaso maquillaje que resaltaba su juventud.

Ariel quedó prendado de la belleza de aquella joven, y dudó si tomarla por la cintura, asir su mano o posar su brazo en el de la mujer. Ella lo saludo con un beso en la mejilla y se tomó de su brazo, ingresaron al salón principal, fueron recibidos por uno de los expositores que les dio poco menos que una vistita guiada, fueron convidados en reiteradas oportunidades con tragos, mientras recorrían las instalaciones y observaban las pinturas, tallados y grabados.

Gina: es todo muy comercial, el artista piensa en facturar y no en captar la esencia. Eso hace perder la naturalidad.

El profesor quedó sorprendido por los dichos de su alumna, pero compartió en buena parte sus conceptos.

Ariel: ¿cómo sería una pintura tuya?

Gina: no hay poses establecidas, lo que al modelo le surja. ¿Acaso un atardecer se pone en pose para ser retratado? ¿Un niño piensa en llorar antes de ser fotografiado entre las ruinas de su ciudad en guerra? Sin dudas, debe ser natural.

Siguieron la recorrida, hasta completar la exposición. Ariel sabía que había tomado una excelente decisión al designarla ayudante, pero estaba más interesado en la mujer que con sus comentarios lo había cautivado. Fueron caminando hasta un pequeño bodegón cercano para cenar, la velada transcurrió de forma amena, incluso tocaron temas personales pero sin llegar a charlas íntimas. Fue Gina quien dio el primer paso.

Gina: sin duda eres soltero, no hay marcas en tus dedos anulares. ¿Puedo saber por qué?

Ariel: dediqué toda mi vida al estudio, resignando lo demás.

Gina: vamos… ¿nunca una mujer te interesó?

Ariel: me propuse llegar a mi propósito principal, renunciando al resto

Gina: pero habrá alguien…

Ariel: mentiría si dijese que no, pero es difícil llegar a ella

Gina: ¿estás seguro? ¿Se lo has dicho?

Ariel: no, pero quizá lo haga en algún momento

Gina: no dejes pasar la vida, el tiempo corre y no vuelve.

¿Se habría dado cuenta que era ella la persona que tanto lo inquietaba? La diferencia de edad le ponía un freno, pero no podía negar que lo atraía.

Ariel: ¿y tu? ¿Hay alguien?

Gina: Siempre hay alguien, el tema es que ambos tengamos ideas similares, haya atracción y sepamos disfrutar el momento.

Él no quiso dar el próximo paso, temía un rechazo y decidió cambiar de tema. Finalizaron la cena y la acompañó hasta la parada de su autobús. Cuando a lo lejos lo vieron venir, comenzaron a despedirse, un leve abrazo, un beso en la mejilla y cuando el vehículo estaba a punto de llegar a la parada, no lo resistió más. La tomó por la cintura y le plantó un beso en los labios que la tomó por sorpresa. Lo miró a los ojos y moviéndose de donde esperaban la llegada del bus, lo atrajo hacia ella y devolvió ese beso, ya de manera más profunda.

Gina: profe, pensé que no te darías cuenta o que jamás te animarías. No sé si te amo, pero quiero amarte. Hoy, ahora mismo.

Ariel: Desde hace dos meses solo tengo ojos para vos, vivo pensando en vos y quiero dormir con vos.

Gina: Vamos a tu casa, no hables más.

El autobús había pasado y no volvería a hacerlo hasta dentro de una hora. Buscaron un taxi y se fueron rumbo a la casa de él.

Apenas bajaron, se fundieron en un beso profundo y prolongado, las manos de él recorrieron la cara de ella, luego su espalda, temía que ir más allá rompiera el hechizo. Casi sin darse cuenta, llegaron al hall de ingreso del edificio, los besos y caricia se multiplicaban en silencio, la diferencia de alturas hacían que Ariel debiese inclinarse para llegar a sus labios, sus manos se acercaban sin dificultad a las curvas de su musa, esa figura proporcionada poco le envidiaban a las modelos que habían visto retratadas en las obras de la galería. Se inclinaba levemente para tomarla de las caderas y la levantaba en andas hasta ponerla a su altura y cubrir su cuello y rostro de besos, mientras sus manos sujetaban aquellas nalgas firmes.

Una vez ingresados al ascensor que los llevaría a su piso, sus manos abandonaron su cola para tratar de abrir sus piernas y poder acariciar el tesoro que se escondía entre ellas. Gina, se esforzaba por que la apertura de sus piernas le diera a él acceso a sus partes íntimas y ardientes, se sabía dominante y estaba segura que él haría todo aquello que la hiciera gozar plenamente. Se abandonó a sus manos, entregó sus labios a los de su amante y cerró los ojos disfrutando del momento.

Nunca supieron en que momento bajaron del ascensor y mucho menos cuándo ingresaron a aquel departamento. Estaban enredados en una lucha cuerpo a cuerpo por desnudarse y entregarse al sexo y el placer. Rápidamente fueron cayendo una a una las prendas de ambos, hasta quedar como Dios los trajo al mundo.

En la penumbra de la habitación de entrada, encontraron un sillón donde él se sentó, quedando casi a la altura de sus pechos, redondos, con pequeñas aureolas y dos pezones erguidos producto de la excitación, se deleitó alternando entre uno y otro, torturándolos con besos y leves mordiscos, hasta producir dolor por la excitación que ella sentía. Bajó por su vientre hasta encontrarse con un triángulo apenas cubierto por una pequeña mata de vellos, hundió su cabeza entre las piernas, abriéndolas, jugando con aquel sabroso espacio. La boca de Gina emitía pequeños gemidos que se incrementaban cuando él encontraba el clítoris hinchado y bañado en sus jugos, atraía su cabeza hacia sus piernas, atrapándolo sin dejar que se desprendiera del lugar, se sabía feliz, excitada y necesitada de algo más, pero disfrutaba enormemente del trabajo que su docente le entregaba con su lengua. Sus piernas flaquearon, necesitaba poder acomodarse para seguir con aquel juego que la llevaba al máximo placer. No quería que la lengua de su profe dejara de trabajar en aquel lugar, pero no resistía más y quería ser penetrada.

Gina: te quiero dentro de mí, pero me encanta como me estas torturando con tu lengua. Llevame a la cama, terminemos con esta tortura hermosa.

Ariel la tomó en sus brazos, la levantó y la llevó hasta su pequeña habitación. Sólo había una cama chica, no estaba preparado para compartir el lecho. La deposito sobre las sabanas revueltas y lentamente se ubicó entre sus piernas para concluir aquello que había empezado en el sillón, abrió sus piernas, las colocó sobre sus hombros y volvió a hundir su lengua entre los labios mayores de la joven. Ella respondió cruzando sus piernas tras sus hombros, llevándolo a quedar preso del sector. Los jugos de Gina brotaban copiosamente, llegando a saturar la boca de su amante.

Gina: es el momento, ahora te necesito dentro de mí. No demores por favor.

Haciendo caso a su pedido, se incorporó afirmándose en sus codos y tras apuntar a la gruta empapada de ella se deslizó en su interior. Fue un movimiento dulce y delicado, favorecido por la terrible cantidad de jugos que emanaban de ella. Él se tomó unos instantes para acomodarse en su interior y lentamente comenzó a moverse, ella se acopló rápidamente y lo fue llevando de menos a más. 5, 10 quizá 15 minutos bastaron hasta que ambos exploraran al unísono. El gritó su nombre y ella lo abrazó fuertemente.

Los siguientes minutos fueron de relax total. La conchita de ella palpitaba, sin dejarlo salir de su interior y el seguía disparando pequeños chorros de lava. Quedaron rendidos, uno sobre otro, satisfechos, sonrientes y besándose lenta y delicadamente. El notó como perdía rigidez y ella como fluían sus jugos entremezclados con los de su amante.

Abrazados se durmieron, unos junto al otro. Las primeras luces de la mañana los despertaron, seguían allí, abrazados. Fue ella quien se despegó de él, lo miró y fue en busca de un baño reparador, volvió a la cama cubierta tan solo con la camisa que él portaba al visitar la exposición. En su pequeño cuerpo asemejaba un camisón corto, dejando a la vista su figura breve, pero proporcionada. Él la vio llegar a la cama y le hizo un lugar a su lado, se ubicó cara a cara y le depositó un beso tenue en los labios.

Gina: eres mi fantasía cumplida, hacer el amor con un profe. Pero me agradó demasiado, no sé si podría mantenerme a tu lado sin desear que esto volviese a suceder.

Ariel: no pienses más allá del momento, hoy estás aquí y lo que vivimos es muy bueno. No dejemos que esto se pierda. Le diste sentido a mi vida, no quiero que termine.

Gina: será difícil mantenerlo, pero debemos disfrutarlo, cada momento que podamos.

Volvieron a fundirse en besos y caricias, la temperatura subió hasta que ambos se abandonaron al sexo y al placer, así fue todo el fin de semana, tan solo se detuvieron para comer algo y prepararse para un nuevo combate cuerpo a cuerpo.

Tan solo el domingo por la noche se detuvieron a pensar en lo que vivieron ese fin de semana.

Gina: eres un vicio para mí, no quiero dejarlo así tan fácilmente.

Ariel: Eres la razón de volver a ver a una mujer como fuente de inspiración, debemos mantenerlo.

A ambos le quedaban cosas por explorar, partes de su cuerpo por conocerse y conectarse, pero eso ¿será motivo de una segunda entrega? Uds., y ella serán quienes lo decidan.

Espero sus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – [email protected]