Esposa Infiel - Elisa infiel por necesidad
La oficina se vacía, pero la tensión en la habitación del hostal solo comienza. Él busca una nueva aventura; ella, una salida a su frustración. Lo que empieza como una charla laboral se convierte en una necesidad insaciable.
Esposa Infiel - Elisa infiel por necesidad
Me esperaba nueva aventura en otra empresa, esto debido a que la pandemia retrajo muchas actividades económicas y nos terminó golpeando, donde trabajaba me invitaron al retiro por temas de sostenibilidad económica y no tuve más remedio que aceptarlo y hacerme a la idea que me mantendría buen tiempo en búsqueda de nuevos horizontes.
Afortunadamente, un colega me recomendó para una EPC que realizaba trabajos en la zona de Chincha, por lo que no dude en aceptar. Siempre enfocado en lo que hago, armé mi maleta y me dirigí a Chincha.
Ya en la oficina, me dieron la bienvenida y presentaron al equipo de trabajo, entre ellos destacaba Elisa, psicóloga de profesión que se encargaba del tema conductual, bajita, usaba pantalón ancho y blusa más aun (esto no permitió ver su contextura real), muy bien arreglada, sin maquillaje alguna, se notaba el bloqueador solar en su rostro, simpática, cabello oscuro amarrado en una coleta, lo llamativo fue que en cada dedo de la mano tenía anillos o aros, destacando la enorme piedra de su anillo de compromiso coronada por su aro matrimonial, como corolario me indico que usaba la oficina de la jefatura y que por la tarde se iba a retirar de la misma; le indique que no lo hiciera ya que no me gusta estar solo y la compañía siempre es bienvenida, ella sonrió por este gesto, siendo correspondido con un trato más que amable.
Luego de los protocolos respectivos, llego el momento de buscar hospedaje, ya que el mismo no es considerado por la empresa, me dieron una lista para que escoja y que instale donde desee, que les avise para que me recojan por la mañana y empezar con el trabajo.
Con la lista en mano, cogí mi maleta y salí en búsqueda de donde descansar. Elisa al verme me detuvo.
- Ingeniero, espéreme unos minutos que lo ayudo con su instalación.
Llámame Lunatacas, no me digas ingeniero.
- Perdón, no quise incomodarlo.
Para nada, vamos a trabajar juntos así que dejemos las formalidades de lado.
- Lunatacas, está bien. Estoy hospedada en el hostal XYZ (nombre cubierto), es tranquilo, medio escondido y al dueño lo conozco de tiempo y no tengo quejas del mismo.
Si, me lo recomiendas, acepto.
Sin más que hablar, salimos y nos dirigimos hacia el hostal, algo retirado del centro, pero con instalaciones muy acogedoras, Elisa pidió que me ubiquen lo más cerca posible a su habitación, quedando instalado al frente de la misma.
Salimos a cenar, conversamos un buen rato, poniéndome al día de las actividades cotidianas y quienes eran los elementos problema de la misma, una amena charla acompañada de gaseosas, nos retiramos al hostal para descansar, antes de que ingrese a mi habitación Elisa me indicó que ella sale a las 06:00 horas, ya que no vienen a recogerla.
Durante los siguientes días, fui empapándome de las necesidades de las actividades y de paso evaluando al personal, por unos días, se me asigno una movilidad con chofer, ya que me guiaría para luego dejarme la unidad a mi disposición, Elisa descarto al chofer y se ofreció como mi guía, ella llevaba ya 07 meses en la obra y conocía la zona muy bien.
En este trabajo, no había un roster definido, y en coordinación con el equipo del área acordamos un 10x4, con guardias pre establecidas y turnos fijos, para evitar la falta de supervisión los fines de semana, esta acción fue bien recibida por el equipo.
En mi primera entrada me quede 20 días, Elisa quedo acomodada a mi guardia y a su salida retornamos a Lima en mi camioneta, aprovechamos para conocernos más, por ello me entere que tenía 12 años de casada, un hijo de otro compromiso, y uno con el actual, su esposo es mayor, él tiene 62 y ella 40, y que desde que le dio COVID no era el mismo, no se había podido recuperar del todo y que “se había dejado al abandono”, con problemas cardiovasculares y demás; con lo jovial que ella es, desinhibida y carismática lleva el calvario por dentro, como para hacerla sentir mejor le comente lo de mi divorcio, la forma como se dio y la inesperada separación con Eli, le hable de mis arrumacos con Daniela. Esta conversación nos hizo un poco más unidos.
Una vez llegados a Lima, le pregunte donde vivía y me indico que, por el Pentagonito, la deje en la puerta de su edificio. Tome mis 04 días libres, el lunes por la tarde preparaba mis cosas para llevar a obra, cuando recibo una llamada, era Elisa.
- Lunatacas, ¿por consulta a qué hora vas a salir para Chincha?
Pensaba, salir a las 04:00 para estar a primera hora allá.
- Te sugiero que salgamos a eso de las 21:00, cosa que llegamos a descansar tranquilos.
Mmmmm. me parece buena idea, entonces paso por ti.
- Sale, me avisas cuando este llegando para bajar y no hacerte esperar.
Quedamos entonces.
Durante la guardia todo normal, termine los pendientes documentarios y me disponía a salir, cuando Elisa me pide, amablemente, que si la puedo esperar una hora más, accedí sin demás detalles, a eso de las 21:00 horas ya estábamos en camino a Lima, la conversa era laboral, y en algún momento salió el tema de su esposo, de lo alicaído que estaba y que no le prestaba atención, no hablo de otra cosa en el camino, paramos para estirar las piernas y tomar algo, continuamos el viaje y la deje en su casa.
A los días el retorno se repitió y comenzó a hacerse rutinario, nuestras conversaciones eran cada vez más privadas y congeniamos bien, andábamos de arriba para abajo todo el día. Cuando llegábamos al hostal, veíamos películas y series juntos, ya sea en mi habitación o en la de ella, tumbados en el sofá, compartíamos gustos gastronómicos, musicales y cinéfilos, departíamos y conversábamos mucho, y en alguna que otra oportunidad nos acompañaba un pisco para amenizar la noche. Nuestra confianza llego a tal punto en que ya no nos llamamos por nuestros nombres, nos referíamos como la psicoloca y el ingenebrio; eso sí, manteníamos distancia en la oficina, para evitar habladurías.
En el 4to. ingreso, las cosas darían un giro crucial, el fin de semana de guardia, los contratistas decidieron no trabajar el domingo y el sábado sólo mediodía, esto para darle descanso a su personal, una vez en mi oficina Elisa jalo su silla y se acercó de manera peculiar a mi escritorio.
- Lunatacas, el domingo no trabaja nadie, ¿qué planes?
Pues, no sé, no tengo nada en mente.
- Te parece si mañana vamos a almorzar y de paso tomamos algo.
Claro, a quien más le avisamos.
- Pues… no pensaba en nadie más.
A ok (entendí el mensaje)
- Luego vemos que pasa.
Asentí con la cabeza, quedando intrigado por el tono de la invitación y por un momento deduje el final de la velada, sin embargo, quedaba mi duda. Llegado el sábado salimos de la oficina hacia el hostal, ya bañados y cambiados nos fuimos al Batán, a degustar la buena comida chinchana, de paso los infaltables chilcanos para refrescar la calurosa tarde, no pudimos quedarnos más tiempo porque tenía que manejar, el destino tiene muchos hilos y al salir nos encontramos con un grupo de colegas quienes salían para ir a su hotel a “tomar algo”, nos invitaron y no rehusamos.
Paramos para comprar varios piscos para chilcanos y para el pisco sour, con su respectiva ginger ale, limón y hielo, cosas para picar, la calurosa tarde se puso amena, conversando y riendo, los tragos iban y venían a discreción, Elisa se juntó con otro grupo y por ratos se acercaba al nuestro a departir, la vigilaba sutilmente, ya que el alcohol suele ser desinhibidor. No suelo beber para emborracharme, menos en reuniones con gente del trabajo, así que me limite a chilcanos bajos en pisco. Al caer la noche, encendieron la parrilla y empezaron la cocción de las carnes, que se veían apetitosas, picaña, cuadril, colita, entraña y el infaltable chorizo. Al promediar las 23:00 horas Elisa se me acerca y me indica que era prudente retirarnos, quedándose a mi lado, observe el entorno y algunos comenzaban a mostrar signos de borrachera y a envalentonarse. A los minutos, salimos del hotel rumbo al nuestro. Elisa me invito a la suya para “seguirla”:
- Lunatacas, tengo un pisco guardado para una ocasión especial.
Suena interesante.
- ¡Claro, espero no equivocarme y que seas especial! Posando una mano sobre mi pecho y regalando una agradable sonrisa.
Me parece bien.
Acto seguido preparamos un par de chilcanos, nos sentamos en el sofá, Elisa comentó:
- Lunatacas, desde que a mi esposo le dio el COVID, no ha sido el mismo.
Nada es lo mismo, desde… me interrumpió poniendo suavemente su mano en mis labios.
- Estuvo internado y se le complico la cosa.
- Él siempre me ha tratado muy bien, me hacía sentir especial y lo sigue haciendo; pero el aspecto sexual simplemente es nulo.
- No puede mantener una erección prolongada y eso me perturba.
- Te comento esto sólo para ti, me encanta chupársela, nuestra vida sexual siempre fue buena y en la cama lo entregaba todo.
En este punto, ya estaba preparándome para lo que iba a venir,
- Como te dije me encanta chupársela (recalcando el hecho), ya no mantiene una erección como para complacerme y eso me frustra. Me he acostumbrado al sexo oral y nada de penetración.
Vi como sus ojos se entristecían y perdían esa viveza innata en ella.
Espera un momento, entonces “yo soy esa persona especial”
- Sí, lo único que espero es discreción por parte tuya y obviamente que satisfagas mis más bajas pasiones.
No espere segundo llamado, deje mi vaso y me acerque a ella, tome su rostro suavemente para besarla, cerro sus ojos y entre abrió los labios, estampe mis labios contra los de ella, me abrazo tímidamente. Era obvio que el alcohol también influía en esta decisión.
Nuestros besos fueron subiendo de tono cada vez, ufffff, empezamos a desvestirnos mutuamente, la ropa caía al piso, al quedarnos en interiores, Elisa me pidió que nos metamos a la ducha, asentí con la cabeza y nos terminamos de desnudar.
El punto de no retorno estaba marcado, pude apreciar a mi compañera de trabajo, no llega al 1.60 m. las prendas sueltas ocultaban un cuerpo para nada despreciable, un par de tetas grandes, caídas, de aureolas marrones y pezones grandes, cintura marcada, zona púbica recortada, nalgas grandes y regordetas, ufffff, estaba a pedir de boca. Cabe aclarar que Elisa no es una escultura, es llenita, le favorece que es quebrada y formada.
En la ducha nos enjabonamos todo el cuerpo, demás esta decir que metí mano a todos sus agujeros, ella se dedicó a besarme y a pajearme suavemente - Hummmmm, Lunatacas, ¡qué buena pinga tienes! – exclamó excitada.
Salimos raudos de la ducha, apenas nos secamos, ella se sentó al borde de la cama, me halo por la cintura y sin pedir permiso, engullo mi ariete, a este punto ya estaba a mil, ufffff, la calidez de su boca, sin dejar de mirarme, me pajeaba y lamia desde la raíz hasta la cabeza, luego atacó mis testículos succionándolos uno a unos, ufffff, luego devoraba mi ariete hasta la raíz, una y otra vez, ufffff, pasaba la lengua por la punta, de manera estrepitosa, sus manos acariciaban mis testículos; rodeaba, ensalivaba, succionaba, dedicaba mucho tiempo a la cabeza de mi ariete succionando sin parar, ufffff, para volver a atragantarse con mi ariete, sin dejar de mirarme, tenía los ojos clavados en los míos, no recuerdo que alguna mujer me lo haya mamado de esa forma, ufffff, su lengua hacia maravillas, apenas fueron un par o tres minutos que dedicó al tratamiento oral, esto hizo efecto total, sentía como la corriente eléctrica bajaba por mi espina dorsal, ufffff, al sentir o percatarse que mi venida era inminente se aferró a mis nalgas, para no dejar que me liberé y las inevitables descargas fueron el clímax para mí, ufffff, no sé cuántas fueron pero termine de llenar su boca con mi esencia, se me nublo la vista, Elisa no deje de succionar en momento alguno, cuando se aseguró de que ya no había más descargas soltó mi ariete, se puso de pie y mostro su boca llena de mi esencia, sonriente trago mi esencia y me agradeció por la misma, acercó su rostro para besarme, nuestras lenguas se entrelazaron.
Alejándose, me tumbo en la cama, para montarse sobre mí, acomodo mi ariete entre sus labios vaginales y empezó a menearse suavemente, ufffff, estaba muy sensible y eso en un comienzo fue incomodo, pero la calentura de su sexo y lo lubricado que estaba, fueron calentándome paulatinamente.
Elisa se inclinó para besarme y luego ofrecerme sus tetas grandes y aguadas, en ese momento eran un manjar, las tome con las manos, para amasarlas y estrujarlas, esbozo una gran sonrisa, me lleve sendos pezones a la boca, para poder succionar, lamer y mordisquearlos a mi antojo, ufffff, sus pezones se pusieron duros y me deleite con ellos, demás esta decir que el estímulo también era para ella; suaves quejidos escapaban de su garganta, volviendo a besarme, sus cadera se movieron con un poco más de velocidad, pero si dejar de rozarnos, ufffff, a este punto ya había conseguido que mi ariete se despierte, unos morreos más y se movió a un costado mío, para con su mano comenzar a pajearme suavemente, doblándose para atrapar mi ariete entre sus labios, succionando con fuerza y si dejar de mirarme comenzó con otro descomunal felatio, por un momento se me blanqueo la mirada.
Otra vez su lengua comenzó a hacer juegos indescriptibles en mi ariete, lamiendo, succionando y besándolo en toda su extensión sin descuidar los testículos, ufffff, ya estaba a mil y preparado para una buena jornada. Elisa no dejaba de hacer estragos con su lengua, eso sí, sin dejar de mirarme, extendió su mano, ofreciéndome sus dedos, los recibí en mi boca, esto hizo que incremente el ritmo de la felación, en este punto tenía que hacer algo porque si no me iba a hacer venir otra vez; opte por detenerla.
- ¿Qué pasa Lunatacas?
Espera, dame un momento.
- No te gusta que te la chupe.
Si, me encanta.
- ¿Entonces por qué me detienes?
Si sigues así me vas a hacer venir.
- ¿Y cuál es el problema?
No hay ningún problema.
Me coloque encima de ella, ella abrió sus piernas instintivamente, coloque mi ariete en la entrada de su carnosa vulva de labios grandes y carnosos, estaba totalmente dilatada y abierta, pude apreciar su rosado y lustroso clítoris, ella con su mano roso la cabeza de mi ariete contra su clítoris, luego lo ubico en la entrada, y suavemente fui penetrándola, ahhhhhh, entre abriendo sus labios y cerrando los ojos, ufffff, sintió al invasor en su candente y lubricado agujero, una vez que mi cadera choco conta la suya, el ritmo fue innato, poco a poco se incrementó hasta que la habitación retumbaba con el plop, plop, plop de nuestras caderas.
En cada embestida, Elisa abría la boca de forma lujuriosa, recibía cada envión, clavó sus uñas en mis brazos, dejo caer su espalda sobre el colchón y sus piernas rodearon las mías, ahhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhh – demostrando que gozaba, unas embestidas más y note que comenzó a temblar, arqueo la espalda, clavando más sus uñas en mis brazos, y con un largo síiiiiiiiiiiiii – alcanzaba su primer orgasmo de la noche.
Observe sus movimientos, y cuando dejó de estremecerse, me libere, levante sus piernas y me acomode; hundí mi rostro en su vulva para saborear sus jugos, ufffff, sus labios vaginales abiertos, su clítoris descubierto, lamí y succione a mi antojo, Lunatacas, ¡qué haces!, está muy sensible, ahhhhhh, ¡no! – hice caso omiso y continue con la “sopeada”, ella solo me halo por los cabellos. Me incorporé, mis manos por debajo de sus rodillas, contemple el hermoso panorama y la penetre con fuerza, ahhhhhh, sin reparo alguno la embestí con fuerza, unos cuantos bombeos más y Elisa exclamaba otro largo síiiiiiiiiiiiii – sellando el segundo orgasmo de la noche.
Esa noche la hice llegar tres veces más, en mi caso llegué un par más, nos quedamos dormidos, empapados en sudor y con nuestros jugos desparramados en nuestros cuerpos, en la mañana me desperté al sentir como Elisa engullía otra vez mi miembro, queriéndome hacerme llegar a como de lugar, la detuve y tuvimos un gran mañanero, ufffff, luego nos bañamos y salimos a desayunar.
A partir de ese día, comenzamos una aventura sexual que duró poco más de 6 meses, a tal punto que hablamos para quedarnos solo en una habitación, nos dieron una más grande y como era evidente nuestro actuar el cuartelero nos preguntó si queríamos un sillón tántrico; pero esa es otra historia.
Luego se las contaré…
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