Me convertí en la amante de mi suegro
El cuidado de una herida accidental se transforma en un juego de miradas y tocamientos prohibidos. Cuando el afecto del esposo se desvanece, el suegro ofrece lo que falta: pasión, atención y un secreto que la arrastra hacia la infidelidad.
Me convertí en la amante de mi suegro.
Mi nombre es Micaela, Mica es mi apodo, soy una chica común, 1,69, pelo castaño, 86-57-92, según mi esposo soy muy atractiva, puede ser, pero mi defecto, que soy algo tímida, y bastante torpe, que, en un principio Romeo, mi marido, me consolaba, ahora ya no tanto, hasta llega a retarme, diciéndome que tenga, más cuidado, pero creo que es algo inherente en mí.
Bueno en aquel momento me encontraba trabajando en una empresa, y allí conocí a mi futuro marido, él tenía 24 años, y yo acababa de cumplir los 20, era un chico guapo, delgado y alto, lo cual me encantaba, siempre me gustaron ese tipo de hombres. Al año nos casamos, muy ilusionada, y con poquísima experiencia en el sexo, que lamentablemente mi esposo no supo, conducirme o enseñarme cosas, que al final con el tiempo se convirtió en algo rutinario y bastante monótono. Sentí nuestro matrimonio muy apresurado, pero me dio igual, él no era un mal chico, y por lo económico nunca tuve problemas, pero en la intimidad y en la parte romántica, si dejaba mucho que desear.
Mi suegro, Juan, era un retirado de la Armada, grado de suboficial mayor de enfermería, un tipo muy jovial, y un carisma especial, que se conservaba muy bien con sus 52 años, había quedado viudo, antes de conocer a mi futuro esposo. Nos dejó su casa y se fue a vivir a un departamento que tenía en el fondo, jardín por medio.
Después de un tiempo, venia más seguido, me había dicho:
“Los recién casados, quieren vivir solos, con el tiempo eso va desapareciendo”
Así que casi después del año, venia bastante seguido, contándome siempre alguna anécdota, de cuando viajaba, en algún barco de la Marina, o algunas aventuras amorosas en algún puerto.
Aparentemente era un tipo que le gustaban las mujeres, poco a poco, fuimos entrando en confianza, relatándome algún episodio, sin llegar a ir al detalle, pero imaginaba cosas, que nunca me había propuesto mi esposo.
Y a veces me decía:
“A la esposa hay que tratarla como a una puta y a la prostituta como a una dama” me hacía gracia ese dicho, a pesar que la primera vez que me lo dijo, medio me espante. No le contaba mi vida íntima con su hijo, a pesar que a veces intentaba hacerlo, porque me daba algo de vergüenza, comentárselo, tampoco él, me preguntaba cómo iban nuestras vidas, solo me decía que deseaba un nieto, que, con eso, se cumpliría su sueño.
Le dije a mi esposo, que esperaba de nosotros su padre, pero, me dijo:
“Todavía no, hay que afianzarse económicamente y un montón de cosas sin demasiado fundamento” Contestándole:
“Tenemos la vivienda, gracias a tu padre, tu sueldo no es malo, no tenemos apremios económicos, está el auto, además Juan, siempre nos ayuda, no sé qué estamos esperando”
Esta conversación, la tuvimos varias, así que decidí, no tomar más las pastillas anticonceptivas, cuando quedé, no me hizo ningún reproche, aunque mi suegro estaba más contento y emocionado que su hijo.
En los inicios de mi embarazo, mi torpeza, me llevo a tener un accidente, que si bien, podría haber sido bastante grave, dentro de todo, pudo ser controlado.
Una mañana estaba preparando la comida, cuando tomo la botella con aceite, para freír unas papas, cuando se me resbala, rompiendose contra el piso, desparramándose el aceite, cuando intento limpiarlo, resbalo, cayendo sobre algunos fragmentos de vidrio, cortándome la pierna, donde la mayor herida era cerca de mi ingle.
Empezó a salir mucha sangre, temí por el embarazo, me asuste bastante, solo atine a llamar por el celular, a mi suegro, que por suerte estaba en su casa. Acudiendo rápidamente, auxiliándome de mi estúpido accidente,
Apenas entró, corrió a levantarme, alzándome para acostarme sobre la mesa, mientras buscaba alguna toalla, para que la oprimiese sobre la herida, para detener el sangrado.
Estaba bastante asustada, conteniendo ese lugar crítico, mientras me revisaba la otra herida, que no era tan importante, mientras me decía:
“Tranquila Mica, tranquila, no tengas miedo, no es nada” Aunque sabía que, pasaba una arteria en ese punto. Cuando me dice:
“Voy a tener que mirar, como esta, para saber si tengo que llevarte al hospital.”
“Está bien Juan, mire” Estaba tan asustado que, si tenía que desnudarme, lo hacía.
Me saqué la toalla, corriendo la pollera para que observase, cuando me dice:
“Tienes un trozo de vidrio incrustado, pero quédate tranquila, relájate” mientras intentaba extraerlo, intentando a su vez calmarme,
“Puedes desplazar un poco la bombacha, para ver mejor” Respondiéndole:
“Me la saco?” Pregunto inocentemente.
“Creo que no será necesario”
Sentí una especie de excitación, mientras, toqueteaba esa zona, limpiando o intentando parar la sangre, hasta que después de algunos minutos, el sangrado fue mermando, yendo hasta el botiquín del baño a buscar, alcohol, agua oxigenada, algodón, unas gasas. Regresando, para continuar con la curación, higienizando la zona, cuando le reitero:
“Tengo que sacarme la bombacha?
“No hace falta, aunque parece que deseas mostrarme tu “cosita” Me eché a reír, a pesar que me dio algo de pudor, al haberlo reiterado.
Cuando termino, le digo:
“Ay gracias Juan, no sé qué hubiese hecho, sin su intervención, se lo debo, muchas gracias” Dándole un beso, muy cerquita de sus labios.
“No te preocupes no me debes nada, haber visto tus piernas fue suficiente”.
Me puse colorada, porque mis bragas eran algo bastantes transparentes, a lo que se debía de hacer referencias.
Por la tarde me pregunta:
“Como están tus tajos?
“Cuál de ellos Juan?”
“No me busques pequeña, que me vas a encontrar” Me reí, aunque supuse, que sin querer le había dado cabida a algo más.
Me ilusione, pensando que, con el embarazo, nuestro matrimonio, se consolidaría, tomando el rumbo deseado. En el transcurso de mi preñez, mi felicidad se vio empañada rápidamente, me sentía abandonada, y además disminuyó nuestras relaciones sexuales, cuando mi cuerpo parecía necesitar más sexo, que, a pesar de no ser demasiada adicta, termine mirando pornografía, masturbándome cada tanto, para aplacar mi necesidad fisiológica, hasta hacerme alguna loca fantasía, con la vez que mi suegro me curó, las heridas.
Mi situación, no siempre la podía disimular, pero Juan, un tipo muy perspicaz, se dio cuenta de mi estado, hablándome y preguntándome que me sucedía, dándole excusas, como, por ejemplo, que era mi embarazo, la que me hacía comportar así.
Creo que eso lo llevo, a tomar otro rol, como padre y hasta como esposo, en determinadas cosas.
Una noche, me invita cenar en un restaurant cercano, como Romeo tenía una reunión de amigos, aprovechó la oportunidad, alegrándome por esa imprevista invitación. Me arreglé lo mejor que pude, para concurrir a esa cita, con alguien que de alguna manera me consideraba, su ser querido.
No parábamos de hablar, mientras comíamos, hacía rato que no había tenido un momento así, alegre, divertido y hasta picaresco en determinados momentos.
Cuando en un momento me toma mi mano, mientras seguíamos platicando, agradándome sentir esa calidez, mientras continuábamos con la cena. Entonces me dice:
“Mica, yo respeto a mi hijo, y su relación contigo, pero... bueno... si quieres platicar con alguien o te sientes sola y necesitas un oído, pues yo siempre estaría para escucharte. No pienses mal, yo sólo quiero que sepas que cuentas con alguien”
En ese momento, supongo que el vino me hizo decir y sentir cosas, desde no considerarlo como mi suegro, más bien como alguien, que me deseaba conquistar, hasta profundizar más la conversación, continuando diciéndole:
“¿A qué se refiere suegro, me está diciendo que esa falta de afecto que su hijo no me da, usted me la daría? Apurándose a responder:
“No, no me malinterpretes yo sólo…” Haciendo entonces un puchero, le digo:
“Ah, qué pena, ya me había ilusionado” Quedándose serio mirándome, dice:
“Hablas en serio Mica?” Me reí y le dije:
“Le da miedo? Contestándome:
“Por supuesto que no me da miedo, pero si, si te enojases, al sugerirte algo así”. Sintiendo que su mano oprimía más la mía, diciéndole:
“Sé que no le da miedo, bien que me acuerdo la vez que curo mi herida, a pesar del susto que tenía, observe que miraba muy atentamente lo que tengo entre mis piernas, al punto, que le ofrecí de verla en “vivo”, pero, no aceptó por una cuestión moral, supongo o por su hijo”
Se quedó serio y luego se rio, algo nervioso, diciendo:
“Me hubiese encantado verla, ¿supongo, que no te enojes?”
“Para nada, creo que el vino, me hace decir cosas, que no debo, le pido que me disculpe”
“No tengo que perdonarte, Mica, al contrario, podría darte el afecto que careces y algo más, si estas dispuesta, espero no te moleste”
Lo miré con una sonrisita algo pícara y le dije:
“Gracias Juan, en otra situación, sí, me habría molestado, pero como le dije, estoy algo falta, de afecto por parte de su hijo, así que no me molesta que otro hombre me miré, y pueda desearme, me complace realmente.
Se levantó, dándome un beso en la mejilla, llamando al mozo, para pagar, regresando a casa, tomada fuertemente de su brazo, pensando que paso a seguir, nunca había estado en una situación de esta índole, apenas llegamos a la puerta de casa, lo bese en los labios, diciéndole:
“Hasta mañana Juan, realmente lo he pasado, más que bien, pero estoy algo mareada”
Me habría gustado seguir con mi suegro, pero tuve un cierto temor, al saber que mi esposo no había llegado, me dio algo de rabia no haberme quedado más tiempo. Vino a mi mente el día que me curó, haciéndome una fantasía, excitándome, hasta que acabe masturbándome.
A la mañana siguiente, cuando lo vi, me pareció que debía de aclararle, lo que había dicho en el restaurant, en cuanto empecé a disculparme. Me dice:
“No tienes que disculparte Mica, para mí fue una hermosa velada y espero repetirlo, ¿si quieres?” Dándome un beso en la frente.
Le agradecí, sin llegar a nada más, fueron pasando los días, tuve la sensación de que mi esposo estaba cambiando, llevándome a borrar de mi mente a su padre. Pero a los pocos días, se repitió esa indiferencia, y la falta de cariño que me podía brindar.
Una tarde de sol, me acosté en una de las reposeras, a disfrutar de sus cálidos rayos, me puse unos shorts, una remera corta, levantándola, tapando mis pechos, cuando sale Juan de su departamento, al verme me dice:
“Que linda que estas Mica, el embarazo te favorece, además se nota tu pancita, estará contento mi hijo”
“Si, si, supongo. Claro ya estoy en los tres meses” Arrodillándose a mi lado. Mientras le digo:
“Quiere tocar a su nieto o nieta?
“Porque no, es un placer” Acariciando mi pancita, donde ese cálido contacto me alteró, disfrutando ese recorrido circular, que llegue a desear que tocase en todos lados.
De pronto se levantó, diciéndome que tenía que salir, supongo que se contuvo de continuar, para evitar algo más. Comprendía su situación, a pesar de ofrecerme ciertas cosas, pero era la esposa de su hijo, tampoco quería entregarme abiertamente, posiblemente intentaría seducirlo de alguna manera o no.
Días después me puse a la tarde a tomar sol, no sé si el calor o por mi estado estaba algo, alterada, metí mi mano bajo el pantaloncito, tocándome comprobando que estaba mojadita, eso me perturbo aún más, aprovechando que no me había puesto sostén toqué mis pezones, mientras seguía fregando mi vagina, cuando oí la voz de mi suegro, que me saludaba, intentando inmediatamente disimular mi indiscreción. Sin saber que decir, le comento:
“Le gustaría saludar a su nieto/a?”
“Porque, no”
Levantando más mi camisola, dejando algo al descubierto parte de mis tetas, cuando su mano acaricia mi panza, rosando parte de mi seno, percibiendo la calidez de su palma recorrer la superficie de mi abdomen, que me llevo a acelerar mi respiración, con la agitación propia de un momento de excitación.
Inesperadamente o no, su mano tomó mi pecho, oprimiendo con sus dedos mi pezón, gimiendo como una gata caliente, eso pareció alentarlo a continuar, besando mi abdomen, tocando mis piernas, mientras levantaba mi camisola, sentándome para que la quitase, cuando sorpresivamente suena el timbre, nos miramos sorprendidos, recordando que vendría mi madre a visitarme.
Me arreglé como pude, yendo a abrir la puerta, me tardé unos minutos, cuando apenas me ve dice:
“Como tardaste en abrir”
“Estaba en el parque mamá”
Cuando aparece Juan, que la saluda, notando la sonrisa que mi madre. le hace, mientras que mi suegro le da un beso en la mejilla, comentando que tiene que salir.
Como la mayoría de las veces, terminaba con alguna discusión con mi madre, fundamentalmente relacionada con mi esposo, que nunca le gusto. Después de irse, dejándole saludos a Juan, llega mi suegro, dándome un beso diciendo:
“Discúlpame, por lo de hoy en el jardín, creo que me sobrepase.”
“Juan, no se preocupe, ya paso, creo que estaba expuesta a que sucediese algo”
“Si, realmente estabas muy tentadora” Me reí, diciendo:
“Viniendo de Ud., es un piropo”
“Gracias Mica, eres divina” Dándome un suave beso en los labios, sintiendo su calidez y un sabor especial, mientras iba a su casita.
Esa noche tuve sexo con mi esposo, pensé que aplacaría mi calentura, desnudándome para tener una ardiente relación, pero apenas toco mis tetas, montándome para acabar rápidamente, y girarse para dormir. Quedándome bastante resentida, con ese sexo, corto y frio, terminando levantándome, yendo al baño a masturbarme haciéndome fantasías con mi suegro.
Antes de casarme, jamás pensé en engañar a mi esposo, aunque ahora pienso lo contrario, ya que motivos hay suficientes. Los días pasaban, mi panza crecía, la rutina en parte me angustiaba, pensaba si a los 22 años que tenía, ya estaba aburrida de la vida de casada, ¿qué sucedería más adelante?
Una mañana me levanté bastante malhumorada, desayuné, hice algunas cosas, pero permanecí con mi buzo de dormir y mis pantaloncitos, cerca del mediodía, me preparé un café, sentándome en la cocina, estaba distraída envuelta en mis pensamientos, cuando me sorprendí con la llegada de mi suegro, que después de saludarme, notó que me tomaba el cuello. Comentándome:
“¿Te duele el cuello, Mica?
“Si, es como una contractura”
“Quieres que te masajee?
“Porque no suegro”
Comenzando a amasar mis hombros, el cuello, que con mi camisola se hacía algo incómodo, pero sus dedos se hacían sentir, era muy placentero y hasta excitante ese fuerte friccionar, sin pensarlo terminé quitándome la prenda superior, dejando mis tetas al aire, mientras mi suegro algo sorprendido no demoró en tomarlas.
Hasta que comenzó a oprimirlas, apretando mis pezones, llevándome a un estado incontenible, donde rápidamente mis gemidos se hicieron elocuentes, besándome en la boca, entrelazando nuestras lenguas, en un momento de total fogosidad.
Me alzo, rodeándolo con mis piernas, sin dejar de besarnos, hasta que me sentó sobre la mesa, quitando mis pantaloncitos, succionado apasionadamente mis tetas, percibiendo como comenzaba a mojarme con fluidez.
Comenzando a quitar mis bragas, levantando mi culo, para dejar que las fuese desplazando, cuando sus dedos tocan mi húmeda vagina, para llevarlos a mi boca, que los chupe ávidamente.
No dejábamos de besarnos, hasta que me acomodó, elevando mis piernas, sintiendo su verga, deslizarse suavemente ante mi abertura por la lubricación emanada. Donde un bombeo lento y continuo, fue aumentando mi excitación, sintiendo como mi cuerpo comenzaba a convulsionarse.
Me parecía estar en un sueño, disfrutando del sexo con mi suegro, produciendo un gemido cada vez que entraba y salía su erecto miembro, hasta que mi estremecimiento se hizo incontenible, mientras lo rodeaba con mis extremidades, alzándome, bombeándome con mayor tenacidad, ante mis gritos de conmoción, hasta que un fuerte orgasmo revoluciono todo mi cuerpo, en el momento que la calidez de sus flujos evacuaban a mi útero.
Mi agitación era tal, que permanecía abrazada a mi suegro, al punto de preguntarme:
“¿Estas bien, Mica?
“Más que bien suegro, fue maravilloso”
“Realmente es un halago mi querida nuerita”,
Estaba bastante confundida con lo sucedido, no era porque no me agradó, al contrario, el tema era, que sucedería de ahí en más, estaba aplacada por un tiempo, después Dios dirá. Traté de hablar con mi suegro sobre lo ocurrido, había sido un momento de locura, pero muy placentero, después de conversarlo, me dijo que no me preocupase, que siempre estaría presente para lo que necesitase, y un montón de cosas más, que si bien no llegamos a nada, termine dándole un beso.
Una mañana, me dice:
“Te diré algo, Mica, a medida que crece tu pancita estas más hermosa, y permíteme decirte, que tu estado te hace muy sexy”
“Gracias suegro, ya estoy en el sexto mes”
Sus palabras no solo me conmocionaban, sino llegaban a revolucionar mis hormonas, había alguien que se preocupaba por mí, hasta tuve el deseo de entregarme nuevamente, que, sin pensarlo, levanté mi blusón para sentir su caricia en mi panza, motivo suficiente, para elevarlo, subir mi sostén acariciando mis tetas, que al sentir ese contacto se erizaron mis pezones.
“Han crecido, verdad” A pesar de lo sucedido hasta el momento, me ruboricé, contestándole:
“Muy observador suegro, si, tuve que dar una medida más a mis corpiños” Mientras los acariciaba suavemente, alterándome cada vez más, donde nos empezamos a besar, mientras le desabrochaba el cinto, cayendo sus pantalones, tomando su tieso miembro, arrodillándome para mamárselo, con desesperación.
“No me hagas acabar, querida”
“No se preocupe, lo quiero cerca de su nieto” Riéndose, de mi ocurrencia.
En determinado momento me detuvo, ayudando a levantarme, mientras terminaba de sacar mi blusón, el sostén y el resto de mi ropa, hasta quitarme todo, observándome embelesado ante mi desnudez.
Con suma delicadeza me giro, flexionándome contra la mesada, apoyando mis tetas sobre el frio del mármol, separando mis piernas, para introducirme su verga, con total sutileza, sintiendo inmediatamente convulsionar mi cuerpo. Mientras sus lentos movimientos lograron llevarme a un par de delirantes orgasmos, hasta que su esperma regó mi interior.
Cuando finalizamos, se sentó en una silla, con los ojos algo vidriosos, le pregunte que le sucedía:
“Me has hecho recordar a mi esposa, era dulce, adoraba tener sexo, y contigo me has llevado a cuando estaba embarazada, reviviendo algo. que jamás creía que se repitiese”.
Me conmovieron tanto sus palabras que, así como estaba me senté sobre sus rodillas abrazándolo, permaneciendo bastante tiempo.
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