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Priscila y el viejo payaso de la feria - PARTE 3

El payaso la miraba desde las sombras, y Priscila decidió que no sería la víctima. Le devolvió la mirada con un desafío: un juego de retos donde la humillación era la moneda de cambio. Pero mientras ella bailaba para la multitud, él ya tenía su alma en la pantalla del celular.

Priscila16K vistas9.6· 5 votos
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El sorteo continuó con el verdadero ganador, y en ese momento, recibí un último mensaje del payaso.

Payaso 🥵 🥵 🥵 🥵 🥵 🥵 🥵

El mensaje del payaso envió una oleada de calor a través de mí, despertando un torbellino de emociones. Una furia disfrazada de vergüenza surgió, pintando mis mejillas con un rubor ardiente. ¿Cómo se atrevía a reaccionar de esa manera después de lo que había compartido con él?

Mi mente se precipitó hacia una imagen inquietante: el indigno payaso, quizás escondido en algún rincón de la feria, liberando su deseo contenido con las imágenes que le había enviado. La idea de su excitación alimentada por mi indignación, un extra que él no merecía, solo avivaba la fogosidad de mi enojo. ¿Dónde se escondía ese anciano payaso? Mi mirada escudriñaba el lugar, y un instinto de protección me llevó a cruzar mis brazos sobre mi pecho, cubriendo mis senos como si así pudiera resguardarme de su mirada indiscreta, aunque era todo incensario pues nuevamente me enrojecía al recordar que el anciano ya tenía imágenes mías con mis senos desnudos.

Pero incluso bajo el sujetador y el traje, una sensación de vulnerabilidad persistía, como si su presencia acechante estuviera grabada en mi piel. Una corriente de anticipación y temor se entrelazaba, sus ojos, imaginarios pero intensos, parecían seguir cada movimiento. ¿Qué más podía querer de mí? ¿Qué tipo de ventaja intentaba obtener en esta situación incómoda y desafiante?

Parecía que comenzaba con alucinaciones pues giraba la cabeza repentinamente creyendo ver la silueta ridículamente graciosa de mi estafador.

Pero entonces, como una maldición que incrementaba aun más en mis nervios, apareció Gerardo, el representante de la marca con la que colaboraba, moviéndose elegantemente de regreso al Stand. Su presencia revivió instantáneamente la charla que habíamos compartido, una conversación provocada por los retos del payaso que, de alguna manera, liberaron mis deseos ocultos.

Con cada paso que daba hacia mí, su sonrisa se ampliaba, sus ojos fijos únicamente en mi persona. Sentí una oleada de emociones conflictivas: repulsión hacia él, hacia mí misma por cómo había actuado. Una vez más, mis impulsos y excitaciones me habían traicionado, arrojándome a un juego peligroso del que apenas podía escapar.

Cuando Gerardo finalmente se detuvo frente a mí, su mirada cargada de insinuaciones despertó un cosquilleo de anticipación en lo más profundo de mi ser. Cada palabra que escapaba de sus labios acariciaba mi piel como una caricia sutil, pero su presencia, su cercanía, se sentía como un desafío, un juego erótico que se desarrollaba en medio de la feria bulliciosa.

Al principio, mi expresión era de indiferencia. Evitaba incluso mirarlo a los ojos, tratando de mantener cierta distancia emocional.

Gerardo: Entonces, ¿querías ganarte la moto, verdad? - Su tono era indulgente, como si conociera algún secreto que ambos compartíamos. - No te frustres, todo esto estará arreglado.

No respondí con palabras, solo moví la cabeza en un gesto que pretendía ser de aceptación, pero que en realidad gritaba mi deseo de terminar esa conversación.

Gerardo: Pero no te desanimes, tengo algo para ti - Sus palabras capturaron mi atención, mi mente inmediatamente sospechó de alguna complicidad entre él y el payaso, aunque era absurdo. Durante todo el evento, ni siquiera se habían dirigido la palabra. ¿Qué juego estaban tramando?

Gerardo: Tengo influencias. Te dije que todo está bajo control y podría asegurar que ganes. ¿Qué dices? No quiero ver triste a la musa de mi stand - Hablaba con un tono protector irritante, como si intentara consolarme sin que lo pidiera. Si su intención era ligar conmigo, estaba lejos de lograrlo.

Finalmente, decidí romper el silencio, deseando simplemente que dejara de tratarme de esa manera. Quería hacerle entender que respetara mi profesión como impulsadora y que mantuviera todo en el ámbito profesional.

Priscila: ¿Y qué debo ofrecer a cambio? - Mis propias palabras me sorprendieron. Era como si una versión diferente de mí, una que se escondía en lo más profundo de mi ser, emergiera en momentos donde mi morbo se liberaba.

Recordé la conversación similar con el payaso, cuando me ofreció el boleto ganador de la motocicleta, engañándome a su antojo para luego manipular mi mente hasta obtener las fotos comprometedoras.

Mi respuesta a Gerardo estaba impulsada por el deseo de reclamar mi poderío, de enviar un mensaje "psíquico" al payaso, demostrándole que no solo podía jugar con él, sino divertirme con quien yo quisiera. Podía parecer una tontería, pero quizás lo hacía para recuperar mi orgullo.

Sus palabras irrumpieron en mis pensamientos, rompiendo el silencio que parecía pesar sobre nosotros:

Gerardo: Bueno, seguro podemos llegar a un acuerdo. ¿Qué te parece si continuamos la charla en privado?

Priscila: Suena interesante, pero preferiría que me dijeras cuál es el trato aquí mismo. ¿No te parece?

Hubo un cambio en la expresión de Gerardo. Un atisbo de nerviosismo se filtró en sus gestos cuando se posicionó frente a mí.

Gerardo: Priscila, sabes que me gustas. Creo que tú y yo podríamos pasar un buen momento a solas. - Sus palabras eran directas, evidenciando su excitación, pero esto solo me impulsó a tomar el control.

Priscila: Lo entiendo. Quizás podría considerar ceder y hacerte vivir una experiencia inolvidable. - Mi tono se volvió seductor mientras deslizaba mi dedo índice por su hombro hasta su pecho. - Pero necesito garantías. ¿Cómo sé que cumplirás tu palabra?

Gerardo: ¿Acaso no confías en mí? ¿En tu jefe? - Su intento por ligar era desesperado y obvio.

Priscila: No caeré tan fácil esta vez.

Gerardo: Jaja... ¿"Esta vez"? - Su risa me hizo sentir un ligero rubor de vergüenza.

Priscila: No soy ingenua. Muy bien, ¿cuál sería el trato?

Gerardo: Por ahora, solo debes confiar en mi palabra. ¿Eso no es suficiente? ¿Cuándo te he fallado?

Priscila: Pero si nos acabamos de conocer hoy, jaja.

Gerardo: Entonces, nunca. Como ves, soy de fiar.

Priscila: Buen intento.

Gerardo: ¿Qué debo hacer para convencerte? Dime tú.

La mirada de Gerardo se desvió sutilmente hacia mi escote. Sus ojos, llenos de un deseo apenas contenido, recorrieron fugazmente la línea de mi vestimenta, un gesto cargado de una lascivia tentadora que me hizo sentir un cosquilleo recorrer mi piel. Mantuve las manos cruzadas sobre mi pecho, consciente de su mirada ardiente, mientras recordaba las imágenes enviadas al payaso, una sensación embriagadora que despertó una emoción prohibida.

Priscila: Nada, confío en ti. ¿Nos vemos en el vestuario en 5 minutos? - Su expresión cambió, mostrando un entusiasmo que lo hizo ruborizarse y temblar ligeramente. - Espera allí y cerramos el trato, ¿de acuerdo? Tiene que ser discreto, sin levantar sospechas.

Sin decir una palabra, miró nerviosamente a su alrededor. Luego, agarrándome con fuerza de la cintura en un intento por contener sus impulsos, respiró profundamente y se retiró en dirección al vestuario, con un aire nervioso y excitado.

Decidí alejarme hacia los baños en lugar de dirigirme directamente al vestuario. Evitaba a mis compañeras; no quería enfrentar miradas de juicio por mi encuentro con Gerardo. Mientras caminaba, pasé cerca del stand de los payasos, buscando al mio entre la multitud. No lo encontré y la idea de que pudiera haber compartido las fotos con los demás payasos me inquietó. Levanté la vista y sentí sus miradas, como si supieran algo, aceleré el paso alejándome.

Di toda la vuelta a la feria antes de llegar al baño. Aún sentía las miradas de los transeúntes sobre mí, mi figura dibujada por el ceñido traje blanco de impulsadora. Entré al baño de mujeres y noté que estaba vacío. El espejo, mucho más grande que el de los vestuarios, me mostraba con claridad, revelando mi figura esculpida por el ajustado traje blanco.

Al observarme detenidamente, comprendí la excitación de Gerardo. Sin falsa modestia, reconocí que lucía realmente espectacular.

Mientras me observaba en el espejo, mis ojos se detuvieron en el contorno ceñido del traje blanco. Cada curva estaba resaltada por la tela ajustada, desde el escote que abrazaba mi figura hasta la suavidad de mi cintura, delineada con precisión. El escote, sin ser excesivamente revelador, realzaba sutilmente mis atributos, invitando a la imaginación sin mostrar demasiado.

Mis manos trazaron el contorno del cuello del traje, deslizándose hacia los hombros, admirando la forma en que se ajustaba a mi piel. Seguí la línea del traje, descendiendo por mi torso hasta llegar a la cintura, donde la tela abrazaba con delicadeza mis curvas, acentuando la feminidad de mi figura.

Giré sobre mis pies con los tacones negros y mi mirada bajó hacia mis piernas a través del espejo, notando cómo el traje se adhería a cada curva y pliegue, resaltando la suavidad de mis muslos y el contorno firme de mis glúteos. La tela ceñida acariciaba cada parte de mí, dando una sensación de confianza y poder que se reflejaba en mi postura.

En ese momento, un cosquilleo de excitación recorrió mi cuerpo al reconocer el efecto que mi apariencia podía causar. Era como si el traje blanco se convirtiera en una extensión de mi sensualidad, una invitación silenciosa a la tentación y al deseo.

Recordé aquel instante en el vestuario, cuando el payaso había entrado a hurtadillas, creyendo que yo no me había percatado. Decidí revivir ese momento, permitiéndome un instante de atrevimiento. Deslicé la cremallera de mi traje hacia abajo, liberando mi espalda, con mi reflejo en el espejo como único testigo.

Mi mirada se posó en la hebilla del sujetador rojo, adentrándome en la intensidad de la mirada del payaso, como si sus ojos vieran a través de los míos y el reflejo del espejo. Fue un instante cargado de tensión, una sensación que revivió en mi mente.

Giré con cuidado para estar frente al espejo, manteniendo mi atención hacia la puerta, atenta a cualquier sonido que indicara la proximidad de alguien. El silencio reinante en el lugar, actuó como un cómplice, otorgándome una sensación de libertad. Sin apartar la mirada de la puerta, con ambas manos tomé mi escote y deslicé el traje hacia abajo, estirando la tela hasta revelar la mitad de mi pecho, revelando el sugerente sujetador rojo.

Al volver la vista al espejo, una oleada de calor me invadió. La imagen reflejada me hizo sentir una excitación arrolladora, como un torrente de deseo latente. Cada fibra de mi ser anhelaba liberarse, desgarrar aquel vestido. Mis pensamientos dieron un giro hacia la cita acordada con Gerardo, recordándome que ya debería haber estado allí. Todo esto desencadenó una oleada de temblores de excitación que recorrió mi cuerpo.

Impulsada por una oleada de emociones, me acerqué al espejo hasta sentir el roce de mi aliento sobre el vidrio, empañándolo ligeramente. Descendí aún más la tela del traje, dejándola reposar justo en el inicio de mis senos, Levanté con delicadeza el sujetador hasta divisar mis pezones y me incliné hacia adelante, apoyando mi cuerpo sobre el frío cristal, buscando la sensación de frescura.

El contraste entre la tibieza de mi piel y la frialdad del espejo enviaba una oleada de sensaciones por mi cuerpo. El cosquilleo del vidrio contra mis pezones se mezclaba con la excitación, creando una intensidad electrificante. La adrenalina latente recorría mi piel, alimentando cada uno de mis sentidos con vértigo.

Comencé a subir y bajar frotando el espejo mientras mi boca se abría sintiendo las sensaciones, el apoyar mi pecho sobre el espejo teniendo el lavamanos en frente hacía que mi cuerpo se curve, resaltando aún más mis curvas mientras empinaba el trasero.

El espejo retuvo algo de mi calor, necesitaba otro cómplice. Me recline sobre mis piernas, apoyando mis atributos sobre el lavamanos. La presión ejercida sobre ellos hizo que se elevaran, y mientras sentía el frío de los azulejos, observé mi reflejo en el espejo. Mis labios se mantenían entreabiertos y mis pezones endurecidos apuntando hacia arriba, ansiando experimentar una sensación que superara lo convencional.

Justo en ese instante, el sonido de unos pasos resonó tras la puerta del baño. Sin pensarlo dos veces, me apresuré hacia uno de los cubículos y, tal como estaba, con los senos liberados me encerré para recuperar la compostura mientras éstos se balanceaban.

Encerrada en el cubículo, me concentré en arreglar mi atuendo mientras, sin querer, escuchaba la conversación que se desarrollaba afuera. Eran Laura y Sofía, mis compañeras de trabajo como impulsadoras.

Escuché sus voces, y pronto sus palabras giraron hacia mí. Comenzaron a discutir todo lo que había hecho ese día, cosas que las habían sorprendido.

Laura: ¿Y recuerdas cuando se puso a bailar mientras repartía los volantes?

Sofía: Sí, fue bastante inapropiado. No entiendo por qué lo hizo. Y luego, ¿cómo se acercó al payaso y le dio un beso en la mejilla?

Laura: Sí, definitivamente exageró sus movimientos mientras interactuaba con él.

Sofía: Se veía poco profesional. Me sorprende su falta de seriedad.

Laura: Y después de todo eso, ¿Cómo apareció de repente, sin sujetador, mostrando las tetas para seducir a Gerardo?

Sofía: Eso fue demasiado. Es una puta. Vi como hablaron entre ellos, ahora mismo deben estar cogiendo.

Laura: No sé cómo no le importa lo que piensen los demás.

Sofía: Totalmente. No sé qué espera lograr con ese comportamiento. Pero por lo menos la muy puta mantuvo el ambiente entretenido y nos consiguió más visitantes no jaja

Laura: ¡Oye, quién necesita un sostén cuando tienes unas tetas que venden lo que sea, ¿verdad?

Laura y Sofía, no pudieron contener la risa explotando en carcajadas, esperé a que terminaran de arreglarse y mientras salían del baño escuché sus últimos comentarios.

Laura: Debería haber una cláusula en su contrato que diga: "Prohibido distraer con trajes reveladores"

Sofía: Exacto. O me parece que tendrán que actualizar su contrato con otra cláusula que diga " No se admiten prostitutas"

Las risas se desvanecían, pero lejos de molestarme, me sentía tranquila, pues sabía que ellas me miraron con cierto recelo desde el principio, al ser mas alta y mas bella, era normal que me critiquen, en mi trabajo como modelo experimenté de todo, el mismo Gerardo plantó sus ojos en mi sin poder quitármelos dejándolas de lado… ¡Gerardo!

A pesar de la promesa con Gerardo, la llama que había encendido en el morbo del momento se había disipado, la Priscila normal había vuelto. Pero mi cuerpo aún vibraba con esa energía sensual desencadenada por mi autocomplacencia experimentada. En lugar de dirigirme hacia los vestuarios como lo había pactado con Gerardo, me sentí impulsada a regresar al stand, donde la atmósfera se había cargado de una tensión diferente, una que despertaba una especie de desafío entre las miradas con las chicas

Nos evitábamos mutuamente, envueltas en un silencio incómodo. El tiempo pasó lentamente, y en medio de esa atmósfera tensa, mi celular recibió un mensaje.

Payaso: ¿Quieres seguir con el juego, cariño?

El mensaje atravesó mi piel con una osadía que me hizo estremecer. El tipo no había tenido suficiente, y aunque inicialmente decidí no responder, con el tiempo, el impulso de reclamarle comenzó a crecer en mí. Sentí la necesidad de enfrentarlo y, tal vez, sumergirme nuevamente en su juego, pero esta vez con más astucia.

Priscila: Me engañaste. No gané la moto, eres un estafador.

Payaso: Pero, cariño, yo no te obligué a mandarme esas deliciosas fotos.

Priscila: Fue la emoción del momento. No debía hacerlo, pero eso no quita que me engañaste.

Payaso: ¿Qué debo hacer para recompensarte? Si quieres, te mando fotos también. ¿Quieres?

Priscila: ¿Y para qué querría fotos de un payaso ridículo? No me interesa.

Reflexioné sobre la situación. El saber que yo también tendría fotos comprometedoras suyas me daba una sensación de poder en la situación. Si él se atrevía a enviar mis fotos a alguien más, ¿por qué yo no podría hacer lo mismo? Era un juego peligroso, o quizás era el morbo de verlo vulnerable. ¿Cómo se vería desnudo? Me parecía repulsivo pero inquietante.

Priscila: Bueno, aunque no compensa casi nada, creo que puedo aceptar tus fotos como parte de una tregua, pero quiero una revancha. Esta vez, yo te plantearé retos y castigos. Es lo menos que puedes hacer para satisfacerme.

Payaso: Priscila, ¿realmente quieres eso? ¿Solo buscas humillarme? ¿Es eso lo que te excita? Sé que no es lo que verdaderamente buscas. Sería aburrido. Lo que quieres son más juegos ardientes, ¿verdad? Admítelo, tu deseo es más fuerte que tú. Por eso coqueteaste con tu representante.

Un calor repentino invadió mi cuerpo al confirmar mis sospechas: el payaso había estado observándome todo este tiempo desde algún lugar de la feria. Miré a mi alrededor, pero no lograba encontrarlo.

Priscila: Sal de tu escondite. Sé un hombre.

Payaso: Lo haré si aceptas volver al juego. Esta vez será más justo, sin trampas, te lo juro.

No respondí, pero admito que sentí una excitación al saber que podría experimentar nuevamente las sensaciones que me provocaron los retos del astuto payaso. Necesitaba, de alguna forma, ser "domada", y eso me encendía. Instintivamente me cubrí los senos, sabiendo que el anciano me observaba desde algún lugar.

Priscila: Déjame considerarlo. Aún no me has enviado nada.

Pasaron unos minutos y la falta de respuesta me desconcertaba. Revisaba ansiosa mi celular, esperando alguna señal del payaso, quien había logrado desestabilizar mi deseo de una manera desconocida.

Los mensajes llegaron y, para mi sorpresa, el atrevido payaso me había enviado fotos suyas, ¡imitando mis poses! Era una burla cómica pero irritante, casi como si estuviera jugando con mi paciencia. La situación era absurda.

Las fotos que recibí del payaso eran una sátira perfecta de mis poses. En una de ellas, mantenía mi mirada fija en la cámara mientras ajustaba suavemente el tirante del sujetador, demostrando su resistencia al tirar de él delicadamente. Mis gestos sutiles con los labios y la mano permitieron que mis senos se acomodaran con elegancia aun con la prenda. El payaso tiraba de su traje exagerando sus gestos con los labios imitando la foto.

En otra, desde un ángulo superior, había mostrado cómo mis gestos juguetones transmitían una sensualidad, guiñaba un ojo y juntaba los labios en forma de beso. Mientras me aprisionaba los senos rodeándolos con el antebrazo, mientras, al empujar suavemente se unían y se elevaban, dirigiendo mis pezones al centro y realzando su forma de manera intensa. El payaso no tenia nada que aprisionar, pero se esforzaba por empujar su piel decrépita.

En la otra foto, me había sentado con gracia y cruzaba las piernas, manteniendo una postura erguida. Desde un ángulo superior mostraba mis senos desnudos mientras una mano descansaba sobre mi rodilla. El payaso había imitado hasta la forma en que mi traje caía hasta mi cintura dejando caer el suyo.

Y la última era cuando me había recostado ligeramente de lado, dejando que la gravedad acomode mis pechos. Una mano sostiene la cabeza con gracia mi cabello. El payaso no pudo imitar mi elasticidad y la gravedad se concentraba en que su peluca cediera graciosamente

Admito que, a pesar de haberme irritado inicialmente por sus burlas, el payaso logró arrancarme una sonrisa. No era lo que esperaba, pero su capacidad para jugar con la situación me sorprendió.

Priscila: Eres un auténtico payaso, ¿no?

Payaso: ¿Entonces, te unes al juego? 😏

Priscila: Qué tienes en mente.

Payaso: Los retos y castigos son la base, pero ¿qué tal si esta vez nos retamos mutuamente y sin castigos? El primero en cumplir 10 retos gana el quien pierda debe cumplir una penitencia. 😈

Priscila: Suena interesante y más justo, pero ¿y si cambiamos un poco las reglas? Que no todo sea retos, agreguemos algunas apuestas donde la suerte decida quién gana.

Payaso: ¡Priscila, qué sorpresa! Al parecer, estamos en la misma sintonía. Pero, ¿qué te parece si añadimos algunas reglas adicionales? 🤩

Priscila: ¿Qué tienes en mente? No seas aprovechado

Payaso: Cariño, el juego debe ser juguetón y emocionante para ambos, ¿no crees? Tengo una idea. ¿Qué te parece si la diferencia de puntos obliga al que pierda a castigos más intensos? Por ejemplo, si cumpliste con 10 retos y yo solo 2, no solo ganas el juego, sino que puedes pedirme que haga me desnude frente a ti, por ejemplo y hasta te dejo tocar ¿qué te parece? 😏

Priscila: Jaja, ¿y qué pasa si yo soy la que pierde?

Payaso: Pues tiene que ser lo justo, ¿no? Lo mismo para ambos. 😉

Priscila: Definitivamente no te rindes, ¿eh? Y si la diferencia no es tanta, algo intermedio, digamos un 10 a 5.

Payaso: Bueno, algo intermedio... por ejemplo, yo podría borrar las fotos que me enviaste, eso realmente me dolería. Pero si tú pierdes, debería ser algo arriesgado también, como hacerme un baile donde dejes que roce tus nalgas. 😈

Priscila: Realmente estás muy intenso. Las fotos seguramente ya las guardaste en otro lugar, no soy tonta. Quizás si propones algo que realmente te cueste.

Payaso: Bueno, tú dime. No sé qué propones. 😅

Priscila: Si pierdes con una diferencia de 10 a 5, podrás hacer un baile sensual, pero esta vez hacia uno de tus compañeros payasos, debe haber roces también

Payaso: Jaja, me arriesgo, por ese par de nalgas hago lo que sea. Entonces va así: Si la diferencia es de 10 a 7, las penitencias serán suaves. Si es de 10 a 5 o 6, vendrá el baile con roce, yo con uno de mis colegas y si pierdes, lo haces conmigo. Si la diferencia es de 10 a 4 o menos en tu caso, me muestras tus senos y dejas que te toque durante un minuto o más 😏 En mi caso ¿Qué te parece que camine sin pantalón hasta mi stand frente a todos?

Priscila: Jaja, ya te imagino. Suena tentador, excepto lo de mostrarte los pechos y dejar que me toques, eso es demasiado, olvídalo. 🙅‍♀️

Payaso: Entonces, ¿qué te parece si tomo algún objeto y te rozo con él sin tocarte?

Priscila: Pero sin estar desnuda.

Payaso: Ok, sin el sujetador, sobre tu traje. De todas formas, ya muchos te vieron así. 😉

Priscila: De acuerdo, entonces si pierdo, dejo que tomes algún objeto y me roces "suavemente" sobre mi traje sin sujetador.

Payaso: Perfecto, y de los 10 retos, 5 serán tirados al azar como lo sugeriste, ¿te parece? 🎲

Priscila: Tenemos un trato, payasito. Esta vez te ganaré. Por cierto, empiezo yo. 😏

Payaso: Adelante. 😉 🤩 🤩 🤩

El sonido familiar de mi celular interrumpió mi día con un mensaje esperado pero inesperado a la vez. Otras fotos llegaron, imágenes capturadas por el payaso anciano desde lo alto de una improvisada estructura de fierro, destinada al personal técnico de la feria. Reconocí de inmediato el lugar, mi figura resaltaba desde la distancia, como si sus ojos estuvieran puestos exclusivamente en mí. Las imágenes revelaban que el payaso me había estado observando desde su escondite, fotografiándome en secreto, como un comprador clandestino de momentos íntimos.

Mis ojos escudriñaron la estructura metálica, buscándolo, pero ya no estaba. Me sentía como en un juego de escondite perverso, él acechando desde las sombras, mientras yo, sumida en un mar de luces y bullicio, me encontraba incapaz de discernir sus movimientos.

La idea de su ausencia inesperada, como si se hubiera desvanecido en el aire, me intrigó aún más. ¿Dónde estaba ahora? ¿Me observaba desde algún otro rincón oscuro, riéndose de mi incapacidad para encontrarlo? La emoción de la incertidumbre se mezcló con una excitación nerviosa, un deseo repentino de descubrir su paradero y, al mismo tiempo, una punzada de inquietud por no saber si estaba a salvo de su mirada indiscreta.

Entonces, en un impulso, sacudí la cabeza, apartando cualquier duda, y me sumergí por completo en la preparación del primer desafío.

Priscila: Señor payaso, su primer reto será salir de su escondite y presentarse frente a mí. Deberá coquetear muy directamente con una de mis compañeras, diciéndole cosas muy atrevidas hasta hacerla sentir incómoda. 😉😈

El mensaje partió de mi teléfono, una mezcla de desafío y satisfacción personal. La idea de este reto era en parte para mi propia satisfacción, una oportunidad para que Laura y Sofia paguen por hablar a mis espaldas.

Claro, busquemos intensificar esa tensión en la interacción:

Payaso: Ok, perdí un punto - Respondió de inmediato. 😏🎪

Su respuesta tan directa me desconcertó, resonando en mi mente mientras comenzaba a trazar la escena imaginada. Fue como si hubiera irrumpido en mis pensamientos, alterando el curso que estaba diseñando. Aquella repentina y firme contestación añadió un matiz inesperado a mi estrategia.

Además, me frustraba su oposición a aparecer frente a mí; parecía deleitarse en mantener esa tensión, como si cada momento de anticipación y misterio fuera parte de su juego. Era como si disfrutara el arte de hacerme esperar, manteniéndome en vilo con su ausencia.

Payaso: Mi turno, Priscila. Quiero que bailes una vez más como antes, pero esta vez debe ser un baile muy sensual. Debes convertirte en la atracción principal de la feria, allí en tu stand. Quiero que todas las personas se queden viéndote. Ganarás el reto si logras que por lo menos 10 personas se te queden viendo. 💃✨

La propuesta del payaso hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, recordando la primera vez que me desafió de manera similar. Reviví la misma adrenalina al recordar que la última vez me instó a bailar de forma sensual pero sutil, evitando llamar demasiado la atención. Ahora, su demanda de liberación total y la búsqueda directa de espectadores me hizo sentir una mezcla de emoción y nerviosismo. La adrenalina corría salvaje por mis venas, como un torrente de anticipación y desafío.

Recordé también las conversaciones de Laura y Sofia a mis espaldas, lo que añadía un matiz adicional sabiendo que nuevamente las sorprendería.

La adrenalina me envolvía en un torbellino de anticipación mientras mi cuerpo se mecía al ritmo de la música. Comencé moviendo mis caderas con una cadencia lenta, una danza hechizante que invitaba al deseo. Mis manos ascendían grácilmente por mis costados, acariciando la piel con una suavidad insinuante.

Los destellos de luz delineaban mis contornos, revelando cada curva que se contoneaba al compás. Mi cabello, como una cascada de seda, ondeaba con mis movimientos, rozando mis hombros y descubriendo mi nuca en cada giro.

Mis labios, pintados con un carmesí intenso, se entreabrieron ligeramente, exhalando un suspiro contenido que resonaba con la melodía sensual. Mis ojos, avivados por la pasión, destellaban con una mirada desafiante, invitando a la complicidad.

Mis dedos se deslizaban con gracia por mi piel, explorando líneas invisibles que delineaban la silueta de un deseo palpable. Los movimientos de mi torso eran como olas, subiendo y bajando con una fluidez hipnótica, tentando a la imaginación a seguir el ritmo.

Mis pechos, erguidos y tentadores, seguían el vaivén de mi cuerpo, insinuándose con cada movimiento, elevándose con gracia y dejando entrever la promesa de un deleite oculto. Mis dedos acariciaban mis muslos, ascendiendo con delicadeza, mientras mis piernas respondían con una fluidez felina, subiendo y bajando en una coreografía de deseo.

Con cada movimiento calculado, fui conquistando las miradas, sintiendo cómo la atmósfera se cargaba de una electricidad erótica. Los ojos se posaban sobre mí, algunos furtivos y otros descarados, pero ninguno escapaba al magnetismo de mi presencia.

Cada giro de mis caderas parecía dictar una melodía sensual, una sinfonía de tentación que desafiaba a los presentes a resistirse.

A pesar de mis esfuerzos por retener a la audiencia, la mayoría continuaba su camino, aunque no sin antes dar una última mirada que traicionaba su deseo de quedarse. Solo tres hombres permanecían, sus miradas intensas y hambrientas seguían cada uno de mis movimientos con avidez.

Cuando cuatro personas más se unieron, mi esperanza se avivó, pero dos se retiraron, sumiéndome en la incertidumbre. Me esforzaba por alcanzar la cifra mágica de diez espectadores, pero parecía una meta escurridiza, como si el desafío estuviera al borde de escaparse de mis manos.

Fue entonces que un grupo de jóvenes, contemporáneos míos, se detuvo. Sus miradas ardientes chispeaban con una excitación incontenible. Entre risas nerviosas y codazos juguetones, uno de ellos sacó su celular, desatando una reacción en cadena. Como abejas a la miel, otros se sumaron, transformándose en un mar de paparazzis espontáneos que capturaban cada uno de mis movimientos con sus cámaras.

Aunque el reto ya había sido superado con creces, me entregué más al ritmo de mi baile erótico. Cada giro, cada movimiento, estaba impregnado de una sensualidad embriagadora. Esperé pacientemente a que la canción se desvaneciera en el aire para finalizar mi danza, dejando como testigo un auditorio enardecido que estalló en un mar de aplausos.

Mientras me dirigía de regreso al stand en busca del taburete para descansar, experimenté una sensación similar a la de una desnudista tras un baile sensual, objeto de los deseos de aquellos que observaban mi figura desde atrás mientras caminaba.

Una vez sentada, saqué mi celular y comencé a escribir. Aunque noté que el grupo de jóvenes seguía observándome, dirigí mi mirada hacia la pantalla para enviar un mensaje al payaso que me había desafiado.

Priscila: Voy ganando. No importa si no lo viste, yo cumplí.

Payaso: Claro que lo vi, cariño.

Instantáneamente, me envió un video. Se había infiltrado entre mis espectadores mientras bailaba, ubicándose a mis espaldas. Al ver la perspectiva del video donde me filmaba, giré rápidamente para buscarlo, pero ya no estaba allí. Decidí continuar escribiendo para enviarle el siguiente reto que se formaba en mi mente.

De repente, sentí la presencia de dos de los jóvenes que se habían acercado al stand. "Disculpa, ¿podemos sacarnos una foto contigo?" me pidieron con cortesía.

"Por supuesto", respondí. Antes de que pudiera levantarme, se posicionaron a cada lado. Uno de ellos, con el celular en mano, se preparaba para una selfie, elevando su brazo para capturar desde un ángulo superior la fotografía.

El joven que sostenía el celular lo había posicionado estratégicamente, capturando desde un ángulo que realzaba sutilmente mi escote generoso. En la pantalla del teléfono, vi cómo mis pechos parecían ampliarse, destacando su forma por el efecto del ángulo de las fotos que se dispararon en una ráfaga.

La situación parecía ponerme en una encrucijada incómoda, pero decidí mantener la compostura y mostrarme profesional. Ante el agradecimiento de los jóvenes, sonreí, aunque por dentro me sentía algo inquieta. Su despedida rápida, con un beso en la mejilla y la evitación de contacto visual, me hizo sentir aún más incómoda.

Justo entonces, noté la aproximación de otros dos hombres, de mayor edad y aparentemente no relacionados con el grupo anterior. Aunque motivados por lo que habían presenciado, solicitaron tomarse fotos conmigo de manera más respetuosa. Me puse de pie y, con profesionalismo, permití que uno de ellos me rodeara la cintura mientras el otro tomaba la foto. Cambiaron de posición para más instantáneas, se despidieron agradecidos y se fueron.

Un tiempo después, recibí otro mensaje. Esta vez era una foto que el payaso había tomado desde un costado mientras posaba con los dos hombres mayores. En la imagen, el payaso capturó mi figura mientras doblaba una rodilla, resaltando sutilmente mi cadera.

Giré en un intento inútil de encontrarlo, sabiendo que no aparecería a la vista. Cuando me disponía a redactar el desafío, una idea se coló en mi mente: sumergirme en su juego. ¿Por qué pedirle que se mostrara cuando el juego era precisamente el misterio de su presencia?, Pero ¿cómo verificar si cumplía con el desafío?

Claro, su juego era sutil pero calculado. Si le proponía un reto que lo pusiera en acción, yo no experimentaría ninguna excitación real. El payaso parecía haber entendido mi inclinación por ser yo la protagonista, así que el desafío debía involucrar mi presencia de alguna forma. Una sonrisa pícara se dibujó en mi rostro al comprender que era ya cómplice en mi morbo, algo que hasta ahora solo yo guardaba en lo mas profundo de mi ser.

Con mi mente ya más traviesa, ideé un reto desafiante para el payaso, uno que requería su astucia pero que me involucraba directamente. Observé cómo el grupo de jóvenes revisaba las fotos que habían capturado, cada imagen parecía un trofeo de su audacia mientras formaban un circulo entre ellos.

Llenándome de emoción, comencé a redactar el mensaje:

Priscila: Payaso descarado, voy a sumergirme en tu juego. No te pediré que aparezcas, tu desafío será obtener las fotos que esos atrevidos me tomaron. Solo debes idear un plan o un discurso convincente, y por puro ego, quiero que grabes la conversación mientras ruegas por las fotos.

Payaso: "Interesante reto, Priscila. Al parecer, sigues superándote. Eres muy lista. Esperemos que se muevan de ahí. Voy a hacer lo que sea necesario

Después de un tiempo, el grupo de jóvenes continuó su camino, desapareciendo de mi vista. Aunque tuve la tentación de seguirlos para averiguar qué ocurría, el juego me obligó a mantenerme en mi lugar. Dejé que mi mente pintara la escena que probablemente ya se estaba desarrollando.

Los minutos se alargaban y aún no tenía respuesta. Pasaron unos largos 20 minutos hasta que recibí un mensaje en forma de audio. Era del payaso, grabándose a sí mismo mientras pedía las fotos a los jóvenes, quienes se las negaban. Fue gracioso escuchar sus ruegos y excusas, mientras los jóvenes solo se burlaban de él.

¡Entendido! Aquí tienes una versión con expresiones más vacilantes y titubeantes:

Payaso: Emmm, disculpen, señores, ¿podrían hacerme un favor? Vi cómo se tomaban fotos con la modelo, yyyy soy su representante y necesito algunas imágenes con ciertos participantes de la feria.

"Nosotros no queremos aparecer en ninguna portada o algo así".

Payaso (con inseguridad): No, no es para eso. Es solo para compartir en las redes sociales.

"No, gracias. Si eres su representante, pídele a ella que se tome fotos con otros. No estamos interesados".

Payaso: Es queeee... la verdad es que ella era mi novia y solo quería, ya saben, recordarla…

"¿Tu novia, dices? Jaja, ¿ese bon bon? ¿Qué iba a estar con alguien como tú?, deja de molestar viejo pajero”

El audio terminaba con risas exageradas. Me predispuse a escribir, con un tono triunfante:

Priscila: Perdiste. Aunque no era necesario que me enviaras el audio, te lo agradezco, estaba divertido. Bueno, ¿qué reto me propondrás ahora para intentar recuperarte frente a este bon bon?

Me dejó con el mensaje en visto, para mi sorpresa pasaron unos minutos y recibí las fotos que los atrevidos jóvenes se habían tomado conmigo.

Las imágenes resultaron ser descaradas a primera vista para cualquier observador. Mis pechos sobresalían de tal manera que parecía que estaban a punto de salirse de la pantalla.

Mientras examinaba la secuencia de fotos, noté como el otro tipejo a mi lado que no tomaba las fotos, era incapaz de ocultar su mirada descendiendo sutilmente para apreciar con más detalle mis encantos. Ambos había colocaron sus brazos a mi alrededor: uno rodeaba mi cuello y el otro se posaba en mi cintura.

El payaso lo había logrado, pero ¿cómo?

Mis dudas se despejaron cuando recibí otro mensaje: “Te dije que haría lo que fuera necesario”, acompañado de otro audio que cambió el juego por completo. El payaso había cruzado límites.

Payaso: Hey, caballeros, ¿qué tal si hacemos un trato?

“¿Qué estás tramando? ¿No ves que te podemos armar un lío aquí mismo?”

Payaso: Tranquilos, chicos, no es necesario llegar a eso.

“No nos llames chicos, no somos tus amigos, ¿ok?”

Payaso: Jajajaja (risa burlona de payaso).

“Ya te lo advertí” “Relájate” “no vale la pena”

Payaso: Tengo más fotos de mi novia, ¿no les interesa? – Hubo un silencio tenso – Podemos hacer un trueque…

“A ver, muestra qué tienes”.

El audio se cortó abruptamente, dejándome claro que el descarado payaso había compartido las fotos que le había enviado con mis pechos desnudos.

Un escalofrío recorrió mi espalda, y de nuevo el payaso lograba desconcertarme. Tenía ganas de enfrentarlo, de soltar una andanada de insultos, pero mis dedos temblaban al escribir, tratando de mantener la calma.

Priscila: No puedo creer que hayas hecho eso, ¡pasaste todos los límites! ¡Eres de lo peor!

Payaso: Uno a uno cariño 😉. Tu próximo desafío será el siguiente.

Mientras observaba el indicador de "está escribiendo", decidí dejarlo y vi, resignada, cómo el grupo de atrevidos regresaba a lo lejos. Sin decir una palabra a mis compañeras, salí disparada del stand y me dirigí a pasos rápidos hacia los vestuarios.

Al llegar a mi "refugio", me senté para reflexionar. El silencio me otorgó algo de calma, pero no quería regresar. Odiaba al payaso y su capacidad para manipular mi mente. Saqué mi celular y leí su ridículo desafío.

Payaso: Juega un poco con uno de esos pobres muchachos, parecen ser buenos chicos jaja. Coquetea un poco, también quiero un audio.

Priscila: El juego acaba aquí, lo arruinaste.

Con determinación, bloqueé al payaso después de que leyera el mensaje. Permanecí un rato más allí, decidida a poner fin a todo, y regresé a mi puesto de trabajo.

La feria siguió su curso hasta que se acercó la hora de cerrar. El grupito de los calenturientos aparecía ocasionalmente, pero yo no les dirigía ni una mirada. Faltaba solo media hora cuando apareció Nicole, mi representante. Su presencia fue como un respiro, ya que, al parecer, no había hecho amigos durante el día. Parecía ser la "zorra" del lugar por culpa del payaso y, sí, lo admito, también por mi culpa.

Nicole me sugirió retirarme, ya que no había mucha gente. Mañana sería el último día de la feria, y debía enfocarme en mi trabajo. Me dirigí hacia los vestuarios, notando las miradas celosas de Laura y Sofía por la preferencia que Nicole mostraba hacia mí.

Me cambié volviendo a ponerme mi ropa casual, unos jeans ajustados que abrazaban mis piernas con firmeza, realzando cada curva, desde mis muslos hasta mi esbelta cintura. La tela se ajustaba perfectamente resaltando la sinuosidad de mis formas. Combiné los jeans con una sudadera roja suelta de mangas largas que contrastaba con mi cabello rubio y caía de manera relajada sobre mis hombros.

Salí del vestuario y reconocí a uno del grupito de calenturientos. Era aquel que se había tomado fotos conmigo, el que no podía disimular su mirada hacia mi escote. Su cabello ondulado y desordenado lo hacía fácil de identificar mientras se encontraba apoyado tras un pilar, intentando pasar desapercibido.

Hice un gesto de negación con la cabeza y seguí mi camino. El lugar ya estaba vacío, pero la sensación de ser observada persistía. ¿Estaría el payaso también observando desde algún lugar? Decidí no entrar en ningún juego, rehusándome a que mi mente insinuara algo.

Un susurro cálido rozó mi oído justo cuando sentí unos brazos rodeándome con firmeza desde atrás, aprisionándome contra él. Mi cuerpo se tensó, un escalofrío recorrió mi espina dorsal mientras luchaba por liberarme. Giré lentamente, mis ojos se encontraron con los suyos, era Gerardo, que me hacía recuerdo de la promesa que le hice por la tarde.

Gerardo: Te esperé Priscila, ¿por qué no viniste?

Priscila: ¡Gerardo! Mira, todo se complicó, creo que es mejor que lo dejemos ahí

Le miré con seriedad y me giré para continuar mi camino, Gerardo me detuvo con determinación. Rodeándome con sus brazos nuevamente. Estaba a punto de girar nuevamente y propinarle una cachetada, pero al ver al jovenzuelo morboso e indiscreto que observaba, inspiró a que despertara mi lado más salvaje, mi otra yo, la tentadora Priscila, la de los retos, la zorra emergió. En un instante, mis labios mostraron una sonrisa pícara, mientras mi cuerpo respondía al roce de Gerardo con una mezcla de desafío y deseo. Provocando celos en el calenturiento jovenzuelo.

Gerardo lentamente introdujo sus manos bajo mi sudadera hasta tocar mis pechos con el sujetador aprisionando ligeramente, sus dedos se deslizaron con una certeza tentadora bajo mi sudadera, suaves caricias que enviaron oleadas de calor a través de mi piel. Mis pechos respondieron al contacto, el sujetador estaba a punto de ceder y la excitación que se avivaba con cada roce.

Incliné mi cuello hacia atrás, apoyándome en su regazo, una invitación implícita a explorar más. Sentí mi espalda arquearse, apoyando mis nalgas a en su ya erecto miembro, un suspiro apenas contenido escapó de mis labios, mezcla de sorpresa y anticipación. Mis sentidos se agudizaron, cada caricia encendía una hoguera bajo mi piel, mientras mi respiración se volvía más entrecortada, un eco de la tensión que crecía entre nosotros.

Mientras de reojo observaba al jovenzuelo, lentamente me hizo retroceder mis pasos hasta lograr entrar al vestuario. Con cada paso hacia atrás, sentía el latir frenético de mi corazón. El vestuario se convirtió en nuestro santuario privado, el lugar donde las promesas ardientes que le hice se hacían realidad. Mi aliento se entrecortaba al cumplir la promesa susurrada, una danza prohibida de roces fugaces entre mi trasero y su entrepierna a través de la ropa. Cada contacto era un torbellino de sensaciones, un juego de deseo contenidos que encendía una llama incontrolable. Las telas eran testigos silenciosos de la tensión creciente, una danza íntima que desafiaba los límites, una pasión latente lista para desbordarse.

En medio de la cadencia sincronizada, cada embestida se era sincronizada entre nuestros movimientos. De repente, Gerardo desató una furia descontrolada en sus movimientos, llevándolo al borde del abismo del placer. Su cambio repentino de ritmo me tomó por sorpresa.

La habitación retumbaba con sus alaridos de éxtasis mientras se movía con una intensidad vertiginosa. Se detuvo abruptamente bruscamente. Su aliento agitado seguía besando mi cuello. A pesar del aire cargado de deseo, sentí la necesidad de tomar control. Con determinación, lo aparté suavemente, reconstruyendo la compostura.

Arreglé mi aspecto con movimientos precisos. Cada paso hacia la salida resonaba con la resonancia de lo vivido, una tensión palpable que parecía flotar en el aire, un secreto inolvidable entre nosotros.

Cerré la puerta tras de mí, dejando atrás el escenario de la tensión contenida. Al llegar a mi departamento, la necesidad de liberar esa energía me impulsó hacia un baño relajante. Sin embargo, la curiosidad y el morbo me llevaron a desbloquear al payaso, una decisión impulsada por la emoción del momento.

Los minutos pasaron, y mi teléfono cobró vida con una oleada de notificaciones. Al abrir el álbum, me encontré con más de veinte instantáneas que capturaban momentos íntimos, capturados sin mi consentimiento. Una mezcla de emoción y un atisbo de adrenalina recorrió mi cuerpo. Era un juego peligroso y excitante a la vez, una conexión clandestina que despertó un fuego interior que no podía ignorar

Las imágenes me revelaron una realidad inquietante: algunas fotos eran capturas a distancia, mientras que otras mostraban un acercamiento casi furtivo. El trasero desde ángulos insospechados, mi figura inmortalizada sin mi conocimiento. El payaso había tejido un entramado de instantáneas, un juego de sombras y ángulos que hablaban de su maestría en el arte del espionaje.

Me asombraba no darme cuenta de su presencia silenciosa, sus movimientos calculados para evadir mi detección. Cada foto era como un susurro de su cercanía, un escalofrío que recorría mi espina dorsal. El hecho de que no lo hubiera notado en absoluto aumentaba la sensación de intriga y misterio, convirtiéndolo en un enigma que desafiaba mis sentidos y mi percepción.

Las nuevas imágenes me dejaron helada. Había capturado mi trayecto al vestuario, incluso esos momentos íntimos cuando Gerardo me abrazaba por la espalda. Pero desde otra perspectiva.

Un escalofrío recorrió mi espalda al darme cuenta de algo preocupante: entre los visitantes de la feria, había una multitud de hombres observándome, algunos con miradas más furtivas que otras, desde jóvenes hasta mayores e incluso viejos canosos.

Al sentarme al borde de la tina, una revelación inquietante se materializó en mi mente. El payaso había dejado atrás su disfraz, mezclándose entre la multitud para capturarme sin ser reconocido. Sus pasos junto a los míos habían sido sigilosos, un juego de gato y ratón en el que yo había sido la presa sin saberlo.

Su astucia me dejó atónita. Y para rematar me envió un video que capturaba mi encuentro con Gerardo en el vestuario, era más que invasivo. Verlo escurrirse de nuevo, oculto bajo la tela del vestuario, para filmar nuestro momento más íntimo, me dejó sin aliento. No había notado su presencia acechante, manipulando su forma de moverse para pasar desapercibido y grabar cada detalle con una precisión inquietante.

Desde ese ángulo pude observar cómo Gerardo me embestía con rudeza haciendo rebotar mis nalgas con los jeans puestos y tomándome de la cintura mientras mi cabello ondeaba ante el rito apresurado.

No me había percatado en el momento, pero por tensión de los movimientos, pero mi sudadera se había deslizado revelando la piel de mi espalda baja y mis caderas, fue eso lo que había impulsado a Gerardo a aumentar su ritmo descontrolado, Mientras yo como toda una zorra empinaba más el trasero para ayudarlo, hasta que su éxtasis hizo que acabara eyaculando dentro de sus pantalones.

Un último mensaje del payaso iluminó mi pantalla:

Payaso: ¡Mañana nos vemos, preciosa! 😏 Tres desafíos pendientes y cinco apuestas para cada uno🔥🔥🔥. ¡La diversión nos aguarda! ❤️❤️❤️

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Se acerca el desenlace de esta historia. Priscila sabe que ya no hay vuelta atrás, está envuelta en su propio torbellino de curiosidad y excitación que la superan, algo que el payaso conoce bien. A pesar de ser consciente, ella sabe que si el payaso juega sus cartas con astucia, podría obtener todo lo que busca de ella.

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