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Priscila y el viejo payaso de la feria - PARTE 2

El bullicio de la feria es solo el telón de fondo para un juego privado que se juega a través de la pantalla del celular. Él es el viejo payaso que la observa desde la distancia; ella es la mujer que decide no solo jugar, sino ganar. Cada mensaje es una trampa, cada reto una prueba de sumisión, y cada castigo una puerta abierta a un deseo prohibido que nadie más puede ver.

Priscila15K vistas9.6· 5 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Desde el bullicio de la feria, me encontraba en mi puesto de trabajo, representando a una reconocida marca de bebidas alcohólicas. La gente llenaba el lugar gradualmente, y me concentré en realizar mis tareas, que se volvían cada vez más pesadas. Mi labor consistía en repartir folletos y ofrecer muestras gratis de la bebida que estábamos promocionando. Indicaba a las personas que, si deseaban probarla, debían registrarse en nuestro stand, donde mis compañeras les harían llenar un formulario para la rifa de una motocicleta.

En medio del bullicio, escuché el sonido de un mensaje en mi celular, seguramente del payaso, pero estaba tan ocupada atendiendo a las personas que no pude revisarlo de inmediato. Pasó un buen rato hasta que finalmente la calma volvió al stand y pude tomar un respiro. Decidí revisar mi celular, curiosa por saber qué me esperaba.

Payaso: ¿Estás lista para empezar Priscila? 🤡 🌶️ 🌶️

Priscila: Listísima, ¿Cuántos retos serán en total?

Payaso: Muy bien, Priscila, al parecer no se te escapa nada. No será una cantidad exacta, sino pongamos una hora en la que termine todo, en este momento son las 13:15, el juego terminará a las 16:00, recuerda que por cada reto solo tienes una oportunidad y si no lo superas existe un castigo juguetón 🤡

Y que al décimo castigo debes enviarme esa foto especial que acordamos 🍊🍊 👀

Priscila: No hay problema, pero recuerda que soy muy competitiva

Payaso: Muy bien, entonces empezamos. Quiero que sostengas la mirada seductora con un visitante durante diez segundos. Si no logras cumplirlo, tu castigo será que me des un besito en la mejilla 😈

Priscila: Uff, eso suena desafiante y excitante a la vez. Estoy lista para poner a prueba mis encantos. ¿Cuándo empiezo?

Payaso: Comienza ahora mismo, Priscila. Busca a alguien que llame tu atención y mantén esa mirada seductora durante diez intensos segundos. ¡Estaré observando! 😉 🤡

Mis ojos buscaron intensamente a alguien que capturara mi atención. Finalmente, lo encontré. Un hombre atractivo, con una mirada desafiante que parecía corresponder a mi juego. Sin mediar palabra, iniciamos un duelo de miradas cargadas de tensión y deseo.

Con cada segundo que pasaba, la energía se intensificaba entre nosotros. Mis ojos se volvieron ventanas hacia mi alma sensual, transmitiendo promesas de placer y provocación. Pero, a medida que avanzaban los segundos, noté que el visitante desviaba su mirada hacia otro lado, desafiándome a mantener su atención.

A pesar de mi esfuerzo por mantener la mirada seductora, el hombre se alejó sin que lograra cumplir el reto, diez segundos eran demasiados. No obstante, el verdadero juego apenas comenzaba. Decidida a llevar la excitación al siguiente nivel, sabiendo que podía hacer trampa, decidí ser fiel al juego, caminé con determinación hacia el stand del payaso, ignorando las miradas sorprendidas de los otros payasos.

Sin decir palabra, me acerqué sigilosamente al viejo payaso que me había desafiado. Su rostro reflejaba desconcierto y anticipación. Sin darle tiempo para reaccionar, posé mis labios suavemente en su mejilla, agachándome ligeramente y capturando el momento con una selfie. Volví a mi lugar sin decir nada mas esperando su siguiente mensaje.

Payaso: Priscila, el próximo reto te llevará a un nivel más seductor. 😏

Payaso: Quiero que bailes discretamente al ritmo de la música de fondo mientras repartes las muestras gratis de esa bebida que estás ofreciendo. 🌶️ 🌶️ 🌶️

Payaso: Si logras mantener tu danza de manera sutil y cautivadora, continuarás sin castigo. Pero si te excedes y llamas demasiado la atención, tendrás que hacer una demostración de baile más atrevida frente a mí. 😈

Priscila: Me encanta bailar ¿Cuál es la señal para comenzar? 🔥

El payaso esperó un par de minutos, esperando la música adecuada, y entonces apenas se escuchó una canción que está de moda me invitó a lucirme

Payaso: ¡¡Ahora!! Deja que la música te guíe y demuestra tu arte en cada paso. ¡Estoy ansioso por verte en movimiento! 💃💫

Era hora de mostrar mi destreza en el baile y encantar a los visitantes de la feria. Con determinación, comencé a moverme al ritmo de la música, dejando que cada nota guiara mis movimientos.

Mis caderas se balanceaban suavemente, mis brazos se deslizaban en el aire y mis piernas chocaban en un vaivén de adelante hacia atrás doblando una rodilla a la vez. Cautivé a todos a mi alrededor, quienes se sentían atraídos por mi presencia y disfrutaban de la energía sensual del momento.

Me movía con gracia, sin llamar demasiado la atención, levanté ambos brazos sobre mi cabeza y bajé las caderas un poco más mientras me movía sensualmente. Mis compañeras: Laura y Sofia me observaban sorprendidas, incapaces de entender qué me impulsaba a bailar con tanta pasión mientras llevaba a cabo mi trabajo. Al terminar me acerqué a ellas con una sonrisa pícara.

Laura: Y eso que fue

Priscila: Me gusta ese tema

Sofia y Laura se miraron extrañadas y sonrieron delicadamente mirándose entre ellas, mientras sonó mi celular nuevamente:

Payaso: Has superado el reto de manera excepcional. Tu baile fue cautivador y sutil, despertando la curiosidad y la admiración de todos los presentes. Estoy ansioso por seguir desafiándote. ¿Estás lista para el próximo reto? 🤡

Priscila: ¡¡Listísima!!

Payaso: Quiero que muerdas sensualmente tus labios cada vez que interactúes con los visitantes durante 5 minutos. Sedúcelos con cada gesto. 🔥

Priscila: 🔥 🔥 🔥

Payaso: Eso es. Recuerda, si logras morder sensualmente tus labios durante 5 minutos, te felicitaré. Pero si no lo haces, quiero que me envíes una foto tuya tomada desde arriba y mordiéndote los labios de forma seductora. ¿Estás lista para mostrar tu lado más provocativo? 😈

Priscila: ¡Aquí voy! 💄

Me acerqué a los visitantes con una sonrisa coqueta en mis labios. Con cada interacción, jugué sutilmente con mi boca, mordiendo ligeramente mis labios de manera seductora. La expresión en los rostros de los visitantes cambió, dejando en evidencia que habían captado mi acto sensual. Vi al payaso cerca de mi stand, observando con el celular en la mano, apuntándome a cada rato para capturar mis gestos.

Payaso: Priscila, has cumplido el reto con maestría. Tu habilidad para morder sensualmente tus labios ha despertado el interés y el deseo en los visitantes. Estoy ansioso por continuar con nuestra juguetona dinámica. ¿Estás lista para el próximo reto? 😉

Cada reto superado despertaba una emoción intensa en mí, sabiendo que al final sería recompensada con el boleto ganador para la motocicleta que el payaso me mostró. Aunque los retos no eran especialmente difíciles, me encantaba la sensación de adentrarme en territorio desconocido. El juego era divertido y excitante, y no requería un esfuerzo descomunal. Después de todo, mi retador era un payaso mayor cuyas energías sexuales seguramente se habían agotado con el tiempo y lo único que quería era desahogarse. No había nada que temer, o por lo menos eso es lo que pensaba hasta ese momento…

Bailaba en mi puesto de trabajo junto a mis compañeras, lo hacía por mi cuenta, impulsada por la adrenalina que había experimentado en complicidad con el anciano payaso. Era una sensación liberadora, dejándome llevar por el ambiente y dejando atrás cualquier inhibición, mientras el payaso me observaba a lo lejos. Me llegó otro mensaje:

Payaso: ¿Te gustó bailar para mí, Cariño? ¿Lista para el próximo reto? 😏

Priscila: ¡Claro que sí! Estoy lista para lo que sea. 🙌😉

Payaso: Perfecto. Aquí va el siguiente reto: Hazle un cumplido audaz a un visitante atractivo y deja que te devuelva el halago. 😍

Priscila: ¡Uff, eso suena atrevido! Pero acepto. 😏💪

Payaso: ¡Muy bien! Y el castigo será: Acercarte a mí y susurrarme una frase provocativa al oído. 😈🔥

Priscila: No me quedaré atrás. 💋

En esa ocasión, me sentí un poco insegura al enfrentar el siguiente reto. Aunque en un momento dado había sentido confianza, cuando llegó el momento de hacer el cumplido audaz a un visitante desconocido, las palabras se me atascaron en la garganta. No logré animarme a dar el paso y dejar salir el halago osado que tenía en mente. Sin embargo, en lugar de quedarme estancada en la derrota, decidí tomar acción.

Decidí cruzar nuevamente el pasillo, alejándome del puesto de trabajo, en busca del payaso. Me acerqué a su lado, sintiendo cómo la emoción crecía dentro de mí. Su rostro se iluminó al verme acercarme y, sin decir una palabra, comprendió que había venido a cumplir el castigo.

Incliné mi cabeza hacia su oído, sintiendo su respiración agitada. Mis labios susurraron una frase provocativa que lo hizo estremecer. Usé mi voz más sensual y fina, de tono más agudo, casi gimiendo:

"Quiero que me desnudes mientras me tienes atada a tu voluntad", susurré con voz seductora, dejando que mis palabras envolvieran su mente con una promesa de placer. El momento estuvo cargado de tensión y complicidad, y pude percibir el brillo travieso en sus ojos mientras me separaba lentamente, seguramente después de haberle provocado una erección, pues vi como cruzó las piernas tapándose la entrepierna con ayuda de las manos.

Regresé a mi puesto de trabajo exagerando mis pasos para que me observé las nalgas y con una sonrisa pícara en mis labios. Aunque no logré cumplir el reto frente a un visitante, había cumplido mi castigo de manera atrevida y provocativa. El payaso, visiblemente sorprendido por mi audacia, me escribió rápidamente para agradecerme.

Payaso: 😍😍😍😍 Quiero manosearte toda, te voy a amarrar las manos y las piernas como me lo pides.

Priscila: ¿Podrás? Cuale es el siguiente reto

Payaso: Puedo cariño, te puedo hacer muy feliz. Aquí viene el siguiente reto para ti.

Priscila: ¡Sorpréndeme!

Payaso: Pide discretamente el número de teléfono de un visitante interesante sin que tus compañeras se den cuenta. Si no lo logras, deberás permitirme que envíe un mensaje desde tu teléfono al tipo ese que te regaño cuando estábamos en tu stand.

Priscila: Hmm, entiendo el reto, pero no me siento cómoda con el castigo propuesto. Gerardo ha estado insinuándose hacia mí desde el inicio de la feria y no quiero alentar eso. ¿Podrías considerar otro castigo, por favor?

Payaso: Reto no cumplido y castigo no cumplido... Vale por dos. 😈😈

Priscila: No puedo hacerlo, dame otro castigo

Payaso: Reglas son las reglas cariño, tienes un minuto para conseguir el teléfono de alguien.

No supe cómo hacerlo, aparte que ningún sujeto llamaba mi atención, en ese punto me di cuenta que el juego del payaso era ir subiendo la dificultad de los retos y empeorar los castigos, me puse pensativa y algo enojada por la severidad de su respuesta

Payaso: Tiempo 😈

Priscila: ¿Cuál es el siguiente reto?

Payaso: Bueno, pero recuerda que ahora ya tienes 4 castigos acumulados

Priscila: ¡¡Lo tendré en mente… vamos!! ¿qué sigue?

Payaso: Siguiente reto: Hazle un masaje de hombros a un visitante afortunado y observa su reacción. Castigo: deberás recibir un masaje sensual por mi parte 😍😍😍😍

Me preparé mentalmente para enfrentar el siguiente reto, aunque en el fondo sentía cierta incomodidad con el castigo propuesto, pues el payaso ya estaba poniendo en claro sus intenciones de elevar la dificultad. No quería recibir un masaje sensual de él, así que debía encontrar una manera de cumplir el desafío sin tener que pasar por eso.

Me acerqué a un visitante afortunado y le tomé los hombros, estuvo claramente sorprendido. Traté de ser convincente y sostuve sus hombros, aplicando presión con mis manos de manera profesional. Observé atentamente su reacción, buscando signos de relajación y satisfacción.

Mientras realizaba el masaje, aproveché la oportunidad para hablarle sobre la promoción y la posibilidad de ganar la motocicleta. Intenté ser persuasiva y amigable, invitándolo a llenar el formulario y participar en el sorteo. Laura y Sofía nuevamente me miraron desconcertadas

Una vez que terminé el masaje, el visitante agradeció el gesto dándome una sonrisa ligera y pasó a llenar el formulario. Sentí un alivio al ver que había cumplido con el reto. El payaso se había acercado a mi stand, le dirigí la palabra con sinceridad.

Priscila: Sinceramente no me sentía cómoda con el castigo que propusiste.

Payaso: Pero un reto no cumplido merece un castigo adecuado ¿no lo crees? Eso es parte de la emoción del juego. Prepárate para séptimo reto.

Sentí cómo la tensión entre el payaso y yo se intensificaba mientras se alejaba nuevamente, la incertidumbre de lo que estaba por venir me atemorizaba un poco pero no dejaba de ser emocionante. Y casi de inmediato mi celular sonó con un nuevo mensaje

Payaso: Para que no te enojes, el siguiente reto será más fácil de cumplir: Envíame un mensaje picante diciéndome que quieres que te haga el amor 😈 Castigo: Deberás darme un cumplido excitante en presencia de tus compañeras de trabajo.

Hice lo que me pidió y comencé a escribir: “Como quisiera que hagas malabares con mis encantos y…” Y deje de escribir sintiendo que enviar ese tipo de mensajes sería darle demasiada importancia al payaso, además tendría evidencia para alabarse con sus amigos, decidí no seguir adelante con el desafío. Pero mientras leía el castigo sin querer envié el mensaje que iba escribiendo, de inmediato decidí borrarlo, solo pasó unos segundos y el payaso viendo que el mensaje había sido borrado y fiel a sus condiciones me escribió "Reto no cumplido".

Con paso decidido, el payaso se aproximó una vez más a mi puesto, esperando que cumpliera con el castigo asignado: “Darle un cumplido excitante en frente de mis compañeras de trabajo”. Se adentró en el stand con una confianza que llamó la atención de mis compañeras, quienes lo observaron con expresiones de sorpresa. Junto a ellas, el payaso las saludó y les arrancó risas con una broma improvisada, pero sus ojos se mantuvieron fijos en mí, esperando que cumpliera con mi parte del castigo.

Consciente de las reglas que establecimos, en las que un castigo no cumplido equivalía a dos, suspiré resignada y acepté mi destino. En mi mente, ideé una frase cargada de insinuación y sensualidad dirigida hacia él, buscando cumplir con lo acordado

Pero las palabras no salieron de mi boca. En ese momento, el anciano payaso se acercó a mí y susurró:

Payaso: Cariño, has experimentado momentos muy intensos, pero veo que no estás lista para seguir adelante. Será mejor dejarlo aquí, es una lástima, estabas tan cerca de ganar el boleto.

Priscila: Espera, no es justo. Algunos retos han ido demasiado lejos.

Payaso: Bueno, hagamos un trato: de ahora en adelante, si no cumples los retos, los castigos serán más íntimos entre tú y yo, sin que nadie más lo vea.

Priscila: ¿Qué quieres decir con "más íntimos"? ¿Puedes darme un ejemplo?

Payaso: Cariño, si te lo digo ahora, perdería el sentido del juego. ¿Aceptas o no?

Priscila: ¿Cuántos retos más tienes en mente?

Payaso: Falta una hora y media, es lo acordado, nada más, ya estamos llegando a la mitad y nos queda toda la tarde para divertirnos. Pero si aceptas, no habrá marcha atrás. Deberás cumplir los castigos sin excusas, llevas 6 acumulados pero lo dejaremos en 4. Estás muy cerca de ganar la motocicleta.

Observé la motocicleta en el escenario, pero mi verdadero impulso era demostrarle al payaso que estaba dispuesta a vivir estas emociones. Que no era solo una mujer superficial soberbia por mi atractivo físico, sino también una mujer valiente y sensual. Tenia que ganarle en su juego.

Priscila: Acepto.

Payaso: ¿Segura?

Priscila: Sí, muy segura.

Payaso: No hay marcha atrás, preciosa.

Priscila: Y lo sé, eso es lo emocionante.

Payaso: No confío en ti, eres una de esas mujeres engreídas que se creen mucho por ser lindas.

Priscila: ¿Por qué lo dices? No puedes juzgarme sin conocerme.

Payaso: Seguramente al escuchar el siguiente reto, temblarás de miedo y escaparás, estoy seguro que ya no responderás los mensajes. Mejor dejémoslo ahí.

Priscila: No subestimes mi valentía, estoy dispuesta a enfrentar cualquier reto… Comienzas a desesperarme. Estoy ansiosa por demostrarte de lo que soy capaz.

Payaso: Bien, pero recuerda que no hay marcha atrás. Debes cumplir al pie de la letra los retos o castigos, y te advierto, estás a solo seis de un castigo que involucra una foto de...

Priscila: Ya sé a lo que te refieres. Pero quiero establecer una regla, ningún reto o castigo debe tener contacto físico.

Payaso: ¿Ni un masaje? Imagina mis manos deslizándose suavemente por tu cuello.

Priscila: No... Bueno, si solo es un masaje en el cuello, podría considerarlo... Pero nada más, ¿entendido?

Payaso: Lo prometo, respetaré tus límites. Entonces, ¿aceptas Priscila?

Lo miré achicando los ojos y él correspondió a mi mirada haciéndose al gracioso, generalmente pocos hombres pueden sostener la mirada conmigo por mucho tiempo. La tensión entre nosotros crecía, nuestras miradas se desafiaban mutuamente en una batalla silenciosa por el control. Era consciente de que no tenía escapatoria, si renunciaba ahora o aceptaba y luego ignoraba sus retos, solo confirmaría su hipótesis sobre mí, alimentando la idea de que era una mujer superficial obsesionada con su belleza exterior Con las manos cruzadas, levanté una ceja, transmitiendo mi determinación.

Priscila: Acepto

El payaso se alejó en silencio, dejándome con una mezcla de intriga y emoción. Su sonrisa saltarina era un indicio de lo que vendría a continuación. Sentí una descarga de adrenalina recorrer mi cuerpo mientras reflexionaba sobre lo que acababa de aceptar. Bailar de manera sensual, seducir a los visitantes de la feria, intercambiar frases cargadas de sensualidad... todo ello no parecía tan desafiante. Podría cumplir con los retos que me había dado, incluso aquellos a los que no me había atrevido a enfrentarme antes. Pasaron apenas dos minutos cuando mi teléfono vibró, anunciando la llegada del nuevo desafío. El suspenso se apoderó de mí mientras abría el mensaje para descubrir lo que el payaso había planeado para ponerme a prueba una vez más.

Payaso: Quítate el sostén y vuelve a ponerte tu uniforme, siente la provocación de estar así a lo largo del día🔥. Castigo: Deberás realizar una danza sensual para mí en un lugar privado 😈.

El mensaje me sorprendió intensamente, marcando un punto de inflexión que cambiaría el curso de los acontecimientos. En ese momento, pensé simplemente bloquear al payaso, dejar todo atrás y evitar cualquier contacto visual con él. Después de todo, no tenía ningún poder sobre mí... o eso pensaba.

El tiempo pasaba y una sensación de culpa me invadía. Escuché varios mensajes en mi celular, no quise revisarlos y traté de evitar mirar al stand de los payasos, por un momento imaginé cumplir el reto, estar así en mi lugar de trabajo, con tantas personas yendo y viniendo, de por sí ya llamaba la atención como estaba, cumplir el reto sería demasiado, también imaginé a Gerardo, si desde el principio se me insinuó insistentemente, el verme sin sujetador lo volvería loco.

Con el corazón acelerado, aproveché un breve descanso para dirigirme apresuradamente hacia el vestidor improvisado. Era un pequeño espacio apartado del bullicio de la feria, donde podía encontrar un momento de intimidad. Miré varias veces por si el payaso estaba siguiendo mis pasos, no lo vi.

Una vez dentro del vestidor, cerré la cortina tras de mí y me encontré cara a cara con el espejo. Mi reflejo mostraba una mezcla de nerviosismo y excitación en mis ojos. Sabía que este acto desencadenaría una cadena de eventos que desafiarían mi valentía y me sumergirían en un mundo de emociones intensas. Sin ejercer fuerza física alguna, comprendí que el viejo payaso manipuló mi mente, me hizo suya sutilmente, salir del juego me haría sentir denigrada, una cobarde, miré nuevamente al espejo, no había forma de disimular mi estado de excitación, debía cumplirle o aceptar mi castigo…

Tomé una respiración profunda y decidida, dejando atrás cualquier duda o inhibición. Mis manos temblorosas, ansiosas por la sensación de libertad, comenzaron a bajar lentamente el cierre del traje por mi espalda, deslizando la cremallera con una deliberada sensualidad. Cada centímetro descendido era un escalofrío que recorría mi piel.

La tela se deslizó con suavidad, y mi sostén quedó al descubierto, revelando la perfección de mi pecho. La brisa fresca del vestidor acarició mis pechos al instante, y sus pezones se erguieron con un deseo palpable. La adrenalina fluía vertiginosamente por mis venas mientras sostenía la prenda íntima en mis manos, contemplando la transformación que había tenido lugar en mí. Ese acto, tan simple y al mismo tiempo tan provocativo, encendió un fuego ardiente en mi interior, un anhelo por explorar y desear mucho más.

Guardé el sostén cuidadosamente en mi bolso y luego me concentré en ajustar mi uniforme. Cada pliegue que acomodaba era un recordatorio constante de mi audacia y de lo que estaba dispuesta a experimentar.

El roce de la tela contra mi piel desnuda provocaba una sensación electrizante, un recordatorio constante de la provocación que llevaba oculta bajo mi uniforme. Sentía cómo mi cuerpo se volvía más receptivo a cada estímulo, cada movimiento resonaba con una carga erótica que solo yo conocía y que ahora estaba emocionada por compartirla con mi anciano retador.

Cuando finalmente me miré en el espejo, me sorprendió ver a una mujer transformada. La expresión en mi rostro era de determinación y deseo, con una chispa de travesura en mis ojos. Mi reflejo me desafiaba a abrazar mi sensualidad y a adentrarme en el mundo de placer que el payaso había desatado en mí.

Con paso firme y una sonrisa en los labios, salí del vestidor para enfrentar el resto del día. Sabía que mis senos eran muy notorios, y que en cierta parte ya no eran solo míos, eran de todo aquel que posara sus ojos en ellos, se los obsequiaba.

En el camino hacia el stand, pude sentir las miradas de sorpresa y admiración de los visitantes que se cruzaban en mi camino. Era evidente que mi presencia había causado un impacto, y ya nadie podía disimularlo. Sentía cómo esos ojos curiosos exploraban mis senos, ahora más expuestos que nunca debido a la soltura notoria al dar suaves rebotes con cada paso y que se remarcaban aún más gracias al atrevido escote de mi traje. Las cabezas se volvían, alargando el momento.

Finalmente, llegué al stand y divisé al payaso en la distancia, distraído en sus asuntos. No me importó dejar mi puesto de trabajo nuevamente. Caminé hacia él con determinación, y cuando estuve lo suficientemente cerca, sorprendiéndolo, le toqué suavemente el hombro. Con una voz cargada de sensualidad, le susurré: "Reto cumplido".

Al verme tan cerca, pude notar cómo sus ojos se abrieron como platos y su boca se quedó entreabierta. Su expresión revelaba una mezcla de asombro y deseo descontrolado. Su mirada bajaba y subía rápidamente de mis ojos a mi pecho, incapaz de resistirse a la tentación que tenía frente a él.

Priscila: ¿Acaso te resulta difícil resistirte a lo que ves?

Payaso (nervioso): Pri… Priscila… Debo admitir que despiertas en mí… una excitación incontrolable.

Priscila: Estamos aquí para disfrutar de la tensión y la anticipación, ¿no es así? Puedo notar cómo te tiemblan las manos, payasito, y cómo tu mirada se pierde en mis nenas. ¿Acaso estás sintiendo un poco de calor?

Payaso: Esto... esto no era… no estaba pensado

Priscila: ¿O acaso te asusta la idea de perder el control?

Payaso: Ha.. Cariño… haaa… te deseo con desesperación. Eres un verdadero desafío para mí, una tentación irresistible.

Priscila (susurrando al oído): Entonces, ¿Cuál es mi siguiente reto? Nos queda una hora para divertirnos

El viejo quedó mudo. Me sentí atrevida al deslizar mi dedo índice por su cabeza, mientras sus compañeros payasos me observaban con expresiones exageradas en sus rostros. "4 retos cumplidos y 4 castigos, estamos iguales, Espero tu mensaje", le dije al anciano payaso con una sonrisa juguetona, y me di la vuelta para regresar a mi puesto de trabajo. Sabía que una vez más las miradas de los visitantes se fijarían en mi escote, mientras los payasos devoraban mi figura con sus ojos desde atrás.

En ese momento, el juego había dado un giro. Yo tenía el control y mi belleza había logrado que el payaso travieso, malévolo y manipulador bajara la guardia, mostrándose vulnerable y nervioso. Mientras mis compañeras me observaban nuevamente con sorpresa al llegar al stand, pude ver que Gerardo, el representante de la marca que había regresado al stand, estaba en una llamada por celular. El momento vivido mi hizo sentir con ganas de más y recordando su intento de coqueteo fallido del principio decidí darle una probada de mis encantos.

Le toqué el hombro, se giró sin dejar de hablar y al mirarme con las manos apoyadas en la cintura dejando al descubierto mi nueva apariencia con el escote descarado y el traje dibujando mi pecho sin sostén. Abrió los ojos echándose hacia atrás no pudo concentrarse en su conversación.

Priscila: Disculpa, Gerardo, ¿yo puedo participar en el sorteo de la motocicleta?

Gerardo (con el celular en el oído y hablando rápidamente): ¿Que? Uh, sí, claro, Priscila. Solo déjame confirmar eso con el equipo. Permíteme un momento.

Priscila: Claro, toma tu tiempo.

Gerardo: Sí, sí, seguro... Uh, solo necesito... disculpa, un segundo más en la llamada. – Estaba muy nervioso mientras desviaba la mirada hacia mis senos rapidamente

Priscila: No hay problema, Gerardo. ¿qué tal si hablamos de otras cosas después?

Gerardo: Sí, claro, hablemos. Pero dame un momento

Priscila: Perfecto, Gerardo. Estaré esperando ansiosamente. No te olvides de mí.

Bajé la mirada y fingí despreocupación, deslizando mis dedos por mi pierna derecha como si estuviera sacudiendo algo, permitiendo a Gerardo disfrutar de una visión aún más intensa. Luego, con una sonrisa juguetona en los labios, me di la vuelta, dejando que su mirada ardiente recorriera mi figura antes volver a mi lugar de trabajo entregando folletos

Entonces recibí un nuevo mensaje del payaso, quien intentaba recuperar el poder:

Payaso: ¿Cómo te atreves a desafiarme de esa manera? No sabes en qué te has metido. 😤 ¡Te arrepentirás de haber despertado mi ira! 😡

Priscila: Oh, payasito enojado, ¿temes perder el control sobre mí? 😏 No te preocupes, estoy lista para enfrentar tus desafíos y mostrar hasta dónde puedo llegar. ¡¡Esa motocicleta es mía!! 😉

Payaso: No me subestimes🔥 Prepárate para pagar las consecuencias de tu atrevimiento.

Priscila: Aww, ¿acaso estás preocupado, payasito? 😘 Tu indignación solo aumenta mi deseo de superar tus retos y demostrarte que no soy una presa fácil.

La tensión entre ambos se había elevado a nuevos niveles. Ambos estábamos decididos a mantener el dominio y desafiar los límites del juego.

Sonó mi celular, respiré y crucé los brazos para cubrir mis senos y para darles un descanso de las intensas miradas, solté una pequeña sonrisa al notar que varios hombres estaban en el stand esperando llenar el formulario para el sorteo, “Al final ayudé a la marca jaja” pensé… abrí el mensaje:

Payaso: Realiza un baile erótico en el escenario principal de la feria, asegurándote de que todos los ojos estén puestos en ti. Castigo: Recibir una llamada telefónica mía en la que susurre al oído mis fantasías más íntimas contigo 😈 😈 😈

Era un reto que me alejaba completamente de mi zona de confort, pero el simple hecho de imaginar su cumplimiento me inundaba de excitación y adrenalina. Sin embargo, al leer el castigo que me aguardaba, una sonrisa traviesa se me dibujó. Era evidente que él también ansiaba liberar sus deseos contenidos y aprovechar la oportunidad que le brindaba esta situación.

Decidí soportar el castigo, sabiendo que en ese momento el payaso se dejaba llevar por sus emociones y deseos más íntimos.

Priscila: Prefiero el castigo 😘

Acordamos el momento de la llamada y, cuando finalmente se presentó la oportunidad perfecta, me deslicé discretamente detrás del stand mientras sujetaba unos folletos en mis manos. Envié el mensaje de confirmación y, en un abrir y cerrar de ojos, mi teléfono comenzó a sonar. Rápidamente respondí la llamada, levantando mi brazo derecho para colocar el celular junto a mi oreja, mientras mi mano izquierda sostenía los folletos que entregaba a las escasas personas que pasaban por detrás del stand. En ese instante, sin poder evitarlo, mi escote descarado quedó expuesto nuevamente y volví a sentir cómo era observada detalladamente.

Saludé al payaso con una voz entrecortada por la emoción mientras seguía desempeñando mi papel de impulsadora. Pero en el otro extremo de la línea, el payaso soltó sus fantasías con una lujuria desenfrenada, sus palabras resonaron en mis oídos y provocaron un asombro incontrolable. No tenía intenciones de detenerse, se desahogó con pasión y cada frase alimentaba más su propio deseo. Hasta me cubrí la boca con los folletos por el impacto, hizo que me sonrojara, alejé el celular un poco, pero por el morbo decidí seguir oyéndolo:

Payaso: “Te imagino... en mis brazos... desnuda... disfrutando de tu cuerpo, recorriendo con mis dedos tus piernas, tu culo, y luego te aprieto las tetas con fuerza mientras vos gimes sacando la lengua”

Priscila: jaja… Ok, tranqu…. – No me dejó hablar y aumentó su respiración y agresión en sus palabras con más nerviosismo.

Payaso: “Vos gritas de dolor, te jalo los pezones con toda mi fuerza, te boto al piso te abro las piernas y las pongo sobre mis hombros, vos gritas que no quieres pero no me importa y te meto la verga mientras vos lloras, te la meto con todas mis fuerzas y te chupo las tetas, vos no puedes moverte, te tengo atada de las manos y decides entregarte a mí, abres más las piernas dejando que te penetre y me pides que te meta la verga por el culo”

Priscila: Wow

Payaso: “Entonces te doy la vuelta y te pongo de cuatro patas, vos sacas el culo y lo elevas para mi y lentamente voy mintiendo mi verga, no entra fácilmente al principio, pero empujo y vos lloras”

Priscila: Ok…

Payaso: ¿Te gusta? ¿Te gusta sentir mi verga dentro de tu culo?... A no dices nada, entonces te la saco y vos me pides que la vuelva a meter, pero en castigo decido usarte como mi muñeca sexual, te hago arrodillar frente a mí y pongo mi verga entre tus tetas, vos las aprietas mientras te follo las tetas…. Perra… voy acabar en tus tetas… vos me pides que te folle pero yo te obligo a meterte mi verga a la boca y sientes asco porque un viejo como yo con la verga negra te va acabar en la boca y te escupo la leche mientras te sostengo la cabeza para que tragues, vos quieres separarte pero no te dejo, no te queda mas que tragar mi leche por puta, por excitarme, eres mi puta, eres de mi propiedad… me escuchas, eres de mi propiedad... di que erres de mi propiedad Priscila…. ¡¡Dilo!!

Priscila:… Tranqui…

Payaso: ¡¡Di que eres de mi propiedad Priscila!!, te voy a hacer todo lo que te dije, tal vez no hoy o mañana, pero algún día me escuchas… ¿lo entiendes? No tienes escapatoria, voy a meter mi verga en tu culo y voy a chupar tus tetas así.

Pude percibir los sonidos que emitía con su lengua y sus labios. Aunque estábamos separados por la distancia, esos sonidos resonaban claramente en mi oído, generando una sensación incómoda. Era como si lo tuviera justo a mi lado, y su falta de coordinación y torpeza en sus palabras revelaban claramente que estaba perdiendo el control.

Al principio, sus palabras me impactaron y ruborizaron, despertando una cierta excitación en mí. Sin embargo, ahora se había vuelto molesto, aunque admito que el morbo era adictivo… Por fin terminó la llamada diciendo “Vas a gritar que soy tu macho y vos mi hembra en celo… ah… ah.. el siguiente reto va sacar a relucir lo puta que eres, no voy a tener piedad” Colgó y ya con una terrible ortografía recibí el siguiente mensaje del viejo y excitado payaso:

Payaso: Priscila 🤡 🌶️ 🌶️ Me dejé llevar, no te asustes por favor, solo era una fantasía.

Priscila: Entiendo, era un castigo y lo recibí como se debía, 4 a 5 vas ganando, pero solo quedan 40 minutos

Payaso: Bien, eres lista… vas a llegar al décimo castigo ya verás, quiero ver esas tetas desnudas

Payaso: Perdón, me dejé llevar nuevamente 🤡

Priscila: Jaja, estás perdiendo el control eso juega en tu contra.

Payaso: Bien, ya estoy calmado, aquí vamos con el siguiente reto: Deja caer "accidentalmente" un objeto y agáchate para recogerlo de manera provocativa frente a mi para que pueda verte el escote con más detalle, quédate ahí unos segundos para que pueda tomarte una foto. Castigo: Recibirás caricias y besos en el cuello por mi parte durante 5 minutos sin poner oposición.

Aunque fue muy irritante por teléfono, no quise recriminarlo, a este punto el que perdía el control era el que perdería el juego, decidí complacerlo.

Caminé cerca de él nuevamente y con determinación y una chispa traviesa en mis ojos, dejé caer "accidentalmente" un objeto cercano al payaso. Sabía que había llegado el momento de actuar. Con movimientos calculados y llenos de sensualidad, me agaché para recoger el objeto del suelo. La tela ceñida de mi uniforme se estiró, revelando aún más mi escote provocativo. Sentí la mirada intensa del payaso sobre mí, sabiendo que estaba deleitándose con la vista de mi piel expuesta.

La tensión en el aire era palpable mientras mantenía mi posición, consciente de que el payaso no podía resistirse a capturar ese momento en una fotografía. Sin perder la elegancia ni la provocación, aproveché la oportunidad para frotarme la pierna en la misma posición. El payaso, ávido por inmortalizar ese instante seductor, sacó su teléfono y rápidamente tomó una fotografía de mi escote.

Mientras tanto, yo continuaba con mi postura tentadora, disfrutando de la atención que generaba y saboreando el poder que tenía sobre el payaso. Me sentía empoderada y seductora, consciente de cómo mi figura y mi actitud jugaban con sus deseos más ocultos.

El payaso, incapaz de resistirse, dejó escapar un suspiro entre dientes mientras guardaba su teléfono. Era evidente que la imagen que había capturado despertaba su pasión y lo sumergía en un mar de fantasías. El juego había alcanzado un nuevo nivel de intensidad, y ambos éramos presa de una atracción magnética que nos conducía hacia territorios desconocidos.

Al regresar a mi puesto después de haber cumplido el reto, sentí la vibración de mi teléfono anunciando un nuevo mensaje. Mi corazón latió con anticipación, esperando descubrir cuál sería el siguiente desafío que el payaso tendría preparado para mí. Sin embargo, para mi sorpresa, en lugar de un reto, encontré un par de fotos adjuntas acompañadas de una enigmática frase. “Que rica estas Priscila, esta noche voy a dedicarte un paja a ese par de tetas tan ricas”

Con curiosidad y cierta intriga, abrí las imágenes y contemplé las instantáneas que el payaso había capturado. La primera imagen mostraba el instante en el que me agachaba de manera sugerente para recoger el objeto del suelo. En ella, se podía apreciar con claridad la forma en que mi escote se destacaba audazmente, revelando un poco más de piel y mis senos afectados por la gravedad al no llevar sujetador, ambos colgando sostenidos por el traje licrado que no daba mas, el escote a punto de abrirse por completo a solo uno dos centímetros de mis pezones.

En la segunda foto que recibí, capturada momentos antes de cumplir el reto, era solo yo, Priscila, en primer plano. La cámara había enfocado mi figura con precisión. La expresión en mi rostro reflejaba confianza y coqueteo, mientras mantenía una postura sugerente y provocativa. Era evidente que la fotografía había sido tomada sin que yo lo supiera en un momento en el que las miradas se dirigían hacia mí, atraídas por mi figura y mi actitud seductora.

Al recibir las fotos y contemplar mi imagen desde la perspectiva de otra persona, experimenté una mezcla de emociones. Por un lado, sentí cierta desconcertante fascinación al verme vestida de manera tan extravagante y extremadamente sexy para un evento aparentemente convencional. Era consciente de que había asumido el papel de un objeto sexual en la mirada de los observadores. Sin embargo, en lugar de repudiarlo, esta revelación despertó en mí una sensación de empoderamiento y seducción que fue agrandada aun mas al leer el próximo reto, pues el payaso decidió ir más allá sabiendo que la hora de acabar todo estaba cerca.

Payaso: Priscila, a partir de ahora, si no cumples el reto y tampoco el castigo 🤡, lo perderás todo, incluido el boleto ganador de la motocicleta 🏍️.

Priscila: No tengo miedo, siempre y cuando los retos sean tan emocionantes como los anteriores, como habíamos acordado 😉.

Payaso: Bueno, ¿qué te parece si aumentamos la apuesta? Solo un reto más, con su respectivo castigo 😈, y ganas. Pero debes cumplirlo al pie de la letra, será uno más picante, pero te aseguro que está dentro de tu alcance, ¿qué dices? 🤡

Priscila: Suena interesante, pero, ¿qué pasa si pierdo? 😕

Payaso: Si no cumples el reto o el castigo, perderás el boleto dorado de la moto 🏍️.

Faltaba solo media hora, y sabía que el payaso haría todo lo posible para que llegara al décimo castigo, donde debía enviarle la fotografía de mis senos desnudos que tanto anhelaba. Un reto más me daría la oportunidad de poner fin a todo esto de una vez, ya que habíamos acordado que los castigos no serían públicos. Además, no podía haber contacto físico ni desnudez. Decidí arriesgarme, pero dado que la apuesta aumentaba, también debía recibir algo a cambio.

Priscila: De acuerdo, un reto más, pero si cumplo el reto o el castigo, recibirás un castigo tú 😘.

Payaso: ¿Qué tipo de castigo, linda? 🤡

Priscila: Lo definiré en su momento... ¿Cómo se siente? 😘

Payaso: Jaja, de acuerdo, tampoco tengo miedo, ¿entonces aceptas? 😉

Priscila: Acepto

Los minutos seguían su curso inexorable, y la tensión aumentaba a medida que el tiempo se agotaba. Quedaban apenas quince minutos para poner fin a nuestro juego. Mi corazón latía con fuerza, la adrenalina fluía por mis venas, y sabía que estaba a punto de ganar la motocicleta, además de haber liberado todo mi morbo con la ayuda del anciano y excitado payaso.

Sin embargo, a lo lejos, lo vi mirando pensativo, con una expresión de desesperación en su rostro. Estaba claro que no se le ocurría qué último reto imponerme para que perdiera. Sabía que no tendría otra oportunidad en su vida para obtener esa foto que tanto ansiaba. Yo me sentía orgullosa de haber manejado la situación con astucia, y ahora él se encontraba atrapado en su propia excitación, enfrentando un dilema sin solución.

Mientras lo veía en su congoja, me sentí triunfante, segura de que no podía darme un reto que incluyera una dificultad extrema en tan poco tiempo. Además, siempre estaba la opción del castigo, que probablemente lo tentaría a aceptar sin incluir toques ni desnudez. Al final, sería él quien se ganara un castigo, y yo tenía el control absoluto de la situación. Su excitación lo había llevado al límite y lo había metido en problemas.

Con una sonrisa pícara, decidí burlarme un poco y escribí:

Priscila 😈: ¿Y bien? Estoy ansiosa por saber cuál será tu último castigo.

No obtuve respuesta inmediata, y el reloj marcaba solo 10 minutos para el final. Entonces, sonó mi celular, y al leer el reto y el castigo propuestos, supe que las cosas estaban a punto de cambiar. El astuto payaso había ideado algo que haría que los últimos minutos fueran intensos y emocionantes.

Payaso: Priscila, Deberás entablar una conversación erótica con Gerardo, el representante de ventas que tanto te coquetea. 🙊 Asegúrate de que sea sugerente 😏 Deberás permitir que yo escuche la conversación para verificar su autenticidad mediante una llamada sin que el lo sospeche, la charla debe durar por lo menos 5 minutos.

Payaso 🤡: Ahora, en cuanto al castigo, deberás dirigirte al vestidor, buscar tu sujetador y, de manera sigilosa, ponértelo detrás del mostrador que está en tu stand liberando tus senos sin que nadie más lo note, no debes levantar sospechas.

Añadimos un toque de emoción al reto, ya que tendrás hasta las 16:00 para completarlo antes de que se agote el tiempo de nuestro juego. 🤡 ¡Que comience el juego! 🔥 🔥 🔥

Los minutos avanzaban implacables. El astuto payaso estaba seguro de que el reto era un desafío casi imposible de cumplir, ya que no quería sugerir nada a Gerardo, pues no sabría como quitármelo de encima, pero la adrenalina corría por mis venas. No me quedaba más opción que enfrentar el castigo. El reloj marcaba siete minutos, y el payaso, con su sonrisa burlona, seguía observándome. La atmósfera se volvía más tensa con cada segundo que pasaba.

Decidí actuar con determinación. Salí corriendo con los brazos cruzados, consciente de que mis encantos se movían con un provocativo vaivén sin el sostén. El tiempo apremiaba, y solo me quedaban siete minutos para cumplir el desafío. El payaso observaba desde la distancia, seguro de que esta vez no tendría éxito.

La gente me miraba con curiosidad mientras avanzaba apresurada. Finalmente, llegué al stand y miré la hora. Solo quedaban tres minutos. La adrenalina estaba en su punto máximo, y yo sabía que no había margen para el error. Atravesé el mostrador, pero pronto me di cuenta de que las miradas de la gente no me permitían ocultarme por mucho tiempo, pues había ángulos donde la gente podría observar desde los costados. No me quedaba más tiempo, tenía que actuar de inmediato.

Bajé con determinación el cierre del traje por detrás, dejando que mis dedos recorrieran la suave tela de la prenda. Lentamente, comencé a deslizarlo hacia abajo, revelando mi hombro izquierdo con un gesto sugerente, aunque al mismo tiempo, sentía la intensa mirada de alguien posada sobre mí. Mi piel se erizó ante la idea de ser observada, me detuve y me volví a cubrir. La excitación y la adrenalina fluían.

Entonces, el payaso se acercó triunfante, sabiendo que el tiempo había terminado junto con juego. Con una sonrisa traviesa, el Payaso dijo: "¿Aún deseas el boleto, Priscila?". Mi voz estaba cargada de tensión cuando le respondí: "No te burles".

Sin embargo, Payaso habló en serio, y sabía que tenía que cumplir su parte del acuerdo. Sus manos se deslizaron por su propio pecho en un gesto sugestivo que me dejó intrigada. Le miré con desprecio, y luego se alejó, dejándome con una mezcla de emociones encontradas.

Me sentía humillada, defraudada y estafada, pero, en cierta forma, admitía que lo había disfrutado. Con una sonrisa ligera en mis labios, salí del stand en dirección al vestidor, decidida a ponerme el sujetador con calma. La emoción del momento me había llevado a un punto de no retorno.

En el vestidor, mientras bajaba mi traje para ponerme el sujetador, jugué con la fantasía del viejo payaso. Tomé varias fotos de mis senos desnudos en diferentes poses, disfrutando del morbo del momento, aunque sabía que nunca cumpliría su deseo. Luego, me arreglé y volví a mi lugar de trabajo, evitando mirar al payaso.

El tiempo pasó, y finalmente, el payaso se acercó de nuevo. Con una sonrisa burlona, me mostró el boleto dorado. Lo miré pensativa, contemplando la motocicleta en el escenario principal. Nuestra conversación giró en torno a la foto, y el payaso me pidió que se la enviara.

Priscila: Tengo la foto

Payaso: En serio, pásamela

Priscila: Dame el boleto primero

Payaso: Pásame la foto primero

Priscila: ¿No vas a confiar en mí? ¿Después de que cumplí tantos retos y castigos?

Payaso: Fallaste muchos

Priscila: Bueno, entonces, ahí lo dejamos

El payaso se quedó en silencio, esperando mi reacción. Finalmente, cedió, entregándome el ansiado boleto. Lo miré con una sonrisa burlona antes de alejarme para reunirme con mis compañeras, ignorando al payaso derrotado y enojado. No podía evitar sentirme satisfecha por haber ganado el juego.

Otra hora pasó, y finalmente, se anunció el sorteo de la motocicleta a través del micrófono. La emoción inundó mis sentidos, y saqué mi celular, revisando nuestra conversación con el payaso. Hasta ese momento, había sido manipulada, pero esta vez actuaba por mi propia voluntad. Seleccioné las fotos que me había tomado en diferentes ángulos, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza. La voz en el micrófono avivó mis nervios, y, finalmente, mi dedo pulgar actuó por sí solo, presionando el botón de enviar.

Fue como un acto de agradecimiento y orgullo, de saber que si cumplo mis promesas, mis nenas me ayudaban a conseguir una motocicleta, pensé

Pasaron los minutos y entonces se escuchó el sorteo… ¿Sorteo?

Miré con ansias mi boleto, pero noté algo extraño. No tenía números, parecía auténtico a simple vista, pero era evidente que solo era una tonta utilería de payaso. Me sentí estafada y humillada, como si todo el juego hubiera sido una farsa. Busqué con la mirada al payaso, pero no estaba en su stand. El astuto payaso había obtenido lo que quería, mientras yo me quedaba con las manos vacías, denigrada y frustrada.

El sorteo continuó con el verdadero ganador, y en ese momento, recibí un último mensaje del payaso.

Payaso 🥵 🥵 🥵 🥵 🥵 🥵 🥵

Por supuesto, la historia no llega a su fin aquí. La feria seguía su curso, y con ella, los desafíos y la intriga. Enfrenté al descarado payaso, pero su astucia me demostró que aún había mucho más en juego. Las emociones se intensificaron, pero eso te lo contaré en nuestra próxima entrega... ¡Besitos! 😘🎪

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