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Priscila y el viejo payaso de la feria - PARTE 1

El vestidor se vacía, pero la mirada del payaso viejo no la suelta. Entre el riesgo de ser vista y la promesa de un premio prohibido, Priscila decide cruzar la línea que separa el trabajo del deseo.

Priscila31K vistas9.5· 19 votos
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Me encontraba parada en el recibidor, esperando impacientemente a que mi amiga y representante, Nicole, terminara de regañarme por llegar tarde. Sabía que tenía razón, pero eso no quitaba la incomodidad que sentía en ese momento. Mi vestimenta, aunque común, resaltaba mis curvas de forma innegable ante la gente que entraba y salía del evento: unos jeans ajustados que abrazaban mis piernas y resaltaban mi trasero, y una sudadera roja suelta de mangas largas que contrastaba con mi cabello rubio.

Nicole me miraba con severidad, cruzando los brazos y frunciendo el ceño. Su voz resonaba en mi cabeza, llena de reproche y frustración. "¡Priscila! ¿Cuántas veces tengo que decirte que llegues a tiempo? Estamos en un evento importante y tu tardanza nos afecta a todas", recriminó.

Mis mejillas se encendieron, y sentí cómo la vergüenza me invadía. Bajé la mirada, sin atreverme a enfrentarla. "Lo siento, Nicole. Tuve un problema con el transporte y no pude llegar antes", balbuceé, intentando encontrar alguna excusa válida.

Nicole suspiró exasperada, soltando un gesto de resignación. "Priscila, eres hermosa y talentosa, pero tienes que ser más profesional. No puedes permitir que contratiempos te retrasen de esta manera. Tienes que aprender a manejar estas situaciones", me reprendió con voz firme. Asentí con la cabeza.

Después de unos segundos de silencio tenso, Nicole suspiró nuevamente y su expresión se suavizó. "Priscila, sé que puedes hacerlo mejor. Eres una modelo talentosa y tienes un futuro brillante. Solo necesitas enfocarte y comprometerte más", dijo con voz más amigable. La miré con gratitud, agradecida por su apoyo a pesar de su regaño.

Nicole sonrió y colocó una mano en mi hombro. " Priscila. Eres capaz de lograr todo lo que te propongas. Ahora, vamos al stand," dijo con entusiasmo, cambiando el tono de la conversación hacia algo más positivo.

Caminamos juntas hacia el escenario principal, dejando atrás el recibidor y la sensación tensa que acababa de vivir. Entré rápidamente al vestidor improvisado que Nicole me señaló. Estaba hecho con tubos de plástico y telas, proporcionando algo de privacidad en medio del ajetreo del evento. Mi amiga me entregó la ropa que debía usar para el evento: un conjunto de una sola pieza, una blusa y un pantalón licrados de color blanco entero.

Con el apuro encima, comencé a desvestirme. Me observé en el espejo que se encontraba en el lugar de aproximadamente 1.50 metros de altura. Sentía la incomodidad de las situaciones que se presentaban en ese pequeño espacio. Las cortinas de la puerta de ingreso se movían con el viento, levantándose de vez en cuando, revelando fragmentos de mi figura a aquellos que pasaban por fuera. Me apresuré a cubrirme, deseando que nadie pudiera ver más de lo necesario.

Acomodé mis encantos dentro del apretado traje de licra. Intenté subir el escote delantero lo más posible para sentirme más cómoda y segura. Sin embargo, parecía que el tejido tenía su propia voluntad, ya que volvía a ceder y mostrar más de lo que pretendía. Suspiré resignada, comprendiendo que tendría que lidiar con eso durante todo el evento.

Finalmente, logré vestirme con la ropa de trabajo tan sugerente. Mis curvas se resaltaban de manera seductora, y el escote delantero dejaba poco a la imaginación. Busqué en mi cartera y saqué unos zapatos de tacón negros, que complementaban el conjunto y realzaban aún más mi figura. También encontré una visera negra con el logo de la marca que debía impulsar, la coloqué en mi cabeza y me miré en el espejo una última vez.

Allí estaba yo, lista para enfrentar el mundo con mi sensualidad y carisma. A pesar de las situaciones incómodas y los pequeños inconvenientes, me sentía confiada y segura de mi atractivo. Sabía que sería el centro de atención en el evento y estaba dispuesta a aprovecharlo al máximo. Ajusté mi postura, me aseguré de que todo estuviera en su lugar y salí del vestidor, lista para deslumbrar y cautivar a todos los presentes.

Caminé hacia el stand, sintiéndome observada en cada paso que daba. La multitud se aglomeraba alrededor de mí, y no podía evitar rozar a algunas personas mientras avanzaba. Sentía una incomodidad creciente, como si estuviera siendo examinada minuciosamente por cada individuo que se cruzaba en mi camino. Algunas miradas eran lascivas, lo cual me provocaba una mezcla de disgusto y satisfacción.

Finalmente, llegué al stand y me acerqué a Nicole, quien me presentó a mis compañeras de trabajo. A pesar de que eran encantadoras, no podía evitar notar la diferencia de estatura entre nosotras. Con mis 1.75 metros más los zapatos de tacón, les llevaba alrededor de 20 centímetros. Me sentía como una giganta en comparación. Nicole también me presentó a Gerardo, el representante de la marca. Desde el momento en que me notó entre la multitud, había notado que sus ojos se clavaron en mí de manera intensa y perturbadora.

Gerardo me saludó con un beso en la mejilla y un abrazo que duró más de lo necesario. Sentí su cuerpo apretándome contra el suyo, y una sensación incómoda recorrió mi cuerpo que debía agacharlo un poco para estar a su altura. Traté de mantener la compostura mientras él intentaba ser gracioso, insinuándose torpemente en sus palabras. Me esforcé por sonreír, aunque sus intentos de chistes no me causaban gracia alguna. Era evidente que estaba aprovechando su posición para estar acercarse a mí, y eso generaba en él una sensación de poder que parecía no querer soltar.

Gerardo: ¡Priscila, encantado de conocerte! Eres tan hermosa como decían mis colegas. ¿Qué te parece este evento? ¡Espero que te diviertas!

Priscila: Gracias, Gerardo. Parece ser un evento interesante. Estoy lista para hacer mi trabajo y representar a la marca de la mejor manera posible.

Gerardo: Excelente actitud, Priscila. La clave aquí es divertirse y atraer a la gente. Estoy seguro de que tu belleza y encanto serán irresistibles para los asistentes.

Priscila: Así es, eso es parte de mi trabajo

Gerardo: ¡Priscila, qué suerte la mía de trabajar contigo! Eres como un rayo de sol en este lugar.

Priscila: Gracias

Gerardo: Sabes, dicen que la belleza está en el ojo del espectador. Y créeme, estoy disfrutando de la vista.

Priscila: Lo agradezco.

Gerardo: ¿Sabes por qué las modelos como tú no deberían trabajar en una panadería?

Priscila: Eh, No, ¿por qué?

Gerardo: Porque hacen que los panes se pongan celosos al ser más calientes y deliciosas que ellos.

Priscila: Bueno, eso fue... interesante. Sigamos con el trabajo, ¿de acuerdo?

Gerardo: Priscila, te lo digo con total sinceridad, cada vez que sonríes, mi día se ilumina. ¿No crees que deberíamos hacer que todos los días sean "iluminados"?

Priscila: Sigamos con el trabajo.

Gerardo: Tienes razón. No quiero interponerme en tu brillante carrera. Estoy aquí para apoyarte en todo lo que necesites.

Priscila: Gracias, Gerardo.

Después de su intento de seducción encubierta, Gerardo me indicó cuál sería mi labor en el evento. Simplemente tenía que entregar folletos a los transeúntes, tomarme fotos con aquellos que lo solicitaran y ofrecer muestras gratis de la bebida en pequeños vasos a aquellos dispuestos a llenar un registro para participar en un sorteo de una motocicleta. Me enfatizó que siempre debía sonreír, como si mi felicidad fuera contagiosa y esencial para la promoción de la marca.

A medida que Gerardo seguía hablando, sentía su entusiasmo creciendo. Su voz se volvía más animada y sus palabras se volvían cada vez más redundantes. Era como si no quisiera dejar de hablar, como si mantenerme cerca y bajo sus ordenes fuera un juego de poder para él. Me sentía atrapada en su discurso interminable, esperando pacientemente a que llegara el momento en que pudiera alejarme de él y concentrarme en mi trabajo en el stand

Mientras estamos solas en el stand, mis nuevas compañeras, Laura y Sofía me señalaron hacia el stand de los payasos que estaba al frente y hacia la derecha. Me dijeron que son muy graciosos y que lograban detener a las personas con sus ocurrencias. Curiosa por verlos en acción, me acerqué y vi cómo los payasos estában interactuando con una señora que se detuvo frente a ellos.

Laura: ¡Priscila, tienes que ver esto! Estos payasos son geniales, siempre hacen reír a todos.

Sofía: Sí, son realmente divertidos. ¡Mira cómo tienen a esa señora riéndose a carcajadas!

Mientras observaba, mi mente volvió a las insinuaciones de Gerardo. Las imágenes de sus gestos y comentarios sugestivos se mezclaban con la escena de los payasos, creando una atmósfera llena de anticipación y excitación.

Priscila: ¿Recuerdan cuando Gerardo me dijo que sería el alma de la fiesta? Supongo que estos payasos me están quitando el protagonismo.

Mis pensamientos volvieron a la realidad cuando Laura y Sofía me pidieron que las cubra por un momento, ya que necesitaban ir al baño. Debido a mi tardanza, sentí la obligación de aceptar su solicitud.

Priscila: Claro, no hay problema.

Laura y Sofía se alejaron rápidamente hacia el área de baños, dejándome sola en el stand. Mientras esperaba su regreso, no puedo evitar seguir observando a los payasos, sintiendo cómo su energía y alegría llenaban el ambiente.

Después de un rato, el bullicio de la multitud se disipó y la gente comenzó a dispersarse. En ese momento, los payasos notaron mi presencia en el stand. Aunque trataban de disimularlo, pude ver cómo se miraban entre ellos, señalando discretamente hacia mi dirección.

La sensación de ser observada por los payasos me provocaba una mezcla de emoción y curiosidad. Me gusta sentirme deseada y ver cómo la atención se centra en mí. Sin embargo, los payasos comenzaron a hacer lo posible para llamar mi atención a otro nivel y comenzaron a hacer payasadas entre ellos para destacar.

Los payasos, con su característico estilo gracioso y torpe, se empujaban y agarraban de forma cómica. Se lanzaban chistes internos y se movían de manera descoordinada, generando risas tanto en ellos mismos como en mí. Sus movimientos exagerados y su expresión facial exuberante hacían que no pueda evitar reírme junto con ellos pero guardando la compostura a la distancia.

Mientras observo las payadas, me doy cuenta de que están dispuestos a hacer cualquier cosa para atraer mi atención. La calentura y el deseo de llamar mi atención eran evidentes en sus acciones, lo cual, debo admitir, me resultaba bastante halagador y excitante.

El lugar se encontraba cada vez más tranquilo, con pocos visitantes que pasaban de un stand a otro, pero siempre con la mirada fija en mí y en mi llamativo atuendo. Parecía que el trabajo se volvía más liviano en estos momentos, lo cual me daba una sensación de alivio. Sin embargo, la atención constante de la gente me hacía sentir una mezcla de incomodidad y excitación.

En ese momento, tres de los atrevidos payasos aprovecharon la oportunidad y se acercaron a mí entre risas y juegos. Se quedaron mirándome de manera incómoda, tratando de parecer graciosos, pero sus miradas revelaban un claro interés hacia mi apariencia.

Uno de los payasos, con su voz exagerada y gestos cómicos, inició una conversación conmigo. Intentó hacer reír con chistes que destacaban mi belleza de forma halagadora, pero a la vez algo atrevida.

Payaso 1: ¡Oye hermosura, eres como un caramelo!

Priscila: ¿En serio? – levanté una ceja

Payaso 1: Porque dan ganas de desempacarte despacito y saborearte lentamente – Le miré doblando ligeramente la cabeza y frunciendo las cejas.

Payaso 2: Mi amor ¿sabes cuál es la diferencia entre tú y el sol?

Priscila: No, ¿cuál es?

Payaso 2: Que el sol brilla durante el día, pero tú brillas en cualquier momento – Hasta ahí, era un halago encantador, pero lo remató groseramente -… y en cualquier posición. – Decidí no ceder a esos malos chistes y finalizar la conversación

Priscila: jaja "¡Gracias, chicos!

Los payasos se esforzaban por hacerme reír y generar una conexión cómica. Sus ocurrencias, aunque atrevidas, lograban sacarme ligeras sonrisas y divertirme en medio de la tranquilidad del lugar. Su energía era contagiosa, y no podía evitar disfrutar de ese momento de diversión y coqueteo improvisado con ellos.

Intenté encontrar un poco de tranquilidad en el stand y me senté en un taburete que se encontraba más adentro. Sin embargo, los payasos decidieron acompañarme impulsados por al generosa vista de mi trasero al darme la vuetla y continuaron con su acto atrevido. Se adentraron en el stand junto a mí, realizando gestos divertidos. Aunque había poca gente a mi alrededor, ellos no dejaron de perseguirme con sus payasadas. Sus movimientos atrevidos y chistes picantes lograron arrancarme risas ocasionales mientras intentaba mantener cierta reserva. Era un momento inesperado de diversión en medio de la tranquilidad del lugar.

Mientras estaba sentada en el taburete, uno de los payasos decidió hacer una pirueta arriesgada, pero en el intento tropezó con su propio pie y terminó empujando sin querer a sus compañeros. La torpeza del primero hizo que el segundo perdiera el equilibrio y se aferrara desesperadamente al tercero, quien también perdió la estabilidad y ambos se desplomaron al suelo. Mientras tanto, el primer payaso que intentaba levantarse resbaló y volvió a caer. La naturalidad del momento, sin pretensiones, fue tan graciosa que no pude evitar soltar una carcajada contagiosa. Fue un instante de pura espontaneidad que nos llenó a todos de risas y alegría.

Mi carcajada hizo que los payasos se sintieran con licencia para acercarse más y aprovechando la música alegre que sonaba en el escenario principal, uno de los ellos, con un brillo travieso en los ojos, se atrevió rodearme hasta quedar detrás mío y tomó mis hombros con ambas manos, guiándome en un baile improvisado, que más era un sacudón. Mis dos encantos, se balanceaban seductoramente, atrapando la atención y los deseos de los otros dos payasos. Las miradas se intensificaron, cargadas de una energía ardiente y una complicidad mutua. Me dejé llevar por el momento, disfrutando de la tensión palpable y el juego de poder que surgía. Debido al fuerte agarrón del payaso y lo ajustado de mi traje, mi escote podía ceder en cualquier momento liberando mis senos con el sujetador de lencería roja. Aunque sentía mi corazón acelerado, mantenía la serenidad en mi rostro, sabiendo que debía mantener la compostura ante la mirada atenta de los presentes.

La adrenalina se intensificó cuando noté que al último payaso que tardó en levantarse se le había caído la peluca y pude notar su apariencia: De unos cincuenta años que reflejaban en su rostro arrugado y en su figura regordeta, que desafiaba la gravedad en cada movimiento. Una papada prominente se destacaba debajo de su barbilla, como un tesoro oculto en su peculiar apariencia. Su cabello desordenado parecía haberse rebelado contra cualquier intento de peinado, creando una aureola caótica alrededor de su cabeza. Sus ojos, brillantes pero caídos, eran ventanas hacia un mundo lleno de travesuras y picardía de experiencias vividas en su trabajo de payaso. Vestía un traje alegre y desgastado, repleto de colores llamativos y patrones extravagantes. Cada detalle exagerado de su apariencia contrastaba con su notable aspecto nada agraciado. Una mezcla de rechazo y emoción se apoderó de mí, creando una danza íntima dentro de mi ser.

Mientras el payaso viejo se iba arreglando la peluca sentado en el piso, sus ojos se posaron en mí de manera intensa. Sentí su mirada fija en mi escote, el cual, de forma seductora, realzaba mi figura y mostraba generosamente mi pecho, provocando que mis encantos se balancearan rítmicamente con cada movimiento.

A medida que el payaso que me sostenía de los hombros y me sacudía de un lado a otro, mis encantos se agitaban con una sensualidad cautivadora. El movimiento continuó con más rapidez dejando a un lado el ritmo de la música. Sentía cómo mis pechos iban de un lado a otro mas bruscamente, atrayendo la atención y generando una excitación palpable en el ambiente.

Mientras el payaso viejo continuaba observándome con deseo y sorpresa en sus ojos, yo trababa de mantener la compostura. Sabía que mi pecho, combinado con el escote a punto de ceder, despertaba la fantasía de que sea vista en toda plenitud solo con el sujetador rojo cubriendo mis senos sin poder hacer nada al respecto, las miradas de los payasos traían esperanzas de que la escena se haga realidad. Era una sensación extraña, pero no pude evitar sentirme atraída por esa mirada fija en mis dos encantos y llena de deseo y sorpresa. Las emociones se entrelazaron en un torbellino de sensualidad, desafiando cualquier lógica y convirtiendo ese instante en un juego peligrosamente excitante.

De repente, noté cómo mi escote se deslizaba ligeramente, revelando más piel de lo que había planeado. Sentí una mezcla de sorpresa y excitación mientras trataba de contener el movimiento forzado, en ese instante tomé conciencia del momento dejando mi excitación de lado pues, noté como el payaso que me tomaba los hombros acomodó su cabeza sobre mi hombro derecho dándole una vista espectacular de mi senos que ahora eran sacudidos sin piedad, pude escuchar sus jadeos, entonces intenté detenerlo colocando mis manos delicadamente sobre mi pecho para asegurarme de que el traje permaneciera en su lugar. Aunque me sentí un tanto incómoda, no pude evitar notar cómo aquel pequeño "incidente" había dado justo en el blanco para acrecentar mi excitación.

El payaso detrás mío, pareció darse cuenta de que la prenda estaba cediendo y perdido en su mundo, o mejor dicho en sus dos nuevos mundos, continuaba sosteniéndome de los hombros, haciendo más fuerza para luchar con mi ya postura rígida. Luché por mantener mi confianza, sonreí de manera juguetona, para convencerme a mí misma de que tenía todo bajo control, aunque parecía que lo estaba perdiendo.

En ese preciso momento, los payasos parecieron captar la presencia de Gerardo y mis compañeras, soltándome rápidamente. Sus expresiones de diversión se transformaron en sorpresa al ver a Gerardo, quien emitió una mirada seria y desafiante.

Las risas de mis compañeras, Laura y Sofía, se hicieron más audibles al observar la reacción de los payasos. Era evidente que la intervención de Gerardo había provocado cierta satisfacción en ellas.

Gerardo, enojado y con un aire de celos, se dirigió a mí con una mirada penetrante:

Gerardo: Priscila, no puedo creer que hayas permitido esto. No esperaba ver esta falta de profesionalidad de tu parte. - Mi corazón se aceleró al sentir su enfado y celos, pero traté de mantener la calma mientras respondía con cierta incomodidad: Priscila: Lo siento, Gerardo. Fue una situación fuera de mi control, pero te aseguro que esto no volverá a suceder.

Mientras tanto, los payasos, conscientes de la tensión en el ambiente, se retiraron rápidamente del stand, aunque sus sonrisas burlonas eran evidentes. Gerardo, aun visiblemente molesto, se dirigió a las compañeras y les recordó en tono firme: "Laura, Sofía, su trabajo es mantener el orden y asegurarse de que situaciones como estas no ocurran.”

Laura y Sofía, un poco avergonzadas, pero disfrutando secretamente del conflicto, asintieron con seriedad y prometieron ser más vigilantes en el futuro.

Una vez que Gerardo y los payasos se retiraron, me mostré molesta ante mis compañeras, aunque sabía que por dentro no lo estaba, era como una forma de no evidenciar mi calentura:

Priscila: ¡No puedo creerlo! ¿Qué les pasó? ¿Por qué tardaron tanto?

Laura: Lo siento, Priscila. Nosotras... vimos lo que estaba sucediendo desde lejos y tuvimos miedo de acercarnos porque no queríamos ser molestadas.

Sofía: Sí, parecía que estabas sacando provecho de la situación

Priscila: ¡Eso no es excusa! No podían simplemente quedarse allí mirando. Tenían que proteger el stand y asegurarse de que todo estuviera en orden.

Laura: Pensamos que te estabas divirtiendo y no quisimos interrumpir

Ya no quise agrandar la situación y les propuse volver a trabajar.

Llegó la hora del descanso, decidí volver al vestidor improvisado para tomarme un respiro a solas mientras las chicas se fueron a comer. En el camino percibí una presencia en mi espalda. Una sensación de ser observada me invadió, como si una mirada intensa estuviera clavada en cada uno de mis movimientos. Esa sensación me intrigó y, al mismo tiempo, me hizo sentir una leve calentura recorriendo mi cuerpo.

Decidí probar si mis sospechas eran ciertas y comencé a desviarme de mi camino habitual. Con cada paso que daba, la sensación de ser seguida se intensificaba, pero el payaso siempre mantenía una distancia prudencial, sin atreverse a acercarse demasiado.

Finalmente, llegamos al vestidor improvisado. Me detuve en la entrada y giré para enfrentarlo. El payaso se detuvo también, manteniendo una distancia respetuosa, pero con una mirada llena de deseo, no había nadie más al rededor. Aunque no se atrevía a cruzar el umbral, la tensión entre nosotros era palpable. Nos observamos intensamente, sin decir una palabra, dejando que el silencio hablara por sí mismo.

En ese instante, supe que se trataba del payaso más viejo, el que había quedado sin peluca y deslumbrado observando mis senos en movimiento sin que yo pueda defenderme, su calentura lo había superado haciéndole dejar su puesto de trabajo. Sin embargo, también sabía que no podía permitir llevar las cosas más lejos en ese momento. Era un juego peligroso que podía tener consecuencias inesperadas. Con una sonrisa coqueta y un gesto de complicidad, decidí dejarlo allí, manteniendo el misterio y la anticipación que había provocado entre los dos casi por inercia, el payaso me correspondió con una sonrisa tímida.

Cerré la puerta del vestidor detrás de mí, dejando al payaso allí, con sus ojos llenos de deseo y susurros de promesas incumplidas. Sabía que ese encuentro había dejado una huella en ambos, y el juego de seducción seguiría latente entre nosotros en futuras oportunidades durante el día.

Ya a solas en el vestidor improvisado, me senté en una caja observando mi figura en el espejo. Me dejé llevar por mi imaginación, creando escenas llenas de sensualidad y provocación que se desarrollaban en el stand de la feria, junto al payaso anciano. Veía cómo sus gestos torpes pero seductores me envolvían, acercándose a mí con una mirada llena de complicidad.

En mi mente, imaginaba un baile erótico, moviéndome al ritmo de la música mientras el payaso me seguía con la mirada, despertando un fuego interior que no podía ignorar. Sentía la electricidad en el aire, una conexión magnética que nos unía en medio del bullicio y la emoción de la feria.

En otra escena, me veía inmersa en una conversación atrevida con el payaso, desafiándonos mutuamente con palabras sugerentes y llenas de doble sentido. Cada frase pronunciada provocaba una chispa de excitación que recorría nuestros cuerpos, haciendo que nuestros corazones latieran al unísono en una danza pasional. “¿qué trucos ocultos tienes bajo la manga, viejo travieso?”

Estas escenas, creadas por mi mente, me permitían explorar un lado sensual y audaz que rara vez mostraba en mi vida cotidiana. Sabía que eran solo fantasías, que el payaso anciano no era más que un personaje, pero disfrutaba de la libertad que me brindaba mi imaginación, sumergiéndome en momentos de intensidad y seducción que, aunque fugaces, despertaban en mí una profunda excitación y una curiosidad insaciable

De repente, mis fantasías se vieron asaltadas, al escuchar el ruido de un plástico rasgándose cerca del vestidor improvisado. Mi atención se desvió hacia la entrada y allí vi al payaso arrastrándose sigilosamente por debajo de las cortinas. Una mezcla de sorpresa, intriga y excitación recorrió mi cuerpo al verlo acercarse arrastrándose sigilosamente, como si estuviera decidido a continuar con el juego prohibido al que yo misma provoqué.

Dejé a un lado mis pensamientos y decidí dejarme llevar por la tentación. Sabía que estaba cruzando límites peligrosos, pero la adrenalina que recorría mi cuerpo generada por mis recientes fantasías me impulsaba a seguir adelante.

Me mantuve fingiendo indiferencia, como si no me diera cuenta de la presencia del payaso que se arrastraba sigilosamente hacia mí. Con una sonrisa traviesa en mi rostro, me llevé el pelo hacia adelante por encima de mi hombro y comencé a deslizar lentamente el cierre de la espalda del traje blanco, insinuando un atisbo de piel de mi espalda baja y dejando ver el broche de mi sujetador rojo.

Aunque simulaba despreocupación, sabía que el payaso estaba completamente absorto en mis movimientos. Sentía la tensión palpable en el aire, la electricidad que nos envolvía a ambos. Cada vez que alzaba la playera un poco más, mi corazón se aceleraba, emocionada por lo que vendría después.

Aunque aparentaba ignorar la presencia del payaso, en mi interior disfrutaba del poder que tenía sobre él. Me dejé llevar por el juego de la seducción, consciente de que cada movimiento, cada gesto, intensificaba la tensión entre nosotros. Era un baile peligroso, una danza de provocación en la que ambos estábamos atrapados. En ese momento, decidí tomar el control de la situación.

Giré rápidamente para enfrentarlo, sintiendo una mezcla de indignación y sorpresa. Lo regañé por su osadía y le recordé que había cruzado los límites.

Priscila: Pero ¿qué crees que estás haciendo? - le reproché con voz firme - No tienes derecho a seguirme y entrar aquí sin mi permiso. Esto es una falta de respeto.

El payaso anciano con una sorprendente energía de joven y con una sonrisa traviesa, fingió su voz aguda e incómoda que caracteriza a los payasos, mientras intentaba hacerse el gracioso.

Payaso: ¡Jajaja! ¡Vaya, vaya! ¿Por qué te pones así, cariño? Solo estaba... ¡haciendo una visita sorpresa! ¿No te gustó la sorpresa? ¡Es parte de mi encanto como payaso!" - respondió con tono exagerado.

Frustrada por su actitud juguetona y su voz irritante, apreté los puños y le miré con seriedad.

Priscila: No hay nada encantador en seguirme y forzarte hasta aquí. No es un juego ni una sorpresa, es una falta de respeto hacia mí y mi espacio. Espero que comprendas la seriedad de esta situación.

El payaso, con una expresión traviesa en su rostro, continuó con su actitud irrespetuosa, jugando con los límites.

Payaso: ¡Oh, discúlpame si te ofendí, linda dama! Solo pensé que podríamos... ¡divertirnos un poco más! Pero entiendo que no te haya parecido adecuado. ¿Quizás te asusté con mi voz? ¡Ja ja ja! - respondió, exagerando aún más su tono agudo, tratando de mantener su farsa, hizo una reverencia exagerada y se iba dirigiendo a la salida, dejándome con un sentimiento de agotamiento con la respiración agitada. Sacó de su bolsillo un boleto dorado muy llamativo

Payaso: Solo quería hacerte un regalito – Dijo mientras caminaba de espaldas levantando el boleto

Priscila: ¡Espera! ¿Qué es eso que tienes en tus manos?

Payaso: Oh, esto... es el boleto premiado del sorteo de la motocicleta. Tengo información privilegiada, y sé que este boleto es el ganador.

Priscila: ¿Estás bromeando? ¿Cómo es posible que lo tengas tú?

Payaso: Digamos que tengo ciertos contactos en el sorteo, y puedo asegurarte que, si sigues mis condiciones, ese boleto será tuyo.

Priscila: ¿Qué condiciones? ¿Qué es lo que quieres de mí?

Payaso: Quiero que juegues a mi manera, que te atrevas a vivir momentos emocionantes y desafiantes. Si aceptas mis juegos, el boleto será tuyo y podrás ganar esa motocicleta que tanto deseas.

Priscila: Pero... ¿qué tipo de juegos? ¿Qué tengo que hacer?

Payaso: Será una serie de pruebas divertidas y arriesgadas. Podrías enfrentar tus miedos, superar desafíos físicos y mentales, y vivir momentos llenos de adrenalina. Será una experiencia inolvidable, y al final, el boleto será tuyo.

Priscila: Esto suena muy tentador, pero también arriesgado. ¿Cómo puedo confiar en que cumplirás tu parte del trato?

Payaso: Si decides aceptar, te lo garantizo. Pero recuerda, solo tienes una oportunidad. Si renuncias o no cumples con alguna de las pruebas, el boleto se perderá para siempre.

Priscila: Está bien, lo haré. Acepto tus juegos y tu desafío. Quiero ese boleto.

Payaso: Excelente!!

Me explicó que es lo que quería detalladamente, al principio pensé que sería algo mas atrevido como que le muestre los senos o algo así, estaba lista para darle una cachetada, sin embargo y a medida que me iba explicando se dibujó una sonrisa en mis labios:

Payaso: Cariño, te propongo un juego de retos y castigos. Se trata de pasar un rato divertido y atrevido mientras estamos aquí en la feria. Yo te plantearé desafíos sugerentes y provocativos, y tú decidirás si los aceptas o no. Pero, ¡cuidado! Si no cumples con alguno de los retos, habrá un pequeño castigo juguetón.

Priscila: ¿Qué tipo de retos? – Pregunté muy expectante

Payaso: Los retos pueden ir desde acciones sutiles y disimuladas hasta actitudes más atrevidas. Puedo pedirte que realices pequeños gestos seductores mientras atiendes a los clientes, como acariciar ligeramente tu labio o darle un toque coqueto a tu cabello. También podríamos jugar a crear situaciones divertidas o traviesas, como fingir que somos amantes secretos y darnos miradas intensas y provocativas".

El payaso se acercó un poco más, susurrando con complicidad y exagerando sus gestos.

Payaso: Y recuerda, si decides no cumplir con alguno de los retos, habrá un castigo.

Reflexioné sobre lo propuesto, sintiendo una mezcla de nerviosismo y excitación. Decidí aceptar el desafío, sabiendo que aquel juego podría llevarme a vivir momentos excitantes en la feria y de paso ganar una motocicleta.

Desde ese momento, sabía que estaría envuelta en un juego de seducción y provocación, ya no podía dar marcha atrás, y a decir verdad, me gustaba la idea…

Priscila: ¿Y de que se tratan los castigos?

Payaso: ¡Eres precavida! Muy bien, bueno si no cumples uno de mis retos, tendrás que entregarme una prenda íntima (ríe burlonamente). Sí, sí, una prenda que estás usando ahora mismo y que te haga sentir sexy, debe ser una que me haga querer seguir jugando contigo.

Priscila: Eres un payaso muy travieso, ¿sabes? Pero suena emocionante – Sonreí y éste empezó a reír más exageradamente tomándose la panza

Payaso: ¡Exactamente! Ahora, lleguemos al décimo castigo. Ahí es donde las cosas se ponen aún más interesantes. En ese momento, tendrás que enviarme una foto especial.

Priscila: ¿Especial? ¿Qué quieres decir?

La cara del payaso se iluminó con una expresión traviesa mientras nuestras miradas se encontraban. Levantó lentamente sus manos hacia su boca y luego deslizó su mirada hacia mi figura, deteniéndose en un punto específico: mis senos. Yo, sorprendida por su atrevimiento, arqueé una ceja, desafiante. En un gesto sugestivo, movió las cejas de arriba abajo, mientras señalaba sutilmente hacia mis dos encantos, creando una tensión palpable entre nosotros.

Priscila: Eres un idiota

El payaso viejo pero muy pícaro, inclinó ligeramente la cabeza y me miró con una sonrisa traviesa. Su voz adoptó un tono seductor y juguetón mientras me decía:

Payaso: Piénsalo… difícilmente llegarías al castigo número 10, es solo para mantener la emoción, para obligarte a ti misma a cumplir los retos. Imagina el poder que tendrías sobre mí al hacerme esperar, al mantenerme en vilo por esa foto especial. Sería un acto de control y provocación que nos elevaría a otro nivel de excitación. ¿No quieres descubrir hasta dónde podemos llegar? Sería nuestro secreto, una experiencia única y ardiente que nos uniría de una manera indescriptible. ¿Qué dices?

Sentí una mezcla de excitación y nerviosismo recorriendo mi cuerpo, el viejo tenía razón, aunque trataba de mantener mi carácter desafínate cruzando las manos y mirándolo fijamente con una expresión de desaprobación, finalmente asentí con una sonrisa.

La forma en que estaríamos comunicados durante el evento era vía WhatsApp, debía estar atenta a sus mensajes para cumplir los retos y ganarme ese boleto. Estrechamos las manos cerrando el trato y se fue muy feliz, había olvidado que durante toda la conversación traía el cierre bajado, me lo acomodé para volver al stand y vivir esta nueva experiencia. Por dentro, una emoción indescriptible me envolvía, sabiendo que estaba a punto de cruzar una barrera y adentrarme en un territorio desconocido…

Continuará…

Quiero agradecerte sinceramente por dedicar tu tiempo a leer otro de mis relatos. Siempre busco mejorar en cada escritura, y en esta ocasión decidí enfocarme en los detalles para brindar una experiencia más inmersiva. Sin embargo, entiendo que los gustos varían, por lo que me encantaría recibir tus sugerencias sobre cómo prefieres que continúe la historia: si seguir con esta narrativa detallada o adoptar un enfoque más resumido y explícito.

Personalmente, disfruto mucho adentrarme en los detalles y describir las sensaciones, pero si en algún momento sientes que estoy abusando de ello, por favor, házmelo saber. Tu opinión es importante para mí.

¡Besitos! Priscila

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