Xtories

Conquistando al tío Julio

La finca está lejos de la ciudad, pero cerca de los deseos prohibidos. Cuando el tío Julio entra en su habitación y la ve desnuda, la barrera del respeto se rompe. Ahora, con el mayordomo espiando y el tío Julio ardiendo en deseo, la semana promete ser más intensa de lo que imaginó.

andrea15K vistas9.3· 8 votos

Queridos amigos lectores: Mi nombre es Andrea, es nombre ficticio de verdad, lo demás es real, tengo 31 años de edad actualmente, soy casada, mido 163 centímetros de estatura, 65 kilogramos de peso, contextura mediana, buena pierna con unas buenas nalgas como una buena hormiga culona, unas tetas talla 34 b, mi piel es clara, mi cabello es lacio color miel, lo tengo corto en este momento, mis ojos son café claros, en fin tengo gracias a Dios, un buen cuerpo, unos atributos que muchas envidian y los hombres desean, mi cuerpo me encanta, sé que no pasa desapercibido, ya que cuando voy por la calle recibo muchos piropos unos muy bonitos, otros un tanto pasados y hasta morbosos, recibo también miradas, gestos y otras cosas de parte de los hombres, tampoco tengo hijos debido a que cuando niña me practicaron un aborto en una clínica clandestina, allí me sacaron la matriz, por ese motivo no puedo concebir.

Mi esposo es un buen hombre, 2 años mayor que yo, de 180 estatura, de 72 kilos de peso, trigueño, pelo crespo y negro, delgado, bien aspectado en todos los sentidos, las chicas lo ven y no son indiferentes a sus gustos, llama la atención de ellas en todos lados, profesional, trabajador, juicioso, bueno en la cama, sé que me la ha jugado varias veces, lo he perdonado porque aprendí a pagar con la misma moneda. Aquí sólo quiero desahogarme de estos recuerdos, revivirlos y compartirlos con aquellos que buscan algo de diversión por este medio, dejo constancia de que mis relatos son verídicos y no sacados de la fantasía de alguien.

Hoy les relataré cómo fue mi primer paseo a una finca del tío Julio por parte de mi esposo, en Puerto Wilches.

Recordarán que el tío Julio había estado comprando apartamento en la ciudad, acompañado por mí, bajo la autorización de mi esposo, también había dormido esos días en mi casa, se había formado una confianza muy grande, él siempre muy respetuoso, muy formal, muy atento a colaborar en dinero, hasta ayudar a lavar algunos trastes en la cocina, hablábamos de todo y de todos, el tema de su difunta esposa no quedaba atrás y lo mucho que la extrañaba, pero en esos días nuestro respeto fue total, mi dedicación a él fue todo el tiempo.

En una especie de compensación, el tío Julio dijo a mi esposo que lo esperaba allá en la finca, mi esposo le agradeció y le dijo que sus comisiones de trabajo eran en el campo petrolero y que pues le gustaba más estar en la ciudad cuando era su turno de descanso, el tío Julio le insinuó que me permitiera a mí, ir a pasar unos días, una semana o el tiempo que quisiera, que todo estaba a nuestras órdenes, que allá solo vivía el mayordomo con su esposa y dos hijos que los cuidaba la abuela por quedar lejos la escuela.

Mi esposo me autorizó para que yo fuera una semana, que así aprovechaba para aprender y me distraía con la vida de campo, cría de búfalos y otros animales de campo.

A la finca se llega en automóvil o motocicleta, pues queda un tanto retirada del casco urbano, la moto es el transporte preferido por una gran mayoría por de los habitantes, debido a su versatilidad y bajo costo de mantenimiento, eso dicen ellos. Un automóvil no llega nunca por allá o queda enterrado en el barro.

El tío Julio me recogió en su camioneta el pueblo, a donde llegué en transporte intermunicipal. Tardamos una hora y media hasta llegar a la finca, el clima es muy caluroso, muy pantanoso, apto para búfalos, hay muchos animales silvestres, dicen que han visto tigres, los dueños de finca deben estar pendiente de los ataques de las babillas, al igual que sus animales no se pasen a otras propiedades por falta de muchas cercas, ello debido a los caños y la gran extensión de los predios.

La casa del tío es muy pequeña y modesta, por decirlo así, consta de tres habitaciones con camas, una cocina en una construcción aparte, el comedor y sala es el corredor de la casa principal, su tejado es de zinc, cuando llueve se escucha muy fuerte el caer del agua. No hay baño como lo conocemos en la ciudad, allí hay una pileta construida para almacenar agua, con una taza hay que echarse agua cuando alguien se quiere bañar, las otras necesidades tocan al monte en la huerta de plátanos.

Para hacer las necesidades fisiológicas toca entre los arbustos del huerto o en el monte, en consecuencia, una se tiene que bañar con algo de ropa, una camisilla y pantaloneta, a la vista de todos prácticamente.

Fui presentada formalmente ante los vivientes para mayor comodidad de todos, Alfredo y su esposa Ana, una mujer trigueña, mayor para él, ella tenía unos 35 años, algo descuidada y mal arreglada.

Ese día el tío salió a atender la invitación de un vecino y ver unos animales para negociar, no sé por qué no me llevó, seguramente por evitar habladurías de estar reemplazando a la tía muerta.

El mayordomo y su esposa me atendieron ese día muy formales conmigo, a media tarde el mayordomo me dijo que, si quería montar a caballo, para ensillarme una bestia para mí, y que lo acompañara a ver los animales, acepté un poco temerosa ya que no había montado hacía mucho tiempo.

Las bestias estaban atadas a unos postes, una yegua mora, un caballo bayo y un burro de carga, dicen ellos. Me acerqué para ver realizar ese trabajo de ensillar, cuando vi que el burro estaba con su miembro erecto, me quedé asombrada con el tamaño y la facilidad con que se lo pegaba al pecho, al tiempo que en su cabeza se formaba una especie de campana cuando se ensanchaba enormemente.

Alfredo no se inmutó ante ese espectáculo, yo le dije: “mire que el burro está haciendo eso”. Él sonrió y me dijo eso es normal, todo el día se la pasa en eso, no se asuste que no la va a atacar, es solo por mostrarlo, me sentí como una boba en ese momento.

Como soy muy baja de estatura, Alfredo me ayudó a subir haciéndose por atrás mío, una de sus manos me apoyó de la axila y la otra me agarró mi pierna derecha, impulsándome para que echara la pierna sobre la silla, alcancé a sentir cierto toque excesivo con su mano, pero del susto no dije nada, fuimos hasta un sitio que había un corral de tubos de hierro, encerró un grupo de ganado vacuno y búfalos, algunos para dar cría, se metió entre ellos para revisarlos, me explicó que las babillas los muerden, se causan heridas entre ellos, revisar también si están enfermos y que estén completos entre otras cosas, ese era su trabajo.

Cuando terminó, me volvió a ayudar a subir, él ya había cogido confianza y fue más directo en mandar su mano para ayudarme a subir a la yegua, de verdad sentí que me tocó mis nalgas por sobre el jean que tenía puesto, tampoco le dije nada, regresamos a la casa sin demora, sabía que se estaba pasando, pero necesitaba de esa ayuda para subir a la bestia.

Esa primera noche no pasó nada especial, aparte de una charla con el tío Julio. A la mañana día siguiente ya el tío estaba en la casa de tiempo completo, yo estaba sentada en el patio observando las gallinas tomar el desayuno de maíz que les estaba echando, viendo como el gallo se pisaba a cada una de ellas, analizaba lo rápido de cada salto, se limitaba a un beso entre sus culos, una sacudida y listo, ahí entendí por qué a algunos hombres los llaman polvo de gallo.

En esas escuché en la huerta unos gruñidos de los perros, al voltear, una perra estaba atada a su macho, pegados por su vagina y pene, en el forcejeo se divisaba una franja rojiza del pene del perro, me imaginaba que, si los humanos tuviéramos esa capacidad, no habría polvos como el del gallo.

No entendía por qué todo se estaba confabulando en mi contra como para burlarse de mí o no sé.

Los animales de montar estaban atados sin ensillar, el burro igual, con su enorme miembro balanceándolo sin pena, mi morbo y mi mente comenzaron a volar, imaginando miles de cosas, o mejor estar siendo empalada por un miembro de ese talante, algunos escalofríos y mi piel de gallina por todo el cuerpo me volvían a traer a la realidad.

Me puse ropa para bañarme pues el clima es muy caliente, echándome agua con la taza para refrescarme, me dejé escurrir y me metí a mi pieza asignada para dormir.

Como los pelitos de mi cosita ya estaban de tres días, comenzaban a picar y molestarme, allí desnuda totalmente comencé a rasurarme, pues tampoco me gusta estar con mi chochita mechuda, utilizaba una máquina de afeitar, con mi cabeza agachada, mi concentración en mis labios vaginales para no lesionarme, mis piernas abiertas a mas no poder para tener acceso y vista.

En esas el tío Julio abre la puerta para buscar algo, eso dijo con voz asustada, me ve como Dios me trajo al mundo, no hallaba qué más decir, sin embargo, estoy segura que me vio todo, yo alcancé a medio taparme un poco, pero, no bastó, salió de la alcoba casi corriendo, mientras yo terminé el servicio social para mi cosita.

Después del almuerzo el tío Julio me dijo que fuéramos a caminar, sabía que se quería disculpar pues lo había visto como apenado, efectivamente comenzó la charla con pedir perdón por haber entrado sin tocar a la puerta, que de verdad se le había olvidado que había visita,

Disculpas aceptadas, no pasó nada tío, al igual no estaba haciendo nada malo y usted tampoco hizo nada malo, además ya ha visto muchas mujeres desnudas en su vida, o no, tío.

De verdad no muchas, pero desde que se murió Raquel, no había visto una, a propósito, y es lo que me da vueltas en la cabeza es por qué se estaba afeitando por allá, es que no sabía que hicieran eso ahora.

Le dije que era en parte por vanidad, por salud, por estilo de vida, por comodidad, que a los chicos no les gustaban las vaginas peludas, todos las preferían bien peladas o casi peladas, me dijo que eso parecía la cosita de una niña recién nacida, me reí, pero, le dije que tenía razón, también me dijo que por favor no le dijera nada a mi esposo para evitar problemas, claro que esa recomendación sobraba le dije, cómo se te ocurre, eso no tiene sentido, nadie va a saber nada de eso, al igual qué pasa con la vean a una desnuda, no le veo problema y menos viniendo de su parte, nuestro tío más querido.

Seguimos caminando y me dieron ganas de orinar, no hallaba cómo decirle al tío que me urgía hacer esa necesidad, tomé fuerza y le dije tío, necesito hacer chichí, claro que sí, toca aquí en el monte, ahí al lado de ese árbol, hágale con confianza que yo volteo mi cabeza para otro lado, por aquí no hay nadie cerca que la pueda ver.

Me hice a unos tres metros y me bajé mi Jean que llevaba puesto en ese momento, el tío se dio vuelta y miraba para otro lado, yo quería darle una manita al tío, otra emoción bien sabrosa y no sabía qué hacer o decir, estaba terminando de orinar cuando vi una lombriz sobre la tierra desplazándose, grité, “tío una culebra, una culebra” esperé unos segundo, me levanté con los pantalones abajo a esperar al tío, segunda vez que veía mi cosita en ese día; me abracé al tío Julio con mis pantalones en las rodillas.

El tío Julio soltó la risa, jajajaja, esto es una lombriz, la cogió y me la enseñaba colgada de su mano, eso no hacen nada. Sirve para pescar en el caño.

Yo me había arreglado nuevamente mi ropa, le dije en broma: “oiga tío, le dije: usted hace de todo para ver mi cosita, me va a tocar mostrársela bien para que no haga estas cosas de mandarme serpientes a asustarme”,

Se apresuró a responder algo molesto: “qué cosas dices mija, yo no mandé nada ni a nadie”.

“Tranquilo tío, fue un decir mío por molestarlo”, no se ofenda.

“No me ofendí es que no quiero que se sienta irrespetada o que la estoy espiando para ver sus partes íntimas” me dijo algo sonrojado.

Ay tío, vuelvo y le digo que no me molesta que me miren, allá en Bucaramanga, los tipos son muy morbosos, me dicen cualquier cantidad de cosas vulgares, la desnudan a una con la mirada. Además, como tengo mis buenos atributos, esos no pasan desapercibidos,

“Eso es verdad mija, usted es muy bonita y lo digo con mucho respeto”, dijo el tío.

“Fresco tío, dígame todo lo que quiera y como quiera, yo prometo no decir nada, ni molestarme por nada, mucho menos contar a alguien nuestras conversaciones y más si son algo calientes, eso es secreto entre los dos, puede preguntar lo que quiera”. Le dije al tío Julio para tranquilizarlo.

“Tío, usted por qué no se ha casado nuevamente o por qué no tiene una mujer nuevamente”, ¿no le hace falta? Pregunté directamente después de un silencio.

“Claro que me hace falta, me siento solo, aún me siento en forma, pero me da miedo”, respondió el tío.

“Eso es verdad tío, usted todavía aguata un buen polvo”, ambos soltamos la risa, creo que eso le quitó la timidez al tío, por eso me devolvió la pregunta.

¿A usted no le hace falta su esposo?, ¿no lo extraña?, ¿por qué dijo que a los chicos les gusta ver eso afeitado? o ¿es que usted le ha sido infiel alguna vez?, preguntaba el tío con cierta curiosidad.

Me quedé callada, pensando un poco la respuesta, no sabía si decir la verdad o mentir para quedar bien en ese momento, entonces, el tío dijo, “tranquila que yo tampoco cuento nada a mi sobrino, también será nuestro secreto”. Eso me tranquilizó después de un escalofrío que me recorrió el cuerpo.

“La verdad sí tío, un par de veces lo he hecho, he sido infiel de pura rabia porque él también me ha sido infiel muchas veces, cuando quiera le cuento con detalles para que me entienda”, le dije algo tranquila.

“Ahora más tarde charlamos de eso con una bien fría en la mano”, me dijo.

“¿Pero, por curiosidad ya ha estado o lo ha hecho con un viejo como yo?” Preguntó el tío Julio.

“Usted no es viejo tío, pero con uno mucho más mayor que usted tío sí, además usted está en plenitud de su vida y eso no tiene nada de raro que piense en una mujer”. Le respondí con seguridad.

El tío quedó como pasmado, callado un rato, después siguió hablando, “a veces me animo a buscar una mujer, pero, me da miedo que no resista yo esos trotes o que ella se vaya con otro”.

“Uy tío no diga eso, usted está muy bueno, seguro que se echa unos buenos polvos”. Con una risotada, terminó la conversación de esa caminata.

Ya bien entrada la tarde, Alfredo no estaba en casa, se había ido por unos víveres al pueblo y no llegaba, dijeron que a lo mejor estaba tomando; el tío Julio se estaba alistando con un caballo para salir,

¿se va tío? Le pregunté

Sí mija, voy a ver los animales y dar una vuelta, Alfredo no llega para que fuera él, antes de que me coja la noche.

¿me quiere llevar?, ¿quieres que lo acompañe? Le dije con ternura.

“Pero toca en ancas, no hay más bestias ensilladas” me respondió,

La esposa de Alfredo colocó una butaca de madera para que yo alcanzara a echar la pierna, pero se va despacio, no me vaya a hacer caer, le dije al tío.

En el trayecto íbamos a mediana velocidad, yo me agarraba a la cintura del tío, por momentos me tambaleaba como si me fuera a caer, mi raja era maltratada con la punta de la silla y el espinazo de la bestia.

Se cumplió la misma rutina, yo estaba en la puerta atajando que no se salieran los animales que iban recogiendo, hasta que estuvieron todos adentro, la misma rutina de inspección y las mismas explicaciones de lo que hacían al examinar a cada animal.

Ya estaba empezando a oscurecer cuando terminó el tío su trabajo, yo pensaba y ahora quien me va a ayudar a subir al caballo o si me tocaría caminar.

Pero, el tío fue más astuto o no sé, amarró el lazo doblado a la silla haciendo como una lazada, un escalón improvisado, así pude apoyar y montar detrás de él, con ayuda de sus manos para darme seguridad.

Yo me agarraba con fuerza a su cintura, empezamos a andar en ese caballo, aprovechaba para poner mi cabeza en la espalda del tío, mis manos apretaban con tanta fuerza que el tío tenía que hacerme aflojar, esto por el dolor que ya sentía en mi entrepierna por la falta de costumbre de montar a caballo.

Tío sus manos son muy fuertes, le dije a manera de piropo, él me respondió: “gracias, pero así toca en el campo, manos de trabajo”.

Llegamos a casa y me duché nuevamente, con la taza y a la vista de todos, me puse una pantaloneta ancha y una blusa de tiras, me apliqué repelente de zancudos, cenamos y nos fuimos a hablar con el tío, sentados en un tronco viejo de un árbol, que era utilizado como asiento para tomar fresco, esa noche llevó unas cervezas en lata frías para mojar la palabra según era su dicho.

Ahora sí cuénteme cómo fue lo del viejo que estuvo con usted, pero me dice la verdad, acepté con la condición del secreto de estado. Se le notaba ansioso por la respuesta.

Bueno tío, resulta que, en una reunión de amigos, mi esposo se tomó unos tragos y se puso a calentarle el oído a una chica prostituta que otro de sus amigos había contratado para que lo acompañara, casi se manoseaban a veces indiscretos a veces descarados, por poco y se la come delante de mí el muy descarado, también le he encontrado conversaciones calientes con chicas, fotos de viejas empelotas y esa vez le dije que le iba a pagar con esa misma moneda.

Cuando salió de comisión me vestí sexi y sensual, como una puta barata con una minifalda, unas medias de malla desgarradas, una blusa ombliguera, con bastante maquillaje, me senté en una cafetería a beberme una cerveza, aburrida pues no sabía qué hacer ni cómo actuar, ni para dónde coger, ¿me entiende tío?

“Si mija, le entiendo, ¿qué más pasó?

No pues que llegó un tipo de unos 62 o más, dijo que era pensionado y me pidió permiso para sentarse en la mesa conmigo, acepté y se bebió un tinto mientras yo terminaba mi segunda cerveza, de una se me estalló diciendo que fuéramos a la vuelta, que él me pagaba el rato, que la plata de la residencia me la daba mejor a mí pero que fuéramos a una habitación que pagaba arriendo, como mi misión era conquistar a alguien, levantarme un tipo que me hiciera suya, después de una corta negociación acepté toda aburrida sin saber qué esperar con ese abuelo.

En su pieza donde vivía se tomó una pastilla para subir la potencia del miembro y así pudo estar sin problemas de erección, pues no es que fuera un titán en la cama, pero sí pudo echarse uno bien echado, nunca más lo volví a ver, eso fue lo que pasó. Tampoco le entregué al tío detalles precisos.

Esas pastillas, ¿qué son? Preguntó el tío.

Pues el médico las receta, funcionan bien para eso, se les para bien duro y rápido, las venden en droguería también, le expliqué al tío Julio.

“A mí me daría pena pedir eso”, dijo el tío.

“Pena que vaya a la cama y no se le pare, eso sí”, le dije con firmeza.

Ahora tío, cuente usted una historia suya, así empatamos, con detalles, así como la conté yo, en mis adentros sabía que todo lo había acomodado para no quedar en evidencia.

El tío contó una historia de su juventud, cuando cogió a una muchacha que iba sola en un camino, es decir la agarró a la fuerza, que luego fueron novios, pero de malas porque se la quitó un vecino que la hizo su esposa y todavía están juntos.

Seguimos hablando de esos temas calientes, me acordé de preguntar, ¿tío, de verdad nunca había visto una cuca depilada?

De verdad que no, se lo juro que no, todas las que he visto son peludas. Dijo el tío con seguridad.

Bueno, pero hoy vio la mía, le dije con una risa burlona. Siempre hay una primera vez.

“Verla, verla, eso no ocurrió, fue solo un segundo y nada más, además no sabía a dónde mirar si arriba o abajo o darme la vuelta para salir corriendo, decía el tío como aburrido o apenado.

solté una carcajada, me burlé a más no poder, el tío se bebió la cerveza de un solo sorbo, seguramente de pena no rabia, no sé.

“Tío, eso tiene solución, cuando quiera la puede volver a ver, sin problema, eso sí no le cuenta a su sobrino”, me ofrecí de buena samaritana, en fin, tenía ganas de macho y no había otra opción, las imágenes de los animales llegaban aún a mi mente. Él se quedó pensando un momento, no sabía qué decir,

“Ay sobrina, no me engañe usted, no me diga mentiras o no haga promesas que después no va a cumplir”, ya no soy un chino chiquito, decía todo colorado.

Me volví a reír con fuerza, si quiere le muestro ya aquí o esta noche, me desvisto para usted tío, verá que es verdad, él pensaba y pensaba, luego dijo,

Aquí no, va y nos ven desde la casa, pero, ¿cómo le hacemos?, dijo el tío algo entusiasmado.

Pues mire, esperemos que ellos se vayan a dormir, sigamos aquí hablando, luego me entro a mi alcoba, sin hablar ni hacer ruidos para que ellos no escuchen nada, ahí miramos qué resulta, le dije toda perrona.

“Eso es peligroso”, me decía el tío, pero, intentemos si quiere. Me dijo algo preocupado o emocionado,

Entenderán yo estaba con ganas desde cuando vi a los animales en su intimidad, seguramente época de celo, esas imágenes se repetían, iban y aparecían de forma intermitente.

Me metí a mi alcoba, prendí la luz, me fi desnudando despacio, el tío estaba en la puerta parado, de vez en cuando miraba para la alcoba de los vivientes.

Me quité la blusa, dejándole ver mi brasier que cubría mis hermosas téticas 34 b, para aquellos que saben de medidas, bien paraditas y rellenitas, las sobaba para dar un buen show al tío, se le notaba algo nervioso y su miembro ya estaba haciendo bulto pues se le estaba empezado a parar, según se notaba por sobre el pantalón.

Metí mis dedos gordos de las manos por la cintura y empecé a bajar mi pantaloneta de pijama y mis calzones al tiempo, hasta que cayó al piso, saqué mis pies y me abrí de piernas agachándome un poco para que tuviera una buena perspectiva,

El tío estaba asombrado, tenía su boca abierta, parecía no creer, caminé hacia él, le cogí una de sus manos, me la llevé a mi entrepierna para que palpara por sus propios medios;

Él me sobaba y metía la punta de uno de sus dedos en mi raja que ya empezaba a babear de la emoción, me le colgué al cuello y lo besé en la boca, el tío estaba rojo del placer o del susto, lo arrastré hasta la cama, me senté en el borde de la cama, le apreté su verga por sobre el pantalón, él quiso decir algo, pero, con mi dedo en la boca le hice señas que se callara.

Le aflojé la correa, le desabroché su bragueta, sacándole un hermoso miembro de unos 16 centímetros, negrito, con piel en su glande, me lo llevé a la boca y le propiné una mamada que lo hacía retorcerse y contorsionarse de la emoción, me lo tragaba en su totalidad, recordaba de mi profesor y su hermano que me graduaron de garganta profunda, mis manos le apretaban sus huevas y se las tiraban con suavidad, hasta que comenzó a quejarse con suavidad,

Pronto sus fluidos seminales llenaron mi boca, una gran cantidad de semen fue disparado por ese fusil tan cargado del tío Julio, tragué lo que pude y otra parte cayó al piso, estaba bien cargado de leche el tío Julio, escupí, me limpié y volví a mamárselo con avidez, él dijo que había escuchado algo o sintió miedo, pues se subió su pantalón y cerró la puerta de la prisión de ese miembro que yo acababa de exprimir. Salió de la habitación sin decir nada, como corriendo.

Me quedé desnuda y alborotada esperando que regresara, pero no, desesperada y tan caliente como estaba decidí aplicar un plan b, ahí me tocó utilizar mis deditos que los frotaba fuerte y rápido contra mi clítoris, hasta que algo estalló en mí, contorsiones, fluidos y cierto descanso llegaron a mi cuerpo luego de sacarme un pajazo, solita pensando en la tranca del burro y la leche del tío Julio.

Al día siguiente, él estaba como preocupado, achantado, casi no me dirigía la palabra, ni me miraba a la cara, entonces le dije, tío vamos a caminar un rato.

Tomamos otro camino diferente al del día anterior. Lo de anoche, no debió ocurrir nunca, dijo el tío Julio, estoy más que preocupado, apenado con usted y con mi sobrino, no sé cómo mirarla a la cara, me dejé llevar por la charla y la calentura, por favor perdóneme, eso no volverá a pasar.

Lo dejé que hablara y se desahogara de sus penurias, cuando sacó todo su dolor le respondí:

“Mire tío, para ninguno es un secreto que desde que llegué a esta hacienda, el universo conspiraba para que algo de esto pasara, le conté lo del burro, lo de los perros, lo del gallo, lo de haberme visto desnuda dos veces, entonces, debió pasar algo para compensar esas señales, pues ahora no hay nada que hacer, salvo que me vaya para Bucaramanga y nunca vuelva por aquí”,

“No mija, eso tampoco debe ser así, usted y mi sobrino son bienvenidos cada que quieran. Es que con qué cara miro a mi sobrino”, se reclamaba el tío, “siento pena”.

Aproveché para decirle, mire tío, yo debería estar de mal genio, anoche salió corriendo, me dejó sin atenderme, o es que no le gustó lo que vio o lo que pasó entre nosotros,

“Calle esa boca sobrina”, dijo el tío, “usted mija es una hembra muy hermosa, con esa cosota tan carnosa, con ese culote que tiene y ese cuerpo tan bonito, cualquiera quiere meterlo ahí, yo me sueño en esas, pero usted es de mi familia y no aguanta, el respeto primero”.

Mire tío: “técnicamente no somos familia, soy la esposa de su sobrino sí, pero en cualquier momento me separo y sigo siendo una perfecta desconocida para todos ustedes, entonces no se confunda con eso”.

Cada vez que se iban aclarando las cosas, él se iba tranquilizando más y más, no nos habíamos percatado que estábamos lejos de la casa, lejos de otros vecinos, ya que esas haciendas son inmensas, hay fincas donde cuidan más de dos mil cabezas de búfalos, ya se imaginarán,

Cuando reaccioné y le dije tío, nos perdimos o qué, él soltó la risa, yo sé adónde andamos, estamos lejos eso sí, en ese momento le tomé una de sus manos, ¿otra vez amigos y compinches? Le pregunté,

“Si mija, uno que piensa muchas cosas de lo bruto que es”.

¿Le puedo dar un beso tío?, le pregunté, me miró y allí mismo nos besamos como dos enamorados, el tío tenía su estilo de besar algo brusco, pero bien rico.

No nos tendimos en el pasto, debido a las garrapatas, pero nos escondimos entre unos matorrales, seguimos besándonos sin parar, mi espalda estaba recostada sobre un tronco, sus manos recorrían todo mi cuerpo por sobre mi ropa, yo tenía un jean desteñido, unos tenis y una blusa de manga larga, él me metía su mano por entre mi entrepierna por sobre la ropa, apretaba su mano como queriendo atrapar la vagina mía, ya se le habían quitado los escrúpulos o de verdad quería meterlo en mi rajita.

Quieres que lo hagamos aquí, preguntó mi tío, claro que sí, desde ayer quería tenerte dentro de mí, fue mi respuesta.

No nos desnudamos por miedo a los insectos o culebras de verdad, el tío se detuvo en mis tetas que se asomaban por debajo de la blusa que me había subido hasta mi pecho, estaba acariciando y chupando con fuerza, el tío tocaba y tocaba, mis jeans estaban en mis rodillas, disfrute todo lo que quiera tío, pero por favor no me muerda ni me deje morados, hágalo con suavidad, fue mi única advertencia.

Comenzó a chupar mis teticas, de vez en cuando levantaba la cabeza para besarnos, admirarme y felicitarse por su suerte.

Me di la vuelta, me agarré del tronco del árbol, saqué mi nalga hacia atrás y me abrí bien de piernas bajando mi jean hasta las rodillas, se acomodó el tío y me enterró su verga de un solo empujón, comenzó a penetrarme con fuerza, con algo de violencia y mucha velocidad, con un buen ritmo pronto llegó al orgasmo, se derramó dentro de mi rajita, su verga comenzó a perder firmeza, se dejó salir de esa cueva, alcancé a recordar al gallo en el patio de la casa.

Nos comenzamos a besar con pasión nuevamente, me chupaba por todos lados en mi cara, gracias querida sobrina, esto es lo mejor que me ha pasado en la vida, el mejor polvo, anoche la mejor mamada que me han dado también, el primer chocho pelado que veo en una adulta y puedo disfrutar, en fin, como quisiera que usted viviera aquí conmigo siendo mi esposa, le respondí con un beso apasionado. Nos vestimos y regresamos a la casa por el mismo camino que habíamos tomado.

Al llegar a la casa, pude advertir que Alfredo me espiaba cada que me duchaba, lo que había visto y sentido de él creía que era por casualidad, pero no, sin embargo, me hice la que no era conmigo, pensé para mis adentros, lo voy a probar, le eché jabón a un trapo pequeño para sacar mucha espuma en mis téticas, cuando de reojo advertía que Alfredo me estaba mirando, me metía la mano y enjabonaba mi cosita, me vestí y me fui a descansar.

El Mayordomo a quien llamaremos Alfredo está alrededor de unos 28 a 30 años, es delgado, piel clara, el tío Julio está en sus 52 años, de 170 estatura, moreno más no negro, fornido, aún se nota en plenitud de vida.

En la tarde sentí golpes en la puerta, salí y era Alfredo, me invitaba a montar a caballo y volver a contar el ganado, la misma rutina de todos los días, ya tengo listas las bestias, si se anima vamos para que me ayude a cuidar la puerta, acepté un tanto temerosa de montar a caballo nuevamente, mis nalgas me dolían por la montada a caballo y en los labios de mi cosita también sentían algo de malestar.

Nuevamente la esposa de Alfredo colocó la silla para que me pudiera montar con facilidad, en el corral Alfredo me ayudó a bajar de mi yegua, me ubiqué en la puerta tal como me indicó, noté que estaba haciendo el trabajo más despacio que lo había hecho el día anterior,

Cuando terminó su trabajo me dijo, doctora anoche sin querer vi lo que le hizo al patrón, yo estaba haciendo mis necesidades en la huerta, ustedes no me vieron, yo si vi todo.

Quedé fría con esa noticia, me repuse y le dije, bueno, espero que sepa guardar el secreto,

Pues aquí no hay secretos, todo se sabe, es que de verdad usted está muy provocativa, a mí también me gustó desde cuando la vi, desde cuando la ayudé a subir a la bestia,

Le dije sí, ¿por eso tenía que agarrarme las nalgas más de la cuenta?, ¿Creyó que no lo había notado?

Bueno pues perdóneme por eso, sí lo hice pensando en tocarla, también porque vi como miraba la verga del burro, sus ojitos apenas le brillaban, hasta se saboreaba, es que también, lo que se le nota por sobre el pantalón es fenomenal, provoca sin reparos, deme una prueba y me quedo callado para siempre de lo que le hizo al patrón, me propuso Alfredo,

Cómo se le ocurre, por quien me toma usted, le inquirí, pues patroncita es su decisión, deme una culiadita y me olvido de todo o de pronto se sabe algo en su casa. Dijo Alfredo con cierta decisión.

Seguimos discutiendo por un lapso considerable de tiempo, después pensé, ¿qué pierdo con eso?, además algo es mi culpa por haberlo provocado.

Está bien, ¿qué quiere? No te lo voy a mamar aquí, me bajé el pantalón hasta la rodilla, me volteé ofreciéndole mi trasero mientras metía mis dedos en mi raja para lubricar mi conducto vaginal, la misma posición del tío Julio.

Él se acercó y con una de sus manos manoseaba mi vagina, metía sus dedos para buscar mayor lubricación, se ayudaba con saliva, escupiendo en sus dedos, dejó caer su pantalón y me comenzó a penetrar, mis manos se apoyaban en los barrotes de la misma puerta donde había sido mi trabajo, de reojo pude ver una verga de unos 12 o 13 centímetros, nada fuera de lo común de la mayoría.

Comenzó su mete y saca, unos dos minutos de movimiento de cintura y se derramó dentro de mi vagina, no mucha leche salió de su verga, dos o tres cabezazos y quedó flácida, seguramente esa noche anterior se había culiado a su mujer pensando en lo que había visto con el tío Julio, cuando lo sacó me incorporé, me volteé y nos besamos un poco, de verdad no quería hacerlo, por primera vez en mi vida me sentía sucia, usada, maltratada,

Eso se me fue pasando y dejé esos escrúpulos tontos pues recordé que yo misma había provocado esa situación, me ayudó a montar en mi yegua y salimos para la casa, otra ducha, recordemos que allá el calor es tremendo, llega a los 40 grados en oportunidades, es fácil sudar, mientras me aseaba pensaba en las dos culiadas un mismo día, dos tipos diferentes, la misma posición, de verdad que soy una gran puta insaciable a mis escasos 25 años en esa época.

Desde ese día se volvió casi rutina, cuando el tío no iba a ver los animales yo iba con Alfredo, allí teníamos sexo, eso sí me volví más colaborativa con el mayordomo, en un par de oportunidades le daba una gran mamada, que creo que su esposa jamás le ha propinado,

En la casa delante de su esposa o del tío Julio, éramos unos extraños, en las noches cuando no estaba lloviendo salíamos con el tío a ese tronco a charlar hasta altas horas de la noche, eso sí vigilando que Alfredo no nos volviera a expiar,

En mi alcoba con el tío Julio tirábamos el colchón de mi cama al piso para que la cama no chirriara, allí era nuestra cama nupcial con el tío, procurando no hacer ruidos, hablar o quejarse tan alto para que nadie sospechara lo que allí pasaba, excepto Alfredo que nos había visto sin querer, pero ya le había comprado su silencio.

Allí en esa intimidad le enseñé al tío todas las posiciones que pudimos poner en práctica con él, ya se le había pasado la pena, ahora tocaba sin dolor en su alma, disfrutaba a más no poder.

Así transcurrió esa semana en esa hacienda, alejada del pueblo más cercano, disfrutando esos dos amantes furtivos, uno casi de la familia y otro un perfecto desconocido.

Cuando llegó la hora de regresar a mi casa en Bucaramanga, el tío me regaló una buena suma de dinero que para que me comprara un buen regalo de su parte, además quedamos en llamarnos y volver a encontrarnos en otro sitio para seguir con nuestro idilio clandestino,

Le recordé que a mi casa podía llegar en cualquier momento, que eso sí llamara primero a mi esposo para que diera el permiso, que esa podía ser otra luna de miel también;

Alfredo parecía querer decirme algo, pero la presencia de su esposa y del tío se lo impedían, su tristeza era evidente, hasta parecía querer llorar, ambos sabíamos que posiblemente nunca nos volveríamos a ver.

El tío Julio desde ese día y hasta la fecha nos seguimos viendo, siempre y cuando mi esposo no esté junto a nosotros.

Alfredo duró otro tiempo en esa finca y fue sonsacado por otro finquero para que le trabajara, pero el tío me contaba que Alfredo me manda preguntar, que cuando volvía a iluminarlos con una visita, el tío no supo nunca nada de Alfredo, yo me hacía la que no era conmigo, apenas me reía.

Aquí termino otro relato, una historia más de mi vida, todo parece confabularse a mi favor o en contra no lo sé. Espero que les haya gustado y entiendan que no busco amistades o parejos por este medio. Si te gusta vote o deje comentario, trataré de responder a todos. Andreas del Pilar. Andrea.