La cruel y despiadada tía úrsula.cap2
La tía Úrsula no tolera la desobediencia ni un segundo de descanso. Con guantes de goma y una pera de enema, su disciplina no solo limpia la casa, sino que penetra en tu intimidad más profunda, transformando cada quejido de dolor en una promesa de placer prohibido.
CAPITULO II
La mañana siguiente a mi castigo fue una mañana muy dura. Lo primero que hice fue acudir al baño de casa y untarme el culo de crema, le tenía completamente magullado, me dolía horrores, no podría sentarme tal como me indicó mi tía durante una larga temporada. Vacié el tubo de crema sobre mi trasero y levante mi ropa interior tapándolo. Sentí alivio. Salí del baño y mi tía Úrsula me estaba esperando en la puerta.
- Empezaras recogiendo y limpiando toda la casa. Empezaras por tu habitación, quiero que quede completamente limpia, después limpiaras la cocina, luego el baño. Más tarde regresaré y comprobaré el resultado, por tu bien espero que este completamente impoluta tu habitación y el baño… sino…. Te lo explicaré de otra forma que no te va a gustar. ¿has entendido, estúpido? – Me ordenó con un tono de voz serio mi tía Úrsula.
Asentí con la cabeza en forma afirmativa. Había entendido sus instrucciones. La Tía Úrsula no quedó satisfecha. Me propinó dos bofetadas tremendas de izquierda a derecha con su mano enfundada en los guantes de goma que me dejaron la cara roja y escocida. La goma de su guante se estrelló en mi cara de tal forma que me dejó su guante marcado en el rostro.
- Te dije que me tratarías de señora Úrsula. – Me recriminó al no tratarla como me ordeno. Rápidamente rectifiqué y la conteste:
- Si, Señora Úrsula, lo he entendido -. Dos nuevas bofetadas fuertes se estrellaron en mi cara. La goma de su guante resonó en mi cara. Me hizo entender que no debía despistarme un momento y obedecer sus instrucciones. Descubrí que dos buenas bofetadas con sus guantes eran terriblemente dolorosos. Ahora empezaba a entender la advertencia de mi madre hacia los guantes de su hermana.
Tiró en el suelo muchos objetos de limpieza y me ordenó que empezase a limpiar la casa, todo lo que había ensuciado anteriormente. Rápidamente obedecí y me dispuse a limpiar tal como me había indicado. Quedé completamente humillado con la cara roja por sus fuertes bofetadas. Mi tía Úrsula era terriblemente estricta. Noté como de nuevo comencé a excitarme. Aquella mujer a cada momento me gustaba más y más. Su dureza provocaba en mí un sentimiento que no comprendía.
Limpié y ordené mi habitación ya que se había convertido en una pocilga en tan solo unos días. Continué con la cocina, era muy grande, aquello me costó mucho trabajo y esfuerzo. Llevaba ya unas horas limpiando y recogiendo la casa por completo. Ahora no estaba tan contento que la casa de la tía fuese tan grande y espaciosa, llevaba mucho trabajo limpiarla. Todavía me faltaba el baño de la planta de abajo. Decidí tomarme un descanso, mi tía estaba en la planta de arriba con mi madre y no se enteraría de mi pausa, además llevaba ya tiempo limpiando, estaba seguro que estaría orgullosa de mí.
La tía Úrsula parecía tener un sexto sentido. Estaba sentado en el sillón descansando un momento cuando apareció de la planta de arriba. Se dirigió al baño y regreso de nuevo hacia mí. Comprobó que el baño seguí sucio, todavía no le había limpiado.
- ¿No te dije que limpiases el baño? – Me preguntó de forma seria.
- Solo estaba tomando un descanso señora Úrsula – Contesté educadamente.
- ¿Te di permiso para tomar un descanso?- volvió a preguntarme enojada.
No esperó mi contestación. Me ordenó levantarme del sillón donde estaba tomando un descanso y me pidió que la siguiese hasta el baño. Una vez entré al interior del baño, la tía Úrsula entró tras de mí. Cerró la puerta y sacó del bolsillo de su bata de nuevo sus famosos e inseparables guantes de goma. Comenzó a enfundárselo en sus manos. Aquella situación me hizo temer lo peor. Había enojado a mi tía desobedeciéndola por aquella pausa y más aún sin su permiso.
- ¡ Todavía no te han quedado claras mis instrucciones¡. Ya te advertí que tendré que recordártelas cada vez que sea necesario. Aprenderás a obedecerme sin rechistar te lo prometo. -. La tía Úrsula agarró un cepillo para el cabello de una estantería del baño y me ordeno que me bajase los pantalones.¡¡ Nooo¡¡¡, no deseaba ser castigado de nuevo, mi culo no aguantaba un solo azote más, estaba magullado y dolorido del día anterior.
- No señora Úrsula no lo haré más - Suplique.
- De rodillas en el suelo con los pantalones bajados. Si tengo que volver repetírtelo iré a buscar el látigo y será mucho peor -. Rápidamente obedecí. Me baje los pantalones hasta los tobillos y apoye las rodillas en el suelo. La tía Úrsula se acercó sujetando el cepillo para el cabello entre su mano enguantada y me azotó con él en mi culo magullado.
AAAAAHHHHHHHHHHHHHHUUUUUUUUUUUUUUUUUUSSSSSSSSSSSSSSS
El grito que pegué se escuchó prácticamente en todo el vecindario. Mi culo era un volcán ardiendo lava y me había azotado de nuevo con el cepillo.
- ¡¡Despertaras a tu madre que está descansado, además tengo una reputación en este barrio que mantener.¡¡- La tía se enojó conmigo por mis gritos. Se acercó más aún a mi cuerpo. Me rodeó entre uno de sus carnosos brazos dejando su mano tapando mi boca entre su guante. Comenzó azotarme con el cepillo de forma continuada sobre mi magullado culo. El dolor fue terrible. Esta vez no pude gritar. Uhhhmmm Uhhmmm se escuchaban leves quejidos por mi boca tapada por su mano enguantada con fuerza. No se detuvo, azoto, azotó y azotó de nuevo descargando el cepillo de madera en mi culo. Nuevamente comencé a llorar de dolor, pero a la tía Úrsula no la importó continuó azotándome.
- ¡¡ Lloras y gritas como una niña ¡¡. No eres un hombre como deberías ser. ¿Quieres que te trate como una niña?, pues así lo haré hasta que aprendas a comportarte -. Mi tía agarró unas medias y bragas suyas que había tendidas sobre la barra de la bañera. Me arrojó su ropa interior y me ordenó que me vistiese con ella.
- A partir de ahora vestirás con bragas y medias hasta que dejes de comportarte como una niña llorona -. Me vestí con su ropa interior que me quedaba gigante y sentí una gran vergüenza de estar de esa forma vestido ante ella.
- A limpiar el baño, por tu bien que quede reluciente, sino tendré que azotarte de nuevo – Mi tía era cruel y despiadada, aquello me excitaba demasiado y no comprendía el porqué. En medias de licra marrones, del color que ella usaba, y con sus bragas vestido comencé a limpiar todo el baño bajo su atenta mirada. No podía ser azotado de nuevo, debía de andarme con mucho cuidado, mi culo no aguantaba un azote más, estaba ardiendo y cada vez más magullado.
Terminé de limpiar el baño. Mi tía quedó satisfecha. Me esmeré por completo ante su amenaza de azotarme de nuevo. Mi tía me indicó que daría de comer a mi madre en la cama y después ambos comeríamos en la cocina. La esperé pacientemente en la cocina hasta que regresó. Colocó dos platos en la mesa y me ordenó que me sentara en la silla. Deseaba no sentarme, no podía sentarme con el culo tan dolorido, a ella no la importó nada. Sentí un fuerte dolor del contacto de la silla de madera en mi culo magullado.
Mi tía destapó una cazuela y comenzó a servir una comida de color verde, medio líquido medio pegajosa. Estaba claro que era puré de verduras. Lo había preparado especialmente para mi madre ya que debía llevar una alimentación líquida y suave durante un tiempo. El problema es que preparó una cazuela muy grande y ahora iba a ser también nuestra comida. Observé como la tía comía hambrienta mientras yo no tocaba mi plato.
- ¿No comes? – Me preguntó la tía Úrsula.
- No señora, odio el puré, me da repugnancia -. La contesté sinceramente, quizás se apiadaba de mí y me preparaba otra comida.
- Te comerás todo el plato y cuando termines me pedirás educadamente te sirva otro plato - Me recriminó. No sabía exactamente a qué se refería pero pronto descubrí cuál era su intención.
La tía Úrsula terminó de comer su plato, se levantó y lo dejó en el fregadero. Acercó su silla a la mía y se sentó junto a mí. Comenzó de nuevo a enfundarse sus guantes de goma sobre sus pesados y carnosos brazos. Agarró la cuchara repleta del puré verde pegajoso y la cercó a mi boca.
- Abre la boca – Obedecí al instante humillado. Puaaaag aquello era detestable. Odiaba el puré con todas mis fuerzas. No tuve más remedio que tragar todo el puré y rápidamente volvió con otra cuchara repleta de aquella comida que odiaba. No tuve más remedio que terminar todo el plato sin rechistar proveniente de su cuchara.
- Ahora pídeme educadamente que te sirva otro plato de puré – Me ordenó mi tía. Cumplió su amenaza. Siempre cumplía lo prometido. No tuve más remedio que rogarla me sirviese otro nuevo plato. La tía Úrsula no dudó un instante en servírmelo y darme de comer con sus guantes y la cuchara. Descubrí que la gustaba mucho humillarme. Ya había observado su satisfacción mientras me castigaba azotándome pero ahora comprobé que humillarme era igual de placentero para ella. No puedo negar que cada vez yo sentía lago más fuerte hacia ella, aquella mujer con tal temperamento, empezaba a sentir algo especial, quizás me estaba enamorando de mi tía. Rápidamente aparte aquel pensamiento de mi mente.
- Aprenderás a obedecer. En esta casa comerás lo que yo cocine sin rechistar. Vas a comer puré de verduras durante toda una semana. Tú decides si lo harás solo y dejaras de comportarte como una niña o tendré que dártelo yo y eso conlleva repetir plato. – Su amenaza os puedo asegurar que la cumplió. Durante una semana estuve comiendo el puré líquido pegajoso. No os mentiré cuando algún día deseaba ser humillado por ella y me negué a comer a propósito. Su humillación aumentó, aquella vez vertió algo en el puré que me humillo de una forma especial, pero no adelantaré acontecimientos, ya lo narraré.
La tarde era especialmente aburrida. Mi tía estaba en la planta de arriba en la habitación con mi madre. Se escuchaban carcajadas. Mi tía y mi madre habían hecho las paces. Eran dos hermanas muy unidas. La familia volvía a estar unida, el daño de mi padre quedó en el pasado. Yo no sabía qué hacer, llevaba todo el día encerrado en casa. Decidí salir al enorme jardín a tomar el aire y fumar un cigarrillo ya que estaba muy nervioso por no poder haberlo hecho en todo el día.
Regresé del jardín y me encontré a mi tía esperándome. Tras entrar en casa, mi tía Úrsula cerró la puerta y cerró la cerradura con un manojo de llaves que sacó de su bolsillo.
- Olvídate de salir de esta casa sin mi permiso. – Ahora estaba encerrado en su casa, sin esas llaves no podría salir al exterior. Iban a pasar muchos días hasta que me dejase salir, para ello debía cambiar mi comportamiento y obediencia.
- ¡¡ Hueles a tabaco y llevas días sin bañarte, apestas ¡¡. La tía Úrsula me agarró de la muñeca y me condujo hasta el baño de la casa, el que había limpiado esta mañana. Me ordenó desnudarme y entrar en la bañera. Me colocó frente a la pared de pie con las manos a la pared y comenzó a frotarme con una esponja rugosa. Aquella esponja escocía era demasiado rugosa y más cuando frotas con fuerza, pero puedo aseguraros que te dejaba completamente limpio.
- Ponte en cuclillas – Me ordenó. Obedecí al instante, quedé flexionando las rodillas. Comenzó a enfundarse de nuevo sus guantes que sacó de su bolsillo. Empecé a sospechar que algo no agradable para mí iba a suceder a continuación. Cada vez que se enfundaba sus guantes era para humillarme o castigarme. Acercó su dedo enguantado a mi culo y noté como lo introdujo en mi ano. AHHHHHHHHHH me quejé por el dolor. Se levantó haciendo caso omiso de mi queja y se dirigió a un estante de un armario donde sacó una pera de goma. ¿Que era aquello? Pronto averiguaría que era un enema. Rellenó la pera de goma con líquido y se acercó de nuevo a mi culo.
- ¡¡ Esto te va a doler ¡¡ - No entendía a qué se refería, me tapó la boca con su mano enguantada y acercó la punta de la pera de goma a mi ano y la forzó de un tirón con su mano. AHHHHHHHHHHHHHHHGGGGGGGGGGGGGG. El dolor fue terrible, introdujo la pera de goma sin compasión en mi culo.
- A partir de ahora vas a cuidar tu higiene de lo contrario… tendré que ocuparme yo -. Sacó la pera de mi culo y al instante volvió a introducirla de nuevo de un nuevo tirón. ¡¡ AHHHHHHHHHHHGGGGGGGG que dolor ¡¡
- ¿Has entendido? – Me preguntó. Asentí con la cabeza, pero no fue suficiente para mi tía. Sacó de nuevo la pera de mi ano y volvió a introducirla bruscamente de nuevo. AHHHHHHHHHHGGGGGGGGGGGGG
- ¡¡ No te he escuchado ¡¡ - Me recriminó.
- Si, señora Úrsula – Respondí dolorido. Sacó de nuevo la pera de mi culo y tapó de nuevo mi boca, eso significaba que AHHHMMMM volvía a introducir la pera de goma en mi culo bruscamente. Vertió el líquido dentro de mi culo apretando la pera. Rellenó de nuevo la pera y volvió de nuevo hacia mí, no había terminado.
- ¡¡ Vas a quedar muy limpio¡¡ – Me insinuó.
- No señora, no, es muy doloroso – Me quejé de nuevo como una niña. La tía se enfadó por mis quejas. Se quitó su guante de goma de la mano izquierda y lo metió dentro de mi boca amordazándome con él. Su guante apestaba y sabía a goma rancia de lo sucios que estaban. Su otra mano enfundada en su guante acercó de nuevo la pera a mi ano. Comenzó a introducirlo en mi culo y sacarlo para luego volver a introducirlo de nuevo sin piedad. Rellenó la pera por una tercera vez con líquido.
- Acostúmbrate porque no voy a permitir que descuides tu higiene. – La tía Úrsula me humillo duramente con la pera de goma, fue algo que se convirtió en habitual en su casa en mis baños.
Finalmente admití que mi tía Úrsula me gustaba mucho, sentía una devoción increíble hacia ella. Nunca había conocido a una mujer con tanto carácter y tan despiadada. Despertó el masoquista que habitaba en mi escondido. Deseaba ser castigado y humillado por ella. Sus guantes me producían mucho temor y a la vez los deseaba con locura.
Mi tía Úrsula era una mujer muy inteligente. En poco tiempo empezó a detectar que buscaba sus castigos y humillaciones. Observó que me gustaba ser castigado y humillado por ella. Sus castigos habían dejado de ser castigos y convertirse en placer para mí. Si el castigo me resultaba totalmente placentero no sería un castigo. A pesar de todo mi indeseable comportamiento y que era un cretino yo tampoco era del todo estúpido. Descubrí que ella disfrutaba castigándome y humillándome, llevaba algo en su interior que la provocaba causar dolor y sufrimiento, disfrutaba causando dolor, era una mujer sádica que disfrutaba impartiendo dolor. El problema era que sus castigos habían dejado de ser castigos y convertirse en algo que yo deseaba y a ella no la gustaba nada la idea, deseaba observar la cara de dolor y sufrimiento en mí ya que a la excitaba. La tía Úrsula observó mis reacciones y comprobó que ya no conseguía hacerme sufrir, solo disfrutar. Su carácter sádico no podía permitirlo, no era placentero para ella.
Mi tía tenía la solución al problema, aumentaría sus castigos. Iba a ser mucho más estricta conmigo. Iba a castigarme de tal forma que no deseara volver a desobedecerla. Temiese por completo sus castigos y no deseara volver a recibirlos, os puedo asegurar que lo consiguió. Descubrí el verdadero lado sádico de mi tía Úrsula. Os narraré como se dio cuenta de mi lado masoquista pero eso ya es fruto de otro capítulo.
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