Mi novia Carla (8)
Llega con la culpa pesando en el pecho, pero Carla no quiere palabras, quiere carne. Abre la cortina de par en par y te invita a ser visto, a ser juzgado y deseado por extraños mientras te rompe contra el cristal.
Empecé a caminar tras dejar atrás la playa y comenzar el camino, aunque mi cuerpo no era consciente de que estaba dando pasos ya que todo mi ser se centraba únicamente en mi cabeza y sus pensamientos.
Jamás pensé que pudiera serle infiel a Carla, siempre había tenido claras mis prioridades a la hora de estar en pareja y más desde que había empezado con ella cinco años atrás en Sevilla, pero la vida a menudo te sorprende cuando menos te lo esperas y eso es lo que me había pasado a mí en aquel momento y en aquel lugar.
¿Podría contarle a Carla lo que había pasado?, ¿me perdonaría?, ¿podría seguir todo igual si se lo contaba?, ¿volvería a ver a aquella chica? No tenía respuesta para ninguna de aquellas preguntas, pero sí sabía cómo me sentía yo, culpable, arrepentido, hecho una mierda, no había tenido ninguna necesidad de dejar que aquello pasara, pero había pasado y no había vuelta atrás.
Con esos pensamientos estuve hasta que llegué al pie de la casa donde acababa el camino y miré hacia nuestra ventana a ver si veía a Carla, las cortinas seguían echadas así que supuse que seguiría durmiendo o metida en la cama a pesar de ser ya las 2 de la tarde.
Subí hasta la habitación y abrí la puerta con cuidado, la habitación seguía en penumbra, pero había luz en el baño y se escuchaba el agua de la ducha así que directamente me fui a tumbar encima de la cama y me tapé la cara con las dos manos. Tenía ganas de llorar, muchas, pero enseguida se me pasaron porque Carla me llamó desde el otro lado de la puerta.
- ¡Antonio!, ¿ya estás aquí?
- Síí Carla, ya estoy aquí, acabo de llegar
- ¿Te quieres duchar conmigo?, casi he acabado, pero puedes empezar tú si quieres
- Noo tranquila, ahora cuando acabes tú, entro yo
- Valee
¿Qué cara le iba a poner a Carla cuando saliera del baño?, ¿sería capaz de que no se me notara que algo no iba bien?, no estaba seguro, pero se me pasaron las dudas de golpe porque, a los dos minutos, Carla salió del baño envuelta en su toalla y tan guapa como siempre.
- Hola guapo, ¿qué tal tu mañana solo en la playa?, ¿me has echado de menos?
- Hola guapa, te he echado mucho de menos, se me ha hecho muy raro que no pasaras la mañana conmigo, hacía mucho tiempo que no pasaba un día de playa solo
- Mmmm la verdad es que yo también he estado muy sola, te he echado mucho de menos cariño y estoy un poco falta de mimos porque encima ayer por la noche no nos lo pudimos pasar bien tú y yo.
Aquella última frase Carla la había dicho poniéndome su cara de mujer que no ha roto un plato en su vida, pero a la vez con esa mirada sexy que tanto me derrite. Encima, dejó caer la toalla para quedarse desnuda y, a continuación, ponerse sobre mí, que estaba sentado en el borde de la cama, cruzando las dos piernas por cada uno de mis laterales y quedando sus tetas a la altura de mi cara y su coño encima de mi polla por encima del bañador.
- Carla…tendríamos que ir a comer…
- Mmm puedes comerme a mí antes
No me dejó decir nada más, se inclinó sobre mí y me besó con pasión, cosa a la que yo no me pude resistir y le devolví el beso con la misma intensidad mientras agarraba bien su culo y tiraba de él hacia abajo para que se refregara contra mi polla todo lo que pudiera y más.
Así estuvimos un breve espacio de tiempo hasta que Carla se paró, se bajó de la cama y se arrodilló delante de mí con una sonrisa de auténtica zorra para tirar de mi bañador hacia abajo y dejar que mi polla quedara libre y durísima preparada para ser devorada por ella.
- Ahora vas a ver lo que es bueno guapo, te voy a dejar seco, pero no mucho, hoy tienes que follarme otra vez
- Joder Carla, me tienes a mil
- Pues esto no es nada, tengo demasiadas ganas de follar Antonio, estoy muy salida y con ganas de hacer locuras
- ¿Qué clase de locuras?
- Podrías follarme abajo en el salón como hicimos anoche, me encantó la situación
- ¿Estás loca?, cuando he venido he visto tres coches aparcados fuera así que estoy seguro que nuestros amigos los portugueses y el guiri están en la casa
- Mmm pues no sé Antonio, tengo ganas de follar como una loca y si no es en la cama, mejor
- Mmm creo que eso va a tener solución Carla
- ¿Ah sí?
- Sí, aunque de momento chúpamela, lo estoy deseando
- Jajaja yo también
Había sido como un flash que se me había pasado por la mente, sabía exactamente donde me iba a follar a Carla en aquel preciso momento, aunque primero quería disfrutar de la excepcional mamada que ella siempre me brindaba.
Una mamada que comenzó con ansia porque Carla no empezó suave y poco a poco como otras veces, no, aquello fue una garganta profunda en toda regla porque la primera vez que se la metió en la boca ya lo hizo todo lo profundo que pudo y así siguió durante un buen rato en el que alternaba las mamadas profundas con la comida de huevos que me hacía cada vez que necesitaba descansar un poco de metérsela hasta la garganta.
Por mi parte, únicamente me dejé hacer mientras que alguna vez la cogía del pelo y era yo el que controlaba el ritmo mientras me la chupaba, aunque, pasados diez minutos, me cansé de aquella felación e hice que se levantara.
- Bueno Carlita, tienes ganas de que te folle de verdad, ¿a que sí?
- Quiero que me revientes Antonio, tengo el coño chorreando
- Muy bien, pues vas a hacer lo siguiente, vas a descorrer la cortina de la cristalera y te voy a follar contra el cristal
Creo que aquello Carla sí que no se lo esperaba, pero por mi gesto entendió que no estaba de broma y que lo decía completamente en serio así que esbozó su habitual sonrisa y se dirigió hacia el ventanal para, a continuación, descorrer la cortina.
Una vez descorrida, apoyó sus manos contra el cristal, arqueó su espalda dejando en pompa su culo y miró hacia atrás con una mirada de zorra absoluta y me habló.
- ¿A qué esperas Antonio?, fóllame de una puta vez
- Te vas a enterar Carla, te voy a hacer gritar como una posesa y además cualquiera que pase por el camino va a poder verte desnuda mientras te follo.
No dije nada más, me acerqué a ella por detrás, me cogí la polla y sin muchos miramientos se la metí hasta el fondo provocando un grito en Carla y una tensión de su cuerpo.
Mentiría si os dijese que nunca me había imaginado algo así, como ya he comentado anteriormente, meses atrás Carla y yo habíamos atravesado una crisis y tanto nuestra relación como nuestra sexualidad habían caído hasta un nivel que casi rompe todo, pero desde que habíamos follado en la parte de debajo de nuestro edificio algo había cambiado en nosotros, estábamos mucho más desinhibidos, con ganas de follar a todas horas y de volvernos un poco exhibicionistas así que aquel momento iba a ser un punto de inflexión para Carla y para mí.
Si a todo eso le añadíamos lo que me había pasado aquella misma mañana con Mónica, mi vida había cambiado radicalmente, estaba con una chica espectacular como era Carla y otro pibón como Mónica me la había chupado aquella misma mañana y aunque me arrepentía tremendamente de aquel encuentro, en ese momento de follar con Carla me sentí el mismísimo rey.
Volviendo al momento en cuestión, tras habérsela metido casi de un golpe, cogí a Carla por las caderas y comencé a embestirla todo lo fuerte que pude. Tenía unas ganas terribles de follármela y partirla en dos así que estuve así un par de minutos o tres hasta que paré un poco y empujé a Carla hacia el cristal hasta que, con la polla metida en su coño, quedé pegado por completo detrás de ella y puse mis manos sobre las suyas pegadas al cristal mientras que comencé a comerle el cuello por la parte izquierda y a hablarle al oído.
- ¿Te gusta esto Carla?, ¿te gusta que te folle así contra el cristal para que cualquiera pueda verte?
- Mmmm Antonio, me tienes a mil, estoy muy cachonda
- ¿Sí?, ¿no te importa que te puedan ver así desnuda mientras te follo?
- Mmm Antonio, ahora mismo me da igual si me ven, si pasa alguien que mire todo lo que quiera
- Veo que lo que dijiste aquella noche en el bar en la plaza iba en serio
- Muy en serio Antonio, ojalá pasara ahora alguien y me viera así contra el cristal mientras tú me follas
- Mmm pues vamos a ver si tenemos un poco de suerte, ¿no crees?
- Jaja venga Antonio, vuelve a follarme
Dicho y hecho, tanto ella como yo estábamos más excitados que nunca, teníamos ganas de follar y de exhibirnos, cosa que íbamos a cumplir porque, tras un par de minutos en el que yo había vuelto a empezar la follada por detrás agarrándola de las caderas, el chico que habíamos visto el día anterior en la playa apareció al comienzo del camino para dirigirse a la playa.
Supongo que a veces las cosas están para que pasen y aquella era una de esas situaciones que parecen imposibles de que ocurran, pero ocurren porque el chaval bajó la cuesta que había justo al lado de la casa y echó a andar sin mirar hacia nosotros pero, cuando parecía que iba a seguir el camino sin mirar hacia donde estábamos, en el último momento giró la cabeza y entonces sí que nos vio quedándose petrificado.
No creo que ni él mismo se creyera lo que estaba pasando, pero era real, muy real, os lo aseguro, aunque yo al principio no me di cuenta, pero sí Carla.
- ¡Antonio!, ¡Antonio!
- ¿Qué pasa?
- Hay un chico mirándonos en el camino
- ¿Cómo?
- Sí, sí, mira
Paré un poco el ritmo de la follada y miré por encima del hombro de Carla para comprobar que el chico de la playa del día anterior nos había visto y se había quedado parado mirando hacia nuestra ventana.
Tenía que tener una vista privilegiada del cuerpo de Carla y de sus pechos colgando contra el cristal mientras yo me la follaba, era realmente excitante.
- Jajaja, ¿sabes quién es Carla?, es el chico que estaba ayer en la playa a unos metros de nosotros
- ¿En serio?
- En serio, creo que esta es la oportunidad que habíamos hablado el otro día Carla, ¿le dejamos que siga mirando?
- Mmmm…sí, por favor, fóllame fuerte Antonio, que me vea gemir y tener un orgasmo
No hizo falta decir más, volví a cogerla fuerte de las caderas y se la metí de un solo golpe provocando un grito tremendo en Carla.
- Ahhhhhh dueleee, no seas tan bruto, me la has metido hasta el fondo
- ¿Qué no sea tan bruto?, ahora te vas a enterar
Empecé un mete saca brutal, Carla tenía que hacer auténticos esfuerzos para mantenerse en equilibro y con las manos apoyadas en el cristal. Algo en mí se había desatado, solo quería follármela con la mayor fuerza posible y que aquel chico viera como Carla acababa deshecha de la follada que le estaba pegando, cosa que se estaba cumpliendo porque a ella no tardó en llegarle el primer orgasmo que me anunció con otro buen grito mientras que yo no paraba de embestirla.
Por su parte, el chico moreno de la barba se había quitado la mochila y se había quedado completamente parado mirándonos a través de sus gafas de sol negras mientras que con su mano derecha se agarraba la polla por encima del bañador.
La escena no podía ser más erótica pero los cuerpos humanos tienen un límite razonable y a mí me estaban entrando unas ganas terribles de correrme así que repetí la operación de antes y aminoré un poco el ritmo para empujar a Carla contra el cristal de manera que su cuerpo quedara completamente pegado a este y tanto sus tetas como su coño pudieran ser perfectamente apreciados mientras yo seguía follándomela pero de manera más lenta mientras le agarraba con las dos manos a la altura de los riñones.
- Carla, me voy a correr
- Mmm sí córrete Antonio, yo también voy a hacerlo
Y así, tras unos treinta segundos más, a los dos nos llegó el orgasmo casi a la vez y yo descargué dentro de su coño todo mi semen para, a continuación, apoyarme con todo mi peso sobre el cuerpo de Carla que, ahora sí, quedaba definitivamente pegado al cristal y sin nada que esconder.
En el rato que había transcurrido, el chico no había dejado de mirarnos y de tocarse la polla por encima del bañador hasta que vio que habíamos terminado y entonces esbozó una gran sonrisa y levantó su mano derecha y su pulgar en señal de aprobación de lo que acababa de ver, cosa a la que yo le respondí de la misma manera levantando mi mano y el pulgar haciéndole ver que también estaba de acuerdo.
- ¿Se puede saber qué haces Antonio?
- Jajajaja nada, estar de acuerdo con ese chico, los dos acabamos de disfrutar mucho, aunque cada uno a su manera
- Ya os vale…no sé cómo hemos podido llegar a esto
- Anda ya Carla, a mí no me engañas, estabas deseando que hiciéramos algo así, ¿o no es verdad?
- Mmm sí y no, he pasado mucha vergüenza
- Ya se te nota, sí, jaja
- Anda, no seas tonto, vamos a darnos una ducha y a comer algo a ver si nos tranquilizamos un poco, tengo que analizar lo que acaba de pasar
- ¿Analizar?, ¿tranquilizarnos?, te recuerdo que has sido tú la que se me ha tirado encima como una loba en busca de sexo
- Eso no es así
- ¿Ah no?, ¿no puedes reconocer que últimamente estás más salida y con ganas de exhibirte?
- Antonio…yo no
- Ni Antonio ni leches, vamos a dejarnos de tonterías Carla y vamos a disfrutar de estas ganas que tenemos los dos de disfrutar, ¿no te parece?
- Está bien, está bien, lo reconozco Antonio, estoy muy cachonda últimamente
- Y di, me ha encantado como me has follado mientras ese chico veía mis tetas y mi coño porque me gusta que me miren
- No voy a decir eso Antonio
- Carla…
- Está bien, me ha encantado como me has follado mientras ese chico veía mis tetas y mi coño porque me gusta que me miren
- Eso está mejor, vamos a ducharnos, pero antes despídete de nuestro amigo
Aunque habíamos acabado de follar aquel chico no se había movido de donde estaba y seguía con la mirada fija en nosotros mientras que los dos estábamos apoyados contra el cristal recuperándonos de aquel maravilloso polvo.
Carla me hizo caso y esbozando una gran sonrisa le dirigió un airoso saludo con la mano a nuestro mirón para, a continuación, coger la gran cortina y correrla para dejar de nuevo la habitación en una semipenumbra.
- ¿Nos duchamos Antonio?
- Sí, vamos
Continuará
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