Degeneración Veraniega de un Matrimonio (12)
La noche cae sobre el edificio y los balcones se convierten en escenarios de un juego perverso. Mientras una pareja fuma tras el placer, otra se prepara para exhibirse y humillar a quien observa desde abajo. No hay privacidad, solo la mirada ajena como catalizador del deseo más oscuro.
Esta serie tiene relación con el relato “Mi hermana quiere vivir con nosotros (rs)”. ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato! Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)
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Capítulos anteriores (estos sí son casi imprescindibles;))
— 1 — https://www.todorelatos.com/relato/241351/
— 2 — https://www.todorelatos.com/relato/241689/
— 3 — https://www.todorelatos.com/relato/242208/
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— Me encanta cuando te dice “mi amor”.
María susurraba al oído de su marido, montada sobre él, aún con la polla dentro y el eco del orgasmo haciéndola consciente de su propia respiración, la sed y las ganas de fumar. Adrián sonrió y la besó en el cuello, abrazándola y acariciando su cabeza en silencio. Ella se levantó despacio mirando hacia abajo para disfrutar la imagen y el sonido de la polla cayendo sobre el vientre justo al liberarse de su coño. Se miró en los dos espejos horizontales que flanqueaban la cama en ambas paredes y levantó una pierna sobre su marido al mismo tiempo que alcanzaba el bote de cigarrillos de la mesilla. Se sentó finalmente en el borde de la cama y encendió uno, para después levantarse y dirigirse a uno de los balcones del dormitorio. Abrió el ventanal desnuda, soltando el humo de la primera calada y dando un pequeño paso al pequeño saliente, en el que cabían dos personas y en el que tantas veces habían dado un espectáculo público.
Ese pequeño balcón estaba en el primer piso, y María, por supuesto, solía salir desnuda. Le sorprendía que los vecinos jamás les hubiesen denunciado. Al menos, no le constaban quejas a autoridad alguna. Miró a la izquierda intentando elucubrar qué estaría pasando en ese momento en casa de Elena y Jose, pero pronto se dio la vuelta y se dirigió a su marido, que estaba mirando al techo en la misma posición.
— Te tiene rayado lo de las crías. — le dijo.
Adrián respiró hondo y asintió con la cabeza al soltar el aire, sin quitar la vista del techo. María aceptó la confirmación y continuó hablando.
— Pues es lo que hay. No podemos vivir en el desierto.
— Ya… pero es que va a pasar. Y de la pubertad a que… bueno, a que pueda ser, pues va a pasar mucho tiempo. O sea acabarán haciendo daño igual que la madre.
— A ver… No seas exagerao. Yo no era tan rara entre mis amigas, y mis primeras mamadas, mi primera paja y eso, no fueron antes porque los chiquillos no querían.
Su marido cerró los ojos con fuerza, se llevó la mano a la frente y después se rascó la cabeza bajo la melena, negando levemente con la cabeza por unos segundos hasta que su voz, más grave y tenue, salió retumbando en la oreja de María.
— He visto casas en el campo. Pero no quiero que me dejes dos veces.
— Eres muy tonto. — María tiró el cigarrillo a la calle y cerró la ventana, volviendo a acercarse a la cama para tumbarse junto a su marido, que separó su brazo para ofrecerle su sitio. Ella apoyó la cabeza en su hombro y comenzó a jugar con los pelos de su pecho — No vas a ser un ermitaño gruñón otra vez. Ahora por lo menos sabemos cómo nos puedes saciar un poco, vamos avanzando. Quizá podamos hasta mejorarlo.
— Esto sigue siendo un experimento, cariño. — aclaró con resignación, tratando de acompañar la frase con una sonrisa cálida. — Y no pasa nada, estoy acostumbrado.
— Hostia con la Paca, te dejó bien traumado… De experimento nada, ¡lo vamos gestionando muy bien!
Adrián relajó un poco los músculos de la cara y dejó caer el brazo al colchón.
— La Paca era… bueno, una señora de pueblo, no tenía más herramientas. — Adrián negaba levemente con la cabeza, la comisura de su boca se contraía a la izquierda y sus cejas se levantaron al recordar a su madre — Veía cosas raras que no entendía y pensaba que yo tenía el demonio dentro.
— Venga ya, coño, encerrado con seis años.
— Bueno, salía al monte a cazar con el tío y el primo.
María se dio cuenta de la incomodidad de su marido. Para ella, el impulso de criticar su encierro era ponerse de su parte, y a menudo se dejaba llevar por él. Sin embargo, el efecto en Adrián solía ser el simple dolor defensivo y la justificación de los actos de su madre. María decidió cambiar a un modo más resolutivo para aliviarle y preparar el camino. — ¿Has hablado con Celia?
— Cuando tenga algo claro. A lo mejor le escribo a la biotecnóloga.
María se apretó contra el pecho de su marido, mirando su cuerpo en el espejo.
— ¿Y la llamada qué tal? Me pilló muy ocupada mamando.
— La Susana. Que si curro para ella. — negó de nuevo con la cabeza, pero esta vez sonriendo — Se piensa que soy como el Javi, pero yo no te puedo ni convencer de que hagas josekis para practicar.
María procuró que él notase por el sonido y el contacto que le devolvía la sonrisa. Se apretó más aún, respiró profundamente, cerró los ojos y dirigió la boca hacia el cuello de su marido.
— Estamos las dos preñadas, cielo.
………………………..
……
Un rato antes, en la terraza del piso superior donde Gloria selló su pacto de incesto y sumisión, se abrazaba a su cuñado, desnuda, recién duchada y acariciándole la espalda con las tetas, mientras charlaban sobre la vecina del primero del edificio de enfrente.
— ¿Y el marido qué?
— Pues por la pinta diría que es policía.
Adrián también estaba desnudo. Ambos miraban al otro lado de la calle salón. La vecina paseaba en una pequeña terraza, intentando que su exhibición resultase sutil y pareciese involuntaria. Nunca miraba directamente hacia arriba, a la terraza superior a la que su vecino salía a fumar.
Adrián había ido notando la excitación que crecía en Gloria, y el impulso que su última frase le había dado. Las uñas de la joven se apretaron contra su pecho, y una de sus manos bajó a buscarle la polla.
— ¿Ya estás pidiendo rabo, guarra?
— Uff… es que… te he imaginado ahí abajo, follándotela en su terraza y mirando hacia aquí… — dijo, mientras comenzaba acariciando los huevos de su cuñado y rodeaba su tronco hasta cerrar su mano sobre el capullo.
— No sé si la pongo muy nerviosa, Gloria.
— Seguro que sí… esa ha estado dos veces en casa de Elena y Jose. Y está muy cerca.
— Bueno… mm… — la mano de Gloria había empezado a sobarle la polla a media asta. —… vale, pues igual sí está un poco nerviosa. ¿Qué pasa? ¿No te he maltratado hoy suficiente?
— Seguro que sí la pones nerviosa… te la puedes follar en su casa, seguro. Puedes ir y nosotras estamos aquí, mirando… — Gloria dio un lametón del hombro al cuello de Adrián mientras echaba el aire y apretaba la base de su polla con la mano, procurando dejar claras sus intenciones —... ufff… o abajo en vuestro dormitorio, justo enfrente… Me encantaría verla agarrada a la baranda y chillando como una perra para que la oiga toda la calle.
— Ahá, cuéntame más, cerda.
— Ufff… Puedes hacer que nos grite, desde ahí… que nos dé las gracias por dejarle al macho…
Adrián coge la mano de su cuñada, la aparta de su polla y le da un tirón del brazo, girándose para, en un movimiento, llevarla contra el muro y ponerse detrás. Gloria suelta una risita aguda y vuelve la cabeza hacia atrás, mientras él baja ligeramente el centro de gravedad abriendo las piernas y pega la polla a la raja del coño.
— Umff… eso te ha molado, eh? — gime, victoriosa.
— No está mal, guarra… A ver qué se me ocurre…
— Mmm… me encanta que me cuente… ahh… guarradas el señor escritor-ggjc!
Adrián la coge por el cuello con fuerza y comienza a hacer presa, asfixiándola levemente y ahogándole las palabras. Gloria responde apoyando las manos y las tetas en el muro, para comenzar a mover el culo y restregarse con la polla. Pero en cuanto empieza a moverse, él se retrae un poco y flexiona un poco más las piernas para apoyar el capullo en la entrada del coño de su cuñada.
— Buff… aahh..
— Creo que… es buena idea… — y mientras Adrián habla, la sostiene con fuerza del cuello y la cadera para empujarle levemente la cabeza del rabo, comenzando a abrirla — que tú te encargues del marido primero… seguro que folla bien, está en forma.. y no va a catar una puerca adolescente como tú ni yendo de putas…
— Ahá… ummm… lo que me… gac…me pidas… mi amor...
— Primero te lo follas. y te aseguras de grabarlo, o mejor… — alivió la presión del capullo yendo hacia atrás y volvió a empujar, abriéndola un poco más — cuando salga con el perro una noche… en el parque, que está oscuro.. te le echas encima y lo grabamos desde la piscina, sin que se dé cuenta…
En ese momento, plaf!! Empujó la polla completa en el coño de Gloria, de un golpe y hasta los huevos. El grito de la chiquilla, imposible de ignorar en el silencio de la madrugada, hizo que la vecina cambiase la cabeza de dirección, pero no miró hacia arriba, hacia ellos.
— ¡AahhaaAaaAA!!!!… sí!… ufff… y le… aahhh… y le chupo la pollaa!… sí…
— Así… buena putillla…Y… ahh… otro día… — plaf! volvió a empujársela de nuevo, golpeándole el clítoris con los huevos — vas a su casa, cuando su mujer haya salido. — PLAF! — Le enseñas el vídeo — PLAF! — y le pides que te folle — plaF! — en la terraza...
— Ufff… ahamm… No se… — PLAF! — aaaha… no se va a atrever…
Adrián le azotó el culo y le llevó la mano derecha a la cara, para agarrarla de la boca y estirarla de la comisura del labio, mientras con la izquierda sostenía con fuerza su cuello mirando al frente.
— Ha! Ya verás… sabe que eres una guarra… y tiene más miedo de que se entere su mujer — ¡PLAF!! —...mmm… que de que.. lo vean un par de vecinos… Y no sabe que te vas a sacar las tetas, y a empezar a gritar como una puta…
— Ufff… así, mfe.. va a tapfar la fboca…
Adrián soltó la boca de Gloria para agarrarla también de la axila, apretó la presa del cuello y zarandeó el cuerpo de la joven unos centímetros, a un lado y a otro, manteniendo el rabo clavado hasta el fondo de sus entrañas.
— Y además yo.. me voy a traer a su mujer, antes de que te lo empieces a follar. Y cuando la tenga en casa… si quiere rabo… va a tener que decirle a su marido que llegará tarde…
— A… a esa… te vas a traer… a la puta esa…
La vecina estaba parada, mirando al suelo de su terraza, dando caladas ocasionales. Mucho más envarada que de costumbre, se podía percibir su cabeza ladeada con los menos de treinta metros que les separaban. No miraba en dirección a Adrián y Gloria. Parecía mirar a la calle, o a la balaustrada de su terraza. Pero un pequeño movimiento de ojos le permitía mirarles cada pocos segundos. Aunque sólo veía la cara de la chiquilla, su cuello apresado, la parte alta de sus tetas contra el borde del muro y la sombra del vecino tras ella.
Adrián pensó en volver a darle por el culo a su cuñada, pero decidió reservárselo tras un día bastante salvaje de enculadas. La mano de la axila pasó a agarrarla del pelo con fuerza, estirando hacia atrás. Juntó las piernas para empujar sus huevos contra ella y comenzó a mover la polla en círculos verticales.
— Aummpfff… Noeso… eso noah…. que me corro… Está… está mirándonos la muy guarrrraa… — Gloria levantó más la voz, y su voz volvió a retumbar, como tantas veces, en la silenciosa calle — Adddhhhhiooooosss… sí… sí... Esa puta está harta de oirme gemir… quiere polla..
— Me la voy a follar en el dormitorio, a la altura de su terraza… La voy a poner en el balcón a chuparme la polla, desnuda, para que la veáis…
— ¡¡Me voy a correr asíufff!!…aaahh… ¡te va a reventar, puta, te vaaaaahaa…
— Y tú… le vas a pedir a su marido que nos mire.. — Adrián agravó la voz mientras continuaba haciendo círculos en el coño de su cuñada y se acercaba a su oreja para hablar.
— Ahhh…hijo de puta sí.. pégale… dale fuerte… dale de hostias para que trague… — La chiquilla, de repente, se imaginó a sí misma recibiendo esos mismos pollazos mientras su cuñado le metía la cabeza en el jacuzzi que se encontraba sólo unos pocos centímetros tras ellos.
— Y entonces es… ahh… cuando la apoyo en la barandilla… — Adrián aprieta más fuerte el cuello de la joven y la mano del pelo pasa a apretar con saña uno de sus melones.
— Ahhasíí! ahh! Y le azotas… las aaahh ahh… las tetas…
Adrián echó el cuello de su cuñada hacia atrśs, obligándola a mirar al cielo, y su otra mano clavó los dedos más fuerte en su pecho antes antes de soltar, alejarse hacia abajo y volver con fuerza, plas, plas, plas!!... a azotar ambas tetas mientras mantenía clavado el rabo hasta el fondo del coño de la chiquilla.
— Sácame la leche… — PLAS, plas, plAS! — zzorrraa…
Y Gloria comenzó a contraerse por dentro, apretando la polla de su cuñado y explotando ella misma en el orgasmo casi de inmediato, intensificando cada vez más la succión que su coño ejercía.
— Así la… la lle.. nas.. mi viidaaaahhaaa... te va a.. reven… tar, putaaa!! ¡Te va a.. te… va a pre… ñaaaar!!
Adrián le apretó el cuello y apresó con fuerza el pezón derecho mientras miraba, sobre el hombro de la joven, a la terraza del primer piso del edificio de enfrente. La vecina tenía la cabeza dirigida hacia ellos. Tanto Adrián como la vecina, casi con seguridad y a pesar de la distancia, hubieran dicho que sus miradas se cruzaron, fijas una con otra. Entonces Adrián apretó el culo para hincar al máximo el rabo en el fondo de las entrañas de su cuñada mientras esta se corría entre gritos balbuceantes, que volvieron a explotar como un berrido gutural en el momento en que la leche, disparada a presión contra la misma puerta de su útero, comenzó a inundar su coño.
Gloria también clavaba los ojos en la vecina, aunque su cabeza apuntaba hacia arriba. La Era una mujer muy alta. Morena, de pelo largo, absolutamente escultural con grandes pechos y un culo redondo de revista. Pero siempre vestía de forma modesta y tapada, apenas salía para pasear con su hijo y su marido. Para la pequeña Gloria era casi una gigante, y le extasiaba la idea de sentarse en su cara a restregarle el culo y el coño y apretar su cuello mientras Adrián la llenaba de leche.
…………..
……
Elena, al día siguiente, estaba tumbada de costado frente a su marido. Se azotaba la teta derecha con la mano izquierda, aprisionada bajo su cuerpo. Con la derecha, se agarra con fuerza del cuello y la mandíbula, representando para Jose la follada que unas horas antes le habían pegado en casa de los vecinos.
— Lo vas a ver, cielo. A tu mujercita corriéndose como una puta marrana empalada por el vecino, con las tetas botando de las hostias que me daba, agarrada de la boca como un animal, grabada por delante y por detrás para que la vecina venda los vídeos… y que un montón de tíos se machaquen las pollas viendo a tu mujer reventada, ahí, al lado de tu casa, mientras estabas meneándote la pichilla viendo tus vídeos de maricón…
Las lágrimas sobrepasaron las fuerzas de Jose y comenzó a sollozar. No podía seguir mirando a su mujer, y cerró los ojos clavando la cara en la almohada mientras se llevaba la mano a la polla, ya completamente empalmada. “Los vídeos no”, pensó, “no pasa nada ahí”... Y aunque logró apartar la punzada de miedo a ser descubierto, el resultado fue peor: las imágenes se mezclaron en su cabeza hasta que se visualizó a sí mismo frente a su esposa… viendo en directo la escena que ella le narraba. Él estaba a cuatro patas mientras sus hijas, inocentes y ajenas como si no viesen nada, saltaban sobre su espalda, le tiraban del pelo y le daban patadas.
Elena apretaba y soltaba las piernas, masturbándose con las contracciones voluntarias de su coño y el frotamiento de sus muslos contra los labios y el clítoris. Sacaba la lengua para chuparse los dedos y gemía, dejando que las imágenes tomasen forma en la cabeza de su marido mientras ella misma las disfrutaba. Aún estaba sorprendida, creyendo que eran la rabia, la humillación, la vergüenza y las provocaciones de los degenerados vecinos lo que la habían vuelto loca.
— Ufff… Cariño… Me seguí corriendo y corriendo y corrrrriendo como una golfa… y cuando casi acababa, María se me echó encima, pegándome sus tetas, ahogándome con la mano y metiéndome la lengua en la boca, que ya tenía los dedos del cabrón dentro… Y buff… exploté más todavía… Joderr…
Jose se masturbaba con fuerza, pero despacio, intentando acallar sus sollozos para no perderse ningún sonido que saliese de la boca de su mujer.
— Que cuernos llevas, mi amor. Y sólo habían empezado, por Dios, que gentuza degenerada. ¿Sabes lo que hizo cuando acabé de correrme como una puta? Me empujó a un lado. Te lo juro. Me agarró el muslo, y ya me tenía cogida de la boca… y me empujó a un lado, el hijo de la gran puta. Y me quedé allí como una subnormal… con una pierna apoyada en el suelo y la otra en el sofá, abierta como una marrana por si me querían follar más… Pero noooo… El cerrrdo cabrón se levantó y se sentó delante del sofá, en un sillón de esos de Ikea con los brazos de madera. Y yo no podía dejar de mirarle ese rabaco y esos huevos gorrdos colgando del borde, cariño…
Y plaf, plaf, plaf… Jose se la machacaba cada vez más fuerte, volviendo a centrar su mente en lo que su esposa contaba.
— Y las hermanitas guarronas trajeron algo de la cocina, ni me enteré, lo dejaron en la mesa y se sentaron al lado mío a comerse la boca… ¿Y… sabes lo que hice?
Jose hizo un esfuerzo por abrir los ojos y volvió a apretar la base de su polla para, al menos, no volver a correrse demasiado rápido.
— Cielo… me quedé mirando su polla embobada. Y el cabrón me miraba… y empezó a reírse. Se reía de mí. Casi a carcajadas, con la risa de lado y los golpes de risa haciendo subir su pecho peludo y haciendo botar su rabo. Diosss que odio sentía, te lo juro. Pero no podía dejar de mirar el rabo. Y me bajé — Elena hizo una pausa, clavando su mirada entrecerrada en los enrojecidos ojos de su marido —… Y tu mujercita… Se bajó al ssuelo — Enseñó los dientes al alargar el siseo y volvió a dejar dos segundos de pausa — Tu mujercita se bajó al suelo, se puso a cuatro patas como una perra, y se puso a gatear hacia el pollón del vecino. El hijo de puta se tiró de los huevos para que colgaran del sillón y esperó, y esperó… Y yo saqué la lengua para pedirlo… Y me contoneaba, esperando que mis melones le gustaran… Y me dejó, el hijo de puta… me dejó llegar sin moverse ni dejar de reírse… Y cuando bajaba la boca para agarrarle el capullo y tragármelo… me puso la manaza en la frente! El hijo de puta, me paró. Lo grabaron todo, pero en ese momento estaba fuera de cámara. Pero el audio sí está, lo vas a escuchar. Las putas se reían de mí, él se reía de mí, y yo sólo pensaba en qué hacer para que me dejase mamar otra vez. Y me pregunta el hijo de puta si… no, me pregunta que qué… que qué soy…
Jose respiró hondo y apretó los dientes, pero volvió a mover su mano sobre su polla.
— Mi amor, eres mi perrete, y aquí mando yo, ¿sabes? Te comes la leche de otro de mi coño, te tragas pollas si te lo mando, te callas la boca cuando te lo digo… como un buen perrito de tu ama. Y… ¿y sabes qué es tu ama? Se lo dije, ¿sabes? Fue lo que me salió.
Elena comenzó a apretar sus piernas y mover su culo más fuerte, y Jose respondió acelerando la masturbación, como si le hubieran dado permiso para correrse.
— Soy una gorda puta, una puta… una puta maltratada… una guarra gorda… ufff… una puta inútil… gorrdda putaaahhh…
………………
……
Aquella mañana, antes de hablar en la terraza con Susana, Adrián entró en su despacho, desconectó una batería portátil pequeña recién cargada y abrió la caja metálica que solía estar sobre la mesa auxiliar de su despacho, a la derecha de su silla. Sacó de ella un móvil apagado y le conectó una batería pequeña que tenía su propio conector USB-c. Dejó ambos de nuevo dentro de la caja metálica y volvió a cerrarla con llave.
Se sentó pesadamente en su silla de trabajo, dejó una taza de café metálica frente a sí, apoyándola en uno de los imanes que llenaban el frontal de la mesa. Esperó hasta notar la tracción magnética de la pieza sobre la cuchara antes de retirar la mano. Después, cerró los ojos y ensayó en voz baja los posibles puntos difíciles de la conversación que iba tener con su prima.
— De tu hermano sé menos que tú… Tía, mira: no soy como él, no soy capaz de convencer a nadie de nada. Lo has dado siempre por supuesto, pero no es verdad… Si te pones en plan chunga ridícula sólo vas a perder el tiempo y te quedas sin follarme, porque ni sé nada ni quiero saber…
Continuará
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