Degeneración Veraniega de un Matrimonio (11)
Elena no solo cuenta la historia; la hace vivir. Con cada palabra, arrastra a José a un abismo de vergüenza y lujuria donde él es testario pasivo de su propia degradación. ¿Hasta dónde puede llegar el deseo antes de que el matrimonio se quiebre?
Esta serie tiene relación con el relato “Mi hermana quiere vivir con nosotros (rs)”. ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato! Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)
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— Y creo que lo vas a ver, cielo. Uff… No lo había pensado así hasta ahora… Que veas un primer plano, a centímetros de mi coño, mientras él me abre el conejo…. O mejor, me chupas el culo mientras el macho de verdad se folla a tu mujer y te meneas la pichilla. Que bien, de verdad. Te va a encantar que ese hijo de puta, porque es un hijo de puta, me empuje hasta los pulmones mientras sus pelotas te dan en la cara y tu chupas mi ojete…
Jose cerró los ojos y las lágrimas volvieron a brotar mientras se apretaba la base de la polla para no correrse. Y la imagen de ella haciendo eso mientras la grababan permanecía en su mente. Imaginó la escena que Elena estaba describiendo, pero en su cabeza había añadido la emisión en directo de su vecina capturándolo todo. Intentaba pensar en cómo salir de esa situación, pero su cerebro no le acompañaba y dedicaba a las depravadas imágenes toda su energía. “Si me corro estaré en condiciones de pensar”, se dijo. “Pero si me corro se irá”. Y sus frases sonaban en su propia cabeza como un susurro del córtex prefrontal ahogado por una monstruosa rave de fluidos chapoteantes y gemidos desquiciados de su mujer; el sonido de los azotes en su culo y sus tetas sonaban con el reverb de una batería ochentera en la cabeza del ex DJ; la risa de María y los gruñidos de Adrián parecían envolverlo todo desde arriba, como truenos, empujando tormentosamente sus lágrimas mientras el resto de la rugiente orquesta introducía inevitablemente la sangre en su polla.
— Ay cariño, estaba enfadada… — La voz de Elena se volvió repentinamente más aguda y musical —…Con la boca ya refollada y mamando coño, porque necesitaba más. Y el muy cerdo seguía follándose a su mujer mientras sus cojones le daban y le daban y le daban a la tuya en la cara. Me costaba respirar porque María me apretaba con el coño mientras yo les lamía como una perra y los pollazos del puto la empujaban todavía más contra mí. Y me aplastaban los ojos y la nariz… Pero Gloria me seguía comiendo el coño y me iba a correr otra vez. Y entonces… — Hizo una parada, cerró los ojos y elevó levemente la cabeza, cerrando los labios en una mueca mientras sus dedos entraban en su coño más y más profundo —.. aahhh… buff… creo que fue… María, que empezó a darme azotes en el chocho. Y exploté ahí. Solté con la boca su clítoris porque empecé a gritar de gusto… Pero joder, es que no me daban tregua. Ya lo verás en el vídeo, es precioso… Lo ví después… En cuanto me pongo a gritar, María se empieza a correr en mi cara, manando como una fuente, mientras suenan los palmetazos en mi coño. Y al mismo tiempo se ve cómo el puto cabrón de tu vecino se agarra la polla, la empuja hacia abajo y me tapa la boca, bajando hasta mi garganta de golpe y tapándome los gritos. La arcada es preciosa… sueno como un monstruo mientras me sigo corriendo con María, dios mío… ufff…
Elena, sin sacarse la mano de entre las piernas, se giró hacia atrás para alcanzar el dildo que estaba tras ella y volvió a girarse hacia su marido sacando la lengua y pegándose la réplica del pollón de Adrián a la mejilla.
— Tú.. tú no puedes, pero yo me voy a correr, nene… méteme esto en la boca, como si le sostuvieras el culo al vecino mientras me folla la puta cabeza…
Jose frunció el ceño. No estaba meneándosela, no se veía capaz aún de aguantar el orgasmo si continuaba. Respiró hondo y recibió en la mano el rabo de silicona que su mujer estaba poniendo delante de su cara.
— Así, buen perrito, muy bueno. Luego verás el vídeo, pero ahora te vas a imaginar mirando el culo de tu vecino desde atrás, con los huevos colgando, y a mí delante, así, ahh, ahhh… — Elena extendió la lengua exageradamente mirando a su marido a los ojos mientras acercaba la cara. — Ufff cariño, haría lo que fuera por comerme esos cojones y esa pollaza… ufff… lo que fuera… si me lo pidiera os dejaría, le diría que lo amo, que lo necesito… lo que fuera para tragármela. — Elena llevó la mano a su cuello y se apretó mientras la otra mano entre sus piernas chapoteaba entrando y saliendo — Ufff… dame por favoor, por favor, por favor cariño, Adrián mi vida, métemela…
Jose enfiló el dildo a la cara de Elena y empujó la polla dentro. Elena seguía masturbándose más y más rápido y cerró los ojos para comenzar a escupir y chupar el juguete mientras Jose miraba el contorno de sus labios muy abiertos invadido por el diámetro de esa cosa.
— GoogBBg GOG GLOG… goggg… Pffuaaahhh!!… ahh… él… me la metería más fuer… más fuerte… — Pero Elena no esperó a la reacción de su marido. Se lanzó de nuevo y Jose intentó no perder la presa contra la silicona por el empujón. — GOG gloG Gog Glogbbggggg… — Su esposa se lanzó, tragando hasta la garganta, y sus ojos se abrieron de par en par mientras se masturbaba frenéticamente, emitiendo un sonido a caballo entre un gemido y una arcada al correrse con la boca invadida por el pollón de silicona y la mirada clavada en su marido.
Jose no pudo evitar comenzar a eyacular.
El orgasmo de Elena continuó, con la mirada perdida y los ojos entrecerrados. Sus pupilas subieron hacia arriba y Jose veía ya sólo el blanco de la esclera cuando su polla daba sus últimos latidos, derramándose sobre las sábanas.
Elena retrajo la cabeza, con el cuerpo aún ondulante, y su lengua acompañó el capullo del juguete con un círculo completo antes de soltar su presa. Las babas cayeron en un hilo sobre la almohada mientras, con los párpados relajados, volvía a clavar los ojos en su marido.
— Estoy guapísima en el vídeo, tirada con las piernas abiertas, empapada… — Elena dejó caer la cara pesadamente sobre la almohada mientras Jose dejaba el pollón entre las caras de ambos, con cuidado, pues temía incluso hacer ruido al soltar el juguete contra la sábana —... con los brazos caídos y mirando la polla de tu vecino con la boca aún abierta y la cara y el pelo empapados. Ya verás. Me siguió grabando mientras yo no quitaba ojo de su polla alejándose de mi boca. Se sentó en el sofá con el rabo apuntando al techo y se reía de lado, mirándome mientras me grababa. María le cogió el móvil y me dijo que me sentara encima de él.
Jose volvió a cerrar los ojos, dándose cuenta de que su polla no había caído del todo tras la corrida. Y en ese momento Elena vio la mancha entre ellos.
— Anda, si te has corrido también sin permiso. Eso va a tener castigo, perrito, que lo sepas.
— No me estaba tocando, no lo he podido evitar.
Elena paró unos segundos de hablar, mirando los párpados de su marido.
— Dio dos palmadas al sofá junto a su muslo, para llamarme, en cuanto María me dijo que me lo podía follar. Que hijo de puta sobrado cabrón. Como si fuera un perro, me llamaba, así, tap tap. Pero vaya si fui, joder si fui. Ya verás. Tengo cara de imbécil mientras me levanto para ir a meterme eso. Y cuando me acerco y levanto las piernas me para con la mano… UUUhhhhh diossss… — La boca de Elena se cierra desde el labio inferior en una mueca agresiva y sus ojos se concentran en los de su marido, tensándose bajo el ceño fruncido — Y me gira para que le dé el culo. Y me doy cuenta de que María está delante del sofá, moviendo algo, una cámara que estaba en la mesa de la televisión. No me había fijado que esa cámara también estaba ahí. Recoloca la cámara y aparece Gloria, coge ella el móvil y yo en ese momento no me doy cuenta, sólo miro la webcam que María está centrando y me siento más desnuda de lo que me he sentido en mi vida…
Jose trata de relajarse al notar el nuevo pálpito de su polla, e imagina a María, desnuda, delante de su mujer, colocando la cámara en una mesa baja y los brazos en jarras. La imagina rellena de leche y poniéndose a cuatro patas para chupar la polla de su marido. Se imagina a sí mismo follándola por detrás mientras Elena está empalada por Adrián. Se imagina follándose ese culo diabólico y dejándose caer sobre su espalda, con los brazos caídos hasta el suelo. Y María moviéndose desde abajo contra él, sacándole la leche de nuevo.
— El cabrón sentado me azota el culo y yo no me muevo. En el vídeo sale mi culo azotado. Yo miraba a María, y él me abre las piernas con los pies… Y de repente me mete un dedo en el culo. Y María se ríe. Mi culo estaba empapado de mis propios flujos y no me dolió nada, pero me sorprendió.
Jose trata de reprimir las lágrimas, y eso hace que el latido de su polla aumente.
— Y yo creo que nunca me has visto así de enamorada, cariño. Y lo odio, te lo juro, te juro que lo odio, no me canso de decirlo. Pero cuando me agarra de la cadera y me atrae un poco abro las piernas y se me ve en la cara el amor. Estaba a punto de llorar mientras bajaba el coño para que me lo follase. Y aguanté como una buena puta, cuando me acerqué, sin llevármela al conejo. No sabía qué me quería follar, y no quería pasarme de lista. Fue él el que puso ese capullazo mojado en mi raja y me tiró para atrás. Me cogió del sobaco mientras para que bajase despacio y… no podía ni gritar. Ya lo verás en el vídeo, parece que se me está metiendo el demonio en vez de la polla de un cabrón. Me ardía hasta el corazón. La cabeza ya se me iba para atrás cuando la tenía dentro, pero en cuando sus huevos se me aplastan contra el clítoris y dejo caer el peso, de repente… Buff, joder… — Elena comienza a apretar de nuevo las piernas y se clava las uñas en el muslo mientras su culo comienza a moverse —… me mete los dedos en la boca y me tira para atrás, me… me agarra así, ahhí..
Entonces, se lleva la mano a la boca hasta meterse dos dedos, apretándose la parte baja de la mandíbula y empujándose la cara. Elena se empuja la cara hacia atrás y Jose, de nuevo, repara en sus enormes pechos montándose sobre su antebrazo y vibrando con el empujón que se da en la cabeza. Gime y saca los dedos de su boca para hablar, aunque su cuello continúa presionado por sus dedos pulgar, índice y anular.
— ahff… Madre de Dios… Y me aprieta contra él, agarrada así de la boca y… me tira para atrás, me lleva la cabeza mientra me corrrro cariño, me corro como una cerda, por fin con el rabo del vecino en el coño y no te creas que me deja correrme sin más, me… joder, me empieza ufff… a dar no azotes, no, ya lo verás… hostias en las tetas, así — y Elena le regala a Jose un adelanto del vídeo golpeándose tan fuerte con una mano que el sonido pilla desprevenido a su marido a pesar de que ha visto su mano abandonar su muslo mientras hablaba y alejarse de su cuerpo para coger impulso, plas PLAS!! — mfff... Jamás pensé que podía correrme así. Y la chiquilla estaba ahí, detrás… Grabándome la cara de puta mientras mi coño se llenaba de leche de macho. Y la muy guarra me sonreía como una chiquilla traviesa mientras se apuntaba a darme guantazos.
…………..
……
La noche anterior, unas cuantas horas después de volver de la piscina, María esperaba a su marido en la cama, leyendo. Cuando Adrián entró por la puerta, desnudo, hizo amago de dirigirse al baño del dormitorio.
— Eh. Que os he oído como todo el barrio. — Le detuvo María, sin sacar la vista de la pantallita del Kindle.
Adrián se detuvo sonriendo y miró a su mujer reflejada en el espejo de la cómoda, frente a la cama y junto a la puerta del baño.
— ¿Quieres que te cuente?
— Claro. ¿Te ha sentado bien salir hoy? No me digas que no lo tenía preparado.
— Hombre… Estaban las crías.
— Pero eso no se puede evitar, cariño. Viven al lado también.
Adrián se quedó pensativo, asintiendo con la mirada perdida, hasta respirar hondo y volver a sonreír a su mujer.
— Pues sonaba peligroso, pero lo necesitaba mucho. Y tenías razón, sólo estaban ellos, así que misión cumplida y hombre feliz.
— Me alegro, cielo. Ahora, cuéntame la follada que le acabas de dar a mi hermanita mientras te como la polla y los huevos, que sonaba interesante. Si te quedan fuerzas, claro. Me apetece jugar a la puta cornuda.
Continuará
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