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Degeneración Veraniega de un Matrimonio (10)

Adrián cree controlar su vida de pareja, pero las confesiones de su esposa revelan humillaciones grabadas que él no conoce. Mientras él observa a la vecina desde la oscuridad, su propia cuñada se desnuda a su espalda, invitándolo a cruzar la línea que separa la fantasía de la traición.

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Esta serie tiene relación con el relato “Mi hermana quiere vivir con nosotros (rs)”. ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato! Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)

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Adrián se detiene unos segundos en la puerta del baño, admirando a las dos hembras que le esperan tumbadas en la cama, y sonríe al darse cuenta de que María, una vez más, ha sabido ver la necesidad.

Ambas se abalanzan sobre él cuando se tumba boca arriba en el hueco que han dejado para invitarle. Gloria, a su izquierda, besa su cabeza y presiona sus pechos contra la cara de Adrián, masajeándole el hombro lentamente; María, apoyada en su pecho, acaricia sus huevos con las uñas.

— Olvídate de lo que te haya dicho la petarda. Estás de vacaciones.

Adrián sonríe y cierra los ojos, respirando hondo y dejándose mecer por las caricias.

— No estoy, no. Pero gracias.

María sonríe y besa su pecho, ampliando las caricias a su polla, que anda a media asta. Gloria baja por su cara hasta besarle el cuello y acomodarse sobre la almohada, encontrándose de frente con la sonrisa de su hermana mayor y un ceño levemente fruncido de cariñoso reproche.

— Nena, no me has mandado el archivito. — le dice.

— Es que está a medio — Responde Gloria.

— Pues al papá sí que se lo has compartido.

La joven entrecerró los ojos y adoptó una expresión traviesa escondiéndose en el cuello de su cuñado.

— Ay… ¡Que está muy verde!

— ¿Y yo lo puedo leer? — Intervino Adrián.

— No, tú no, hasta que no esté acabado.

Adrián sonrió, apretando la espalda de ambas con las manos para atraerlas más hacia sí en un abrazo conjunto.

— Pues me lo compartes, que yo te lo comparto a ti todo — insistió María.

— Vale, pero no se lo enseñes a tu marido.

— Ah, para leer es mi marido, ¿no? Para que te folle bien que le llamas “miamoooorr” — María alargó burlonamente la expresión mientras agarraba la polla de Adrián, que crecía despacio con el masaje de huevos.

— ¡Para que me folle es todavía más tu marido! Que me pone, jaja!

— Guarra.

— De todas formas estoy contando cosas sin explicar nada. Parece un cuento de brujas, o un documental de ovnis nazis, sólo a base de testimonios. — Y aunque Gloria sonríe, su hermana y su cuñado saben que su fastidio es profundo. Lleva meses planificando arrancar ese libro y no ha encontrado un sistema de trabajo que le permita ir más allá de las entrevistas con familiares y antiguos vecinos de su madre.

— ¿Puedo decir algo? — Interviene Adrián.

— Vale. — Responde Gloria, llevando su mano izquierda por el ombligo de su cuñado hasta encontrarse con el brazo de su hermana.

— A ver, la que mejor lo entiende todo, creo yo, es Celia, y es fácil contactar con ella; lo digo porque yo he escuchado a vuestros padres y lo que cuentan ellos es más leyenda de los primos que otra cosa. Como si de primera mano no supieran mucho y se lo hubieran contado los vecinos.

— Pero tú sí eres Cuéllar Cuéllar.

— Sí, pero saber saber sé poco. — Adrián perdió la vista en el techo y respiró hondo, mientras la mano de María se detenía agarrando sus huevos. — Lo que llegué a hablar con Javi de adolescentes y poco más. El resto es elucubración mía. Además, ni yo soy como Javi ni el Pegasio era como su hermano Acindino.

— ¿Es verdad que la Ascensión era su hermana? — inquirió Gloria.

— No, qué va, era su prima.

— Pues vaya tela.

— Oye, que sois mis primas también.

— Pero segundas.

— Sí, pero primas.

María había parado sus labios en un beso sostenido al pecho de Adrián mientras recibía las cariias de su hermana en el dorso de la mano, les escuchaba y masajeaba las pelotas de su marido.

— ¿Te la podemos chupar un poco sin sacarte la leche?

— Toda vuestra.

Gloria se lanzó primero a lamer los huevos de su cuñado, hincando su lengua en círculos, mientras su hermana agarraba el tronco de la polla con ambas manos y comenzaba a succionar el capullo, mirando a Adrián mientras le hablaba.

— Mmm… ¿Le vamos a enseñar los vídeos de su maridito el guarro? Uff… Hoy se lleva ella el lechazo gordo, que puta… louummmm gglogb…

— Ahh… Creo que no.. mfff… — Agarró con las manos las cabezas de su esposa y su cuñada, enterrando a Gloria en sus pelotas y haciendo a María tragar media polla — O al menos no hasta… que tenga ella algo… algo que enseñar también, y que.. ahh que esté calmada…

….

Jose, con la cara aplastada contra las tetas de su mujer, trataba de controlar la respiración y la velocidad de su propia masturbación, echando el culo hacia atrás para evitar que su polla hiciera contacto con Elena y no correrse. Controlaba con dificultad sus propios sollozos mientras la mano que lo sostenía por la nuca se engarfiaba contra su pelo, apretando un manojo hasta que comenzó a sentir el dolor en la cabeza y el tirón en los músculos de las orejas.

Elena continuaba narrando, y su voz se hacía progresivamente más grave, con ocasionales golpes agudos que a Jose le helaban la sangre tanto como lo ponían al borde del orgasmo, obligándole a decelerar su mano o apretar la base de su polla.

— Me la sacó de la boca y yo, puff… yo es que seguía ardiendo como si estuviera drogada… Gloria dejó de follarme y empezó a quitarse el arnés… y yo sólo podía mirarlos. Se me movía el culo sólo porque el coño me latía por dentro, como si me estuviese corriendo a cámara lenta. Y entonces vi que María me estaba grabando.

Jose rebufó contra las tetas de su mujer mientras su cabeza se ladeaba. ¿La habían grabado?

— Se me acercó despacio apuntándome con el móvil, con una libreta en la mano, y yo pensé que quería grabarme chupando. Yo estaba con la polla de Adrián encima de mis ojos mientras él se encendía un cigarro y me miraba como un montón de carne. Como con fastidio, o con desprecio, pero cachondo, porque le latía ese rabazo que tiene. Saqué la lengua y abrí la boca, cariño, mirándole la polla, ofreciéndome otra vez. Tenía la boca llena de sabor a rabo y quería más. Te juro que hubiera hecho lo que fuera por volvérsela a mamar. María me puso la libreta encima de las tetas y me pidió que saludara a la cámara. No sabía lo que era, pero me daba igual. Luego vi el vídeo, y es que me había puesto su nick de la webcam con mi DNI abajo y mi nombre. Me estaba registrando para emitir. Para que me vieran miles de personas poniéndote los cuernazos.

Jose detuvo la mano sobre su polla de inmediato para controlar la eyaculación. Sabía a qué se dedicaba María, e imaginarse a su mujer haciendo lo que le estaba contando delante de tanta gente, que además podía ser cualquier conocido y sin que ellos lo supieran nunca… Le dio un vuelco el estómago.

— Ufff… Y entonces el macho cabrío cabrón le quitó el móvil, me apartó la libreta y la cogió a ella por el pelo. Yo los miraba esperando expectante, maridito, para que me hiciesen lo que quisiesen. La hizo ponerse sobre mí en el sofá, con el chocho en mi cara, y le empujó el culo hasta que empecé a comerme mi primer coño, mirándolo a él. Y me acordé de que la noche anterior tú te la estabas follando, y casi me da la risa de pensar en lo que tu pichilla tenía que ser para esa tía, acostumbrada al animal de su marido. Su hermanita se lanzó a comerme a mí y vi cómo el pollón se acercaba otra vez a mi cara. Buff… lo sabía, se la iba a follar mientras yo le chupaba la almeja… Y lo hice, cariño, joder si lo hice. Empecé a chupar y tirarle lengüetazos a María mientras veía acercarse el pollón y empujarme la cara conforme se la metía. Yo tiraba lametones desesperada, te lo juro. Me corrí viendo su coño ensancharse con la polla de Adrián entrándole, justo cuando sus huevos se me plantaron en los ojos. Y yo lamiendo y lamiendo, otra vez con ese rabo en la lengua chupándolo todo lo que podía mientras salía y entraba. Nunca había visto una polla entrar en un coño así, tan de cerca. Tienes que ver eso, cariño, te va a encantar…

………

La madrugada anterior, tras volver de la piscina, Adrián subió a la terraza del ático con la intención de hacer sombras con la espada recta. Sin embargo, tardó apenas veinte minutos en volver a enfundarla y sentarse a liar cigarrillos. Se sentó en la silla de siempre y subió las piernas sobre la pared del jacuzzi hinchable. Desbloqueó el móvil, lo colocó en un soporte sobre la mesa y siguió liando mientras leía el artículo.

Una de las firmantes del artículo que le rondaba la cabeza tenía muchos similares, sobre bio máquinas y edición de genes, proteínas y hormonas. Buscó los tres que le interesaban: FOXP2, AVPR1A y OXTR. Y bingo, comprobó que había artículos del mismo tipo sobre ellos; y de la misma autora. Buscó el nombre en Google y aparecieron muchísimas más entradas de las que esperaba. Parecía una celebridad o una divulgadora. Algo horrible para estalquearla a largo plazo.

Se levantó, dejando el móvil en la mesa, y se asomó al muro, ojeando las terrazas del edificio residencial que había enfrente de su casa. Lo hizo haciéndose el despistado, ojeando a izquierda y derecha, por si la vecina del primero había salido también a fumar. Para que no asumiese que la vigilaba o acechaba. Respiró hondo y pensó en su prima Celia, quizá la única persona con la que esperaba poder tener una conversación sobre genes y proteínas y hormonas y todas esas cosas que aún hoy, tras diez años sin parar de estudiar, le costaba entender bien.

— A esa la tengo yo en el Insta.

A su espalda, Gloria ojeaba el móvil, de pie junto a la mesa. O había salido a la terraza sin que Adrián escuchase ningún sonido antes de esa frase o él estaba ensimismado.

— Joder que ninja. Sí, es una estrellita la moderna.

Gloria se acercó. Estaba desnuda, recién duchada, y se abrazó a Adrián por detrás, asomándose sobre su hombro.

— ¿A esa la pones nerviosa desde aquí?

Se refería a la vecina del primero, que estaba fumando en la terraza.

— Desde aquí no creo, pero sabe que la miro. Y cuando sale, a veces se esconde como con vergüenza y a veces parece que se exhibe.

— Jeje, pues hoy parece que está ovulando.

La vecina fumaba paseando, mesándose el pelo y haciéndose la despistada, pero remarcando su figura en el pantaloncito y sus pechos al levantar los brazos. Era una treintañera, quizá un poco más, quizá un poco menos. Muy alta y bastante espectacular, que trabajaba como monitora en el polideportivo los fines de semana. Miraba a los lados en la terraza desde su primero y se estiraba a ambos lados, enfundada en una camiseta ajustada y unos leggins, haciendo ondular un pelo castaño larguísimo, lacio y tupido, cogido en una sencilla cola de caballo.

— Si el problema es que ella nos ve a diario cuando le da la gana. — Añadió Adrián.

— ¿Pero has hablado con ella?

— Creo que no.

— Entonces no pasa nada, pero a mí me gusta, ¿eh? Yo sin problema.

— Ya, claro. Buena sí que está.

— ¿Y el marido qué?

— Pues por la pinta diría que es policía.

Continuará.

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