Xtories

Mi esposo, nuestro vecino y yo, MaryJo 10

Ricardo la miraba sin inmutarse, mientras Jaime la devoraba. No era solo sexo; era un juego de poder donde ella era la pieza, y el vecino, el ejecutor. ¿Hasta dónde llegaría la sumisión para alcanzar el clímax?

mariajose16K vistas9.5· 21 votos

Ricardo, agitado y agotado luego de correrse en mi interior, se afirmó en mis caderas jadeando de cansancio, pero pletórico de satisfacción y orgullo.

Sacudí mi cabeza para reordenar mi pelo que se me cruzaba sobre mis ojos.

Hallé la mirada piadosa de Jaime, había presenciado todo nuevamente, desde una ubicación privilegiada y creo que estaba impactado…

Su pene se había encogido a la mínima expresión y parecía que se refugiaba al interior del capullo de piel que formaba su prepucio...

Vi a mi marido, Ricardo, que se ponía de pie y abandonaba la sala…

Jaime soltó mis brazos y acarició mis hombros y luego ordenó mi pelo y despejó mi cara, todo esto lo hizo con tanto cariño que me encantó…, me sedujo.

Me miró a los ojos y se acercó y nos unimos en un beso…

Luego besó amorosamente mis mejillas y me rendí a su cariño…

Este hombre extraño, un intruso y aparecido en mi vida, nuestro vecino Jaime…no dejaba de sorprenderme, cada minuto era más encantador.

Y diluía las descalificaciones que mi marido me había proferido y aun resonaban en la sala y en mi mente, tratándome de puta o maraca.

Estos insultos aún resonaban en mis oídos y no me dejaban de doler…un nuevo bolero sonaba casi como un anuncio “Consolación”.

Escuché los primeros sones y mis glándulas lagrimales se abrieron como grifos…, inundaron mis ojos y lloré de pena…

Mis lágrimas rodaban por mis mejillas y mojaban todo lo que estaba cerca…

Jaime empezó a besarme y absorber mis lágrimas con sus besos, absorbía las lágrimas de mis mejillas y me consolaba con cariño…

Supongo que nuestro vecino me vio tan indefensa y triste que no dudo en acercarse a mí, uno de sus brazos los pasos por debajo de mis piernas y el otros alrededor de mi espalda y de un solo impulso me levantó desde la alfombra del piso, en sus brazos

Me hizo sentir cómoda y protegida en sus brazos, le busqué su mirada en afán de agradecimiento…

Y hallé sus ojos llenos de compasión y amor…

En sus brazos me acunó y empezó a moverse lentamente al ritmo de la música…

Dejé de llorar y me dejé llevar por la enorme sensación de paz que en los brazos de Jaime sentía…

Entonces le pedí que me llevara al baño…

Me miró con algo de sorpresa, miró hacia todos lados buscando por dónde estaría el baño y entonces con mi cabeza le apunté en dirección del baño…

Rápidamente me llevó hasta el baño y en el camino nos cruzamos con mi esposo que no entendía qué pasaba¡!!

Entendí su cara de pregunta y le respondí al paso: -Me lleva al baño, me daré una ducha-

¿nos acompañas?

Mi pregunta lo descolocó y quedó a medio camino meditando mi respuesta e invitación…

Jaime ya se había orientado y al llegar a la puerta del baño cuidó de no golpearme con el marco de la puerta…

Ya en el interior de mi baño, me liberó y suavemente se inclinó para permitir que me bajara…

Me acerqué a él y me empiné para darle un beso de agradecimiento…

Ingresé a la ducha y abrí la llave y dejé correr el agua, pronto un halo de vapor cubrió el habitáculo de la ducha…

El chorro de agua golpeó mi cara y me despertó de un sueño, tomé el mango de la ducha y lo dirigí hasta mis senos y luego lo bajé hasta dejarlo entre mis piernas…

La sensación fue increíble…los chorros de agua golpeaban mi sexo y el agua escurría por mis vellos rizados, el agua temperada y la ducha golpeando mi sexo fue relajante, abrí mis piernas para permitir cubrir todos los rincones de mi sexo…

Los ruidos de la puerta de la ducha que se abrían me distrajeron y entre el vapor identifiqué a mi vecino que ingresaba…

No me dio tiempo para ningún tipo de respuesta, entró y de inmediato me besó. La ducha impactaba en nuestras caras y deshicimos el beso y nos separamos unos centímetros…ahora el agua salpicaba sobre mis senos…

Nos miramos y reímos como niños disfrutando de este baño tonificante…

Entonces abruptamente Jaime se agachó y empezó a lamer mi sexo con desesperación.

Jaime con mucha maestría me separó los labios de mi vagina e introdujo su lengua en mi sexo. El agua de la ducha caía sobre su espalda…

Miré hacia abajo y alcé una de mis piernas para facilitarle el acceso a mi sexo con su lengua…

Magistralmente Jaime introducía su lengua entre mis labios menores y mi vagina, la enroscaba y me rozaba el clítoris…

Decidí detener la ducha…operé los controles y el chorro de agua bajó su presión y quedó sellado liberando sólo unas pocas gotas…

Jaime agarró mis glúteos y comenzó a lamer mi sexo con más fuerza…

El juego de su lengua era fantástico, pero yo deseaba darle un premio mayor de mi explosión en otro escenario…quería explotar de gozo en la sala…

Entonces le dije: -Jaime, espera, para…, hagámoslo en la sala-

Levantó su mirada y se puso de pie, para no olvidar su pene curvo lo dejó en mi entrepierna.

Me miró a los ojos y nuevamente me besó…

Sentir de nuevo sus labios fue excitante, pero no quise distraerme en ello y deslicé la puerta de la ducha para salir y comenzar a secarme…

Salí y no tuve necesidad de alcanzar las toallas…, mi marido estaba allí esperándome con una toalla en sus manos…

Le miré a los ojos y su mirada era diferente, creo que por primera vez estaba disfrutando de la noche y de lo que él había planificado...

Esta vez se acercó a mí, y comenzó a secar mi cuerpo con la toalla, recorrió por completo todo mi cuerpo, cada detalle, se detuvo en cada una de las partes más íntimas de mi cuerpo con mayor devoción…, secó mi espalda y mis glúteos, mis senos con particular cuidado…, pasó la toalla por mi raja con especial dedicación…, era casi una despedida…secó mi ano…luego abordó mi sexo, mis labios mayores…

Bajó a secar mis piernas y se detuvo en ellas recorriéndolas en suaves masajes…

Eso me excitó más…

Pero si a mí me excitaba, a Jaime mucho más, su grueso pene encorvado se alzó y me recordó que tenía una deuda pendiente con esa polla.

Ya seca, esta vez fue mi marido quien me alzó en sus brazos y me llevó hasta la sala…

Cruzamos nuestras miradas mientras me cargaba en brazos y reconocí en sus ojos sólo lujuria.

Me dejó en el sofá como quien deja una ofrenda para la consagración del cornudo…

Se sentó a mi lado y me tomó una mano para darme confianza en lo que vendría…

Jaime se unió a nosotros, venía secándose y su curvado pene se movía de un lado a otro pavoneándose de sus formas…

Jaime se sentó a mi lado y ahora yo quedaba al medio de dos hombres. Mi esposo por un lado y mi vecino al otro costado, quien tomó la iniciativa y se acercó a mi buscando mis labios…

Le esperé con mis labios entreabiertos asomando levemente mi lengua, mostrándole lo ávida que yo estaba de su cariño…

Nos fundimos en un beso húmedo y nuestras lenguas se reconocieron y se entrelazaron procurando no liberarse más…

Todo mi cuerpo reaccionó liberando ondas de placer que recorrían desde mi nuca hasta la punta de mis pies. Mis vellos se erizaron y mis senos y pezones se endurecieron…

Jaime dejó de acariciar mi rostro y sus manos se movieron diligentemente hasta mis senos y mi entrepierna…

Eché mi cabeza hacia atrás hasta que sentí el borde superior del sofá que afirmaba mi nuca, solté la mano que mi marido aún me sostenía y abrí mis brazos y los apoyé en el respaldo del sofá, a la misma altura que ahora descansaba mi nuca…

Noté que mi esposo se ponía de pie, lo seguí con la mirada y comprendí que repondría la música que hace ya un rato estaba ausente…

No alcancé a pensar mucho más, cuando sentí una lengua ávida devorar mi monte de venus, reconocí de inmediato esa intrusa lengua…

También reconocí la nueva tanda de boleros seleccionada por mi esposo…

Esta vez mi esposo se unió a nosotros por detrás del sofá, besando mis hombros y reclamando mis labios, abrí los ojos y le vi, de pie por atrás del sofá, se acercaba a mi con una copa de Martini.

Ricardo puso la copa encima de mi cara acercándola a mis labios, fue justo el momento que al mirar la copa esta eclipsó con la luz de la lámpara y cruzó el color de destellos verdes del Martini extra dry los que me hicieron pestañear.

Alcé mi cabeza del respaldo del sofá y tomé la copa de Martini mientras observaba a mi vecino de rodillas lamiéndome mi sexo.

Bebí un trago de la copa y se la devolví a mi marido quien observaba absorto cómo nuestro vecino disfrutaba de mi sexo y tomaba posesión de mi cuerpo…

Mi vecino, recorría mi vulva y mis labios con enorme facilidad, yo sentada con las piernas abiertas no podía controlar como éstas tiritaban…

Me embargaba una tremenda emoción y mis manos y dedos se aferraban ahora a los cojines del sofá, los dedos de mis pies se retorcían de placer y mis talones endurecían la posición del pie poniéndolos de punta cual bailarina de ballet.

Otro lengüetazo en mi sexo me arranca un gemido que era casi un clamor, abrí los ojos pidiendo clemencia y hallé los ojos de mi marido que estaba en el éxtasis voyerista disfrutando de la escena…

Mi esposo aprovechó el momento para besarme, fue tan sorpresivo que no tuve tiempo de responder de otra forma…

Acepté sus labios, abrí mi boca…pero nuestras lenguas no se acercaron…, me pareció un beso vacío y ya extrañaba los besos de Jaime que me habían estremecido hasta la locura hace un rato atrás.

Mis cavilaciones decepcionantes y comparativas se acrecentaban a cada momento…

Jaime, nuestro vecino, se transformaba en un amante superior, con su lengua y manos alcanzaba cada punto de mi cuerpo y arrancaba de mí, cada vez, una nota de excitación diferente…

Ricardo dejó de besarme al ver que yo me retorcía de placer por lo que Jaime hacía acariciando y lamiendo mi sexo…

Abandonó sus besos y lo vi cuando rodeó el sofá y volvió a sentarse a mi lado…

Tomó de nuevo mi mano más cercana a él…

Nuestro vecino ahora empezó a ampliar sus lengüetazos por todo mi canal y algunos ocasionalmente alcanzaban mi ano…

Cada vez que lo hacía yo veía estrellas y me obligaba a cerrar los ojos de placer…

Los sones de un bolero atravesaron la sala y me distrajeron, era otra voz, eran otros tiempos…la interprete, Mon Laferte cantando “amor completo”

La escuché y sucumbí…

Abrí mis piernas al máximo, enterré las uñas en la mano de mi esposo y clamé:

-que me lo meta-

-que me lo meta de una vez-

Mi esposo Ricardo dirigiéndose a Jaime le ordenó:

-Jaime, méteselo-

Pero Jaime sin dejar de lamer mi sexo se asomó su cabeza entre mis piernas y le respondió dibujando una sonrisa llena de malicia…

Yo miraba aterrada a ambos buscando alguna explicación de lo que estaban tramando…

Jaime lejos de meterme su polla de inmediato, prolongó la excitación y nuestro vecino Jaime dejó de lamer mi sexo y puso su pene entre los labios de mi sexo. El tronco de su polla surcaba mi canal y su pene curvo provocaba que su glande hiciera contacto justo a la entrada de mi ano…

Nuestro vecino entonces comenzó a mover sus caderas en un vaivén eterno hacia adelante y hacia atrás…deslizando su glande y tronco de la polla por mi surco natural…

Su prepucio se arrastraba y se encogía en cada pasada excitando mi vulva…

Ahora comprendí la mirada y sonrisa cómplice entre ambos. Me harían suplicar por terminar esta placentera tortura y pidiendo a gritos que acaben y el vecino me penetre de una vez…

Los miraba alternadamente a ambos con mis ojos llorosos pidiendo piedad…

Jaime se excitó algo más y aceleró el vaivén, para mi pesar, sentía como hasta sus pequeñas bolas se sumaban a mi tortura y golpeaban en cada embestida mis glúteos…

La provocación era máxima…, estaba a punto de tener un orgasmo sin siquiera sentir esa polla dentro mío…

Clamé con mi mirada la ayuda de mi esposo…él me vio y luego de un breve beso me susurró al oído:

-Dile a Jaime que eres una puta y que estarás disponible para él cuando guste…-

Escuché con atención las instrucciones de mi esposo y las repetí sollozando de placer y lujuria….

-Jaime, soy tu puta…estaré disponible para ti-

Mi esposo le preguntó al vecino:

- ¿escuchaste? -

-Ehhhh, no…- Respondió Jaime…

Una nueva embestida me hizo gemir…y repetir mi petición:

-Jaime, seré tu putita y estaré disponible para cuando quieras –

Mi marido replicó, no te escuchamos¡!!

Entonces grité:

- JAIME, SERÉ TU PUTA PARA CUANDO QUIERAS, Métemelo de una vez por favor…-

-ya no aguanto- grité… y mis lágrimas nuevamente nublaron mis ojos…

Jaime esta vez se compadeció de mi y dejó de rozarme con su curva polla mi vulva…

La estacionó a lo largo de mis labios mayores y empezó a retirarse…

Mientras mi vecino retrocedía lentamente su polla, la piel de su prepucio excitaba todos los sensores de mi concha… y su glande en forma de callampa con su curvatura era un verdadero arado que surcaba y abría mis labios…

Mis labios mayores fueron los primeros que se rindieron sin ninguna oposición al paso del gigante, luego el ciclope se acercó a mis labios menores, eran la última defensa antes del acceso a mi vagina…

Allí ocurrió el milagro, el glande equivocó el camino, en vez de tomar el camino del medio, que lo conducía directamente a mi estrecha vagina, se deslizó al costado presionando uno de mis labios…

Al igual que una locomotora, la polla del vecino cruzó por los rieles laterales…

Logré ver la cara de sorpresa de mi vecino, que miró hacia mi sexo no comprendiendo lo que había pasado…

Entonces Jaime tomó su polla y la punta de su glande la ubicó ahora en mi monte de Venus…

Como una montaña rusa, ahora deslizaría su glande hacia adelante buscando el carril correcto y acceder a la boca de mi vagina…

Jaime, movió sus caderas lentamente hacia mí y su glande curvo avanzó, de los tres caminos a elegir, no erró y esta vez cursó el canal central…

Mi clítoris fue el primero en advertir que esa tremenda cabeza estaba sobre él, la presión del glande y el borde de la callampa provocaba ríos de excitación, en la mano que aun sostenía mi esposo le clavé mis uñas…

Ricardo gritó de dolor y exclamo: -mierda-

Yo reí de satisfacción…

Pero no duró mucho

Mi vecino embistió hasta el fondo y toda la piel y masa de su prepucio arrasó por mi canal…creí morir.

Pero aún faltaba…

Jaime retrocedió su cuerpo y su polla también…volvía al punto de partida, a mi monte de venus.

Desde allí dirigiría su siguiente embate, estaba todo tan lubricado y empapado que todo parecía fácil.

Apuntó y deslizó su glande por mi canal, abrió mis labios sin dificultades, traspasó mi clítoris y mis labios menores y alcanzó mi “camino secreto”, mi jardín de los placeres, tanta fue la excitación que cerré los ojos y mis lagrimas fueron expulsadas.

Ahora el glande de mi vecino estaba en la puerta de mi vagina, la piel de su prepucio estaba recogida y formaba una masa de piel suave, como terciopelo, que rozaba mi clítoris y eso me provocaba más excitación…

Miré a los ojos a mi vecino para tratar de adivinar el momento en que haría su embestida final…

Busqué ayuda apretando la mano de mi marido y lo encontré mirando absorto al vecino como me iba a penetrar y su otra mano la usaba para pajearse una polla fláccida, ya demasiado exigida esa tarde noche.

Volví a mirar a mi vecino y esta acción fue como una invitación para que se acercara…

Jaime se acercó a mi lo más que pudo, siempre procurando mantener su glande en la posición y no penetrarme aún….

Me susurró: -lo haré lento y despacio-

Y así fue…

Jaime movía en círculos sus caderas y lo primero que sentí fue su glande golpeando las paredes de la entrada a mi vagina…

Mis labios interiores se relajaban al máximo y facilitaban la entrada del glande…

Los músculos anillados de mi vagina se contraían y se adaptaban al tamaño del glande, el cual cada vez era más grande, hasta llegado el momento que mi vagina no se pudo expandir más y el glande penetró…

Un alarido atravesó la sala, ese alarido era la reunión de tanto placer acumulado y del dolor placentero que me causaba ser prácticamente desvirgada de nuevo…

Ahora, ya no había música de fondo…sonaba monótonamente el trac…trac de la aguja del vinilo resonando en la última pista del long-play de boleros…

Mi vecino cumplió su palabra y me penetró lenta y suavemente…

Su prepucio cada vez que se deslizaba sobre mi clítoris causaba estragos en todas las sensaciones de placer que sentía…

Por el interior, mi vagina intentaba adaptarse al tamaño del glande, pero su penetración me provocaba una mezcla de dolor y placer que nunca había sentido…

Clamé cuando su glande entró por completo en mi vagina…

Casi perdí el sentido, necesité algunos segundos para recuperarme…,

mi vagina cooperó abrazando al pene invasor.

Jaime lo sintió y dejó escapar un gemido…

Pero aún faltaba el vaivén que Jaime imprimiría durante la penetración.

Una vez dentro de mi vagina y con los embates de Jaime, su pene me penetraba cada vez más…

Mis sensaciones aumentaban a cada momento, mi respiración y mis pulsaciones estaban a tope…

Nuestro vecino seguía penetrándome con su curvo pene…

Yo respondía retorciéndome de placer y gimiendo en la sala.

Mi marido me abordó con pequeños besos en mis mejillas y ojos…

Jaime acercó sus caderas y su glande avanzó y me arrancó otro grito...

Ahora lograba sus 12 centímetros dentro de mí…

Sólo faltaba coronar el ingreso triunfal de su callampa en mi vagina.

Eso no tardó en ocurrir y cuando su glande curvo se acomodó a mi vagina, fue inevitable que su curvatura alcanzara mi punto G.

Cuando lo hizo, grité como endemoniada, me retorcí en la cama y grité de placer.

Cuando la curvatura del pene de Jaime alcanzó el final de mi vagina, mis ojos deben haber brillado de excitación.

La mezcla de alcohol y placer me hicieron perder el control y me fui a negro…

CONTINUARÁ

Continúa en