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La profesora de matemáticas 38

La procesión dura horas y la casa está vacía. Cristina sabe que Alberto viene por ella, no por la visita familiar. Esta vez, la inocencia de la joven se romperá contra la experiencia de él.

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Clara frunció levemente el ceño.

- Joder, ya has quedado mañana para follarte a Cristina.

- Sí.

- He de admitir que es una chica bonita.

- Espero poder penetrarle el culo. - Le anunció.

- Hala.

- Desde que estuve el año pasado con esa novia no lo he hecho con ninguno.

- Ya.

- Anda, ¿por que no vienes hoy a mi cama?

- No, ven tú a la mía.

Esta vez, Clara le recibió de frente, tal y como estaban durante la conversación. Ya se había bajado lo suficiente el pantalón para ser penetrada. Alberto sonrió al verlo.

- Que ganas tienes.

- Bobo.

- Y que celosilla eres.

- Mira que te echo de la cama ahora mismo.

Alberto la besó en los labios y volvió a subirle el pijama para tocarle las tetas.

- Hoy al menos no llevas las manos frías.

Alberto no respondió y la penetró con decisión. Con una mano le agarraba firmemente el culo atrayéndola hacia él y con la otra una teta. Clara ahogaba sus gemidos besando a Alberto. Nuevamente se corrió y le dio un pañuelo. Y de igual manera le limpió la polla.

- Ah, que has quedado con Cristina esta tarde, muy bien. ¿La de Anuncia?- Dijo Mariví durante el desayuno.

- Sí.

- Vale. Buena chica. Con su familia siempre hemos tenido buena relación.

- Me da un poco pena dejar sola a Clara, pero no pinta mucho.

- No te preocupes, que se queda conmigo. Iremos juntas a la procesión.

Alberto sonrió para sí pensando lo entusiasmada que estaría Clara con semejante plan.

- ¿También hoy tienes las tetas frías?

- Sí, pero no te las voy a enseñar.

- ¿Y el culo?

- Igual.

- Me gustan mucho los culos.

A Alberto se le hizo un poco largo hasta que llegó la hora de quedar con Cristina. Esta le había dado unas indicaciones claras de como llegar a su casa. Llamó al timbre y bajó Cristina muy sonriente.

- Hola, bienvenido. - Dijo dándole dos besos.

- Hola.

- ¿Quieres que te enseñe la casa? - Dijo sonriendo.

- Preferiría verla después. Podemos empezar por tu cuarto.

Cristina volvió a reírse.

- Por mis padres no te preocupes, la procesión es larga y luego es costumbre quedarse a tomar algo.

- Vale, enséñame entonces la casa y luego…

- Sí, luego… - Dijo sonriendo con picardía.

- Oye, a mi madre le he dicho que vengo a tu casa.

- Vaya, a mis padres no les he dicho nada. No me dejarían estar a solas contigo. Ni con ningún otro chico.

- Joder, espero que mi madre no diga nada.

- Pues si se ven, son amigas.

- No quiero meterte en un problema.

- No te preocupes, no pasa nada. Ya se me ocurrirá algo. Ya, les diré la verdad, que te he invitado yo para enseñarte la casa. A ti te conocen, no eres un extraño. Ya no soy una niña. - Dijo con gesto firme.

- Desde luego que no.

Era una bonita casa que había conservado bastante la estructura original. Le enseñó el salón, la cocina, dormitorios, baños, desván, corral y los bajos para los usos agrarios. Durante la visita ya se habían dado algún morreo y metido mano.

- Es grande.

- Sí. - Respondió Cristina.

- Me gusta esta casa.

- La de tu familia también es bonita.

- Sí, pero no tiene calefacción, aquí se está bien.

Cristina volvió a reírse y Alberto la veía muy sexy cuando lo hacía.

- Me gusta mucho cuando sonríes.

- Gracias. Bueno, ahora sí te enseñaré mi cuarto.

- Ah, es la puerta que antes hemos pasado de largo en el segundo piso.

- Sí.

Subiendo de nuevo las escaleras, Alberto que iba detrás, aprovechó para abarcarle todo el culo con las manos. Lo que hizo reír de nuevo a Cristina.

- Bueno, este es mi cuarto.

La habitación era amplia y tenía unas bonitas vistas desde la ventana.

- Estás muy sexy con esa ropa.

- Bah, si es la de andar por casa. - Dijo abriendo los brazos.

- Tienes una figura bonita.

- Gracias.

Se sentaron al borde de la cama y empezaron a besarse y meterse mano más intensamente. Alberto se decidió y habló a Cristina, vio la ocasión propicia.

- Cristina, ¿harías algo especial por mí?

- Lo que tú quieras.

- Como nos vemos poco.

- Quiero que me sigas enseñando.

- Sí, por ahí iba – Dijo sonriendo satisfecho por como iba la conversación. - Algo un poco distinto a la vez anterior.

- La vez anterior fue fantástica.

Cristina estaba intrigada y expectante, deseosa de seguir siendo llevada por el sexo.

- Para mí también. ¿No has estado con ningún chico desde entonces? ¿De verdad?

- Ya te dije ayer que no.

- Bueno, lo haremos con más cuidado aún.

- No hace falta, ya no es la primera vez. - Dijo algo ingenua. Ingenuidad que excitó a Alberto, que tampoco quería aprovecharse en exceso.

- Ya te digo que será algo distinto, sí, te follaré el coño. - Cristina asintió sonriente mirándole fijamente. - Pero si tu me dejas… me gustaría probar de penetrarte el culo.

- Vaya. - Dijo dando un pequeño respingo.

- Pero solo si tu quieres. - Dijo acariciándole el pelo.

- No, sí esto… es solo que dicen que es doloroso.

- No te preocupes, la vez anterior te pregunté y todo fue bien, esta vez será igual. Puede doler un poco al principio, pero a mi también la polla al tratar de meterla.

- Jo.

- Será una nueva experiencia. Si piensas que te va a doler te dolerá.

- Bueno, de acuerdo, con cuidado.

Los dos se besaron y luego empezaron a desnudarse uno frente al otro.

- Ahora te veré mejor que junto al río. Que polla tan bonita tienes.

Cristina se quitó una sudadera y se bajó los leggins que marcaban su trasero y que tanto había gustado a Alberto. Se quitó la camiseta térmica y se quedó en ropa interior.

- Déjame quitarte esto último.

- Vale, pero yo te quitaré los calzoncillos.

Alberto sonrió y se quedó expectante. Cristina se acercó con gesto lujurioso y le bajó los calzoncillos sonriendo. Su cara emanaba satisfacción de tener esa polla grande y bonita delante. Para ella.

- Jo, que bonita y grande. ¿Puedo empezar a chupártela?

- Puedes hacer lo que quieras.

Cristina le acarició el pene y lo pajeó. Su gesto era entre curioso y alegre. Se arrodilló y abrió la boca para engullirlo. Quería complacerle y ser capaz de metérselo entero ese cipote de nuevo.

- Intenta metértela entera. - Dijo Alberto como leyéndole el pensamiento.

Cristina sonrió y redobló esfuerzos.

- Que bien, como la otra vez, toda. - Dijo Alberto. - Así, suave, ummm.

Alberto le tomó la mano y le quitó el sujetador. Contempló extasiado dos tetas firmes, redondas y grandes. Tan apetecibles.

- Me encantan tus tetas.

Cristina sonrió mientras sentía las manos de Alberto recorriendo sus pechos. Alberto la había invitado a levantarse congiéndole de la mano. Se volvieron a besar y Alberto la llevó a tumbarse en la cama. Cristina sonreía deseosa de volver a follar con Alberto. Elevó las caderas y dejó que le deslizara las bragas. Alberto palpó la humedad de su coño acariciándole el vello.

- Tienes un coño muy bonito.

Cristina sonrió agradeciendo el nuevo piropo. Alberto le introdujo un dedo en el coño haciéndole emitir el primer gemido de la tarde. Sin sacar el dedo se recostó encima de ella y pasó a lamer y succionar sus apetecibles tetas. Recreándose recorriendo con su lengua toda su amplitud. Le sacó el dedo por fin del coño y le amasó las blancas tetas. Acercó su polla y empezó a hacerse una placentera cubana. Cristina sonrió y empezó a colaborar.

- Déjame que te la haga yo. - Dijo sonriendo complaciente.

Alberto sonrió y observó las satisfactorias evoluciones de su amante del pueblo.

- Abre la boca.

Cristina la abrió al instante y recibió la polla de Alberto. Lo que le hizo reír.

- Oh, que divertido, me encanta. - Dijo cuando la polla regresó a sus tetas – Me encanta tu polla en mis tetas, que dura es.

- Y a mi tus tetas.

Alberto sacó su polla de la voluptuosidad de las tetas a pesar del placer que recibía. Se deslizó y empezó a lamer suavemente el coño de Cristina, que volvió a emitir gemidos de placer que se fueron haciendo cada vez más notorios.

- Como me puedes dar tanto placeeer, aaaaah.

- Pues ahora te la voy a meter.

- Lo estoy deseando.

Cristina abrió las piernas quedando expuesta de manera lasciva, como su sonrisa. Alberto la quiso penetrar lentamente disfrutando de cada centímetro. Cristina sentía lo mismo y abrió la boca mientras exhalaba un largo suspiro. Alberto la empezó a follar con suavidad y delicadeza.

- Yo también te quiero follar. Quiero demostrarte que sé.

Alberto paró y se tumbó boca arriba, dejando que Cristina se situase sobre él. Con gesto sonriente llevó la polla a su coño y empezó a cabalgar, primero despacio y luego con más intensidad. Lanzando grandes gemidos de gusto.

- Ah, aah, aaaah.

Mientra sentía el vigor de la polla en su interior. Ojalá pudiera hacer eso todas las semanas en vez de aguantar a los brutos. Alberto contemplaba las tetas de Cristina moviéndose en todas las direcciones y era feliz viendo disfrutar a su amiga. También lamentó las pocas ocasiones que tenían de verse.

- Aprendes rápido, follas muy bien.

Cristina sonrió por el cumplido y siguió esforzándose en complacerle.

- Para un momento.

Cristina se paró enseguida con toda la polla metida en su interior y se quedó expectante.

- ¿Quieres que probemos eso que te he dicho antes?

Cristina asintió.

- ¿Cómo quieres que me ponga?

- A cuatro patas.

Cristina se dispuso así de manera solícita y Alberto sonrió pensando en una de sus posturas favoritas y en desflorar ese culo. Alberto comprobó la tersura y suavidad del redondo trasero de Cristina, que culazo tenía y como iba a disfrutar penetrándolo. Su libido se acababa de disparar con la complacencia y candidez de ella. El rostro de Cristina emanaba deseo y candidez a la vez, era muy complaciente. Alberto quiso ser muy cuidadoso y no dañarla. Por un momento pensó en la rudeza con la que sodomizaba a Nati. Pero por fin iba a penetrar otro culo.

- Si te hago daño, dilo, no te contengas solo por contentarme.

- Gracias, encanto. Lo haré, ten cuidado que soy virgen del culo.

Por poco tiempo pensó Alberto. Para relajarla y que cogiera confianza empezó a lamerle el contorno del ano, abriendo y cerrando las nalgas con los dedos y siguiendo la labor.

- Nunca pensé que me daría tanto gusto que me chuparan el culo. - Dijo sorprendida.

Alberto siguió embadurnando de saliva la entrada anal, ahora ya a escupitajos y extendiendo con los dedos. Pensó que su polla necesitaba un poco más de lubricación y se la acercó a Cristina que entendió a la primera.

- Aún tiene tus jugos pero necesito que esté más mojada. - La sacó y le dijo – Escupe sobre ella, sin miedo.

Cristina obedeció algo confusa. Alberto rápidamente se colocó de nuevo a sus espaldas.

- Ha llegado el momento, ¿estás preparada?

- Sí. - Dijo girando sonriente la cabeza.

Cristina trató de relajarse mientras no dejaba de sentir curiosidad por lo que iba a experimentar. Recordó lo gozoso del polvo veraniego y deseó que así fuera. Alberto tomó cuidado con la polla dura como el acero como pocas veces la había sentido. Puso el glande a la entrada del ano y empujó muy lento hasta que lo hundió entero.

- Te he metido solo el glande, ¿va bien?

- Sí, noto algo en el culo pero nada más.

Más que vas a notar pensó Alberto. Hundió un poco más introduciendo unos pocos centímetros de tronco. Cristina se movió levemente.

- ¿Te he hecho daño?

- Un poco.

- Dilo. Te la voy a sacar. Tranquila. Esto es para disfrutar.

- Gracias.

Alberto observó que ya le había dilatado algo el ano y que estaba algo enrojecido.

- Está un poco rojo. - Le informó.

- No te preocupes, es normal, ya te acostumbrarás.

- Sigue.

- ¿Seguro?

- Sí, ya he descansado, soy una chica fuerte. Si vieras cuando ayudo a mi padre en el campo.

A Alberto le sorprendió un poco esa información. Tuvo la delicadeza de volver a embadurnarle la entrada y la oquedad que ya se vislumbraba.

- Allá voy.

La polla penetró con facilidad, para alegría de ambos, hasta donde había entrado en la primera intentona. Luego costó un poco más.

- Ummmm. - Exhaló Cristina.

Alberto la sacó un poco para relajarle un poco y hundirla un poco, dilatando así el hasta ese momento virgen orificio anal de su amiga rural. Le costaba cierto esfuerzo también a él vencer la resistencia.

- Aaaah. - Se quejaba levemente con un pequeño gesto de dolor.

- Ya queda menos.

Se la volvió a sacar y quiso ver el estado en el que le estaba dejando el culo.

- Lo tienes bien ya dilatado, eres genial, te va a entrar toda la siguiente vez.

- Tienes la polla muy grande. Me está costando un poco pero menos de lo que pensaba, tenías razón en que me acostumbraría. Sigue, quiere me que me enseñes bien como se folla un culo.

Alberto ya no puso más saliva y directamente y envalentonado por las palabras de Cristina, lentamente y sin pausa se la hundió hasta el fondo.

- Aaaaah. - Exhaló un gemido algo sordo y profundo.

- Ya está toda, eres genial, menudo culazo tienes.

Alberto empezó a sodomizarla suavemente. La hacía gemir suavemente pero cada vez notaba que eran más satisfactorios.

- Um, um, aaah, tenías razón, nunca pensé que fuera tan placentero follar por el culo. Aaaah.

- Aaaaah, sí, ya lo ves. Culazo.

La asió fuerte de la cintura y aceleró el ritmo. La polla ya entraba y salía sin dificultad del culo. Hasta Alberto estaba sorprendido.

- Córrete en mi culo, quiero sentir como me sube todo caliente por dentro.

Las grandes tetas se balanceaban rítmicamente. Alberto se la hundió por completo y empezó a derramar una gran cantidad de semen. Cristina sintió por primera vez el semen caliente dentro de sus entrañas, en verano recordó que se corrió en sus tetas. Cristina se derengó sobre la cama con gesto placentero en el rostro. La polla de Alberto conserva buena parte de su vigor y estaba pringosa de semen. El mismo que salía del culo de Cristina. La imagen era muy morbosa mezclada con su aspecto cándido.

- Voy a limpiarme la polla.

Alberto pensó que sería demasiado que se la limpiara después de haber estado en el culo. No al menos la primera vez. Y tampoco era como Nati.

- Y yo el culo. - Dijo incorporándose.

- ¿Qué tal la experiencia?

- Muy bien. Me ha gustado mucho, más de lo que creía.

Cristina sacó una risa tontorrona al mirarse en el espejo el culo.

- Joder como me lo has dejado, bien abierto. No he sentido que fuera para tanto.

- Joder con la virgen del culo. Ya digo que tienes un culazo.

Volvieron a su cuarto y se quedaron sobre la cama haciéndose gestos cariñosos.

- Quédate un poco más.

- Mira que si nos pillan así tus padres… - Dijo riéndose.

- No te preocupes, la puerta se oye bastante y nos daría tiempo a vestirnos.

- Y en semana santa, ya sabes… abstinencia de pecado.

Cristina se rió a gusto.

- Es una pena no vernos más. Te voy a echar en falta. - Dijo acariciándole la barbilla suavemente. - Aquí ya sabes…

- Nos veremos siempre que venga. Ahora tengo un gran motivo para venir más a menudo.

- Ven mucho.

- Ahora sí me tengo que ir.

Cristina puso un pequeño gesto de decepción pero no se quejó. Hizo como Alberto y empezó a vestirse.

- No, no por favor, quédate desnuda, prefiero recordarte así.

Cristina dejó el sujetador sobre la cama. Y acompañó a la puerta así a Alberto. Se dieron un largo beso de despedida y Alberto fue al encuentro de su familia. Cristina estaba exultante después de la tarde de sexo. Sintió morbosidad de ir totalmente desnuda por casa, nunca antes lo había hecho. Volvió a su cuarto y se vistió.

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