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ESTHER Capítulo 9

Tom no solo le ha organizado días de adrenalina, sino que ha trazado un plan para el futuro: dejarlo todo y vivir juntos en la isla. Pero Esther, acostumbrada a la independencia, se encuentra con una propuesta que cambia las reglas del juego y le exige una decisión que no puede tomar al instante.

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CAPITULO 9

DECLARACION DE TOM

Tom me observaba como quien vela el sueño de un bebé.

"Buenos días, querida, o tardes, jajaja es hora casi de merendar", me dijo.

"No me digas. ¿Porque me has dejado dormir tanto?, seguro que te he arruinado algún plan que tuvieras para hoy", le dije.

"No querida, Tu tranquila. Mientras dormías plácidamente he reordenado todo", me dijo.

"Eres un sol. Que hacemos, ¿bajamos a la piscina?", le pregunté.

"Como tú quieras. Ah, he llamado al hospital para interesarme por el hombre de anoche. Él está muy débil aún, pero he hablado con un hijo, que me ha dicho, que estaba fuera de peligro y que ha preguntado por la mujer que le salvó la vida. Se te acumulan los que te deben la vida", me dijo sonriendo.

"Ah, genial. Me alegro de que este mejor. La verdad es que hasta que no tienes una urgencia, no sabes cómo vas a reaccionar. ¿Crees que debería ir a verle?", pregunté.

"Sí, el hijo me ha rogado encarecidamente que vayas, que eso será aún más estímulo para su padre", dijo Tom.

"Bueno pues si te parece nos damos un baño en la pisci, nos duchamos, y vamos", le dije.

"Tu mandas princesa", me respondió.

Estuvimos un buen rato en la piscina. Aproveché también para comer algo. No había probado bocado desde la cena.

"Tom, te has enterado de quien era el hombre del infarto?, el dueño del local dijo que era una persona muy importante en Ibiza", pregunté a Tom.

"La verdad es que no, ni anoche viéndolo, aunque supongo que tendría la cara desencajada, ni hoy por el nombre que me ha dado el hijo. Pero bueno, si vamos a verle, saldremos de dudas", me contestó.

Después de un baño de dos horas, subimos a la suite a ducharnos, cambiarnos y nos fuimos para el hospital.

El hombre estaba en la UCI, como era preceptivo. Me identifiqué cuando llegué y se me abrieron todas las puertas, incluso me facilitaron un pijama por si quería visitar al paciente.

Le vi por los cristales, la verdad es que impresionaba. Tenía tubos y cables por todos lados, pero era el protocolo.

Me puse el pijama, y entré en la UCI. El médico de guardia me saludo afectuosamente y me puso al tanto de la situación del paciente. Me dijo que lo había pasado muy mal, que, si no hubiera sido por mi intervención, no habría sobrevivido, pero que ya estaba controlado y fuera de peligro.

"¿Está consciente?", pregunté.

"Sí, puedes hablar con él si quieres, pero no le canses mucho. Aún está muy débil", me dijo el colega.

Me acerque a la cama y mire el papel que colgaba de ella, más que nada para saber su nombre.

"Hola Arturo, como se encuentra?", le pregunté.

"Bien, cansado, pero bien. ¿Me atiende usted ahora?", preguntó. Su voz era entre cortada y débil, pero se le entendía.

"¿No me recuerda?", pregunté.

"¿Debía recordarla?", preguntó.

"Bueno, anoche tuvimos un momento de intimidad forzada", le dije.

Abrió los ojos todo lo que pudo.

"¿Fue usted la que me salvó la vida?", preguntó.

"Así es Arturo, con la colaboración de un enfermero que había en el local, y me ayudó. ¿Me recuerda ahora?", le pregunté.

"La verdad es que no recuerdo prácticamente nada. Lo que me han contado. Y si que el chico decía que no volvía y usted insistió e insistió hasta que volví", me dijo.

"Sí, resumido, pero así fue más o menos", le dije.

Como pudo buscó mi mano que la tenía sobre su brazo.

"Quería verla para agradecerle personalmente su intervención. Sé que es su profesión, su trabajo, y que siempre luchan por salvar una vida. Podía haber desistido como decía su compañero, pero no, usted siguió y aquí estoy. Muchas gracias Esther, no la olvidaré mientras viva", me dijo apretándome la mano visiblemente emocionadO.

"No se preocupe Arturo, era mi deber. Además, nunca se me ha muerto un paciente, y no iba a ser usted el primero", le dije sonriendo, y no mentía.

"Mi hijo, Samuel, que está fuera, tiene algo para usted, Esther. Le ruego lo acepte como muestra de nuestra gratitud", me dijo.

"Pero Arturo..", empecé a decirle.

"Esther, no querrá usted contrariarme. Piense que estoy malito", me dijo con voz ñoña.

"No, no, Arturo. Se lo agradezco mucho sea lo que sea", le dije.

Esbozó una gran sonrisa. Le di un beso en la mejilla y abandoné la UCI.

Fuera me esperaba el tal Samuel, era un hombre cercano a los cuarenta, que sin duda había sido informado de mi presencia.

“Doctora Esther, verdad?”, me preguntó.

“Si, así es”, le dije.

Directamente me dio dos besos en las mejillas.

“Discúlpeme pero es que le estamos tremendamente agradecidos por lo que hizo con mi padre”, me dijo.

“Bueno, llegamos a tiempo. Solo eso”, le dije.

“Realmente lo que más nos emocionó e impresionó, fue su perseverancia. Los testigos que nos han relatado los hechos, nos dijeron que le daban por muerto”, me dijo.

“Sí, soy muy cabezona. Realmente tampoco podía llevar mucho en parada. Había que intentarlo”, le dije.

“Mi padre quiere agradecérselo, y me ha pedido que la dé lo que me pida”, me dijo el bueno de Samuel.

“Pero, yo no sé que pedirle, es más le dije a Arturo que no necesitaba nada, si quiere un ramo de flores, y yo tan contenta”, le dije.

“Ah. Se me olvidó, el ramo ya se lo he mandado a su hotel. El señor que llamó esta mañana, no sé si será su marido o su pareja, me dijo el hotel y la suite. Y lo he mandado hace un rato”, me dijo Samuel.

“Mi pareja, si”, le dije yo por decir algo.

“Bueno pues mi padre, quiere hacerle un regalo, ya sea en especie o en metálico a modo de gratificación”, me dijo Samuel.

“Jo, pues no sé de verdad, no tengo ni idea”, le dije.

“Bueno pues aunque ya no se usan mucho, si me da su nombre le extiendo un cheque al portador”, me dijo Samuel.

“¿En serio?, de verdad que no es necesario”, le dije.

“Es un deseo de mi padre, y yo no voy a contradecirle”, me dijo.

“Está bien”, le dije, dándole los datos que me pedía.

Sacó un talonario del bolsillo de la americana, y escribió un momento en él, arrancando el talón del talonario y dándomelo.

“Pues aquí lo tiene. Disfrútelo y piense un poco en mi padre cuando lo haga”, me dijo Samuel.

Cuando miré el talón casi me da un soponcio.

“¿Como? Yo no puedo aceptar este dinero, en serio. Muchas gracias, pero no puedo, de verdad”. Le dije alterada al ver la cantidad que figuraba en el talón. 50.000 Euros.

“Bueno, Esther, el talón está hecho, y solo queda que lo endose, y lo deposite en su entidad bancaria”, me dijo Samuel dándome dos besos y despidiéndose de mí.

Me acerqué a la ventana de la UCI. Arturo lo había estado viendo todo. Le mire sonriendo y le hice un gesto de que estaba loco.

El me devolvió la sonrisa, y me tiró un beso. Nos dijimos adiós con la mano y me fui en busca de Tom.

“Te vas a ir con esa ropa?”, me pregunto.

“Joder, llevo el pijama. Ahora mismo me cambio”, le dije volviendo a entrar en urgencias y poniéndome la ropa que había traído.

De vuelta al hotel, le conté a Tom mi conversación con Samuel y con Arturo, y le enseñe el talón que me había dado.

“Un hombre muy generoso”, dijo Tom, “y sigo sin saber quién es”.

Cuando entramos en la suite, aquello no era un ramo de flores. Parecía una floristería, con una tarjeta con un escueto "MUCHAS GRACIAS".

Con la cena en el hotel y un rato en una de las salas disco del hotel dimos por finalizado el cuarto día en Ibiza.

Dormí con Tom y follamos, claro. Todo bien.

A la mañana siguiente, la prensa digital local se hacía eco de lo acontecido dos noches antes en el club liberal, y aunque disfrazaba el sitio como un pub normal, nos enteramos quien era Arturo, un importante constructor naval, y definía su estado como estable dentro de la gravedad que tenía un infarto de miocardio. Y hacía referencia a que afortunadamente dos sanitarios médico y enfermero, estaban presentes en el local y realizaron las labores de reanimación cardio pulmonar, hasta que llegó la uvi móvil.

Vaya, un constructor naval. No era mucha información, pero ya con el nombre completo, podía entretenerme en buscarlo en Google cuando quisiera.

Para hoy Tom me dijo,

"Querida, tengo organizadas una serie de actividades que podríamos decir son de riesgo, para quemar adrenalina. Una es el Parasailing, que es ir sujeto a un paracaídas en una lancha, la cual con la velocidad hace que te eleves y tengas literalmente el mar a tus pies. Luego un poco de submarinismo, para ver de cerca todo lo que se ha visto desde el aire, y por último motonáutica, que es un paseo en moto por el mar. Espero que te gusten, pero si alguna no te gusta o no quieres realizarla, no hay ningún problema ".

"Por supuesto que vamos a realizar todas, aunque me muera de miedo en las tres, jajaja", le dije.

"Eres intrépida, querida, no es fácil encontrar mujeres como tú", me dijo.

"Querido no voy a tener ocasión de hacer estas cosas más veces, así es que quiero hacer todo lo que tengas organizado", le dije.

"Bueno, querida, yo vengo aquí con frecuencia, y se pueden hacer muchos seminarios, y no te ofendas por esto que te digo, pero también puede organizarse un seminario indefinido", me dijo.

"¿Seminario indefinido?, ¿me estás sugiriendo que me venga a vivir a Ibiza?", le pregunté.

"Bueno, sé que es una pretensión imposible, pero cuanto más te conozco más te admiro, y más me gustaría vivir contigo", me dijo.

"Ah, o sea que realmente lo que me propones es vivir aquí juntos", le dije.

"Sí, bueno ya sé que es una locura, pero tenía que decírtelo", me dijo.

"Sí, si, es una locura, pero me halaga que lo hayas pensado, y te agradezco que me lo hayas dicho, pero he hecho tantas locuras desde que te conozco, que esta sería una más", le dije.

Ni yo misma sabía lo que estaba diciendo, pero no quería herirle.

"Eso conllevaría tener que divorciarnos los dos, y no sé cómo podrías tu atender tus negocios", le dije.

"Por mi parte no hay problema en ninguna de las dos cosas. El divorcio es algo que lo llevo planteando hace mucho tiempo, mucho antes de conocerte, y los negocios, como comprenderás ahora mismo hay gente que se encarga de que los negocios funcionen a la perfección sin mí, aunque con las video conferencias es como si estuviera en Texas, y solo tendría que ir cuando algo realmente importante reclamara mi presencia ", me dijo.

" Vaya. Me dejas sin palabras. La verdad es que estos días que llevo conviviendo contigo, han sido muy intensos y felices, y bueno, la proposición que me haces es muy seria, no puedo contestarte ahora mismo", le dije.

"No, yo no te lo pido. Solo que sepas lo que pienso de ti", me dijo.

La verdad es que aquella declaración me había descolocado por completo

"Lo dicho Tom, déjame pensar fríamente en todo esto y te daré una contestación", le dije.

"Sí querida. Vamos, nos esperan muchas emociones hoy", me dijo bajando al parking desde donde nos trasladamos a otra playa que aún no conocía para hacer el Parasailing.

De locos. Desde lejos veía a la gente que ya lo estaba haciendo, iban muy altos, no se calcular los metros.

Nos bajamos de la limusina, y fuimos al punto de salida. Allí nos pusieron un salvavidas a cada uno y luego un arnés que nos sujetaba por los muslos, la cintura y los hombros. No era fácil que aquello se cayera.

Nos llevaron un par de metros dentro del agua y nos pusieron un armazón doble donde sujetaron los arneses de los dos. Afortunadamente íbamos juntos.

Se acercó una lancha casi hasta la orilla y sujetaron una gruesa cuerda al armazón donde íbamos Tom y yo sentados.

La lancha empezó a moverse lentamente mar adentro y nosotros empezamos a izarnos sobre el agua del mar. La lancha aumentó su velocidad. Nosotros nos pusimos casi perpendiculares a la lancha. Aparentemente aquello era lo más alto que subiríamos.

La vista era increíble, no solo el paisaje sino también el mar, el fondo del mar.

Reinaba el silencio. Tom me miraba con ojitos de ternera melancólica.

"Te gusta querida?", me preguntó.

"Me encanta, es una pasada", le dije.

Y lo era, desde la altura el mar era totalmente distinto, con un sin fin de colores provocados por el fondo marino.

Me hubiera estado allí arriba toda la vida, pero aquello era un negocio, y la lancha tenía su recorrido.

Empezó a bajar la velocidad a la vez que nosotros empezamos a descender, cayendo más menos do de habíamos empezado. Una experiencia Flipante.

De allí fuimos a una especie de chiringuito que tenían montado en la playa donde nos ofrecieron diferentes zumos y frutas a modo de tente en pie.

Nos vino a ver el monitor de submarinismo que íbamos a tener.

"La señora ha hecho submarinismo antes?", preguntó.

Daba por hecho que Tom lo había hecho, como así era.

"No, nunca", le contesté.

"Bueno, como el agua está a buena temperatura no hace falta traje de neopreno, nos sumergirnos solo con la mochila del oxígeno y las aletas. Usted haga lo que hagamos Mr. Smith, que es un experto submarinista, y yo", me dijo.

Disipadas mis dudas, sobre la experiencia de buceo de Tom.

"OK, así lo haré", le dije.

Quedó en avisarnos cuando nos tocara.

Yo miraba a Tom, sin que él lo notara. Se le veía feliz.

Me preguntaba cómo sería mi día a día con él, si viviéramos juntos. Supongo que no habría actividades para todos los días.

Podría montar una consulta médica, no para ganar dinero, sino para pasar unas horas al día. Allí en una isla, tendría mucho más éxito que en una gran ciudad, al no tener competencia privada.

Y luego Tom seguro que tenía algún sitio para visitar, o navegar, o tirarme a la bartola en la playa....

En fin, eran sueños, y los sueños, sueños son.

CONTINUARA

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