ESTHER Capítulo 8
Con el corazón de su esposo latiendo en el teléfono y el cuerpo atado a una cruz de madera, Esther debe elegir entre el placer prohibido y su deber como médica. La noche ibicenca promete humillación, pero el destino tiene otros planes para la doctora sumisa.
Resumen del capitulo 7
La locura del día de navegación, continuo, aportando nuevas y placeneteras sorpresas a Esther.
CAPITULO 8
DIA DE TURISMO
“Ahora querida, cuando terminemos de desayunar, ponte la ropa que hubieras llevado a un seminario como el que se supone que estás haciendo”, y eso hice.
Unos pantalones cortos y una camiseta, era el atuendo perfecto para un seminario.
Bajamos hasta la primera planta del hotel. Había varias salas, seguramente destinadas a reuniones convenciones, y porque no seminarios.
Cuando entramos en la sala, aluciné, como con todo con Tom.
Había montado un seminario casi de verdad, con profesora, compañeras, manuales, y hasta fotógrafo.
Me hizo un puñado de fotos, sentada escuchando muy atenta, rodeada de compañeras, en la pantalla con la profe, primeros planos, luego en el exterior con alguna de las chicas. Todas con nuestros manuales bajo del brazo. Aquello convencía a cualquiera.
El fotógrafo, me paso por bluetooth las fotos y yo mandé una selección a Víctor, y puse otras en mi estado.
Víctor, enseguida me contesto, con me gusta, corazones, besos, etc, el postureo de todos los mensajes.
Luego fuimos al mercadillo hippie, y cualquier cosa que miraba más de la cuenta, Tom me la compraba. La verdad es que no sé que iba a hacer con tanta ropa, aunque si se me ocurrió llevarles un recuerdo a la gobernanta, a la encargada, a Rosa, y unos cuantos imanes para la familia.
Luego fuimos a comer a un restaurante, en una cala perdida. Aprovechamos y nos dimos un baño antes, para comer frescos.
Después reposamos un rato en unas tumbonas en la cala, y después nos fuimos a ver las cuevas. Eran un antiguo escondite y refugio en la época del contrabando, y tenía formaciones geológicas, una cascada e incluso un mirador en el camino de acceso desde el que se veía gran parte de la isla. A mí me daba mal rollo, como si fueran a salir piratas de cualquier rincón.
Fuimos al hotel a ducharnos y cambiarnos, me puse a instancias de Tom, un vestido ibicenco. Tan mona que iba yo con mi vestido todo blanco, semi transparente, y el lugar de la cena Sublimotion.
No me lo podía creer, el restaurante más caro del mundo, y aquello no se lo podía contar a casi nadie.
Al bajarnos de la limusina vimos que allí no parecía haber nada, sólo una fachada blanca con dos puertas metálicas del mismo color que lo mismo podrían haber sido la salida de emergencia de una lavandería. ¡Pero dónde demonios estábamos! ¿era una broma, un error?... No, se trataba de una "puerta secreta" y allí estaba Sublimotion.
Abrimos las puertas y llegamos a un pequeño vestíbulo donde además de darnos la bienvenida y terminar de desconectar de la realidad nos abrieron el apetito de la curiosidad y el de verdad con un gin-tónic de jengibre y una galleta de miso. Luego cogimos un falso ascensor al ritmo de música rock a tope de vatios para comenzar a calentar el ambiente y elevar las ganas de ser sorprendidos.
Llegamos a una sala en la que en el centro se encuentra la mesa donde los comensales viven lo que llaman "la experiencia". Todo está en calma, las paredes son blancas y te da la sensación de estar en un cubo o en un plató donde eres el artista invitado. Y como todo el mundo tenía los móviles en las manos haciendo foto tras foto, pues como que acompaña.
Allí no hay cámaras que te apunten, pero te invade la sensación de que estás siendo vigilado. Estás entre expectante y acogotado. Vamos que llegas a Sublimotion como un valiente pero como no sabes qué te espera, te asaltan las inseguridades. Es una parte del "juego".
En medio segundo pasas de estar "rockcaroleando" a la más absoluta tranquilidad. Y sigues sin saber qué se te viene encima. Entonces, alucinas al darte cuenta de que sobre la mesa se proyecta con un láser tu nombre en el lugar que debes ocupar. Eso te hace creer que eres alguien especial. Otro subidón. Y piensas ¿cuánta gente hay en el mundo que pueda vivir esta experiencia? Y subes, y subes...
Cuando te sientas en tu sitio David Bisbal te da la bienvenida. Y luego canta acompañado de una orquesta. Todo es imagen a tu alrededor, hasta la mesa, y las paredes se convierten en palcos. Te crees que estás en el Teatro Real de Madrid. No piensas, ¿pero cómo demonios he llegado allí?, pero casi. A continuación, una actriz ejerce de maestra de ceremonias y nos abre al mundo del champán Dom Pérignon Vintage; una cortesía Sublimotion.
Tras el primer trago del champán, sublime, llegan los platos: "Océano", el gazpachuelo cítrico con concha fina de Dani García que degustas en el universo de Avatar; el famoso "Huerto" de Paco Roncero, que cae del cielo en una cápsula y del que das cuenta en medio de la naturaleza; el "Central Park", vieira asada de Jersey con caldo dashi de beicon ahumado de David Chang que comes como si estuvieras en Nueva York; o el "Chaplin", una tosta de tartar de vaca vieja con erizo de mar, creación de Diego Guerrero, al que hincas el diente mientras ves una de sus películas más famosas 'La quimera del Oro".
En total son diez platos, incluido el famoso en el que te pones unas gafas de realidad virtual para comer unas Ensaladas Walford y César; el que degustas tras un inesperado cambio total de sala en un cabaret y dentro de la cabina de un avión, o el mágico traslado a un mercadillo de Tailandia en el que te levantas y vas de puesto callejero en puesto callejero para probar hasta 8 especialidades distintas.
Cuando estás en la gloria, bajas al "infierno" en otra inesperada transformación radical de la sala para dar cuenta de un atún ibérico con pimentón y boniato ahumado de Toño Pérez; que comes en un gran cuerno con fogonazo incluido: y terminas con un postre "monstruosamente" bueno del maestro.
Todavía queda probar los petit fours servidos en platos de Dj. que gracias a las fuerzas magnéticas levitan girando sobre la mesa con dos bombones en un platillo volador. Nos los comemos acompañados de un cóctel envueltos en un set con música e ilustraciones de Wally López, con mucha marcha, desatada ya una euforia total y con una lluvia de confeti para terminar.
Y ahora sí, el verdadero fin de fiesta tiene lugar en una terraza privada exterior donde la velada se alarga todo lo que quieras con las bebidas más premium. Y por si todavía no te has sentido la estrella de la noche, ahora sí la última sorpresa: puedes hacerte todas las fotos que quieras en un photocall mientras disfrutas de la noche ibicenca y ves pasar los aviones a pocos metros de tu cabeza. Sí, como casi todo lo que he vivido esta noche es de locos... pero tiene un encanto y un sabor irresistible.
Cuando ya pensé que iríamos para el hotel, Tom me dijo,
“Querida, tenía pensado ir ahora a un club liberal, pero si estas muy cansada, y saturada de follar, pues lo dejamos para otro día”.
“Jajaja, ya estoy recuperada de lo de ayer. Si quieres vamos, aunque no sé exactamente cómo funcionan esos sitios, nunca he estado”, le dije.
“Bueno son sitios de intercambio de parejas, cuarto oscuro, rincón fetiche, sala de masajes, habitaciones para tener más intimidad y un cine”, me dijo Tom.
“Y que es el cuarto oscuro y el rincón fetiche?”, le pregunté. No tenía ni idea
“El Cuarto oscuro es una habitación con luz roja muy tenue, o directamente sin luz, donde disfrutas del sexo con desconocidos, sin saber quién es. Principalmente es para ambientes gay.
El Rincón Fetiche consiste en un espacio dentro de la habitación elegida. Cuenta con una iluminación oscura e íntima y un mueble erótico al estilo de las películas de sadomasoquismo más impetuosas, en pocas palabras, es una estructura vertical en forma de X, también llamada cruz de San Andrés, que se inspira en una cruz heráldica con las aspas abiertas en distintos ángulos. Sobre este mueble erótico puedes inmovilizar a tu pareja y dar paso a una sesión de soft-bondage o disfrutar de un juego de roles sumiso y dominante más intenso.
Es una de las más conocidas dentro del mundo BDSM, ya que desde los inicios del sadomasoquismo forma parte de las mazmorras o calabozos dedicados a este tipo de prácticas y juegos. En esta cruz se permite sujetar las piernas y los brazos, con ambas extremidades abiertas, lo que permite el acceso completo al amo o ama al cuerpo del o la sumiso/a.
Este simbólico mueble permite incorporar una infinidad de elementos a tus juegos de BDSM, como spanking, mordazas, bondage, vendas para los ojos, cera, pinzas para pezones y demás objetos que hacen del uso de esta cruz una herramienta imprescindible”, me informó Tom.
“Vaya ese rincón parece interesante, aunque lo del sadomasoquismo, asusta un poco”, le dije.
“Bueno es más el ruido que las nueces. Realmente son juegos de dominación, nada extremo”, me dijo.
“Ya, ya, lo mismo lo pruebo”, le dije.
“Bueno, estamos llegando. Cuando entremos puedes elegir si ponerte mascara o no, y la ropa que lleves. Puedes ir desnuda si quieres. Hay taquillas para guardar las cosas. Yo diré que me avisen en cuanto esté libre el Rincón Fetiche”, me dijo.
Conociendo a Tom, no me extrañaría que echaran a los que hubiera dentro si había alguien, o que le montaran un rincón para él.
Yo opté por entrar sin máscara y desnuda. Quería vivir aquello en toda su intensidad.
Nos dirigimos a unos sofás que había que eran como camas improvisadas.
Tom hablo con un tipo en la barra, y al momento vinieron a buscarnos para que pasáramos al rincón fetiche. Ya sabía yo que Tom no era de los de esperar mucho. Un tío nos condujo a una habitación, no era muy grande, tenía la famosa cruz en la pared, una cama, y armarios que supuse guardaban el material.
El tipo me dijo,
"Señora, voy a prepararla. ¿Quiere antifaz?
Le dije que si.
"Como ve hay unas cortinas que cubren unos ventanales para que la gente desde afuera pueda ver o no lo que sucede aquí. ¿Como quiere las cortinas?, me preguntó.
" Abiertas ", contesté.
" Bien señora ", me dijo abriendo las cortinas y poniéndome muñequeras y tobilleras de cuero en muñecas y tobillos.
Por último, me colocó el antifaz. No veía una mierda.
Sentí como me sujetaba a la cruz, quedando, efectivamente mis piernas y brazos abiertos haciendo la forma de la cruz.
Al instante empecé a sentir manos que me sobaban por todos lados. Al momento sentí una polla abriéndose paso en mi vagina, hasta terminar totalmente dentro de ella y empezó a follarme con ganas mientras amasaba mis tetas.
Al poco se corrió dentro de mí. No habíamos cruzado ni una palabra.
Oí decir al tío que me había preparado,
"Lista, Sr. Smith. Ya pueden someterla".
O sea, que él era el que me había follado.
Oí varias voces diferentes dentro de la habitación. Y casi al instante un latigazo sobre mis tetas al que siguieron otros muchos más en todo el cuerpo. El saludo estaba siendo intenso.
Entendí que al menos había dos azotándome ya que oía los silbidos de los látigos, antes de impactar con mi cuerpo en dos direcciones opuestas.
Además de sus comentarios, diciendo que parecía una buena perra, que no me habían visto antes por allí, que me iban a arrancar la piel a latigazos, y eran al menos tres tíos distintos.
Ahora era mi coño el que recibía los latigazos, continuos, fuertes, los sentía de abajo arriba, como si estuvieran girando el látigo a toda velocidad.
A la vez, sentí un pellizco en cada pezón, y a continuación latigazos en las tetas. Me. Habían puesto una pinza en cada pezón y estaban intentando arrancarla a latigazos.
Y lo consiguieron. No pude evitar chillar. Aquello dolió como si me hubieran arrancado los pezones.
Aún estuvieron un rato azotándome, hasta que note como soltaban piernas y manos de la cruz.
Quizás me había pasado de valiente eligiendo el rincón fetiche. Pero ya estaba hecho.
Fue breve mi libertad ya que lo que hicieron fue ponerme de espaldas a ellos. Obviamente ahora le tocaba a mi culo recibir azotes, aunque esta vez solo me sujetaron las manos dejándolas piernas abiertas, pero sueltas.
Empecé a recibir latigazos por muslos, espalda, nalgas. Estos eran aún más fuertes que por delante. Escocia cada uno como demonios. Estaba segura de que me dejarían marcas en toda la piel.
Pararon. Note unas manos sujetando me por la cintura.
"Vamos a ver como traga este culo, sumisa", me dijo uno.
Ya me estaba metiendo la polla por el ano de un golpe follándomelo con ganas. Aquello era una mezcla de dolor a veces intenso, morbo y placer.
Parecía mentira un culo que había permanecido intacto 38 años, y ahora le entraban las pollas casi más fácil que en la vagina. Apreté mi ano con fuerza, lo cual hizo que el tío empezará a bramar casi al instante.
"Hija de puta, me ha apretado la polla con su culo que casi no podía sacarla", dijo el tío como justificando su corrida.
Empezaron nuevamente los latigazos hasta que de nuevo pararon, otras manos en las caderas y otra polla para adentro, esta vez en el coño. Me era más difícil manejar los músculos vagina les, aunque lo intentaba. Tampoco tardo mucho en correrse este, y yo con él.
Más latigazos y otra polla al coño hasta que se corrió. Solo me importaba que aquellos tíos estuvieran sanos y no me pegaran nada, aunque me tocaría hacerme un test de enfermedades sexuales a la vuelta a casa.
Me estaba enculando un cuarto tío, cuando por megafonía lanzaron un mensaje
"ATENCIÓN POR FAVOR, SI HAY ALGUN MÉDICO EN EL LOCAL, ACUDA URGENTEMENTE A RECEPCION".
El juramento hipocrático, se activó en mí.
"Suéltenme, suéltenme, soy médico", les dije.
El tío que me enculaba me la saco y en seguida note unas manos que me liberaban de las muñequeras y tobilleras. Me quité el antifaz, y salí corriendo diciendo a los tíos luego seguimos.
Me plante en recepción,
"Soy médico. ¿Que ocurre?".
Iba en pelotas, lógicamente y goteando semen de mi coño y culo.
"Creemos que es un infarto. Ya hemos avisado a urgencias", me dijeron saliendo corriendo hacia una habitación donde yacía un hombre mayor en la cama. Le tomé el pulso. 0.
Estaba en parada,
“Tienen desfibrilador?”, pregunté.
“No”, me contestaron.
Genial. Recordé todo lo aprendido.
"Ayúdenme", les dije, "vamos a ponerle en el suelo", entre dos le cogieron poniéndole en el suelo. Llegó un chico diciendo que era enfermero.
"Vamos a hacer una R. C. P. Básica. Tú te encargas de los soplos y yo del masaje cardíaco", le dije.
"Sí doctora”, me contestó el chico aún más nervioso que yo.
"Ya sabes, un soplo, cinco compresiones. Vamos, vamos", le apremie.
"Venga, hasta que lleguen las urgencias o le traigamos de vuelta", le dije.
Después de cinco minutos no volvía el hombre.
"Cambió", le grité.
Yo pasé a hacer los soplos y el las compresiones. Él tendría más fuerza y bombearía más el corazón.
“No lo recuperamos doctora, es inútil”, me dijo el enfermero.
“Sigue ostia, no te rindas nunca”, le contesté.
Tras cuatro series el hombre tuvo como una convulsión y empezó a respirar abriendo ligeramente los ojos.
"Ostia, ha vuelto, doctora, lo hemos traído de vuelta", chillaba el chico como un poseso.
Le tomé el pulso, era regular, aunque algo acelerado. Empezaron a aplaudir todos los que estaban mirando, aunque les mandé callar para no alterar al enfermo. Obedecieron. Alguien nos trajo dos albornoces que nos vinieron genial porque en ese momento llegaba la uvi móvil.
Le terminaron de estabilizar, y lo pusieron en una camilla para llevarlo al hospital. El médico de la uvi nos felicitó y pidió los datos para el informe. Ahora sí que me la había jugado. Quedaría en el informe que la actuación había sido en un club liberal.
Pregunté por el Hospital al que le trasladaban para interesarme por él.
Me dijeron que al Can misses, y se lo llevaron.
El dueño del local nos felicitó en persona, diciéndonos que habíamos salvado la vida a un hombre muy importante en Ibiza.
Le dije que nadie más que nosotros se alegraba por haberlo conseguido, pero que tenían que tener un desfibrilador, ya que allí el corazón era sometido a grandes esfuerzos.
Me dijo que lo había pensado, pero que eran muy caros.
“Mas caro es perder una vida humana por no tenerlo”, le contesté.
“Tiene razón doctora, lo pondré”, me contestó.
Volvimos a nuestros quehaceres no sin antes recibir de él unas invitaciones de por vida al local, que lógicamente al menos en mi caso, no iba a utilizar
El enfermero me dijo que en que habitación estaba, sin duda con ganas de profundizar más en nuestro encuentro, pero al decirle que en el rincón fetiche me dijo,
"En serio?, ahí es complicado entrar, pero si sales búscame, me gustaría conocerte más a fondo".
Le sonreí sin contestarle y me metí en la habitación. Ya tenía otro fan más.
Al entrar los de antes, supongo que serían ellos, Tom incluido, me aplaudieron y llenaron de felicitaciones.
"Bueno, señores ¿seguimos?
Había cuatro dentro más Tom que me miraron incrédulos.
"Discúlpenos doctora, pero visto lo que acabamos de ver, no seríamos capaces de someterla, más bien al contrario, nos postramos a sus pies", me dijo uno.
"Si, si, eso está muy bien, pero estas situaciones estresan mucho y yo necesito desestresarme. ¿Van a hacer algo al respecto?, o tengo que buscarme la vida en otras salas?", les pregunté.
"No, claro doctora, solo díganos que necesita", me dijo el tipo.
"Que sigamos donde lo hemos tenido que dejar, y ahora sin antifaz", les dije.
"Muy bien doctora, eso haremos", dijo el hombre quitándome el albornoz y volviendo a ponerme las muñequeras.
Una vez puestas, me sujetó en la cruz como estaba antes del aviso de megafonía, y el que me estaba enculando volvió a hacerlo en cuanto su polla adquirió la dureza necesaria.
Los otros con flogger en la mano me azotaban la espalda, los muslos, las tetas, pero lo hacían con miedo, como si no quisieran hacerlo.
"Háganlo como antes, señores parece que están haciéndome cosquillas en vez de azotarme", les dije.
Tom tomó uno de los flogger y les dijo, así señores, soltando dos latigazos en mis muslos, que vi las estrellas, pero Tom tenía claro, que para relajarme no lo iban a conseguir con latigazos suaves.
Los hombres, tomaron nota e incrementaron muy notablemente el nivel de sus latigazos.
Los cuatro dominantes saciaron con creces tanto sus ganas con el látigo como con la polla. Usaron mis tres agujeros. Aquel respeto que mostraban al volver a entrar en la habitación les duró poco, y pronto afloraron los insultos, los escupitajos, las bofetadas, en definitiva, la humillación más absoluta. La gente desde afuera miraba perpleja como aquellos cinco hombres, incluyendo a Tom, trataban a la doctora como una auténtica basura.
Ya con los cinco en las últimas, entró el dueño.
"Doctora perra, me gustaría preguntarle que marca o modelo de desfibrilador cree que es el más conveniente para el local".
Mientras esperaba mi respuesta se puso detrás mío y empezó a follarme el coño con ganas. Con la mano hizo señas a los que estaban fuera de que entraran. Sin duda había creado una gran expectación, y todos querían darme su presente en forma de semen en mi coño o mi culo.
Cuando salimos del local, ya era de día. No había pegado ojo en toda la noche. Mi coño y mi culo me ardían, igual que mi cuerpo con todos los latigazos recibidos. Pero, aun así, estaba satisfecha y relajada. Cuando me soltaron de la cruz me fije en el suelo, había un gran charco debajo de donde había estado. Semen, corridas mías, incluso me había meado, no podía más y me lo hice mientras uno me enculaba. Perdí la cuenta en 30 tíos, pero hubo muchos más detrás. Al salir me pare con el dueño y le pregunté,
"Tienes idea de cuantos me han follado?".
"Uhmmmm, pues todos los que quedaban en el local, a ver", dijo mirando el ordenador, "63, y sí, todos han querido rendirte homenaje a su manera".
Salí flotando. 63 +50 eran 113 tíos.
¿Dios, como me había vuelto tan puta?
Y lo peor, o lo mejor, es que realmente me encantaba. Cada situación vivida desde la noche de los texanos había supuesto una situación súper morbosa, súper excitante, y tenía unas ganas tremendas de repetirlas o superarlas.
Llegamos a la suite. Me duché y me acosté. Desperté a media tarde.
CONTINUARA
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- Relato #207300— title-regex: contiguous parts (7 -> 8)
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