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Mi esposa y la Pandemia. Capítulo 1

Claudio siempre creyó conocer a su esposa. Pero cuando la pandemia encierra a la pareja en su departamento, él descubre que Maite no está sola en la sala. A través de cámaras ocultas, Claudio ve cómo su mujer y sus amigas transforman su hogar en un escenario de deseo prohibido, y se da cuenta de que él es solo un espectador de la nueva vida erótica que Maite ha construido sin su permiso.

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Mi esposa y la Pandemia

Capítulo 1: Conociendo a mi esposa

Me presento, soy Claudio, tengo 28 años y me casé con Maite mi linda esposa apenas nos graduamos ella de periodista y yo de ingeniero graduado en una prestigiosa universidad de la costa. A ella la conocí en secundaria, cuando ambos llegamos a primer grado, si bien en ese entonces era bonita de cara y tiene unos preciosos ojos verdes que resaltaban en su piel muy blanca que a su vez contrastaba con su pelo negro próximo al azabache; en esa época era muy delgada, y por ser muy alta, todos la apodaron “la tallarín”, pero eso a mí no me importó, tal vez que junto a su linda cara era la mar de simpática y eso permitió que al poco tiempo fuésemos inseparables.

Yo en esa época era un activo deportista, fanático del voleibol y el futbol, lo que me hacía mantener un excelente estado físico, pese a que mi acelerado desarrollo que me causó algunos problemas, fuí muy popular entre las chicas, e incluso en algunas madres de mis compañeras. Así y todo, siempre andaba con “mi tallarín”.

Era tal mi apego a Maite, a la que consideraba como mi mejor amiga y en el fondo me gustaba como ninguna, que ingresé a la misma universidad que ella eligió,aún cuando no estaba en nuestra ciudad. MI tozudez fue de tal magnitud que mis padres aceptaron mi decisión, aún cuando no vieron con buenos ojos mi alejamiento por ir tras de Maite… solo después de grandes discusiones finalmente aceptaron, pues si fracasaba, sería solo mi culpa y yo no podría enrostrarle a ellos.

Aún cuando yo era muy popular, solo cuando nos graduamos de secundaria, tuve por primera vez en mi vida sexo con alguien que no fuera yo y mi mano, y fue con “mi tallarín”.

Como dije, con Maite perdimos la virginidad en esa oportunidad… lo que más recuerdo de esa importante ocasión, es que nos preparamos a conciencia, tanto que ella incluso le dijo a su madre lo que haríamos, la cual sabiendo que su hija esa noche se haría mujer, reaccionó de una forma inesperada para mí, ya que al verme me abrazó y con lágrimas en los ojos me dijo que fuera gentil con Maite, también recuerdo la mirada de su esposo padre de Maite que no entendía que pasaba (por suerte, pues es un gigante de más de 1,90 metros y unos 110 o más kilos de fortaleza).

El día de la graduación fuimos al baile donde lo pasamos muy bien, para después ir a un hotel muy especial, pues las habitaciones tenían diferentes tipos de ambientaciones, nosotros habíamos reservado una con temas de las mil y una noches… estábamos tan preparados que yo tenía un traje de Aladino en mi bolso y ella de “Mi Bella Genio” o “Princesa Jazmín”.

De esa noche, lo más espantoso fue nuestro ingreso, ya que nos sentíamos bastante nerviosos, pero la verdad es que ni el recepcionista, ni la mucama que nos guió a nuestra habitación, repararon en que éramos muy jóvenes, y con gran vergüenza en nuestra cara… Ahora que lo recordamos, solo nos reímos de lo pardillos que éramos.

Cuando nos encontramos a solas, se nos pasaron todos los nervios y vergüenzas. Es así qué, después de hacer un rápido reconocimiento de la habitación, nos cambiamos; ella en el baño y yo en la habitación. Lo mejor fue cuando Maite salió vestida con su atuendo de princesa Jazmin, creí que era el ser más maravilloso del mundo, ella se acercó a mí y cariñosamente con su dedo índice, me cerró mi boca abierta por el asombro y luego nos miramos, para dar paso a reímos de cómo nos veíamos.

Estábamos felices, tanto que nos sacamos unas fotos como recuerdo, como si fuéramos entrando a una fiesta de disfraces, después nos enredamos en abrazos y caricias… en ese día y momento, descubrí que “mi tallarín”, ya no era lo delgada que era cuando recién la conocí, pues sus actuales curvas ya se insinuaban. Al respecto debo decir que el desarrollo de mi chica fue algo tardío, tal vez por que su talla se elevó hasta el metro ochenta, solo cinco centímetros más baja que yo.

Esa noche en que nos entregamos el uno al otro, Maite y yo nos juramos amor eterno, y como les mencioné fue mágica. Aún así, cuando estuvimos por fin en el cuarto, Maite se tomó una “cuba libre” casi al seco, yo quedé sorprendido mirándola, ante lo cual mi Maite me dijo

Es para darme un poco de valor

Yo: ¡Oh!, pero si no quieres podemos esperar.

Maite: No, vamos corazón

En un comienzo Maite quería hacerlo con la luz apagada, pero yo no quería, pues deseaba verla en todo su esplendor, finalmente aún con gran vergüenza por cumplir con mi deseo, dejamos el mínimo de luces y se tendió en la cama boca arriba con las piernas abiertas.

Comencé juntándole las piernas, y tendiéndome a su lado, me acerqué para así besarla tiernamente… repartí mis caricias por todo su cuerpo, con ternura y en silencio, con el propósito de calmarla y calentarla a la vez… luego cuando sentí los primeros suspiros y su respiración se comenzó a agitar, le comencé a comer las lindas y juveniles tetas, acariciando su Monte de Venus con suavidad; todo con mucha delicadeza… al ver su agitada respiración comencé a penetrar su rajita a dos dedos, recorriendo los labios mayores, menores y clítoris, ella me sujetó la mano diciéndome.

Me da vergüenza que me toques ahí

Yo: Pero es para que estés lubricada y no te haga daño

Maite: ¿Cómo lo sabes?

Yo: Pregunté a papá.

Maite: ¿Le dijiste que era por mí?

Yo: No, solo salió en una conversación padre hijo hace tiempo

Con mis caricias, ahora Maite gemía de calentura y sus nervios se transformaron en deseo puro. El oírla gemir con tanto deseo, como nunca en su vida, pese a lo nerviosa que estaba por perder su virginidad, demostró el fuego que tenía en sus venas. Pronto todo ese fuego se transformó en acción y a los minutos movía sus caderas al son de mis dedos.

Luego de una sucesión de besos en la boca y sus aún juveniles tetas, ella se notaba más participativa pese a que los nervios aún estaban a flor de piel. Por lo que para relajarla aún más, me puse en posición de comida del cuidado coñito, pero ella lo impidió, me dijo que no estaba preparada para tal cosa, por lo que volví a comerle la boca y acariciar sus abultados pezones.

Recuerdo que recorrí su adorable conchita con minuciosa delicadeza y pronto me di cuenta que Maite estaba al borde de correrse, por lo que comencé a profundizar mis caricias por todos los lugares que se me ocurrían… su cola, su cuello, en su coñito, en su clítoris, en sus labios mayores, lamiendo sus pezones, produciendo la magia de un silencioso orgasmo, del que solo me di cuenta porque Maite me tomó la cabeza y se la hundió con desesperación contra su pecho, dejándome casi sin respiración. Su corrida fue desbordante… ella nunca había sentido algo así en su vida… noté como su coñito palpitaba por dentro, llamando a ser penetrado y del cual estaba manado mucho fluido vaginal.

Acto seguido nos besamos con dulzura, y esperé que se recuperara unos segundos, luego me recosté a su lado. Ella me miró tiernamente, por lo que supuse que estaba algo más recuperada… me puse el condón que papá me había comprado y me levanté, situándome entre sus piernas, colocando mi verga tiesa como un barrote frente a la apetitosa rajita… Luego volví a mirar a Maite diciéndole palabras dulces y cariñosas, mientras le hundía toda mi masculinidad entre las piernas alcanzando su humedecido coñito… acción que hizo que Maite, pese al dolor, gimiera en voz baja… En un principio me asusté un poco, pues creí hacerle daño, pero ella muy decidida, me pidió casi con desesperación, que no me detuviera, que se la metiera de una sola vez.

Obediente continué hasta llegar a lo más profundo de la vagina de Maite, la cual nuevamente dio un pequeño gritito de dolor, los que luego se aplacaron y confundieron con sus gemidos de placer, comencé un suave y acompasado mete saca.

Pasado varios minutos, tanto Maite como yo, comenzamos a mostrar signos del inminente orgasmo que nos asaltaba, por lo que la otrora virgen comenzó a decir en voz alta:

¡Sigue!!!… sigue que me… que me… ¡Que me corro!

Yo: Yo también me corro tesoro, aguanta un poquito, sintiendo los espasmódicos movimientos de la vagina de Maite y como mi amiguito era invadido por todo tipo de sensaciones mucho más potentes que las simples pajas que había disfrutado a la fecha.

Maite y yo: ¡Ahhh, ahhh, me coorrro!... ¡ahhh! decíamos los dos confundiendo nuestras voces en un anhelado orgasmo.

Descargué mi simiente en profusos chorros en la palpitante conchita de Maite, la cual era transportada al cielo por múltiples sensaciones nunca antes experimentadas por ambos, tenía un gran orgasmo seguido de una prolongada sucesión de réplicas. Ambos quedamos derrengados en la cama de las Mil y Una Noches, por lo que el deseo se extinguía. Saqué mi verga que estaba vestida por el condón pletórico de mi simiente. Mi verga estaba reduciéndose rápidamente, el condón traía al exterior los claros signos de la perdida virginidad de Maite… Me saqué el condón y con cuidado lo boté en el canasto de basura que estaba en el baño, luego agotado por el esfuerzo recién realizado, me tendí a su lado y la besé notando sus lágrimas, esperando que fueran de felicidad.

Maite: Mira cómo te quedó tu amiguito, dijo señalando el estado de la verga con restos de mi leche y rastros de su sangre.

Yo: No es nada

Maite: Por un segundo me preocupé

Yo: ¿Te duele algo?... ¿Cómo estás?

Maite: Muy bien, corazón, fue maravilloso, casi no me dolió.

Continuamos un rato en la cama besándonos sin dejar de acariciarnos, dedicándome a decirles palabras cariñosas y darle algunos arrumacos más, además como teníamos toda la libertad del mundo y ya perdidas las vergüenzas, nos dedicamos a vernos, incluso encendí todas las luces del cuarto, para verla mejor. Fue una noche inolvidable, pese a que regresamos temprano a su casa… simplemente quedamos más que felices por esta nueva etapa que iniciamos en la relación que teníamos.

Me gustaría decirles que la noche fue perfecta, lo fue pero ninguna locura, ya que no sabíamos mucho de sexo, por lo que no pasamos de unos simples misioneros, y muchas caricias, claro que lo achaco a la inexperiencia y vergüenzas de los dos… al respecto solo puedo agregar que por suerte mi padre me habló a tiempo del sexo y me explicó que las mujeres necesitan “mucho trabajo previo” para alcanzar el orgasmo, pues yo solo había visto revistas eróticas, en las rara ocasiones que tuve en una en mis manos ya sea en los recreos entre clase y clase, traídas por mis compañeros de contrabando al colegio o en la casa de un primo que se las sacaba a mi tío a escondidas.

Con el tiempo fuimos evolucionando como pareja, es así como el sexo entre los dos, fue mejorando paulatinamente sin ser muy alocado, pues ella en un principio era muy pudorosa, por no decir bastante vergonzosa, pero nos iba bien y con el tiempo nos complementábamos mucho, tanto que en los tiempos de la universidad, nunca buscamos a otra persona. Finalmente, no solo éramos los mejores amigos, y amantes, si no que estábamos enamorados… Qué mejor que fuéramos unos amistosos y felices amantes que nos complementábamos en casi todo.

Es así que apenas nos graduamos de la universidad y para felicidad de todos los parientes, contrajimos matrimonio, la fiesta fue apoteósica, la luna de miel pese a lo corta, fue de ensueño, llena de momentos felices y nuestro inicio de vida en pareja mejor, conseguimos buenos trabajos, vivimos en un pequeño apartamento en un buen sector de la ciudad, todo marchó bien en los inicios de nuestra vida conyugal. Luego llegaron nuestros hijos, primero los mellizos Andrés y Anton, y un año después Iñaki.

Me gustaría también decirles que a pasados unos años nuestro matrimonio es perfecto, pero no… después de nuestros mellizos, o sea de un tiempo a esta fecha las cosas se han vuelto un poco monótonas, por decirlo en forma simple… los dos “trabajamos como enanos” y pese a la llegada de Iñaki, el sexo se ha transformado en dos veces a la semana un misionero hasta llegar al orgasmo, sumado dos o tres caricias…

Yo siempre he intentado ser más creativo y “alocar” a Maite, pero ella ha sido conservadora, incluso por momentos añoro la época de la habitación de las mil y una noches, pero más allá de las insinuaciones e intentos de alocarla, no sabía cómo pedírselo a mí mujer….

Pero un día ya no soporté la monotonía y tuve que decírselo, pues ese día, al momento de que nuestros hijos de seis y cinco años estaban con una de sus abuelas, Maite evitó mis juegos y caricias, por lo que me enojé, y ella no reaccionó muy bien después de mi enojo, por lo que pasaron tres días de relaciones cortadas donde solo nos hablamos por cosas relacionadas a los chicos poco más o menos.

En esos días salió a casa de sus amigas, evitando conversar conmigo, yo por mi parte me encerré en mi trabajo todo lo que pude. En la tarde del tercer día de nuestro enojo ella me pidió que hiciera algo por ella y en agradecimiento por el favor concedido, ella me besó dulcemente, pero no le correspondí el beso, en otras palabra hubo contacto pero si hubiese besado a una almohada, hubiese sentido más pasión por mi parte. Maite al ver mi reacción, me pidió que nos sentáramos a conversar, ¡sin duda era muy necesario!

Maite: ¿Aún estás enojado?

Yo: Sí, eres una aburrida, dije volteando enojado para irme de la sala

Maite: ¡Pero qué dices!... ¡Claudio siéntate, tenemos que hablar!

Yo: Lo que tú digas, respondí algo arrepentido de mis palabras.

Maite: ¿Sabes de qué yo también quiero salir de la monotonía?

Yo: No, ni me lo imaginaba

Maite: ¿No te lo imaginabas?

Yo: No, con tu actitud y “cartuchismo” (palabra que inventé en el momento), nuestra vida de pareja se ha vuelto monótona y ya nada te entusiasma, el sexo es casi indeseable para ti.

Maite: Tal vez tengas razón, lo que pasa es que contigo siempre es lo mismo y tengo otros anhelos.

Yo: Ambos tenemos un punto en eso, ¿tal vez debamos cambiar?

Maite: Sí, pero ¿qué cambio?

Yo: No sé, pero nada raro, yo no quiero cambiarte, ni que tú me cambies por otro, te amo más que nadie y nunca te he engañado… y no quiero que me dejes.

Maite: Lo sé, y no seas melodramático, yo también te amo, y entiendo que debemos hacer algo para cambiar todo.

Yo: Estoy totalmente de acuerdo, como sabes, siempre he querido que nos aloquemos un poco, pero te quiero solo para mí, no quiero otro hombre en tu vida.

Maite: Lo sé, yo también soy conservadora y me avergüenzo fácilmente.

Yo: Podemos hacer algo diferente y aprender los dos.

Maite: Tienes razón, como sea, ya desde hace tiempo me di cuenta que no estaba en mí hacerlo, por lo que anteayer hablé con una amiga y ella me dijo qué cosas podía hacer o intentar, y estoy dispuesta a hacerlo…

Yo: ¡Grandioso!, podemos partir de inmediato, le dije

Si bien me molestó que fuese una amiga la que la convenció, yo después de tres días, no estaba para cuestionar ese punto y perder la oportunidad con la chica más bella y voluptuosa que había conocido en mi vida; por lo que muy contento me paré para ir a por ella. Lo extraordinario fue que a diferencia de lo ocurrido solo unos días antes, Maite se paró frente a mí y me tomó de “las solapas” de mi chaqueta y me atrajo hacia ella para besarme con pasión… nuestras lenguas se encontraron a medio camino y lucharon por invadirse una contra otra, luego se sentó en el sofá de la sala, arrastrándome con ella.

Me arrodillé entre sus piernas sobre la alfombra, y comencé a amasarle las tetas por sobre la ropa, las cuales desde la universidad han crecido hasta una imponente copa DD… Maite a su vez me acariciaba el pecho, la espalda, la nuca, ¡todo!... con un apasionado cariño, algo raro en ella… por un instante mis pensamientos sobre “la supuesta amiga” se esfumaron, y me dejé llevar por mi bella esposa y el embrujo de su verde mirada.

Sin desvestirla comencé a meterle mano bajo la falda hasta llegar a su coño que se humedecía rápidamente, lo notaba pues al tocar su tanguita que se incrustaba entre sus labios vaginales, estaban anegadas, ella nunca antes me había dejado hacer algo así fuera de nuestro dormitorio, y menos vestida de “calle”… Ahora Maite gemía por mis ansiosas y tórridas caricias, luego por primera vez en mi vida, y por iniciativa propia, bajó una mano para acariciarme la verga, la que estaba aún encerrada en mi pantalón pero que ya pugnaba por salir.

Aún no sé cómo lo hizo, pero bajó su peto, y corriendo un poco las copas de su sujetador dejó al descubierto sus preciosos y endurecidos pezones para que yo me deleitara con ellos directamente.

Mientras buscaba mi propio placer, una sorprendente y apasionada Maite, me acariciaba mi cabeza y mi verga. Durante media hora estuvimos besándonos y acariciándonos semi vestidos en la sala, debo reconocer que nuestro encuentro entraba en la categoría de memorable, creo que desde nuestra “mil y una noches”, nunca habíamos estado tan alocados, en eso y para mi sorpresa, Maite me dijo:

Maite: ¿Vamos al cuarto?... ya no puedo más

Yo: Pero aquí está bien…

Maite: No quiero manchar el sofá

Yo: Pero ¡qué importa!

Maite: A mí me importa. No me pidas que cambie del cielo a la tierra en una hora

Yo: Okey vamos.

Entramos a nuestra habitación besándonos y acariciándonos con furia, como si la vida se nos fuera en ello. Maite estaba tan deseosa de mí, como yo de ella… No pasaron ni dos minutos cuando sonó su móvil… ¡Uff!, qué inoportuno, por más que le pedí que lo dejara sonar, ella contestó, hablando con alguien que resultó ser su “amiga y confidente”, pues entre lo que conversaron, Maite le confirmó que estaba siguiendo su consejo… finalmente colgó y mirándome con una sonrisa que derretiría a un iceberg, se sentó junto a mí. De la conversación solo descubrí que a su “amiga”, la trataba de “Anto”, o sea, probablemente se llamaba Antonia

Apenas terminó de hablar, se puso a mi lado, y comenzamos a desnudarnos apresuradamente. Probablemente tanto ella como yo, ya no requeríamos de más preámbulos, y pasado el tiempo y los hechos acaecidos en nuestra vida, ahora creo que parte de la calentura de Maite se debió al reciente llamado… En fin, los dos estábamos que hervíamos por la pasión acumulada en los casi 40 minutos previos.

Terminado de desnudarnos entre risas y candentes caricias, nos abalanzamos unos sobre el otro, comencé a besarla por toda su maravillosa humanidad, el roce de su sedosa piel me erizaba los vellos del brazo, ella por iniciativa propia tomó mi verga y comenzó a pajearme, mientras yo amasaba sus tetas y apretaba con suavidad sus pezones, los que ya estaban henchidos de pasión, ¿qué pasó con la reticente Maite de hace solo un rato?, ¿cómo cambió del cielo a la tierra con solo una conversación?

Sin mediar más palabras comencé a pasarle mi verga por sus tetas ayudado por ella… Increíblemente Maite se dejaba hacer cosas que hasta ahora se negaba rotundamente… siempre le había parecido repugnante mi verga… Pese a sus “ascos anteriores” parecía otra Maite, por lo que pensé que era mi oportunidad y con algo de cuidado me monté sobre ella con la intención de hacer un sesenta y nueve, ella por primera vez en mi vida y me atrevo a apostar que en la suya también, me besó la punta de mi glande, para después de lamerlo, y con una voz sugerente decirme:

Mmm que rico, ¡cómeme el coñito pardillito!

Yo: No solo el coñito te comeré, corazón… mmm ¡qué delicia!…

Mientras ella torpemente me comía la verga, intentando tragarla, lo que causó que se atorara, comenzando a toser, yo en ese instante ya le besaba el coño y lamía sus piernas, al sentir su convulsión me asusté… Su tos casi provocó un accidente, pues con los dientes me apretó el glande, por lo que tuvo que dejarla a un lado, de no hacerlo yo corría el riesgo de que sufriéramos un muy lamentable accidente… entonces me dijo:

Cambiemos, tu abajo y yo arriba, pues es muy larga…

Yo: ¿En serio?....

Maite: Sí, por eso me atoré, jejeje

Yo: ¡Oh! claro, dije muy ufano por el “piropo” recibido

Nos cambiamos y yo acomodando las almohadas me dediqué a jugar con su botoncito de placer mientras ella hacía sus torpes, pero agradables maravillas con su boca y lengua, recorriendo cada centímetro de mi excitado amiguito. Cuando yo estaba por correrme, ella me soltó la verga comenzando a decirme:

¡Me corro mi amor!… me corro… ahhh… ahhhh. ¡Sigue síiii!

Yo: Sí córrete corazón, dale ahgff… mmfss contesté mientras seguía prendido a su coñito…

Maite comenzó a mover sus caderas sobre mi boca como si me follara, mientras no dejaba de tener mi verga en su mano, pero no la movía, solo la tenía. Eso permitió que no me corriera todavía. De pronto comenzó a tener espasmos vaginales y su coño se licuaba en mi lengua, hasta que dejó de moverse para caer derrumbada sobre mí. La dejé de “torturar” y solo le acariciaba el delicioso culo que tenía próximo a mi cara.

Maite: Me mataste pardillito mío, tienes una boca mágica… no sabía lo que me perdía… jajaja

Yo: Tal vez algún día no solo te coma el coñito, jejeje….

Maite: Mmm no sé qué piensas, pero creo que no me gustaría, jajaja

Yo: Nada malo, solo romperte el orto, jajaja

Maite: Lo suponía, pero no avancemos tan rápido, jajajaja

Una vez recuperada de su tremendo orgasmo, por iniciativa propia tomó mi verga y comenzó a pajearla para que recuperara su vigor, lo que sucedió rápidamente y montándose a horcajadas sobre mí, se empaló hasta la empuñadura, dando un profundo gemido de satisfacción, y mirándome a los ojos comenzó a cabalgarme diciéndome:

¡Acaríciame las tetas pardillo!.... que me gusta (no sé de dónde sacaba eso de pardillo, pero no me molestaba.

Yo: Como quieras mi putita, dije a modo de “venganza” por lo de pardillo

Maite: ¿Ahora soy tu putita?

Yo: ¿Te molesta?

Maite: No mientras sea en la intimidad y tú seas mi pardillo

Maite continuó con un suave pero profundo mete saca, su coño pese a lo mojado que estaba, era muy apretado, por lo que hice un esfuerzo para no correrme de inmediato, la verdad es que estaba delirando de caliente… tomándola de las caderas logré acomodarla bien e inducirla a mantener un ritmo adecuado para que yo no sucumbiera ante su apretado coño. Maite nuevamente gimió al tiempo que me miraba con una cara de gata caliente increíble, resaltando su rostro perfecto adornado por sus ojos claros… era una chica linda, tanto como la más bella de las Elfas de un bosque encantado

Sus movimientos de culo y mirada me indicaban que quería más, y con cada estocada que se autoinfligía gemía de pasión, pronto nuestras ingles se unieron a fuego… ahora con una Maite más controlada, me permití jugar con sus tetas, a mi total antojo y placer, incluso se las apreté y mordí sus pezones suavemente y ella me lo permitía, hasta que nuevamente se volvió salvaje, iniciando un frenético mete saca.

No sé, pero cada embate que tenía Maite sobre mi verga, me recordaba mi antiguo deseo de partirle el coño y el culo, este último deseo, lo tenía desde la universidad… tal como anteriormente he comentado, desde siempre había querido que Maite se “alocara” y ese deseo se estaba cumpliendo, gracias a su amiga Anto… por ahora deseaba que Maite se corriera gritando mi nombre, y acabara despatarrada a mi lado.

En un momento, me di cuenta que Maite volvía a agitarse, y su coño me apretaba la verga, sin dudas le venía un nuevo orgasmo, ya conocía cada una de sus reacciones y como pensé, ahora mi bella esposa lo gritaba a los cuatro vientos, mientras tomaba mis manos que con pasión y lujuria amasaban sus tetas. Mientras se corría, Maite con sus ojos cerrados invocaba a Dios, ¡estaba casi delirante! Así y todo, los dos seguíamos con el mete saca como si el mundo se fuese a acabar, nunca habíamos llegado a algo así… De pronto ella clavó sus uñas en mi pecho y abriendo sus ojos claros como nunca se los había visto, gritó:

¡¡Ahhh…. ¡¡No pueedo másss pardillo me matas, ahhhh… ahhhh!!

Yo: ¿¡Te gusta putita… te gusta que te parta el coñito…!?

Maite: ¡Síiii!, respondió para luego derrengarse sobre mí

No alcancé a decir nada más, pues increíblemente yo aún no me corría, tal vez por mi entrenado “autocontrol”, cosa que hacía desde joven… autocontrol que siempre necesité para no haberle partido el coño y sodomizado su culo cuando aún estábamos en la universidad… Lo más extraño, es que incluso con una belleza como mi esposa Maite, su nueva faceta de comportamiento y casi llegando al clímax, no podía dejar de pensar en la amiga Anto y su llamado… ¿Estaba demente?, además ¿de que me preocupaba?, si había avanzado en nuestra entrega mutua como nunca. Por un instante, no tan solo me preocupaba si no que también me sentí engañado, la verdad es que me gustaría saber quién era su amiga Anto y que había conversado.

Con mi deseo aún inconcluso y mi calentura en lo más alto, decidí correrme para mi entero deleite, por lo que tan pronto como Maite dio atisbos de recuperación, la puse en cuatro, con toda la intención de culearla, ¡sí de culearla! La verdad es que mi afiebrada mente solo pensaba en cómo sería partirle el culo… sí ese culo que tanto deseaba desde la universidad y que veía a diario en casa, ese culo que no me canso de admirar, pues es perfecto. Maite pagaría con su orto mis celos por su desconocida amiga. Me puse a puntearle el perfecto orto, entonces ella me dijo:

Maite: ¡Un momento! ¿¡me quieres culear!?

Yo: Sí…

Maite: Nunca me la has metido por ahí, ¡eso debe doler!

Yo: Bueno mi putita, creo que es hora que lo descubramos, según sé, sólo duele al principio, dije como sabiendo mucho del tema.

Maite: ¡No!, acepto que me folles, pero no por el culo mi pardillo, no seas loco, ya te dije que quería cambiar, pero no tanto, jajaja.

Yo: Bueno, solo lo haremos a lo perrito, no te preocupes, dije cediendo mi profundo deseo

Maite: Bueno, así y todo, se suave, me tienes el coño desbocado, jejeje,

Yo: Okey, pero ya veremos en el futuro si me das el culo, jajaja.

Maite: Cuando el infierno se congele, jajaja

Con la única autorización concedida, simplemente me puse tras ella, bajé mi amiguito todo lo que pude, le abrí sus lindos y tersos cachetes, para ver bien dónde metería mi verga y si bien dudé, con la tentación latente de culearla aún sin su consentimiento… finalmente dirigí a mi amiguito a la rajita del coñito medio abierto por la reciente follada…y se la puse completa, ¡de un solo golpe! Ella dio un respingo, pero siguió como una perrita fiel dejándose montar.

Aprovechando el envión, la tomé de sus caderas comenzando un rápido mete y saca que llegaba a lo más profundo de su ser, golpeando los duros cachetes de su culo con mi ingle, era como música para mis oídos. Sí aún me recordaba los “viejos tiempos” cuando era la envidia del campus y yo estaba caliente por follarme a una de las chicas más bellas de la universidad… la que además era mi novia en aquel entonces… ahora era mía y si bien aún muchos me envidiaban, estaba pensando simplemente darme el gusto de la forma más mezquina posible… ahora la follaba solo para correrme a mi regalado gusto, en tanto pensaba que a la que tenía en cuatro era mi Maite y por fin estaba “alocada”.

Mientras follaba en el cuatro a mi casi desfalleciente Maite, ella comenzó a recuperarse y pronto comenzó a marcar el ritmo con su culo perfecto, uniéndose a cada uno de mis embates, hasta que sentí como se volvía a inundar de flujo vaginal y apretaba mi verga con su coño, aceleré a fondo y me comencé a correr como “mico”. La verdad es que mi verga escupía una y otra vez mi leche, en el interior de mi bella amante, lo que desató un nuevo orgasmo en ella… ambos caímos derrengados sobre la cama y nos quedamos mirando… Nunca había sentido como se corría de esa manera Maite, es más, creo que nunca se había corrido más de dos veces en una noche.

Dado el gigantesco cambio de actitud por parte de Maite, los siguientes días parecíamos conejos en primavera, follábamos a cada instante en que nuestra convivencia con los niños así lo permitía, era como si quisiéramos compensar todos los años anteriores de sexo tímido y conservador… como dice su “santa madre”, el sexo es para procrear… claro que para mí siempre además de eso era también para demostrar amor, amistad, deseo y entrega por tu pareja.

Todo marchaba muy bien entre los dos, hasta que vino el tema de la pandemia y los confinamientos, cosa que nuevamente nos “cambió la vida”, pues a contar de ese minuto los niños siempre estaban en casa, sin dejar de lado que Maite quedó “atrapada al departamento por medio del teletrabajo, y si bien soy un “indispensable en la empresa”, las restricciones nos obligaban a limitar nuestra “privacidad” a las noches mientras los niños estaban durmiendo… eso de alguna manera volvió a llevarnos a la rutina… Afortunadamente sucedieron dos hechos importantes.

El primero de ellos es que mi “santa suegra” que es de profesión profesora primaria, pero que no ejerce desde hace algunos años, pues vive con mi suegro que actualmente es gerente bancario, se ofreció voluntariamente a enseñar a los niños en su casa de lunes a viernes, pues vive muy cerca de nosotros. Su amable ofrecimiento tenía el fin de ellos al no tener actividades educativas en su colegio, perderían mucho de sus notorios avances y eso a futuro eso les podía afectar.

Su generosa oferta que podíamos hacer aprovechando mis “salidas diarias” ya que sin problemas, se los pasábamos a eso de las 0800 horas y ellos los regresaban a eso de las 1830 horas, aprovechando el horario de “caminatas y paseos de mascotas”, ya que la distancia era muy corta, sin contar que el control en nuestro barrio era escaso. Este valioso aporte de mi adorada suegra era algo que Maite agradecía mucho, pues el trabajar en casa con los niños dando vueltas era para volver loco a cualquiera.

A todo este apoyo, además se sumaba y en mayor medida, agradecía también, que mi cuñada Amaya, hermana dos años menor que Maite, es médico. Ella es soltera y vive con sus padres. Actualmente está haciendo su último año de internado en pediatría, así que nuestros niños estaban más que cuidados.

El otro hecho significativo fue que después de unos días de cuarentena, nos organizamos con los otros “indispensables de la empresa” y quedamos que yo iría los lunes toda la jornada, y de martes a viernes solo las mañanas hasta la hora de almorzar o comer, por lo que podría llegar a casa a eso de las dos de la tarde, dejando lo que se podía hacer por tele trabajo para la tarde.

Cuando supe lo anterior, de pura felicidad quise darle una sorpresa a Maite, por lo que el primer día martes que se iniciaba el sistema de turnos de los “indispensables de la empresa”, llegué a casa y entré con una sonrisa de oreja a oreja, pero el sorprendido fui yo, pues mi Maite estaba con un grupo de chicas conversando animadamente y haciendo labores que no eran de teletrabajo, era como si estuvieran en una tertulia, por un instante pensé “afortunadamente no era nada malo”, como en casos que el marido o novio descubre que le estaban colocando una cornamenta o algo así… en todo caso igual me sorprendió, diría que casi tanto, como a ella mi imprevista llegada. Es más, me miró entre sorprendida y alegre y me dijo.

Hola mi amor, ¿¡qué haces aquí!?

Yo: Hola corazón, a contar de ahora tengo teletrabajo por las tardes de martes a viernes.

Maite: Pero que bien, así estaremos juntos por las tardes… ¡ahh! Te presento a las chicas, Lula del 417, Susi del 215, Jolene del 810, Paty del 910 y Lucy del 1015.

Yo: Hola chicas respondí, algo cortado aún por la sorpresa.

Con mi llegada alguna se quisieron marchar a sus casa, pero Maite las detuvo, diciéndoles que yo era super comprensivo y que iría a trabajar a nuestro cuarto, cosa que no tuve más alternativa que hacer… Mientras me instalaba pensaba que Maite no me había dicho nada de nada respecto a sus tertulias… en especial ahora que estaba esta maldita pandemia ¿Qué más me estaría “ocultando”?

Lleno de curiosidad, pensé en espiarla por medio de las cámaras de seguridad del departamento, un gran sistema de vigilancia, por no decir de “espionaje” o algo más, heredado del antiguo dueño y que yo con mis conocimientos de ingeniería me había encargado de recuperar y también mejorar, el que Maite consideraba estupendo para vigilar la casa y a nuestra nana de vez en cuando, cuando ella aún iba a la oficina de su empresa, pero que ahora no le importaba mucho. Es más, ella apenas sabía ver lo que pasaba por medio de su móvil, pues para lo demás estaba yo, especialmente ahora que nuestra querida nana estaba con su familia en el campo.

Bueno el sistema que mejoré fue un gran desafío pues el dueño se había llevado las claves de acceso y habían varios dispositivos desconectados, lo raro que descubrí que los del dormitorio, sala y baño seguían funcionando. Corregí las cámaras desconectadas, luego bajé los softwares que por ser algo antiguos ya estaban en internet y lo reinicié. Ahora no solo permitía acceder al video y audio de lo que ocurría en casa, si no que permitía grabar todo. Estaba instalado en toda la casa excepto en el la despensa y el lavadero, sospecho que el antiguo dueño era algo más que receloso de su seguridad, jajaja

Volviendo al tema eso de echar un vistazo me era posible, pero me contuve, no podía ser tan desconfiado, además que eran un grupo de chicas que estaban aburridas por el encierro y por ser jóvenes estaban poco temerosas del COVID. Además, siempre consideré que Maite me era sincera y leal, por lo que deseché mi oscuro pensamiento, además era un montón de chicas y ningún chico… en todo caso era un montón de chicas bellas, jejeje.

Por otro lado yo era un tipo ansioso y caliente, de hecho venía con una idea en mente, ¡Sí! quería follar a mi Maite antes de trabajar, frustrado mi deseo, me fui a mi cuarto y algo aburrido, se me ocurrió la idea de analizar a las chicas reunidas con Maite en mi sala… entonces me volvía a la idea de espiarlas… claro que solo con fines “científicos”, quería realizar un rápido análisis de las chicas de la tertulia y nada más, por lo que ni siquiera me molesté en subir el audio, pues con su conversación saturaba los micrófonos y se escuchaba como una bandada de loros.

Para el análisis de la primera de las chicas, enfoqué el sistema sobre Lula del 417, una chica de cabellos y ojos castaños que contrastan con su piel clara casi pálida, ¿no se pone al sol?... de ella sabía que estaba recién casada, muy joven… ¡Uhm! Bonita en general, cara de niña, diría que no muy alta, tal vez 1,65, tetas copa B o C, tiene un culo precioso.

El magnífico sistema de video, pese a lo antiguo, me permitía incluso girar las disimuladas cámaras y hacer zoom, realmente el sistema era digno de la KGB, pues está perfectamente disimulado en los tabique de los junquillos del cielo raso y paredes de la casa, probablemente le debió costar una fortuna al anterior propietario.

Enfoqué a la siguiente Susi del 215, es una bella rubiecita de unos veinte muchos o treinta y pocos, casada con un contador de una importante empresa, por lo que sé es maestra jardinera… bueno lo sé, ya que con su marido he hablado en la piscina muchas veces, él es un tipo simpático y conversador, casi lo opuesto a mí. Susi es de esas chicas que uno describe como muy amorosa, simpática y alegre, tal vez por su gusto y amor por los niños, más de alguna vez juega con los nuestros. Ahora no tiene que ir a trabajar y debe cuidar solo a sus hijas algo mayores que los nuestros de unos 9 o 10 años. Volviendo de mi divagación, Susi debe medir 1,70 metros, lindas curvas pese a lo estilizada de su figura. Bonitas tetas, diría copa D y un culo firme pero que no le hace justicia al resto de ella.

De ahí pasé a la que estaba inmediatamente a su lado, la mayor del grupo, Jolene del 810, esposa de un hombre de negocios, no sé de qué… es una rubia “monumental”, muy parecida a la modelo erótica Adele Stephens, como dije es la mayor del grupo, pero no desentona con Maite o las otras chicas, diría que de edad tiene unos 38 años, carácter serio, o eso me parece a mí, la verdad es que no he hablado mucho con ella, un buenos días, hace calor, ¿la ayudo con los víveres?, o sea nada

Dado el ángulo de esa cámara, cambié a la de la otra esquina de la sala, y me enfoqué en Rebeca del 910, una chica joven no muy alta diría que ronda el 1,63 metros, de unos veintiocho años, bonita como las otras… ¡Uhm!, mi esposa las elige bien, pues no hay ni una fea… Rebeca tiene “cara de caliente”, calza una copa DD o F, medidas a lo menos 100-66-100, tiene un culo y tetas que dignas de pecado, joder las tiene tan grandes como Maite, cuando recién la conocí hace un mes, no sabía si era casada o soltera, pues no le ví ninguna alianza. Por lo que gesticulaba con las otras chicas diría que es extrovertida y grandilocuente…. Hace unos días cuando comenzó la pandemia, Maite me comentó que es casada y según supe en ese instante, es enfermera y está casada con un médico ginecólogo, no sé si tiene hijos, ya que Maite no me lo dijo y a ellos después solo los vi en una junta de copropietarios del edificio.

Al lado de Rebeca está Lucy del 1015, tal como las otras es bonita, pese a que sus lentes de pasta no la favorecen, no tiene cara de caliente como Rebeca, pero hay algo en ella que me atrae… ¿será el morbo de los lentes tipo nerd?... es bajita, diría que mide como 1,60 metros… Lo más atractivo son sus tetas que fácilmente son copa F, lo sé porque le gusta tomar sol en la piscina comunitaria… lamentablemente de culo tiene tanto como yo, una lástima… Ella es soltera, pero no fanática, pues la he visto con varios galanes, los que cambia con frecuencia, por lo que sé, es abogado y trabaja en una importante firma de la ciudad.

La última me costó enfocarla, ya que al hacer zoom sobre ella se sale de pantalla, por lo que alcancé a captar en la presentación cuando llegué, se llama Paty, otra pequeña rubia, aunque a veces es también pelirroja, jajaja… no vive en el edificio, pero la ubico ya que como es amiga de Lucy. En alguna oportunidad conversé con ella en la piscina, antes de iniciar esta maldita cuarentena. Lo más llamativo de ella es que tiene cara de niñita incluso más que Lula… diría que tiene cara inocente, y si a eso agregamos que con suerte mide más de 1,55 metros, pasaría por una colegial preadolescente, lo único que la identifica como adulta es que tiene un cuerpo lleno de curvas… de tetas me atrevo a apostar que tiene copa D, y de culo… ¡Uff! Es tremenda, increíble, tiene un don culo, su “pavo” alcanza para la pascua, año nuevo, reyes y acción de gracias… no sé cómo alguien tan pequeña puede tener semejante culo… no piensen que es feo, al contrario se parece al de Patty Cake o Tiffany Cappotelli, ambas modelos eróticas.

Después de mi “profundo análisis” de las “extranjeras”, me puse a mirar a mi Maite, ella es muy simpática, como periodista se inició leyendo noticias en un canal de televisión, para luego pasar al tema de relaciones públicas y ahora ser asesora de importantes empresas en temas de sus relaciones con la comunidad. Ella para mí siempre fue la chica simpática, dulce e inteligente, como les mencioné su desarrollo fue algo tardío, tal vez dada su gran estatura, ya que alcanza el 1,8 metros, muy bien adornados con abundantes curvas, pese a lo deportista que siempre fue, y fanática del voleibol, sus medidas que la sé con total certeza son 96-64-92 y su copa es 36G. Desde que la secundaria siempre estuvo conmigo y no nos hemos separado nunca por mucho tiempo, con la excepción de algunas vacaciones familiares cuando aún éramos adolescentes o salida de chicas con su hermana y primas muy de vez en cuando.

Después de tanto análisis, me puse a trabajar o traté, claro que primero me tuve que calmar, pues mi amiguito estaba más que despierto, pensé en hacerme una soberana paja, pero después recapacité y aposté a que por la noche tendría la oportunidad de disfrutar de mi mujercita, claro que después de acostar a los niños, ¡espero que lleguen cansados!, jejeje

No sé en qué momento las chicas de la tertulia se marcharon, ya que cuando salí de mi encierro para ir a por los niños, mi amada estaba sola leyendo unos papeles y trabajando en sus obligaciones, no todo puede ser jolgorio… cuando la vi me miró y sonrió dulcemente por lo que me acerqué y la besé. En ese instante al acercarme a ella mi brazo rozó una de sus tetas… no sé que me pasó pero me excité de sobremanera, por lo que partió como un simple piquito se transformó en un tórrido beso francés derivando en un erótico “franeleo”, momento en que sopesé sus tetas a mi regalado gusto… lamentablemente Maite me interrumpió diciendo:

¡Mi amor, los niños!

Yo: ¡Oh sí!... voy por ellos.

Gracias eres un amor

Un poco más calmado fui a por mis nenes, caminando por las pocas cuadras con calma, pero atento a no toparme con alguna autoridad o control caminero relativo a la pandemia, afortunadamente no había ninguno y el viaje se tornó en solo un paseo. Mis chiquitos se alegraron de verme, su abuela también, porque me dijo que si bien le encanta tenerlos en su casa, son agotadores… No sé por qué, pero miré a mi suegra y realicé el mismo análisis, que hice con mi esposa y las otras chicas… mi suegra de unos muy bien conservados 44 casi 45 años, es una mujer de pelo castaño y ojos claros, diría que grises, de a lo menos 1,75 metros y unas curvas que atraen la mirada de los hombres, sus hijas salieron sin duda a ellas, diría que tiene curvas similares a las de Maite, más tetona tal vez, pero muy similares… por lo que sin duda la genética de la belleza proviene de ella, pues mi suegro es un hombre rubicundo, cincuentón con algo de barriga y una calvicie incipiente… Tal vez fue apuesto cuando joven, pero sin dudas su embellecedor fue el dinero, jajaja.

Por la noche después de acostar a los nenes, ya mi deseo por Maite era más que patente y cuando estábamos en el baño lavándonos los dientes, me puse por detrás y le arrimé mi hombría apoyando mi verga entre sus cachetes del culo y agarrándole las tetas para apretujarlas sin misericordia, ¡Uff! Que buena está mi chica y que caliente me encuentro… Maite pasada la sorpresa inicial, me pegó en las manos y con su culo me empujó hacia atrás y sacándose el cepillo de la boca me dijo…

Sé que ellas caliente, pero al menos deja lavarme los dientes, ya te daré tu merecido, jajaja

Yo: Perdón y estoy más que dispuesto a recibirlo, jajaja

Cuando por fin entramos al cuarto, comenzamos a besarnos tiernamente, mi temperatura como la de Maite subió in extremis y comenzamos a acariciarnos afiebradamente, hasta que en un momento Maite, con una iniciativa rara en ella, me tomó de la mano y me condujo junto a la cama, donde con suma delicadeza me comenzó a desnudar, me dejé hacer en silencio, aún no me acostumbro a que ella sea la que lleva las cosas adelante… continuó con ayuda de mi parte, hasta dejarme como dios me echó al mundo, para cuando finalizó su “trabajo”, mi amiguito estaba más que tieso, por lo que le dije:

Déjame desnudarte

Maite: No, quédate tranquilo, que te haré un pequeño show.

Yo: ¿En serio?

Maite: En serio, dijo besándome y tomando mi verga por un instante.

Maite comenzó a buscar en iPad y puso música, la reconocí de inmediato era “You Can Leave Your Hat On” de Joe Cocker, y comenzó a bailar desnudándose pausadamente, cosa que mantuvo a mi amiguito en alto, ya que me excitó aún más, si eso era posible, por lo que a los pocos segundos me acerqué a ella… pero Maite me detuvo, dándome un besito en la verga que estaba totalmente estirada. Maite: Veo que mi baile te gustó.

Yo: Estaría loco si no me gustara, solo sería a causa de algún golpe de niño, que me afectó el cerebro, jajaja.

Maite: Mmm espero que no…. Y por lo que veo, tampoco a tu amiguito.

Continuando con su baile, dejó caer sucesivamente su blusa, luego los pantalones… seguido por las bragas y el sujetador, que espectáculo más excitante… solo pensaba tanta carne para mí solo, que felicidad… ya deseaba metérsela completa a mi ángel. De pronto Maite se subió a la cama donde me había sentado después de su rechazo inicial y me tomó la verga para pajearla… me fue besando del pecho para abajo, hasta llegar a mi endurecida verga, introduciéndosela hasta la garganta…. ¡creí morir!

Maite: ¿Te gustó? Ahora terminaremos lo que quedó pendiente, jejeje

Yo: Sí, ya no puedo esperar más para hacerte mía.

Solo por un instante, pensé que Maite había cambiado del cielo a la tierra, tal vez al revés. Acto seguido, se puso decididamente a mamarme la verga y a mi sugerencia iniciamos un espectacular sesenta y nueve… Su coñito, tenía ese perfume a hembra que me excitaba cada segundo más y más, mi lengua empezó a explorar cada resquicio de su vagina, hasta encontrar su hinchado clítoris, mientras sentía como ella se esmeraba por deleitarse con mi verga.

Ahora sin dudas estábamos en el cielo, dándonos placer los dos, le tomaba sus tetas y se las masajeaba sin descanso, ¡que gusto!!!!... no sé cuándo, pero en un momento ambos empezamos a gemir y suspirar por la proximidad al orgasmo, dejé sus tetas para tomar su culo y mientras la masajeaba, enterraba mi cara en su Monte de Venus… profundizando su goce con mi lengua. Como nunca antes, los dos habíamos logrado llegar al orgasmo sin que le metiera mi verga en su coñito… un orgasmo que, al llegar, nos llevó del cielo al paraíso.

Entonces Maite se derrumbó sobre mi sin abandonar mi verga, recibiendo toda mi leche, la que pronto le rebalsó su boca, corriendo libremente por la comisura de los labios, creo que nunca me había corrido tanto en las últimas semanas, como también creo que nunca me había corrido en su boca y menos recordaba que ella tratara de tragársela.

Maite: Guau, eso estuvo genial exclamó… nunca creí poder hacer esto…

Yo: ¿Un sesenta y nueve?

Maite: No lo de tragar toda tu leche, que por cierto es asquerosa, jajaja, pero me sentí muy puta.

Yo: ¡Ah!... entonces mi putita, ponte a mi lado para que te coma tus maravillosas tetas.

Maite: Bueno si ese es el caso, voy gustosa, respondió levantándose y acostándose a mi lado, para besarnos antes de permitirme libar sus pezones, tenía sabor a mi leche, la que concuerdo es asquerosa, jajaja.

Luego de unos minutos en que nos dedicamos a acariciarnos, Maite se levantó para treparse sobre mí, chocando literalmente su culo contra mi verga. Entonces me dijo con voz muy sensual que ahora le tocaba “sufrir”… comenzamos a jugar, ella restregaba la rajita del culo contra mi verga, mientras yo con una mano la excitaba en sus labios mayores y clítoris y con la otra le amasaba sus tetas. Maite empezó a gemir, y suspirar pidiéndome que la dejara, que no la tocara, que no le hiciera nada, mientras su enorme culo se echaba hacia atrás, casi doblando mi erecta verga.

Otra cosa que me sorprendió, fue cuando tomó una de sus turgentes tetas, cuyo pezón estaba total y completamente erecto, y se lo comenzó a chupar… casi muero de la impresión y de la calentura… Maite se comportaba como una verdadera actriz porno… mientras ella hacía su “performance”, yo con una mano, volví al ataque y le tocaba su coño, el que encontré completamente encharcado por su casi incontenible flujo… ahora ella se restregaba con más fuerza por lo que le dije que no lo hiciera tan fuerte, que me la iba a romper la verga…

Maite: Entonces no me toques el coño.

Yo: ¿Entonces qué hago?

Maite: Solo déjate llevar y aguanta

Yo: ¿Puedo tomarte tus tetas?

Maite: Bueno, ya que tanto te gustan, jejeje

Le dejé el monte de Venus libre, recogí mis piernas para limitar un poco su arrastre sobre mi ingle y evitar que mi amiguito fuese lesionado, y tomé sus tetas, dos blancos melones preciosos, marcados por la línea de su bikini preferido, marcando un contraste de la claridad a un erótico tostado. Maite comenzó a restregar frenéticamente su rajita del coño sin cesar, moviéndose como una gata en celo… como una gata, que quería la verga de su gato.

Yo nuevamente no podía más de caliente y no sé cómo, de pronto se la metí con fuerza en su coñito, atrayendo con ambas manos su magistral culo hacia mí, deslizando mi hirviente herramienta como un cuchillo caliente en mantequilla, sentí como ella bajaba voluntariamente su culo sobre mí, Maite gimió suave al tiempo que dejaba escapar varios ahogados suspiros, al sentir como iba introduciéndose y luego saliendo mi candente verga en su interior; primero fuerte y luego despacio, con suavidad, profundamente, sin pausa.

Maite en todo momento siguió el acompasado movimiento que yo le imponía, ambos continuamos con caricias y besos, se inclinó y su boca iba de mi cuello a mis orejas, de allí a mis ojos, de allí a mi boca nuevamente, era como si quisiéramos aprender de memoria nuestros cuerpos… De pronto ella comenzó a incrementar el ritmo del mete saca, gatillando mi respuesta casi feroz, lo que me permitió arrancarle fuertes gemidos y suspiros, cada vez más intensos, no sé cómo los niños no despertaron… Maite ya no se medía en expresar su goce… su coñito se incrustaba cada vez más profundo contra mi verga… ¡De pronto!, en una profunda acometida, su vagina estalló en un gran orgasmo que no alcancé a presentir… así de caliente estaba Maite. Finalmente se desplomó casi inconsciente sobre mi acalorado pecho, sintiendo como sus tetas me aplastaban, era un goce sublime.

Yo aún no me corría, creo que por mi anterior corrida estaba casi seco, con sus menguadas fuerzas Maite se irguió un poco y me sonrió con dulzura, le correspondí con mi mejor sonrisa, ella tomó mi verga, por lo que comencé un lento y pausado movimiento pélvico que ella no rechazó y luego de un largo rato pletórico de caricias y besos nuevamente me corrí.

Nos tomó casi media hora recuperarnos algo… entonces y pese a que mi calentura extrema había pasado, volví a envergarla… aún ahora me pregunto cómo lo hice, pues hasta hacía poco tiempo antes, con suerte podíamos alcanzar uno o dos orgasmos en cada uno de nuestros encuentros…

A diferencia de lo sucedido hace solo unos minutos, todo fue más suave y pausado, hasta que alcanzamos un nuevo dulce orgasmo. Es así como mí ya reducida verga salió de su coñito, nuevamente manchada de semen y flujo vaginal… Maite me miró e inclinándose un poco la tomó y metiéndosela en la boca la limpió… eso nunca lo hubiese hecho antes, pues le daba asco el solo pensar que con ella yo orinaba y definitivamente el gusto a semen le desagradaba.

Cansados y con algo de sueño, seguimos acostados en la cama regaloneando, acariciándose mutuamente con ternura y conversando sobre lo transcurrido en el día. Maite lucía feliz por lo bien que ahora nos complementábamos y de cómo descubríamos un nuevo mundo del sexo, junto con que íbamos superando este periodo de pandemia y encierro, y por que no decirlo de aburrimiento… hasta que finalmente nos quedamos dormidos.

Los siguientes días de pandemia fueron pasando lento, pero con Maite nos fuimos descubriendo cada día más. Tanto era así, que ya podíamos hablarnos sin tapujos de que nos gustaba en la cama, además que por las tardes y fines de semana podíamos “jugar” tranquilamente, gracias al apoyo de su madre, la que a su vez disfrutaba de lo que más le gustaba de hacer, que era educar a sus nietos, ni siquiera mi madre le disputaba ese honor.

Dentro de todos estos cambios en nuestra vida, Maite me dijo que había acomodado sus reuniones con “las chicas” para los lunes por la tarde, ya que yo no estaba, y para los jueves, por lo que ese día, yo en forma excepcional debería encerrarme en nuestro cuarto, si eso no me molestaba. La verdad es que un día a la semana quedar encerrado en mi cuarto o yendo a casa de mis padres a verlos no era tremendo sacrificio, al respecto debo decir que mis padres y un hermano casado también vivían cerca… los cambios pedidos por Maite no me molestaban.

Tal como lo anunció, me preparé para el siguiente jueves, por lo que después de trabajar en la oficina, llegué a comer algo a casa y con la resignación de tener que encerrarme en mi habitación mientras mi Maite socializaba. Apenas entré a casa, una sonriente Maite me saludó con un delicioso beso y un apretado abrazo, la verdad es que eso me encantaba, era llegar al cielo y me ponía muy contento.

Terminado nuestro saludo pude percatarme como estaba vestida mi mujercita y lo “de buena” que se veía, tanto que tuve una erección casi instantánea… lucía un jersey de cuello alto con unos jeans elastizados, que hacían que cada una de sus curvas se luciera como nunca, es más, me atrevería a apostar que pese a tener unas tremendas tetas no llevaba sujetador… Otro detalle importante es que noté que estaba con unos zapatos de tacón que la hacían verse más espigada de lo que es con su metro ochenta, tanto que estaba de mi estatura poco más o menos….

Sin más me puse detrás de ella en la cocina donde me fue a calentar mi comida y con todo el deseo y lujuria que despertó en mí, le apoyé mi hombría en su precioso culo, al tiempo que le tomaba sus tetas y se las amasaba con pasión, luego metiendo mi mano dentro de su jean elasticado, alcancé su coñito y se lo amasé sin cortarme ni un poco, en eso ella me dice:

Corazón calma, que tenemos que comer pronto pues luego llegarán las chicas

Yo: Es que estás divina y te quiero dar…

Maite: Podemos dejarlo para después…

Yo: No sé si resista…

Maite: Ahh… el almuerzo…ahhh, dijo mientras mis dedos incursionaron en su coño y jugaba con uno de sus pezones por sobre el bendito jersey azul que cubrían su monumento de tetas, sí mi impresión que estaba sin sujetador era correcta

Pese a las palabras y su “débil” oposición, tomé el jean elastizado con ambas manos y se lo bajé violentamente hasta las rodillas, saqué mi verga de su encierro e inclinándola sobre el mesón de la cocina, se la metí en el coño sin miramientos… mi pensamiento fue: “nadie puede vestirse así y no pensar que ¡se la van a follar!

Maite: ¡Ahh!... no seas bruto… ahh… ahhh, para…. Bruto…

Yo: Lo siento Maite, me tentaste, estás muy putita….

Maite: No, no… no soy puta… ahh, más suave…. No tan fuerte

La tomé de sus caderas y le metía y sacaba mi verga con fuerza, ella pronto se humedeció aún más, y ya no reclamaba por la fuerte cogida que le estaba dando, es más, se subió el jersey, dejando que sus preciosas tetas quedaran apoyadas sobre el frio mueble… le di una cachetada en el culo, ella gritó

¡Ey, no me pegues en el culo!… que me puede quedar morado…

Yo: Es que estás muy tentadora y te lo mereces por ser tan puta…

Maite: Sí soy puta, tú puta y por favor dame duro pero no me pegues en el culo.

Yo: Como digas princesa

Le tomé una de sus tetas que estaban en el mesón y mientras me la cogía ferozmente se las amasaba con pasión, tratando de no hacerle daño o dejarla morada, pero me era difícil controlarme… ¡Uff!, que buena estaba y que rica cogida… Sentía como todo su ser se estremecía en cada una de mis estocadas, como mi verga resbalaba cada vez más, sentía como Maite era mía, hasta que me corrí en su interior, la verdad es que no sé si ella se corrió… fui muy mezquino, pero le dije con toda la dulzura que pude, que por la noche la compensaría

Yo: Me corro, me corro….

Maite: Me falta, ¡espera!… pero yo no pude aguantar.

Yo: Lo siento mi amor, pero te compensaré… dije luego de correrme

La levanté y la senté sobre el mesón me metí entre sus piernas quedando amarrado entre ellas y su jean elastizado, quedando sus piernas sobre mis hombros y mi espalda… entonces le comencé a comer el coño…ella se afirmó de la mesa y se dejó llevar por mis chupadas lametones y besos a su coñito, hasta que se corrió… el sabor de su coño se mezcló con mi corrida, pero no me importó, ambos disfrutamos como conejos en primavera.

Salí de mi incómoda posición Maite se bajó del mesón y se puso sus jeans, luego me dijo:

Lávate las manos

Yo: Sí amor.

Comimos apurados, pues según Maite, Jolene era muy puntual como buena británica y Lula también lo era, las demás chicas se tardarían un poco. En efecto, terminamos de lavar los trastos y llamaron a la puerta y tal como anunció Maite, era Jolene, por lo que la fui a saludar antes de ir a encerrarme a mi cuarto, la rubia inglesa “estaba de muerte”, pues vestía muy parecido a Maite, o sea unos jeans elasticados y un jersey cuello de tortuga el que a diferencia de mi mujer era blanco. Estábamos en el saludo y llegaron Lula y Rebeca, con tenidas similares, pese a que el calentón con la follada rápida de mi linda esposa, se me había pasado, el verlas me dejó encandilado como conejo ante los faros de un coche, por lo que las saludé medio nervioso y me retiré a mi encierro, por lo que no vi la llegada de las otras chicas.

Ya en mi cuarto me puse a trabajar, pero mi grado de concentración era mínimo, pues me quedó dando vueltas en la cabeza de que las otras chicas llegaran vestidas como mi esposa, por lo que a la media hora no pude resistir más la tentación y me puse a mirar las cámaras, lo primero que note en la vista panorámica de las cuatro cámaras que cubrían la sala y el comedor, es que ya todas las “invitadas” se encontraban en la sala y vestían de igual manera, por lo que todas estaban del “verbo tentador”, tanto que pensé hacer un video, pero me contuve ya que igual podía descargar las imágenes después, pues mi modificación al sistema me permitía grabar hasta seis meses de video en la modalidad de solo grabar si hay movimientos, de otra forma solo guarda los tres minutos anteriores al tiempo presente y tres minutos posteriores.

No sé de qué se trataba todo esto, pero la que llevaba la voz cantante era la madura Jolene, la que estaba de pie junto a Maite y la señalaba a ella como si tratara de resaltar algo de mi bella esposa, de pronto Jolene sacó de una maleta un sujetador y explicaba algo relativo a él, luego sacó otros similares y se los fue pasando a cada una de las chicas, para finalmente tomar las tetas de Maite y levantarlas un poco, como si sus manos fueran las copas del sujetador… mi verga dio un respingo y ya solo presté atención a ellas, luego mi bella esposa se sacó su jersey cuello de tortuga y comenzó a colocarse el sujetador el cual ajustó con la ayuda de Jolene.

Al ver que ella se probaba el sujetador mi verga enloqueció, pero eso no era todo, Jolene también se sacó su jersey dejando al aire sus tetas y les hablaba al resto de las chicas mientras se colocaba un sujetador con la ayuda de Maite… cambié a las otras cámaras y vi como el resto de las chicas imitaban a Maite y Jolene, sacándose sus jersey y colocándose sujetadores… en ese preciso momento me puse duro como una roca… ya mi trabajo había quedado de lado, afortunadamente no había nada urgente, jejeje

Aparentemente, Jolene promocionaba algún tipo de sujetador a las chicas y ellas sin cortarse mucho, se los probaban y lucían entre ellas, intenté colocar el audio de la mejor forma posible, pero solo escuchaba algunas frases inconexas y risas sin poder comprender nada de nada de lo que decían… pensé en ir a ver que pasaba en la sala, pero mi Maite me lo había prohibido terminantemente y creo con razón, pues entre prueba y prueba quedaban con las tetas ala aire, jejeje

El asunto siguió en el mismo tenor, tanto que para no seguir calentándome prefería cortar mi vigilancia a las chicas y dedicarme a trabajar, cosa que conseguí con mucho esfuerzo en poder concentrarme.

No sé qué hora sería, cuando las chicas se fueron y Maite entró al cuarto, pero ella muy melosa apartó mi computador y se me tiró a los brazos montándose a horcajadas sobre mí y con toda naturalidad me dijo:

Ahora vas a pagar el haberme dejado caliente, jejeje

Yo: Estoy dispuesto a recibir mi castigo

Maite no era la única que estaba caliente, pues yo ya desde hacía rato deliraba por ella y por las chicas… me las hubiera follado a todas, por lo que lo primero que hice metí mis manos bajo el jersey y me apropié de sus tetas, para chuparlas y comerlas a mi entero placer.

Mi amada esposa terminó por sacarse su jersey azul y me abrazó la cabeza enterrando uno de sus pezones en mi boca y con la masa de sus tremendas ubres casi me ahoga… ¡Uff!, por un momento estuve dispuesto a morir sofocado por tan mortales tetas.

No sé como terminamos de desnudarnos, pero sí sé, cómo ella se empaló en mi verga y me folló sin miramientos… saltaba sobre mí gimiendo, aullando y bufando a los cuatro vientos, no sé cómo los vecinos no llamaron a la policía, pues al no estar los niños con nosotros, no se limitó en expresar sus sentimientos y placer.

Cuando ya nos habíamos desfogado, nos vestimos sudados, húmedos, pringados de nuestros fluidos, pues nos debíamos de dar prisa por ir por nuestros niños, ya que no debíamos de abusar de la buena voluntad de mi suegra.

El fin de semana fue muy parecido a un día de semana cualquiera, pues los niños se levantaban con el deseo de ir a donde su abuela, la que no solo los instruía si no que los regaloneaba, además que en casa de sus abuelos tenían perros, canarios, piscina, mesa futbolito y un gran patio donde jugar, por lo que después de dejarlos nosotros nos dedicábamos a regalonearnos y disfrutar de nuestra estadía sin ellos. Cuando ya todo me parecía que marchaba bien entre nosotros, pues el sexo había mejorado rotundamente, Maite me dijo:

Cariño, deberíamos hacer algo diferente…

Yo: ¿En qué corazón?

Maite: En cuanto a sexo…

Yo: Pero hemos cambiado e incluso mejorado mucho…

Maite: Sí, pero así y todo se ha vuelto un poco monótono…

Yo: Pero hacemos el amor y follamos casi a diario y a veces más de una vez al día.

Maite: No es la intensidad y la cantidad, corazón, es que necesito hacer cosas diferentes.

Lo que me dijo, me causó un tremendo remezón en mi mente… ¿Qué quería mi mujer?... ¿Otro hombre?... ¿Matrimonio abierto?... ¡joder!... ¿Qué quiere ahora?

Maite: Creo que podríamos hacer algunos juegos de roles o tener aventuras… ¿Qué crees?

Yo: ¡Ah solo eso!... sí claro, sería entretenido no solo follar, si no que fuera una aventura, pero sabes mi posición, soy celoso y no quiero otro hombre en nuestra cama.

Maite: Lo sé corazón, yo tampoco quiero otro hombre en nuestra cama, jajaja.

Llegó el lunes y volvimos a la cuasi normalidad, por lo que me fui a la oficina, al regreso pasé por los niños y llegamos a casa, donde Maite nos esperaba con la comida preferida de ellos y por qué no decir la mía, bistec con papas fritas y melocotones con mucha nata de postre. Pero además de esa grata sorpresa, extrañamente Maite rehuyó que intimáramos, lo que no me produjo mucha felicidad, pero tampoco era muy terrible, pues solo el día anterior nos habíamos follado mutuamente hasta casi morir.