Xtories

Cuernos discretos III

María tiene el control total: su novio está de rodillas, desnudo y obediente, mientras ella sigue las órdenes de un hombre que no está en la habitación. Pero cuando el teléfono suena y César descubre la verdad, el juego de poder está a punto de cambiar para siempre.

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María pasó el resto de la mañana muy excitada, cuando llegó a casa para comer César había terminado de comer y estaba jugando a la consola. Cansada de ver lo mismo cada día sonrió para sus adentros y se fue a cambiar de ropa para después comer. Mientras comía en la cocina a la vez que excitada estaba nerviosa. Terminó de comer, recogió la cocina y se dirigió al salón donde su pareja seguía centrado en la pantalla y en el juego.

—César cariño, ¿puedes parar el juego? Quiero poner en práctica una cosa.

—Joder, mejor a la noche cuando regreses ahora no puedo.

—César por favor, es importante.

—¿Qué sucede? Ya lo dejamos todo claro ayer.

—Desnúdate y ponte de rodillas frente a mí.

—¿Queeeeeeeé?

—Vamos, haz lo que te he dicho ya, no tengo mucho tiempo. El tono de María había variado de forma drástica, cosa que excitó a César.

De forma acelerada se quitó el chándal y se quedó de rodillas ante María, se le veía muy excitado, en su mente se cruzaba la idea que podría comer el coño de María en ese momento. Avanzó a cuatro patas hasta el sofá donde María estaba sentada con las piernas abiertas.

—¡Quieto! NO TE MUEVAS. Cogió el móvil, se puso los cascos y pulsó la tecla de llamada al contacto AMO, se lo mostró a César.

—María, por Dios, ¿qué estás haciendo? El corazón de César palpitaba con fuerza.

—Tranquilo cariño, a partir de hoy me vas a desear mucho más. Se lo dijo con una sonrisa seductora y que guardaba muchas sorpresas.

—Pero…

—Shssss. Amo, ya estoy en posición mi pareja está ante mí desnudo. María estaba muy excitada, hizo un gesto con el dedo para que su novio guardase silencio. —Está muy excitado, yo también.

Al otro lado María escuchaba las palabras de su amo.

—Ahora te vas acariciar las tetas por encima de la ropa, y la otra mano acariciará tu coñito por encima de la ropa, repite mis palabras en alto.

—Sí, Amo.

Ahí Tito empezó a susurrar al teléfono lo que María tenía que decir ante César.

—Estoy muy caliente, esta nueva situación nos va a venir muy bien a todos. El Amo disfrutará de mí. Tú dispondrás de más tiempo, me desearás más y yo disfrutaré más de mi sexualidad.

María cada vez estaba más excitada, sus sentidos se encontraban con una sensibilidad como nunca antes había alcanzado. La voz de su Amo entraba en su interior llenando su ser de morbo, excitación, lujuria… cada susurro producía en su mente un chute de endorfinas. Si a eso le sumamos que siguiendo las indicaciones de su Amo se introdujo ambas manos bajo el tanga que llevaba, había impregnado sus dedos de su esencia, sacando la mano derecha mojada de sus propios flujos se la mostró a César quien aumentaba la velocidad de la paja que se estaba haciendo. Los puso bajo la nariz e inspiró.

—Amo, mi flujo huele distinto, un poco más fuerte de lo habitual, no es desagradable, me excita.

César alucinaba, y cada vez estaba más excitado. Mientras, María se seguía masturbando de forma lenta y suave, introdujo un par de dedos en su boca para saborear su propio sabor.

—Estás disfrutando de tu cuerpo, puedes gemir más alto. Tu aroma, tu sabor, tu tacto incrementan el placer que sientes, a la vez que puedes ver como él se masturba siguiendo tus órdenes. Colma tu ser con todas estas sensaciones. La voz de Tito la producía un placer nuevo. —Gime ante él, quiero que cuando te vayas a correr digas alto y claro “me corro cornudo, me corro” después suéltate y di lo que consideres. Ahora ha llegado el momento, córrete para mí, sigue así de forma suave y córrete para mí.

Tardó muy poco María en alcanzar su ansiado orgasmo.

—SIIIIII, ME CORRO CORNUDO, ME CORRO, JODER, ME ESTOY MEANDO DE GUSTO AAAAHHHHHH.

César eyaculó cuando vio a su novia retorcerse de placer y correrse de esa manera tan brutal, jamás había visto así a su dulce pareja. Los ojos de María mostraban algo distinto, así como su sonrisa de placer y bienestar, César sabía que si no tomaba las riendas en breve podría pasar a un segundo plano. Se acercó a ella para quitarla la ropa que llevaba y comerla el coño, sin embargo María se lo impidió.

—No cariño, me tengo que ir a trabajar. Te has portado muy bien.

Se levantó, en el dormitorio se puso otra ropa. César seguía postrado en el suelo del salón muy excitado, ensimismado con sus pensamientos, cuando María lo besó en el frente y con ambas manos acarició las sienes de su novio. —Te estás portando muy bien, vamos a avanzar como pareja. Creo que tienes que pensar en algo y tener el valor de decírmelo cuando estés preparado.

César, tras todo esto y cuando su novia había salido de la casa cogió su móvil y llamó a Tito.

—¡Oye cabrón! ¿A qué coño estás jugando? Soltó César cuando escucho que había un sonido de fondo al otro lado.

Tito cortó la llamada, y César volvió a marcar.

—¡Hijo de puta! ¿A qué coño estás jugando? Insistía, y Tito volvió a cortar la llamada.

Por tercera vez llamó.

—César, lo primero de todo respeto. Lo segundo ha sido muy bonito lo que habéis vivido, y lo que vais a vivir, así que no me toques los cojones.

—Pero es que.

Tito le cortó. —Te intriga lo último que ha dicho María, ¿verdad?

—Sí. Dijo en un tono miedoso.

—Has de pedir su mano, pero en este momento como corresponde, no tengas prisa. Te dirá que sí. Tito cortó la llamada.

César no sabía que pensar. Se dio cuenta de lo ridículo que se sentía desnudo en el salón, con su corrida en el suelo. Solo lo compensaba el recuerdo de lo que había visto, y sobre todo sentido cuando su novia besó su frente y acarició sus sienes.

Mientras todo esto ocurría, María iba al trabajo andando por las calles de Valladolid, sintiendo como su entrepierna estaba mojada y un pequeño hilo de flujo descendía por el interior de sus muslos, se sentía muy excitada y con ganas de volver a vivir aquellos tiempos en los que la mente perversa de Tito la hacía volar y sentir como nunca antes.

Llegó a la empresa, decidió que lo mejor era alejar esos pensamientos de su cabeza y poder centrarse en sus obligaciones.

A los pocos minutos de estar en su puesto de trabajo sonó el teléfono que tenía en la mesa.

Continuará…