De pesca, al alba
La noche es sofocante y la ría esconde secretos. Mientras su novio pesca, Elena se encuentra con un hombre que camina desnudo bajo la luna. El agua fría no es suficiente para calmar el fuego que enciende la presencia de un extraño dispuesto a arriesgarlo todo.
¿No está helada el agua?.
La pregunta me sobresaltó y sacó de mi letargo, escapándose un grito ahogado de mi garganta.
- Ufff, perdona, no era mi intención asustarte. - Él era Tomás, el hombre que acaba de conocer unos minutos antes, en la playa, al borde del mar.
Todo comenzó aquella madrugada tórrida del mes de agosto, de hace ya muchos años. Mi novio Pedro y yo estábamos pasando unas semanas de vacaciones en un pueblo de costa del noreste de España. Y aquella mañana en particular, estábamos rindiendo tributo a una de las grandes aficiones de él: la pesca. Habíamos despertado a las 5 de la mañana para ir a pescar a una ría, en su desembocadura en el mar, que le habían descrito como una maravilla. No era un sitio de fácil acceso. En coche se podía llegar hasta una playa mediana, de unos 300 metros de longitud, con un Hotel solitario prácticamente en la orilla y en cuyo otro extremo nacía un camino que se adentraba en un bosque que bordeaba el acantilado. Allí aparcamos el coche y después de recorrer unos 20 minutos a pie por esa senda encantada, llegabas a una playa menor, de unos 50 metros, en cuyo final desembocaba una ría relativamente ancha, de unos 5 metros de anchura de agua pero profundidad de apenas uno. La ría se adentraba serpenteando en el bosque mediterraneo, con un arenal que seguía su curso y una zona rocosa en la orilla opuesta.
Yo no pintaba nada allí, desde luego no compartía su pasión por la pesca. Decidí acompañarle porque supuse que sería bonito el paseo de madrugada y ver amanecer desde la ría y la escondida playa. Sin embargo, era todavía muy de noche y hacía un calor exagerado y, lo que resultaba más incómodo, sin rastro de luna, lo cual solo permitía disfrutar muy vagamente del paisaje.
Cuando llegamos a la playa colocamos en su medio nuestras toallas y las mochilas e inmediatamente mi novio empezó a preparar las cañas. Para él, el aliciente era mayor y estaba disfrutando de la aventura. Llevaba sobre la frente una linterna frontal que le permitía maniobrar con seguridad con los aparejos y, en seguida, me dio un beso y se acercó a la orilla lanzando las líneas a fondo y clavando las cañas en soportes en la arena. Yo me quedé en nuestro campamento base improvisado, apenas a unos 25 metros de distancia. Sin embargo, pese a la cercanía, apenas le podía distinguir por la escasa luz y por tener apagado el frontal. Solo cuando lo encendía, se mostraba visible, como un faro en la niebla, alumbrando en un cono largo y estrecho el paisaje al que miraba, de forma teatral, casi espectral.
Pasaron los minutos y muy poco acontecía. Yo estaba recostada en las toallas, los codos apoyados y el torso medio incorporado, mirando había el punto en el que intuía que estaba mi novio. Llevaba puesto un vestido playero corto, de tirantes y espalda descubierta, sin sujetador, cuyo vuelo tenía arrugado y agolpado hacía las caderas, buscando el frescor en mis piernas. Estaba luchando contra el influjo de Morfeo. No eran aún las 6 de la madrugada y todavía quedaría casi otra hora y media para el amanecer. Decidí tomar un café, que llevábamos en un termo, para intentar activarme. El recipiente lo había mantenido caliente y la verdad es que apetecía que estuviera frío, para contrastar con la noche sofocante.
Al instante, noté más que oí, el crujido de unos pasos en la arena, que avanzaban desde la entrada del bosque. Se acercaban hacía mi, aunque no de forma decidida. En un instante llegó… supe que era un hombre, antes de que saludara, por el potente y dulce olor que desprendía… como mezcla de tabaco y aftershave.
- Buenos días - dijo, casi en un susurro, como si sospechara que igual estuviera allí durmiendo o dormida.
- Buenos días, ¿qué tal? - respondí un poco alarmada, pero intentado aparentar tranquilidad.
- Bien, gracias. ¿Qué haces por aquí tan temprano… a parte de tomar café en la oscuridad?
- Estoy acompañando a mi novio… está pescando, justo allí adelante - en aquel momento, como si hubiera apretado un mando a distancia, se encendió el frontal de Pedro que apuntaba hacía sus manos sobre el carrete de una de sus cañas. Y en breves segundos se apagó. Quise dejar pronto y claro que estaba con mi novio, porque me daba un poco de miedo la situación, en esa playa tan apartada.
- Ah sí, ya le veo… Me llamo Tomás y ¿tu?.
- Elena - dije de forma un poco seca, no entendiendo muy bien que pretendía aquel tipo.
- Pues yo estoy dando mi paseo matutino - dijo Tomás en un suspiro, sonando como aburrido.
- La verdad es que resulta un poco extraño dar paseos a las 6 de la mañana.
- Ya… es cierto.. parezco un tío raro - parecía majo e inofensivo y resultaba atractivo a la tenue luz que nos rodeaba. Además olía de forma increíble - No sé lo que me pasa… me despierto todos los días, como un autómata, sobre las 5 de la mañana. Parece que tengo un despertador interno. Y por no molestar a mi mujer… pues me vengo a pasear… y así estoy pasando el verano.
- ¿Estáis alojados en el Hotel e la Playa? - pregunté curiosa.
- Si, llevamos allí casi una semana.
- ¿Porqué no le dices que te acompañe en tus paseos?
- Imposible… está en el séptimo mes de embarazo… le pasa justo lo contrario que a mí… ella lleva unas semanas que no despierta hasta las 10, supongo que será normal - y sonrió como riéndose de su suerte. Por lo menos sabía que no era un psicópata, sino simplemente un hombre con problemas de insomnio y preocupado por su mujer embarazada…. Resultaba muy tierno.
- ¿te apetece un poco de café? - pregunté más distendida y ahora intentando ser amable.
- Me encantaría… lo llevo oliendo desde el camino del bosque… casi me ha traído en volandas.
Le serví una taza y la apuró despacio, a sorbos, mirando hacía el mar. La verdad es que su silueta recortada sobre la oscuridad resultaba atrayente. Era alto, pero no en exceso y corpulento, pero aparentaba estar atlético. Y especialmente tenía un pelo largo, casi melena, que se adivinaba rubio y una barba un poco descuidada, esta demasiado larga, pero con un estilo vikingo muy sugerente. Vestía de manera informal, descalzo, con un bañador ancho pero corto y una camiseta de tirantes que parecía un poco vieja. No resultaba fácil adivinar su edad, pero aparentaba unos 35, todo una década mayor de lo que yo era por aquel entonces.
- Tu novio tiene suerte - dijo volviéndose y lanzándome una mirada de arriba a abajo.
- Perdona - contesté un poco alterada pensando que me echaba un piropo. En aquel momento me percaté de que mi vestido estaba colocado de forma demasiado descuidada, probablemente revelando mi ropa interior… de forma que me lo bajé un poco, al instante… intentando disimular el movimiento, aunque resultaba difícil que no se hubiera dado cuenta. - ¿porqué lo dices?.
- No…. Perdona tu… pretendía ser una pregunta; me refería a si tu novio tiene suerte con la pesca.
- Ah… pues hoy no parece que mucha; depende del día… supongo que como les pasa al resto de pescadores.
-Claro… bueno te voy a dejar y seguiré mi camino por la ría. Hay que mantener la costumbre a raya y muchas gracias por el café.
- No hay de qué.
- Adiós guapa.
Y, por algún motivo de extraña explicación, me resultó una pena que marchara. La verdad es que era un tipo educado y agradable, pero sobre todo desprendía algo muy sexy que resultaba irresistible. Y Pedro seguía a lo suyo, aparentemente sin haberse enterado de nada. Me agolpé de nuevo el vuelo del vestido en la cintura, buscando de nuevo el frescor anhelado, pero era evidente que mi entrepierna estaba un poco caliente. ¿Sería por influjo de aquel extraño?. Mi novio continuaba centrado en su pesca. Me podría haber tirado allí mismo a ese chicazo (pensé) y éste no se hubiera percatado de nada. La idea, aunque absurda, prendió en mi como una cerilla sobre un charco de gasolina y presioné mis muslos, estrujando mi sexo, sintiéndolo húmedo y cálido, justo como era aquella noche. Apoyé todo mi cuerpo sobre el costado izquierdo y libere mi brazo derecho, de manera que mi mano se posó sobre mi pecho, solo separados por la fina tela del vestido y comencé a descender por mi costado, sabiendo donde quería acabar. Introduje mi dedo índice por el elástico de la braga, presionado sobre el interior de mi muslo y me abrí camino hasta mis labios… estaba claro, estaba húmeda y preparada para el asalto. Mi dedo trastabilló un poco travieso, como si se comunicara en morse con mi sexo y cada punto y línea lanzaba un pequeño fogonazo de placer… y me recompuse al instante, sorprendida de mis misma, intentando ahogar aquella ideas locas de mi cabeza. Suspiré y me tranquilicé. Decidí acercarme para ver como estaba Pedro.
-Hola amor, ¿qué tal va?.
-Mucha picadas pequeñas, pero nada interesante… estoy dando de comer a los peces- ¿y tu qué tal? - preguntó
-Un poco aburrida, la verdad.
-Bueno tranquila… dame una hora más…espera al amanecer, que desde esta playa debe de ser un espectáculo
-Vale, de acuerdo - y volví hacía las toallas, mascando el aire caliente que desprendía la arena.
¿Cómo era posible que fuera de noche e hiciera tanto calor?.¿Sería por la humedad?. Notaba el vestido pegado a mi cuerpo, como una segunda piel y especialmente mis bragas pegadas a mi sexo. Todo me sobraba. Y decidí que me iba a bañar.
Giré sobre mis pasos, dirigiéndome hacía la desembocadura de la ría, primero porque intuía que de noche era más seguro bañarme allí y sobre todo para no hacerlo en la playa y ahuyentar las ya de por si escasas presas de mi novio.
La ría hacía un pequeño giro a la izquierda, con un meandro de arena y unas rocas de media altura. Desde aquí todavía veía peor a Pedro que desde las toallas… solo lo intuía recortado sobre el fondo, como a unos 50 metros a la derecha. Era el momento del chapuzón, lo necesitaba como el aire que respiraba. No tenía bikini, de manera que no me quedaba otra que bañarme en bragas…. Y luego pensé… que demonios, lo haré desnuda y luego podré vestirme de nuevo. Dejé el vestido y mis bragas sobre una de las rocas y anduve los escasos 5 metros que me separaban del agua, disfrutando del trayecto, sintiendo el calor directamente sobre mi piel y sobresaltándome al tocar con los pies el agua, por el contraste de temperatura. Estaba fresca pero no fría y prácticamente en un segundo me zambullí en su interior.
La sensación de estar desnuda en el agua era increíble, casi mágica, rodeada de la suave oscuridad del agua y de un alba que despuntaba, aún con muy poca luz, pero adivinando unos destellos rojos en el horizonte.. No cubría mucho, prácticamente poco más de un metro, de manera que al ponerme de pie sobre el fondo meloso de arena mi torso quedaba al aire y mi piel se erizaba al contacto con el cálido viento que acariciaba como en un arrullo mis pezones erectos y echando la cabeza hacía atrás me atusé el pelo para que resbalara el agua hacía mi espalda y, fue en ese momento:
¿No está helada el agua?
La pregunta que me sobresaltó y me sacó de mi letargo, que hizo que se escapara un grito ahogado de mi garganta. Por instinto me zambullí al instante hasta el cuello en el agua, para ocultar mi desnudez furtiva.
- Ufff, perdona, no era mi intención asustarte
No podía articular palabra… la escena era irreal; Tomás se encontraba al pie del agua, apenas a 2 metros de mí y, todavía no soy capaz de explicarme cómo, mi cerebro fue incapaz, en unos primeros segundos eternos, de descifrar la realidad: estaba completamente desnudo, su cuerpo erguido y fuerte, como esculpido en mármol y su pene se adivinaba erecto y orgulloso, como apuntándome con un arma.
Pero…. ¿Qué haces desnudo? - pregunté con voz temblorosa.
Bueno…. He podido ver que tú tampoco estás muy vestida… empieza tu ¿qué haces tú desnuda?.
Ya lo ves, me moría de calor y me estoy bañando.
Pues yo cumpliendo con mi rutina diaria.
¿A qué te refieres?.
Me doy un paseo y me vuelvo al hotel a ducharme y desayunar.
¿Un paseo desnudo?.
Bueno… es que la rutina incluye otro tipo de actividad - dijo como con vergüenza.
¿De que tipo? - pregunté, todavía sin entender.
Pues… bueno…. Digamos que sexual - lo dijo con naturalidad, como si se confesara para su conciencia, pero a mi me puso alerta y caliente al instante.
Pero ¿de qué estás hablando? - intenté disimular.
Ya sabes…. Me doy un paseo… me masturbo y me vuelvo al hotel.
¿En serio? - pregunté divertida sin hacerle gracia mi actitud.
Pues si… bueno Elena… yo tengo mis necesidades y digamos que mi mujer no está en situación de satisfacermelas…. No sé si me entiendes. Y me tengo que apañar… no pretendía importunarte ni asustarte - lo expresó con un pena y sinceridad pasmosa.
Bueno, pues yo siento mucho haberte estropeado el plan - dije sincera pero muy intrigada.
Tranquila… mañana volveré a por mas - dijo esta vez de forma divertida. - pero…¿está buena el agua? - preguntó al instante
Está increíble.
¿Te importa si me baño?
Claro que no… porque me va a importar - aunque una sirena de alarma sonaba de forma estruendosa en mi cabeza.
Se lanzó al agua y al momento emergió a unos pasos de mi, en pie, el agua resbalando por su torso brillando por la ligera luz del alba y el extremo de su pene sobresaliendo del agua, aún triunfalmente erecto y como si pugnara por respirar.
¿no te meterás en un lío con tu novio? - dijo señalando a mi espalda, donde se encontraba. Me volví y comprobé que se le adivinaba, todavía sin distinguir bien, al fondo de la playa, absorto en la actividad alrededor de sus aparejos.
¿Porqué?
Mujer…. Estás desnuda, en el agua, con otro hombre, también desnudo y algo alterado - dijo sonriendo al final.
No tiene porque pasar nada - y dicho esto, sin haberlo planeado, me incorporé de pie, mostrando sin pudor mi torso desnudo
Ufffff…. Elena, preferiría no forzar la situación. Yo estoy en mis hora más bajas.
¿Te sientes incómodo? - pregunté de forma sugerente, balanceando ligeramente mis pechos.
Pues un poco si… la verdad.
Por mi no hay problema en que te pongas cómodo - dije de forma sensual.
Tu novio tiene suerte - suspiró, volviendo a señalarle.
¿Sigue siendo una pregunta? - pregunté juguetona.
No…. Esta vez no - dijo de forma escueta, casi en un susurro y sin apartar un segundo la vista de mi cuerpo
¿Te gusta lo que ves? - pregunté con la voz temblorosa producto de la excitación.
Mucho.
Quiero ver cómo lo haces….
¿El qué?.
Quiero ver como te masturbas…. Hazlo para mi.
Y sin dudarlo un instante llevó su mano derecha a su pene y empezó a sacudirlo, de forma lenta pero enérgica, alborotando la superficie del agua de manera rítmica…. Y yo estaba hipnotizada con esa danza vibrante, respirando de forma alterada, por la boca, siguiendo el ritmo de sus ligeros jadeos. Y sus golpes rítmicos creaban perturbaciones concéntricas en el agua, generando unas olas que llegaban a la playa de mi cuerpo, como si nos conectáramos por la física y las longitudes de onda. Y avancé el metro que nos separaba y me puse a su costado, mis pechos en ligero contacto son su hombro izquierdo y sintiendo en mi cuerpo su cadencia. A él le dio un escalofrío cuando nuestros cuerpos conectaron. Deslice mi mano desde su nuca, despacio por la espalda, dura como el bronce, cálida como una fragua, sintiendo como su piel se erizaba mágicamente bajo mi mano, como por estática, hasta alcanzar sus glúteos, tensos como el acero. Y baje mi otra mano por su torso, más despacio, mucho más despacio…. Palpando y mascando su excitación, conforme descendía a cámara lenta hacia un destino que ambos intuíamos…. Y justo al límite, en la frontera de lo prohibido, detuvo con su mano la mía.
Espera…. Perdona - dijo de forma entrecortada - no quiero ser infiel a mi mujer… no se lo merece.
Tienes toda la razón - casi gemí, pero, presionando mi mano, me deshice de la suya y agarré firmemente su pene, por su base, notando como palpitaba en mi mano y el hombre de detrás se tensaba como un junco.
De verdad…lo siento… pero no está bien - suplicó.
Yo también lo siento - pero desmintiendo mis palabras, como una mentirosa compulsiva, mi mano empezó a sacudir su pene, imitando su estilo, su ritmo y su cadencia, sabiendo que lo estaba matando de placer, mientras con mi mano derecha libre continuaba acariciándole la espalda y frotaba mi cuerpo en su costado, especialmente mis pechos y mi entrepierna, húmeda como el agua de mar que la contenía.
Por favor - rogó.
Chissstt….. relájate, deja que te ayude; no estás haciendo nada malo; solo tienes tus necesidades - le susurraba al oido mientras mi mano continuaba implacable el trabajo - ¿no te gustaría follarme un poquito?¿No te lo mereces?
Me muero por ello, pero no debo - y bruscamente se separó de mi, marcando cierta distancia, física y de cordura.
Perdona… tienes razón…. No sé lo que me ha pasado - dije de forma triste y sincera.
Me quedé unos segundos quieta, si corazón retumbando en mis oídos, muerta de pena, como un niño al que se la ha explotado un globo, pero también comprendiendo sus razones y sabiendo que lo estaba manipulando en contra de su conciencia…y escapé del agua, hundida y alterada, la cabeza gacha, mi sexo palpitando de excitación y de urgencia, mucho más caliente que cuando decidí darme el baño. Recorrí lentamente la distancia que me separaba de las rocas, donde descansaba mi ropa y doblé mi cuerpo para cogerla, llevando el culo atrás y tropezando con un muro de carne y sangre que me hizo dar un brinco de sorpresa y calentura…. Era Tomás, a mi espalda, agarrándome al instante por las caderas, su pene dispuesto entre mis glúteos. Me empujó levemente, mis manos se apoyaron en la piedra, la inclinación más adecuada para el acople que anhelaba… dirigió su pene hacía mis labios, apoyando ligeramente el glande entre ellos, con un contacto que por poco me mata de placer….. se seguía masturbando, pero esta vez con la punta de su pene rozando mi sexo en cada sacudida…. Nuestros sexos chapoteaban con cada golpe y cada envite era más placentero que el anterior, cómo en una melodía in crescendo. Entonces de forma tramposa, presione mis caderas un poco, consiguiendo que el glande entrara dentro de mi, como haciendo el vacío y él se puso rígido como una vara, mezcla del placer y la culpa.
-Tranquilo - le dije juguetona - no te puedes condenar en el infierno por solo la punta.
Pero ya no se masturbaba, me agarraba ahora de forma más firme con ambas manos por las caderas, como quien sujeta un potro que teme que de un brinco… pero yo era buena y no quería machacarlo, de manera que me movía en círculos sobre su punta, pero sin vaivén, aunque seguía siendo una estimulación deliciosa para ambos…. Mi clítoris enviaba dardos de placer pulsátiles directos a mis sienes y no podía parar de girar mis caderas, como una gata en celo, presionando su glande con mis labios y mis glúteos, durante unos minutos eternos. Hasta que noté algo en él… un cambio de actitud, de presión, de reglas del juego, de normas de enfrentamiento… se movía ahora lentamente, pero su pene avanzaba unos milímetros en mi, en cada segundo, de forma aparentemente inapreciable pero inevitable e inapelable…. Y no perdía terreno, de manera que al cabo de un minuto, como si hubiera alcanzado una cumbre, estaba prácticamente dentro de mi y para ambos resultó evidente que no merecía la pena seguir batallando entre la culpa y la gloria; al instante, presionado el agarre sobre mis caderas, deslizó el pene hacia fuera, muy despacio, haciéndome sentir el vértigo de la pérdida y justo a punto de salirse, volvió a penetrarme también despacio, disfrutando el recorrido, sabiendo que sería suya hasta el final, como si ya se conociera de memoria el camino, como si lo suyo y lo mio fueran una réplica inversa de lo mismo; descansaba al hacer cumbre para saborear el momento y repitiendo la maniobra con una cadencia, presión y sentimiento, que me estaba partiendo en dos. Y los siguientes minutos fueron de los mas intensos de mi vida, allí en la playa, mis pies sobre la arena y mis manos sobre las rocas, reclinada, con un macho a mi espalda, anhelante y deseoso de sexo, pero contenido y disfrutando de mi cuerpo, tomando posesión del mismo sin compasión pero con pasión y ritmo atávico; y al levantar la vista y ver el mar, el bosque y el despunte del alba, me parecía conectar con la naturaleza y el universo, a través de nuestros sexos….. pero también él estaba allí…. me costó darme cuenta… pero luego mi cabeza lo gritaba a mi oído, era Pedro, mi novio, con la luz del frontal brillando en cada movimiento, en lo que parecía eran las maniobras de guardado de las cañas…. Me alarmé al instante, rompiendo la magia, pero con la misma o mayor urgencia en mi sexo.
Cariño - le dije mirando hacía atrás y susurrando urgente - hay que acabar ya porque mi novio está en marcha.
Dame solo un minuto más, por favor - su tono era de súplica y esfuerzo contenido.
¿Te encanta este coño? - sabía que si le hablaba de forma guarra todo se precipitaría.
Siiiii - respondió en otro susurro.
Dilo.
Me encanta tu coño.
No mi coño, este coño.
Me encanta este coño.
No tienes que sentirte culpable…. Es solo un coño…. Uno que te has encontrado en la playa.
Siiiiiii - respondió en otro susurro caso silbado.
Dilo.
Es solo un coño que me he encontrado en la playa.
¿Y que vas a hacer con él? - pregunté mirando ligeramente hacía atrás.
Lo voy a romper… necesito correrme en él…… - dijo de forma grave.
Hazlo… hazlo… vamos - le animé y cómo si le hubieran dado un pistoletazo de salida, comenzó a follarme rápido y profundo, chocando de manera ruidosa, con una inercia enorme debido a su musculatura, peso y volumen. Resultaba increíble el cambio de ritmo, de delicado a depredador, difícil de seguir el baile, al límite del umbral del dolor, de mi elasticidad y del aguante de mis piernas y mis brazos, pero a la vez activando todas mis neuronas del placer de forma desbocada, como si cabalgara sobre una polla gigante.
Nos va a pillar - dije apenas brotándome la voz por la excitación y la violencia de los empujes - está yendo hacía la toallas
Solo unos segundos más - dijo mascando cada letra… y dicho esto noté como bajaba el ritmo, se hacía más profundo y más curvo, delicioso y tierno como intentado palpar cada milímetro de mi vagina por dentro, pero anunciando tormenta y aguacero.
Elena… me voy a correr…..
NO me llames Elena - casi grité - ¿que soy?
Eres el coño que me he encontrado en la playa- y noté, con la ultima palabra, como su pene se hinchaba y vibraba y al hacerlo, unas oleadas de cálido magma perla llenarme por dentro y, como si mi sexo entrara en resonancia, con su vibración y con su humedad, una ola de placer avanzó desde mi entrepierna hacía mi estómago y de allí inexorablemente hasta inundar mi cabeza, acabando en el extremo de cada uno de mis cabellos, mis sentidos inundados de endorfinas, mientras oía repetir mi nombre, haciendo eco en la playa… aunque le hubiera prohibido hacerlo.
Al cabo de un dulce instante agónico, fui recuperando la visión como a través de un túnel y apenas a 50 metros lograba distinguir en la rojiza penumbra como Pedro seguía mirando alrededor de la playa, intentado localizarme y pude comprobar que realmente era él quien repetíaen alto mi nombre… me buscaba, cuando yo en realidad estaba perdida en brazos de otro.
En el siguiente segundo nos desinflamos, agotados y elásticos. Tomás liberó su presa, soltando mis caderas como si quemaran y poco a poco como resbalando por un tobogán salió de mi. Me di la vuelta y le miré a los ojos… en ellos había paz, pero también cierta sombra del pecado y le acaricié la cara… notaba su relajación pero también su agridulce sentimiento de culpa.
No te agobies… te lo merecías.
Gracias - dijo en un suspiro de pena.
Prométeme una cosa… mañana duerme hasta las 10 y despierta junto a tu mujer en su cama - le dije mientras me deslizaba por los hombros el vestido.
Prometido… gracias… de verdad - y me despedí dándole un suave beso en los labios, dulce pero salado por el mar.
Al fondo se notaba que Pedro me estaba buscando, ahora más apurado… recogí las bragas y las escondí en un puño y corrí hacia él, sin volver a mirar a Tomás, como si ya fuera el pasado, como si no hubiera pasado.
Amor, estoy aquí - grité cuando solo estaba a 10 metros de él.
Pero.. ¿Donde estabas?.
He ido a darme un baño a la ría… no aguantaba el calor… siento mucho haberte preocupado.
No importa… mira - y apuntó, de forma teatral, con el dedo al horizonte.
Sobre el mar, recortado en el punto en el que el mar y el cielo se encontraban, despuntaba un sol rojo como el acero fundido, avanzando de forma pausada, vibrante, generando sobre el mar una estela dorada infinita.
¿Ha merecido la pena? - preguntó mientras me abrazaba de lado después de contemplar el horizonte durante unos minutos tiernos y bellos.
Mucho - le dije, mientras notaba como mi cabeza todavía estaba influida por la droga del placer y como los primeros rayos de sol saliente chocaban contra mi cuerpo y, como si me pudieran fundir como un helado por dentro, sentía como la semilla de otro hombre resbalaba entre mis muslos, haciéndome sentir viva y audaz, tal y como aquel día, que en ese mismo momento nacía.
Nunca podré olvidar esa playa.
En mi imaginación, cada vez que lo necesito, la marea me devuelva a ella, al abrigo de sus brazos.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Vacaciones con mi novio en Palma
Claudia nunca había mirado a sus vecinos de esa manera. Pero el hotel se vacía a las nueve, y esta vez ella no piensa irse sola.
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo buscadoTransgresion moral
- Hetero: Infidelidad
Que injusta es la vida.
La clase era aburrida hasta que ella entró. Ahora, en medio del ruido del club, sus labios buscan los tuyos y te guían hacia un cubículo donde las…
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo buscadoDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
El Veneco...
Estefany lleva meses imaginando lo que sería tenerlo en su cama. Cuando la oportunidad se presenta en su propia casa, con el marido ausente y el…
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo buscadoFetichismo ropa
- Hetero: Infidelidad
El mañoso
Karla sabe que él está esperando a sus víctimas. Pero hoy ella no es una víctima; es la presa que se ofrece.
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo buscadoFetichismo ropa
- Hetero: Infidelidad
Me tiro al masajista
Escuchar la confesión de otra mujer encendió una chispa prohibida en su mente. Decidió que ya era hora de dejar de fantasear y convertir en realidad…
Comparte:Infidelidad consentidaFetichismo ropaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
MENSAJE POR ERROR. El trato
Él sabe que ella lo desea, pero ella sabe que él no tiene derecho. La cocina se convierte en un campo de batalla donde las bragas húmedas son la…
Comparte:Infidelidad consentidaDeseo reprimidoPoder y control