La Cornuda Fiel. Los deseos de Lore (14)
Nunca imaginó que su fantasía de ver a su marido con otra terminaría en sus propias rodillas. Nila no vino a jugar, vino a enseñarle quién manda realmente, y la lección comienza con claras de huevo crudas y termina donde termina la dignidad.
§ 14
Cuando Nuria y Alonso acabaron de follar tuve que esperar un buen rato para salir de mi escondrijo en el segundo baño. Estuvieron charlando después del polvo en mi propia casa. Me hubiera gustado seguir la charla y podérosla narrar pero estaba un poco desquiciada por lo ocurrido y seguía dándole vuelta a mi cabeza que no paraba de ir de una idea a otra sin control de ninguna clase. Si todo hubiera salido como lo planeé seguro que a aquellas alturas ya me habría corrido varias veces. Puede que incluso con la conversación postcoital que estaban teniendo mi marido y su amante me hubiera calentado. Pero Nuria me había sorprendido, la verdad. Se había dejado follar con el coño dormido por aquel lubricante analgésico sabiendo que no obtendría placer alguno sólo para dárselo a mi marido. Eso me dejaba a mí en muy mal lugar, la verdad. ¿Cómo competir con mis dos corneadoras? Nila era una profesional y era la culpable de que Alonso se estuviera comportando cada vez más como el macho de un harem que como mi dulce esposo. A favor mío tengo que es puta, luego el día en el que me la quiera quitar de encima sólo tendría que dejar de pagarle. El problema con Nuria era distinto. Humilde y trabajadora era, en buena medida, lo contrario a mí en su forma de ser. Junto a Alonso siempre parecía una corderita. Lo miraba con ojitos de niña fascinada por su maestro y le llevaba siempre la corriente salvo para remarcar lo bueno que era mi Alonso.
Cuando por fin Nuria se fue de casa y pude salir, el ambiente estaba totalmente enrarecido.
—¿Por qué coño has hecho eso?
—¿El qué?
—Follar en la habitación. Dijimos que nada de follar en nuestra habitación.
—Perdona, pero no “dijimos” nada. Fuiste tú la que lo dijiste.
—Sabias que la cámara estaba en el salón. Lo has hecho a propósito.
—Claro que lo he hecho a propósito. ¿Te acuerdas de lo que discutimos al principio?
No sabía a lo que se refería.
—¿Qué?
—Que esto era cosa de los dos, que los dos tendríamos que disfrutar. Pero siempre se trata de ti y tus fantasías.
—Para el carro, para el carro. ¿Acaso no te la chupé en los probadores? Se supone que esa era tu fantasía.
—Después de tenerme toda la santa tarde como un tonto dando vueltas por las tiendas de ropa. No fue cumplir una fantasía, fue un chantaje.
—Eres mayorcito. Ya tienes los huevos negros como para dejarte chantajear.— Más bien los tenía afeitados, pero no era momentos de tecnicismos jurídicos.— Cada uno sabe muy bien lo que hace.
—Exacto. También tú. Primero te pusiste pasiva-agresiva hasta que me revelaste que te gusta que te pusieran los cuernos. Luego nos metemos en esta aventura y esperas que a mí no me afecte, que siga siendo tu angelito Alonso. Pues no. Has querido que folle con otras y me follo a otras pero no esperes que eso no me afecte porque me afecta.
—No te me hagas la víctima Alonso, que no cuela.
—No he dicho que sea una víctima.
—¿Y entonces? ¿Cómo te afecta?— Pregunté.
—Loreto.— Uff, cuando me llama Loreto es mala señal.— Pues porque Nuria no es cualquiera, la conozco del trabajo. Ya la conocía. Me importa.
—¿Te importa?— La conversación no mejoraba.
—Sí, es buena chica. Me gusta su forma de ser. Es distinta a ti. Es dulce.
—Pues fóllate a una piruleta. Seguro que hacen de esas muñecas de latex sabor a fresa para pervertidos. Ya hay de todo.
—Es imposible hablar contigo con un mínimo de seriedad. Siempre con ese sarcasmo, con esas bromas. ¿Por qué has tenido que hacer ese comentario?
—Pues porque me ha jodido, la verdad. Es como si dijeras que estar con ella es mejor que estar conmigo.
Alonso enmudeció y me miró fijamente. Yo también me callé porque sabía que de lo que dijera a continuación dependería nuestro matrimonio.
—Ni mejor ni peor. Diferente.
Maldita labia de abogado. La ambigüedad precisa para que el proceso siga su curso sin afectarle a él pero dejando a la contraparte sin posibilidad de réplica. De alguna forma, en mi fuero interno, acepté la respuesta porque quería creer que era sincero.
—Vale. Te comprendo. Perdona mis comentarios, ya sabes como soy. Acepto que ella tiene cosas que te puedan resultar más atractivas que las mías.
—No me estaba refiriendo a lo sexual.
—Como quieras. Acepto que hay cosas de su forma de ser que te resultan más cómodas. Es la razón por la que mucha gente tiene un perrito en vez de un hijo. Un niño puede mandarte a la mierda. El perrito sin embargo siempre será un animal domesticado, subordinado y sumiso. Eso es lo que quieres tú, una mascota.
—Otra vez has vuelto a insultar a Nuria.
—Es lo que pienso. Te gusta porque es tu perrita faldera.
—Bueno, tal vez sea eso lo que quiera. ¿No lo habrías pensado?
—¿Un monigote como pareja en vez de una persona?
—No, Loreto, no. Una pareja con la que no tenga que estar haciendo un conflicto de todo a cada rato. Una persona con la que pueda descansar a su lado y no sentirme examinado a cada rato.
—No sabía que pensaras eso de mí.
—Ahora ya lo sabes. Voy a ducharme.
—Espera. Se supone que tengo que chupártela. Tengo que cumplir con Nila.
—¿Ahora te importa? Ya te saltaste las normas de Nila, así que poco importa si ahora me la chupas o no. Además, no tengo ganas.
Y se fue a la ducha dejándome allí preocupada. Mañana era día festivo y teníamos sesión con Nila. ¿Qué sorpresa me tendría preparada? Rezaba por que fuera algo que reactivara mi relación con Alonso y no la hundiera más en las arenas movedizas en la que se encontraba nuestra vida.
—o—
Nos despertamos la mañana siguiente como si fuéramos autómatas eficientes. Nada más levantarnos, desayuno liviano, ducha pertinente y prepararnos para la sesión que íbamos a tener con Nila. Apenas nos hablamos Alonso y yo como no fuera para darnos indicaciones neutras del tipo «¿dónde has colocado la pasta de dientes?», «¿queda pan de molde en la nevera?». Alonso acabó pronto de prepararse. Yo necesitaba más tiempo. Ya había quedado en ridículo comparándome con Nuria y ahora tenía que intentar quedar bien ante Nila. En principio había pensado en mis pantalones vaqueros pero lo descarté. Mis antiguas minifaldas quedaban descartadas. No quería llevar falda larga. No soportaría quedar como la mojigata ante mi corneadora. Al final, volví a ponerme la faldita con godet pero ahora quería llevar unas medias. Casi todo lo que tengo son pantys, que son más cómodos. Rebusqué entre mi ropa interior. Encontré unas que ya estaban con agujeros. «Mierda». Encontré otras blancas que no pegaban con la falda. Por fin encontré unas que me quedaban más grande de lo normal. No eran mías, eran de alguna de mis amigas del grupo pero ahora no recordaba de quién eran ni el motivo por el que yo las tenía allí. Me las traje confundida en algún bolo, creo. Para el caso es lo mismo, me las puse aunque en vez de a mitad de muslo me acabaron llegando casi al culo. Lo importante es que ya tenía mis medias y me las acompañé para la ocasión los zuecos de tacón más elegantes que tenía. Llevar zuecos con las medias no es una combinación que suela frecuentar pero hoy decidí lanzarme. Cuando acabé de maquillarme y acomodarme la blusa Alonso ya me estaba esperando en el salón entretenido con el móvil.
—Ya estoy.
No respondió nada. Se levantó y los dos fuimos hacia el coche poniéndonos en camino al hotel. Una vez en el vestíbulo decidimos esperarla antes de registrarnos. Quería decirle muchas cosas a Alonso pero él seguía tonteando con el móvil. Malditos trastos.
De cualquier forma no tuvimos que esperar mucho. Nila entró como siempre lo hacia. Regia como una emperatriz. La muy puta ahora se había puesto un vestido con una falda midi muy ceñida y una pequeña raja al costado a través de la cual su pierna se asomaba de vez en cuando al andar. Tacones pumps del mismo estilo. Parece ser que ella y yo tenemos nuestras manías propias con los zapatos.
—Buenos días.— Nos dice cuando de pronto se acerca a Alonso y le da un beso en la boca. Más que un pico pero menos que un morreo. Algo casi de pareja. Yo me tengo que contentar con los besos protocolarios en las mejillas.
—¿Qué tal tu hermana?— Pregunta Alonso. Yo no tenía ni idea de que Nila tuviera una hermana ni menos que estuviera mal.
—Bien, ya te lo dije en el mensaje, al final fue benigno.
—Me alegro.
—Gracias.
Yo era una mera espectadora de aquel diálogo de parejita feliz. En lo de que follaran no tenía problemas. Pero con esto de las relaciones más allá de lo físico los celos comenzaban a carcomerme de una forma que no me parecía sana.
—Dime cornudita, ¿has cumplido con lo que te ordené?
Parece ser que ya estábamos metidos en el juego. ¿O ya no era un juego?
—Completamente no, pero mira, la verdad es que...
—¡Cállate! No quiero escuchar excusas. No me interesan.
—Pero es injusto, no las he cumplido por buenos motivos.
—¿Crees que me importan tus motivos de niña mimada? Alonso, quédate aquí como hemos acordado.
—Aquí estaré. Me tomaré algo en la barra.
A ver, a ver. Estos habían pactado ya algo. Seguramente era lo que Alonso andaba tecleando en el móvil.
—¿Qué vamos a hacer?¿Por qué Alonso no viene?
—Eres muy pesada preguntando. Cállate y lo verás.
Nos inscribimos, incluido Alonso, que después se fue directamente al bar del hotel mientras nosotras subíamos solitas a la habitación. Estaba intrigada, no voy a mentiros. El tiempo de espera en el ascensor me pareció eterno. Por fin entramos en la habitación y la puerta se cerró tras nosotras. Tenía una extraña mezcla de temor y excitación.
—Desnúdate.— Ordenó Nila. Ella se fue directa al sillón que había en el fondo junto a una cómoda. Cruzó sus piernas y no dejaba de observarme. Su mirada se me clavaba en cada parte de mi cuerpo como cuchillas. Prefiero desnudarme ante un hombre. Por lo menos ellos te miran de modo lascivo. Nila me miraba como una profesora evaluando cada centímetro de mi piel. Lo hice lo más rápido posible para que pasara el mal trago. Tanto en pensar qué ponerme y no voy a durar ni medio minuto con ropa delante de ella. Al fin, me quedé desnuda frente a Nila tapando mis pechos y mi pubis con la mano.
—Ven, acércate un poquito más cornuda. Y no te tapes, que no eres una monja.
Dí un par de pasos pero no aparté mis manos de donde las tenía puesta.
—Aparta esas manos, o no continuamos. Quítate también esos zuecos y estate descalza.
Lentamente moví mis articulaciones y quedé totalmente expuesta ante ella.
—Muy bien. Ves como no ha sido tan difícil. Ahora siéntate aquí a mi lado, en este taburete. No quiero que estés cómoda. Muy bien, buena niña. No cruces las piernas.
Tomó el teléfono y marcó el número de la recepción.
—Hola buenas, soy de las 506. ¿Podrían traernos media docena de huevos?
—Pero qué coño. ¡No voy a meterme esos huevos por ningún lado!
—Cálmate histérica, que no te los voy a meter por ningún sitio. Aunque me gustaría metértelos por ese culo de niñata que tienes. Pero ya llegaremos a eso algún día. Por ahora quédate quietecita, pronto vendrán con los huevos.
Pasaron unos minutos incómodos esperando. Yo, evidentemente, no tenía el móvil a mano. Allí sentada ante Nila intentaba mantener las rodillas lo más juntas que podía mientras ella whatsappeaba y tonteaba con su smartphone hasta que por fin llamaron a la puerta. Tenía la sensación de que si separaba unos milímetros las piernas una piraña se me metería dentro a divertirse con mis carnes.
—¿A qué estás esperando? ¡Ve a por los huevos!
—Estoy desnuda.
—No me digas. Si no me lo dices ni me entero. ¡Ya sé que estás desnuda! Por eso mismo te ordeno que vayas.
—Me da vergüenza.
—Pues que no te de. Toma, la propina.— Sacó de su monedero un billete de veinte euros y me lo extendió.— Luego te lo incluiré en el precio del servicio.
Su mirada fulminante fue suficiente como para que me levantara y fuera hacia la puerta. La entorné levemente y me puse a un lado para que el botones no me viera. Saqué mi mano, cogí la media docena de huevos que venían en un cuenco de metal, le extendí la propina y cerré cuanto antes. Seguro que aquellos huevos nos lo cargaban en la cuenta como si fueran de Fabergé. Se los llevé diligentemente a Nila. Iba a sentarme cuando me volvió a dar otra orden. Se estaba poniendo muy mandona.
—Ve a por el vaso que hay en el cuarto de baño.
En cueros vivos tuve que ir al baño y traerle el puñetero vaso. Entonces sí, volví a sentarme tal cual estaba. Con mis tetas no había más remedio, Nila tendría que verlas, pero con mi vagina procuraba tenerla cerradita por pudor. Si hubiera tenido pegamento, me hubiera pegado las piernas para no separarlas ni un nanómetro. Estar desnuda frente a ella. En cierto modo, me neutralizaba. Nila era buena en el juego psicológico. Suelo ser altanera y bastante decidida pero, como el primer día que hablé con ella, no sé qué me pasa que me desarma.
—Buena chica.— Reforzaba con su sonrisa mi comportamiento. Estaba aplicando casi una terapia conductista. Tenía la sensación de que me estaba domando. Lo que no sabía es si aquello me gustaba o lo odiaba. Lo que es cierto es que me excitaba a nivel mental a una manera que no creí que pudiera alcanzar por el simple hecho de estar desnuda delante de una mujer.
—Háblame de la nueva novia que tiene mi semental.— Nila me miró fijamente y por un instante noté que era ella la que estaba temerosa. ¿Era cosa mía o al hablar de Alonso le había cambiado el rostro?
—Es una chica de veintitantos años. Bastante modosa. Trabajadora y muy limpia.
—Pareces que me estás vendiendo una mascota.
—En parte es una pequeña mascota. Creo que ama a Alonso con locura. Siempre le da la razón.
—¿Tan rápido las enamora mi semental?— Que empezara a llamar a mi marido “su semental” me encantaba. Ese semental era mi esposo y no el de Nila ni el de Nuria. El mío y de nadie más.
—Bueno, tan rápido no. Lleva colada por él varios años. En las fiestas del despacho siempre se le ha notado mucho. Babea por Alonso. Pero Alonso nunca le ha dado bola. Ya sabes, los hombres a veces no se enteran de nada.
—No creía que eras tan ingenua, cornuda.— La muy puta se reía en mi cara.
—¿Qué dices?
—¿Crees que Alonso no se daba cuenta de que una tía se le insinuaba?
—Pues no se daba cuenta.
—Deja de mentirte a tí misma y de contarte cuentos, Loreto.— Ya no era la cornuda, menos mal.— ¿Crees que un hombre al que se le insinúa una joven guapa no iba a darse cuenta? Alguna vez te habrás insinuado, ¿no?
Asentí con la cabeza.
—Alguna.
—¿Y, ese hombre al que te insinuaste, se dio cuenta?.
—Sí, pero no le des vueltas. Cada una somos distinta. Tú, con perdón, eres puta, así que si eres mala insinuándote apaga y vámonos. Te quedas sin negocio. Y yo no tengo filtro, así que cuando me he querido insinuar te aseguro que el maromo se ha enterado de mis insinuaciones porque soy poco sutil. Pero Nuria es un caramelito, una muñequita. Siempre temerosa. Si hasta tiene vaginismo y le cuesta meterse la butifarra de Alonso, por Dios.
—Piensa lo que quieras.
—Faltaría más.— Sí, pero la cabrona de Nila ya había introducido el virus en mi coco. ¿Le habré estado sirviendo a Nuria mi marido en bandeja de plata?
—Y esa Nuria, ¿cómo folla?
—De pena la verdad.— No era del todo cierto, pero no iba a defender a mi competidora.
—¿Y se lo traga?
—¿Qué si se lo traga?
—Sí, cornuda, sí, que si se ha tragado la leche de tu marido.
—Pues sí, sí que se la ha metido su batido de proteínas entre pecho y espalda.
—Ves, por eso tienes a Alonso cabreado.—Nila estaba al corriente de nuestra pelea de pareja.
—No te metas en cosas de nuestra relación que no tienes ni puta idea. Alonso y yo hemos discutido por otras cuestiones. Reconozco que a veces puedo ser un poco cargante pero también veo que Alonso se está volviendo cada vez más insensible conmigo.
—Tragarse la corrida de tu hombre es signo de amor.
—Qué coño va a ser signo de amor. Te gusta o no, lo haces o no, pero el amor no tiene nada que ver.
—Tranquilízate Lore.
Respiré profundamente varias veces hasta que me tranquilicé.
—Vale, ya estoy tranquila.
—Tragarse la corrida de un hombre es un acto muy íntimo —Me estaba adoctrinando y yo me dejaba adoctrinar fascinada por las explicaciones de Nila— En pocos minutos algo que ha estado en el interior de tu hombre pasa a estarlo en tu interior. Los penes siguen pegados a sus dueños pero ese líquido pasa de uno a otro. Por eso es un signo de respeto tragarse el esperma de quien amas. Y por eso escupirlo indica desprecio.
—A ver, ¿tú te lo tragas?
—No, yo solo me tragaría la corrida de un hombre si lo amo.
—¿Entonces no respetas a tus clientes?
—Yo jamás he escupido las corridas. Simplemente dejo que eyaculen en los sitios que más les guste pero no lo escupo de la boca. Y si alguna vez han acabado en mi boca, procuro expulsarlo cuando no me vean.
—Dí lo que quieras, pero no creo que nuestra pelea sea por eso. Alonso no es tan infantil.
—Sigues siendo una ingenua, Loreto. Tan lista para unas cosas y tan tontas para otra.
—¿Qué me quieres decir?
---Pues claro que no ha sido exactamente por no tragártelo. Eso es la punta del iceberg. Eres una mandona. Estás anulando la masculinidad de Alonso.
—Alonso nunca ha sido un machirulo.
—Tal vez deba serlo.
—¿Cómo?— En vez de una sesión con una puta ya me parecía que estaba en el psicoanalista.
— Tal vez machirulo no sea la palabra. Cambiemos machirulo por un hombre decidido, empoderado. Debes dejar que Alonso alcance su potencial como varón. Lo estás castrando.
—No voy a enfadarme, porque he prometido tranquilizarme, pero dejar que folle con otras no creo que sea precisamente “castrarlo”.
—Lo es si eres tú la que manda. Si eres la que poner reparos. Si no te das completamente.
—Pero yo no mando, siempre consensuamos las cosas.
—Así no funcionan las parejas, cornuda. Y lo sabes. Siempre hay quien acaba imponiéndose a pesar de que se llegue a un acuerdo. Hay acuerdos y acuerdos. Sincérate de una maldita vez y dime la verdad.
Silencio incómodo en el que Nila aguantó la mirada esperando que me abriera. No de piernas, sino del corazón.
—La verdad es que suelo manipularlo un poquito para que haga lo que quiero. Sé sus puntos débiles y consigo hacer con él lo que quiera.— Las palabras no me salían. Estas han sido las frases que más me ha costado pronunciar en toda mi existencia. Casi no tenía voz para proferirlas, para reconocer que bajo una fachada de consenso de pareja siempre me gustaba llevar la voz cantante.
—Ves, ¿no ha sido tan difícil?
Era extraño pero confesarme me había sentado bien. Me sentía más relajada, más feliz. Nila estaba penetrándome el alma. Follándose mi subconsciente. Empotrando mi mente.
—No tienes reparos con el semen. Conoces su sabor.— Continuaba la lección— Lo que te falta es superar el acto reflejo que impide que te lo tragues. No estás acostumbrada. El orgullo te ciega.
—No creo que sea orgullo...
—No me interrumpas— Pausa efectista hasta que acabó la frase remarcando lo que venía a continuación— cornuda.
—Eso, cornuda. Pero no gilipollas.
Su leve sonrisa indicaba que Nila no estaba de acuerdo en esto último.
—Algo te bloquea y voy a desbloquearlo.— Su tono de voz era solemne. Tomó un huevo y lo partió con gran habilidad separando la clara de la yema con una sola mano. La clara la puso en el vaso y la yema en el cenicero. Todo eso con una jodida mano.
—Joder tía, ¿cómo coño has hecho eso?
—No sólo se me da bien abrir las piernas, querida.— Nila era un baúl de sorpresas. Eso sí, no tenía del todo claro si agradables o desagradables.— La cosa irá de la siguiente manera. Cada vez que te tragues una clara de huevo yo contestaré a una pregunta que tu hagas. La que sea. Sé que tu cabecita no para de dar vueltas, así que deja que salgan.
Desde luego la oferta era tentadora.
—¿No será peligroso? Escuché que uno murió por comer muchos huevos crudos.
—Déjate de tonterías, cornuda — Se puso de pie y me puso una mano en la mejilla— Si no quieres, no lo hagas, pero entonces ya no habrá más sesiones conmigo.
Chantaje puro y duro.
—Quiero seguir, Nila. De verdad. Pero a mi manera.
—No existe “a tu manera”. Eso ya se acabó. Debes dejar a Alonso volar.
—Mi miedo no es dejar a Alonso volar. Lo que temo es que el joven pichón de mi marido caiga en las garras de alguna harpía. Todavía no lo veo preparado.
—Razón de más para que seas tú la que lo prepare.
Tomé con decisión el vaso y de un tirón me metí la clara cruda en la boca. La textura no era muy diferente a la de una corrida aunque de sabor prefiero el del semen, la verdad. Miré a Nila, hice un mohín y con mucho asco me tragué aquel líquido viscoso que sentí desplazarse por la garganta y cuyo extraño aroma no se me iba. Me da una arcada pero no vomito.
—¡Qué puto asco, joder!— Ve venían otras arcadas secas que no podía controlar.
—Muy bien buena chica, así se hace. ¿No ha sido tan difícil, verdad?
—Una mierda. Ha sido asqueroso.
—Ahora, tu pregunta.
Bien, este era el mejor momento. Le pregunté lo evidente y lo primero que, según el topicazo, se les pregunta a las prostitutas.
—¿Cómo te metiste a puta?
—Después de acabar el instituto trabajé en un pub nocturno de camarera. Aquello era lo peor. Sueldo de mierda y jefes insoportables. Yo me había metido a camarera por inercia, ya que mi hermana por entonces también lo era. Pero vi que las relaciones públicas cobraban más.
—Eso de “relaciones públicas”.— Incluso en pelota picada, mi mordacidad no había disminuido.— es el eufemismo para enseñar muslo a las puertas del pub buscando que los pardillos entren con el timo de la consumición y tal ¿no?
—Algo así, pero déjame hablar porque si no me callo y tienes que tragarte otra clara.
—Soy todo oídos.
—Me lo pasé muy bien siendo relaciones públicas. Lo de enseñar carne no me importaba porque de camarera al final también me pedían enseñarla. Pero de relaciones públicas podía estar en varios pubs a la vez y al final me sacaba hasta más dinero que de camarera. Pero no era suficiente. Mi hermana quería independizarse y yo irme con ella, así que quería un trabajo que me dejara más dinero. Una de las compañeras ya había comenzado a trabajar de escort en el Smolyan. Entonces no se llamaba así, luego llegaron los búlgaros. No me disgustaba el sexo y además se pagaba bien, así que me decidí a probar sólo unas noches y así comencé.
—Me ha decepcionado que haya sido por dinero.
—Típico de una niña rica. A tí nunca te ha faltado, Señora Guzmanrique.— Alonso la había informado bien.— Es muy fácil despreciar el dinero cuando se tiene.
Nila enmudeció después de soltarme aquello. Pasaron unos segundos un tanto incómodos cuando tomó otro huevo e hizo la misma operación dejándome preparada la clara.
Empiné de nuevo el vaso. Aquella plasta otra vez daba vueltas en mi boca de moflete a moflete esperando algún milagro como que ser convirtiera en miel por arte de magia. Pero no. Seguía sabiendo igual de horrible. Cerré los ojos y me concentré todo lo que pude hasta que por fín mi garganta se relajó y el líquido espeso pasó a través de ella. Volvieron las arcadas. Estaba asqueroso.
—¿Qué es lo más raro que te ha pedido un cliente?— Pregunté.
—¿Es esa tu siguiente pregunta?
—Sí.
—Hará cosa de tres años y pico. A mi compañera Lua y a mi nos ofrecieron un trabajo por el que nos pagarían cinco mil euros a cada una sólo por una sesión.
—Joder.
—Cuando conocimos de qué se trataba pedimos más dinero y al final sacamos ocho mil euros cada una limpios. El Smolyan se llevaba una comisión pero no de nuestros ocho mil, así que a aquel señor le salió cara la fiesta. Ocho mil euro por tres horas de trabajo. ¿No está mal, eh?
—¿Y en qué consistía?
—Aquel pervertido era un fetichista de la coprofagia y temas escatológicos con excremento.
—¡La madre que te parió! ¿Haces esas guarradas?— No paraba de pensar una y otra vez que aquella boca había besado a Alonso y Alonso a mí, agg….
—Tranquilízate chiquilla, que no es así la cosa.— Nila se cabreó un poquito. Yo lo flipaba en colores. Mi imaginación volaba. No estaba excitada sexualmente sino de pura curiosidad por saber detalles.
—Tía es que es muy fuerte, tú jugando con la plasta de algún viejales. Con lo elegante y digna que pareces….— No podía dejar de reírme. Ahora era yo la que la estaba humillando y Nila se incomodaba. Donde las dan las toman, fresca.
—¡Silencio cornuda!— Nila me arreó una bofetada en la cara. Yo no sabía cómo reaccionar ante el tremendo guantazo con el que me cruzó el rostro. Me quedé callada de nuevo.— Si te comportas te lo cuento.
—Perdona.— No sé cómo pero Nila consiguió que me sintiera mal por humillarla. Estaba doblegándome.
—Evidentemente que no íbamos a tocar las mierdas de nadie. ¿Por quién nos crees, cornuda? La sesión consistía en preparar una especie de espectáculo para el cliente. Todo resulta más fácil cuando se explica. Primero, una media hora antes de empezar, mi compañera y yo nos poníamos una serie de enemas para vaciar y limpiar todas nuestras tripas. Un poco como se hace cuando sabes que vas a tener sexo anal intenso procurando evacuar lo más que puedas. Luego, minutos antes de empezar nos poníamos un segundo enema pero de chocolate. Así que el truco no tiene nada de complicado. Nos poníamos unos enemas de chocolate, lo reteníamos y delante del cliente lo soltábamos una sobre otra y jugábamos con aquello.
—Comprendo, aquello parecería mierda.
—Sí, pero era chocolate. Supongo que al cliente le bastaba con aquella simulación porque realmente en este oficio no sé de nadie que aceptara si fuera mierda de verdad. Con chocolate la experiencia resultó hasta graciosa. Me reí mucho, la verdad.
—¿Y no es peligroso?
—La clave del asunto está en limpiarte bien antes y sobre todo después con los enemas. Ah, y el chocolate. No puede ser muy líquido porque entonces no lo puedes retener ni puede estar muy caliente porque te puede quemar por dentro y es muy jodido. A nosotras el chocolate lo preparó un amigo del cliente que ya tenía experiencia en aquello.
—No está mal ocho mil euros por jugar con chocolate.
—Mucho mejor que chupársela a alguien que la tenga sucia, incluso con condón.
—Y que lo digas.— En este punto podríamos parecer dos amigas discutiendo de trivialidades. Chupar pollas sucias y comer chocolate del culo de tu compañera son cosas que seguro que todas las amigas discutían en esta ciudad. No habrá hora que no se hable de ello en las tertulias femeninas.
—Toma otro huevo.— Nila volvió a darme la orden y esta vez yo obedecí sin rechistar. Curiosamente cada vez notaba más mi desnudez pero cada vez me daba menos vergüenza estar en pelotas delante de una belleza como Nila.
Esta vez me lo tragué del tirón sin apenas saborear nada.
—Buena cornuda.
—Esta mierda sigue estando asquerosa.— No quería dar a entender que ya había conseguido doblegarme.— ¿Estás en esto obligada?
—¿Es esa tu pregunta?
—Sí. Creo que voy a acabar cagándome las patas abajo con esta porquería del huevo.
—¿Te refieres a si estoy aquí ahora mismo obligada?
—No, no, ahora no, en general. Me refiero a que si en el sitio ese del Smolyan estás obligada.
—Las cosas nunca son blancas o negras.
—¿Qué quieres decir? Porque a mí me parece muy clarito. O te dedicas y sigues en esto porque quieres o no. Punto.
—Sigue hablando la pija niña rica a la que papá dejaba hacer lo que quisiera. Las cosas nunca son tan blancas o negras. Comencé en esto queriendo y quiero seguir haciéndolo pero no implica que pueda dejar el Smolyan cuando quiera.
—No comprendo.
—Porque siempre has tenido la libertad del dinero y de una familia con contactos. En mi caso, cuando los búlgaros transformaron el antiguo Tormento en el Smolyan, mi situación cambió. Sigo siendo libre en teoría pero mientras los dueños del Smolyan ganen dinero conmigo no me dejarán marchar. No es un puto club social donde puedas entrar y salir. Cuando deje de serles rentable dejarán que me vaya. Las que sí están jodidas de verdad son las búlgaras y las chicas del Este que trabajan allí.
—¿Y por qué esa diferencia de trato?
—No lo sé ni me importa mientras no me jodan a mí más de la cuenta.
—Cuanta solidaridad con tus compañeras. Sororidad se llama, creo.
—¿Has sido tú solidaria acaso? Según me ha dicho Alonso tú tienes unos buenos paquetes de acciones y cosas en fondos de inversiones que te dejan tanta pasta como para permitirte vicios como este y tener un trabajo que te gusta por el puro placer de entretenerte y tener algo que hacer durante el día. Y sin embargo, aquí estás desnuda dejando que yo te enseñe a tragarte la corrida de tu maridito porque al parecer han sido incapaz de engullir su crema por algún prejuicio de niñata malcriada.
—Eh, sin faltar.
—Pues no me insultes. No sabes por lo que he pasado así que no voy a permitir lecciones de moralidad de una calientapollas como tú, ¿comprendes cornuda?— La mirada de Nila me daba miedo.— Toma, trágate otra.
Esta vez me costó más tragarme la clara. La mirada de odio de Nila me taladraba el cogote y no podía concentrarme bien en dejar pasar aquella especie de gelatina pastosa cuyo olor desagradable invadía mis fosas nasales desde la boca.
—¿Estas enamorada o has estado enamorada alguna vez de algún cliente?— Le solté a bocajarro. Era evidente que en aquel contexto “algún cliente” tenía nombres, apellidos y polla: Alonso. Nila parecía sorprenderse de la pregunta y por una fracción de segundo pareció dudar.
—Nunca me he enamorado ni estoy enamorada de ningún cliente.— No sé porqué pero no acabé de creerla.
Nila se recogió la falda dejando sus hermosas piernas al aire. Se descalzó su pie izquierdo y lo levantó poniéndolo sobre mi rodilla derecha.
—Ya sabes tragar, cornudita. Ahora sólo falta que te acostumbres a mi cuerpo.
Yo no sabía qué significaba aquello.
—¿Qué?
—Quiero que me lamas el pie. Que me los chupes.
Me hubiera gustado decirle a la cara que no había pagado tanto dinero para acabar chupándole el pie a una tía. Si chupaba algo, qué menos que la buena polla de Alonso. Le hubiera querido soltar tantas cosas que no pude. No pude ni musitar media palabra. Tan sólo agaché la cabeza y fui dándole besitos al empeine de su bello pie. El tatuaje de serpiente que tenia me iba guiando. Me sorprendía a mí misma la poca resistencia que había puesto a aquello. Por extraño que parezca, después de tragar unas claras crudas y de hablar de espectáculos choco-escatológicos, chupar los bonitos pies de Nila no parecía nada del otro mundo.
—No quiero besitos como si estuviéramos en el colegio. Lame mis pies. ¡Y arrodíllate!
Me arrodille. Me sorprendí a mi misma de nuevo siguiendo las órdenes de Nila como una autómata. Soy una rebelde. Al menos me gusta pensar que soy una rebelde. Y sin embargo, algo en mi interior me hacía estar allí arrodillada lamiendo el pie de la prostituta a la que se tiraba mi marido.
—Como si fuera una polla.— Ordenó.
Rodeé su dedo gordo con la boca y comencé a chuparlo cual si de un pene se tratase. Mis ojos podían contemplar perfectamente la larga y torneada pierna de Nila que me miraba a lo lejos. Yo lo hacía como buenamente podía porque nunca había chupado un pie. No te lo suelen enseñar en Bachillerato. Succioné con toda la habilidad que podía su dedo y moví la cabeza como cuando se la chupo a Alonso. Como Nila me enseñó. Al rato de estar mamando su dedo gordo ella apretó un poco y me introdujo más el pie en la boca. Ahora tenía más dedos dentro. La verdad es que no sabía muy bien que hacer pero allá que seguía chupándolos. No os puedo decir qué sabor tenía porque me parecía que aquella carne no tenía sabor alguno. Nila olía bien en general y sus pies estaban limpios pero las puñeteras claras que me había tragado hacía unos minutos habían alterado mis papilas gustativas. Pasaron unos minutos en los que yo seguía chupando su pie de varias maneras: me lo sacaba, lo besaba, lo lamía, me lo volvía a meter en la boca y así. Luego cambió de pie y seguí con el otro realizando las mismas operaciones. Mientras tanto Nila sonreía y afirmaba mi comportamiento «Muy bien cornuda», «Así cornuda», «Buena cornudita, muy bien». Perdí la noción del tiempo engullendo y lamiendo aquellos pies cuando oigo que marca un teléfono.
—Cariño, tu esposa va a comenzar a comerme el coño. Puedes ir subiendo.
Así que eso era lo que iba a ocurrir. Quería hacer bromas sobre el Frigopie, un helado que me encantaba de niña. Quería decirle muchas cosas a Nila. Tenía alguna frase mordaz sobre el chocolate culero que se había comido pero no me salía nada. Me sentía hipnotizada. Tras finalizar la llamada de Alonso, guardó su teléfono y se levantó.
—Quítame las bragas.
Tuve que acercarme a ella dando pasos arrodillada. Dolía un poco la verdad. Pero me pegué a sus piernas y fui subiendo las manos a ambos lados de sus piernas introduciéndome en su falda. Notaba su calor. Lentamente le voy bajando las bragas. Cuando las tengo abajo ella levanta sucesivamente ambos pies para que se las saque del todo y luego se desabrocha la falda. Se vuelve a sentar y abre de par en par sus piernas. Delante de mi rostro contemplo el espléndido coño de Nila. Si me hubieran dicho hace unos meses que acabaría restregando mi lengua por una vagina, cualquier vagina, me hubiera reído en la cara del que lo hubiera propuesto. «No soy lesbiana», me decía. Y sin embargo, aquello me resultó del todo natural. Era como un paso obligado. Como si fuera la conclusión necesaria de un silogismo. Simplemente sentí que aquello era lo que debía de hacer si quería continuar con aquella nueva vida sexual. Los sufrimientos valían la pena.
Y allá que mi lengua comenzó a desplazarse por el extrarradio de su vagina, cartografiando la piel de una Nila que impasible me miraba sin inmutarse.
—Puedes hacerlo mejor.— Otra pausa tras la que sabía el calificativo que vendría.— Cornuda.
Eso intentaba yo. Por supuesto sabía cómo era una entrepierna femenina y dónde hay que pulsar. Yo misma era la referencia y estaba dispuesta a hacerle a ella lo que a mí me gustaba. Me daba cuenta entre lamida y lamida que conocía sólo los coños en la distancia. Siempre era algo que tenía allá abajo o que veía en una foto. Ahora lo tenía a escasos centímetros de mí, majestuosamente real. Cada pliegue, cada recoveco de piel me parecía inmenso. Cuando acabé de circunvalar la vagina, dí un par de besitos a sus labios y con la lengua en punta comencé a repasar su entrada hasta que coroné mis caricias en el protagonista principal: un clítoris rosadito que asomaba tímidamente dentro de su capuchón y que me llamaba a lamerlo. Y así comencé a lamer, a besar, a succionar a aquella Nila que seguía sin calentarse. ¿Qué me pasa? ¿Qué le pasa? No tardaría en saberlo. El ruido tras la puerta era inconfundible. Alonso llegaba a nuestra habitación y tras cruzar el umbral y cerrar tras de sí contemplaba la escena: Nila abierta de piernas recibiendo el cunnilingus de su esposa.
—Por favor, acércate.— Le pidió Nila a Alonso.
Ya al lado nuestro contemplaba la escena sin acabar de creerse lo que estaba viendo. No salía de él ninguna palabra. Pero estaba allí y eso fue suficiente para que el coño de Nila comenzara a manar. La muy hijaputa ahora sí se calentaba teniendo a Alonso al lado. Teniéndome doblegada ante mi marido. Yo seguía lamiendo, chupando y besando pero decidí acelerar con la intención de arrancarle un orgasmo.
—Para.—Ordenó— Prepara a mi hombre.
Ella se incorporó y yo hice lo propio. Deduje que tendría que hacer como la sesión anterior y comencé a desnudar a Alonso. No sé si fue el efecto de la contraluz o sus horas de gimnasio pero tras quitarle la camisa los abdominales de mi esposo me parecían especialmente hipnóticos. «Confirmado: no soy lesbiana. Si tengo que elegir entre comer esta tableta de chocolate de Alonso o el pescado seco de Nila me quedo con el chocolate». Me agaché quitándole a continuación los pantalones y bajándole los calzoncillos. La inmensidad de su polla se desplegaba ante mis ojos semierecta. Sus venas hermosas me recordaban, otra vez más, por qué no era lesbiana.
—Te he dicho que prepares a mi hombre, cornuda.
El insulto sólo podía significar lo evidente. Que tenía que abrir mi boca y mover mi cuello hasta meterme el cipote de mi marido completamente en la boca. Comencé a mover la cabeza mamándosela con cariño para luego acelerar con lujuria un poco más. «Esta polla es mía», me dije, «Nila la tiene sólo en usufructo». Mientras mamaba y me excitaba con la situación volvía a repetirme mentalmente que Alonso era mío, de mi propiedad, y de Nila sólo el goce y disfrute de la cosa. No me cansaba de chupar. Sorprendentemente mi excitación me hacía perder la noción del tiempo y de cansancio. Nila me sacaría de mi hipnosis.
—Ya lo tienes a punto. Ahora apártate y mira.
Alonso toma ahora la iniciativa. Agarra a su amante de la cintura y la levanta para lanzarla a la cama. Nila cae con las piernas abiertas. Todo es muy rápido. Alonso se lanza sobre ella, la morrea antes de chuparle las tetas y tomando su polla la dirige a ese coño que ya conocemos ambos tan bien. El coño de mi corneadora. Veo perfectamente como sus labios vaginales ya húmedos acogen la polla de Alonso que parece introducirse hasta lo más profundo de su ser. Y comienza a follarla sin compasión. Como si estuviera cabreado con algo. Tal vez conmigo. Los pies de Nila rodean su culo que sube y baja con total determinación. Hace meses hubiera dicho que no tardaría en correrse ni un minuto. A menudo cuando hacíamos el amor de una forma más intensa, Alonso tenía que bajar el ritmo para no venirse. Pero el tiempo pasaba y Alonso no se corría. Más bien aceleraba el ritmo ante los sofocos de Nila que ya gemía como lo que era. Una puta. No hay cambios de posturas ni pausa romántica. Sólo un mete saca rítmico y un crujir de la cama que me enciende. Me enciende cada vez más. Estoy allí desnuda contemplando de nuevo como mi esposo se la folla. ¿Por qué coño me tiene que gustar esto? Y comienzo a masturbarme. A frotarme como loca. Me froto. Meto sutilmente un dedo en mi vagina. Vuelvo a frotarme. Y así espero que Alonso se corra para correrme yo con él. Pero la follada que le está metiendo a aquella puta sólo se pausa cuando Nila lanza un grito gutural de placer y contemplo como sus pies se tensan sobre el culo de Alonso al tiempo que sus rodillas vibran. La muy zorra se había corrido. Aquel orgasmo no era fingido. El sonido puede imitarse pero los espasmos en sus piernas indicaban la certera verdad de su gran orgasmo.
—Para, cielo, que ya me he corrido. Ahora tu mujer va a hacerte un regalo.
Se incorporan de la cama y de nuevo volvemos a estar los tres de pie, uno frente a otro. Nila se me acerca y me dice muy bajito lo que tengo decir.
—Cariño, hoy voy a tragármelo como buena cornuda.
Alonso me mira fijamente y se dibuja en él una sonrisa pícara y lujuriosa que no sé cómo interpretar. Desde luego, no era una negativa, por lo que me me arrodillé frente a él y al lado de su amante. No hizo falta que nadie me indicara nada. Acerqué mi boca a la polla alzada de Alonso y de un sólo tirón la abarqué hasta la mitad. Amoldé mis labios y comencé a mover la cabeza repasando cada una de las venas de su polla con mis labios de adelante hacia atrás, de adelante hacia atrás, de adelante hacia atrás. Mi marido resopla al tiempo que mi lengua comienza a captar el sabor de Nila. Me digo a mi misma guarradas que me excitan. Guarradas que hasta a mí misma me daría reparos en verbalizar. «Su polla sabe a coño de puta, a coño de Nila, a coño recién corrido». Y aquello me excitaba más de lo que ya estaba. Con aquellos pensamientos la cadencia de mi mamada se mantenía a un ritmo constante que no gustó a Nila.
—No lo haces mal, pero tienes que entregarte a él sin reparos. Tienes que tomar lo que te ofrece tu maridito.
Y con ello Nila agarró mi cabeza con las dos manos y comenzó a moverla. Mis rodillas se clavaban en el suelo al tiempo que ella aumentaba la velocidad de mi cabeza sin poder yo adaptarme al ritmo de la mamada. No conseguía respirar bien pero no iba a darle el gusto a Nila de rajarme ahora y quedar como una mamadora de segunda división. No jugaré en la Champions pero lucharé por los primeros puestos. Nila continuaba guiándome. Mis ojos sólo llegaban a ver la polla depilada de Alonso y su pelvis que se alejaba y acercaba al ritmo en el que la chupaba. No consigo ver a Nila y ni rostro de mi marido. La velocidad le está gustando a Alonso que resopla de gusto.
—Ahora querido, toma lo que es tuyo. Toma el control y dale lo que es tuyo.— Indicó Nila a Alonso.
Noté entonces el cambio de manos en mi cabeza. Ya no me aferraba el pelo las delicadas manos de Nila sino las grandes y bonitas manos de mi marido. Con ambas manos casi abarcaba mi cabeza por completo y guiaba mi mamada. Un poquito más rápido en vez de mamada sería una follada de boca. Mi esposo continua resoplando. Aumenta el ritmo de su respiración y saboreo el preseminal. Se produce el seísmo en su polla y mi boca se inunda con el calor del esperma de mi marido. Ya conozco su sabor y su textura. Quiero tragármelo. De verdad que quiero pero todavía no hago el acto reflejo de engullir la corrida. Cuando voy a intentarlo Alonso me detiene.
—No te lo tragues todavía.—Conocía esas palabras y sabía lo que iba a ocurrir a continuación porque ya lo hizo con Nuria.
Me agarra del pelo y me levanta aunque no me hace daño porque yo rápidamente me pongo en pie. Sigo con la corrida en la boca, ahora mirando directamente a Alonso a los ojos pidiéndole me haga lo que tenga que hacerme. Y mientras lo miro noto como unos dedos separan mis labios vaginales, toman parte de su jugo y lo refriegan por el clítoris a modo de lubricante. Mi marido va a masturbarme. Estoy muy excitada y respiro rápidamente porque sólo puedo hacerlo por la nariz. Aquella enorme mano se mueve en círculos y frota mi coño de modo perfecto. Y la sorpresa viene de al lado. Nila comienza a chuparme un pezón mientras frota otro con sus manos. Estoy en el cielo de las cornudas. Respiro como puedo mientras el semen de mi boca se mezcla con mi saliva cambiando su consistencia. Ya no es tan espeso. Mis ojos siguen clavados en Alonso. Veo su orgullo y eso hace que ya no pueda resistirme más. Esta técnica la ha utilizado antes con Nuria. Yo soy la segunda. Soy el segundo plato. Me encanta. Me pone a cien. Me moja.
—Córrete, cornuda. —Me ordena.
Y estallo en espasmos descontrolados que aflojan mis piernas. Alonso debe de sostenerme por la cintura mientra los estertores del orgasmo y sus réplicas aflojan los músculos de mi cuerpo. Y trago. Por fin trago la esencia de mi hombre. Tantas mamadas escupidas y ahora por fin le regalo mi estómago. Sonrío y abrazo a Alonso que me da un pico en la boca. Estoy feliz.
—Yo me ducho primero.— Se pidió Nila.— Y luego os bañáis vosotros. ¿A qué no ha sido tan difícil, eh Lore?
Nila, de alguna forma, hacía que lo difícil fuera fácil. Supe que tras esa sesión ya sí que todo era irreversible. Ya no era un experimento. No era una prueba sin compromiso. Era algo que acabaría amoldando mi alma y tal vez jodiéndome la vida.
—o—
Tendido con el portátil en el sofá de su casa Teo había comenzado a ver varias películas en Prime Video y no le gustaba ninguna. «Vaya mierda». Necesitaba descansar del papeleo, de las leyes, de LexNet y de las jodidas notificaciones que llegaban a todas horas. Vibró su móvil. Era Charo que le enviaba un video. «La cabrona lo ha hecho. Es una fiera». Era el video de confianza que le había pedido para saber que iba en serio contra los búlgaros y contra los Cotrina. Y tan en serio que iba. En apenas siete minutos, Charo se veía chupando sin su dentadura postiza —esta era ya su especialidad— la polla de Petko mientras le decía que su difunto marido era un cerdo y que se merecía estar criando malvas mientras ella se comía aquel rabo búlgaro. Petko se emociona, se levanta y le clava la tranca ensalivada perfectamente por Charo en el coño y se mueve frenéticamente llamándola por románticos nombres como “puta”, “zorra” y sobre todo, cagándose en el finado Tolo, el marido malnacido de Charo.
Teo cierra el portátil. Aquella noche no va a trabajar con el ordenador sino con toda la cantidad de papeles que le ha proporcionado Charo y que incriminan a los Cotrina. Al día siguiente, en el juzgado de instrucción, aquellos papeles harían saltar la guerra declarada entre las dos bandas rivales.
Isa G.
P.S. Siento el retraso amigos, pero el trabajo se apoderó de mi tiempo y no he tenido ocasión de retomar la escritura hasta ahora. Me lo tomaré con calma, eso sí. El ritmo no será igual que cuando comencé. Pero tampoco espero que haya tanto entre relato y relato. Simplemente cuando los escriba, los subiré. Muchas gracias a todos los que os habéis preocupado por mí, siento no haber respondido vuestros emails antes. Un beso para todos.
Continúa en
- Relato #195330— title-regex: contiguous parts (13 -> 14)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Merche 02 ¿Harás eso por mí?
Merche le pidió que esperara, que se contuviera. Pablo obedeció, creyendo en la promesa de un placer futuro, sin imaginar que la 'prueba' era en…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveCuckold
- Hetero: Infidelidad
Esposa madura pillada follando con otro
Maribel sabía que su marido no volvería a tiempo. Sabía que él creía tener el control de su vida y su cuerpo.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmCuckold
- Hetero: Infidelidad
Pareja curiosa 2
La puerta se abre y el mundo que conocían deja de existir. Ella lleva el collar que le pertenece; él, la cadena que lo ata a su vergüenza.
Comparte:Bdsm suaveInfidelidad consentidaTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Un buen ambiente de trabajo (3) versión masculina
Dani no es una mujer que se conforma con lo convencional. Esta noche, bajo el influjo del alcohol y la abstinencia, decide que sus amigos no se vayan…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Las putas de Yeray (Cap. 7)
El capitán no solo gobierna el barco, sino las voluntades a bordo. Cuando las reglas se rompen, la humillación es la moneda de cambio.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Mi Castigo 8 - Final
La noche de su aniversario, Paulina le presenta a Xavier no como un intruso, sino como un invitado de honor.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmCuckold